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Fecha: 28-Oct-04 « Anterior | Siguiente » en Dominación

Autosometida en pañales. La fantasía de Raquel

Daniel
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Tiempo estimado de lectura: [ 23 min. ]
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Una mujer adulta tiene la fantasía de ser amarrada en su cama y que le pongan pañales como un bebe.Con ayuda de un cepo electrónico logra cumplir esta fantasía. Esta es la historia de como Raquel se pone pañales y se bloquea a si misma con el cepo para tener que hacerse todo encima en sus pañales durante un fin de semana completo. (Del mismo autor de "contrato de infantilismo") Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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RAQUEL AUTOSOMETIDA EN PAÑALES

La siguiente es una historia que rescaté de la web y que realmente me gustó mucho asi que la he traducido al español. Su versión original estaba en ingles y se titulaba "The Lock". Me disculpo por no tener los creditos, pues he perdido el rastro de la página donde la obtuve, asi que si alguien la reconoce por favor hagame llegar la información para honrar al autor/a como se merece. Le he cambiado el título porque quería que fuese mas representativo de su contenido y me he permitido también hacer algunos retoques personales que me parecieron interesantes para darle mejor color al argumento, especialmente al final. Espero que disculpéis lo simple de la presentación pues aún estoy familiarizandome con estas herramientas. Aprovecho para agredecer a Laura "Pee girl" por su asesoría en los retoques visuales. Prometo ir progresando en la presentación gráfica de mis próximas historias.

El guión básico narra la historia de Raquel, una chica de 28 años que fatasea con ser disciplinada como bebe adulta. Ella tiene en su cuarto una cuna de tamaño para adultos y su fantasía principal es que la pongan en pañales y la recluyan en su cuna sujetada con cintas y arneses, de modo que no tenga mas opción que mojarse y ensuciarse encima hasta que alguien la libere. Raquel nunca ha conseguido ningún compañero/a con quien compratir este juego hasta que finalmente compra en una tienda un cepo electrónico que funciona con una clave digital y que solo puede ser abierto a un dia y una hora previamente programada. Con la ayuda de su nuevo artefacto Raquel planea someterse a si misma en pañales encadenandose a su cuna durante todo un fin de semana. Contiene elementos tales como infantilismo, mujeres en pañales, sumisión y dominación entre mujeres, reclusión, regrsión infantil y una sabrosa dosis final de exposición en pañales y humillación pública.

¡Que lo disfrutéis!

Daniel ( ab_daniel@ubbi.com )

Cuando Raquel vio el lock en una tienda de aparatos electronicos casi se derrite en su exitación. Alguien habia oido sus plegarias finalmente y habia encontrado el dispositivo indicado para sus juegos. Raquel era una infantilista y la exitaba particularmente la incontinencia forzada y la reclusión. Su fantasia mas ardiente era ser amarrada a una cuna y forzada a mojarse sus pañales sin posibilidad de escape. Sin embargo nunca habia encontrado un compañero de juegos con quien llevar esta practica a cabo y por lo tanto solo podia contentarse con ponerse ella misma sus pañales y fingir en su mente que estaba siendo sometida y recluída hasta mojarse encima, pero esto no era lo mismo. Ahora gracias a este milagro de la tecnología, su sueño se volvía plausible, tenía la chance de inutilizarse a si misma por un período de tiempo sin la necesidad de que nadie mas interviniese en el asunto. Se llamaba la compu-lock, era una variedad de cepo electrónico con la capacidad de programar combinaciones por largos periodos de tiempo, una herramienta muy utilizada en sistemas de seguridad de los bancos y también hogareños. Se desbloqueaba usualmente ingresando la combinación apropiada en el teclado al frente de la cadena. Sin embargo, insertando una clave especial en el temporizador de la parte inferior del dispisitivo, el cepo podia ser programado para responder a la combinación solo en ciertos tiempos precisos de día y hora. De esta manera, aun la persona que conociese la combinación solo podía desbloquar el artefacto de seguridad en la fecha y hora indicadas, en ningun caso antes de tiempo. Raquel pagó felizmente los 50 pesos que valía el dispositivo y se marchó a su casa a toda prisa con su nuevo juguete.

