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Fecha: 20-Sep-04 « Anterior | Siguiente » en Zoofilia

Ama de casa, esposa...y perra

Susana Torres
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Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 17 min. ]
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Para las chicas, aquellas mujeres que no consideran "normal" la zoofilia, aquí les vá un testimonio de una mujer "normal" como ustedes, como cualquiera, que llega a experimentar el increible placer del sexo canino... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Mi nombre es Sandra y tengo 34 años, soy una mujer común y corriente, ama de casa para mas señas, casada desde hace cuatro años con Gonzalo, un sencillo empleado público, vivimos una vida común de gente clase media-baja, sin grandes historias que contar, pateando siempre la vida, ambos somos de tez clara, mas o menos de la misma estatura, como 1,72 mts., de buen ver, pero como les dije, físicamente somos gente común, y somos gente común incluso en nuestra vida sexual. Pero lo que les voy a contar cambiará para siempre esto.

Fue una tarde cualquiera. Yo estaba haciendo mis quehaceres del hogar, cuando Gonzalo llegó a casa, un poco mas temprano de lo usual, yo estaba con una blusita amarrada a la cintura y unos shorts de jeans bastantes raídos, que dejaban ver parte de mis nalgas, como dije estaba haciendo mis oficios, en la cocina.

Hola mi amor, ¿llegaste ya?- le dije desde la cocina.

Si, traje un par de películas, las que te recomendaron –me dice desde la sala -el encargado te las tenía apartadas, el tipo de la videotienda.

Ok, papurri, ahorita las vemos.

Tráeme una cervecita mi amorcito, ¡ah! Y prepárate unas cotufas ahí.

"Ya está, éste güevón me vá a poner de sirvienta", dije, para mis adentros, no era gran cosa lo que me pedía, total, íbamos a ver unas películas, pero la verdad me sentía algo cansada, había limpiado la casa todo el día y luego me había tocado bañar a nuestros perros, Bart y Jack, dos hermosos pastores alemanes, uno marrón y el otro negro, nuestros orgullos a falta de hijos.

Gonzalo también estaba un poco cansado, se acomodó en el sofá, se quitó toda la ropa y el calzado, quedando en interiores, puso de una vez una de las películas en el V.H.S. al poco rato me le uní con un "pack" de cervezas y unas cotufas, nuestros perros estaban echados en le piso, durmiendo.

Nos pusimos a platicar de cualquier cosa mientras veíamos "Chicas en la playa", una de esas películas del montón, de hecho, estaba algo dañada.

¡Coño, que cagada!- dice Gonzalo mientras adelanta un poco, sigue adelantando de tanto en tanto la película, y yo me voy dormitando de lo aburrida que estoy.

¡Woof! ¡gurrrrrrr! ¡woof!- los ruidos de uno de los perros me despereza un poco, veo la película y… ¿estaré soñando?

Allí, en la pantalla de la T.V. había una chica desnuda, apenas con unas medias panty, gimiendo de placer, en cuatro patas, mientras un gigantesco Gran Danés le lame el coño desde atrás.

¡Perdona cariño!- me dice Gonzalo- te juro que yo no sabía que eso estaba grabado en la cinta, parece que lo grabaron encima de la película original, al final-. Gonzalo estaba rosado de la pena y me imagino que yo también, y es que no estábamos acostumbrados a la Pornografía, mucho menos de ese tipo. Mi corazón acelera a millón, no podía despegar la vista de aquella imagen, hasta los perros parecían disfrutar aquello.

En el film se observa como el Gran Danés se le monta encima a la chica, no se ve bien pero hay otra persona, un hombre, que le está asistiendo, le coloca el miembro rojo del canino a la chica en la entrada y el gigantesco animal le entierra todo su tolete en su cuca. Los gritos y gemidos de de la chica revelaban un placer y gozo enormes, o la chica era gran actriz, lo cierto era que ya comenzaba a sentir los síntomas de excitación en todo mi cuerpo. Me sentía la mujer más asquerosa del planeta. ¿Cómo podía sentirme excitada ante algo tan aberrante? Tanto yo como mi marido somos católicos practicantes y vamos a misa los domingos. Estaba asqueada, pero también excitada, no dejaba de admirar ese animal, era obvio que aquel can sabía lo que estaba haciendo, el ayudante que tenían en la película lo auxilia en el desmonte de la hembra, quedando culo con culo, ¡se habían quedado pegados! El calorcito que sentía yo en la pelvis y en mis muslos me indicaba que la calentura iba in crescendo. No, aquello no puede ser.

