EL REFORMATORIO (7)
Mientras me masturbaba, pensaba como habiendo transcurrido
tan poco tiempo desde que asumí como Director de este instituto he cambiado
tanto; siempre fui un heterosexual de esos que les molestaba la homosexualidad y
que la consideraban como algo anormal en un ser humano. Hoy mi mente no es capaz
de razonar lo que he vivido y está ansiosa de seguir teniendo sorpresas y nuevas
experiencias, porque aunque no quiera concientemente reconocerlo, he disfrutado
cada momento. De solo pensar, en Martín desnudo masturbándose ante mí y cada una
del resto de las cosas que le fueron pasando, me pone tan caliente que siento
que ya mi verga está por estallar...; y no se ha hecho esperar..., tres grandes
chorros de semen salpican los azulejos y el piso del baño; ha sido tal mi
excitación que siento que las piernas se me aflojan y tengo que sentarme para no
caerme.
En ese momento, reacciono, qué estará sucediendo en la
habitación de al lado ..., qué contendrá esa caja que González sacó del mueble y
se la entregó a Torres ...?
Enfrentado nuevamente al vidrio-espejo veo que de la caja han
sacado aparentemente unas ropas femeninas y unas sandalias doradas.
Martín, aún desnudo, está sostenido de sus brazos por dos
guardias; mientras tanto que Torres pasa su cachiporra por todo el cuerpo de
Martín, como acariciándolo – que bonita vas a quedar con todo esto ....; pero
tenemos un problema ..., qué hacemos con esto ....?-; dice Torres mientras con
su cachiporra mueve la verga de Martín.
Alcáncenme un hilo de eso gruesos ...- González trae un
ovillo y Torres corta un pedazo bastante largo; agarra la verga de Martín; tira
de la piel hacia delante lo más que se puede y la ata con el hilo.
Qué me van hacerrrrr...., grita Martín, y se le escapa un
profundo lamento al sentir el dolor que le produjo la atadura. Torres comprueba
que el nudo ha quedado bien apretado y pasa el hilo por entre las piernas de
Martín, tira fuerte hacia atrás, y luego lo ata a la cintura; de esa forma su
verga queda disimulada entre las piernas y por la posición hace de palanca para
sujetar sus grandes huevos.
Torres entonces levanta de la mesa una pequeña tanga color
carne con el frente de piel color marrón claro y el trasero conformado por un
pequeño hilo casi imperceptible.
En eso, los altoparlantes de la institución, se hacen
escuchar, -Oficial Fernández, presentarse inmediatamente al despacho de la
Dirección.-
Mientras espero a Fernández, veo que a Martín le ponen una
túnica blanca muy corta que deja ver bien sus piernas y parte de sus nalgas
desnudas, un sostén con relleno para simular el busto, las sandalias doradas y
se disponen a maquillarlo. Al verlo de lejos se asemejaba a una divinidad
griega.
Cuando llega Fernández a mi despacho, lo interrogo duramente
sobre qué piensan hacer; ya no puedo dejarme llevar más por lo que es la rutina,
tengo que conocer de una vez por todas lo que está sucediendo, porque al final
de cuentas el responsable de la institución soy yo.
Señor, ahora viene la diversión ..., en el gimnasio están
todos los internados y los guardias esperando el espectáculo...; empieza la
subasta para ver quien posee primero a la que va a ser seguramente una de las
mejores putas de la institución.
Señor, si usted me lo permite quisiera contarle un
secreto..., Pérez y yo, antes de ser guardias fuimos internados en esta misma
institución y por bastante tiempo mantuvimos invictos el título de "putas
oficiales", a eso se debe que aunque parecemos rudos y bien machos, tenemos
tendencias homosexuales. Yo por el cargo que ocupo trato de disimularlo, pero
cuando se da la oportunidad de disfrutar de la homosexualidad pasiva lo hago,
como cuando me ofrecí a usted a bajarle su excitación. En cambio Pérez, por más
que quiso disimularlo no pudo y ya todos los guardias saben que es homosexual y
por lo tanto no se priva de los placeres que le brinda la ocasión.
- A todos los internados que ingresan le hacen lo mismo que a
Martín?.-, le pregunté.-
No señor, lo que pasa que de las cuatro putas que teníamos
solo queda la "Raulita", las otras fueron dadas de alta por buen comportamiento,
según los informes de los guardias y de los otros internados; es uno de los
privilegios de ser "putas", siempre en las visitas obtienen buenas evaluaciones
que les permiten salir antes del tiempo establecido.-
Señor no quiere acompañarme al gimnasio ...?, ya debe estar
por empezar el show.-
Decidí ir con Fernández para ver como finalizaba todo este
embrollo. Cuando llegamos al gimnasio estaban todos los internados; algunos
parados, otros sentados en el suelo, era realmente un escándalo, todos se
movían, reían, gritaban, se veía que estaban contentos, pero además sumamente
excitados. Los guardias formaban como una cadena humana para que los internados
no se acercaran demasiado a una tarima que se encontraba en el centro del salón.