Tan pronto como llegó, se dispuso a leer rapidamente las instrucciones y a testear las funciones para comprobar el correcto funcionamiento del artefacto y asegurarse de que había comprendido el correcto uso del mismo con toda seguridad. Primero, insertando la clave configuró la combinación del teclado, luego reingresando la clave intentó abrir el cepo. Efectivamente funcionó. Luego testeó el dispositivo de tiempo, seteandolo para que admita ser abierto unos minutos mas tarde. Luego probó de abrirlo ingresando la clave y el dispositivo no funcionó, hasta que transcurrieron los minutos preestablecidos en el reloj del artefacto. Transcurrido el tiempo prefijado el dispositivo se abrió según lo previsto en el manual. Existía también una llave manual que permitía abrir el cepo en cualquier momento del día mas allá de el programa del temporizador. Pero bastaba con dejarla fuera de su alcance cuando fuese el momento. Realizó los mismos testeos un par de veces hasta convencerse a si misma de la correcta operación del cepo electrónico hata que quedó completamente satisfecha y segura. Raquel estaba exitadísima, extasiada. Sin embargo no podía hacer uso del dispositivo inmediatamente. Ella era soltera y estaba viviendo en una casa grande con dos amigas mas, las cuales ignoraban por completo su interes por el infantilismo y el sometimiento mediante ataduras y Raquel se había asegurado de mantener esto en secreto, practicando sus fantasías en su cuarto, bloqueando la cerradura siempre segura de su habitación de la cual solo ella tenía el cerrojo, o bien practicando sus fantasías libremente en la casa cuando sus amigas estaban fuera por largo tiempo. Con el tiempo había adquirido varios implementos infantilistas, el mas de importante de los cuales era una cuna de tamaño adulto, con un sistema de cintas para sujección en su parte superior, que permitían mantener a la persona amarrada a la misma sin posibilidad de moverse demasiado. Dos cintas la sujetaban de los pies, otra a la altura del pecho y de la cintura, dos cintas servían para aprisionar cada una de las manos respectivamente y en particular un arnes para la entrepierna que cruzaba varias cintas entre las dos piernas, y se unía a la cintura con una lamina mas gruesa en la zona de la vagina. Dicho sistema hacía imposible para la mujer alli sometida cualquier intento de quitarse sus pañales. Esta era su cuna de bebe adulta con su equipo completo de sumisión, la cual mantenía desensamblada y guardada en su closet y solo la armaba cuando sus compañeras estaban fuera por largo tiempo. Por supuesto cuando la utilizaba tenía que mantener la llave del sistema de sujección en sus manos para poder liberarse cuando llegase el momento, lo cual le quitaba un poco la exitación de verse realmente atrapada y desesperada. Ahora tenía finalmente la solución a su problema, solo tenía que esperar al momento indicado para poder utilizarlo.

de agua racionado de a intervalos. Entonces tomó de su vestidor ocho pañales para adultos, de la mejor calidad, mullidos y absorventes. Se tendió en la cama, y habiendose untando previamente con talco y aceite de bebes en su zona genital se los fue abrochando uno encima del otro. Usó unas trabas especiales para pañales, de modo tal que, sumando a la sujección del arnes de la cuna, le hiciese aun mas imposible cualquier intento de quitarselos mientras estuviese amarrada a la cuna.

Apenas podía caminar con semejante bulto entre sus piernas, pero era consciente de que no tendría ninguna chance de cambiarse los pañales en las próximas 48 hs y necesitaba toda la absorvencia que pudiera conseguir para evitar filtraciones. A continuación se colocó dos bombachitas de goma una encima de otra. No quería derramar ni una gota de sus orines fuera de sus pañales. Por ultimo, en un minuto final de inspiración, tomó de estuche personal seis supositorios de glicerina, los que procedió a insertar en su ano de a intervalos para que fuesen asimilados por su organismo progresivamente. Para ello tuvo que quitarse sus pañales y bombachitas de goma uno a uno, pero rapidamente se los volvió a colocar y sujetar firmemente y el ezfuerzo valió la pena. Ahora tenía garantizado que su forzada incontinencia no solo la llevaría a mojar sus pañales sino también a ensuciarse con caquita blanda. Se colocó encima un pijama con talla adulta pero de estilo infantil que había adquirido meses antes mediante un envío por catalogo que pagó con su tarjeta de credito y unos zapatos de algodón que compró del mismo modo.

 

Ahora había llegado el momento de la verdad, tomando el cepo electrónico, saltó dentro de su cuna, subió la baranda del costado y la sujetó en la parte superior. Luego comenzó a instalar el aparejo que la mantendría sujeta en indefensa durante su estadía de fin de semana. Se colocó las cintas que mantendrían sus pies firmes, a continuación las que la sujetaban de la cintura y el pecho y luego el arnes completo que cruzaba por su entrepierna y por sus muslos hasta unirse con la cinta que sujetaba la cintura, a la manera de un cinturón de castidad, el cual le impediría cambiarse los pañales.

