PROSTITUTA 7
Este relato es continuación de la saga iniciada con Prostituta
1, 2, 3, 4, 5 y 6 y es recomendable su lectura para comprender la trama y
circunstancias que llevaron a la actual situación narrativa
Se terminó de duchar; se secó el cabello, lo arregló no había
problema ya que era largo solo hasta el comienzo del cuello, lo llevaba lacio,
en un corte muy moderno y práctico, le quedaba muy bien; se maquilló con cuidado
y en forma muy discreta.
Eligió la ropa interior; dudó, no sabía muy bien que ponerse;
si una tanga bien provocativa y transparente muy chica; o una pantaleta negra de
encaje, que también era muy sexy; fue la primera.
Se puso portaligas; le gustaba su efecto en los hombres,
ellos adoraban eso; luego las medias negras, caladas, bordadas en forma
exquisita.
El vestido que había adquirido para la ocasión, era hermoso y
carísimo; su esposo le había recomendado que no escatimara en gasto, así lo
había hecho; era azul, largo, estrecho, pero con una abertura desde el ruedo
hasta el medio muslo, con los hombros al descubierto, con un escote no excesivo;
después de todo, era la mujer de un hombre que recibiría una condecoración
Papal, debía estar elegante pero muy sobria.
Se puso los zapatos; también los estrenaba, de tacón alto y
fino, azules haciendo juego con el vestido; preparó la pequeña cartera de igual
color.
Cuando terminó; Ricardo ya la estaba esperando abajo, con las
llaves del automóvil en la mano, ansioso e impaciente.
Cuando bajó; su esposo hizo un movimiento de aprobación con
su cabeza, le había gustado su aspecto. Estaba extrañado, notaba un cambio en
ella; pero no lo podía definir, era demasiada buena actriz para denotar sus
sentimientos, trataba de seguir la normalidad anterior, lo estaba logrando...
En el automóvil, él comenzó una conversación que en realidad
era un monólogo, respecto de la importancia del evento; quienes irían; como
debería ser el comportamiento en la presentación en la cena, durante su discurso
y al momento de recibir la condecoración.
El evento se realizaba en la mansión de un empresario muy
ligado al Instituto y al gobierno, era uno de los más importantes consejeros y
laderos del Poder. Concurrían desde el mismísimo presidente y algún ministro,
Arzobispos y Cardenales de la cúpula de la iglesia en el País, funcionarios,
políticos de la derecha y por supuesto el liderazgo del Instituto.
Era una mansión imponente, en un exclusivo country, caro e
inaccesible para el común; estaba edificada en estilo colonial americano, era
inmensa, con un frente que le hizo recordar películas de Hollywood, esas que
tratan historias de la preguerra civil en los Estados Unidos.
Fueron recibidos por el dueño de la casa, quien los presentó
a cada uno de los invitados, acompañándolos uno por uno; luego se dio comienzo a
la recepción.
En una de las salas laterales al gran salón comedor, había
mesas de quesos y comidas calientes, caviar, langosta, mariscos, manjares a
probar; mientras camareros recorrían con bandejas en mano ofreciendo bebidas.
Se formaron varios grupos que charlaban animadamente, entre
los que rotaban. En uno de ellos estaba el Presidente, que la estudió de arriba
abajo, con la mirada lúbrica que le es característica a muchos miembros de su
ascendencia árabe, producto de la infravaloración al genero femenino, considerar
a la mujer como objeto, como cosa, le causó molestia, pero la disimuló,
mostrando su amplia sonrisa, tratándolo con el protocolo indicado…
La pareja pasó por otros grupos, entre ellos el eclesiástico,
de los que conocía a varios de los sacerdotes, altos prelados, porque incluso
habían tenido relación con su familia paterna.
Entre los otros grupos había uno de jóvenes; hijos de
familias patricias, entre los cuales había un muchacho en especial que creyó
reconocer; ya a su lado, lo hizo, era el joven que había sido su cliente en el
primer día, el mismo al que el abuelo como regalo de cumpleaños pagó su visita
al prostíbulo, el que se había quedado paralizado al inicio y luego le pegó una
paliza sexual para el recuerdo.
María José, le sonrió, gesto que le fue devuelto por el
muchacho, que también la había reconocido y quedado de una pieza, duro, no
creyendo lo que estaba viendo. En la conversación el joven, se acercó y le
musito al oído - ¿tu? -
Asintió con la cabeza; llevándose como descuido un dedo a su
boca, le indicó silencio, discreción…
Tuvo miedo por un instante, porque no sabía la reacción que
pudiera tener el joven, pero luego se tranquilizó, inclusive tuvo satisfacción,
placer de mezclar su papel de santa matrona, esposa del caballero a condecorar
con el rol de puta, se excitó, sintió humedad, abajo, en su entrepierna, el
sabor de la venganza en su boca, ese sabor dulce y amargo.
Pasaron al salón comedor, donde había preparadas cinco
grandes mesas, donde fueron ubicados los invitados. Los sentaron en la de
cabecera, junto a los dueños de casa, el presidente y el cardenal primado.
