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Fecha: 08-Sep-04 « Anterior | Siguiente » en Transexuales

Mi primera experiencia con un transexual.

Juan Cipote
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Tiempo estimado de lectura: [ 23 min. ]
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Luego de estar con su novia, un joven busca una chica para satisfacer sus instintos en una noche lluviosa. Encuentra a una prostituta muy sexy, pero no es lo que parece, entre las piernas esconde una sorpresa. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Mi primera experiencia con un transexual.

Luego de estar con su novia, un joven busca una chica para satisfacer sus instintos en una noche lluviosa. Encuentra a una prostituta muy atractiva, pero no es lo que parece, entre las piernas esconde una sorpresa.

No creo que mi primera experiencia con un transexual haya sido muy diferente a la de otros, sin embrago estoy seguro de lo que experimenté, valga la redundancia, y aun la recuerdo, al punto tal que en estos mismos instantes tengo una hermosa erección al evocar aquel momento tan especial. Así, que haciéndole honor a aquella sensual "señorita", hoy he decidido compartirla con ustedes. Espero que sea de su agrado, de otra forma, disculpen si les hice perder el tiempo.

Yo tenía en aquel entonces 21 años, era muy inocente respecto a la amplitud que conlleva el término "sexo", hasta ese momento me había tirado algunas tías y me creía un hombre muy experimentado; ignoraba el enorme universo de la sexualidad.

Gracias a mi padre, había conseguido un empleo bastante bueno, era vendedor en una mueblería, tenía un salario más comisiones. Siempre lograba vender algo por lo que siempre disponía de dinero suficiente para mí, dado que vivía en casa de mis padres, y usaba el auto de un tío divorciado que la diabetes le traía muy mal.

Les diré que soy alto, pelo castaño claro y ojos marrones, mi cuerpo es atlético, estoy bastante bien dotado, y tenía, aun tengo, éxito con las chicas, a las que le resulto atractivo.

En aquella época tenía una novia, muy linda por cierto, era una ternura, que, a sus 18 años, estaba muy controlada por sus padres. Esto implicaba que aun era virgen, y no se me presentaba la oportunidad de follarla como correspondía, creo que estaba demasiado enamorado y la respetaba mucho. Le manoseaba todo, tetas, culo, piernas, pero casi siempre por encima de la ropa, alguna vez por debajo del suéter. Luego de visitarla en su casa, salía con la verga doliéndome de calentura, por lo que me dedicaba a recorrer la ciudad en busca de donde liberar la sobrecarga. A veces buscaba alguna chica en algún pub, otras veces tenía alguna cita concertada de antemano, y otras veces directamente buscaba prostitutas en las zonas rojas.

Eran tales mis calenturas, que algunas veces recorría más de dos horas la ciudad hasta encontrar alguna linda prostituta que me garantizara una completa noche de placer.

Recuerdo que los días más complicados eran los de lluvia, el agua corría a todo el mundo de la calle, solo quedaban aquellas prostitutas que realmente necesitaban el trabajo, o las que no les gustaba concurrir a clubes. Lo positivo es que ante la escasez de clientes, por lo general se obtenían buenos precios si uno regateaba bien.. Precisamente mi historia se ubica en una de esas noches invernales, donde la lluvia persiste en su afán de liberar la ciudad de transeúntes.

Llevaba recorriendo en el auto unas dos horas y media, de una zona roja a otra, es decir de una punta de la ciudad a otra, sin éxito. Había algunas tías, pero ninguna colmaba mis expectativas, incluso una era excesivamente cara. Ya casi al borde de desistir en mi empresa, cuando por enésima vez remontaba una popular avenida, creí ver una sombra en un porche de una casa que estaba a oscuras. La densa capa de agua que se precipitaba desde el cielo no me permitía distinguir con claridad que era lo que estaba allí. Detuve el auto e hice sonar el claxon, tras unos instantes de vacilación, la sombra corrió hacia mí, cubriéndose la cabeza con algo, para protegerse de la lluvia. Cuando llegó a la puerta del auto, instintivamente abrí para que subiera. Con la luz, pude apreciar que era una morocha delgada de pelo corto, mi atención se concentró en unas muy atractivas piernas, que su mini mostraba generosamente.

Se sentó a mi lado cerrando la puerta, con rápidos movimientos trataba de quitarse parte del agua que había quedado en su ropa.

Hola! - Dijo.

Hola. - Contesté.

Que tiempo de porquería, estoy hecha un asco. Hace más de una hora que estoy aquí y no pasa ni un perro. - Se quejó, con una voz ronca.