Finalmente se amarró la mano izquierda con las cintas destinadas para este propósito, dejando libre solo la derecha para poder tomar los biberones y el alimento de bebes asi como para poder digitar la clave cuando llegase el momento de liberarse dos días mas tarde. Se aseguró de que queden bien tirantes, aunque sin lastimarla pero de manera que no le permitiesen ningún movimiento cómodo. Y para culminar insertó el cepo electrónico en ambos aros de los extremos que manejaban el aparejo completo y procedió a cerrarlo. Para asegurarse de que no había posible escapatoria intentó ingresar la clave en el teclado para abrir el cepo y este definitivamente no se abrió. Ello confirmaba que no habría ninguna manera de que Raquel pudiera salirse de su estado de completo somtimiento hasta el domingo por la tarde, que era el tiempo programado para abrir el cepo.

Se recostó rendida en su cuna, contemplando su vergozosa situación, que no tenía escape alguno y se sobrevino enormemente exitada y espectante. Y no tuvo que esperar mucho tiempo para contemplar las consecuencias. La enorme cantidad de bebida que había ingerido hasta hace poco rato había llenado su vejiga y le estaba exigiendo que se orinase inmediatemante. Raquel no era incontinente, aunque había fantaseado muchas veces con serlo, llevando a cabo sus juegos habituales, orinandose a drede en sus pañales o a veces sin ellos, mojando su bombacha y sus faldas o jeans como una niña deseperada. Pero esta vez decidió llevar al extremo su fantasía, sabiendo que estaba allí sometida en pañales sin vía de escape, decidió experimentar hasta donde podía llegar su desesperación por contener sus esfinteres como una mujer adulta, contra toda probabilidad. Quería saber que significaba aquella sensación de impotencia al orinarse contra su propia voluntad y no de manera deliberada como solía hacer en sus juegos. Permaneció así varios minutos, cambiando de posición tanto como sus amarras se lo permitían, en busca de contener sus orines. La deseperación fue creciendo, en tanto que el líquido que había ingerido continuaba llenando su vejiga de manera apremiante hasta volver su esfuerzo casi vano. Raquel continuaba retorciendose cada vez mas, con una evidente expresión de frustración y desconsuelo en sus ojos, a tal punto que llegó a derramar lagrimas de ellos. Hasta que finalmente para su derrota y su éxtasis, contra toda orden mental, su vagina comenzó a liberar por si sola las primeras gotas de pis. Primero unas pocas gotas, pero luego un fluido mas contante, hasta que se volvió un potente chorro de orin que salía de su conchita con la potencia de un surtidor. Raquel apenas podía concebirlo, no era una orden mental deliberada la que la hacía orinarse de aquella manera, ella no tenía control alguno en aquel proceso, su cuerpo, su vejiga reaccionaba de manera automática sin que ella pudiera detenerlo de ninguna manera.

Era su primera incontinencia real, desde que era una niña, cuando era puesta en pañales por su madre. Ahora a sus 28 años había recuperado aquella sensación infantil de falta completa de control sobre sus orines. Y no tenía mas alternativa que hacerselo en sus pañales. Al recuperar su cordura por unos momentos contempló su cuadro completo y con especial terror. Se había orinado encima, no por gusto como tantas otras veces, sino porque no tenía alternativa posible de ir al baño y hacerlo como era propio a una mujer normal a su edad.

No mucho después de que su concha hiciera la primera descarga sobrevino la segunda, esta vez Raquel no opuso mucha resistencia pues ya había tenido la plena satisfacción de saberse incontinente e incapaz de cambiar su situación durante las proxima 48 hs.

Del mismo modo, después de llenar su pañal gran cantidad de pis, rato después los supositorios que se había introducido en el ano comenzaron a hacer su efecto y Raquel no tuvo chance mas que relajarse y mover el vientre abriendo sumisamente su orificio anal para dejar fluir la espesa materia que comenzó a llenar la parte trasera de sus pañales, embadurnando paulatinamente sus nalgas. Ahora ella concluía que realmente podía exprimentar lo que una bebita siente cuando esta recostada en su cuna, cagadita y orinada, sin ninguna posibilidad de hacer algo al respecto hasta que su mami venga a cambiarla. Y esto último no sería posible hasta dentro de dos días, cuando el temporizador del cepo electrónico habilitase la apertura del dispisitivo.