Transcurrió la cena; ella tenia a sus lados al presidente y
uno de sus ministros, con quienes entablo una conversación muy protocolar,
forzada, tratándose de mostrarse lo mas simpática posible.
Incluso su rostro no demostró nada, cuando sintió del lado
del presidente, una mano, que acariciaba su muslo y se elevaba poco a poco hasta
llegar a la entrepierna. Sintió como un dedo le exploraba por encima de la tanga
los labios de la vagina y el clítoris, luego fue retirada, solo lo miró y esbozó
una sonrisa.
Se sirvieron exquisiteces, un primer plato muy exótico,
después pescado, helado de limón con champaña para cambiar el gusto, luego
perdices a la canasta, un postre delicioso, café después de lo cual fueron todos
invitados a pasar a un salón adjunto, que estaba preparado para la ceremonia.
Era una habitación muy grande en la que había preparada una
tarima, con equipo de sonido para los discursos, una fila de sillas, en donde
ubicaron a los funcionarios y a las autoridades de la iglesia, los demás
quedaron parados detrás de los mismos.
Ella se ubicó en un costado de la tarima, apoyando sus
hombros contra una columna. Subieron a la plataforma, el anfitrión, Ricardo y el
Cardenal, sentándose estos últimos en dos sillones ubicados a ambos lados.
El Anfitrión, hizo una seña y se apagaron las luces del
salón, prendiéndose reflectores que iluminaban toda la tarima; comenzó su
presentación respecto del honor que en ese momento se conferiría, la trayectoria
y méritos del galardonado.
Estaba mirando hacia el escenario, cuando un leve tirón en su
brazo derecho le hizo dar vuelta la cabeza, vio que era el joven nieto del
anfitrión, que estaba haciendo un gesto pidiéndole silencio y con una seña
indicándole que lo siga…
Se deslizó bordeando la columna siguiendo al muchacho. La
condujo a una habitación contigua, en la que al entrar estaba totalmente a
obscuras, él cerró la puerta e inmediatamente prendió las luces.
Era evidentemente la sala de Música y TV de la mansión, que
no era muy grande, estaba totalmente alfombrada, insonorizada con paneles
acústicos, evidentemente preparada para aislarla de los sonidos del exterior.
Tenía dispuesto en forma de semicírculo alrededor de una gran
pantalla, sillones de tres y cuatro cuerpos levemente curvos, grandes parlantes
rodeaban en los costados para producir el efecto de sonido envolvente.
Ella miró interrogativamente al joven, quien le indicó que
esperara y accionando un botón de una consola, se comenzó a escuchar lo que se
estaba diciendo en el gran salón adjunto y por la pantalla, las imágenes de lo
que ocurría.
La hizo sentar en uno de los sillones con él a su lado,
mirando la pantalla, estaba un poco sorprendida y mas aún cuando el joven se
arrimó a su lado con intenciones de abrazarla.
No supo bien que actitud tomar; pensó que la situación era un
tanto arriesgada, no quería ser descubierta, al menos aún no. Pero mirando la
imagen de la pantalla y viendo a su esposo, orgulloso, sentado en el sillón de
terciopelo rojo, con mirada altanera y sonriente, pensó lo que significaba toda
esa ceremonia para él; solo sonrió....
Levantándose, se sacó el hermoso vestido, primero bajándose
el cierre relámpago lateral, abriéndolo, sacándose por los pies el mismo,
quedando frente al muchacho, solo con su tanga, medias y zapatos, con sus
hermosos senos al desnudo, erguidos y orgullosos.
El joven se había quedado sentado observando como se
desvestía; volvió a ver toda la magnificencia del cuerpo de María José al
desnudo, bello, perfecto, era un sueño hecha mujer…
Se sacó la tanga quedando totalmente desnuda, salvo sus
zapatos, el portaligas y las medias a medio muslo, se acercó al joven, que la
esperaba anhelante y totalmente excitado.
- Hoy es un día muy especial para nosotros, uno de los
nuestros va a recibir el máximo honor otorgado por su santidad, a persona que se
destaca por sus meritos como integrante de la Iglesia y de su comunidad, el
prototipo del caballero católico y de bien, defensor de la fe, adalid de la
moral. Jefe de una familia católica que debería ser imagen a seguir por todos
nosotros y este país, figura inmaculada, poseedor de todos los atributos que
hacen a un dirigente de nuestra santa religión.....- Decía en su discurso el
anfitrión a los asistentes que seguían absortos el mismo…
El joven se desvistió en un santiamén, arrojando su ropa a
todas partes, atrayendo luego al sillón a María José. Su boca comenzó a besar
esas hermosas tetas que se le ofrecían, calidas y palpitantes, con verdadero
frenesí las recorrió con suaves besos, deteniéndose en los pezones, los
mordisqueo suavemente, logrando que se irguieran.
Mientras sus manos recorrían el cuerpo de la hermosa mujer
que estaba a su disposición en esa circunstancia imposible, ilógica y ahora
mágica.
