La fiesta final
Las semanas previas a los exámenes de febrero nos obligaron a
mi hermano y a mí a plantearnos nuestra fogosidad de otra manera, bueno la
verdad es que prácticamente anularon nuestra fogosidad. Demasiadas horas de
biblioteca, de estudio y de concentración aparcaron, muy a mi pesar, nuestras
sesiones tórridas incestuosas. Nuestra libido quedó un tanto mitigada.
Ocurrió otro hecho, o más bien dos, que no sé como
calificarlos. Y es que nuestros ex Marta y Carlos son compañeros de nuestras
respectivas facultades. Es decir, Carlos estudia lo mismo que yo y Marta lo
mismo que David. Nuestra relación había sufrido un enfriamiento durante los
meses previos. No es que nos lleváramos mal, pero ni David ni yo nos
planteábamos en aquel momento volver con nuestras antiguas parejas. Pero el
destino siempre es incierto amigos.
Y es que el estudio une mucho. Los primeros fueron David y
Marta. Como mi hermano nunca ha sido de coger apuntes en clase, ni siquiera de
asistir a clase, recurrió a su ex novia para que le ayudara a preparar los
exámenes. David y Marta iniciaron una relación de biblioteca y eso supone
demasiadas horas juntos.
Algo parecido nos pasó a Carlos y a mí. Él me llamó una tarde
para que le pasara unos apuntes. Quedamos en mi casa y ya puestos se quedó a
estudiar y a charlar conmigo. Fue una extraña sensación. Hablando con él me
entró cierta nostalgia de nuestra relación. Puede comprobar que entre nosotros
había todavía química. Ese día no pasó nada, al siguiente volvimos a quedar a
estudiar. Y al siguiente también, y poco a poco fuimos recuperando la confianza
perdida entre los dos. Lo más extraño es que yo no sentía ningún cambio hacia mi
hermano. Mi mente comenzó a desear acostarse tanto con David como con Carlos, y
además no me sentía mal por ello. Qué cosas me pasan. Y al final ocurrió lo que
tenía que ocurrir.
El viernes que mi hermano realizó su último examen yo todavía
tenía pendiente otro el lunes siguiente. Mi hermano, sensible él, decidió
celebrar su recién estrenado periodo de liberación postexámenes fuera de casa
para no molestarme. Y esa noche Carlos me propuso estudiar juntos en mi casa
para preparar la prueba del lunes. Y claro cuando dos ex novios que están
empezando a recuperar su relación se quedan solos en una casa por la noche pasa
lo que pasa. Y pasó lo que pasó, que echamos un polvo increíble, el típico de
una pareja en fase de reconciliación que siempre da un puntito más de pasión y
morbo a la cosa.
Al día siguiente cuando nos despertamos, David todavía estaba
dormido recuperándose de la fiesta de la noche anterior, debió de ser fuerte.
Carlos desayunó y se marchó y yo me quedé sola pensando que hacer con mi vida.
La primera decisión que tomé fue la lógica en esos momentos, contarle a mi
hermano lo que había tenido con Carlos.
El muy mamón no se levantó hasta las cuatro de la tarde.
Entre que se duchó comió y vegetó la resaca, nos dieron las siete de la tarde y
yo todavía no había podido hablar con él. Al final pensé que lo mejor sería
posponerlo al domingo, esperando que su mente estuviera más despejada. Di el
caso por perdido y me puse a estudiar el último de mis exámenes.
El caso es que, al final, fue David quien vino a mi cuarto
con cara de tener que confesarme algo.
- ¿Qué tal lo llevas?- Me preguntó con un tono que denotaba
que en realidad no había entrado en mi habitación a interesase por mi estudio.
- Aquí sigo a ver si acabo ya con este puto tema- dije yo sin
extenderme demasiado en innecesarias explicaciones.
- Pues sí a ver si terminas ya y nos vamos de fiesta.
- Hablando de fiesta, no me has contado nada de la tuya de
anoche.
- Sí... bueno... estuvo bien.
- ¿Sólo eso?
- Bueno, en realidad, venía hablarte de algo que pasó anoche.
