PROSTITUTA (2)
Esta es la continuación de PROSTITUTA (1), resulta
indispensable su lectura, para llevar el hilo de las circunstancias, que llevan
a las situaciones narradas.
IV
El Inicio
Ya era tarde cuando pudo desprenderse del sillón, tenía los
ojos enrojecidos de llorar, su corazón sangraba, el ídolo se había caído, su
vida había caído, era todo una gran mentira, una falsedad, trató de dudar de lo
visto, no sería una edición?, pero no, sabía que no, se encaminó a uno de los
baños, se lavó su rostro, trató de maquillarse para evitar que se notaran los
pómulos hinchados y enrojecidos, como un robot, fue hasta la cocina, para dar
las ordenes para la cena, luego a la habitación de uno de sus hijos, donde se
encontraban los dos, viendo televisión, los abrazó, sobre sus cabecitas volvió a
llorar, pero no le salían lágrimas, estaba seca, el calor de los pequeños la
reconfortó un poco, y como una autómata pudo seguir algo así como la rutina de
las noches.
A la cena, la familia reunida, permaneció en silencio, como
ausente, trató de no mirar a su Esposo, de distraerse con su comida, que apenas
probó, Ricardo le preguntó si se sentía mal, apenas asintió con un movimiento de
su cabeza, siguió sirviendo a sus hijos.
No pudo dormir en toda la noche, cuando cerraba los ojos, las
imágenes volvían una y otra vez, su mente en forma febril la hizo repasar toda
su vida, desde su infancia, los mandatos recibidos, su padre, su madre, el
pecado, el colegio, las monjas, su adolescencia, el pecado, la Iglesia, la
catequesis, el pecado, sus fantasías reprimidas, el sexo, el pecado, la
facultad, su título, su destino, el pecado, Ricardo, el noviazgo, el sexo, el
pecado, el matrimonio, el sexo, el pecado, sus hijos, su vida, el pecado, su
vida, su vida, el pecado, el pecado, el pecado, Ricardo, su imagen, su sonrisa,
el Pecado, la sociedad, el Opus, normas de conducta, el pecado, Jesús, su dolor,
su crucifixión, María la madre de Dios, la religión, sus mandatos, el pecado, el
sexo, el pecado, la crucifixión de ella, su dolor, el desengaño, la mentira, el
pecado, al amanecer, en la gran cama matrimonial, yaciendo a su lado dormido su
esposo, el gran hombre, la mentira corporizada, la moral hecha humano, vio con
claridad lo fatuo e inexistente de todo lo que hasta ayer era su vida y tuvo
rabia, el dolor se transformó en odio y el mismo en deseos de venganza.
A la mañana, la rutina de todas las mañanas, el beso a sus
hijos, el leve roce de sus labios a las mejillas de su esposo, que ahora le
parecía un desconocido, cuya solo presencia le daba asco y odio, pero fingió
normalidad, hasta pudo esbozar una sonrisa de despedida, como lo hacía todas las
mañanas en su vida anterior.
Estacionó su automóvil, en un parking, cerca de la catedral,
a las 10 horas clavadas, se sentó en el borde de la fuente frente al templo,
mirando a la cruz que estaba arriba de la cúpula, esperó...
A los minutos notó que alguien se sentaba a su lado, dirigió
su mirada al recién llegado, y lo reconoció, era el joven abogado, que había
sido despedido del Bufete por el mismo Ricardo, a raíz de un escándalo por
corrupción, celosamente tapado y enterrado, cuya victima última era este
abogado, quién lo había descubierto e incluso denunciado a los socios del
Estudio, que había sido alejado para callarlo y no siguiera investigando -de
esto María José se enteró por su relato-.
Al joven, el estudio y por consecuencia el Instituto, la
habían cerrado toda posibilidad, no podía denunciar porque estaría implicado,
por los manejos que se realizaron a posteriori de su denuncia y porque gran
parte de los Jueces estaban relacionados con el Opus, con lo que sería suicida
tal denuncia, también le habían cortado toda posibilidad de ingreso en otro
bufete, por estar en la lista negra.
