Durante algunas semanas, no podía dejar de olvidar al tío
Santi, pasado el asco del principio, me pasé semanas tocándome la raja, aunque
no sabía masturbarme, me pasaba el dedo por donde el viejo me paseó su polla con
descaro y aquello me producía un secreto y frustado placer, buscando estar sola
y así poder tocarme todas las veces posible, pero nada era comparable como notar
aquel contacto tierno y suave del mango de mi maduro amigo, al que intentaba,
sin éxito apartar de mi mente que se fué haciendo más calenturienta a medida que
pasaron los días.
Llegó una mañana en la que ya no podía más, su coñito pequeño
y virgen iba a explotar, no tenía suficiente con sus secretas caricias y tenía
que volver a sentir aquello, pero no tenía valor, sin embargo, resuelta ese día
pensó que iría por última vez y ya no iría más, tan solo recordar como era y
como se hacía y así podría repetirlo ella sola.
Vestida con una faldita de cuadros cortita y un polito rojo y
calzando zapatos de charol y calcetines hasta las rodillas, se dirigió al
edificio de apartamentos en el que Santi era el conserje, con el corazón
palpitándole a mil y sus bragas mojadas de solo pensar que estaba allí, en la
meta de sus íntimos y sucios deseos de niña guarra con ganas de polla.
"Hola, tio Santi" dijo casi sin aliento. El hombre la miró
con los ojos salidos de las órbitas."Vaya, mi pequeña, has venido?" Por toda
respuesta sonreí y asentí con la cabeza, "Quieres tomar algo?" Ella sabía
perfectamente lo que ello conllevaba, "tomar algo" con el viejo conserje,
implicaba ver su sexo ofrecido a aquel patán que "jugueteaba" con él y ella
estaba más dispuesta a dárselo de una forma inocente, tan solo porque le
"picaba" sin más.Asintió, al fin y al cabo para eso había venido para jugar a
solas a aquel juego prohibido y compartido.
Subieron. Santi llenó bien el vaso con martini de la
chiquilla que se lo fué bebiendo a sorbos sentada en el borde de una cama del
apartamento que al hombre le servía de descanso en sus horas libres, éste estaba
sentado en una butaca enfrente de ella. "Ven que te coja en brazos, pero antes,
espera" la levantó y le quitó las braguitas blancas de algodón, a lo que la niña
respondió con un escalofrío al sentirse libre de aquella prenda que en cierto
modo la estaba aprisionando. Vió en silencio como él se quitaba los pantalones
dejando su objeto de deseo a la vista. El capullo rojo, gordo suave, allí lo
tenía, que asco sentía de verlo! pero que gustito era sentirlo! Subió a las
rodillas del viejo alegremente y ella misma buscó aquel contacto. Lo abrazó
fuerte, sus labios se abrían y cerraban de excitación cuando Santi, ayudándose
un poco con la mano, apuntándola con su glande se lo introdujo un poquitín
sintiendo de inmediato un líquido cálido y suave envolvérselo entre jadeos y
escalofríos de la chica que lo abrazaba con ganas.
El tío Santi la cogió por la cabeza y la besó. Aún sentía la
niña asco por el beso y él se dió cuenta "Si no me dejas meter la lengua en tu
boquita, no te rasco más" ante la amenaza ella se dió y jugó como buenamente
pudo con su lengua rasposa.
La chiquilla movía el culo feroz e intuitavamente, sin darse
cuenta, lo que estaba era caliente y cachonda aunque aún no sabía que
significaban esos términos, buscaba frotarse contra el glande y sentía que ello
le sabía a poco.
Su querido tío Santi notó que la niña estaba más que
dispuesta, ya no era como las otras veces y no se sentía culpable, al fin y al
cabo, le había ayudado a descubrir los placeres que podía propiciarle el cuerpo
de un hombre y tenía la intención de seguir ayudándola a descubrir más cosas.
La levantó en brazos y la niñita desesperada cogía la polla
de Santi como si fuera un pajarito que se le volara inesperadamente, se frotaba
contra él hasta que la tumbó en la cama.
Allí estaba con la faldita levantada, las piernas abiertas y
llorando de ganas de ser frotada más aún, que le había sabido a poco, mientras
nuestro protagonista se quitó nerviosamente la ropa, dejando al descubierto su
fofo cuerpo de viejo, lleno de pelos blancos. Un cuerpo arrugado, desgarbado y
marchito, un cuerpo que jamás pudo soñar poseer una chica mayor y sin embargo
iba a hacer uso del de una niña inocente y llena de vida que estaba entregada a
sus más bajos instintos que la mente calenturienta de viejo verde había
fantaseado en más de una ocasión sintiendo que no estaría encima de un cuerpo
suave y terso ya nunca más.