¿Quería hablarme de algo que pasó anoche?, se supone que era
yo quien tenía que hablar con él de algo que a mí me pasó anoche, no a él.
- A ver, cuéntame...
- Mira es que yo... - musitó haciendo una pausa no sé si
valorativa o temerosa. Al final se decidió- Mira que ayer me enrollé con Marta-
me dijo al final de sopetón.
Me quedé muda. Eso si que no me lo esperaba. Era yo quien me
había enrollado con Carlos. Está claro que quería quitarme protagonismo. En
cualquier caso la noticia fue una mezcla de alivio, ya no me sentía tan culpable
por haberme acostado con Carlos, y celos, el mamón de mi hermano volvía con su
novia.
- Pues que casualidad- dije yo- resulta que yo anoche también
me enrollé con Carlos.
- Ah. Vaya- dijo David, parco en palabras- Bueno pues que
bien ¿no? Hemos ligado los dos. ¿Y qué vais a hacer, vais a retomar vuestra
relación?
- No sé. La verdad es que todavía no he pensado en eso ¿y
vosotros?
- Bueno ella me dijo que me echaba mucho de menos. Y yo
después de tanto tiempo distanciado me alegré de intimar otra vez.
Nos quedamos callados los dos y al final yo intenté pone un
punto de racionalidad a todo esto.
- Mira David, si lo que te inquieta es la relación que tienes
conmigo y lo que yo pueda pensar, no debes preocuparte. Que nos hallamos
acostado otra vez los dos hermanitos no debe ser impedimento para que hagamos
una vida normal. Al fin y al cabo somos hermanos no un matrimonio. Si hemos
estado tres años sin follar podemos aguantarnos un poco más y enrollarnos con
otras personas ¿no? Además esto ya lo hablamos la primera vez que nos acostamos
tú y yo.
- Sí supongo que sí.
Para poner fin a este tema y tranquilizar a David, me levanté
y le di un besito en los morros mientras le tocaba el paquete.
- Tú folla con quien quieras. Yo soy tu hermana y siempre voy
a estar cerca dándote el coñazo. Así que cuando quiera echar un polvo ya te lo
pediré ¿vale?
- Bueno vale. ¿Y yo puedo pedírtelo también?- me dijo con
cara de vicio. Este chaval es insaciable.
- Tú puedes pedírmelo cuando quieras.
Y con esta conversación las aguas volvieron a su cauce. Al
menos aparentemente, porque yo, en el fondo, después de tanto tiempo deseando a
David sentía algo de celos por su vuelta con Marta. A mí también me hacía
ilusión haberme arreglado con Carlos pero echaba algo en falta. No sé, quizá un
fin de fiesta con mi hermano a la altura de las circunstancias.
Transcurrió un mes. David y Marta definitivamente volvieron a
convertirse en una pareja. Carlos y yo también aunque algo más sueltos que en la
primera parte de nuestra relación, pero la cosa iba bien. Y mi hermano y yo,
dejamos de practicar sexo. Seguíamos besándonos de vez en cuando y algún
toqueteo simpático, pero nada más. Alguna vez hablamos de la conveniencia de
echar un súper polvo como broche de oro a la fogosa relación mantenida durante
el mes de diciembre y enero pero no lo llegamos a poner en práctica.
Hasta que llegó la noche de los fuegos artificiales.
Fue un sábado en el que quedamos para salir un grupo de
amistades comunes entre ellos Ana y María con Javi y Enrique, Marta y Carlos y
algunos otros amigos. La noche fue muy divertida hasta que el maravilloso mundo
de la pareja la echó por tierra. Ana y María y sus novios nos pidieron las
llaves de nuestra casa para poder echar un polvete, con lo cual se fueron. Marta
y Carlos tampoco estaban excesivamente marchosos esa noche y también decidieron
irse a casa y el resto del grupo de amigos se fue disolviendo poco a poco. Total
que nos quedamos David y yo solos que seguíamos con ganas de fiesta a las cuatro
de la mañana.
