*****El plato más afrodisíaco*****
El plato más afrodisíaco no es otro que la otra persona. Esa
persona con la que uno sueña cada hora, cada minuto y cada segundo del día;
aunque realmente cuando se trata de amar no existe tal magnitud. No hay cabida
para el tiempo en esta historia.
Probablemente para dos amantes un desierto sin agua no sería
mayor preocupación, pues uno bebería de la saliva del otro. Ni los polos de la
tierra motivo de frío, pues uno se sustentaría con el calor del otro. ¿Y qué
pasaría si el hambre aflora en su interior? ¿Acaso no es uno el alimento del
otro...?
Cuando los amantes unen sus cuerpos y entregan su vida en un
instante, dejándose poseer por la dicha más sustanciosa, cuando comparten su
néctar en una relación magnífica de equilibrio, en la cuál la demanda se iguala
a la oferta de ese cariño insustituible que emana de ambos, ahí es cuando
aparentemente se desvanece el deseo, llega la calma, la saciedad...pero es sólo
eso, un espejismo. El deseo es infinito, el nunca acabar. Instantes después de
soñar abrazados, recuperando el aliento, es sólo cuestión de mirarse a los ojos
y el deseo nace una y otra vez. Llega a su cumbre para volver a caer. Es un
círculo vicioso, pero un círculo maravilloso.
El plato más afrodisíaco se sirve caliente, se sirve en frío.
Nunca es suficiente, siempre sabe a poco. Se toma con ansia, o se toma con
calma. El espacio al igual que el tiempo deja de existir, tan sólo porque esta
receta no entiende. No entiende el donde y el cuando, sólo el con quién. Y se
echa de menos cuando no se tiene, se echa de menos incluso cuando se tiene
enfrente. Cuando se toca, cuando se huele. Cuando se mira y se escucha. Los
sentidos aman tanto como la propia persona. Su olor...su piel...su encanto. Todo
en lo que uno piensa, lo que abarca en su mente es esa persona. Su plato, su
agua, lo primero, lo último, su...todo. Parece mentira que toda una vida pueda
estar encadenada a alguien. Eslabones inseparables, unidos por el más fuerte de
los metales.
La vida da cada día una vuelta. La vida te regala una
vez...quién sabe si sea la única o la primera de muchas, la posibilidad de
alcanzar un tren. Puede que pasen muchos, que incluso sean infinitamente más
cómodos y apacibles, pero sólo uno de ellos llegará al destino esperado.
Y pasaran otoños... y primaveras, crecerán sueños, caerán
enfrentamientos. Llegarán veranos, llegarán inviernos, y con ellos tiempos de
deseo insaciable o la propia ternura tranquila. Sin embargo el amor y el afecto
de los amantes crecerá en su seno como la rosa más roja. Y tendrá espinas, pero
cada una de las veces que uno perfore su piel con una de ellas, el otro estará
ahí para curar su herida.
Sí en cada una de esas vueltas que da la vida cada día, se
llega a tener al lado la más sutil de las recetas, la mayor de las suertes, el
mejor de los destinos, el más placentero sueño, el más bello de los caminos...
se habrá encontrado el mejor de los momentos para decir "te quiero", tendrá uno
frente a sí mismo, casi sin darse cuenta...el plato más afrodisíaco.