Había sucedido que mientras trabajaba, de casualidad, en una
caja fuerte ultra confidencial y reservada, a la que por error había tenido
acceso, había encontrado el disco y otros documentos, que estaban hechos para
posterior solaz de los socios y como posible elemento de chantaje o disuasión
para futuros y eventuales rebeldes, por curiosidad los había mirado, y de buena
fe había comunicado tal hallazgo al titular del estudio, creyendo que era un
chantaje, y por ello había sido despedido, había sacado antes copias, pero que
tampoco podría usar en forma oficial porque su vida no valdría nada, eso lo
sabía muy bien, por lo que había resuelto darlo a conocer a quien si podía
interesarle, para poder sacar la careta a los próceres en vida, por eso ella
había sido elegida.
El joven, le contó toda la verdad, una historia nauseabunda,
una historia de corrupción y de mentiras, el cómo y el dónde de las "fiestas",
el porqué de las mismas -todo por motivos políticos y económicos-
La cúpula sabía que a los humanos era fácil manipularlos con
tres elementos fundamentales, el dinero, el sexo, y la religión - esto ultimo,
para la gente del común-, supo de los negociados y de la corrupción hasta altas
esferas del poder político, de los Jueces, hasta la Corte Suprema llegaba,
fiscales, funcionarios, militares, eclesiásticos, etc. Supo entre otras cosas,
como Ricardo, había llevado a la perdición y como esta había quedado embarazada
de padre desconocido, a una de las secretarias, Ana, que fue despedida, porque
la moral impedía que una soltera mantuviera relaciones sexuales y para colmo
quedara preñada, como esa joven secretaria, también hija de una familia
ultra-católica, fue arrojada de su casa y como Ricardo se había lavado las
manos, como Poncio Pilatos.
Cuando el joven terminó su relato y se preparaba para irse,
ella le preguntó si sabia donde vivía la Ana, la joven que había quedado
embarazada, el le dio la dirección, era en una zona considerada como "roja", no
recomendable para la gente bien.
Cuando llego al automóvil, eran ya las 11 de la mañana, se
sentó, y quedó un rato pensando, estaba asqueada, su mente totalmente
desorientada, sus creencias de toda la vida anuladas, y casi en forma
inconsciente, puso en marcha el vehículo y se dirigió a lo de la joven
secretaria caída.
La zona roja de la ciudad, había nacido después de la caída
de la dictadura militar, como producto del destape, fenómeno que pasa después de
una fuerte represión a todo nivel de la sociedad, tal como sucedió en España,
luego de la caída del Franquismo, o de la revolución sexual de los años 60 en
EEUU, y en todo el mundo occidental, y mucho antes en los países Escandinavos.
Habían sido zonas residencial de clase media, cuando
cambiaron los estándares medios morales, se convirtieron en un centro de
intercambio sexual, se llenaron de prostitutas, travestis, taxi boys, albergues
transitorios (hoteles por hora), porno-shops, y prostíbulos, algunos de alta
categoría y lujosos, otros de mediana y baja, según a el poder adquisitivo de
los clientes a los que estaban destinados.
Donde la condujo el dato recibido, era un prostíbulo lujoso,
de alta categoría, en el mismo las mujeres eran bellas y jóvenes, los ambientes
agradables y limpios, al llegar, ella vio que se trataba de un edificio de tres
plantas, que a la vista parecía un edificio de condominio común, salvo un cartel
muy discreto en el ingreso que ofrecía copas, distracción y placer, con un
nombre muy sugestivo "Pecado".
Las puertas y ventanas de la planta baja, estaban
polarizadas, no dejaban ver en su interior, tocó el portero eléctrico ya que el
acceso era controlado desde el interior, le preguntaron el motivo de su visita,
ella respondió que venia a ver a Ana, por motivos particulares, se lo
franquearon…
Ingresó en una recepción, que parecía la de un hotel
importante, evidentemente la clientela era de alto poder económico, pero la
decoración mostraba el destino, había grandes cuadros con motivos eróticos,
copias u originales de famosos pintores, algunos más tirando a lo pornográfico,
también grandes posters de hermosas jóvenes totalmente desnudas, los muebles
eran modernos y de categoría.
Se acercó a la recepción donde una hermosa muchacha, apenas
vestida con una túnica trasparente, que no dejaba a la imaginación nada, le
indicó que tomara asiento, que en minutos bajaría Ana, que estaba en su
habitación en descanso.
Se sentó en uno de los sillones de la recepción, mientras
esperaba, pensó en lo extraño que era la situación, ella, una de las patricias
de la alta sociedad católica, sentada en un prostíbulo, esperando por una de las
pupilas, le resultó algo grotesco, kafkaiano, sintió algo raro en su cuerpo, era
como si ella no fuera ella, era como si mirara del exterior a su cuerpo, no
podía ser ella, era irreal, absurdo.
