Ya es de todo el mundo conocido el día de San Valentín. Entre
novios, entre matrimonios te cruzas los regalos más insospechados. Yo, como no
tengo novia aún, ni espero regalo ni tengo que preocuparme de ello para regalar
a nadie. Tengo 19 años y estudio, y en horas libres trabajo para permitirme mis
pequeños caprichos. Sin embargo fue una sorpresa. La víspera de san Valentín,
este mismo año, al llegar a casa a mediodía para comer me encuentro que en el
correo ha llegado a mi nombre un paquete cuadrado.
Era una caja. Me lo comunicó mi hermana. Y ya, antes de abrir
el paquete, me empezaron a tomar el pelo mi madre, mi hermana, mi hermano
pequeño,…"Qué callado te lo tenías, ¿eh?. Nunca nos has hablado de tus
enamoramientos…"
Yo era el primer sorprendido y no se me ocurrió irme a mi
habitación para abrir el paquete. Lo hice allí mismo, delante de de la familia,
cuando la mesa estaba dispuesta para empezar a comer. Sorpresa y vergüenza. Eso
es lo que me dio. De haberlo sospechado, hubiera abierto el paquete a solas.
Eran cuatro slips blancos y con unas rayitas azules muy finas. Se puede dejar
suponer la tomadura de pelo ante aquel regalo que, además, tras buscar con
ahínco, no encontré ni una seña de quién podría ser quien me los mandaba.
Todos suponían que alguna chica que secretamente estaba
enamorada de mí y no se atrevía a decírmelo. Nunca me olvidaré de la comida de
aquel día por las bromas durante toda la comida, especialmente de mi padre y mi
hermano pequeño. Porque regalar unos calzoncillos es que ni me lo hubiese
imaginado jamás. A mí nunca se me ocurriría regalar a una chica unas bragas.
Pero el escándalo de bromas fue cuando por la tarde se lo conté a los amigos.
Inocente de mí, que debía haberlo callado. Fue la diversión de aquella tarde.
"¿Te están bien?""¿No será que has estado con alguna tía y te ha tomado las
medidas?". "¿Le queda sitio a la polla cuando se te levanta?". Y chistes muchos
más groseros. Hasta querían verme con uno de aquellos slips que me regalaron
puestos. Sería interminable de contar el bromeo que los dichosos slips dieron
lugar aquella tarde. Cada amigo daba el nombre de una chica, la que podría ser.
Pero aquello se fue olvidando y los días pasaban y ya no se hablaba de los
dichosos slips.
Quince días después estuve por la mañana en el polideportivo.
Hice una serie de pesas y luego pasé a la piscina. Tras nadar unos largos pasé a
los vestuarios a darme una ducha y cambiarme. En los vestuarios se me unió un
compañero al que sólo veía cuando coincidíamos en el polideportivo y charlamos
un poco, ya que hacia unos 20 días que no nos veíamos. Y salió no se cómo en la
conversación el día de san Valentín. Le conté el regalo que había recibido y que
no sabia quien me lo había hecho, pero que algún día esperaba saberlo. Que más o
menos pensaba que la broma estaba entre tres chicas que cuando vamos de fiesta
alternamos con ellas. Pero que de momento no soltaban prenda.
"¿Y por qué no puede ser un amigo el que te mandó el regalo?"
me dijo el compañero del gimnasio. "Hombre, un amigo es un amigo, no un
enamorado de mí". "¿Y por qué no?" me preguntó él. "Yo más me inclino a que sea
un regalo de un chico que de una mujer. A lo mejor tienes enamorado a un chico
que no se atreve a decírtelo y regalarte unos calzoncillos puede ser por donde
suspira ese amigo o compañero". Aquello que me expuso el compañero de gimnasio
me dio algo que pensar posiblemente tuviese razón.
Le dije al compañero, un chico de 21 años, que no se lo
comentase a nadie porque comenzaba a darme vergüenza. Me quedé como una estatua
cuando me dijo"¿Y si he sido yo el autor del regalo?". Y siguió. "Por favor no
te lo tomes a mal. Desde hace algún tiempo pienso en ti. Me atraes enormemente.
No me lo tomes a mal, pero estoy enamorado de ti. Y como no sabia como
expresarlo me aproveché del día de san Valentín para enviarte esos slips. Creí
que podrías entender el significado que esas prendas tendrían, aunque ignorases
quién te las enviaba. No he podido evitarlo y pensando en ti me he hecho muchas
pajas".
Yo seguía mirándole sin saber que decir. Es que no me salía
ni una sola palabra. "Yo te agradecería que me dejaras besarte y tocarte el
paquete por encima del bañador" me dijo. Me lo dijo de tal forma que me causaba
pena. Y era tan buen muchacho que cómo iba a negarle lo que me pedía. Lo
importante es que nadie nos viera. Buscamos una cabina que estuviese vacía. Yo
notaba que mi miembro empezaba a ponerse duro. Cuando encontramos una cabina
vacía miramos alrededor y entramos en ella. Nada más entrar mi amigo me agarró
mi polla por encima del bañador y empezó a besarme en la boca. Aquello fue como
un contagio. Yo mismo, sin decirle nada, me bajé el bañador.
Quería que me agarrase directamente mi rabo porque comencé a
sentir sensaciones que nunca antes había tenido. Era la primera vez que un
hombre tocaba mi pene. El magreó todo mi sexo. El también se quito sus shorts y
los dos, totalmente desnudos, nos abrazamos, acariciamos, jugueteamos con
nuestras lenguas y rápidamente salió con fuerza todo mi semen. Los dos nos
apretamos, emocionados, sexo con sexo, pecho con pecho y quedamos inundados de
leche de los dos. Esta fue mi primera experiencia con un chico.