Rato después decidió intentar su cena. Tomó una de las latas de comida envasada para bebes y se dirigió una cucharada a la boca. Aquel alimento infantil sabía tan desagradable para el paladar de un adulto que Raquel estuvo cerca de escupirlo. Decidió entonces que preferiría seguir con algo de hambre antes que intentar ingerir aquella pasta viscosa que contenía la lata y se contentó con beber uno de los biberones con formula para bebes, que tampoco sabía demasiado agradable, pero era mas admisible que la comida de concentrada de los envases. Al transcurrir las horas se preguntó si conseguiría dormir en aquel estado, con sus pañales ya humedos y sucios. Le tomó un rato, pero finalmente Raquel se adormeció.

Despertó el Sábado por la mañana, descubriendo de manera no muy sorpresiva que tenía necesidad de hacer pis nuevamente. Esta vez Raquel dejó fluir el orin de su conchita sumisamente. Sintió su pañal extremadamente mojado, pero segura de que se había colocado suficientes pañales y bombachitas de goma para evitar cualquier posible derrame. También experimentó mucho apetito, pues no había cenado la noche anterior, excepto por el biberón con formula de bebe. Entonces decidió darle otra oportunidad a su comida enlatada y esta vez el hambre pudo mas que su desagradable sabor y se termino una lata de alimento junto con una lata de cereales. Aunque las latas de alimento no eran demasiado abundantes, pues estaban diseñadas para el apetito de un bebe auténtico, no una bebe adulta como ella, raquel comprendió que solo tenía 8 latas a su disposición y debía racionarlas para el resto de su fin de semana, pues no había chance de moverse de allí para ir a buscar mas alimentos.

Ahora el aburrimiento conmenzaba a surgir. Además de tomar ocasionalmente un biberón, orinarse encima, hacerse caca encima y comer mas alimento enlatado no había mucho mas que ella pudiera hacer allí donde estaba, atrapada en su cuna sin posibilidad de escape. Para mantenerse ocupada fataseaba con la idea de haber sido sometida a esta situación de indefensión y reclusion infantil por siempre. Esto la volvía a exitar de a ratos, pero lentamente la idea de indefensión y sometimiento comenzó a er cada vez menos atractiva a medida que se aburría mas y mas. Se halló a si misma impelida y sin sueño, tal como un bebe. Al momento en que Raquel decidió tomar su próximo alimento de bebes, estaba muy hambrienta y el sabor desagradable de la comida triturada no le preocupó en absoluto. Para este momento (Sabado por la tarde) ya se había bebido la mitad de sus biberones, se había orinado muchas veces y se había cagado encima otra vez. Estaba casi flotando dentro de sus pañales en una espesa combinación de caca y orines, pero las bombachas de goma aun impedían que los posibles derrames llegasen a sus pijamas delatando a simple vista su incontinencia. El tiempo se volvío realmente insostenible para Raquel cuando advirtió que aun debía permanecer 24 hs. mas en aquel estado infame. No mucho mas tarde Raquel consiguió dormirse. Acostumbrada ya a su forzada incontinencia incluso se orino dormida un par de veces. El domingo por la mañana no fue muy diferente al sabado, aunque algo mas molesto aun. Raquel se orinó otra vez al despertar, ya casi sin advertirlo conscientemente hasta que el flujo de orin estaba ya escapando por los labios de su conchita. Pocos minutos después se había cagado encima con la misma facilidad. Ya se sentía flotar dentro de su pañal. Sus nalgas patinaban en un mullido y tibio colchon y para peor se había comenzado a irritar la concha por la exposición continua al orin y el roce de la tela de su pañales ya empapados uno tras otro e incapaces de absorber una gota mas. Además de todo tenía mucho hambre y se sentía por demás aburrida. Se percató de que no podía traer a su mente sus fantasías para consolarse y solo tenía presente cuanto tiempo había estado allí amarrada en su cuna y cuando restaba aun. Para media tarde ya se había devorado toda la comida triturada de bebes y se había bebido su último biberón. Después de ello se volvió a hacer pis y caca encima casi en un mismo instante. Tras ello notó como, burlando sus precauciones, su bombachita de goma había comenzado a ceder y derramar unas primeras gotas en su pijama, que rato después se extendían hasta las sabanas de su cuna, liberando en su ropa y en la cama el acido aroma de su pis y su caquita, delatando el contenido de sus pañales. En aquel cuadro Raquel no pudo ya contenerse y estalló en un llanto casi infantil, como coronando su solemne acto de impotencia.

