PROSTITUTA (8)
Este relato es continuación de la saga iniciada con Prostituta
1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 y es recomendable su lectura para comprender la trama y
circunstancias que llevaron a la actual situación narrativa
Cuando llegaron a la casa, Ricardo estaba en el momento
cumbre de un ataque de euforia y con razón; la vida le sonreía, era titular de
un brillante futuro en el que podía llegar a posiciones inimaginables, tenía en
su poder una condecoración que lo avalaba para obtener cualquier cosa, ya era un
hombre poderoso y si jugaba bien sus cartas, solo el cielo era el limite.
Maria José, solo hacía que escuchaba, su mente volaba en
otras direcciones. El hombre que tenía a su lado era cada vez más despreciable y
ruin, había pasado a convertirse en un símbolo de una vida pasada, en que había
sido engañada, adoctrinada y lavada su cabeza, por ídolos falsos, pero ya caídos
y puestos en evidencia, no solo tenía responsabilidad el infeliz de su esposo,
también su familia, su padre, su madre, los maestros, los profesores, su
confesor y el entorno en que la habían rodeado. Le habían pintado un mundo que
no era, una realidad falsa, una moral que era predicada pero no practicada por
los que la esgrimían como bandera.
Se dirigió al baño, para desmaquillarse; pensó en
higienizarse, en lavarse los restos ya casi secos de semen que tenía en su vello
púbico en su vientre, tetas y el enchastre que tenía en el interior de su
vagina, pero no lo hizo; sabía porque no…
Eligió el camisón más sexy que tenía, esperó en el dormitorio
a Ricardo, tal como lo supuso, vino totalmente excitado, ya que sin mediar
palabras prácticamente le arrancó el camisón y la montó.
Ricardo tenía una calentura ciega. Con verdadero placer, vio
como la boca y lengua de Ricardo, corrían por sus tetas, lamiendo, chupando,
mordiéndolas, desde luego lavando los restos de la esperma del adorable muchacho
que la había cogido una hora atrás.
En su calentura Ricardo, continuó besando todo el cuerpo de
ella, su lengua pasó por el vientre, llevando consigo también los restos ya
secos; llegó al monte de Venus y se refregó contra el pubis, barrió con lo que
había en el mismo, que era mucho, luego al clítoris y golosamente con su punta,
lo masajeó, le sacó toda la mezcla de líquidos ya espesos que habían quedado,
siguió con los labios superiores totalmente saturados de semen y lubricante,
continuó en los inferiores, encontrando a la abertura grande totalmente dilatada
por el joven miembro, la dejó limpia hasta donde llegó el largo del apéndice que
cumplía funciones de barredora.
Ni siquiera notó sabores extraños, era tal la excitación,
pero ella sabía muy bien lo que estaba pasando, eso la excitó, en la forma
extraña de placer sexual y placer por venganza, de humillar al "gran hombre", al
"caballero probo", al del futuro glorioso, a la vileza hecha hombre.
Maria José, quedó pasiva, como correspondía a una mujer de
familia de bien, se dejó hacer, como siempre antes no participó, simplemente
abrió sus piernas, esperó que pene de su esposo cumpliera su función, lo que
hizo penetrando en esa gruta dilatada y llena de fluidos, de esa esperma fuerte
y joven que le habían regalado antes.
Ricardo en su euforia y calentura, ni siquiera se dio cuenta
de nada, menos de encontrar una concha tan abierta y llena. Bombeó y bombeó en
su interior, mezclando sus fluidos en la mezcla que había, empapando su católico
pene.
María José con alegría orgasmó, en una forma profunda y
violenta, volviendo a sorprender a Ricardo, que no estaba acostumbrado a sentir
tanto placer en su esposa. El semen de su eyaculación paso a aumentar la mezcla
ya existente, dándole más sustancia y cantidad, que ella dejó toda la noche,
hasta la mañana siguiente en su vagina abierta y palpitante; que la mañana del
domingo encontró hecha como una crema espesa en su interior y en manchas en las
sabanas, secas pero de un color blanco intenso, que destacaban en el verde
oscuro de las mismas, que hacían formas raras, como dibujos y al verlas pensó
que quizás había descubierto otra forma de expresar arte, divertida, sonrió…
Como todas las mañanas del domingo, Ricardo se vistió y se
fue al club para jugar al tenis con sus amigos, la invitó a ella a almorzar con
todos, pero ella declinó la misma, diciéndole que tenía cita para recaudar
fondos para carenciados, con un grupo de caridad, para comer y un juego de
bridge.
