Los relatos que publicamos bajo el título genérico de
NAUFRAGIOS, son fruto de un ejercicio de creación literaria en el que se han
embarcado varios de los habituales autores de TODORELATOS. El ejercicio consiste
en crear un relato que contenga los elementos "compañeros de empresa mal
avenidos", "viaje en barco organizado por la empresa", "naufragio" y "isla
desierta". En esta primera entrega podréis, además de disfrutar de la lectura,
demostrar vuestra capacidad de reconocer a los autores que se esconden detrás de
cada una de las obras. Para hacerlo más fácil, os diremos que en esta aventura
se han embarcado: Carletto, Horny, ElEscribidor, AlienaDelValle, Navegante,
Escorpiona, Kenwood, Lidia, Erotika y Trazada30.
NAUFRAGIOS: ENEMIGOS.
I
Thomas despertó, eran las ocho de la mañana, le costaba abrir
los ojos, estaba obnubilado aún por el sueño y el alcohol que había bebido la
noche anterior, miró a su costado, vio que a su lado estaba tendida una joven,
trató de recordar lo sucedido, se acordó, era la muchacha con la que estuvo
bailando y conversando en la fiesta, y una serie de imágenes pasaron por su
mente, cuando tuvo todo en la memoria comprendió.
La había pasado bien, esa chica era un diablillo en la cama,
¡dios!, como lo había exigido, estaba agotado sexualmente, no le quedaba reserva
alguna, ni siquiera tenia la erección de todas las mañanas, se sentía seco,
vacío, recordó los excesos cometidos, esa niña era una maquina de orgasmar,
insaciable, ¡qué bien hacia el amor!, una anguila.
Se incorporó, tratando de no despertar a su acompañante,
estaba totalmente desnudo, puso los pies en el suelo, buscando las chinelas, por
supuesto no las encontró, vaya a saber dónde estarían, descalzo se puso de pie,
y la cabeza casi le estalló, (vaya resaca, pensó).
Arrastrando los pies, se dirigió al baño, abrió los grifos de
la ducha, mezcló el agua fría con la caliente, hasta hallar la temperatura que
le agradó, se puso debajo de ella, sintió que eso algo lo recomponía, lo
vivificaba.
En la ducha pensó que ese día era crucial para él, la
presentación del proyecto que significaría, de una vez por todas, su elevación
al puesto que quiso por siempre: la gerencia de comercialización. Y esta vez era
factible, tenía al directorio en su bolsillo, sus últimos éxitos lo habían
convertido en el ejecutivo estrella de la empresa.
Nadie dudaba de su promoción, estaba descontada, era un
hecho, incluso la fiestita fue organizada por sus compañeros para celebrar eso,
debía recordar agradecerlo.
Cerró el agua caliente, se quedó un rato aguantando la fría,
para despejarse totalmente, debía estar lúcido para la reunión, que sería a las
diez de la mañana. Mientras se afeitaba pensó en la presentación del proyecto,
cuando se aplicaba la loción, estaba satisfecho del mismo.
Salió del baño, envuelto en la toalla, fue a la cocina para
ver si estaba listo el café, que como todas las mañanas preparaba la máquina
automática, todos los días a la misma hora.
El buen café terminó de ponerlo nuevamente en actividad, ojeó
el diario sentado en la banqueta del desayunero, comiendo unas tostadas con
manteca y mermelada, en eso estaba cuando entró la muchacha aún desnuda, (¿cómo
se llamaba? - pensó), realmente era muy linda, un cuerpo muy armónico, una
carita preciosa y unas tetitas chicas pero sumamente apetitosas.
Optó por llamarla muñeca, como a todas, no podía
acordarse del maldito nombre, en realidad de casi ninguna lo podía hacer, se
confundía con todas las que pasaban por su cama, así que los obviaba, el
"cariño", "amor" o "muñeca", le evitaba tener errores, que respecto de las
mujeres era fundamental, la ofensa era terrible.
¿Un café?, preguntó, recibiendo como respuesta un
asentimiento de cabeza, ella tenía aún los ojos semicerrados del sueño. Thomas
la estudió bien, un cuerpo perfecto, estilizado, no le faltaba nada, un culito
respingón y una entrepierna hermosa, el vello púbico perfectamente recortado,
hacía una especie de hilo después del clítoris, y qué hermoso este último, se
notaba perfectamente entre los labios abiertos de la vagina. (Era que había
tenido un uso intensivo).
Pensó en lo sucedido noche, ¡dios!, esa muchacha era capaz de
aguantar cualquier cosa en su conejito, y se lo había demostrado, era
impresionante, pero sacudió su cabeza para alejar cualquier tentación mañanera,
era imprescindible que se encontrara en las mejores condiciones para afrontar lo
que vendría.