-Traigan a la nueva puta ...,- gritaban todos los internados
casi al unísono. Y no se hizo esperar, se abre la puerta del gimnasio y aparece
la que a partir de ahora será llamada "Martina". Cuando la vieron, los gritos se
apagaron y reinó en todo el salón un silencio aterrador, como si hubieran visto
a un Dios o a u Demonio.
Los guardias suben a Martín sobre la tarima y lo giran una y
otra vez para que todos lo vean y ofreciéndolo a la venta; allí comienzan
nuevamente los gritos y risas. Todo tipo de palabras, algunas ininteligibles y
otras con un contenido erótico al rojo vivo.
Bueno muchachos, empieza el remate ...,- anunció Torres. Ya
saben el que ofrezca más dinero al momento de sonar el timbre, tiene derecho a
gozar de 10 minutos con Martina. Recuerden que está permitido hacer sociedades,
o sea que para estar seguros de ganar, pueden juntar el dinero de varios, no más
de cuatro, y ofertar; luego entre ustedes se ponen de acuerdo como hacen para
disfrutar del hermoso y virgen cuerpo de Martina; si ..., han escuchado bien
..., Martina es virgen, certificado por el Doctor Puentes; así que a cotizar
muchachos ....-
-10; 20; 30 ...; 50; 100; ... – Muchachos, Martina es virgen;
levanten esas ofertas,- y levantando con la cachiporra la toga, les dice: -
miren que culito más redondito los está esperando,- vamos, a ver quien da
200?...-
200; 250; ...;400...; 600; 650; - Muy bien muchachos así se
hace ....- En el momento que la oferta había alcanzado la suma 1200, suena el
timbre. Se oyen exclamaciones y gritos de – no puede ser ...; otra vez este hijo
de puta de Mercant, nunca nadie puede contra él, con la venta de cigarrillos que
nos hace siempre está repleto.
- Ya tenemos al ganador,- grita Torres; -ahora a armar el
escenario ...; quién ayuda a Pérez a traer el potro...?.-
El potro era un cilindro de madera pulida, de unos 50
centímetros de diámetro y un metro de largo, sostenido por cuatro patas, que
tenía la parte superior algo más plana y con una suave inclinación, más alta
atrás y más baja adelante. Lo colocaron sobre la tarima de forma tal que podía
ser visto por todos los asistentes.
Luego tomaron a Martín, el que al ver el instrumento que
habían colocado y esperando lo peor que le podría pasar, empieza a gritar y
forcejear para zafarse de los guardias
Por más que forcejeó y gritó no pudo zafarse; fue subido al
potro, como si montara a un caballo; lo forzaron a agacharse y le unieron sus
muñecas con sus tobillos, por debajo del cilindro de madera. De esa manera quedó
con su cabeza algo más baja y su culo más elevado.
Había llegado el momento tan esperado por todos, la pérdida
de la virginidad de Martina.
Mercant, todo contento y levantando sus brazos en señal de
triunfador se fue acercando a Martín. Estaba vestido con un overol cuya parte
delantera resaltaba por la excitación que ya tenía. Por miedo de acabarse sin
poder disfrutar de sus diez minutos, rápidamente levantó la toga de Martín
dejando su culo totalmente al aire. Se bajo el cierre del overol y sin sacárselo
de una apunto su verga al hoyo de Martín y de una embestida lo penetró hasta el
fondo.
De la boca de Martín se escapó un gemido de dolor que parecía
estremecer las paredes del gimnasio; Mercant ni se inmuto, solo le importaba
disfrutar de ese culo virgen que tenía delante.
En la cara de Martín se reflejaba una mueca de dolor, cada
vez que la verga de Mercant empujaba y sus huevos pegaban sobre sus nalgas. No
habrían pasado más de tres o cuatro minutos, cuando el cuerpo de Mercant se
tensó y con una exclamación – ahhhhhhhhhhhhhh...-, dejó dentro de Martín todo
ese semen que tenía aprisionado en sus enormes huevos; era tal la cantidad de
leche que había eyaculado, que parte de ella resbalaba por la raja del culo de
Martín y chorreaba por sus piernas. Había sido tan violenta la embestida que
Mercant quedó exhausto tumbado sobre la espalda de Martín, entre la algarabía de
todo el auditorio.