Cuando Ricardo se hubo marchado, Maria José, marcó en su
celular en número del corredor de bolsa. Con alegría escuchó que su llamado era
contestado, le dijo que le gustaría verlo, que tenía toda la mañana y la tarde
del domingo a su disposición.
Se dio un largo baño de inmersión, sacándose de su interior
todo resto de la noche anterior, incluso para asegurarse de ello, se realizó un
lavaje vaginal y varias veces. Para la cita, debía estar muy limpia.
Llegó a su departamento. Por primera vez lo sacó de su
anonimato, pensó y lo visualizó con su nombre … Federico, lo estaba extrayendo
del contexto en que vivía, empezaba a ser único, excluyente, con él se abstraía
de todo. No había venganza ni resentimiento, volvía a ser pura y limpia, cuando
escucho su voz por el portero eléctrico, su corazón comenzó a cabalgar
enloquecido, el ansia de verlo se incremento hasta ser intolerable,
inaguantable, lo necesitaba ya!
Fue de una lentitud interminable el caminar por el hall de
entrada y llegar al ascensor, tardó siglos en venir, el viaje de los 12 pisos
que subía inacabable. El corazón latía a mil por hora, todo su cuerpo anhelaba
ansiosamente el calor de Federico, verlo, escucharlo, besarlo, acariciarlo, lo
quería en su interior para siempre.
Al llegar al piso, abrió la puerta del ascensor, salió al
palier privado, en la puerta estaba él. Su cartera cayó al piso, se arrojó a sus
brazos, no hablaron, solo se besaron interminablemente. Fue alzada por los
fuertes brazos, con sus pies lejos del piso.
Cuando pudieron respirar, se miraron largamente, le
acariciaba su cabello, ella el rostro, volvían a besarse una y otra vez, como si
tuvieran miedo que ese instante fuera irreal que no existiera, que fuera un
sueño.
Al fin la levantó con sus brazos y la llevó de esa manera al
dormitorio.
Fue una tortura el tiempo que tardaron en sacarse la ropa,
mejor dicho se la arrancaron, salían volando las prendas para cualquier parte,
en realidad fueron instantes, pero a ellos les parecía dificultosa, interminable
y pesada la tarea, les molestaba la mínima resistencia de algún botón.
Desnudos los dos, al costado de la gran cama, quedaron
mirándose, como si aún no pudieran creer que volvían a estaban juntos…
Se volvieron a abrazar, sintieron el calor de los cuerpos, un
largo beso, mientras sus manos se acariciaban las espaldas bajando a las nalgas
y volviendo a subir a las cinturas.
Repentinamente estaban en la cama, abrazados estrechamente,
buscándose. Federico sentía contra su pecho las hermosas tetas, que le daban
calor y ternura, Maria José el miembro totalmente erecto de él, entre sus
muslos, cerca de su vagina, rozando los labios superiores de la misma.
Era toda sensación, ternura, amor, deseo, un ansia
incontrolable de pertenecerse, de ser uno, de unirse para siempre en ese abrazo
sublime y que se convirtiera en definitivo, final. Bebían de sus bocas, las
lenguas avanzan y retrocedían, se chocaban. Cada uno recibía el hálito de la
vida del otro, era perfumado, glorioso, indescriptible, era el amor, lo
verdadero, lo único que vale la pena en la existencia, el fin y objetivo
primordial…
El pene avanzó entre los labios superiores, abriéndolos,
continuó lentamente, hasta llegar a la gruta cálida, húmeda, complaciente,
hospitalaria, que apretaba suavemente al miembro, que continuaba lentamente
explorando y disfrutando cada milímetro de esa vagina ansiosa en recibirlo, todo
en su totalidad. Hasta que por fin llegó a su final y las caderas de ambos
estaban unidas estrechamente; los vellos púbicos uniéndose y entrelazándose en
un sublime toque.
Sintieron que se pertenecían, en ese momento los dos eran
uno, mientras continuaba el beso que parecía sería eterno.
Estuvieron así, sin moverse, ella totalmente penetrada, el
beso que perduraba, se sentían. Las manos de él acariciaban los senos, los
oprimían, los dedos jugaban con los pezones totalmente erguidos.
Las maravillosas tetas de Maria José, habían adquirido esa
contextura que da la suprema excitación, distintas a lo que corrientemente son,
más blandas, pero manteniendo su firmeza, objetos cuya misión eran ser
acariciados, oprimidos, torturados; pezones totalmente excitados que mandaban
corrientes de eléctrico placer; esta percepción que solo puede obtenerse cuando
se está haciendo el amor, no cogiendo y es percibido por ambos, en las
sensaciones, en el tacto, en el olfato, en el gusto, en todo su ser.