Yo pasé como tres veces, pero tú estabas casi escondida.- Dije tratando de entablar una conversación que me llevara a mi objetivo. Sin dudas era una prostituta, y no estaba nada mal.

Es que pasó la policía, y no tengo ganas de pasarme una noche en... Tú sabes.

Te comprendo. - Le dije, mientras con mi mano acariciaba una de sus piernas. Su piel era muy suave y firme, lo que me entusiasmó. Tenía un aire juvenil, pero era mayor que yo. Llevaba una campera de cuero que ocultaba el resto, pero sus piernas y su cara habían pasado el examen.

Estás calentito. Te gustan mis piernas? - Dijo mientras sonreía sensualmente.

Mucho, son suaves, largas y firmes, como a mi me gustan. Contesté mientras ella abría un poco la campera, e inclinándose hacia delante, la dejaba resbalar sobre sus hombros, permitiéndome apreciar unos hombros desnudos, y su escotado vestido exhibía unos senos redondeados y generosos, que contrastaban con su delgada figura.

Todas las respuestas estaban allí, ese era mi programa para la noche, solo debía ajustar el precio. Decidí aprovechar la ocasión y llevarme una muestra gratis. Por el escote introduje mi mano, para descubrir que no llevaba sostén, y que la caprichosa naturaleza le había dotado de dos hermosas y suaves tetas. Mi polla aprobó mi elección poniéndose tiesa al instante. Su mano se deslizó entre mis piernas y tomó contacto con ella.

Huy! ¿Qué tenemos aquí? Como estás amor!!! ¿A quién deseas matar con ese garrote? - Dijo mientras me sobaba la polla sobre el pantalón.

A ti, no hay duda. - Respondí, mientras le besaba el cuello y manoseaba aquellos esplendorosos senos. Luego seguí hacia su boca, la que me recibió de labios abiertos, y nuestras bocas se fundieron en un apasionado beso.

Me excité de sobre manera, por lo general las prostitutas quieren fijar precio antes de hacer nada, a parte no dejan realizar grandes exploraciones hasta que entran al hotel, y son muy esquivas a besar usando sus lenguas, a pesar de que no tienen pruritos en mamarte la polla si le pagas lo convenido. Muchas paradojas. Esto era diferente, hasta parecía que la tía se calentaba en serio, lo que me excitaba aun más.

Sus manos manipulaban mi pantalón hasta que liberaron mi polla, empezándome a masturbar con suavidad, me hizo perder un poco de concentración, pero me rehice sacando uno de sus senos para afuera y lo succioné con delicadeza.

Sé que no vamos a tener problemas – dijo ella apartándome de su cuerpo – por lo que te daré un adelanto de lo que soy capaz de hacer.

Su boca se dirigió a mi polla y la engulló sin preámbulos. Sentí como una cálida humedad se apoderaba de mi miembro, mientras su lengua se movía con sorprendente habilidad, trabajando la cabeza de mi polla. Sus labios rodeaban mi miembro con facilidad, bajando y subiendo con un matemático ritmo, que me desmoronaba de placer. Creo que de no haberla separado a tiempo me acababa sin remedio, imagínense mi calentura.

Alto, detente, me vas a hacer correr!!! – Supliqué al tiempo que la separaba con gran pesar de mi miembro.

Creí que te querías correr en mi boca, allá tú, no te pensaba cobrar por tan poca cosa, era solo una muestra. – dijo con fingido pesar.

Bueno, creo que podríamos hacerlo más cómodos, por ejemplo en un hotel. – Contesté a la defensiva, pero de hecho ya lo había decidido, estaba que reventaba de calentura, la noche no daba para más opciones, la lluvia, la hora que era, y la tía estaba muy buena.

Me llamo Marcela, el polvo vale $ 50 en el coche, y $ 70 en el hotel, que lo pagas tú. La noche con todas las opciones posibles, es decir, para hacer todo, absolutamente todo, lo que desees y puedas son $ 200, pero como es tarde y llueve mucho..., además me gustas, te lo dejo en 170. Tu eliges lo que deseas

No me parece mala la tarifa, además estás muy buena, pero tengo $ 150, más el dinero para el hotel... – Regateé un poco, en realidad tenía más dinero que ese.

Bueno dulce, dos polvos y una linda fiestita, sería algo así como todo lo que quieras hasta dos polvos, ahí terminamos. – Dijo tomando mi pene con delicadeza, y empezaba a juguetear con él.

La noche, Marcela. Lo pasaremos bien, los polvos no importan. Vamos a no perder tiempo por $ 20. – Volví a sus senos con mi mano izquierda, y a su pierna con la derecha.

