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TODORELATOS » RELATOS » LESBIANA TORTURADA
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 TODORELATOS.COM Fecha: 12 de Octubre, 2008.
Fecha: 07-Ago-04 « Anterior | Siguiente » en Dominación (1052 de 3445)

Lesbiana torturada

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Los más espantosas torturas imaginables para Ana. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Esta son las palabras que pronunció Ana, ante los 200 espectadores, momentos antes de ser llevada al tormento que ya estaba dispuesto para ella:

"Me llamo Ana. Tengo 26 años. Soy mujer y soy lesbiana. Se que es por esto por lo que me condenáis .Me vais a atormentar salvajemente y en publico. Mi tortura va a ser transmitida a pantallas gigantes para que todos puedan apreciar como sufro .Es el castigo que disponéis injustamente para las lesbianas. Que sea lesbiana no significa que no sea mujer, sensible y cariñosa. Pero no, consideráis que soy una bruta y como tal me tratareis, con suplicios de macho. Pobre de mí. He visto que es atroz y para añadir sufrimiento habéis dispuesto que me lo apliquen verdugas en lugar de verdugos. Se que estas verdugas también son lesbianas y que por ello se ensañarán conmigo aún mas allá de su deber. Habéis preparado para mí una flagelación sin piedad. La sufriré completamente desnuda y ante todos.

Hasta doscientos latigazos con los más variados instrumentos: me arrancareis la piel con látigo de siete colas, con varas de bambú, con cadenas y alambres. Me oiréis chillar incesantemente y retorcerme. Me habéis dicho que ningún espacio de mi cuerpo dejareis sin azotar y una de las verdugas estará especializada en mis pechos. Nunca he sido azotada, pero se que es espantoso y en el curso del cruel castigo oiréis de mi suplicas de clemencia y piedad desgarradoras. Se que las verdugas tienen consigna de que en cuando pronuncie la palabra "piedad" o mencione simplemente "No" o "Eso no", han de clavarme, traspasándomelo, una larga aguja en uno de mis pechos. Es un horrible castigo porque os gritaré "No" mil veces y otras tantas recibiré la clavazón en l a parte más sensible de mi cuerpo de mujer.

Después, me habéis dicho que me daréis el suplicio del potro. ¡A mi, a mi, …. una muchacha tan dulce!. Dicen que los muslos estallan de dolor y las nalgas se parten, que las ingles se rajan, los hombros y los brazos queman. Eso a una chica cariñosa y dulce como yo, es espantoso. Vais a verme dar alaridos y llorar. Eso me habéis dicho y se que es cierto.

Pero las verdugas lo aplican lentamente para no darme la muerte sino de forma que esté lista para el siguiente suplicio: El potro es de reja metálica, según veo. Esa espantosa reja la pondréis candente, para que reciba el estiramiento desmembrador al mismo tiempo que soy asada. No por ser lesbiana soy insensible, al contrario, mis sufrimientos serán indecibles. Voy a ser asada viva sin ninguna piedad y no en una hoguera sino lentamente en la plancha candente en la que luego me daréis la vuelta para que se me tuesten las carnes , también por delante, tetas incluidas. Porque vuelta boca abajo, mis tetas serán las primeras en ser quemadas. En ese momento las verdugas tienen ordenes de si me oyen decir "No" o "Piedad" nuevamente, me empalen con palos descomunales por ano y vagina, y que los palos estén encendidos también. Lo harán, me odian

Todo el espectáculo será mi grito y mi retorcimiento. La tortura publica de una bella mujer cuyo cuerpo esta expuesto hasta sus partes mas intimas, a la posesión y a la dominación mas cruel y total .Vais a verlo .La tortura publica de una chica dulce y suave a la que se le aplica lo mas atroz y duro. Si, vais a ver una lesbiana castigada y que bajo el dolor confesará mil veces arrepentirse de serlo, diré todos los nombres que queráis para que a las demás las hagáis lo mismo. No podré resistir. Confesare lo que queráis, Veréis una hermosa mujer, como soy yo, gritar y chillar, dar alaridos y retorcer su cuerpo, levantar mis pechos, agitar mi cabeza, cerrar los puños, intentar cerrar mis piernas entre el desgarre, el fuego, el clavo, el azote y el desmembramiento. Ni siquiera podré decir ahora que estoy orgullosa de ser lesbiana porque si lo digo añadiréis otros suplicios peores, si es que existen. Me han dicho que si digo eso se me añadirá al cuerpo el empalamiento por vagina y ano con postes mostruosos.