-¡Apaga eso! ¡Apaga! ¡Apaga!-le digo a Gonzalo, tapándome la cara con vergüenza. Quedamos mudos unos segundos, Gonzalo estaba realmente hipnotizado con las imágenes.

-Disculpa Sandra -me dice- pero la verdad…no te vá a gustar, pero la verdad éste pedacito de la película es…interesante.

Seguimos viendo la escena: El perrote castigando como buen macho a la perra humana, abotonado a su concha por su verga, se podía ver abundante líquido rezumando de aquél punto de conexión íntima, entre las piernas de la mujer y las patas traseras del can, cayendo al piso, el camarógrafo lo enfocaba desde un ángulo alucinante, los gritos de aquella puta me estaban poniendo a millón; Se despega el animal de la hembra humana, un ¡plop! Bien sonoro y la polla canina se separa, dejando escapar abundante semen de la vulva castigada y entreabierta, se voltea el perro y observa a la chica y lo que le hizo. No aguanté más.

¡Dame acá el control!- grité a mi marido, apagando el aparato, Gonzalo todavía estaba embobado de aquella escena final, un gran bulto en su interior lo delataba, tardó un par de minutos en volver en sí.

Mi vida, mamita -comenzó a decirme- tú sabes que yo te quiero...pero yo...yo pienso...-suspira un poco, tratando de mejorar su respiración entrecortada- la verdad no me parece tan mala la película, no creo que sea como para escandalizarse ni nada...bueno, digo yo. Yo...yo quisiera verla completa, la escena. ¿Qué tal si la vemos juntos, mi cuchicosa?

Pensé un ratito. La verdad tenía tiempo que no veía a mi esposo hablarme tan pausado, tan dulce. Recordé que últimamente me había portado como "cuaima" con él y ni siquiera le había cumplido en la cama en tiempo reciente, me dio tanta cosa negarme, accedí, al fin y al cabo sólo era una tonta película.

¡Pero que película! Seguía aquel animalote dándole lengua a la cuchara inundada de jugos y leche de él mismo, proporcionándole placer inenarrable a la chica, Gonzalo y yo estábamos en el sofá , él estaba sobándose su paquete y yo no pude resistir mas y terminé también con una mano en mi entrepierna, estaba salida, cachonda, verdaderamente birrionda ante aquel film.

Los perros parecen tener un sexto sentido. Miré a mi perro Jack, quien me miraba fijamente, jadeando, con sus ojos brillantes. Se encontraba sentado en el piso, atento, con su cola moviéndose vivaraz, como esperando una orden. Un pensamiento, un deseo fugaz cruzó mi mente. Lo rechacé enseguida. "Sandra, puta, enferma, pecadora", pensé, "¿cómo se te ocurre siquiera pensar en eso? ¿qué les dirás al padre y a la gente que vá contigo a la Iglesia?". Jack me miraba, me lo imagina suplicándome, yo seguía pensando, justificándome: "Esa tipa seguro es una prostituta, hace eso por dinero. Además, ese perro está entrenado para tirar con mujeres, yo no tengo un perro así".

Se terminó la película y Gonzalo se levantó para tomarse otra cerveza. Mi garganta estaba seca y carrasposa.

Dame una, papi, - le dije.

okay mamita. Y...dime: ¿qué te pareció la vaina? ¿la tipa con el perro? ¿cómo harán esa verga? - me preguntó, dándome la lata de cerveza.

No sé- dije, haciéndome la desinteresada- seguro es prostituta y le pagan por eso- me tomé un buen trago para pasar la emoción.

¿Sabes qué mi puchita? Yo...a mí...a mí lo que me gustaría es ver algo como eso, pero en vivo. Lo miré con ojos serios, me estaba hablando con tono dulce y tierno a la vez, pero con sonrisa pícara.

Yo sé por donde vas, Gonzalo, olvídate de vainas raras, además nosotros...nosotros no tememos perros así.

¡Ejem!, eeeh, mira- me dice, alzando las cejas, sonriendo pícaramente y señalando a nuestras mascotas, Bart y Jack , que estaban en la sala viéndonos hablar -Tenemos dos perros. Lo que podríamos hacer es...bueno...probar...ver si sirve.