Martín totalmente dolorido, tanto en su cuerpo como en su
espíritu por la violación que había padecido, pensó que su sufrimiento había
llegado al final, pero recién comenzaba.
Bueno muchachos,- gritó nuevamente Torres, vamos a empezar
con la segunda vuelta .... Negro ..., que te pasa que no hiciste ni una sola
oferta...?.- Un robusto muchacho de tez negra de unos 18 años levantó sus
hombros en señal de, qué sé yo ...; frente a la insistencia de Torres, le
contesta – sabe Señor, lo que pasa que estoy seco, me gasté todo lo que tenía en
cigarros ...-
No es posible Negro que no pruebes este culo, cuando lo haces
no sólo tu lo disfrutas, sino todos los presentes, no podemos perdernos ese
espectáculo ...-
Señor, le vuelvo a repetir que estoy seco ...- y sacando el
forro de los bolsillos del overol hacia fuera le muestra que no tiene ni un
céntimo.
- Yo me encargo de pagar tu apuesta,- dijo Torres, - pero la
diversión que nos proporcionas no es para perdérsela...-
Mientras tanto Martín totalmente dolorido, sentía como si en
su culo hubiera metido una barra incandescente y además por la posición en que
se encontraba su cuerpo apretaba sus testículos, lo cual aún le proporcionaba
más dolor cuando se movía. Debía tratar de permanecer estático. En tanto
pensaba, con lágrimas en los ojos, porqué querían en forma tan insistente que el
Negro entrara en acción, el no lograba verlo porque su cara estaba del lado
contrario.
- Bueno muchachos, dejemos las estupideces para otro momento,
empecemos con la nueva subasta...-
-10; 20; 30 ...; 50; 100; ... – Muchachos, Martina se puede
decir que casi continúa virgen, Mercant casi ni la tocó; levanten esas
ofertas...-
- Haber Negro cuánto ofreces ...-, 300 señor ..., y en ese
instante, suena el timbre. - Muy bien negro, Martina es totalmente tuya.
El Negro se acercó a Martín y comenzó a pasar un dedo en
forma circular por el agujero que aún se encontraba chorreando el semen de
Mercant. El grueso dedo del Negro comenzó a introducirse en ese hermoso culo
hasta desaparecer completamente. Después fueron dos dedos…. El rostro de Martín
mostraba cada vez mayor dolor, y los gemidos escapaban de sus hermosos labios.
Como aparentemente la ropa insignificante que llevaba Martín
molestaba al Negro, éste se la arrancó de un tirón al igual que la tanga,
quedando al descubierto su verga atada por el piolín. Esta ocurrencia de atarle
la verga para disimular su tamaño y hacerlo parecer como mujer, fue festejada
con vítores por todos los presentes; -un hurra para Torres ...- gritó uno de los
guardias y el gimnasio pareció venirse abajo, cuando todos al unísono gritaron
con todas sus fuerzas, -hurraaaaaaaaaaaa....-
El Negro acompañó el hurra, tamborileando con ambas manos
sobre las nalgas de Martín, que casi al momento quedaron rojas y con varios
dedos marcados sobre ellas.
El Negro metió nuevamente sus dedos en el culo de Martín,
pero ya no uno ni dos, sino tres y jugueteó de una manera calma, lenta, de
manera que todos podían observar cómo se introducían centímetro a centímetro. El
dolor de Martín era tan notorio por las contracciones de su cuerpo, que nadie
dudó que realmente su culo era virgen.
En ese momento se oye un murmullo de admiración que partió de
la boca de todos los presentes. –Qué sucedería se preguntó Martín, entre sollozo
y sollozo.-
El cuerpo del fornido Negro, había quedado completamente
desnudo demostrando que era un ejemplar realmente privilegiado, y por eso la
insistencia de Torres en que participara. Su torso y piernas eran musculosos,
pero no era por eso la murmuración, sino que la admiración de los espectadores,
estaba dirigido a su sexo. Sobre unos huevos enormes y bien redondos que
colgaban cual dos campanas, resaltaba una verga de tamaño descomunal; sin llegar
a medirla, y aún no estando erecta al máximo debía medir de largo entre 28 y 30
centímetros y su grosor debería andar por los 7 u 8.
Como era seguro que su verga no iba a entrar, por más que
jugueteara con sus dedos en el culo de Martín, dijo – Señor Torres, si no quiere
ver sangre, sería conveniente que me la untaran con crema.