No tuvo inconvenientes, ella también debía ir a su trabajo,
por lo que terminado el café, se vistió rápidamente y se marchó, luego de
promesas de ambos de llamarse a la brevedad.
Eligió su ropa, debía estar totalmente impecable, prestó
atención sobre todo a la combinación de colores de camisa y corbata, los zapatos
impecables y su traje más nuevo.
Estacionó su automóvil en el espacio reservado para los
ejecutivos de nivel medio, es decir no muy cercano ni muy alejado al ingreso al
edificio (los mejores puestos eran para los gerentes, y muy pronto tendría su
lugar), se encaminó a su oficina, pasando por entre los empleados en sus
escritorios de la oficina general, saludando a uno y a otro, ya que conocía a
casi todos, ya que al ingresar a la empresa, ese había sido su primer destino, a
los más amigos, al pasar les chocaba su mano con la palma abierta, todos sabían
lo que iría a ocurrir en la reunión, ya que las noticias se desparramaban como
reguero de pólvora.
En su oficina, estaba esperando ansiosa la secretaria
privada, ¡novedades! - exclamó al entrar Thomas-, designaron a una nueva
ejecutiva con igual categoría a la tuya, va a estar en la reunión, es la sobrina
del Gerente general, y está graduada en Harvard.
Thomas apenas registró lo informado, no le pareció de
importancia, era muy común la designación de nuevos ejecutivos para reemplazar a
los que se retiraban o para cubrir nuevas necesidades de la empresa.
Se sentó en su escritorio y comenzó a reunir la documentación
necesaria para la reunión, informes, estadísticas, y el proyecto en sí que le
había costado semanas elaborarlo, para lo cual se había quedado en mas de una
oportunidad la noche en la oficina o bien restado horas de sueño en su casa,
trabajando con la computadora.
Controló que estaban todas las transparencias y diapositivas,
pidió datos de último momento y consultó por Internet las noticias de bolsa
relacionadas con el proyecto, puso todo en su maletín, se puso el saco, y antes
de salir rumbo a su destino, le dio dos palmadas al trasero de su secretaria.
(Que por otra parte era bien conocido, en muchas oportunidades había tenido
acceso al mismo).
II
Cuando ingresó en la sala de reuniones, aún no habían llegado
todos los directores, y faltaba el Gerente General, se sentó en el lugar
asignado por el correspondiente cartel, notando que a su frente directo, estaba
una hermosa joven, rubia, de cara angelical, y cuyo cuerpo se adivinaba detrás
del severo traje que llevaba, una perfección. Seductor como siempre, le hizo una
inclinación de cabeza y le sonrió, viendo que el saludo no le era devuelto,
salvo una mirada muy fría de ojos verdes claros muy trasparentes.
Fueron llegando los distintos directores, por último el
Gerente General, quien dio comienzo a la reunión con un leve carraspeo, pidiendo
silencio, e invitando a Thomas a que exponga.
Thomas, fue brillante, impecable, todos los datos fueron
volcados con precisión, y mirando la cara de los presentes, presumió que tenia
ganada la partida, estaban convencidos…
Al finalizar, existieron preguntas que contestó con
solvencia, y cuando ya estaba para ir a su lugar y dar paso a la votación, una
hermosa voz de mujer lo detuvo, con una pregunta que pareció algo trivial, pero
la contestó, fue cuando sucedió el desastre.
Esa pregunta dio paso a otra, y luego a otra, cada vez más
complicadas, que ponían en duda la rentabilidad del proyecto, hasta que después
de la última, la hermosura de ojos verdes claros, expuso las razones por las
cuales el mismo no era rentable.
Thomas se puso nervioso al ver como el Gerente General,
prestaba atención y formulaba preguntas a la joven, que las respondía con
soltura, apelando a datos que él desconocía, con una elocuencia que pasmaba.
Trató de responder a ese ataque imprevisto, apelando a todo
su conocimiento, aplicando toda la seducción posible, pero vio como la victoria
se tornaba en una casi derrota, porque el directorio no quedó convencido, y
decidió aplazar la votación hasta tener más claro el panorama.
Al volver a su oficina, estaba desolado, debía trabajar mucho
más para convencer a los cabezas de la empresa, y allí se encontró con otro
desastre, la mayoría de los proyectos en que estaba trabajando habían sido
reasignados, a ojos verdes claros, quién supervisaría la viabilidad de los
mismos.
Y ese día también le comunicaron que estaban suspendidos sus
derechos de la categoría, hasta nuevo aviso, pensó en renunciar, irse, pero
reflexionó, demasiadas deudas para quedarse sin empleo, podía recuperarlo,
luchar, sabía que tenía razón, pero las cosas siguieron de mal en peor, cada día
una mala noticia, un castigo tras otro, su carrera en la empresa caía en picada.
Nunca en su vida había odiado tanto a una persona, esa mujer
estaba destrozando su futuro, su vida, ¡y nada menos que una mujer!, ese sexo
que él utilizaba y descartaba a diario.
