Esta son las palabras que pronunció Ana, ante los 200
espectadores, momentos antes de ser llevada al tormento que ya estaba dispuesto
para ella:
"Me llamo Ana. Tengo 26 años. Soy mujer y soy lesbiana. Se
que es por esto por lo que me condenáis .Me vais a atormentar salvajemente y en
publico. Mi tortura va a ser transmitida a pantallas gigantes para que todos
puedan apreciar como sufro .Es el castigo que disponéis injustamente para las
lesbianas. Que sea lesbiana no significa que no sea mujer, sensible y cariñosa.
Pero no, consideráis que soy una bruta y como tal me tratareis, con suplicios de
macho. Pobre de mí. He visto que es atroz y para añadir sufrimiento habéis
dispuesto que me lo apliquen verdugas en lugar de verdugos. Se que estas
verdugas también son lesbianas y que por ello se ensañarán conmigo aún mas allá
de su deber. Habéis preparado para mí una flagelación sin piedad. La sufriré
completamente desnuda y ante todos.
Hasta doscientos latigazos con los más variados instrumentos:
me arrancareis la piel con látigo de siete colas, con varas de bambú, con
cadenas y alambres. Me oiréis chillar incesantemente y retorcerme. Me habéis
dicho que ningún espacio de mi cuerpo dejareis sin azotar y una de las verdugas
estará especializada en mis pechos. Nunca he sido azotada, pero se que es
espantoso y en el curso del cruel castigo oiréis de mi suplicas de clemencia y
piedad desgarradoras. Se que las verdugas tienen consigna de que en cuando
pronuncie la palabra "piedad" o mencione simplemente "No" o "Eso no", han de
clavarme, traspasándomelo, una larga aguja en uno de mis pechos. Es un horrible
castigo porque os gritaré "No" mil veces y otras tantas recibiré la clavazón en
l a parte más sensible de mi cuerpo de mujer.
Después, me habéis dicho que me daréis el suplicio del potro.
¡A mi, a mi, …. una muchacha tan dulce!. Dicen que los muslos estallan de dolor
y las nalgas se parten, que las ingles se rajan, los hombros y los brazos
queman. Eso a una chica cariñosa y dulce como yo, es espantoso. Vais a verme dar
alaridos y llorar. Eso me habéis dicho y se que es cierto.
Pero las verdugas lo aplican lentamente para no darme la
muerte sino de forma que esté lista para el siguiente suplicio: El potro es de
reja metálica, según veo. Esa espantosa reja la pondréis candente, para que
reciba el estiramiento desmembrador al mismo tiempo que soy asada. No por ser
lesbiana soy insensible, al contrario, mis sufrimientos serán indecibles. Voy a
ser asada viva sin ninguna piedad y no en una hoguera sino lentamente en la
plancha candente en la que luego me daréis la vuelta para que se me tuesten las
carnes , también por delante, tetas incluidas. Porque vuelta boca abajo, mis
tetas serán las primeras en ser quemadas. En ese momento las verdugas tienen
ordenes de si me oyen decir "No" o "Piedad" nuevamente, me empalen con palos
descomunales por ano y vagina, y que los palos estén encendidos también. Lo
harán, me odian
Todo el espectáculo será mi grito y mi retorcimiento. La
tortura publica de una bella mujer cuyo cuerpo esta expuesto hasta sus partes
mas intimas, a la posesión y a la dominación mas cruel y total .Vais a verlo .La
tortura publica de una chica dulce y suave a la que se le aplica lo mas atroz y
duro. Si, vais a ver una lesbiana castigada y que bajo el dolor confesará mil
veces arrepentirse de serlo, diré todos los nombres que queráis para que a las
demás las hagáis lo mismo. No podré resistir. Confesare lo que queráis, Veréis
una hermosa mujer, como soy yo, gritar y chillar, dar alaridos y retorcer su
cuerpo, levantar mis pechos, agitar mi cabeza, cerrar los puños, intentar cerrar
mis piernas entre el desgarre, el fuego, el clavo, el azote y el
desmembramiento. Ni siquiera podré decir ahora que estoy orgullosa de ser
lesbiana porque si lo digo añadiréis otros suplicios peores, si es que existen.
Me han dicho que si digo eso se me añadirá al cuerpo el empalamiento por vagina
y ano con postes mostruosos.
