Tengo una amiga involucrada en asuntos no muy lícitos. Su
edad oscila entre los 29 o 30 años. Es rubia, blanca, con un cuerpo fenomenal!
Hace unos días decidió enviarme por escrito una detallada
descripción de unos acontecimientos dados luego de que ella, junto con un tipo,
decidieran secuestrar a un niño para pedir una alta suma por su rescate:
Teníamos al chico con nosotros, lo escondimos en un
departamento ubicado en los suburbios de la ciudad. El niño podría tener unos 18
años.
Yo me quedaría con el chiquillo mientras que Randal estaría
negociando el pago por el rescate del niño, moviéndose por distintos lugares
para que no pudiera ser rastreado mediante las llamadas que habría de efectuar.
Mi misión era la de cuidar al pendejito.
Lo primero que hice fue amarrarlo en una vieja cama hecha de
barras de hierro. El problema era que el infeliz se la pasaba llorando. Yo
mientras, fuera de la habitación, me puse cómoda, me descalcé, me puse una falda
corta y trataba de concentrarme en alguna otra cosa, pero el niño no dejaba de
llorar.
Poco a poco fue colmando mi paciencia, a pesar de los muchos
gritos y regaños que le dí, el chico no paraba.
No soporté más y furiosa abrí la puerta de la habitación de
un portazo, y con paso presuroso me dirigí hacia la cama donde estaba el niño.
Pegué un brinco y quedé sentada a horcajadas sobre su suave y frágil estómago.
Enseguida le dí una fuerte cachetada y le dije: "Ya te he
dicho mil veces que te calles!!!! Si sigues llorando no comerás y te las vas a
ver conmigo!!!"
El niño me miraba con terror, con los ojos rojos de tanto
llorar. Se veía tan sometido e indefenso.
Sentencié entonces: "¿Has entendido!!???". Dije esto al
tiempo que di un leve brinco en su estómago.
El niño nada más pudo hacer un gesto de afirmación con la
cabeza.
Luego de esto pasó una hora más antes de que el mequetrefe se
echara a llorar nuevamente.
Yo me encontraba preparando el alimento ya que hacía 7 horas
que no comíamos, y ya no pude más.
Nuevamente entré con rabia a la habitación. Lo desaté de la
cama y me lo traje halado por los cabellos hasta la sala.
- "Vamos a ver si te va a quedar aire para llorar!"
Lo tiré sobre el sillón, prendí el televisor para ver las
noticias sobre la desaparición del chiquillo y fui a la cocina a recoger mi
plato de comida.
Me dirigí hacia el sillón donde estaba acostado el niño y caí
sentada sobre su estómago y parte de su pecho (ya que las caderas de una mujer
son anchas) de un sólo golpe. El niño quiso llorar pero no pudo más que abrir la
boca tratando de emitir sonido, pero no pudo ya que le había sacado todo el
aire.
- "Y ahora tampoco comerás!!" (le dije).
Allí me quedé sentada mientras veía las noticias. Sacaron
información sobre varios sucesos del día. Eventos políticos, noticias sobre una
inundación, algo sobre las elecciones en un país vecino.
Al tiempo que observaba las noticias, comía el alimento que
había preparado.
El niño tenía la cara roja, imagino que de la presión que
hacía mi peso sobre él. Sin embargo a mi eso no me importaba en lo más mínimo.
A veces, no podía evitar sentirme poderosa cuando realizaba
que me encontraba realizando actividades cotidianas sentada sobre él.
Continué comiendo y viendo las noticias. Entonces aparecieron
las informaciones sobre el secuestro. Dijeron algunas cosas, y luego salió su
madre hablando, pidiéndo que no le hicieramos daño. Si supiera esa señora que
ahora mismo yo tenía a su hijo de colchón.
Eventualmente sentía desesperados esfuerzos del niño tratando
de llenar sus pulmones. Sentía su torax tratando de llenarse vanamente de aire,
lo que ocasionaba que mi "colchón" se moviera un poco bajo mis caderas.
Entonces trató de decir algo, que apenas pude escuchar:
"...mee ddueelee.."
Le contesté: "Eso lo debiste haber pensado antes de llorar!!
Parece que esta es la única forma en que te puedes quedar callado!"
Las lágrimas brotaban de sus ojos pero sin poder emitir
sonido.
Luego de una hora, cuando ya hubieron terminado las noticias,
fue cuando me levanté del niño. Este se agarró el estómago y se revolcaba de
dolor sobre el sillón. Mientras yo fui a la cocina a servir su comida en el
mismo plato donde había comido yo, y en otro plato le eché algo de agua.
Lo mandé entonces a que se acostara boca abajo en el suelo.
Coloqué los platos en el suelo a la altura de su cara y
pocedí a sentarme sobre su espalda, como si estuviera a caballo, para no
correrme el riesgo de que el mequetrefe intentara escapar.
El niño empezó a comer así como estaba, como un perro, sin
cubiertos ni nada, mientras yo seguía sobre él.
Cuando por fin terminó, me levanté a llevar los platos a la
cocina.
El chico se volteó cara arriba y le ordené gritando que no se
le ocurriera levantarse sin mi permiso.
Parece que eso lo asustó y empezó a balbucear tratando de
contener el llanto.
Me acerqué entonces hasta dónde él estaba: "Es que acaso vas
a llorar!!??"
El niño desde el piso me miraba con terror.