III
Hanna, era la hija menor de la hermana del Gerente General,
había sido él mismo el que insistió que estudiara economía y administración de
empresa en Harvard, era la sobrina preferida, y como no tenia hijos propios, la
había prácticamente designado para su continuación en la dirección de la
Empresa.
La madre era viuda, adoraba a su hermano, éste había ya
marcado el destino de Hanna prácticamente desde su nacimiento, le había pagado
los mejores colegios, incluso en Suiza, pero el precio que debió pagar fue
mucho, no vivió su infancia, no tuvo adolescencia, el control y la presión del
tío, se volvió fría e insensible, una verdadera copia en femenino de su mentor,
pero en su subconsciente lo odiaba por haberla despojado. Él mismo pasó a ser
imagen de todos los hombres, por consiguiente a todos despreciaba, necesitaba
resarcirse, satisfacer su venganza.
Sexualmente, tuvo sus experiencias, supo lo que es, pero en
ninguna supo lo que es el amor, era ardiente, toda su pasión terminaba a la
mañana siguiente, su virginidad la había llevado uno de sus compañeros de
secundaria, sin pena ni gloria, simplemente fue así, ningún recuerdo de eso la
acompañaba, todo transitorio, todo intrascendente, lo importante era su meta y
la eficiencia, demostrar que era mejor e insuperable. Así había sido educada,
así era su odio.
Cuando terminó sus estudios, el puesto la estaba esperando,
sus victimas también, encumbrarse fue su cometido primero, no importaba quien
caiga.
Ni bien asumió, realizó un estudio de los principales
ejecutivos, y eligió al más exitoso, para seguirlo y controlarlo, Thomas era la
víctima, no por él, sino por su eficiencia, porque era la estrella ascendente, y
debía encaramarse sobre él hasta lograr su cometido, demostrar que era mejor que
cualquier hombre, pero destruirlo, hacerlo pedazos era su placer, y su objetivo
principal.
Tomó sus principales proyectos, los estudió hasta el
cansancio, buscó sus puntos débiles comenzando el ataque, despiadado,
sorpresivo, demoledor, siguió haciéndolo utilizando su influencia familiar, sin
ningún cargo de conciencia, fría y premeditadamente.
IV
La Empresa había alcanzado un nivel altísimo, y el sistema
era el americano, despiadado pero eficiente, promover la competencia entre sus
integrantes a niveles increíbles, a muerte, la única meta posible era la
magnificación de la ganancia, y las herramientas muchas, entre ellas el lavado
de la mente de sus integrantes.
Como en muchas empresas americanas y europeas, ese lavado se
hacía en concentraciones de sus dirigentes y familias en convenciones de una y
dos semanas en lugares alejados, ese año era un crucero por el Caribe, alquilado
en su totalidad, para lograr soledad y exclusión de terceros ajenos.
La nave era de súper lujo, fue arrendada en exclusividad por
la Empresa, en temporada de baja operación para la misma, quedando en la sede
principal, solo un equipo de conducción reducido, pero con comunicación
permanente con la cúpula que iría en el viaje.
La mayoría de los ejecutivos, salvo los imprescindibles y ya
muy confiables, estaban destinados a ir, sin posibilidad de excusa o negativa,
Thomas era uno de ellos.
El gran barco, libre de sus amarras se alejó del muelle,
Thomas estaba en el camarote que le habían asignado, correspondiente a su
categoría, era una especie de departamento, de dos habitaciones y baño, muy
lujosamente decorado. Terminó de desempacar y acomodar la ropa para que no se
arrugase (era bastante meticuloso), subió a la cubierta, justo para ver alejar
la costa, viendo el panorama que le brindaba la ciudad desde un lugar no
pensado.
Se encontró con varios de sus colegas, muchos acompañados con
sus esposas, quedándose a conversar con ellos justo lo que indicaba la cortesía,
repentinamente la vio, en la parte comercial del barco, que estaba llena de
negocios que ahora podían abrir, dado el alejamiento de la costa.
Hanna estaba con su tío y su esposa, consultando por una
video cámara, ella no lo vio, pero a Thomas le hirvió la sangre, la odiaba, pero
sin embargo debió reconocer que era muy bonita, su vestimenta lo resaltaba, un
corto vestido, con escote generoso que dejaba ver el canal que dividía sus
hermosos senos, - lástima pensó, linda mujer para llevar a la cama, pero tan
malvada.
La volvió a ver durante el primer almuerzo servido en el
buque, en la mesa con sus tíos, departiendo con ellos, y otros directores de
alto rango de la empresa, trató de no mirarla, cada vez que lo hacía, la furia
lo invadía.
Pasó la tarde, de reunión en reunión, en la que exponían
diversos especialistas, en psicología, en comercialización, en relaciones
humanas, la concurrencia era obligatoria, no podía dejar de ir, y eran las
primeras de una larga lista preparada.