Ana se acercó a María José, al principio con cautela, no
sabia bien lo que pasaba, porqué estaba esa mujer y había preguntado por ella,
porqué quería verla.
Ana era preciosa, alta, rubia de ojos muy claros, no tenía
mas que unos 20 o 21 años, un cuerpo esbelto, delgada de senos medianos pero muy
parados, con curvas que tanto desean los hombres y envidian las mujeres.
Se presentó y le dijo los motivos de su visita, Ana quedó
perpleja, totalmente asombrada, y la invitó a su habitación, para conversar en
privado.
La habitación de Ana, en realidad era como un departamento de
dos ambientes, pero sin cocina, una sala, con sillones y una pequeña mesa
ratona, una especie de living, el dormitorio y un baño - grande para un
departamento pequeño, ya que contenía una tina de jacusi, en forma separada al
baño en sí-.
Los muebles eran caros y modernos, parecía todo nuevo,
impecable, pudo ver que la cama del dormitorio, era muy grande, de mucho más que
dos plazas.
Se sentaron en los sillones del living, Maria José le refirió
de lo que se había enterado, de su situación, Ana no vaciló en contarle todo.
Era hija de una familia ultra-católica, de clase media, sus
padres eran fanáticos de la religión, fundamentalistas calificó, por relaciones
de la Iglesia había ingresado como secretaria del Estudio, le contó de su
ingenuidad, de su virginidad, de cómo la reservaba para el matrimonio a que
estaba destinada, le contó de su alegría al ingresar a trabajar en ese Estudio,
que según su padre era la sede de santos varones, defensores de la fe y de la
Iglesia. Le contó de su admiración por Ricardo, de quien era su secretaria
privada, al cual había puesto como absoluto y total ídolo, merecedor de toda su
confianza, después le contó como él la había desflorado, en la sala de
fotocopiadoras, ella no había atinado a decir ni hacer nada, porque era como
Gabriel arcángel para ella, ella se había sentido orgullosa de haber ofrecido su
virginidad a tal hombre, le contó las veces que se acostó con el mismo, las
cosas que le hizo hacer, de cómo la había llevado a los umbrales del placer
sexual total, de cómo la había entregado a sus amigos, de cómo la hizo
participar en orgías con los prohombres, de cómo había quedado embarazada y no
sabia de quién, porque todos los socios y gran parte de los asociados habían
pasado por su vagina, por su ano y su boca.
Le contó de su indefensión cuando fue despedida por pecadora,
la reacción de su padre y su madre, al enterarse de su situación, de cómo tuvo
que prostituirse al ser expulsada de su hogar, de su aborto, que fue sumamente
riesgoso, porque estaba en mas de cuatro meses de embarazo, de cómo había
llegado al prostíbulo, del dinero que ganaba y de sus proyectos de futuro.
Maria José, escuchaba, cada palabra que oía, era un golpe, un
alimento mas al odio que sentía, no solo ya contra Ricardo, sino contra todos
los hipócritas, que estaban prostituyendo al mundo, que amparándose en ser los
defensores de la fe, de la moral, de la pureza, lucraban con ello, cada vez mas
ira, rabia y odio llenaban su mente
Ana, ya no hablaba, se había quedado mirando a Maria José,
que estaba inmóvil en el sillón, así se quedaron un tiempo bastante largo, hasta
que el timbre del teléfono interno replicó para avisarle a Ana que comenzaba su
turno, que clientes ya la esperaban…
La acompañó a la recepción, se saludaron con un beso en la
mejilla.
María José, caminó a la salida, al llegar a la puerta, se
volvió y miro al mostrador de recepción, ya sabia que tenía que hacer, cual
sería su venganza, se encamino resueltamente a la misma…
Ella sabía de la hipocresía de Ricardo, que la familia para
él era sacrosanta, que así debía ser por mandato que provenía de siglos y
milenios, la mujer y las hijas puras y santas, los excesos se debían cometer con
otras mujeres, de otras familias, a las que si se podía hacer lo que estaba
vedado para los suyos, que el mayor orgullo de un hombre, era hacer a los otros
cornudos, que la mayor de las desgracias que pudiera pasar a un hombre, era que
la mujer, pudiera llegar a rozar a otro hombre, la misma es propiedad, intocable
para los otros y en el caso que eso pasara, la desgracia caería sobre el hombre,
sería para siempre y hasta el fin de los tiempos, un cornudo, despreciado por la
sociedad que lo rodea, objeto de burlas y humillación, eso con una sola caída de
la mujer, que pasaría entonces si la misma se convirtiera en puta, a la que
cualquier hombre pudiera poseer?, que la vagina reservada para el esposo, se
convirtiera en recipiente de mil o mas penes?, que pasaría si la mujer
mantuviera el secreto de ser prostituta y el hombre orgulloso la considerase
como la mejor mujer, la mas fiel y la mas santa?, si su pene tuviera que
penetrar esa vagina que considera su propiedad y sin saberlo lo estuviera
compartiendo con el miembro de muchos hombres, y esa vagina llenada una y mil
veces por esperma ajena?