Pérez, más rápido que ligero, fue por un tarro de crema y
poniéndosela en sus palmas comenzó a acariciar la verga y testículos del Negro.
A medida que se los sobaban, crecía y se endurecía más y más, quedando las venas
marcadas y con una enorme y brillante cabeza fuera del prepucio.
Luego el Negro se colocó detrás de Martín que permanecía
atado en el potro y empezó a introducir la cabeza de su verga el culo rosado de
Martín. Era tal el tamaño de esa verga descomunal, que aún con la crema
resultaba difícil vencer la resistencia del esfínter anal.
El Negro sabía que si bien el agujero no era lo
suficientemente grande, ni estaba dilatado como debía estarlo, a su vez Martín
hacía fuerza para cerrarlo. Le dio unas nuevas palmadas en las nalgas y metiendo
la mano entre el potro y el cuerpo de Martín, empezó a acariciarle la verga y
los huevos. Martín, del dolor que sentía casi no se podía mover, pero comenzó a
sentir una sensación inesperada, su verga comenzó a crecer, pero por la atadura
que tenía, no crecía a lo largo, sino a la ancho y el dolor que le provocaba era
cada vez mayor; gemía y las lágrimas caían por sus mejillas; rogaba y suplicaba
que lo soltaran, que no le hicieran más nada, pero nadie hizo caso a sus ruegos,
por el contrario, incitaban con gritos al Negro, para que comenzara su faena.
Aun con el dolor que sentía por la atadura, Martín seguía
apretando su esfínter, lo que imposibilitaba que la enorme cabeza de la verga
del Negro pudiera hacerse paso. Entonces éste, ya cansado, de empujar en vano,
le dio un golpe en los huevos a Martín, se escuchó como un aullido y el culo se
abrió para dejar entrar ese tronco duro de pura carne negra.
La gruesa verga inició la penetración de ese hermoso culo, y
al cabo de un momento, se perdió en la profundidad del mismo. Martín, estaba
casi inconsciente por el golpe en sus testículos y no hacía resistencia alguna.
El Negro luego que introdujo toda su verga, y notándosele el
placer en su rostro, comenzó a realizar un movimiento circular, deteniéndose de
tanto en tanto.
Mientras tanto, el Negro había desatado la verga de Martín,
que estaba con su máxima erección; probablemente por el roce de la verga en la
próstata. El Negro se tomó un instante de descanso, para luego iniciar un vaivén
que fue haciéndose cada vez más acelerado; con sus manos acariciaba la espalda y
nalgas de Martín, que a su vez le servían de apoyo para la gran embestida.
El Negro era todo un artista, y estaba realmente brindando al
público un espectáculo; hacía que su verga entrara y saliera, de manera que se
podía observar cómo desaparecía y luego reaparecía, para de inmediato volver a
desaparecer y así seguía su incesante y frenético metesaca.
En eso se escucha la voz de Torres, - negro te queda un
minuto ...-
El Negro cesó en sus movimientos y retiró la verga del culo
de Martín, para iniciar una masturbación. Casi al instante fuertes chorros de
semen comenzaron a salir de esa espectacular verga negra toda húmeda y con una
cabeza que resaltaba porque por su color y textura parecería que fuera a
reventar.
Los chorros de leche espesa y caliente que salían como
expelidos de una manguera de bombero, fueron a dar sobre los espectadores, en
medio de gritos y movimientos.
Mientras la verga del Negro, iba tomando su tamaño y forma
natural, miró a Martín, como con lástima, y vio que su pene aún estaba erecto.
Soltándole las manos y dándolo vuelta sobre el potro, comenzó a masturbarlo y
casi al instante también acabó con copiosos chorros de semen que fueran a dar
sobre el pecho negro y transpirado del Negro; juntó con sus dedos todo lo que
pudo y acercó su mano a Pérez, quien sacando su lengua, en medio de gritos y
risas, se bebió toda la leche de Martín.
Oficial Fernández, lo llama por teléfono Don Mariano, lo
atiende...?.-
Si, por supuesto ...., dígale que ya estoy con él ...-
Señor Torres, tengo que hablar por teléfono con Don Mariano,
detenga la subasta por un momento ...-
Mientras el oficial Fernández se levantaba de la cabina donde
estaba acompañándome, unos internados le gritan, - apúrese oficial Fernández,
que ya hicimos una sociedad entre cuatro y va a ver lo que tenemos preparado
...-
Quién será este Don Mariano, que Fernández no lo hace esperar
ni un instante...?; que tendrán pensado hacer estos cuatro que lo anuncian como
gran cosa ...?
Los espero en la próxima entrega para seguir compartiendo mi
diario íntimo.