DOS PIJAS PARA MI
Una de mis primeras sesiones de sexo, fue con dos chicos que
conocí en la calle. Tenía 17 años y mis deseos de estar bien cojido eran
permanentes, solía masturbarme varias veces al día, recurriendo a distintos
elementos para autopenetrarme, desde cepillos hasta hortalizas de buen tamaño.
Gozaba muchísimo vistiéndome de mujer y maquillándome para luego darle a las
comentadas masturbaciones.
Bueno la cosa es que era una noche de verano y salí a dar una
vuelta por el centro, para ver si enganchaba algo. Muy pronto, un chico de unos
25 años, tras cruzarme un par de miradas se me acerca a pedirme fuego, desde ahí
a estar sentado en un bar tomando un café, pasaron pocos minutos. La cosa quedó
bien clarita, los dos queríamos fifar, en eso estábamos, cuando se nos acerca
otro tipo de más o menos la misma edad y se saludan efusivamente. Pensé que
había perdido el tiempo, pero enseguida cambió el panorama, Juanjo, que así se
llamaba mi acompañante, le comenta a Sergio, que se iba a encamar conmigo, y
Sergio nos pregunta si puede participar, a lo que contesto que no hay problema,
que siempre había fantaseado con estar con dos hombres cojiéndome y que nunca lo
había hecho.
Todo siguió rapidamente, ya en la casa de Juanjo, nos
desvestimos los tres y empezamos la franela. Mientras Juanjo me abrazaba por
delante y nos besábamos fundiendo nuestras lenguas y labios, Sergio me abrazaba
de atrás, haciendome sentir su poronga dura en mis nalgas, las manos de ambos
pellizcaban mis pezones y acariciaban todo mi cuerpo, las mías, agarraban las
dos pijas, como si se me fueran a escapar, a veces resulta difícil, describir la
calentura que se siente.
Me puse de rodillas y empezé a mamar esas dos pijas duras y
calientes, chupaba y tragaba alternativamente cada verga o, me metía las dos
cabezas en la boca.Al rato, Juanjo se puso detrás mío y abrió mis nalgas
buscando con su lengua mi ano, su chupada en mi culo me hizo hervir, sus dedos
entraban y salían con facilidad, pero esperaba otra cosa, y como si me leyera la
mente, sentí su glande gordo y caliente hacer presión en mi orificio hasta
penetrar con vehemencia. Mi culo devoró su poronga con ansia, pero sentí el
dolor por el grosor de su pija dentro mío, pero enseguida el dolor se transformó
en placer y el bombeo se hizo más rápido.
En posición de perrito y con mi culo levantado, sentía como
ese choto, penetraba salvajemente en mis entrañas hasta el tope. Mi boca seguía
ocupada con la pija y los huevos de Sergio, me tomaba de mi nuca y me metía su
poronga hasta la garganta. Era como si rítmicamente me cojieran por la boca y
por el culo. La pija de Sergio, latía en mi boca y gruesos chorros de cremosa y
tibia leche inundaron mis fauces. Mientra terminaba de limpiar su pija caliente
y palpitante, los chorros del nectar de Juanjo inundaron mi culo, desbordándolo
para caer entre mis piernas. Lamí las dos pijas hasta dejarlas limpias. Esta
tarea de limpieza de los dos penes, los hizo revivir, recobrando dureza y
tamaño.
Esta vez, se pusieron los dos detrás mío y comenzaron a
penetrarme un ratito cada uno, me bombeaba Juanjo, la sacaba y el vacío que
dejaba en mi culo se volvía a llenar con la dura herramienta de Sergio, ásí por
largos minutos hasta que empezaron a acabar dentro mío nuevamente, mientras yo
no paraba de masturbarme. Sentir el semen de ambos entrando en mi interior me
provocaba tal goze que después de acabar, quería seguir.
Tenía las piernas algo entumesidas y el culo medio dolorido,
la leche de estos dos tipos salía de mi culo, mojandome las piernas, quedé
tirado en la cama boca arriba, realmente cansado.
La sesión fue cansadora pero sumamente placentera. Los tres,
comentábamos de lo hecho hasta el momento. Las caricias y manoseos no cesaban,
tras pasar media hora aproximadamente de franela, Sergio se sentó sobre mi pecho
y tomando mi cabeza con sus manos me ensartó su poronga en la boca, Juanjo me
tomó de las caderas y levantándome puso un almohadón debajo, tomó mis piernas
por lo tobillos y abriéndolas dejó mi culo a su disposición ensartándome
nuevamente. Ahí estaba nuevamente recibiendo una pija en el culo, que pistoneaba
con una fuerza, como si recién hubiéramos comenzado y otra tan dura como al
principio en la boca, luego cambiaron las posiciones, para turnarse y entrar un
rato cada uno en mi culo y en mi boca. Después de haber pasado unos 20 minutos
haciendo esto, Sergio se puso boca arriba e hizo que me sentara sobre su choto
que a esta altura, ya entraba y salía con una facilidad asombrosa, mientras me
cogía me abrazó y comenzó a besarme.
Juanjo se arrodillo detrás mío y empezó a tratar de meter su
pijota en mi culo, lleno de la pija de Sergio. Sentía mucho dolor, pero no
pensaba rechazar la oferta, al rato tenía las dos porongas dentro mío. Tenía la
sensación de que me partían, pero mi calentura era infernal, acabé sin tocarme y
seguía teniendo unos deseos irrefrenables de seguir siendo penetrado, ya no
importaba el dolor, solo quería seguir teniendo esas pijas dentro mío. Durante
varios minutos me bombearon, sentía perfectamente las dos pijas dentro mío. El
rítmico meta y saca de las dos pijas en mi culo me volvían loco, estaba
prácticamente inmovilizado y cuando estaban por acabar Juanjo que estaba detrás
mío salió y parado sobre Sergio y me la puso en la boca, los dos comenzaron a
moverse en un entra sale infernal y fueron acabando dentro mío. Quedamos
extenuados, yo casi no sentía el culo, pero me sentía genial, realmente
satisfecho, como nunca antes.
Fue una noche bárbara, no se cuantas veces me llenaron de
leche, pero estaba bábaro. Nunca más supe de ellos, pero tampoco, como verán me
olvido y si bien he repetido este tipo de experiencias, la primera creo, siempre
es la preferida.
Cualquier tipo de comentario, pueden hacérmelo a
trabi69ar@yahoo.com.ar; y
gustosamente los contestaré.