Esa era la venganza, no tuvo duda.
Habló con la recepcionista, que de inmediato llamó al
propietario, un hombre robusto, alto, de vientre prominente, de tez algo oscura,
de rostro algo indiano con una cicatriz en un pómulo, cabello que comenzaba a
ralear, que mantenía largo para que no se notaran tanto las entradas, justo el
tipo de gente a la cual la anterior Maria José, jamás hubiera dirigido la
palabra.
El proxeneta, la hizo pasar a su privado, una gran habitación
totalmente revestida en madera color caoba, donde había un escritorio con dos
sillas frente a la ventana con vidrios polarizados de tal manera que se podía
ver al exterior, pero no a la inversa, del otro lado de la habitación un gran
sillón de cinco cuerpos, muy ancho, una mesita ratona y dos sillones mas de un
solo cuerpo, la habitación estaba profusamente decorada con cuadros de temas
eróticos, una vitrina, donde había juguetes sexuales, toda una colección,
algunos muy antiguos, quizá con siglos de construidos.
El hombre la estudió atentamente, se sentó en el sillón
reclinable y giratorio que estaba en su lado del escritorio, simplemente dijo,
acompañando con un movimiento de su cabeza – la ropa -.
Maria José, lo miro y comprendió, se debía apreciar la
mercadería que le ofrecían, ella estaba vestida con un sencillo pero elegante
vestido liviano de verano, de color azul pastel, con un pequeño escote, como
siempre abajo una pequeña camisola corta, trasparente de color negro y otra cosa
no, salvo las pantaletas, nada, ya que nunca usaba sostén, porque no lo
necesitaba.
Dudó un instante, pero después frente al hombre que la miraba
atentamente, mientras prendía un habano, se sacó el vestido, que se abría por
atrás con un cierre, que cayó al piso, luego se sacó la camisola, por la cabeza,
la dejó en un sillón, quedando parada frente a su observador, el hombre señalo
la pantaleta con un dedo, María José se la sacó, quedando totalmente desnuda…
El hombre se levantó y caminando alrededor de ella, la miró
atentamente, luego una de sus manos se dirigió a sus senos que avanzaban de su
cuerpo, erguidos y desafiantes, fue tocando, apretando y sopesando uno por uno,
después, con un dedo, rozó los pezones, que por la irritación inmediatamente se
irguieron, moviendo el inspeccionante la cabeza como aprobando. Luego la mano se
dirigió a las nalgas, que fueron primero tocadas, luego apretadas para ver su
resistencia, luego la misma se dirigió al sexo, pasando los dedos suavemente
sobre el vello púbico, llegando a los labios superiores de la vagina, que fueron
tocados con delicadeza, viendo que los mismo estaban totalmente cerrados,
formando un fina línea.
Con delicadeza y con dos de los dedos, el hombre separó los
labios superiores y toco suavemente la parte interna hasta llegar a los labios
inferiores, que fueron explorados en su contorno, luego un dedo se internó un
poco en la cerrada y seca abertura vaginal, muy poco casi nada, el dedo se elevó
entonces hasta el clítoris, que fue palpado en su extensión.
Agáchate, indicó, y Maria José lo hizo, y se le inspecciono
visualmente su cola,
-Separa los labios superiores-, escuchó, así lo hizo, su sexo
interior quedó a la vista, del observador, que movía como aprobando su cabeza.
Estas contratada, dijo el proxeneta, el 50 % de lo que saques
es para mí y el resto para vos, yo corro con los gastos y la ropa, te proveo de
habitación para trabajar, de médico que te revisará todos los días, aquí no vas
a tener problemas, la gente que viene es de dinero, y mis putas muy caras, vos
más, tu horario es de ocho horas todos los días, y 4 los sábados, si queres
venir el domingo se paga doble, aunque como todas quieren venir, por ahora no.