A esa hora lo locales abiertos, gracias al Excelentísimo
Ayuntamiento de Madrid y su casposa política, son una especie en extinción
¿Dónde quedó la famosa movida madrileña? Con lo cual David y yo paseamos por las
calles del centro de Madrid buscando algún bar donde nos dieran brebajes para
seguir nuestra particular fiesta.
Al final encontramos un pequeño bar, bastante hortera. Pero
nos daba lo mismo. Decidimos adentrarnos en el mundo de la decadencia madrileña.
El ambiente era ese precisamente, un tanto decadente. Cuarentones emparejados o
solteros maduros y ligones buscando una última oportunidad en la noche para no
acostarse solos.
David y yo a esas alturas, estábamos algo ebrios. Nos
quedamos en la barra y nos pedimos sendos cubatas. Nuestra conversación animada
contrastaba con el ambiente apagado del local. Cotilleamos y nos reímos de
nuestros amigos para luego pasar a contarnos alguna que otra intimidad de
pareja. Y claro nuestra conversación derivó en el sexo. Fue David quien me
preguntó:
- Dime una cosa, ¿tienes alguna fantasía sexual que no hayas
satisfecho todavía?
Me quedé pensando la respuesta y la verdad es que sí. Tenía
una fantasía sexual pendiente.
- Ya que me lo preguntas te diré que sí. Montarme un trío con
dos hombres, porque con mujeres, como bien sabes, tengo cierta experiencia- dije
recordando nuestras tórridas noches en Cabo de Gata.
- Anda mira, y luego dicen que lo de los tríos es sólo una
fantasía de hombres.
- Sí, lo que pasa es que los tíos sois muy reacios a montaros
un trío con otro macho.
- Bueno, yo no soy reacio. Sería capaz, mientras no me toque
claro.
- Ay, qué machos tenéis que ser siempre los tíos.
David no me contestó sino que levantó la mirada fijándose en
algo o alguien que había a mi espalda. Le hice un gesto preguntándole qué
miraba.
- Creo que hablamos demasiado alto y hay un tío detrás de ti
que lo ha debido de escuchar todo. Pero no mires que se dará cuenta- me informó
David.
- Bueno déjale. No nos conoce de nada.
- Oye tengo que ir al servicio que no aguanto más. Ten
cuidado y no ligues en mi ausencia- me dijo David guiñándome un ojo mientras se
marchaba a orinar.
Me quedé sola y no pude reprimir la curiosidad de mirar quien
era el hombre que había escuchado nuestra conversación. Cuando giré
disimuladamente la cabeza me encontré con la mirada de un señor maduro muy bien
conservado. El típico galán que debía triunfar hace un par de décadas. Estaba
solo, tomándose un whisky en la barra. Me sonrió levemente. El caso es que su
cara no me era desconocida. Animada por el alcohol que llevaba en el cuerpo me
atreví a preguntarle.
- Perdone pero su cara me suena de algo. ¿Nos conocemos?
- No lo sé, creo que no nos conocemos de nada. Pero no me
llames de usted por favor no soy tan mayor.
- Ah lo siento- dije cortada- pues disculpe, te habré
confundido con otra persona.
- Quizá te suene mi cara de la televisión o del teatro. Soy
actor. Mi nombre es Bernardo Millán.
Bernardo Millán, el nombre me sonaba poco, pero ahora que me
había informado de su profesión creía reconocer su rostro, sí. El típico
secundario de series baratas y actor de obras de teatro casposas de enredo. En
cualquier caso decidí exagerar mis conocimientos sobre su trayectoria.
- Claro, Bernardo Millán. Me encanta como actor, es usted muy
bueno.
- Gracias, mujer, ojalá los productores y directores tuvieran
tu misma opinión.
En ese momento David llegó del servicio. Sin que el tal
Millán le hubiera visto todavía me preguntó mediante un expresivo gesto qué coño
hacía hablando con ese señor.
- Mira David, es Bernardo Millán el actor. Bernardo este es
mi amigo David.- Dije amigo en lugar de hermano, casi inconscientemente, como
medida preventiva por si el actor había escuchado nuestra conversación sobre
sexo.