Dame los $ 20 más, no te arrepentirás, te aseguro que vas a tener más placer del que te imaginas, nos quedamos hasta las 10 de la mañana, si es que aguantas. – Dijo sonriente, sin dejar de juguetear con mi pene, lo que me excitaba más y más.

$ 160 y no hablamos más... – Intenté.

$ 170, dulce. $ 170, no te arrepentirás.

Eres una mujer muy dura...

No, cariño, te equivocas, o yo me equivoco. Soy casi una mujer. Mejor que una mujer, soy travesti. – Dijo claramente, aun que yo no entendía muy bien de lo que hablaba. Su mano me tomó por mi muñeca izquierda, y mi mano que acariciaba su muslo fue impulsada bajo su falda, hasta que topó con algo firme, algo sólido. Mi primera reacción fue tocar aquello, no fue pensado, sólo que no entendía que era lo que se hallaba entre sus piernas. Su mano sostenía firmemente mi muñeca.

Comprendí que algo andaba mal, mi cerebro envió una alarma, pero mi conciencia me decía que no podía ser. Aquello era una polla, no me equivocaba, pero iba hacia abajo..., en ese instante entendí sus palabras "travesti". Sí eso había dicho, pero hasta que no toqué la polla no le encontré el sentido a la palabra.

Retiré la mano como si aquello quemara de verdad, me aparté hasta que mi espalda quedó pegada a la puerta de mi lado, si hubiera habido moscas en el auto me hubiera tragado alguna, mi boca permanecía abierta por la sorpresa. No pude evitar sentir cierto temor.

Era un tío, yo había oído muchos cuentos, incluso había visto desde cerca algunos, cuyos atributos los denunciaba claramente, pero nunca había estado tan cerca de uno que parecía una auténtica mujer. A pesar de todo, ella, o él, había logrado mantener mi polla erecta, me había besado, acariciado y mamado con tanta perfección. Jamás había imaginado que iba a tener tanto contacto, y menos tocar una polla que no fuera la mía. Mi cerebro me disculpó, sólo fue un segundo, tal vez dos, además fue por error, eso no significaba que me hubiese gustado.

Oye, no da para tanto alboroto, soy lo que soy, no muerdo ni tengo la lepra, hace dos minutos negociabas para llevarme a la cama, hace 5 minutos sólo gemías cuando te mamaba la polla, y mis senos te entusiasmaban de gran manera, hasta me dijiste que te gustaba. Anda, no eres un niño, somos adultos. Lo que hacen los adultos es hablar y entenderse. "No vamos a hacer nada que alguno no quiera" – dijo reforzando esas palabras con lenta y clara pronunciación - , creo que lo podemos pasar bien, se como satisfacer a un hombre. Tú me gustas, eres guapo y amable, además de tierno. No creo que te vaya a defraudar, soy una mujer con algo extra, que si te molesta no tienes que mirarlo... Mírate la polla, sigue dura a reventar..., sé que te gusto, está en ti decidir si pruebas, sino me bajo del coche y sigues tu camino. – Así habló, parecía muy sensato lo que decía, además, era cierto que mi polla seguía dura, y era cierto que me gustaba lo que había probado hasta el momento, excepto la polla, y era cierto de que estaba buena, muy buena..

Mira, me has tomado por sorpresa, en todo momento pensé estar con una mujer. Yo jamás salí con alguien como tú. No estoy muy seguro de que quiera hacerlo, debería meditarlo más..., entiéndeme esto es algo nuevo para mí. – Contesté tratando de parecer calmo, inteligente y respetable.

Te entiendo más de lo que crees, no es la primera vez que me ocurre una situación así. También te diré que hasta ahora nadie se ha quejado de mis servicios, aunque algunos no han probado la mercadería... – dijo en un tono conciliador, casi maternal.

Tú eres el cliente, creo que sabrás lo que es mejor para ti, aunque tu polla no parece tener tantas dudas como tú.-Agregó y reímos juntos.

Eso rompió el hielo, observé el seno que lucía apetitoso fuera del escote de su vestido, el pezón era grandecito, como para succionarlo hasta morir, su cara sin ser una belleza griega era atractiva, no parecía un hombre, facciones delicadas, nariz algo curvada y pequeña, labios carnosos, ojos oscuros y pícaros. Miré sus piernas con atención e interés, eran largas y bien formadas, las había tocado y sabía que eran suaves y firmes. Pensaba tan rápido como podía.

Moví mi mano despacio, hasta posarla en su muslo, ella me observaba con atención. Sentí que mi cuerpo se relajaba. Al tocar su pierna, mi polla recuperó más rigidez.