Eran uno solo, el mundo no existía. Eran el y ella buceando
en un mar de sensaciones, dos cuerpos tan estrechamente unidos, buscándose
desesperados e incontenibles, era el amor hecho materia…
Hasta que llegó un punto la excitación en que ya no podían
detener nada, él comenzó su movimiento, haciendo entrar y salir de esa vagina
maravillosa su miembro, sintieron que todo se concentraba ahora, en sus
entrepiernas; absolutamente su ser estaba en ese lugar y en ese momento. Él
sintió como su pene alcanzaba sus dimensiones máximas, un viaje de placer
comenzó a partir de sus testículos fundidos a la base del pene, el glande se
dilató aún más y más…. Hasta la sublime explosión, que convulsionó el cuerpo y
todo fue eyaculación; sentir como se va todo lo que tenía para dar. El semen
iniciaba su camino de la vida, dentro de esa cueva hermosa y calida, húmeda
hasta el máximo. Luego el relax, momento de sensaciones de paz y bienestar, el
sentir el calor de su amada, también convulsionada por el orgasmo conjunto. En
ese instante pensó que hermoso sería dejar preñada a esa hermosa hembra, a la
que amaba con todo su ser.
En ese instante , Maria José comenzó a sentir una oleada de
calor que comenzaba debajo de su bien ocupada vagina y se extendía por todo su
cuerpo, cada poro de su piel hormigueaba; una tremenda ansiedad, todo a su
alrededor comenzó a dar vueltas, un palpitar leve en el interior de su vagina,
anunciaba el momento, estaba cada vez más húmeda, excitada, sentía la
penetración en toda su plenitud; el pene que alcanzaba su máxima potencia, las
manos que aferraban sus tetas y torturaban los pezones terriblemente erectos y
descargantes de ondas de placer indescriptibles. Sintió que el momento llegaba,
su cuerpo se arqueó involuntariamente y gimió.
Sentía a la vagina apretando al pene, una sensación de
placidez y bienestar que la elevaba de la cama. Su sudoración aumentó y todo su
cuerpo se humedeció aún más, el calor se reflejaba en sus mejillas, sus pupilas
se dilataron. Estalló en un orgasmo explosivo, al mismo momento que se iniciaba
el envío del de la esperma a su interior bien profundo, también la paz y el
relax y ese enorme sentimiento de amor a su hombre, al que la penetraba, al que
le daba todo el esplendor de su pene en su vagina, al que la había llenado de
liquido de vida; en ese instante en forma fugaz, pensó en una ráfaga fugaz, que
lindo seria quedar preñada de la simiente que tenía en su interior; porque ella
en realidad amaba a ese hombre más que a nada en el mundo.
Quedaron abrazados, uno al lado del otro, estrechándose con
fuerza, como si temieran perderse, sentían el calor que se traspasaban, cada
movimiento que hacían; se susurraban ese tipo de cosas que solo los amantes
saben y que en realidad es amor hecho palabra, que aquel que nunca amó o ama va
a poder saber, porque es un secreto, un idioma extraño, que no sirve para la
comunicación convencional, quizás sin sentido para el mundo, pero transmisión de
sentimientos y sensaciones para los dos, que están alejados de todo en un
abrazo…
Volvieron a amarse una y otra vez, insaciables; hasta que
cayeron agotados…
Fue después de la última vez, cuando Federico se levantó de
la cama y le dijo que esperara; volviendo con una bandeja con comida y bebida…
En esa cama, el uno frente al otro, desnudos, fue que
realizaron el festín, ambos tenían el hambre inevitable después de amar como lo
habían hecho, bromeando como chiquillos, riéndose de cualquier cosa, ya que todo
les parecía gracioso, porque ambos después de mucho tiempo supieron lo que es la
felicidad…
Después de comer, saciados, comenzaron a hablar, desnudos,
abrazados, mirándose como solo los enamorados lo hacen y con esa percepción que
el hombre o la mujer que esta a su lado es una especie de obra de arte, única e
irrepetible.
Se confesaron su amor, fue una revelación, ambos quedaron
impresionados del grado de los sentimientos que se tenían, Maria José contó su
historia entera, luego, de su temor que la rechazaría en algún momento, por su
resolución de ser prostituta y por su historia breve pero intensa en ese oficio.
Durante horas hablaron, y Federico se enteró de boca de Maria
José, el guiso que se estaba cocinando por parte del esposo, sus amigos y
secuaces, el intento de copar el País con el cambio de la Constitución, de la
complicidad del gobierno, de los planes que se tenían, cuando terminó Maria
José, él dijo – diste con el hombre adecuado -
Navegante/