David estaba un poco sorprendido de la amistad que había
entablado en su ausencia. El caso es que estuvimos hablando un rato con
Bernardo. Le hicimos preguntas de cómo está el mundo del teatro y del cine,
cotilleamos sobre famosos, nos contó anécdotas suyas. En fin, estuvo
entretenido, con lo cual nos pedimos otra ronda de copas para los tres.
Estuvimos un largo rato charlando los tres. Incluso David a
pesar de su insociabilidad natural se mostró interesado en la conversación. Y es
que Bernardo, pese a ser un actor de tercera tenía un amplio conocimiento sobre
los trapos sucios del mundo del espectáculo. Pero el responsable del local puso
fin a nuestra tertulia. Eran las seis de la mañana y había que cerrar. Acabamos
nuestras copas y nos salimos los tres con ánimo de despedirnos y dar por
terminada la noche, pero Bernardo propuso una variante.
- Chicos, yo vivo justo aquí al lado, sí queréis os invito a
una última copa en casa.
- Uff, yo creo que ya nos vamos... -dijo mi hermano, pero no
le dejé acabar la frase
- Venga David, una copa más en casa de Bernardo y nos vamos.
No seas seta.- No quería perder la oportunidad de ver la casa de un actor,
aunque fuera sólo un secundario.
Y además seguía teniendo ganas de fiesta. No es que un hombre
en torno a los 45 años fuera mi ideal de compañía para pasar una noche frenética
pero me había caído bien. Tampoco era ni mucho menos mi tipo, pero he de
reconocer que sus estéticas canas y su cuerpo cuidado no me disgustaban.
Al final David accedió y subimos al piso de Bernardo Millán.
Era una casa típica del Madrid de los Austrias, antigua pero restaurada y
decorada con gusto. Muy al estilo Zen minimalista. Me esperaba algo más clásico
y pasado, con las típicas librerías lúgubres llenas de fotografías de olvidados
momentos gloriosos. Bernardo preparó unas copas para los tres y seguimos de
tertulia en su salón. Como el tema del espectáculo ya daba para poco más yo
aproveché para curiosear sobre detalles más personales de nuestro anfitrión.
- Y dime Bernardo ¿Eres soltero?
A mi pregunta respondió que se había divorciado en dos
ocasiones. Su primer matrimonio fue con una reputada actriz. Como no leo
revistas del corazón, desconocía hasta ese momento ese dato de su vida a pesar
de que esa primera esposa sí que está estaba considerada como una de las grandes
de la pantalla española. Su segunda mujer fue otra actriz caída en el
alcoholismo tras varios fracasos profesionales consecutivos. Y tras sus
explicaciones él contraatacó:
- ¿Y sobre vosotros qué me decís? Me has comentado antes que
erais amigos pero seguro que hay algo más ¿no?
- Bueno, alguna vez nos hemos enrollado, pero no somos novios
sí es a eso a lo que te refieres- dije yo divertida por la situación. ¿Cómo se
iba a imaginar que a pesar de nuestro parecido David y yo éramos hermanos?
- Ya suponía yo que entre vosotros dos había habido algo
- ¿Y por qué lo suponías?- preguntamos David y yo a la vez.
- No os molestéis pero he escuchado toda la conversación
sobre sexo que habéis mantenido en el bar. La he escuchado yo y todos los que
estábamos allí porque, la verdad, hablabais demasiado alto. El caso es que por
como os expresabais he notado que había demasiada confianza entre vosotros para
ser simples amigos.
No pude evitar reaccionar con una carcajada. En otra
situación me hubiera dado una vergüenza terrible. Pero ahora en casa de un actor
semiconocido y a las siete de la mañana me daba igual todo. Tal era mi estado de
desinhibición que me estaba incluso apeteciendo algo más fuerte. No sé, quizá
ese esperado fin de fiesta sexual con mi hermano. No sé que papel tendría en
todo esto Bernardo Millán. Estaba por ver, pero al saber que el actor había
escuchado cual era mi fantasía erótica por cumplir, ciertas ideas escabrosas me
pasaban por la cabeza. Y quizá por ello no pude reprimir decirle a Bernardo:
- O sea que has escuchado que mi fantasía sexual es
montármelo con dos tíos a la vez.