No estoy completamente seguro. Es algo nuevo, tengo muchas dudas. – Dije para ganar tiempo. Su mano se posó nuevamente en mi polla, acariciándola muy despacio, tal vez para no asustarme. Supe que la decisión estaba hecha.

Y bien? ¿Qué dices? – Preguntó presionando con suavidad mi miembro.

Si entendí bien, te comportas como mujer, y no tengo que temer un cambio de opinión de tu parte. ¿Es así? - Pregunté, dejando su muslo y mirándola de cerca de los ojos.

Solo debes de agregarle $ 170, y estaremos hasta las 10 de la mañana. – Dijo ella sonriendo apenas, con los ojos entornados sensualmente.

Tenemos un trato. – Contesté, volviendo a acariciar su seno.

Guarda eso para después, y vamos al hotel. Hace frío y estoy muy calentita, me gustan los hombres guapos como tú. Agregó, antes de acercar su cara a la mía, y tomando mi mentó con su mano giró mi cabeza y deslizó su lengua en el interior de mi oreja. Realmente me sorprendió, me aparté sobresaltado, fue como si una fuerte corriente eléctrica hubiera recorrido mi cuerpo, descargando 220 v en mi polla.

Epa!!! No te asustes ahora. - Dijo riendo.

Para nada. – Balbuceé como un tonto. Nuevamente me tomó por el mentón, pero esta vez me besó los labios con suavidad, luego de un par de besos, sentí como su lengua solicitaba permiso para entrar en mi boca. Presa de una gran excitación, la dejé hacer. Nos besamos con gran pasión, mi verga era testigo de ello. Sentí una mezcla de pasión y confusión, me estaba besando un tío que era una tía y estaba muy buena, creo que me sonrojé, pero no abandoné sus besos.

Apenas pude, maniobré con el auto, y siguiendo sus indicaciones nos dirigimos al hotel, que según ella siempre le reservaba una buena habitación.

Entra en el tercer garaje. – Me indicó.

Estacioné y bajé del auto, acto seguido bajé la cortina metálica que nos garantizaba más intimidad.

Me tomó por la mano y subimos por una estrecha escalera de caracol. Su ajustado vestido revelaba unas nalgas perfectas, redondeadas y firmes, las hubiera mordido con ganas de haber tenido tiempo, pero ya tendría tiempo. Sus piernas estaban torneadas a mi gusto, era más alta de lo que pensé.

Entramos a la habitación, Marcela dejó su bolso sobre un sofá y se quitó la campera de cuero. La luz era tenue, pero suficiente para ver claramente. Cerré la puerta a mis espaldas. Me miró sonriente.

Anda guapo, ven aquí. Aun no me dijiste tu nombre. – Dijo abriendo sus brazos.

Carlos. – Dije tímidamente. - Borré mi última sombra de dudas y me perdí entre sus brazos.

Su cuerpo era firme y cálido, sus senos presionaban contra mi pecho, su abdomen contar el mío, sus piernas contra las mías, nos besamos y acariciamos con ganas. Mis manos se posaron en sus redondas y firmes nalgas. Ella ronroneó de placer, o lo fingió, no me importaba el motivo.

Carlos, necesito ir al baño, me arreglaré un poco para mi hombre. Ponte cómodo, enciende la TV, hay buenos videos, pon música si lo deseas. Juega con los controles en la cabecera de la cama, también están las luces. Apronta todo a tu gusto, yo vuelvo enseguida para ocuparme de ti, voy a cumplir con lo prometido. Queda tranquilo que no te arrepentirás de tu decisión. Ah! Si no te molesta dame lo convenido, no quiero parecer ruda, pero son las reglas, luego soy toda tuya... No olvides de llamar y pagar, cuando es por la noche va por adelantado.

Busqué mi billetera y le entregué el dinero, luego ella lo guardó en su bolso y desapareció en el baño con su bolso.

Miré la habitación, no estaba nada mal, no conocía este hotel, pero lo recordaría más de lo que jamás imaginé. Había espejos por doquier, una cama gigante y en muy buen estado, el mobiliario era común y corriente, estaba totalmente moqueteada. Llamé por teléfono y enseguida golpearon la puerta, aboné hasta el mediodía, por las dudas, aquello prometía mucho.

Observé los controles, luego de algunas pruebas pude identificar a que correspondía cada uno. Puse un canal de TV donde una pareja tenía sexo en grande, había dos o tres más, pero deseché la opción y apagué la TV. Busqué música, hasta que di con una muy suave, romántica para más datos, eso estaba mejor. Regulé las luces, azules e indirectas, con los espejos aquello permitía ver bien, sin exagerar, claro.