Que equivocado estaba! Una pequeña de 13 años aceptaría de
todo y bien lo sabía, no en vano se había encargado de que bebiera lo suficiente
para que entre su propia calentura y el alcohol no la dejara irse virgen nunca
más.
Le lamió bien el coño mientras con manos torpes le sacó la
minúscula faldita tras lo cual al mismo tiempo que lamía toqueteaba el coñito.
Volvió a subir las manos hacía sus tetitas. Estaba plana, solo le sobresalían
unos pequeños pezones que de la excitación estaban tiesos, desafiantes, y eso
aún encima del polito que, cuando metío la mano por debajo, el tacto se torno
dulce y aún más maravilloso si cabe.
Ante las caricias, su pequeña presa se agitaba como una
palomita apresada, lloraba, gemía, y, cuando se trató de zafar de todo
aquello(ya había habido suficiente) no le fué posible, ya era tarde. Santi,
colocado encima de ella, le sacaba el polito rojo dejándola completamente
desnuda, solo con sus calcetines blancos y sus zapatitos de charol negro.
Era una niña pero la trataba como una ramera, ahora no podía
contenerse como las primeras veces, habían pasado demasiados días de pajas en
soledad acordándose del tibio coñito de la chica como para ahora frenarse.
La polla estaba a punto de estallar cuando volvió a rozarse
con ella que oleadas de sensaciones la embriagaban y la anulaban.
Ayudado con la mano y de un solo empujón se la metió. Se
olvidó que la niña era tierna e inexperta, al fin y al cabo que importaba? Ella
lo había provocado, ella solita había recorrido otra vez el camino y ella quería
inconscientemente sentirla dentro, así que no habia nada de malo.
Se apoyó contras sus diminutos hombros cuando comenzó el
mete-saca. Nunca hasta entonces había sentido nada igual. Aquella carne joven,
prieta, empezando a vivir, aquel coño apretado, virgen, era suyo, todo era suyo,
toda ella le pertenecía, se la follaría bien, se dijo a sí mismo, la iba a
follar toda la tarde hasta quedarse sin una gota de leche en sus cargados
testículos.
Santi se había vuelto loco (pensó la adolescente) que le
hacía? la iba a matar, pero nada podía hacer, solo esperar que aquello acabara
lo antes posible, era una tortura para su joven cuerpo.
Continuaba el incesante bombeo. Notaba como el monstruo
sacaba todo el falo casi hasta la punta, dejándose caer para meterlo dentro de
un golpe, así una y otra vez. De nuevo notó como le salía el falo de dentro de
sí, lo notaba resbalar hacia fuera, para... entrar en ella otra vez de golpe. A
cada golpe el tío balbuceaba "uh, uh, uh, uh, toma, toma, toma, toma, toma y
toma" le daba, le daba todo el rato, se la follaba vil y asquerosamente, como
una puta, al fin y al cabo que era? una guarrilla que acudía a que un viejo la
sobara, no?"toma, puta, toma, no querías más¿? a qué has venido si no? pues toma
de lo tuyo, no te voy a defraudar, toma, toma, toma, toma, uh, uh, uh, uh! toma,
uhmmm!!! toma otro golpe y otro más, otro más, vés como te follo? te gusta ser
follada? Sí, sin duda te gusta mira como te me das y como te me abres de
piernas" Lo que el creía que era entregarse era una manera de inconscientemente
hacérselo ella más fácil, cuanto más le facilitara el paso antes se acabaría.
Dentro de su coño el hombre se corrió una vez y, sin
sacársela se le volvió a poner dura, siguiendo el vaivén ya enloquecido.
El tío Santi creyó morir cuando le vino la segunda
eyaculación que le regaló a la niña en su tierna boca, la cual ella escupió de
inmediato de asco, pero cuando quedó bien satisfecho no la dejó irse hasta que
no le dejó la polla debidamente limpia de semen.
Se levantó de ella. La miró. Casi daba lástima ver su cuerpo
delgado y ultrajado abandonado a su suerte mientras las lágrimas recorrían su
cara. No paraba de llorar, sin embargo para su sorpresa vió como la niña se
tocaba masturbándose, pero ya no podía con su cuerpo, los años y la obesidad no
daban más de sí, así que si quería más que volviera otro día.
"Vístete" la chiquilla obedeció y con el pelo aun revuelto
salió del apartamento borracha y puta, a merced de cualquiera que la quisiera
disfrutar.