- Bueno, tampoco me he quedado con todos los detalles de
vuestra conversación.
- Ya claro, y creo que por eso nos has invitado a tu casa,
para ver si sacabas algo- le dije para apretarle definitivamente las tuercas al
actor.
David me miraba estupefacto. Creo que conociéndome como me
conoce y en el estado en el que me encontraba estaba algo asustado por lo que
pudiera estar planeando mi cerebro.
- Mirad chicos, seré sincero. Lo de escuchar tus fantasías me
ha dado morbo, pero no penséis que os he invitado para intentar montar una
orgía- dijo en un tono que a mí me pareció poco creíble.
Yo estaba ya decidida a terminar la noche y la relación
sexual con mi hermano con fuegos artificiales y decidí no desperdiciar la
oportunidad que se me presentaba. Mis 21 años son una edad ideal para cometer
locuras.
- Pues a mi no me parece mala idea. Si os animáis los dos yo
no tengo ningún problema. No hay nada mejor que ver cumplida una fantasía
erótica- les propuse observando la cara de tremenda sorpresa de ambos, aunque la
de Millán no disimulaba tampoco su alegría y la de mi hermano su susto.
- Hombre tal y como lo planteas no suena mal- se apresuró a
responder nuestro ínclito actor.
Miré a David que mantenía todavía cierta cara de asustado. Al
final me dijo.
- Pero a ver Elena, piensa en Carlos.
- No te preocupes por Carlos. No se va enterar. Y además tú y
yo nos merecemos un buen final de fiesta ¿no? Qué mejor que con un actor.
Como vi que mi hermano no terminaba de decidirse, me levanté
de mi sillón y me fui acercando al sofá donde Bernardo Millán permanecía
aposentado.
- Bueno David yo me animo, tú nos observas y si te entran
ganas te unes- dije a sabiendas de que si yo daba el primer paso mi hermano
reaccionaría como yo esperaba.
A ello me dispuse. Me acerqué al actor y me coloqué en su
regazo como una niña pequeña. Sin pausa le metí mi lengua en su boca. Nunca
había besado a un señor tan mayor. Su lengua era esponjosa y grande y no me
desagradó en absoluto el beso. Él no tardó en colocar una de sus manos sobre mi
pecho. Iba al grano y yo le ayudaría. Detuve el beso y me quité el suéter y la
camiseta que llevaba puestos y me quedé en sujetador. Le besé otra vez mientras
le desabrochaba los botones de su camisa. Él se dejaba besar mientras le
desnudaba lentamente.
Con el rabillo del ojo miré a mi hermano. Seguía sentado pero
ya con una expresión menos asustada y más excitada. Creo que le estaba gustando
ver a su hermana desbocada.
Terminé de desabrochar la camisa a Bernardo. Él se levantó
para ayudarme a quitársela completamente. Una vez desnudo de cintura para arriba
me dediqué a sus pezones, a mordisqueárselos con cierta delicadeza. Mientras, él
no paraba de magrear mis tetas así que yo también quise facilitarle las cosas y
terminé por quitarme el sujetador para enseñárselas sin tapujos.
Aquello fue un revulsivo para el actor, que parecía que no
había visto un pecho de mujer en siglos. Se levantó del sofá llevándome a mí en
brazos y elevándome con él. Delicadamente me posó otra vez en el diván pero en
esta ocasión tumbada. Sin más dilación se fue directo hacia mis pantalones: Me
los desabrochó, estiró y quitó llevándose con ellos mis braguitas, calzado y
calcetines. Me dejó completamente desnuda. El objetivo de todo aquello no era
otra cosa que iniciar un cálido cunnilingus.
Y no lo hacía nada mal. Su lengua recorrí hábil y con
parsimonia mis labios exteriores para luego ir adentrándose en mi coño. A estas
alturas de la vida mi excitación estaba ya desatada. Cerré los ojos y disfruté
de la actuación de Bernardo.
