En su culo por primera vez.
Me dijo que se llama Alma. Yo había venido a otra oficina
para recoger un trabajo, pero finalmente me mandaron con ella, así que, gracias
a mi buena suerte, ahí estaba yo frente a esta linda mujer.
-Espera sólo un poco, ya está listo el trabajo y sólo es
cuestión de imprimir.
La impresora estaba colocada detrás de su escritorio, así que
ella me dio la espalda para acomodar las hojas que imprimiría.
No pude evitar mirar sus piernas (ella llevaba falda) y el
hermoso culo que tiene. Me imaginé lo rico que sería lamer y acariciar su
cuerpo, desde sus pies hasta llegar a sus nalgas y quedarme ahí, chupando.
-No se puede –dijo ella, pero yo, distraído como estaba, no
la escuché.
-Perdón, qué dices.
-Que se atoró una hoja y no puedo sacarla.
Me acerqué para ver si podía ayudar y al intentar abrir la
impresora, la tapa salió volando y calló a sus pies.
Me agaché y al hacerlo rocé sus medias. Se sentía tan rico y
además con los pensamientos que yo tenía mientras la miraba por detrás, mi verga
se tensó y como descuidadamente rocé aún más su pierna, agachado a su lado. Ella
se dio cuenta y volteó a mirarme. Había sorpresa en su rostro, pero también algo
así como una sonrisa.
No pensé en ese momento y dejándome llevar por mi deseo puse
mi mano derecha en su rodilla y lentamente comencé a subirla a lo largo de uno
de sus muslos. Se sentía muy suave su piel, ahí donde terminaba la media.
Entonces mis dedos se posaron en sus pantis y comencé a sobar despacio primero
sobre de esa prenda. Ella ni siquiera había tenido tiempo de decir algo o
protestar y ahora cerraba los ojos, excitada igual que yo. Noté cómo se iban
humedeciendo sus pantis y esa humedad me mojaba la mano. Entonces metí mis dedos
entre sus pantaletas y sentí lo suave y caliente de su pucha que chorreaba.
-Ufff, , ah –gemía ella casi en silencio para que nadie fuera
de la oficina llegara a escuchar.
Y ya entonces dos de mis dedos acariciaban sus labios y se
abrían paso en su raja húmeda, entrando en ella. Me levanté sin sacar mi mano de
su concha y me puse detrás de ella, para apretar sus tetas y para que sintiera
cómo me había puesto de dura la verga. Mi mano se metió debajo de su blusa y
ahora sentía esos duros pezones ardiendo al tacto de mi piel, mientras mis dedos
se llenaban con la rica humedad de su concha.
-Me calentó mirar tu culo y tus piernas –le dije- y quiero
cogerte.
-Huy sí, hazlo, anda, méteme esta verga –dijo ella mientras
su mano me apretaba el pito y los güevos…- huy, no puedo creer que esto esté
pasando aquí en mi oficina.
La jalé y ella acomodó sus manos en su escritorio, dejándome
mirar su pucha desde atrás. Tenía su falda levantada y las pantis abajo y yo
tenía a la vista ese caliente espectáculo de sus nalgas y su pepa, sin embargo,
aunque pensaba meter mi verga en su concha, mi atención quedó como hipnotizada
por su lindo culo. Su hoyo se veía tan rico, que sin pensarlo me bajé a
chupárselo. Su aroma me tenía calientísimo y yo separaba sus nalgas para que mi
lengua la llenara toda de saliva. Mordía ese par hermoso y metía hasta dentro de
su hoyo mi lengua húmeda que no se cansaba de chupar.
-Ay, se siente muy rico –decía Alma.
-¿Te gusta puta, te gusta cómo te mamo el hoyo?
-Sí, chúpamelo, haz que me corra. Quiero chorrearme como una
perra aquí en mi oficina.
Me excitaba escucharla y mientras le abría las nalgas sólo
pensaba en el instante de penetrarla. Ahora ella estaba totalmente húmeda y
comencé a meterle primero un dedo y después dos, a medida que su hoyo caliente
se abría para mí.
Luego de sacar mi verga del pantalón, la acomodé en la
entrada de su hoyo y ella volteó para mirar. Por su cara supe que nunca había
sido penetrada por detrás, pero con una sonrisa le di a entender que no se
preocupara. La cabeza caliente de mi verga entró despacio, y vi cómo cerró sus
ojos con placer cuando dejé ir hasta el fondo de su culo mi palo que se movía,
entrando y saliendo de esa cueva apretada.
-Huy Alma, qué rico es tu culo. Qué delicioso es cogerte por
detrás linda. Ufff, vas a hacer que explote.
Ella no dejaba de gemir y escucharla me ponía a punto de
chorrearme. Yo sabía que estábamos llegando al límite y arremetí con todas mis
fuerzas contra su hoyo. Sus nalgas brillaban por el sudor.
-Dame así cielo, cógete a esta puta.
-Ay sí, eres una puta deliciosa. Me encantas.
Mi pene rozaba todo el culo caliente de Alma y ya estaba a
punto de correrme.
-Me gusta tu culo puta, eres tan caliente, uff, te voy a
llenar todo tu hoyo con mi leche.
-Sí, chorréate en mi hoyo, ah, así ah
-Ufff,
Descargué toda mi leche en su hoyo y algunas gotas de esperma
resbalaron por sus nalgas hasta sus piernas. Me quedé dentro de ella, sintiendo
el calor de su culo abrazando mi verga.
Me salí de ella y le ayudé, limpiándole los restos de
esperma, aunque quedaron manchas de mi leche en sus medias. Nos acomodamos la
ropa y nos dimos un beso.
-Has hecho que te desee mucho –le dije.
Me dio el trabajo que finalmente pudo imprimir y nos
despedimos. Quedé de llamarla, pero entre los besos y las últimas caricias
olvidé pedirle su número telefónico y bueno, el siguiente paso es buscarla para
volver a entrar en su rico culo y mamárselo con todo este deseo por ella, que ya
no me puedo aguantar.