A la noche, cena de etiqueta y baile en el comedor principal,
para todos los ejecutivos y directores, y por fin pudo relajarse, y se dedicó a
conquistar a una de las contadoras, que ya le había llamado la atención en la
empresa, y lo logró,
Margarett, era una belleza, sumamente ardiente, su cuerpo
cumplía con los requisitos exquisitos de Thomas, y fue fácil, ella lo esperaba y
él también, terminaron n el camarote de ella, idéntico al suyo, encuentro que
trajo toda una sorpresa imprevista.
Cuando llegaron al camarote, luego de una intensa sesión de
calentamiento en la cubierta de botes, al amparo de cualquier mirada indiscreta,
en la que Margarett había terminado casi desnuda, pero que no continuó por temor
a ser descubiertos, lo resolvieron de esa manera, ambos estaban muy excitados y
así debía ser.
Comenzaron en el punto que habían dejado, pronto Margarett
estaba totalmente desnuda, Thomas deliberadamente lo había hecho así, sin
sacarse una sola prenda él. La situación era sumamente excitante, ella desnuda y
él con su smoking impecable, ella totalmente humedecida, entregada. Él
manteniendo su equilibrio, excitado sí, pero haciendo las cosas con lentitud,
morosamente, apreciando cada detalle, haciendo todo para llevarla a las cumbres,
ella orgasmó varias veces antes que él se decidiera a desvestirse.
Allí comenzó la verdadera batalla, Margarett no recordaba
nunca haber tenido tanto placer, tantas atenciones, ni que le hayan hecho tantas
cosas, por un hombre que no parecía apurado, que ponía toda la atención en ella,
despreocupándose de su propio placer, se sentía como una maquina de orgasmar,
uno detrás del otro, sin detenciones ni esperas, todo su cuerpo era pura
sensación, no existía lugar que no fuera tocado, mordido, succionado, no tenía
parte íntima, todo absolutamente todo fue invadido y convertido en placer sin
límite.
Ya en la cama, comprendió que todo lo anterior, en realidad
no era nada en comparación, fue penetrada y acariciada, por un tiempo que le
pareció una eternidad, orgasmo tras orgasmo, hasta el último, agónico pero
terrible, que terminó por desbastarla, en conjunto con él, que llenó de simiente
su vagina, tan dilatada y sensible, un terremoto que la desmayó, y quedaron
abrazados uno con otro, el resto de una corta noche, en que el barco que los
contenía, corría presuroso hacia la tragedia.
V
El lujoso crucero, estaba cerca de la línea del ecuador, en
la timonera, los oficiales y marineros de guardia, cuidaban todos los detalles
de la navegación, máquinas, ese lugar parecía un laboratorio, todo los avances
de la ciencia estaban allí, radar, GPS (navegación satelital), compás
giroscópico (que no tiene declinación magnética), computadoras que recababan
toda la información y en realidad dirigían el barco, era la seguridad total.
Pero lógico para toda creación humana, siempre existe lo
desconocido, lo ignorado, lo imprevisto, no obstante toda seguridad es
insuficiente, porque nadie podía prever el estallido de un volcán submarino, a
pocas millas del punto de navegación, ni que éste como consecuencia formara una
ola circular monstruosa, que afortunadamente no causó consecuencias en ningún
continente por estar alejado de tierra.
Pero para que el lujoso crucero, que en forma premeditada
estaba navegando fuera de toda ruta comercial común, sí. Los efectos fueron
terribles y significaron la perdida de muchas vidas, casi todas las del barco…
El primero que notó algo raro, fue el marinero que estaba en
la guardia del radar, atinó a dar la voz de alarma, pero la gigantesca ola,
viajaba a una velocidad increíble, e indetenible.
Sonaron las alarmas en todo el barco, Thomas fue despertado
por el aullido de las mismas, atinó a ponerse los pantalones, y a salir junto
con Margarett al pasillo con los salvavidas en la mano, para ver lo que se
trataba, los mismos estaban atestados de los pasajeros alarmados, corriendo
todos a la cubierta de botes con los salvavidas puestos, según las instrucciones
que había en la puerta de cada camarote. Era un pandemonio, gritos asustados,
marineros que trataban de poner orden, gente que caía y era pisoteada por la
multitud en pánico.
Cuando Thomas vio lo que estaba pasando, al pasar por la
puerta del camarote que le pertenecía, que estaba a poca distancia del de
Margarett, lo abrió con dificultad, gracias a la tarjeta que tenia en el
bolsillo de su pantalón, y pudo penetrar arrastrando a ella detrás de él, con
experiencia ganada por el hecho de ser navegante deportivo, rápidamente sacó de
su equipaje lo necesario para la emergencia, en una mochila, puso ropa deportiva
y algo de abrigo y zapatillas, le dio algo para vestir cómodo a Margarett, una
remera y abrigo (le quedarían grande, pero la protegería), sobre todo su
cortaplumas suizo y varios encendedores de gas descartables que le habían dado
por una promoción de cigarrillos en el barco, y volcó en la mochila todas los
alimentos , chocolates y golosinas que había en el frigobar, como así todas las
pequeñas botellas de bebidas alcohólicas, y en instantes volvieron a salir al
pasillo, que ya estaba más despejado.