No lo diré. Abjuro de mi lesbianismo. Para que no me hagáis
eso que me dolería más aun que todo lo anterior porque reservo esas partes para
mis amores no para que me las torturen. Solo dejo que esas partes sean
torturadas por mis amores. En fin, Se que no habrá piedad y que después de
hablar inmediatamente me pondréis atada a flagelar sin transición. No me sirve
de nada pediros clemencia, se que no la habrá. Se que me aplicareis cosas aún
peores que me han descrito con detalle, en coño, muslos, hombros, .. quizás
hasta me desolléis viva, suplicio que tendré que soportar….. Terminad cuanto
antes, comenzad mi tortura ya."
Inmediatamente después de pronunciar estas palabras, a Ana se
le hizo exactamente lo que había relatado.
Además fue empalada porque en el curso del tormento se le
arrancó la confesión de estar orgullosa de ser lesbiana. Cuando la empalaban,
muy despacio, lloraba y gritaba más que con ningún otro suplicio. A las verdugas
les gustó aquello y estuvieron empalándola y desempalándola cruelmente mas de
cien veces. Las verdugas y los espectadores la gritaban: " Sufre cerda, sufre".
Al final ella misma decia en el paroxismo del dolor: "Sufro, sufro, soy cerda
lesbiana, seguid torturándome, no me basta, más, más suplicio",
Y la obedecieron. Se le añadió el horror de clavarla los muslos con cuatro
gruesos clavos a la plancha ardiente porque los levantaba para evitar el fuego y
así recibiría el hierro candente sin poder quitarlos. Se le añadió el indecible
y atroz martirio de arrancarla en vivo las tetas con tenazas. Igual suerte
siguió las carnes de su culo, arrancada con tenazas trozo a trozo cuando aun
vivía entre los terribles tormentos antes descritos sin apiadarse por sus
espantosos quejidos. Luego se divirtieron en irla desollando, toda la piel que
le quedaba, despacio y a pequeños tirones hasta dejarla en carnes vivas. Siguió
chillando como una cerdita en el matadero. Como parecia ser una chica
físicamente fuerte a pesar de su dulzura de carácter y aun resistía, se les
ocurrió torturarla por dentro, y los palos de su empalamiento fueron sustituidos
por postes al fuego rojo.
El potro funciono hasta el paroxismo y hubo un momento en que
sus piernas, abiertas en mas de 180 grados pudieron juntarse con sus brazos en
cruz porque sus muslos y caderas estaban ya descoyuntados. Y aun vivía y gritaba
clemencia. Le cortaron la lengua y la arrojaron a unos perros. Igual destino que
sus pechos corrieron sus muslos y sus caderas, porque que una vez a medio asar
fueron arrancándole las carnes de sus bellos muslos con lentitud y fuerza. Ese
espanto debió ser atroz para ella porque lanzaba gritos guturales agudísimos con
cada tenaza. Era una chica de muslos muy hermosos y muy sensibles a la caricia,
no estaban hechos para ese martirio tan cruel. Al coño le impregnaron de brea y
se lo prendieron. Su vientre, era plano y musculado, pues bien al desollarla le
fueron arrancando músculo a músculo y fibra a fibra, con tenazas, cada uno de
sus músculos, ya muy tensados por el martirio del potro. Sus redondeados hombros
fueron claveteados, igual que sus brazos, con mas de cien o doscientas gruesas
agujas Cuando no quedaba mas que su bello rostro por martirizar, también lo
hicieron y le cortaron en vivo los labios de la boca al mismo tiempo que le
cortaban los labios del sexo. También los arrojaron a los perros. Unos hierros
candentes adecuados le quemaron las mejillas
En el curso del martirio, confesó el nombre de todas sus
amigas lesbianas. Todas fueron tratadas por igual, salvo su amante preferida que
en lugar de hacerle aquello el mismo día, tardaron tres meses a suplicio diario
en hacerle lo mismo.
A la autora de este relato, también lesbiana, le iban a hacer
lo mismo, pero he escapado antes para contároslo ¿lo podéis creer amigas?
Escribidme, pero ¡cuidado conmigo! he adquirido mucha experiencia en dominación
después de lo que vi y pasé me he acostumbrado mal. Me gustó lo de Ana y me
gusta recordárselo con ejemplos prácticos a mis amiguitas queridas y con
ciberdominaciones a todas las que lleváis bragas.