En ello estaba cuando percibí un miembro carnoso que me
rozaba la cara. Abrí los ojos y me encontré el pene erecto de mi hermano
aproximándolo a mi boca. Él estaba ya desnudo y preparado para sumarse a al
fiesta. Le sonreí y acogí con gusto su polla en mi boca. Realmente a quien
quería hacer el amor esa noche era a él. Millán era un mero actor secundario
pese a lo bien que me estaba lamiendo el clítoris.
Estuvimos en esta posición un tiempo considerable, yo
disfrutando de la habilidad de Bernardo al tiempo que mamaba el pene de mi
hermano. Pero el actor se levantó abandonó mi coño y se alejó del lugar. Yo
aproveché para centrarme todavía más en la felación a David. Él se mantenía de
pie, con los ojos cerrados y creo que muy excitado por el trío que estábamos
montando. En un minuto Bernardo regresó con condones, le dio uno a David y el
otro, lógicamente, se lo quedó él. Mi hermano sacó su pene de mi boca para
colocarse el preservativo. El actor aprovechó para meterme en ese momento el
suyo todavía, sin cubrir, en mi boca. Cuando Millán observó que mi hermano
estaba listo, me ayudó a colocarme a cuatro patas como ofreciéndome a David. No
tardó mi hermano en comenzar a penetrarme.
Estaba embriagada por la excitación. Mi vulva era un torrente
de humedad y no sólo por las lamidas recibidas sino por mis propios fluidos,
representantes de la calentura que recorría todo mi cuerpo. Estaba decidida a
dejarme hacer de todo por aquellos dos hombres tan diferentes.
Mientras David me penetraba, Bernardo colocó otra vez su
polla en mi boca y agarrándome por la cabeza suavemente dirigía el movimiento de
mis chupadas. Al rato se fue, dejándome sola con la penetración de mi hermano
que me estaba llevando hacia un orgasmo irrefrenable. Pero él también paró,
cuando volvió la cabeza comprobé que aquel paréntesis se debía a un cambio de
polla en mi coño. Ahora sería Bernardo el que me penetrara con su miembro, por
cierto, bastante más grande que el de mi hermano.
Y vaya que sí notaba el tamaño en la penetración, cubría todo
el espacio de mi vagina, dándome oleadas de intenso placer. De hecho estaba a
punto de correrme cuando Bernardo sacó otra vez su pene e hizo que me
incorporara al tiempo que él se tumbaba en el sillón. Una vez situados volvimos
con el coito, esta vez yo encima y él debajo agarrándome con fuerza las nalgas.
Mi hermano aprovechó para meterme otra vez su verga, ya sin condón, en la boca.
Con tanto vaivén el orgasmo estuvo a punto de llegarme pero
Bernardo me distrajo preguntándome:
- ¿Alguna vez has gozado de una doble penetración?
Le dije no con la cabeza y sin sacar la polla de mi hermano
de la boca
- ¿Y eres virgen por atrás?
Sí, le dije otra vez con gestos
- Bueno no importa. ¿Quieres que lo intentemos?
Yo iba ya a por todas. Claro que quería pero con una
condición. Me saqué el pene de mi hermano de la boca y dije:
- Vale pero que sea David quien me la meta por atrás.
- Muy bien David. Escucha, en el armario del aseo hay aceite
hidratante, tráetelo.
Se me hizo muy corto el tiempo que tardó David en regresar,
quizá porque Bernardo, mientras, por fin me había provocado el orgasmo con su
penetración.
Me dejaron tumbada boca abajo en el sillón. Sin mirar lo que
estaban haciendo. Lo primero que noté fue una lengua lamiéndome el ano. Miré
hacia atrás y vi que era David. Él también me miraba sonriendo. Aquello
definitivamente le estaba gustando. Decidí volver a cerrar los ojos y dejarme
llevar.
Al poco tiempo percibí que eran dos las lenguas que me
idolatraban el culo. Me excitaba la idea de que mi hermano llegara a juntar su
lengua con el actor en mi ano. Vaya desinhibición por parte de todos.