Tenía un tarugo en la garganta y el corazón casi se me salía del pecho, era increíble que mi propio maridito se atreviera, tuviera el suficiente valor para hacerme tamaña propuesta, pero mas increíble aún era que el deseo coincidía con mis propios pensamientos impuros que había tenido apenas unos minutos antes. Sentía como un vapor fluir de entre mis piernas, me siguió hablando...

-¿Porque...? ¿Porque no probamos con Jack? Yo...Tú sabes que yo casi nunca te pido grandes cosas, pero si lo intentamos ésta vez...

Párate, párate- le dije- no sigas vale, tú lo que estás es rascado.

No mamita, si apenas voy por la segunda cerveza.

Coño si estás birriondo ¿porqué no te pones a ver otra vez la película?- le respondo airada.

Yo lo que quiero es verga en vivo chica.

¡No joda chico! ¡tú lo que quieres es abusar de mi! ¡explotarme, como siempre hacen ustedes con las mujeres! ¡asqueroso! ¡inmoral!

No mi vida, ¿como crees?-me contestó con ternura, apoyando una de sus rodillas en el piso, acercándose a mí en el sofá y tomando mis manos- yo sólo pienso que aquí tenemos una oportunidad de experimentar algo, de hacer algo juntos que le dé sabor y placer a nuestras vidas, siento que si no hacemos esto seguro nos perderemos de algo que pudo haber sido muy bueno para los dos.

Lo miré atentamente. Cuando mi esposito me hablaba de esa manera y con un argumento que no tenía nada de absurdo, era difícil que yo le negara algo.

-Además -continuó- ¿crees que no me di cuenta de cómo te puso la película? ¡Pero si mira como estás! –díjome, abriendo mis piernas y metiendo los dedos de su mano derecha entre mi pierna izquierda y mi short, palpando los labios hinchados de mi cuca, bastante mojada y tibiecita.

- Anda mi perra -me sigue diciendo el muy desgraciado- deja que Jack te pruebe ¿si? ¡jack! ¡Ven muchacho! ¡Lame aquí!

¡Pero...pero...pero Gonzalo! –protesté inútilmente, mientras mi esposo me rodaba en el sofá para quitarme el short y mi tanga interior, mi perro Jack se levanta y se acerca a mí, Gonzalo logra quitarme mis prendas, casi forzándome me hala hacia a la orilla del sofá por mis rodillas, abriendo mis piernas –déjame quieta , ¡pero coño no! Déjame quieta, déjame quieta, deja...¡Oooh! ¡uggh!

Un lametón a mi vulva me desarma por completo. Aquella lengua tibiecita, húmeda, medio rasposa y sobre todo enérgica, era el argumento que necesitaba y que me convencería definitivamente. Cierro mis ojos para concentrarme en aquella exploración canina a mi vagina que mi querido Jack me estaba propinando, bebiéndose con ánimo los jugos de mi gruta encharcada. Una pequeña centella me hace abrir los ojos: Era Gonzalo, quien, no sé en qué momento se fue y volvió a la sala con unas almohadas y una cámara fotográfica.

¡Que bien! –dice- que bella estás, linda, sigue Jack, así, chupa esa cuchara.

Si, chúpame, ¡Oh que rico se siente! ¡mmmm! ...¡que rico! No estaba para protestar nada, el gozo que me daba mi perro era demasiado para decir algo, entre foto y foto Gonzalo me quita la camisa, dejando mis senos al aire, cosa que aprovecha para servirse de mis rosados pezones, ya erectos de tanto placer. Estaba en el Séptimo Cielo, recuerdo que en un momento me puse a pensar: ¿cómo podía ser malo algo tan divino? Después de todo no le estaba haciendo nada malo a nadie. Disfrutaba y pensaba todas éstas cosas cuando Gonzalo me advierte algo:

Mira preciosa, mira que vaina tan arrecha.

Me ladeo un poco sin dejar de disfrutar aquellas poderosas lamidas para poder mirar lo que Gonzalo me indicaba, también ladeó él un poco a nuestro manso perro, para que yo pudiera ver mejor lo que él quería que viera: la verga canina de mi adorado Jack.