Finalmente la tarde transcurrió y llegó el momento deseado. Las 5 PM del domingo, Raquel suspiró aliviada convenciendose de que en instantes sería libre otra vez. Rapidamente ingresó la clave y pulsó el botón para expulsar. ¡Nada Sucedió! Lo intentó nuevamente. No hubo ningún resultado. Volvió a chequarlo varias veces. Finalmente decidió revisar el programa. Siguiendo las instrucciones halló la hora y día programados: 5 PM del 8 de Marzo. Domingo 8 de Marzo pensó Raquel. Repentinamente un instante de cruel lucidez estalló en su mente! ¡Sus calculos habían fallado. El día estaba bien configurado pero el mes había sido ingresado de manera incorrecta, era Domigo 8 de Febrero y el cepo no se abriría hasta el día 8 de Marzo! Raquel entró en panico. Sus compañeras estaban por llegar en tres horas mas y la encontrarían en tal estado de humillación como nunca hubiera soñado. Comenzó a forcejear bruscamente, golpeando el cepo electrónico, forzando las cintas, intentando derribar la estructura de la cuna. Recordó también la llave maestra, pero deliberadamente ella la había colocado en su closet, a una distancia imposible de alcanzar de manera alguna desde su posición actual. Todo fue en vano y ella lo sabía desde el principio, se había preparado asi misma una reclusión infalible. No había manera de salir de allí a no ser por la intervención de alguien mas o aguardando hasta el próximo mes. Finalmente comenzó a lloriquear como un bebe admitiendo su inminente derrota.

Tres horas mas tarde, puntualmente sus amigas retornaron a casa. Despues de unos minutos de acomodar su equipaje y cambiarse de ropas, Donna y Paula empezaron a preguntarse por Raquel. Las tres acostumbraban dejar siempre alguna nota explicativa cuando salían por la noche, para tranquilidad de todas. Ya que no se la veía en ninguna parte de la casa Donna pensó en entrar a su cuarto para chequear si hubiese dejado alguna nota allí.

Al abrir la puerta ambas mujeres se quedaron boquiabiertas, mudas y atónitas ante aquella escena. Allí estaba su amiga, recostada en una cuna del tamaño de un adulto, amarrada con cintas y arneses, vestida con pijamas infantiles de su tamaño, que ya mojados a la altura de su cintura dejaban asomar debajo el bulto de la bombacha de goma y los pañales de adulto que en vano intentaban contener el orin y la caca que Raquel se había hecho encima durante todo un fin de semana. Las sabanas también yacían mojadas y sobre la mesa estaban los biberones vacíos y las latas de comida concentrada para bebes. No podían creer lo que sus ojos veían. Raquel estaba bañada en lagrimas y no conseguía expresar palabra alguna, sus amigas tampoco reaccionaban. Para colmo de su verguenza su cuerpo exudaba ya libremente el aroma a orines y caca que sus inservibles pañales ya no podían disimular. En un último aliento Raquel consiguió recuperar el habla y les comentó entre sollozos todo lo sucedido a sus amigas.

Donna y Paula escucharon atentamente las historia. Durante el relato su rostros cambiaron desde la consternación, la sorpresa, la verguenza y la expresión mas seria. Cuando Raquel concluyó su odisea se quedó contemplandolas como quién espera una respuesta. Ambas la miraban con una expresión de serio desaprobo, pero de pronto la solemnidad de Paula se durrumbó y estalló a reir a carcajadas en frente de su amiga infantilista. "Perdón Raquel, pero es que es lo mas descabellado que he visto en mi vida" exclamó entre carcajadas, "estas por demás loca mujer, como has podido. No tienes dignidad, que verguenza…" siguió riendo. "Es absurdo" añadió Donna en tono mas grave, "mirate, estás hecha un asco, que verguenza me das Raquel, nunca creí que una amiga mía podría hacer semejantes cochinadas. Yo te creía una mujer adulta y normal, como hubiera imaginado las fantasías extrañas que tienes. ¿Desde cuando haces estas cosas?". Paula continuaba riendose y burlandose de su amiga y Donna no hacía otra cosa que lanzarle severos reproches. Finalmente Raquel se atrevió a suplicarles, "La llave esta en mi closet, por favor traedmela asi podré por fin liberarme".

Las dos mujeres se miraron entre si y se retiraron del cuarto un momento a conversar en voz baja, dejando a Raquel expectante, aun atrapada en su cuna en su lamentable estado. Un minuto despues volvieron a entrar al cuarto y Donna tomó la palabra "¡No hay nada que hacer!" dijo en tono severo. "Fue tu decisión estar alli recluida. Vos configuraste el cepo para abrirse el 8 de Marzo y allí vamos a dejarlo. No es culpa nuestra". Raquel comenzó a suplicarles desesperadamente, pero ambas mujeres salieron del cuarto velozmente dejando a su amiga en la misma situación.