Me desvestí con lentitud, como temiendo la presencia de alguien más. Mi preocupación radicaba en que alguien se diera cuenta de que mi compañera no era lo que parecía, ¿qué habrían pensado mis amigos de mí?

Mi polla estaba semi-erecta, las dudas que me planteaba me atormentaban más de lo deseado, pero seguí hasta quedar completamente desnudo. Me metí en la cama, tapándome con una sábana, la calefacción estaba alta, por lo que taparme era solo una reacción de auto defensa frente a lo desconocido.

Busqué los cigarrillos en mi ropa, encendí uno y traté de relajarme, mi polla yacía flácida. No podía dejar de sentir nervios, lo que me molestaba. Evalué la situación una vez más, donde aquello se complicara yo le llevaba unos 20 Kg de ventaja, ya estaba todo pago, me podría ir sin dificultades. Debía cuidarme de que no tuviera una navaja, había oído de que los travestis eran violentos cuando era necesario. Esos eran mis pensamientos, casi arrepentido de donde me había metido, hasta que la puerta se abrió y ella regreso a mi línea de visión.

Se detuvo frente a la cama, lucía espectacular, tacos altos, medias negras 7/8, una tanga negra muy cavada, y su hermoso busto al aire. Observé ese cuerpo y me olvidé al instante de lo que ocultaba, era un cuerpo de mujer perfecto, unas largas y hermosas piernas, su delgadez contrastaba con sus anchas caderas y su prominente busto. Me empecé a excitar nuevamente y mis dudas se diluyeron antes de lo imaginado, mi verga se endureció rápidamente.

Amor, ya estás metido en la cama! ¿No tendrás frío? – dijo a tono de broma y agregó - Lindo ambiente, buena música, dos adultos, una cama, creo que el momento es perfecto. – Y tomando la sábana con su mano, la hizo volar a los pies de la cama.

Huy!!! Pero mira cómo estás!!! Creo que voy a tener que ocuparme rápidamente de eso que está ahí. Debe de dolerte mucho. – Lanzó sus zapatos de a uno, lo bastante lejos, antes de sentarse en la cama, en forma muy femenina, y comenzar a acariciarme el pecho con suavidad.

Relájate, que mamita se va a preocupar de que te sientas bien. – Su mano acariciaba mi vientre. Luego terminó de subirse a la cama, con suma agilidad, acercando su boca a la mía.

¿Aun tienes dudas? ¿Te gusta lo que ves? ¿Seguimos adelante? – Preguntas retóricas, pues antes de que yo contestara, acodándose en la cama, sus labios se posaron en los míos y empezó a besarme con dulzura, mientras su mano se apoderaba de mi miembro que hervía de calentura.

En respuesta a sus caricias, mis manos buscaron su cuerpo, una se apoderó de un seno, la otra la dirigí por debajo de su cuerpo hasta acariciar sus nalgas. Su piel era muy suave al contacto, también era cálida, la carne era firme, aquel cuerpo me seducía más allá de lo normal, tal vez era la manzana prohibida de la que tanto hablaban. Sin pensarlo me iba yendo entre las sensuales caricias que nos prodigábamos, y los tiernos besos que nos dábamos.

Me besó en cuello, sabía lo que hacía, me excitación crecía, luego su lengua se metió en mi oreja y sus labios succionaron el lóbulo de mi oreja, gemí sin proponérmelo.

Su lengua revolvió el interior de mi oreja, su mano jugaba con mi prepucio. Luego empezó a besarme el cuello y bajó por mi pecho hasta mis tetillas, succionó una como nunca nadie lo había hecho, su lengua me prodigaba caricias y sus dientes me arrancaban un insospechado placer. Pasó a la otra para brindarme un tratamiento similar, yo hervía de calentura.

Marcela me demostraba toda su experiencia, su boca se deslizó besando mi vientre, mordiendo succionando, se entretuvo unos instantes en mi ombligo, sus ojos buscaban los míos con picardía, como evaluando sus acciones, logrando que me excitara más.

Finalmente llegó a mi miembro, lo beso unas tres veces sin dejar de mirarme, luego lo engulló con suma facilidad, arrancándome un espontáneo gemido. Su boca era una aspiradora, me succionaba con un ritmo increíble, yo veía como mi miembro aparecía y desaparecía en aquella boca golosa. La cálida humedad y la suavidad de su boca me hizo pensar que diablos hacía con los dientes. No tardé mucho en enterarme, ella cambió el tratamiento, sus dientes comenzaron a mordisquear con excelsa suavidad la cabeza de mi verga, con suaves movimientos y manteniendo mi miembro dentro de su boca, me practicaba una suerte de mordiscos fallidos que dejaban que sus dientes se deslizaran en la parte más sensible de mi polla. Nunca había experimentado algo semejante, me revolvía de placer en la cama.