De la mano, sin separarse de Margarett, que estaba
terriblemente asustada, lograron llegar a la cubierta de botes, fue allí cuando
sucedió...
El oficial de guardia, había llamado al capitán, pero éste no
hizo a tiempo a llegar, ordenó dieran el MAIDAY por radio indicando la posición,
resolvió presentar la proa del barco a la gran ola pidiendo máquina a pleno, y
cuando ésta llegó, la embarcación comenzó a remontarla, si lograba pasar la
cima, estaban salvados, casi lo logra...
Cuando el barco comenzó su subida, las personas que estaban
en la cubierta de botes, fueron violentamente tiradas para la popa, muchos
cayeron por la borda, otros golpeados se desmayaron o murieron del golpe contra
alguna superficie metálica, algunos pudieron asirse de algo y aguantar en ese
lugar, otros simplemente resbalaron por la cubierta hasta llegar a un lugar que
fue tope a la caída.
Thomas fue violentamente separado de Margarett, ya no la
volvió a ver y, por pura suerte, cayó junto a un contenedor de una balsa
neumática salvavidas, se abrazó al mismo, buscando con su mano el mecanismo de
expulsión de la misma.
Cuando el gran barco, se desvió de su trepada, simplemente
cayo sobre un costado y volcó, Thomas al ver primero que el mundo se daba vuelta
y luego el agua que invadía todo, accionó la apertura del contenedor, que hizo
que se inflara automáticamente la balsa, luego todo fue líquido, y caída a la
profundidad, hasta que la embarcación ya inflada lo impulsó para la superficie.
Ya en la misma, con desesperación, trató de subir, pero no le dieron las
fuerzas, solo pudo ingresar su torso, y se desmayó.
No recordó más nada, ya había salido el sol cuando despertó,
tenía medio cuerpo arriba de la balsa, y otro tanto afuera, terminó de subirse
haciendo un esfuerzo sobrehumano, cayó en su interior, quedó así un tiempo hasta
que se recuperó, notó que a su espalda estaba aún la mochila.
Se incorporó, no vio a nada ni a nadie, solo algún resto
flotando, una reposera de cubierta, un cajón, otros objetos que no supo bien qué
era, pero ninguna persona a la vista, ningún bote, ningún barco acercándose al
auxilio.
Creyó divisar un objeto anaranjado, que era el color de los
salvavidas, con los cortos remos que estaba provista la balsa, remó hasta ese
lugar, un cuerpo estaba flotando, con la cabeza para arriba.
Se acercó lo suficiente, logró sacar a esa persona del agua,
tuvo que hacer un esfuerzo increíble para subirla, pero lo hizo, cuando la
extendió sobre el piso de la balsa, se dio cuenta que era Hanna, y respiraba.
VI
Era ya mediodía, el Sol caía perpendicular, el calor
aumentaba, Thomas había montado el palo y la botavara para poner la vela con que
contaba la balsa, pero aún no se decidía a poner la misma, quería quedarse lo
más cerca posible del lugar de hundimiento, porque presumía que se había radiado
el pedido de socorro, pronto aparecería algún barco para el rescate.
Así que primero instaló la toldilla que cubría media
embarcación, para protegerse de los rayos solares, que en el Ecuador eran muy
potentes y dañinos, para evadir un poco el calor, evitar la deshidratación, que
por sudor se producía en forma muy rápida.
Hizo un inventario de las cosas de la balsa, en la que en un
compartimiento cerrado y protegido, había agua para tres o cuatro días,
alimentos, un botiquín de primeros auxilios, una pistola de señales, y tanza y
anzuelos para la pesca, todo lo cual unido a lo que tenía en la mochila,
aseguraba una supervivencia por bastante tiempo para los dos únicos tripulantes.
Cuando Hanna despertó, era ya la tarde, abrió los ojos,
mirando para todos lados desorientada, no sabía dónde estaba, solo vio el mar y
a Thomas que la miraba muy serio.
Se trató de reincorporar, pero no tenia fuerza, Thomas le
alcanzó un vaso con agua, y una tableta de chocolate, para que recupere algo de
energía, en silencio tomó lo ofrecido.
Cuando pudo hablar, trató de que Thomas le explicase lo
sucedido, pidiéndolo en forma imperativa como estaba acostumbrada, recibiendo
solo una mirada de desprecio, y silencio…
Quedó anonadada, no entendía lo que había sucedido, al
principio no volvió a preguntar, sola se dio cuenta de la situación. Era
espantoso, sola con un enemigo, que ella misma se había conseguido en forma
despiadada, sin justificación.