Rato después Donna y Paula retornaron con unas pinzas y otras herramientas con las cuales procedieron a cortar el arnes que atrapaba los pañales en su entrepierna. Paula miró subitamente a su amiga antrapada en la cuna y le dirigió la palabra "Como ya te hemos dicho no tenemos intenciones de liberarte de la trampa en que vos misma te metiste imprudentemente. Sin embargo como prueba de solidaridad te vamos a limpiar y a cambiar los pañales". Raquel permaneció en silencio durante esta operación, hasta que ya libre del arnes se sintió mas aliviada, aunque aun tenía sobre si las cintas que sujetaban sus pies, su cintura y su mano izquierda, todo lo cual aun la mantenía completamente indefensa y docil a merced de sus amigas. Acto seguido Paula revisó el vestidor de Raquel en busca de los elementos necesarios.

Rapidamente encontró su provisión de pañales limpios, sus bombachas de goma, los pins para sujetar sus pañales y las llaves de estos pins, así como mucha mas ropa infantil en talle adulto, biberones, chupetes, algunos pañales descartables, bombachitas de entrenamiento, hasta toallas de incontinencia que Raquel utilizaba bajo sus bombachas de mujer adulta para orinarse encima cuando estaba en su oficina o en la universidad sin que nadie se de cuenta, también latas de comida para bebe, talcos, aceite de bebe y otra parafernalia. Toda su vida infantilista estaba allí expuesta para su verguenza y para deleite de sus amigas. Paula y Donna se entretuvieron unos minutos revisando aquella utilería y haciendo bromas sarcásticas y humillantes delante de su indefensa amiga, quién no tuvo otra opción que aguardar allí atada mientras las chicas terminaban de hacer su inspección. Ya había comprendido que de nada servían sus suplicas, asi que aguardó en silencio.

Finalmente, minutos después Paula le dirigió la palabra con desden "Vamos, tenemos que cambiarte los pañales y ponerte unos limpios. No queremos que te vayas a enfermar, mirá en que estado estan esos que llevas puestos…". Raquel no profirió queja alguna. Estaba muy intrigada por saber lo que habrían de hacer con ella a futuro, pero la idea de poder cambiarse sus pañales le urgía mucho mas que cualquier proyecto posterior.

Paula y Donna se acercaron a la cuna y bajaron la reja frontal para poder acceder a Raquel mas de cerca. Donna sostuvo la mano derecha de Raquel, que era la unica extremidad libre de su cuerpo, mientras Paula comenzó desvestirla, bajando primero sus pijamas y a continuación las dos bombachitas de goma hasta la altura de sus tobillos. El olor a pis y caca se hizo mas fuerte en toda la habitación y Paula no perdió la oportunidad de hacerselo notar con sarcasmo. Luego, mientras Donna la sostenía firmemente, Paula desbloqueó de a una a la vez las cintas que aferraban sus tobillos para poder remover completamente el pijama y las bombachas de goma empapadas, para luego ajustar cada cinta nuevamente a los tobillos. Después comenzó a desabrochar cada unos de los ocho pañales, los cuales estaban ya plenamente empapados. Al quitar el ultimo pañal Raquel quedo definitivamente expuesta en la mas vergonzosa situación que una mujer de su edad pudiera concebir.

Donna y Paula contemplaron entre burlas y expresiones de reprobación la enorme fuente de que había conseguido desbordar los ocho pañales, una tibia masa ya ininteligible y espesa de pis y caca que Raquel había conseguido acumular durante dos días completos de incontinencia sobre sus nalgas y su conchita. Las dos mujeres apenas podían creer que su amiga se hubiese provocado a drede semejante bochorno. Donna aun no salía de su asombro, "Que verguenza Raquel, una señorita de tu edad haciendo semejante cochinada. ¡Mira como te has puesto! ¡ Hueles a pis y caca como un bebe o quizas peor…" termino diciendole. Paula retiraba los pañales sucios en una bolsa de plastico para arrojarlos luego en la lavadora mientras agregaba sus propias quejas "…y pensar que otras mujeres de tu edad ya son madres y le cambian los pañales a a sus hijos y vos en cambio a tus 28 años te lo haces todo encima como los bebes". En medio de otras burlas y reproches Paula limpió pacientemente todas las zonas intimas del cuerpo de Raquel y luego le untó con crema suavizante y aceites para calmar la irritación que había desarrollado en los dos últimos días especialmente en los labios de la concha. Por ultimo le pusieron un pañal limpio y una nueva bombachita de goma. La perfumaron y cambiaron las sabanas que tambien estaban sucias por otras nuevas.