Su mano experta empezó a acariciar mis testículos, sin dejar de mamarme, al tiempo que sus dedos rozaban mi entre pierna detrás de éstos, es decir entre mis testículos y mi ano. Todo era placer, de a ratos se tragaba mi verga hasta que sentía como hacía contacto con su garganta, nunca imaginé que fuera posible, otras mujeres hubieran vomitado sin remedio.

La mano de Marcela se aventuraba como al descuido, y a veces sus dedos acariciaban como al descuido mi ano. Las primeras veces me sobresalté y removí con inquietud en la cama. Luego sucumbí víctima de tanto placer, y relajándome disfruté de esos roces, a tal punto que deseaba que me acariciara de lleno el ano.

Creo que ella así lo entendió, luego recordando todo me daría cuenta que era parte del plan, primero un ablandamiento, hasta que yo mismo sintiera la necesidad y no tuviera reparos.

Cuando fue conciente de que había vencido mis pruritos iniciales, continuó con unas lamidas esporádicas en mi polla para acariciarme el ano, el nivel de excitación se mantenía igual, aunque hubiera cambiado el foco del estímulo.

Pronto sentí como la yema de su índice palpaba lo que hasta ese momento yo consideraba mi salida posterior. Se movía con gran destreza, apoyada en mi ano, su yema hacía pequeños círculos, cuando no se movía hacia adelante y atrás sin perder el contacto. Los movimientos eran suaves y me arrancaban gemidos de placer.

Su mano derecha jugaba con mi ano, la izquierda con mi verga, y su lengua lamía mis testículos, yo abría mis piernas al máximo y levantaba una para permitirle mejor acceso. Ahora que lo recuerdo se que mis movimientos eran instintivos, solo deseaba más y más placer. Ignoraba cuales eran sus objetivos.

Pasado un rato su boca empezó a besarme más tras de las bolas, condimentado con algunas lamidas de su infatigable lengua, hasta que en determinado momento sentí como la húmeda punta de su lengua sustituía a su dedo índice en la estimulación de mi preciado esfínter. Os juro que me derretía de placer, ya no razonaba, solo disfrutaba.

Pronto sentí como su boca succionaba mi ano, lo que me desmoronaba de excitación, para luego sentir como su lengua empujaba en mi esfínter, como si quisiera entrar. A veces era tan intenso el placer que casi me acalambraba de tanta tensión en los músculos.

No sé cuanto duro la chupada de culo, pudo ser 5 minutos como 5 horas, perdí la noción del tiempo. Su lengua iba y venía, entraba y salía, luego su dedo exploraba mi ano, primero tímidamente, más lengua, luego lo tenía todo adentro. Ni se me ocurrió pensar de que era un mete saca en toda regla.

Para peor su dedo dio con algo, que yo ignoraba existía, en lo profundo de mi ano que me sacó más que gemidos, gritos de placer. Mis ojos permanecían cerrados, solo trataba de concentrarme en mantener mis piernas de forma de que aquello no terminara. Sentía que me iba a correr de un instante a otro.

Sentí que me hablaba.

¿Quieres correrte ya? Preguntó con una voz gutural, tal vez de excitación.

Si, si, por favor. Rogué.

Levanta las dos piernas. Dijo en voz más baja aún.

No sabía lo que se proponía, pero ni lo dudé, así lo hice. Marcela las mantuvo en alto con una mano, mientras se enderezaba en la cama, no la veía pues quedó detrás de mis piernas. Sentí como mis pantorrillas descansaban en sus hombros, mientras su brazo izquierdo las abrazaba por delante. Atiné a miran en el espejo del costado de la cama, pero cuando pude focalizar mi visión ya era tarde. Sentí como algo similar a un dedo empujaba en mi ano y se introducía con suavidad, sin dolor, muy despacio.

Atónito distinguí con claridad en el espejo como Marcela maniobraba su polla con la ayuda de su mano metiéndomela en el culo. No se si fue la sorpresa, si fue la ausencia de dolor, o tal vez la curiosidad, pero no me moví y la dejé hacer.

Tranquilo, ahora me vas a dar toda la crema que tienes. – Su voz sonaba muy lejana.

Sentí como aquello empezaba a moverse en mi interior, no era gruesa, más bien fina, aunque larga. Los movimientos eran suaves y lentos, experimentaba un cálido placer en mi interior, era una experiencia desconocida, su verga se deslizaba abriéndose paso muy lentamente, con un placentero roce en mi ano, acariciando el interior de mis intestinos, hasta que hacía contacto con lo que hoy sé era mi próstata, pero en aquel entonces ignoraba.

