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Fecha: 18-Sep-04 « Anterior | Siguiente » en Zoofilia

El pony que me folló

Ivan Sanluís
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Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
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Siendo niña mi propio perro me desvirgó y me gustó tanto que mi vida se consagró a disfrutar del mejor amigo del hombre, perpetuando una tradición que ignoraba y que me llevaría a consumar mi fantasía más obscena... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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EL PONY QUE ME FOLLÓ

Me llamo Estela, y tengo 22 años. Tengo un marido, César, que es mi adoración y una familia que me quiere muchísimo. La historia que voy a contar, que es la mía, comenzó a los 14 años, en mi pueblo del alma.

A tan tierna edad tenía una obsesión desmesurada por explorar mi cuerpo en formación. Tenía ardores, unas sofocaciones inmensas y lo único que sabía hacer era tocarme para aliviar los intensos deseos de mi cuerpo, pero no era suficiente. Un día, que volvía a casa del colegio, me encontré con Caco, el perro de Sara, una amiga mía, que estaba oliendo a una perrita(por cierto, Caco es un fox terrier). Me quedé mirándolo unos momentos preguntándome que estarían haciendo, y de repente, Caco montó sobre la perrita, y abrí los ojos llenos de estupefacción: una gran pija roja asomó entre sus piernas y montó a la perrita a toda velocidad, sin descanso.

Presa de la expectación, me senté allí cerca en posición fetal y observé maravillada lo ocurrido. Caco se movía con saña, parecía incansable. La perrita se quedaba quieta mientras Caco se desahogaba a gusto, y cuando pareció acabar, consiguió darse la vuelta quedando culo con culo, pero la pija no le salía. Fruncí el ceño con curiosidad pensando en que pasaría, y mi respuesta llegó cuando minutos después consiguió sacarla y vi una enorme bola en la base de su pija. La miré embobada: roja, enorme, brillante. Quedé fascinada por aquella escena(y aquella pija) y nunca he olvidado esa tarde, culpable de todo lo que sucedió en adelante.

Volví a casa feliz de la vida, con mi cabeza llenas de imágenes de lo que había visto. Tenía miles de dudas en la cabeza, y estaba muy caliente. Se me pasó por la cabeza que yo podría hacer lo mismo. Además, en casa teníamos perro: un husky llamado Rambo, que además es hijo de nuestro anterior perro, Salteador. Mi problema era quedarme en casa sola para probar, de modo que me las apañé y conseguí un sitio seguro en un establo cercano a casa. Le dije a Mamá que iba a llevar a Rambo de paseo y ella simplemente aceptó, sin sospechar de mis intenciones. De camino al establo era presa de una gran agitación, fantaseando con lo que Rambo me haría. Estaba muy alterada y emocionada. Cuando llegué a la granja abandonada, entré y me fui al establo. Al estar allí comencé a desnudarme y saqué un pequeño tarro de miel(de la pequeña mochila que llevaba y que no levantó sospechas ya que siempre iba con ella de un lado para otro), que me había llevado a escondidas.

Me senté en el suelo(sobre una toalla que puse para no mancharme) y me puse un poco en mis tetitas. Rambo lo olió y golosón como es empezó a lamer para comerse la miel. Su lengua pasó por mis pezones y a la primera lametada me sentí en el cielo. Su rasposidad me seducía e impresionaba, y que manera de lamer, rápido y fogoso. Cuando se lo tragó todo eché un poco más y volvió a comérselo todo, dejando mis tetas doloridas de los duras que estaban. Mi carita ardía de satisfacción. Quería ir a más y me puse un poco en mi almejita aún virginal. Abrí bien mis piernas y Rambo fue como una bala. Su lengua obraba maravillas: una tormenta de placeres y sensaciones desconocidas y maravillosas me invadían. Cerré los ojos, eché la cabeza hacia atrás y me dejé llevar por sus lametadas en mi cuca. En cierto momento, me di cuenta de que la miel ya había desaparecido, pero él seguía lamiéndome. ¡Estaba lamiendo mis jugos!. No me di cuenta de que mi vulva estaba chorreando jugos y a él parecía gustarle aquello. Miré hacia su entrepierna y su pija asomaba clamorosa y ardiente, deseando entrar en mí. Decidí satisfacerlo, y sin saber las consecuencias, me puse a cuatro patas, me apoyé bien para aguantar y él se montó sobre mí. Tras varios intentos fallidos, me penetró.