María José no intervenía, solo se dejaba hacer, sentía con
verdadero placer la boca y las manos recorriéndola, luego un feroz pene duro y
ardiente apoyado en su muslo,
El anfitrión seguía hablando en su presentación. - Días
mejores están esperando a nuestra patria, días donde el catolicismo volverá a
ser la religión regidora. Donde volverá la moral a nuestro pueblo, donde las
clases sociales estarán en el sitio donde las puso Dios nuestro señor en su
sabiduría infinita y los destinos fijados por la palabra divina. Se acabarán las
sucias politiquerías, la educación malsana, días donde Darwin, estará donde
merece, en el tacho de desperdicios y no ensuciará mas la pequeñas mentes de los
niños, días en que la dirección del País, estará en manos de caballeros
católicos apostólicos romanos, que gobernaran con justicia cristiana, dura, pero
justa. Días donde las teorías judaizantes y fariseas estarán en el olvido. Donde
la administración de justicia será cristiana y apostólica. Días donde las
fuerzas armadas, tendrán su justo lugar como en tiempos anteriores a la
descomposición democrática. Días donde seremos la clase dirigente…
María José fue recostada en el sillón por los fuertes brazos
del joven y la cubrió con su cuerpo, guió el miembro a la vagina, que comenzó a
ser penetrada lentamente. Las bocas se juntaron y se mordían suavemente, las
lenguas penetraban explorando en gustosa ansia en un beso apasionado y ardiente.
Las manos del joven, recorrían todo su cuerpo, tocando,
palpando, como con miedo a perderla en cualquier instante, acariciaba los senos
en forma tan suave, dulce y a la vez apasionada, los pezones eran torturados una
y otra vez, sus flancos, sus nalgas, su vientre, mientras la penetración llegaba
a su punto máximo… La última frontera del placer.
Ricardo se levantó del sillón, cuando terminó de hablar el
anfitrión y comenzó su alocución.
Mencionó a los presentes empezando por Su excelencia Sr.
Presidente de la Nación, luego a los dignatarios eclesiásticos, los ministros y
los integrantes de la cúpula del "Instituto"
- Hoy se me confiere la condecoración otorgada por su
Santidad, en realidad la distinción no es para mi, es para todos los integrantes
del Opus Dei de nuestro país, hombres y mujeres probos y encomendados a Dios,
laicos integrantes de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, cuyas vidas y
obras están dirigidas a cumplir el designio divino, familias cristianas de
conducta y moral intachable…
Se sentía completamente llena y ocupada por el gran miembro
del joven, estaba ya comenzando su estadio de pre-orgasmo, ese gran placer, en
que el sexo, es centro absoluto y único, donde todas las sensaciones se
concentran en las energías de placer que recorrían su cuerpo. Mientras era
sacudida por el bombeo del muchacho, que había comenzado en forma lenta, luego
aumentando en intensidad y fuerza, hacía salir y entrar su pene de la vagina,
que lo recibía una y otra vez, mezclando humedades y placer; sus ojos y oídos
veían y escuchaban la gran pantalla, donde Ricardo decía:
- Familias como la mía, son la base de la religión y de la
sociedad, integrada por hombres de bien, fieles a su credo y moral, mujeres
fieles y absolutamente leales a su familia, a su esposo y a la creencia
cristiana, es por ello que esa condecoración que el santo Padre me otorga, no
solo a mí, es para mi santa esposa y para ustedes mis amigos...
Cayeron en un orgasmo profundo en forma conjunta, donde los
latidos y los espasmos de los dos se confundían en uno solo, donde los cuerpos a
compás, daban y recibían y armonizaban los temblores, convulsiones y espasmos,
donde el torrente de semen ocupaba la vagina palpitante y caían los dos rendidos
de placer. Mientras en la pantalla, el Cardenal ponía en el pecho del caballero
cristiano la condecoración papal.
Se vistió apresuradamente, no tuvo tiempo siquiera de tratar
de limpiar su entrepierna, se puso la tanga que de inmediato quedó empapada,
luego el vestido, se arreglo un poco el cabello con las manos, salió
rápidamente, se deslizó por la columna, justo al momento en que terminaban los
aplausos y se encendían las luces, a tiempo para cruzar su mirada con Ricardo
quien la estaba buscado con su vista; orgulloso luciendo su condecoración.
Ricardo se le acercó y juntos se despidieron de uno por uno
de los asistentes, recibiendo de parte del Presidente un abrazo y ella un beso
en la mejilla, mientras sentía en su mano como el mismo le deslizaba una tarjeta
y con un susurro – llámame –
Se despidieron de todos, se encaminaron a la puerta, mientras
caminaba ella sentía como el semen del joven, corría libremente por su muslo, en
un hilo delgado, que ya llegaba casi hasta la rodilla.
En el automóvil, él estaba eufórico, pleno de alegría,
hablaba y hablaba, en un monólogo que ella no escuchaba; su mente estaba en su
entrepierna, en la sensación de penetración que perduraba, en el semen que ya
manchaba su costoso vestido, en el sabor agridulce de la venganza y en la
tarjeta que estaba en su mano…
Navegante/
Del grupo de autores de TR.