Mira Sandra, se le está parando, se le está parando por ti

Con un descaro impresionante, mi hombre toca aquel miembro canino, de unos veinte centímetros, grueso, rojo, venoso, brilloso, muy diferente a los penes humanos, el de mi Jack terminaba en una fina punta, podía ver como ya empezaban a salir algunas gotitas. Jack deja mi cuca un momento y comienza a dar unas arcadas en la mano de Gonzalo, para luego intentar montarse encima de mí.

Creo que es hora –me dice Gonzalo- Jack te quiere...bueno, quiere cogerte. Anda, vamos a acomodarte.

Despeja la mesa de vidrio que está en la sala, frente al sofá, pone las almohadas que había traído, "éste coño é madre como que pensó en todo", pensé para mis adentros, pero yo estaba lista, no me importaba nada, estaba decidida a ser follada por un perro, así que obedecía sin protestar.

Acuéstate sobre las almohadas, debes abrir un poco las piernas para que el perro te llegue, parece que es un poco bajo, no te preocupes, yo estaré aquí contigo.

Quedo apoyada sobre la mesa, con mis rodillas en el piso, en seguida me sorprende una rica lamida en mi concha entreabierta que supongo es de la glotona lengua de Jack, pero no, había sido Bart, mi otro perro.

¡Epa! ¡quieto Bart! ¡tú no! ¡todavía no te toca!-replica mi esposo.

Estaba ansiosa, caliente, cachonda, birrionda, esperando como la puta más cochina lo que sabía que iba a ocurrir. Me sentía la mas sucia, la perra mas grande del mundo. Ambos animales lamían alternadamente mi gruta sagrada, con sus lametones poderosos, un conato de pelea interrumpe la sesión de lengua canina en mi almeja.

¡Epa! ¡epa!-grita mi esposo, separándolos y apartando a Bart de mí cuerpo- no peleen que hay para los dos.

Como pensando que iban a robarle su perra, Jack se abalanza sobre mí, por un segundo pensé que se me iba a salir el corazón; Comienza sobre mi cuerpo desnudo los movimientos propios de la follada canina, pero mi perro no atina, siento su Güevo húmedo y caliente en mis muslos, Gonzalo interviene:

Espera Sandra, los voy a ayudar.

Mi marido toma aquel miembro apetitoso en su mano derecha, apuntando directamente a la entrada de mi cueva húmeda y expectante, sólo tuvo que poner la punta en la entrada, el perro hizo el resto.

¡Ay mi madre! ¡mi madre! ¡MI MADREEE!

Un empujón súbito y mi cuca se abre para recibir aquella polla canina, todo estaba consumado: Yo era una perra, una puta asquerosa, cogida por un perro, igual a la chica de la película, a quien yo supuse era una prostituta. La violación a mi vulva era frenética y sin piedad. Tuve que agarrarme bien a la mesa por sus bordes mientras Jack me pistoneaba con rabia, el desgraciado de Gonzalo, con su verga parada debajo de su interior, seguía tomando fotos de todos los ángulos, incluyendo "close ups" de mi rostro sudado y contraído.

-¡Eso Jack, cógete a mi mujercita, dale duro!, ¿Cómo te sientes, Sandra?

- ¡Ay Gonzalo! ¡Ay Gonzalo!-era todo lo que podía decir, demasiado placer no me dejaba coordinar palabras, Gonzalo se metía por debajo de mí, debajo de la mesa para seguir tomando fotos de la penetración de mi vulva, el ritmo frenético de la cogida que me daba mi Jack casi no me dejaba respirar, sentía su jadear en mi cuello, su saliva en mi piel…y su descarga caliente en mis entrañas.

-¡Ay coño! ¡Me está llenando!, ¡Gonzalo, me está llenando! Y yo creo que… ¡Ay que rico! ¡Que rico!

-No, espera- dice mi esposo- yo te ayudo.

Jamás en mi vida, aunque no me puedo quejar de mi Gonzalo, pero jamás tuve un Orgasmo tan intenso como el que tuve en ése momento. Mi marido sostiene a mi amante canino, que sigue llenándome de leche caliente, mezclándose con mis jugos, que caen como cascada en el piso, el olor a Sexo que impregnaba el ambiente era intenso. Bart se acerca, me lame la cara, lame mi hombro derecho, intenta montarse por un lado de la mesa, me doy cuenta de lo que vá a pasar: ¡mi otro perro espera su turno de cogerme!

-¿Ya terminaste Jack?-le pregunta mi esposo a mi perro follador- bájate ya, anda, vamos.