Jamás hasta entonces grité de tal manera al notar la pija de Rambo en mi interior. Un dolor inmenso y aterrador me invadió de parte a parte. Intenté apartarle y sacarlo de mí pero no fue posible, de modo que me tenía atrapada. Hubo un segundo de quietud entre nosotros, y luego, se lanzó a toda máquina a disfrutar de su joven ama. Me dejé hacer y asumí mi posición de perrita, sintiendo la delicia de aquel momento a pesar del dolor. La pija de Rambo llenó por completo mi cuca hasta el último rincón, y me golpeaba tan fuerte que me agitaba adelante y atrás, al compás uno con otro. Mi cuerpo temblaba, mi mente desvariaba, pensaba que aquello no era real, que era una pesadilla. Pero no, era muy real. Me estaba partiendo en dos, me dolía por todas partes. Mi querido perro siguió perforando mis entrañas un buen rato hasta que gozó y noté como su caliente leche canina anegó mi vulva. En el momento final gocé como no creí que una chica pudiera gozar. Rambo se bajó de mi grupa e intentó salir, pero el enorme bulto nos había enganchado, abotonado, y a cada intento de separarnos yo gemía de dolor, lloraba sin parar, y me negaba a moverme. Cuando por fin se salió de mí miré el charquito de sangre que había en la toalla: Rambo me había desvirgado.

Tal y como estaba no me pude mover, y esperé a reponer fuerzas para volver a casa. Grave error: a Rambo aún le quedaba mucha fuerza y me volvió a montar, cogiéndome por sorpresa. Ésta vez no fue tan doloroso, ya que mi cuca estaba dilatadísima. Con la lección aprendida la segunda vez fue genial, y en todo momento estuve gozando de la pasión de mi perro hasta el clímax en que me corrí y él volvió a correrse dentro mío. Me ensalivé los dedos y me acaricié en mi cuca, mezclando la leche de Rambo con mi saliva. No sabía del todo mal. Con la idea de que quizás él aun tenía ganas de más, me quedé allí, y me pasé toda la tarde siendo la perra de mi perro, usada para su placer y satisfacción. No sé cuantas veces se benefició de mí, pero debieron ser como 5 ó 6. Cuando por fin se quedó a gustó usé la toalla para limpiarme, me vestí, y volví a duras penas a casa. A pesar del dolor, del cansancio, Mamá y Papá no podían entender porqué no podía parar de sonreír. Más tarde me duché para relajarme y de noche, metida en cama, me hice la primera masturbación de mi vida recordando lo ocurrido, y lo cierto es que no pude desvirgarme de mejor manera. Aquel perro me penetró, me forzó, me violentó, me gozó…y me encantó.

A partir de ese momento me hice una viciosa y a la mínima oportunidad me ponía a cuatro patas y Rambo me montaba con toda su fuerza y su furia. Sus embatidas me llevaban al cielo, cada golpeteo en mi cuca me hacía gritar de gusto. ¿Cómo podía haber algo de malo en aquella delicia?. En mi cabeza no paraba de desear en ser follada de nuevo por él, y en más de una ocasión soñaba que estaba a cuatro patas, atada de pies y manos, y todos los perros de todas las razas del mundo venían a penetrarme. Al despertar, estaba húmeda de la excitación. Los dos años que pasaron después de mi desvirgación fueron la locura.

Llegó un punto en que Rambo no fue suficiente para satisfacer a mi cuerpo y busqué nuevos placeres en otros perros. En ese tiempo, por mi cuca pasaron todos los perros de mis amigos y familiares(y al vivir en un pueblo, había perros de sobra): Rocco, el dobermann de mi amigo Elías; Jack, el dálmata de Silvia, una íntima amiga; Flecha, el collie de Lola, otra buena amiga mía; Gigante, el pastor alemán de Chicho, un vecino; Tony, el rottweiler de mi primo Fermín; y Rufo, el mastín de mi tío Paco, pero el mejor fue Chiqui, el gran danés de mi prima Anabel(la hija de Paco) que casi me provocó un desgarro vaginal de la fuerza de su embestida. Gocé, disfruté, follé y refollé tanto como quise. Me hice una adicta a la zoofilia y por supuesto aprendí a mamar una buena pija canina, era riquísima y su leche caliente sabía a gloria. Fue tras hacerlo con Chiqui que pensé en satisfacer mi mayor fantasía: ser penetrada por un caballo. Lo intenté, aunque me intimidó y decidí dejarlo para más tarde pensando que ya lo haría, pero no pudo ser, ya que al cabo de esos dos años todo terminó, casi de golpe, cuando un acontecimiento sacudió mi vida: César había vuelto.