Cuando terminaron toda la operación Raquel se dirigó nuevamente a sus amigas de manera interrogante. Entonces Donna tomó la palabra, "¡Lo que hiciste es una verguenza Raquel y vas a tener que hacerte cargo vos misma de tus actos. Nosotras no vamos a intervenir en absoluto para liberarte de un castigo que vos sola te has impuesto. Además de irresponsable sos una cochina y no queremos ser complices de tus locuras. Como única prueba de solidaridad te hemos liberado los arneses que sujetan tus pañales, para que se puedan cambiar a diario, pero las demas cintas que te aprisionan se van a quedar alli en su lugar hasta que el dispositivo se habra nuevamente por si solo dentro de un mes. También podes intentar liberarte por vos misma, nosotras no vamos adetenerte pero tampoco vamos a ayudarte. Aunque parece que tu trampa es demasiado buena para que puedas con ella, asi que creo que vas a estar ahi recluida por todo el mes!".

Raquel sabía que Donna tenía razón, no le iba a ser posible liberarse de aquella reclusión sin ayuda de sus amigas. Desesperada comenzó a llorar nuevamente de manera desconsolada. Pero entonces Paula se acercó a ella, la tomó de la cabeza y le acarició con dulzura casi maternal. Ante sus ojos le mostró un chupete que había tomado del closet. Raquel instintivamente dejó de llorar y abrió sumisamente la boca para que Paula pudiera insertarle el chupete entre sus labios. "No nos tomes a mal Raquel. Nosotras somos tus amigas. Vos te metiste en este problema y tenes que aprender a enfrentarlo por vos misma. Queremos que aprendas algo en este mes que va a transcurrir alli bloqueada en la cuna. Lo que hiciste no es propio de una mujer adulta como vos, por lo tanto si querés comportarte como una niña que aun se lo hace encima entonces tendrás que aceptar que se trate como tal." Incluso Donna, que hasta entonces había sido las mas dura con ella le habló en un tono mas suave y maternal, "vamos a ser buenas mamis en este próximo mes. Vamos a cambiarte los pañales dos veces al día por lo cual ya no vas a necesitar usar multiples pañales. Te vamos a limpiar para que no estés irritada y te vamos a alimentar del mismo modo que lo has venido haciendo este fin de semana, mediante biberones y comida de bebes." Raquel se debatía entre su impotencia y su rsignación, aunque en un punto sintió que muy dentro suyo había recuperado una parte de la exitación que había sentido el primer momento cuando se sometió a si misma en su cuna el fin de semana. Sus amigas la dejaron sola y ella aun consternada comenzó a llorar.

El lunes por la mañana, Raquel despertó con su pañal mojado. Pese a los últimos sucesos, había dormido mejor que las dos noches anteriores, con un pañal limpio y seco protegiendo su intimidad femenina. Aunque ya se había orinado parecía que el pequeño accidente transcurrido durante la noche había sido muy bien contenido por su pañal sin necesidad de irritación alguna. La noche transcurrida le había mejorado un poco el animo y albergaba alguna esperanza de que sus amigas cambiasen de opinión respcto a su decisión de dejarla recluida allí en su cuna durante todo el mes.

Repentinamente Donna abrió la puerta de su cuarto "Buenos días Raquel. ¿ Has dormido bien ?" cargaba en sus manos su telefono mobil, asi como un biberón con formula de bebe. Se recostó junto a ella y comenzó a darle su desayuno, que Raquel bebió hasta acabarlo. En breve sintió los efectos de la formula y se dió cuenta que pronto iba a hacerse caca. Pensó que era una buena idea hacerselo ahora, pues Donna de seguro la cambiaría en breve. Luego Donna le acercó el telefono a su mano libre y le indicó que marcase el número de su trabajo. "Llamá a tu jefe, decile que has tenido una urgencia familiar y que necesitas pedir tu vacaciones ahora mismo durante todo este mes". Raquel se deshizo en protestas, solicitando que la liberasen y la dejasen retomar su vida normal, pero todo fue en vano. Finalmente Donna la apercibió "hasta que no hayas llamado a tu jefe no te vamos a cambiar los pañales".