El placer era intenso, nada de dolor, era algo tremendo, me derretía a cada embate. De a poco fue acelerando el ritmo, hasta que en determinado momento se le escapó fuera de mi culo. Creo que ahí se rompió el hechizo, pues algo reaccionó en el fondo de mi cerebro, haciéndome baja las piernas con agilidad, y lográndome sentar en la cama.

Por favor, eso no. – Dije con todo el convencimiento que pude demostrar, mi cuerpo lo quería, pero mi mete no lo aceptaba.

Ella dudó un instante, pero no puso reparos.

Ven aquí y dame esa leche. – Dijo acostándose de espaldas y levantando las piernas, de igual forma como yo había estado segundos antes.

Allí la vi completamente desnuda por primera vez, tenía un cuerpo que podía ser la envidia de muchas mujeres, entre sus piernas estaba lo que me había introducido en el culo, una verga delgada, tal vez unos 3 cm como mucho, y bastante larga, unos 12 a 14 cm. Estaba erecta, y apuntaba hacia arriba y a la izquierda. Tuvo la delicadeza de taparla con su mano.

Dudé un instante, luego le pedí que se pusiera boca abajo, no me sentía preparado para hacerlo de frente. Ella no discutió, pero antes me dio un pomo de alguna pomada o gel.

Pónmelo en el culito y en tu polla, así no dolerá. - Dijo al tiempo que separaba las piernas y levantaba la cola para facilitarme la tarea.

¿Tú me lo pusiste? – Pregunté intrigado.

Por supuesto. – Contestó.

Imaginé que mi calentura del momento no me permitió imaginar o sentir que me estaba lubricando el culo para follarme, lo que me dejó bastante preocupado, pero no tanto como para no lubricarle el culo y mi verga. Mientras lo hacía descubrí sus testículos que colgaban desenfadadamente.

Mi verga seguía dura, la guié despacio a su ano hasta apoyar la cabeza, ella la tomó con su mano por entre sus piernas, ayudándome a introducirla, en realidad regulaba la velocidad, pero eso yo no lo sabía.

Penetré firme y despacio, su esfínter opuso resistencia a la cabeza de mi miembro, vi como su cuerpo se movía un poco para ayudar la penetración, luego de salvar ese tramo, mi verga se deslizó con facilidad, y la guardé totalmente.

Debo decirles que tengo mis 15 y 4 cm, lo que sin ser de destaque nunca fue tema de discusión por ninguna de mis parejas, es más hasta elogios he recibido, pero al leer literatura erótica, parece que es insignificante.

Luego de penetrarla dejé descansar mi cuerpo sobre el de ella, para empezar a moverme con suavidad, Su culo era bastante apretado, lo que me estimulaba aun más. Marcela acompañaba mis idas y venidas con perfectos movimientos sincronizados lo que hacía perfecta la follada. Su culo empujaba hacia atrás cada vez que yo le empujaba mi verga al fondo de sus intestinos, para luego retirarse en sentido contrario al que se movía mi verga.

Mi excitación iba en aumento y mis manos buscaban sus senos, los que acariciaba y apretaba con frenesí. Ella gemía y me alentaba diciéndome guarradas.

Anda, métemela más, rómpeme el culo, macho. Vamos dame verga que me encanta. Tienes mi culo para ti, demuéstrame cuan macho eres. Fóllame que me encanta. Lléname con tu crema caliente. Dale más rápido cabrón. – Y así seguía gritándome cosas para alentarme en la follada.

Os aseguro que hice cuanto pude, la follé a matar, como nunca. Parecía el pistón de un motor enloquecido. Para mi sorpresa ella empujaba como loca. Tal era el frenesí que yo lanzaba bufidos, como un toro enfurecido, y ella gemía entre gritos de aliento. Si alguien hubiera grabado aquello, sin dudas creería que era un asesinato más que una follada.

Dámela cabrón. Vamos Hijo de puta. – Gritaba.

Ya la tienes, ya la tienes, ahí va. – Grité yo cuando sentí que empezaba a correrme.

Fue un orgasmo brutal, el entorno y contexto era más que excitante. Follaba a una tía con polla, le estaba taladrando textualmente el culo, y ella me pedía más y más. Aquel culo apretadito era como una argolla en mi polla, su interior rea caliente y suave, mis testículos estaban que explotaban, y así fue. Sentí como el placer me embargaba totalmente, desde mi interior sentí brotar toda mi energía, las contracciones eran devastadoras, cada una impulsaba más y más semen en el interior del precioso culo de Marcela. Eran como espasmos, mi cuerpo se tensaba al máximo y aquello parecía no tener fin, yo empujaba como loco, y ella hacía otro tanto, finalmente no podía casi moverme, era una contracción sobre otra y mi cuerpo estaba como paralizado. De pronto el placer empezó a remitir, empuje tres o cuatro veces más, casi sin convicción, ya había descargado todo mi poder, ella resistió firme sin moverse, comprendiendo que era solo un reflejo tardío.