César era de mi misma edad y nos criamos juntos desde pequeños, ya que sus padres vivían algo cerca de nuestra casa. Habíamos sido amigos de toda la vida, pero sus padres tuvieron que irse una larga temporada a la ciudad por motivos de trabajo, lo que me dejó muy apenada ya que él y yo éramos uña y carne, pero él me juró que algún día regresarían, y cumpliendo su palabra, habían vuelto al pueblo para establecerse definitivamente. Cuando le vi, él no era el niño que yo recordaba, si no un chico guapísimo y educado del que me enamoré a la primera, sin más. Su frente despejada, su pelo castaño, sus ojos claros y su sonrisa franca me cautivaron. Fue un flechazo directo, y por su mirada, supe que él también me quería. Retomamos una amistad que no tardó mucho tiempo en pasar a mayores, y ser correspondida fue una bendición para mí.

Tener novio puso punto y final a mis correrías animales y se quedaron en el recuerdo como esas "locuras de juventud" que todo adolescente comete tarde o temprano. César llenó mi vida y solo quería vivir a su lado y amarle. El día que me hizo el amor por primera vez descubrí la gran diferencia entre personas y animales y fue muy especial al ser el hombre que yo amaba la primera persona con quien lo hacía. También fue la confirmación del fin de mi pasión secreta. Mis tiempos con Rambo y los demás habían terminado, o eso creía yo.

Casi cuatro años después de estar juntos, César y yo habíamos caído en la monotonía y la rutina, en todos los sentidos, como otras tantas parejas. La pasión de los primeros días hacía tiempo que había desaparecido, y aunque yo me esforzaba por mantenerla, incluso aquellos escarceos de novios pasaron a ser un recuerdo. Decidida a recuperar la emoción del principio, me jugué el todo por el todo, aún a riesgo de perderle: le contaría mi secreto. Un Sábado de Mayo que estábamos solos viendo la TV en mi casa(Mamá y Papá habían ido de comilona con unos amigos), supe que era el momento. Él estaba sentado con las piernas estiradas en un butacón, y yo sobre su pecho, descansando. Fue cuando ocurrió.

-Tengo un secreto-dije en tono pícaro-.

-¿Ah sí?, ¿y cual es?.

-¿Quieres saberlo?.

-Sí, me gustaría.

-Te lo diré, con dos condiciones. Una, que no te muevas del sofá, y otra, que no digas nada, ¿de acuerdo?.

Sin comprenderlo, aceptó. Me levanté, me fui a mi cuarto y me desnudé, poniéndome solos unas medias de encaje negras y un albornoz. Llamé a Rambo, lo excité un poco para preparar el terreno y lo hice ir hasta el umbral de la puerta, donde César no lo veía. Luego fui con mi chico. Abrí el albornoz y mostré mi cuerpo casi desnudo. César puso cara de confusión.

-¿Ese es tu secreto-preguntó, sin comprender-?, ¿qué llevas lencería fina?.

-Claro que no-me reí-. El secreto viene ahora. No te muevas.

Me puse a cuatro patas apoyándome en sus piernas, silbé para llamar a Rambo, éste apareció y recordando lo que debía hacer, montó sobre mí y me penetró. Aaaaaahh dios mío, casi me muero del goce cuando de nuevo sentí su pija en mis entrañas. Me relamí de gusto y me ensalivé los dedos para acariciarme. Ni yo misma sabía lo mucho que añoraba tener un buen perro entre mis piernas.

César se quedó mudo, viendo como su novia era follada por su propia mascota. En ningún momento me avergoncé, ya que lo estaba gozando tanto que no podía pensar en nada más. Al mirarle, él estaba muy impresionado. No sabía si le gustaba aquello, pero desde luego su cuerpo hablaba por él, ya que un enorme bulto se marcaba en sus pantalones.

-Aaaaaaaahh aaaaaaahh aaaaaaahh aaaaaaahh…¿te gusta?...¿te gusta…mi secreto?....aaaaaaaahh aaaaaahh aaaaahh…vamos Rambo, métela bien, métela toda…

-¿Qué si me gusta-preguntó exaltado-?. Dios mío, es increíble. No pensé que se pudiera hacer, me encanta. No aguanto más-dijo desabrochándose los pantalones-…

-¿Qué…que vas a hacer?. Aaaaahh aaaaaahh aaaaaahh…

-¿No está claro?. Voy a pelármela viendo como te folla tu perro. Vamos Rambo, ¡¡fóllate a tu ama, reviéntala con tu verga!!...