De mala gana Raquel tomó el teléfono y marcó el número de su trabajo, pidió hablar con su jefe directo y comenzó a darle la explicaciones pertinentes. Durante el trancurso de la llamada Raquel se cagó encima casi sin notarlo, pues estaba atenta a la gestión de sus vacaciones. Finalmente el tema fue arreglado y obtuvo su mes libre. Al instante Paula se hizo presente y procedió a cambiar sus pañales. Esto la hizo sentir aliviada, mientras recordaba la horrorosa experiencia de haber contenido su pis y caca dentro de los mismos pañales durante dos días, Raquel concluyó que la situación ahora era mucho mejor. Sus amigas se marcharon dejandole cerca de su cuna suficiente comida triturada y un par de biberones con formula para que pudiese alimientarse hasta que ellas volviesen, una vez concretado su día de trabajo. Raquel reflexionó unos instantes y comprendió que aquella situación era la que en verdad pretendía homologar con su autoreclusión del fin de semana.

Epilogo

El mes transcurrió calmo y lentamente. Raquel aceptó sin mas protestas su reclusión y se portó de manera obediante con sus dos amigas. Lo días transcurrían y Raquel iba desarrollando su rol de bebita sometida de manera cada vez mas natural. Por las noches tenía accidentes y amanecía siempre orinada. Incluso algunas veces llegó a cagarse encima mientras dormía. A medida que su incontinencia aumentaba Donna y Paula decidieron aumentar la frecuencia diaria de cambio de pañales para evitar que tuviese irritaciones en la concha a causa del orin. También fue necesaria una compra extra de pañales de adultos y bombachas de goma.

Los alimentos de bebe ya le sabían de manera totalmente natural e incluso sabrosa y las formulas de bebe saborizadas con chocolate se convirtieron en su coktail favorito. Raquel no volvió a proferir ninguna pretesta. Finalmente llegó el tan ansiado día del 8 de Marzo y tal como estaba programado el cepo electrónico se abrió dejando a Raquel completamente libre de las cintas que la sostenían a la cuna. Donna y Paula habían salido de paseo aquella tarde, poco antes de la hora indicada por el temporizador del dispositivo electrónico. Retornaron horas mas tarde, esperando a su regreso encontrar a su amiga disfrutando de su nueva libertad. Al entrar en el cuarto de Raquel la encontraron en la misma posición que de costumbre, durmiendo en su cuna, con pañales y ropas de bebe, aunque ya no estaba sujeta por las cintas ni los arneses. Cuando Raquel despertó las tres mujeres sostuvieron una larga convrsación sobre lo transcurrido en el último mes. Raquel formuló finalmente una propuesta y sus amigas accedieron. Al día siguiente por la mañana temprano el jefe de Raquel recibió un telegrama en el que ella le comunicaba su renuncia indeclinable. Una vez emitido el telegrama Raquel salió de la oficina postal y se dirgió a su casa con toda velocidad.

Mientras transitaba por la calle sentía que sus pañales ya estaban algo humedos. Llegó a casa y se dirigió directamente a su cuarto, se quitó su vestimenta adulta que había usado para el tramite de su renuncia debajo de la cual asomaron sus humedos pañales. Se colocó sus pijamas infantiles y se recostó en la cuna. Un instante después entraron Donna y Paula y las tres mujeres se miraron entre sí con complicidad. " Ya está hecho mamis" dijo Raquel en tono infantil, imitando la voz de un niño. Acto seguido Paula le cambió los pañales y Donna le dio a beber un biberón con su formula favorita.

A continuación la sentaron en su cuna y le dieron unos peluches y una hermosa muñeca que le habían comprado el día anterior y que habían reservado como sorpresa. Antes de marcharse le dejaron cerca de la cuna un par de biberones con formula de bebe y jugo de naranjas, una jarra con cereal para bebes y una taza con comida triturada. "No queremos que esta bebita esté hambrienta. Mejor que te hayas tomado toda tu comida y te tomes toda la mema antes de que regresemos. Si no vamos a tener que darte nalgadas en el culito por desobediente Raquel…". Esta vez no hubo necesidad de sujetar a Raquel a la cuna pues estaba bien claro que ella no tenía otras intenciones mas que quedarse en su cuna jugando con sus nuevos regalos, comiendo sus cereales y sus formulas y mojandose en los pañales. Al fin y al cabo Donna y Paula también habían aprendido su lección en el mes que pasó.

Descubrieron su vocación maternal con su amiga adulta infantilista. Ser mama de una mujer adulta de 28 años que aun se lo hacía todo en sus pañales tenía un encanto especial. Ambas saludaron a Raquel con un beso y la instuyeron antes de marcharse, "Portate bien Raquel, que ya no tenes edad de estar haciendo travesuras". Y dicho esto Donna y Paula se marcharon a sus respectivos trabajos, pues tenían sus obligaciones como mujeres adultas que eran.

Fin


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© Daniel

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