Estuvieron un buen rato lamiéndome mi parte de atrás, luego
me echaron la crema aceitosa. Notaba sus dedos penetrar en mi culo, de vez en
cuando de forma excesiva. Yo respondía con algún quejido leve y ellos aminoraban
la intensidad de la penetración con sus dedos. Luego una mano se fue a mi coño y
la otra prosiguió con mi culo. Estaba deseando ser ya penetrada otra vez. Estaba
muy caliente.
No tardaron demasiado en complacer mis deseos. Bernardo me
volvió a levantar para ponerse él debajo e iniciar un nuevo polvo. Antes le dio
las últimas instrucciones a David.
- Ve metiéndola poco a poco. Y con cuidado.
Yo me dejaba hacer. Bernardo empezó a follarme lentamente
mientras notaba el pene de mi hermano husmear en la entrada de mi culo. Poco a
poco, como había dicho el actor, me introdujo una puntita. Comenzaba a
intensificarse mi placer. David se movía poco, pero la sensación de la doble
penetración era deliciosa. Al menos al principio. El orgasmo no tardaría en
llegar.
David se fue animando y logró introducir una buena parte de
su polla. En este punto me dolió pero no fue desgarrador. El placer amortiguaba
mi desvirgamiento. Los dos terminaron acompasando sus movimientos y mi placer
emergió con toda su fuerza. No pude para de gritar mientras me corría, al tiempo
que notaba la leche de mi hermano invadiendo mi culo. También Bernardo se corrió
instantes después.
David se apartó y se tumbó en el suelo. Yo me quedé extenuada
sobre Bernardo. Me había encantado la doble penetración. Había merecido la pena
la locura.
Los tres tardamos unos minutos en recuperarnos, yo sobre
todo, realmente escocida por atrás, por mi desvirgamiento, y por adelante, por
el tamaño del pene de Bernardo. El primero en reaccionar fue nuestro anfitrión
que se ofreció a hacernos el desayuno. David y yo nos quedamos solos en el
salón.
- ¿Te ha gustado tu fantasía cumplida?
- Pues no ha estado mal, pero estoy un poco escocida la
verdad.
- Cada día estás más loca- me dijo mi hermano mientras me
daba un beso en los morros.
- Bueno. Es que he pensado que un trío con un desconocido era
una buena manera de concluir nuestras pasiones sexuales. Si ahora vas a volver
con Marta y yo con Carlos, supongo que dejaremos de follar una temporada ¿no?
- Definitivamente estás loca- concluyó mi hermano.
Nos tomamos un café en casa de Bernardo Millán, nos vestimos
y nos despedimos a eso de las 9 y media de la mañana. El actor me pidió mi
teléfono pero le dije que ya le buscaría yo en caso de necesidad. No creo, la
verdad, que vuelva a recurrir a él a pesar de que la sesión no se dio mal. Pero
no es mi tipo.
Aquella noche pasaría a la historia sexual de mi vida y de la
de mi hermano. No tanto por llevar a cabo este extraño trío o por mi
desvirgamiento anal, sino porque a día de hoy ha sido nuestro último encuentro
sexual.
Aquello ocurrió hace ya tres años. Y mucho ha llovido. Ambos
terminamos la carrera y nos pusimos a trabajar. Los dos salimos de casa de
nuestros padres y ahora vivimos cada uno en su propia piso. Él con su novia
Marta de quien sigue enamorado. Yo con Miguen mi novio desde hace dos años. Con
Carlos la cosa finalmente no salió adelante. Somos felices con nuestras parejas,
y David y yo nos queremos más que nunca sin necesidad de seguir acostándonos.
Nunca nos hemos arrepentido de nuestra pasional relación
sexual iniciada hace ya muchos años. Y hemos habado mucho de ello y lo
recordamos con cariño. A menudo nos reímos con nostalgia de aquellos días, a
veces junto con Ana y María, nuestras otras dos "hermanas" y las dos únicas
personas que saben de nuestras experiencias filiales.
Eso sí él siempre será mi hermano, el hombre de mi vida, y yo
su hermana, y por supuesto, la mujer de su vida.
FIN
En caso de que queráis comentarme algo mi correo es:
jaimecorreo2000@yahoo.es