- "Ni siquiera se te ocurra!" (le dije)
En ese intante levanté mi pie y lo coloqué en su cara.
Mi pie cubría toda su cara. Mi talón lo puse sobre su boquita
y mis dedos iban a dar hasta el cabello del chiquillo.
Ese cuadro me gusto. Me quedé así un rato deleitándome con la
escena. Estas situaciones me hacían reflexionar sobre el poder que tenía yo
sobre aquel niño.
Tenía el deber de cuidarlo, pero iba a sacarle provecho a la
situación.
Con los pies fuí empujando al muchachito para que se metiera
debajo del sillón, su cuerpo cabía perfectamente, pero me aseguré que dejara
parte de su torax y su cabeza afuera.
Entonces, me senté en el sillón justo sobre él, y le coloqué
los pies encima. Uno lo puse sobre su pecho y el otro sobre su rostro.
Luego le ordené: "Bésamelo!"
El niño sin rechistar empezó a besar mi pie. Esta situación
de poder era magnífica.
Yo obserbaba la televisión apacible disfratando de mi masaje
de pies a punta de besos. Por ratos se me olvidaba que el chico estaba allí y
sólo me dedicaba a ver la televisión mientras sentía el deleite de esos
suaves movimientos debajo de mi pie.
Luego de un rato quité ese y le puse el otro pie en la cara
para que hiciera la misma labor. Me sentía una Reina.
Lo utilicé como alfombra por varias horas hasta bien entrada
la noche. Había estado leyendo revistas, viendo la televisión y hasta
sencillamente disfrutando de mi masaje.
Me levanté entonces y fui al baño a orinar. Pensé entonces en
que el niño no había ido. Debe ser que ni siquiera se atrevía a decirme. Eso me
gustó, que aguante mientras satisface a su Ama.
Me sequé, me subí las bragas y fui hasta donde el niño. Ni
siquiera se había movido.
Balbuceaba y tenía los ojitos rojos. Me miraba como
preguntándose qué le mandaría a hacer ahora.
Le ordené entonces que se sentará en el piso recostado al
sofá. Le indiqué que inclinara la cabeza hacia atrás sobre uno de los cojines.
Su cabeza quedó casi al borde del cojín, pero yo quería que quedara más al
centro, así que le ordené que la corriera más hacia atrás. Eso hio que su
espalda ya no pudiera estar recostada a la parte baja del sofá, sino más bien
arqueada en el aire.
Pero lo importante era que su cabeza estaba donde yo la
quería.
Allí estaba listo para servirme.
Entonces, me puse de espaldas a él con mis piernas a sus
costados.
levanté mi falda un poco y procedí a sentarme. Traté de
hacerlo suave, pero al final tenía que hacer un poco más de esfuerzo, así que
preferí dejarme caer, total, era él quien iba a sufir.
Caí y mi nalga derecha quedó sobre su cara. Sentí como su
cabeza se hundió en el cojín. Me acomodé para que su cara estuviera en todo el
centro en mi entrepierna.
Me menié un poco para enterrarla bien entre mis nalgas, me
recosté al respaldar del sillón y allí me quedé. No podía ser más perfecto.
Estaba sumamente cómoda, con total control del escuincle y no tenia que soportar
sus llantos, por el contrario, era él quien tenía que soportarme a mí,
literalmente.
En ese momento estaba por empezar el último noticiero del
día.
Nuevamente pasaron varias noticias hasta que llegó la del
niño. Volvió a aparecer en vivo la mamá del chiquillo. Pedía que no le
hicieramos daño, que lo tratáramos bien. Já! si supiera que en ese momento me
encontraba yo sentada sobre la cara de su hijo mientras ella hablaba.
A veces sentía en mi entrepierna un poquito de aire caliente,
que exhalaba mi "niño silla", y que a duras penas había podido inhalar de entre
mi bulba. Levanté mi falda para observar debajo de mí, pero su cara y cabeza
estaba totalmente perdida entre mis nalgas, bajo mis caderas.
Como su espalda estaba arqueada, todo el troco de su cuerpo
se encontraba levantado en una forma perfecta para reposar mis piernas sobre
este. De modo que levanté mis piernas y las coloqué sobre el tronco del niño,
una cruzada sobre la otra. ¡que comodidad!, lo más seguro es que esto hiciera
mayor presión sobre la espalda del chico, pero eso no era mi problema, yo estaba
totalmente cómoda y relajada.
El cuerpito de este niño, de si acaso unas 60 libras, estaba
soportando mi peso entero de unas 135 libras. Encendí un cigarrillo y me lo fume
apaciblemente, luego otro y así otros varios, mientras descansaba sobre mi
cómodo niño silla.
Luego de algunas horas sonó el teléfono, así que me
incorporé. Bajé mis piernas de él para poder inclinarme un poco a tomar el
teléfono. Continuaba sentada sobre él.
Era Randal, preguntándome cómo andaban las cosas. yo le dije
que mejor no podían estar. Me preguntó si tenía controlado al niño. Yo levanté
un poco mi falda, miré entre mis piernas y prácticamente ni el cuello del niño
se veía. Su pecho se veía subir y bajar suavemente mientras con dificultad
lograba respirar.
- "Sí" (le contesté a Randal) "...lo tengo muy controlado"
(no pude evitar dibujar una sonrisa en mis labios).
(tal vez continuará...)
Nota: Este, como muchos otros relatos no son otra cosa que
producto de la imaginación.
rsolo@yahoo.com