Al tiempo volvió a tratar, esta vez cortésmente, pero recibió
igual respuesta, el silencio.
Thomas trató de organizarse, tiró líneas con señuelos para
tratar de pescar, sabía que de esa manera podía conseguir más alimento, sobre
todo agua, porque el pez la tenía sin sal, y lo logró, compartiéndolo con Hanna,
todo sin dirigirle media palabra.
Pasó el día, la noche y luego otro día, no se veía nada en el
horizonte, Thomas calculó aproximadamente la posición por las horas de
navegación del barco, el rumbo que presumía, acordándose mentalmente de las
cartas náuticas que había manejado, estaban en medio de la nada, por fin al
segundo día puso la vela, guiándose por el pequeño compás de su cortaplumas
suizo, puso rumbo sur, donde presumía estaban las primeras islas del Caribe.
La situación en la balsa era cortante, Thomas ni siquiera
miraba a Hanna, simplemente la ignoraba, ésta cayó en un estado depresivo, ni
siquiera quería hablar, bebía y comía lo que Thomas le dejaba a mano, éste lo
hacia por obligación no por gusto, porque no era un asesino capaz de dejar morir
aún a su peor enemigo.
La balsa navegó durante una semana, sin tener nada a la
vista, el agua se estaba acabando, no así los alimentos que Thomas racionaba,
ayudado por la pesca diaria, incluso al octavo día atrapó una tortuga de mar,
para lo cual debió zambullirse, trayendo la presa a bordo, que pudo subir con
gran esfuerzo, pero sin pedirle ayuda a Hanna, que solo miraba desde su rincón.
En el décimo día una gran lluvia hizo recuperar las reservas
de agua, e incluso aumentarlas utilizando botellas y latas vacías de los
alimentos que se habían consumido, pero ellos cada vez estaban más agotados de
debilidad causada por el calor del día, sólo a la noche se sentían algo mejor,
no podían siquiera refrescarse en el mar, porque eran seguidos por aletas que ya
habían divisado al noveno día.
Al décimo octavo día, divisaron en el horizonte una
embarcación, Thomas tiró una de las bengalas, pero no hubo resultado, el barco
desapareció.
En el vigésimo día ya no tenían esperanzas, esperaban la
muerte en cualquier momento, y fue cuando Thomas descubrió la isla.
VII
Fue muy difícil pasar el arrecife de coral, que casi fue el
final de todo, pero cuando estaba todo perdido y la balsa presta a destrozarse
con ellos adentro, una gran ola los elevó, y en suave barrena llegaron a las
arenas blancas de la playa.
Thomas arrastró la balsa lo más que pudo lejos del agua,
ayudado por Hanna, sacando fuerzas que no tenían, quedaron acostados por fin en
tierra firme.
La situación entre ellos no había cambiado, en veinte días no
se habían cruzado palabra alguna, ni siquiera se cruzaron miradas, el llegar a
ese lugar no había variado la misma.
Esa noche durmieron en la playa, a la mañana siguiente,
Thomas fue a explorar la isla. Subiendo el cerro que comenzaba a unos metros, ya
en la cima, vio que se trataba de una isla pequeña deshabitada, pero a lo lejos
en el horizonte, se divisaba una que parecía más grande, pero descartó llegar a
ella, no se podía pasa el arrecife, se destrozarían antes.
Las laderas y la cima estaba cubierta de árboles, del lado
opuesto al que llegaron no había playa, la isla terminaba en altos acantilados
de piedra, por lo que Thomas decidió permanecer en el lugar. Al bajar por otro
lugar distinto al de la subida, poco antes de llegar a donde estaba la balsa,
encontró una cabaña de madera, escondida debajo de gruesos árboles, que le daban
sombra y protección, seguro en algún momento utilizada por pescadores o
contrabandistas, en ella había herramientas, como palas y hachas, oxidadas pero
que se podían usar, y lo más importante, agua, de una vertiente que venía de
arriba, de la cima.
Thomas se encaminó a la balsa donde esperaba Hanna, y sin
decir palabra alguna, cargó en su mochila lo que había adentro, y volvió a
dirigirse a la cabaña, siendo seguido por Hanna.
Al llegar a la cabaña, Hanna trató de ingresar, siendo
impedido por el brazo de Thomas, el cual por primera vez en los veinte días le
habló, y le dijo que ese lugar era de él, porque lo había encontrado, que ella
no estaba invitada, y que a partir de ese momento, si quería comer debía
ganárselo, si quería techo tenia que trabajar para obtenerlo, que de ninguna
manera él era responsable de ella, y mejor aún sería que desapareciera.