Gonzalo baja a Jack de mi espalda, retirándolo un poco, yo me quedo extenuada de tanto placer, pero Bart no permite que me recupere, lame mi vulva desde atrás, bebiendo mis jugos y la leche que su compañero depositó en mí, aquella lengua era como bálsamo para mí en ese momento, pero Bart no se limita a eso, enseguida me monta, y comienza sin pedirme permiso la segunda tanda de ésa tarde.

-¡Ay! ¡Ahora es Bart! ¡Ahora es Bart!-digo, asustada y expectante, lista para mas verga canina.

-¡Eso Bart, ahora si! ¡Te toca a ti darle duro! ¡Cógetela Bart! ¡Dale leche!

-¡Aaaghh! ¡nooooo! ¡mmmghhugh!

La penetración fue mas violenta y rápida, podía sentir la gran polla de Bart, mucho más grande que la de Jack, llenándome toda mi gruta, su punta llegaba a mi Cerviz, dándome dolor y placer a un mismo tiempo. Gonzalo seguía tomando fotos; Fueron como quince minutos de pistoneo continuo, salvaje, inmisericorde, que me condujeron a una oleada de orgasmos brutales, que me sacaban de mí.

-¡Me está dando duro! ¡Que rico Gonzalo! ¡Estoy acabando! ¡dame duro Bart! ¡Cógeme duro!

Mi última corrida coincidió con una presión aún mas fuerte de Bart contra mi cuca, firmemente ensartada, su paloma entraba aún mas adentro de mí, invadiendo mi útero, que seguía recibiendo oleada de descargas seminales que rebosaban mi concha brutalmente castigada, podía sentir cómo mis labios se separaban aún mas, entonces lo siento como partiéndome en dos.

-¡Coño Gonzalo! ¡Me está matando Gonzalo! ¡Me va a matar coño! ¡Me duele! ¡AAAAYYY!

-¡Coño se me olvidó! Es que estaba tomando fotos y se me olvidó, cálmate, es el nudo, te metió el nudo.

Efectivamente, quedo trancada al perro por el nudo, mientras el muy desgraciado me sigue llenado de flujos mi cueva violada, siento claramente sendas descargas de líquido seminal, caliente y abundante, en mi interior. El torpe de Gonzalo no debió permitir esto, debió bajarlo antes de que pasara, pero se entretuvo sacando las condenadas fotos. Me quedo tranquila mientras el dolor disminuye un poquito, siento la presión del nudo en mis paredes internas…y comienzo a disfrutarlo. Entonces Bart realiza una serie de movimientos violentos como para intentar safarse, cosa que me causa dolor, por fin él mismo se desmonta, pero seguimos pegados, culo con culo.

¡Guaooo que bello! ¡Esto tengo que fotografiarlo!

¡Coño Gonzalo! ¡me duele!

No te preocupes, aguanta un poco, él debe salirse en un rato, recuerda a la chama de la película, si ella pudo tú también –me dice el muy cachondo de mi marido, mientras toma una foto desde abajo, del abotonamiento de mi totona con el palomón canino. Bañada en sudores y flujos de perros, nadaba en un charco de leche de mis perros y mis propios jugos que estaban en el piso, al desgraciado de Bart le dá por moverse y al no poder despegarse tengo que moverme yo con él, hasta que se detiene, movimientos, palpitaciones del nudo y nuevas descargas de semen acompañan a mi última corrida, la cual aguanto en cuatro patas, como las perras. Por fin, después de unos veinte minutos, exactamente como en la película, un ¡plop! sonoro anuncia la separación de Bart de mi cuca ultrajada y adolorida, cayendo yo al piso, extenuada de aquel maratón de lascivia pura.

¿Cómo te sientes Sandra? ¿Te encuentras bien?-me pregunta con dulzura mi amado esposo, yo me volteo en el piso y por única respuesta le sonrío y le acerco a mí, dándole un apasionado beso en la boca, para luego decirle al oído: "Dale las gracias al muchacho de la video tienda, dile que pronto alquilaremos mas películas como ésta".