Te aviso cuando puedas venir, si falta alguien o mucha demanda, Ahora acostate
en el sillón que te voy a probar, empiezas mañana y tu horario es de 10 a 18
horas, te recomiendo que no faltes y que seas responsable.-
Maria José, ya estaba conmocionada por la inspección de la
que había sido objeto, esto último hizo temblar sus rodillas, casi se cae, el
solo pensar que ese hombre la iría a penetrar, casi la hace desistir de su
propósito.
Pero el odio y el resentimiento, es un poderoso motor,
sacando fuerzas, se acercó a gran sillón y se acostó en él. Mientras el hombre,
sacaba un frasco de un cajón del escritorio, y se acercaba con el mismo en la
mano, es lubricante, dijo, vi que estas muy seca, destapó la botella y se echó
un poco entre dos de sus dedos, que fueron dirigidos a la vagina de ella, y
suavemente frotados los labios superiores y luego los inferiores, cuando juzgó
suficiente la lubricación externa, introdujo los dedos húmedos con lubricantes
en el interior de la vagina, hasta hundirlos en su totalidad, mientras sentía la
penetración de los dedos, un sudor frío corrió por su cuerpo…
El hombre se dirigió luego hasta la puerta, comprobó que
estaba cerrada con llave, puso arriba del escritorio el frasco con el
lubricante, se comenzó a desvestir, primero se sacó los zapatos, luego el
pantalón, quedando en slip, se sacó la chomba que tenia puesta, quedando solo
con una camiseta blanca, que no se sacó, luego el slip. Era francamente un poco
ridículo ese hombre, vestido solo con camiseta y media, con su vientre
prominente, pero luego, María José bajo la vista y lo vio, jamás había visto un
miembro masculino mas que el de su esposo y el pequeño de su hijo varón, quedó
anonadada del tamaño de lo que había quedado a la vista, pensó dudando, si ella
era capaz de albergar eso, que realmente era grande, grueso, muy grueso y largo,
muy largo.
El hombre se acercó a ella, diciéndole, menos mal esto lo del
Viagra, porque por día por lo menos tengo que probar a una o dos, efectivamente
esa droga causaba buen efecto, ya que el estado de erección era tremendo.
El hombre cubrió a Maria José con su cuerpo, ella se sintió
un poco aplastada, hasta que el hombre se apoyo con sus dos manos en el
respaldo, aliviando la presión, se quedó mirándola a la cara, ella comprendió y
dirigiendo una de sus manos al poderoso miembro, lo guió hasta su vagina.
Ella no estaba acostumbrada a tal tamaño, el pene de Ricardo
era la mitad o menos de lo que tenia en la mano, tiró el prepucio que había
quedado tapando parcialmente al glande, y lo apoyo en la entrada vaginal, el
hombre hizo presión, mientras ella continuaba su guía, el gran miembro, comenzó
su entrada en la estrecha cavidad vaginal, primero la gran cabeza, hinchada que
comenzó a separar las paredes del comienzo y como estaba bien lubricada por la
loción que le habían puesto, la penetración continuó…
La mente de Maria José, trabajaba a mil por hora, cuando la
gran cabeza inició su penetración, ella sintió la dilatación a que estaba siendo
sometida, no tuvo dolor, solo sensación de penetración, de las paredes de su
vagina que se estaban dilatando, para albergar el monstruo.
Como una ráfaga en su mente, apareció la palabra pecado y el
rostro de la monja celadora de su último año en el colegio secundario, que
mascullaba mientras rezaba, luego la imagen del Salvador, el rostro de su
confesor, y la palabra… pecado,… pecado.