Hanna tuvo una reacción violenta, y trató de agredirlo, pero
recibió un golpe en pleno rostro con la palma abierta de Thomas, que la hizo
caer para atrás, trató nuevamente, y obtuvo otro que la dejó tendida en el
suelo. Quedó mirando sentada bajo un árbol, la actividad de Thomas
reconstruyendo las partes deterioradas de la cabaña, utilizando madera y chapa
que abundaba en su interior, luego vio como él se dirigía a la playa llevando
los elementos de pesca, y cómo tiraba las líneas al mar desde una roca.
Thomas pudo pescar, dos peces suficientemente grandes,
prendió un fuego, puso a los mismos atravesados en un alambre a altura
suficiente para asar.
Luego vio como Thomas se los comió, sin hacer ademán de darle
u ofrecerle, esa noche durmió debajo del árbol, mientras que él lo hacia en la
cabaña, en un jergón que había en la misma.
A la mañana siguiente Hanna se despertó por los ruidos que
hacía Thomas al martillar madera, para reparar algunas partes de la cabaña, a
media mañana vio como él se dirigía al mar con una especie de lanza que había
fabricado con una vara y la hoja de un cuchillo, cómo entraba y se sumergía,
saliendo luego con cara de triunfo, con una gran langosta que había atrapado.
Luego Thomas se dirigió hasta el fogón que había preparado,
prendiendo fuego con paja y madera, que pronto ardió, poniendo a asar la gran
langosta, un olor delicioso llegó a las narices de Hanna, que estaba hambrienta.
Por orgullo se quedó sentada en el lugar, no sabia bien que
hacer, hasta que por fin se decidió , y encarando a Thomas, le dijo que quería
comer, que tenia hambre, él ni siquiera la miró, tampoco le contestó, siguiendo
controlando la apetitosa comida que estaba preparando.
Hanna se quedó parada, y por fin le dijo qué era lo que
pretendía de ella, que no se olvidara quién era, que al volver, podía muy bien
dejarlo sin trabajo, despedirlo o humillarlo aún mas.
Thomas, solo sacó del alambre porciones de la langosta, y
comenzó a comerlas, sin mirarla, fue entonces que ella comenzó a llorar y a
pedir por favor que le diera comida.
Él se mantuvo imperturbable. Cuando ella se dio media vuelta
y se marchó en medio de un llanto incontrolado, sacó una porción más de comida y
siguió comiendo.
A la mañana siguiente, Hanna se hizo de una vara y
desbastando la punta, y luego quemándola en los restos de brazas del fogón, se
fabricó una especie de lanza (lo había visto en una película, no se acordaba el
nombre), con eso parada arriba de las piedras trató de lancear a los peces que
se veían nadando entre las piedras, pero no lo logró, eran demasiado rápidos.
Estaba hambrienta, era el segundo día sin comer, cayó en la
desesperación, vagó entonces por el bosque tratando de conseguir algún alimento,
sin resultado, creyó reconocer alguna planta comestible, pero al tratar de
masticarlas, su gusto amargo la hizo escupirla.
Retornó a la cabaña, cambiaría de política trataría de
convencer por las buenas a Thomas, pero no lo encontró, no estaba allí. Se sentó
debajo del árbol para esperarlo, y se quedó dormida.
Thomas excursionó por el otro lado de la isla, como había
presumido, encontró cabras en la parte de las piedras, volviendo con una presa
obtenida, gracias a una especie de arpón que se había fabricado con una tabla y
un pedazo de shocor de goma que había obtenido de un lugar no esencial de la
balsa, que servia de agarre a los remos.
Hanna despertó por el olor delicioso de la carne que se
estaba asando, y volvió a encarar a Thomas, pidiéndole humildemente que le diera
de comer, prometiendo que haría lo que él quisiera, que trabajaría, que seria su
esclava si era eso lo que pretendía, pero por favor que le de comer.
Thomas, solo la miró, y le dijo "desvestite y baila para mí",
Hanna lo miró asombrada, y su orgullo volvió a aflorar, insultándolo. Thomas
volvió a bajar la cabeza y siguió comiendo, sin decir palabra.
Ella se dio media vuelta y comenzó a alejarse, pero no dio
más de tres pasos y volvió al lado del fogón, y le dijo que estaba bien, que lo
haría, y comenzó a sacarse la camisa y luego el pantalón, quedando solo en
tanga. Thomas con un movimiento de cabeza le indicó que también se la saque.
Ella lo hizo...
Completamente desnuda, comenzó a moverse, de un modo torpe,
en un remedo de danza, Thomas, movió la cabeza negativamente, y con las manos le
indicó que se moviera.
Ella trató de hacer más sensual la danza, se esmeró, y él
asintió con la cabeza, y con las manos la incitó a continuar, y ella al fin lo
logró, Thomas cortó un pedazo de carne, se lo arrojó, y ella lo devoró casi como
un animal.