A partir de ése momento, la Zoofilia se ha convertido en parte fundamental de nuestro matrimonio, mi Gonzalo disfruta compartiendo su hembra con sus dos perros, quienes me proporcionan con la frecuencia que quiero los mas descomunales orgasmos, cuando mi marido sale y me deja sola, él está confiado y tranquilo que jamás lo traicionaré con otro hombre, evitando todos los problemas que de ello deriva, ¿para qué si tengo mis perros que me dan toda la satisfacción que quiero? Nunca dejaré de recomendar el amor canino a las chicas y matrimonios que me consulten.

Como final de la historia les cuento una anécdota: ¿Se acuerdan de la fotos que tomó Gonzalo mientras mis perros me follaban? Pues bien, días después, el muy zángano me lleva de compras y a buscar unas fotos que había mandando revelar: ¡Eran mis Fotos! Cuando el encargado se las entrega a él delante de mí, veo que todos los empleados y empleadas me miran con curiosidad, risitas y caras de asombro, señalándome.

-¡Señora! ¡Es usted!-dice el joven encargado, entregando las fotos a mi marido, quien las examina enseguida.

-Si, es ella-responde Gonzalo-¿viste las fotos?- Yo todavía no había caído en cuenta.

-Si, ¡Son tremendas! ¡Epa gente! ¡Aquí está la tipa de los perros!

En Seguida todos lo empleados de la tienda de Revelado se acercan a nosotros, es cuando me doy cuenta de lo que pasa al ver las fotos y mis piernas empiezan a fallarme de la vergüenza. Todos los chicos y chicas de la tienda era muy jóvenes, habían también otros clientes, mas adultos e incluso una Liceísta, como de unos catorce años, sentada en el mostrador de la Tienda; Gonzalo les explica con detalle la experiencia, ayudado por la fotos que les va mostrando, mientras agacho la cabeza, sin atreverme a verles la cara.

- Miren, aquí fue cuando se quedó pegada al perro –explica Gonzalo. Todos preguntaban y me veían, pero yo no me atrevía a verles la cara, sin embargo, como cosa extraordinaria, todos me mostraban su asombro y admiración, pero nadie dijo ninguna palabra de desprecio o reproche hacia mí; Una chica se atrevió a preguntarme:

Pero tú… ¿tú gozaste…haciendo el amor con el perro? –yo sin verla sonreí con pena asintiendo con la cabeza, un "guao" se escuchó en coro, la chica hace una observación:

Porque yo…yo tengo un perro…

Empezaron a gastarle bromas, impulsándola a que siguiera mi ejemplo, había un ambiente más relajado y yo comencé a sonreír más en confianza, alzando la cara; La joven Liceísta preguntó inocente desde el mostrador donde estaba sentada:

Y… ¿puede caber todo eso…por ahí?

Por aquí puede caber de todo, mi niña –dijo el ahora extraordinariamente osado de Gonzalo, posando su mano derecha en la entrepierna de la niña, acariciando durante unos treinta segundos su abultadita vulva por encima de su muy estrecho pantalón azul –basta un poquito de paciencia, quizás una ayuda, y, claro, una sabrosa verga de perro, estamos a la orden mi nena.

Todos se echaron a reír y a bromear y yo quedé con los ojos claros y sin vista ante tamaña frescura; aún tuve que aguantar unos minutos más de preguntas y expresiones de admiración de aquellos desconocidos antes de irnos de la tienda. Me había ganado una buena cantidad de "fans" por mi osadía sexual canina, sentía por eso una sensación nada desagradable, sólo eso me hizo suavizar mi reclamo a Gonzalo de porqué me había hecho pasar semejante pena frente a unos desconocidos.

-Tranquila mi puta -me dijo- ¿porqué crees que venimos de tan lejos? Yo tenía que revelar éstas fotos y aquí nadie nos conoce.

-Si pendejo, pero ¿y si le mostraron esas fotos a mas gente? ¿Y si le sacaron copias y las ponen, por ejemplo, en Internet? Mi maridito se quedó callado un rato, pensando, y luego me respondió:

-Entonces todos sabrán con envidia que tengo en casa a la perra mas cachonda de la tierra, sólo para mí y nuestros perros, ¿no te sientes orgullosa, mi puta?

Sonreí y dije: "¡No joda, mala leche! ¡Que lo sepan! ¡Me gusta ser una perra! ¡La dueña de mi casa, la esposa de mi marido y la perra de mis perros!"

A lo mejor, en algún sitio de Internet dedicado a la Zoofilia, es posible que ya me hayan visto, ¡y que orgullo para mí!


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© Susana Torres

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