La penetración continuaba lentamente, el hombre evidentemente
tenía su experiencia en las lides de coger, ya el miembro estaba en su mitad
sumergido en la vagina de Maria José, ella sentía como si una enormidad la
estaba invadiendo, las paredes se continuaban dilatando de poco a poco, pensó en
sus partos, en el dolor que había sentido cuando pasaba la cabeza del bebe por
el estrecho conducto, pero ahora no le dolía, era una sensación distinta, era
como si se le cubriera el conducto en forma natural, se comenzó a sentir como
completa, no sentía placer, no estaba excitada en lo absoluto, pero la
penetración a que estaba siendo sometida no era desagradable…
Tenía cerrados sus ojos, tenia miedo de abrirlos y ver la
cara del que la estaba penetrando, por fin el hombre dio una estocada culminando
la penetración, ella se sintió totalmente ocupada, no solo su vagina,… su cuerpo
estaba ocupado, el gran pene invadía todo su ser, y se sintió muy abierta, muy
abierta…
El hombre culminó su penetración y comenzó a bombearla, muy
lentamente, retiraba un poco el miembro y volvía a penetrar muy suavemente,
Maria José al sentir la estocada final y la total dilatación, el suave golpeteo
en sus nalgas de los testículos, visualizó la cara de su esposo y el odio y el
rencor, la hizo mover y cruzar sus piernas sobre los riñones de su penetrador,
elevó su cadera, para sentir mas la penetración, sintió su vagina como una ancha
gruta, el sabor agridulce de la venganza la invadió y se excitó con ese miembro
terrible que la ocupaba, ese hombre espantoso que la estaba cogiendo, comenzó a
moverse, quería sentir mas y mas esa cosa que tenia en su interior, Quería la
destroce, porque la vagina que estaba siendo penetrada, ensanchada, era
propiedad exclusiva de Ricardo y con esto era irremediablemente, para siempre un
cornudo!!, su santa y venerada esposa una total y para siempre prostituta!!
Continuó moviéndose para arriba y para abajo, sintió como una
terrible excitación la invadía, y mientras su vagina se bañaba en lubricante por
ella y por el gran miembro producido, entró en el pre-orgasmo.
Sintió que todo su cuerpo y todo su yo, estaba en esa vagina
ocupada y maltratada por el inmenso miembro, se aceleró el ritmo de su corazón,
que cabalgaba enloquecido, sus piernas se apretaron contra el cuerpo del hombre,
para obtener mas y mas penetración, hasta que profundas contracciones que nacían
en su vagina y recorrían todo su cuerpo producto del orgasmo que tenia, la
hicieron temblar, mientras recibía la esperma que largaba en intermitentes
chorros el miembro ocupante.
El hombre se incorporó, y la miró asombrado, le preguntó si
en verdad había orgasmado, ella asintió con su cabeza, el le dijo que nunca en
toda su experiencia, nunca una puta que probaba lo había hecho de la forma que
ella lo hizo, que lo había sentido en su miembro y en cuerpo de ella, que se
había estremecido en casi convulsión.
Maria José se sentía llena de esperma, que desbordaba ya su
vagina, le pidió le indicara donde podía higienizarse, le indicó una de las
puertas y mientras ella caminaba con las piernas apretadas para evitar salga lo
que tenia en su interior, él la siguió con la mirada asombrada, era una
magnífica adquisición que había hecho para su plantel de putas.
Cuando llegó al baño que era muy moderno y limpio, se sentó
en el bidet, para que el agua mojara sus interiores y arrastrar toda la esperma
que tenia en su interior, en ese momento pensó en la posibilidad de quedar
embarazada, pero como buena católica sacó los cálculos del método de Ogino y
comprobó que estaba en periodo infértil, suspiró aliviada...
Se higienizó lo mejor que pudo, dejando un largo rato la
lluvia del bidet, luego se secó, utilizando sin mayor remordimiento la toalla
que había al lado de la pileta, salió desnuda como estaba nuevamente a la
oficina, tomó la pantaleta y se la puso, luego la camisola, y su vestido que
estaba ahora arriba de uno de los sillones, sentándose se calzó, todo bajo la
mirada del hombre, mirada en la que pudo observar admiración y aprobación.
Cuando estuvo vestida, el dueño llamó a la recepcionista, le
indicó que la llevara a conocer el establecimiento, le indicara su habitación y
le entregue la ropa que Maria José eligiera para su trabajo.
Acompaño a la recepcionista que le mostró todo, le era un
poco dificultoso el caminar, tenia muy irritada su vagina, que seguía muy
dilatada. La habitación que le asignaron, era prácticamente igual a la de Ana,
la ropa a elegir, eran camisolines muy sexy y trasparentes, cosa que hizo.
Le costó un poco llegar al automóvil, y al llegar a su casa,
eran las 15 horas, comió algo (esta hambrienta), se duchó, se recostó hasta la
hora que vinieron los chicos del colegio.
Cuando Ricardo llegó a la casa, ella lo recibió sonriendo, se
sentía en paz, la venganza comenzaba...
Navegante
(del grupo de autores de TR.)