No cabía en mí misma de gozo al escuchar aquellas palabras. César no solo aceptaba mi secreto, si no que además le encantaba. Por mi cara resbalaban lágrimas de placer por volver a sentir una pija canina en mi almejita, y por ver que el amor de mi vida gozaba de mi secreto al igual que yo. Mis tetas se movían en todas direcciones con la furia de Rambo desatada en mis entrañas, mi cuerpo se deleitaba en rememorar placeres perdidos, y César se sacó su tranca de los pantalones empezando a masturbarse, mirando a su novia penetrada por su perro. Fue la situación más intensa de toda mi vida. Con cada bombeo de Rambo yo estallaba en gemidos, en gritos de placer, en exclamaciones de lujuria. Mi chico se la pelaba con total frenesí y me dijo que abriera la boca porqué me iba a tragar todo su semen cuando se corriese. Aquello me excitó aún más. Mi vulva volvía a estar llena de pija de perro y estaba mojando tanto que aquello parecía una piscina. Las acometidas de mi chucho comenzaron a ir más deprisa y supe que estaba a punto de gozarlo.

Con una mano me toqué para acelerar mi excitación y entre fuertes estertores Rambo gozó de su ama y descargó todo su semen en mi interior. Me corrí como una posesa y lancé un fuerte grito proclamando mi regreso a una parte de mí misma que creía perdida para siempre. Incluso el volver a quedar abotonados culo con culo fue una sensación maravillosa. Al salirse de mi vulva, el semen de Rambo se deslizó por los muslos de mis piernas y su calor me hizo sonreír. Miré a César, abrí la boca, y con gusto me tragué todo el semen que salió de su tranca cuando acabó de masturbarse. Me fui a su lado y le abracé presa de la incontenible emoción que supuso aquella experiencia. Nos abrazamos y nos dimos un largo beso, que selló el renacer de nuestra unión, a un nivel mucho más íntimo. En ese abrazo le confesé cual sería mi mayor fantasía, la que hace años no pude realizar, y me dijo "Pues la harás".

En menos de dos días lo habíamos preparado todo, y en cuanto tuvimos la oportunidad, al cabo de una semana, entramos en el establo de un vecino que acababa de irse como ladrones furtivos. Mi corazón palpitaba con fuerza. Y allí, tranquilo y apacible, estaba Rocky, un buen ejemplar pura sangre, de crines blancas y piel color canela. César se alejó un poco y me dejó hacer. Me desnudé, me agaché y empecé a tocarle para que asomara su pija. Aunque algo torpes, mis caricias hicieron su efecto y tuve una fuerte agitación al ver en todo su esplendor la enorme tranca que la naturaleza había dado a Rocky. La lamí un poco, la masajeé y pajeé un poco para que aquello quedara bien firme y al mirar a César, él ya estaba filmando con su videocámara, pues por eso había venido conmigo. Con las dos manos palpé la tranca de aquel equino y viendo su tamaño comencé a mojarme la cuca para poder recibir aquella tranca. Me encontraba muy nerviosa, pero muy excitada. Me incorporé, luego doblé el espinazo quedando con piernas rectas, me apoyé en una columna para aguantar su peso, y esperé el gran momento, que no se hizo de rogar. Se acercó, se subió sobre mí, y me montó.

El grito que lancé debió oírse hasta en la Luna. Ni hacerlo con todos los perros del mundo me hubiera preparado para recibir tan magno aparato, tan majestuosa herramienta de placer animal. Me sentí feliz, completa, realizada, majestuosa, e indecentemente viciosa, salvaje, guarra y sucia. La confusión de sentimientos era tan excitante como sentir mi vulva penetraba por Rocky, que aplicaba todo su empuje para montarme a base de bien. Apoyada en aquella columna me convertí en la obscena yegua de un buen semental, y sentirme tan puta y tan mujer fue incomparable, soberbio. Apreté los dientes para resistir los bombeos y a veces me parecía que su tranca iba a salirme por la boca, la notaba llegar al fondo de mi útero. Mientras Rocky me hacía suya justo a mi lado oí una voz decir "abre los ojos". Al hacerlo, vi a César filmando mi cara de gusto y deleite para la posteridad. La situación eran tan morbosa que me parecía irreal: un caballo me estaba penetrando, mi novio lo estaba viendo, y también lo estaba filmando para verme penetrada una y otra vez. Prácticamente me corría de gusto por todo mi cuerpo.