Nos quedamos muy quietos, yo me relajé, descansando mi peso sobre ella. Sentí como su ano presionaba mi verga, a modo de saludo, lo hizo varias veces, yo respondí con unos movimientos, empujando suavemente. Nuestros cuerpos estaban totalmente sudorosos, aquello había sido un gran ejercicio, más bien un combate.

Apoyada en uno de sus codos giró su cabeza buscándome, yo arrimé mi cara como pude y nos besamos con algo de dificultad.

¿Y bien, Guapo? ¿Qué tal te supo hacerme el amor? – Preguntó con cierta ternura.

Excelente, eres un demonio en la cama. – Contesté besándola en el cuello.

Ella recostó la cabeza y sentí como su cuerpo tenía un pequeño estremecimiento.

Retiré mi verga totalmente flácida de su culo, ya se estaba saliendo sola.

Giré sobre la cama, tendiéndome exhausto. Ella se bajó de la cama y se dirigió al baño. Me estiré en la cama para recuperar el aliento y mi mano tocó algo viscoso. La retiré de inmediato, observé con atención pero no distinguía lo que podía ser, regulé la luz y vi que en el medio de la cama había un charquito de semen, casi lo toco de nuevo, pero me di cuenta que no era mío, y que yo no había sido el único en correrme.

Esto me trajo a la realidad, sentí una suerte de repugnancia. Recordé que me acababa de follar a un tío, con una polla como la mía, y para peor funcionaba muy bien. También recordé que rato antes la había tenido en mi culo, un minuto tal vez, pero no había dudas de que me había follado. Traté de calmarme, fue muy poco tiempo, además no le había dado tiempo de nada. Trataba de consolarme, pero no daba resultado.

Me vestí como pude, rápidamente. Miré si dejaba algo, no me pareció que así fuera. Abrí la puerta y bajé raudo las escaleras. Levanté la cortina metálica, sentí ruidos y la voz de Marcela escaleras arriba. Como pude abrí el coche y luché para encenderlo, me costó hacerlo pues me temblaban las manos. Finalmente el motor reaccionó, y con un gran rugido salté hacia fuera del garaje, casi choco con la pared de enfrente, pero con un brusco giro enfilé hacia la salida, no tuve el coraje de mirar atrás. Una vez fuera del hotel aceleré más para alejarme lo antes posible.

Llegué a una avenida, seguía lloviendo, recién allí pude encender el limpia parabrisas, ni cuenta me había dado. Casi no había tráfico, enfilé en dirección a mi casa, mi corazón aún latía fuerte.

La calle estaba casi desierta, mi pensamiento iba y venía entorno a mi última experiencia, me sentía confuso, frustrado, arrepentido.

No entendía como podía haber hecho lo que hice, como mierda me había follado a un tío. Claro que no era un tío normal, pero aún así era un tío. Sentí vergüenza de lo que podrían pensar de mí mis amigos, o mi familia, mi novia!!!

Dios, no sabía lo que hacer, entre a sentir que el culo me ardía, tal vez era mi imaginación. No recordaba haber sentido nada de dolor, tal vez el gel era anestésico, vaya uno a saber.

Lo peor era que no había usado forro, tal vez los travestis tenían enfermedades de transmisión sexual, esas de las que tanto se hablaban. Tal vez debía ir a un médico, pero que le explicaría, debía pensar una historia, mira si tenía algo en el culo. ¡Qué vergüenza!

Debo confesar que tenía 21 años y era el año 1980, el sida era una rara enfermedad en Europa y Estados Unidos, apenas si sabía algo más que eso. Los travestis eran algo oscuro en la ciudad, era el primero que había tenido ocasión de conocer, no era su culpa, era la cultura de la época, pero pronto iba a evolucionar. La experiencia me había traumatizado, pero en el fondo mi conciencia me preguntaba ¿Es qué no gozaste? ¿No te gustó aquel culito? ¿No te gustó cómo te chupó todo? ¿Está seguro que no disfrutaste cuando te exploró las entrañas con aquella polla delgada?

Más allá de algunos ajustes para hacerla más atractiva, todo lo que les he relatado es verdad.

Esta historia no termina completamente aquí, más adelante les contaré como es el desenlace.


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© Juan Cipote

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