No lo diré. Abjuro de mi lesbianismo. Para que no me hagáis eso que me dolería más aun que todo lo anterior porque reservo esas partes para mis amores no para que me las torturen. Solo dejo que esas partes sean torturadas por mis amores. En fin, Se que no habrá piedad y que después de hablar inmediatamente me pondréis atada a flagelar sin transición. No me sirve de nada pediros clemencia, se que no la habrá. Se que me aplicareis cosas aún peores que me han descrito con detalle, en coño, muslos, hombros, .. quizás hasta me desolléis viva, suplicio que tendré que soportar….. Terminad cuanto antes, comenzad mi tortura ya."

Inmediatamente después de pronunciar estas palabras, a Ana se le hizo exactamente lo que había relatado.

Además fue empalada porque en el curso del tormento se le arrancó la confesión de estar orgullosa de ser lesbiana. Cuando la empalaban, muy despacio, lloraba y gritaba más que con ningún otro suplicio. A las verdugas les gustó aquello y estuvieron empalándola y desempalándola cruelmente mas de cien veces. Las verdugas y los espectadores la gritaban: " Sufre cerda, sufre". Al final ella misma decia en el paroxismo del dolor: "Sufro, sufro, soy cerda lesbiana, seguid torturándome, no me basta, más, más suplicio", Y la obedecieron. Se le añadió el horror de clavarla los muslos con cuatro gruesos clavos a la plancha ardiente porque los levantaba para evitar el fuego y así recibiría el hierro candente sin poder quitarlos. Se le añadió el indecible y atroz martirio de arrancarla en vivo las tetas con tenazas. Igual suerte siguió las carnes de su culo, arrancada con tenazas trozo a trozo cuando aun vivía entre los terribles tormentos antes descritos sin apiadarse por sus espantosos quejidos. Luego se divirtieron en irla desollando, toda la piel que le quedaba, despacio y a pequeños tirones hasta dejarla en carnes vivas. Siguió chillando como una cerdita en el matadero. Como parecia ser una chica físicamente fuerte a pesar de su dulzura de carácter y aun resistía, se les ocurrió torturarla por dentro, y los palos de su empalamiento fueron sustituidos por postes al fuego rojo.

El potro funciono hasta el paroxismo y hubo un momento en que sus piernas, abiertas en mas de 180 grados pudieron juntarse con sus brazos en cruz porque sus muslos y caderas estaban ya descoyuntados. Y aun vivía y gritaba clemencia. Le cortaron la lengua y la arrojaron a unos perros. Igual destino que sus pechos corrieron sus muslos y sus caderas, porque que una vez a medio asar fueron arrancándole las carnes de sus bellos muslos con lentitud y fuerza. Ese espanto debió ser atroz para ella porque lanzaba gritos guturales agudísimos con cada tenaza. Era una chica de muslos muy hermosos y muy sensibles a la caricia, no estaban hechos para ese martirio tan cruel. Al coño le impregnaron de brea y se lo prendieron. Su vientre, era plano y musculado, pues bien al desollarla le fueron arrancando músculo a músculo y fibra a fibra, con tenazas, cada uno de sus músculos, ya muy tensados por el martirio del potro. Sus redondeados hombros fueron claveteados, igual que sus brazos, con mas de cien o doscientas gruesas agujas Cuando no quedaba mas que su bello rostro por martirizar, también lo hicieron y le cortaron en vivo los labios de la boca al mismo tiempo que le cortaban los labios del sexo. También los arrojaron a los perros. Unos hierros candentes adecuados le quemaron las mejillas

En el curso del martirio, confesó el nombre de todas sus amigas lesbianas. Todas fueron tratadas por igual, salvo su amante preferida que en lugar de hacerle aquello el mismo día, tardaron tres meses a suplicio diario en hacerle lo mismo.

A la autora de este relato, también lesbiana, le iban a hacer lo mismo, pero he escapado antes para contároslo ¿lo podéis creer amigas? Escribidme, pero ¡cuidado conmigo! he adquirido mucha experiencia en dominación después de lo que vi y pasé me he acostumbrado mal. Me gustó lo de Ana y me gusta recordárselo con ejemplos prácticos a mis amiguitas queridas y con ciberdominaciones a todas las que lleváis bragas.

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