Mis sensaciones aumentaron, las embestidas fueron tremebundas, y como un torrente, Rocky se corrió echando tanto semen que la mayoría salió en cascada de mis entrañas y cayendo al suelo. Sacó su tranca de mí y exhausta del placer me eché en el suelo para disfrutar el momento. Me llevé la mano a la cara, tragué saliva y comencé a reírme de felicidad, para volver a repetirlo minutos después hasta gozar sin control alguno. Había consumado mi gran fantasía, y había sido excepcional. Esa misma noche, sin que nadie nos viera, César puso la cinta en el video y con gran placer vi la grabación. Me puso cachonda a los pocos segundos: vi el instante en que me penetró, vi mi cara de placer, las embestidas y el derrame de leche, que parecía increíble lo que eyaculaba. Estábamos tan salidos que acabamos haciéndolo mientras veíamos la cinta. Verme follada por Rocky en el video mientras César me follaba fue increíblemente morboso, pero no tanto como lo que ocurrió después: César llamó a Rambo e hicimos nuestro primer trío hombre-mujer-perro: César me destrozó mi culito mientras Rambo llenaba mi vulva. Esa noche me sentí la mujer más feliz sobre la faz de la tierra, con mis dos amantes penetrándome a la vez, y cuando más tarde César y yo nos fuimos a dormir, lo hice con una amplia sonrisa en los labios.

Al día siguiente, reflexionando sobre todo lo ocurrido, me di cuenta de que, a pesar de su reacción, sería bueno contárselo a Mamá, no solo por si acaso alguien me descubría, si no porqué no sería bueno ocultárselo(ya que aparte de eso jamás hubo secretos entre nosotras). Si César lo había aceptado de buen grado, tal vez Mamá(que por cierto, se llama Daniela) también lo hiciera, aunque me llevó un mes decidirme a hacerlo. Esperé un Domingo que Papá se había marchado con los amigos a echar sus partidas de cartas. Respiré hondo, me centré, y cuando estábamos tomando un café, se lo conté todo: mi primer escarceo a los 14 años y mi consecuente cara de felicidad que ella no había entendido, lo que hice después, con cuantos lo hice, y así con todo lo demás. Me eché a temblar, pensé que me iba a pegar, que me abroncaría y que se escandalizaría, pero lejos de todo aquello, se sentó a mi lado, me abrazó y con emocionadas lágrimas de felicidad en los ojos me dijo: "Que alegría, por fin llegó el día largamente añorado". Quedé muda cuando a continuación Mamá me contó que ella también lo hacía, como viendo a Azahara(su madre, mi abuela) se había iniciado, qué había hecho después, y lo que más me sorprendió, que fue saber la larga lista de antecedentes familiares. Mamá y yo nos dimos otro fuerte abrazo y sellamos nuestra complicidad con un buen revolcón por cortesía de Rambo.

Unidas más que nunca como madre e hija, en más de una ocasión hemos ido a disfrutar juntas, cogidas de la mano. Cuando Mamá supo que César me había grabado, ella insistió en grabarnos mutuamente, a solas, cosa que hicimos con una sensación de satisfacción como pocas veces hemos tenido. Primero me grabó ella, viendo mi técnica para que Rambo y Rocky(uno primero y otro después) me disfrutaran y cuando acabé, me dijo desafiante "Deja que una buena profesional te enseñe el oficio". Cogí la cámara y mientras grababa, esbocé una sonrisa de ternura y orgullo viendo el hermoso cuerpo de Mamá recibir el empuje de aquellos animales y usando trucos que yo desconocía. Pasamos una tarde increíble de sexo y depravación, y Mamá me dio permiso para decírselo a César pero no a Papá, ya que él no lo sabía. Esa noche, cuando se lo conté a él, se quedó de piedra, más aún cuando vio la filmación. Le encantó la idea de que su futura suegra fuera tan guarra como su futura esposa, y cuando vio a Mamá en la filmación su tranca casi le reventó los pantalones. Me reí mucho y él se disculpó diciendo que se debía a que Mamá aún estaba de muy buen ver. Le abracé y le susurré "Sí, pero no sabe hacerte gozar como yo", y mientras Mamá era follada por Rocky en el video, yo lo era por César sobre el suelo del salón.

César y yo nos casamos dos meses después de que él supiera toda la historia de Mamá y mía, y hemos seguido haciendo vida normal de puertas afuera estos meses siguientes. Recientemente, debido a unas náuseas, me hice un examen médico, cual no sería mi sorpresa al ver el resultado: estoy embarazada, de una niña, a la que he decidido llamar Celia. Sé que su nacimiento vendrá a colmar nuestra vida de casados de felicidad, que será una niña guapísima a la que todos querrán muchísimo y a la que amaré con todas mis fuerzas, como ella a mí. También sé que algún día seguirá las andanzas de su madre como yo lo hice con la mía, que luego vendrá a contármelo, y aunque aún faltan años para que llegue ese día, ya estoy deseando que eso suceda…


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© Ivan Sanluís

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