Quedó parada desnuda frente a Thomas, que recogiendo los
sobrantes de la carne en el fogón, se levantó y fue para la cabaña, cerrando la
puerta al entrar.
A la mañana siguiente, ella lo esperaba en la puerta, para
preguntarle qué quería que hiciera, él le indicó que limpiara a fondo la cabaña,
y que lavara la ropa de él en las piedras, junto al mar.
Thomas se dedicó a cortar leña y a preparar una gran fogata
sobre un montículo en la playa, para hacer señales en caso de que pasara un
barco, mientras que ella se esmeraba en la limpieza de la cabaña y en lavarle la
ropa sucia.
Al mediodía, comieron parte de la carne que había sobrado de
la noche anterior, primero lo hizo Thomas ante la mirada de ella, cuando terminó
recién le dio para que ella comiese.
A la tarde, acompañó a Thomas a la orilla para sostenerle las
presas que cobraba, cada vez que salía del mar, luego de sumergirse y arponear a
peces, todo con movimientos de cabeza, sin dirigirle la palabra, pero le causo
risa a él, la cara de asco de ella cuando le dio para que tenga un pulpo que
había obtenido, fue la primera vez que lo vio sonreír.
Esa noche Thomas, no cerró la puerta de la cabaña al irse a
dormir, le permitió hacerlo adentro, en el piso sobre la velas de la balsa.
Y fueron pasando los días, todos, absolutamente todos eran un
desafío, no se hablaban, solo lo imprescindible para darle instrucciones, pero
ella comenzó a disfrutar eso, aprendió a admirar a Thomas, cada cosa que hacía
era una sorpresa, un hombre múltiple, tenía solución para todo.
Una noche, ya no se acostó en el piso, le pidió permiso para
hacerlo a su lado, lo hizo desnuda, lo abrazó, y por primera vez en su vida
realizó todos los esfuerzos para seducir a un hombre.
Lo besó en todo su cuerpo, él no se movía, solo se dejaba
hacer, cada milímetro de piel de él fue besado, desde la boca, pasando por la
garganta, el pecho, el estomago, y por fin el pene, que fue objeto de adoración
por parte de Hanna, con suavidad, lentamente, fue besando y pasando por cada
milímetro su lengua, por los testículos, volvía al glande, y empezaba nuevamente
el recorrido del placer, mientras sus pechos acariciaban el vientre, rozando sus
pezones que estaban erectos y duros, su entrepierna rezumaba fluidos.
Luego ella se montó sobre Thomas, guiando el pene erecto y
ardiente, lo introdujo en su vagina, e inclinándose pasaba los pezones sobre la
cara y boca de Thomas, que no se movía, solo se dejaba hacer.
Ella, en el colmo de paroxismo, comenzó su pre-orgasmo, que
desembocó en el clímax total y absoluto, todo su cuerpo temblaba, mientras las
sensaciones de calor en su interior y ráfagas de placer, hacían convulsionar su
cuerpo, en contracciones de su vagina ocupada, y que viajaban por todo el
cuerpo, en una descarga sublime de pasión llevada al último límite.
Y mientras todo su cuerpo era contracción, fue dada vuelta
por Thomas y puesta en la posición del misionero, comenzada a bombear con furia,
una eternidad, ella salía de un orgasmo para volver a comenzar otro, en una
interminable sucesión, mientras sus tetas eran mordidas y succionadas, con una
pasión que nunca antes ella había sentido ni presentido.
Hasta que por fin llegaron juntos en un clímax terrible y
demoledor, que agotaron las fuerzas de los dos, quedando sin poder moverse en la
posición que estaban, ella notando como el pene, poco a poco se reducía en su
vagina, repleta de simiente que le había regalado su peor enemigo.
Fueron días de gloria los siguientes, hacían el amor en
cualquier momento y lugar, en la cabaña, en la playa, en el mar, en la cima del
cerro, a la mañana, a la tarde, a la noche, durante horas y horas, y no se
cansaban, el mundo era de ellos.
Ella no interrumpía de hablarle y preguntarle, él respondía y
preguntaba, durante todo el día, y muchas veces durante toda la noche, no se
cansaban de estar juntos, necesitaban estar juntos permanentemente.
Ya no miraban al horizonte buscando un barco, solo a los ojos
verde claros de ella y a los marrones oscuros de él, se amaban con
desesperación, esa isla se había convertido en amor y sexo.
Cuando por fin llegó la lancha a la playa, enviada por el
destructor de la marina que estaba buscando sobrevivientes de la tragedia, ellos
simplemente no quisieron embarcar, se quedarían en esa isla donde ambos habían
descubierto que la vida es más simple y linda que lo presumido y dado por
cierto, habían encontrado el amor, todo lo anterior había sido vano y superfluo,
se habían encontrado por fin y para siempre, los dos enemigos.