ME CORRÍ EN MI TÍA LAURA
-Ven, acércate… ¿Querías esto no?
Mi tía me estaba pidiendo que me le acercara y yo estaba
mudo, pues no tenía ni idea de por qué ella estaba vestida de manera tan
provocativa delante de mí. Estaba mudo y más que nada fascinado. Mi verga estaba
que se reventaba dentro de mi pantalón. Tenía una excitación tremenda, pero me
sentía demasiado sorprendido como para intentar algo.
Todo comenzó cuando llegué a su casa. Ella me llamó para
decirme que Manuel, mi primo, quería hablar conmigo en su casa y que le urgía
verme. Me extrañó un poco el hecho de que ella llamara y no mi primo, pero mi
tía me dijo que Manuel le había pedido que me llamara, pues él no se sentía muy
bien.
Algo preocupado llegué a casa de mi tía y casi me caigo de la
impresión al ver la manera tan sensual como estaba vestida al recibirme. Abrió
la puerta y me dijo que pasara. Por un momento hasta olvidé preguntar por
Manuel, al ver el cuerpo hermoso de esa bella mujer de 36 años.
-¿Qué tiene Manuel?
-Espera, ven.
Ella llevaba puesta una bata negra, casi totalmente
transparente y unas bragas blancas diminutas, con encajes que dejaban al
descubierto sus dos hermosas nalgas. En cuanto abrió, apenas saludarnos, comenzó
a caminar hacia las escaleras y yo fui tras de ella. Desde el primer instante
que la tuve frente a mí, sentí cómo mi verga se tensaba, porque era demasiado
caliente mirar a la hermana de mi padre vestida de ese modo.
Caminé siguiéndola y no podía apartar la vista de ese hermoso
culo que se ofrecía bajo la transparencia de la tela. La piel blanca de sus
nalgas y de sus muslos me tenían a punto de intentar algo sumamente loco, como
abrazarla y pegar mi cara a su culo para chupar con toda la lujuria que ella me
estaba provocando. Esto era demasiado, pero también pasaba por mi mente el hecho
de que esa mujer era mi tía y yo no sabía qué intentar.
Cada paso que ella daba en la escalera era como una punzada
en mi verga. Yo miraba cómo la braga se le incrustaba en el canal de sus nalgas
y podía apreciar muy bien la piel desnuda, desde donde terminaban sus medias
también blancas.
Abrió la puerta de su cuarto y se sentó sobre la cama. Yo me
quedé en la puerta y la escuché; me pedía que me acercara.
-Anda, dime ¿querías esto verdad? ¿Tanto te caliento mi vida?
Su voz sonaba muy sensual y yo me sentía hirviendo. Ahora que
estaba sentada, abrió su bata y yo tuve ante mí otro magnifica visión: sus
grandes y bellas tetas. Llevaba un brasier que dejaba al descubierto un poco más
de la mitad de esos senos. Yo podía ver cómo sobresalían por sobre la prenda sus
dos pezones duritos y erectos.
Ella se dio cuenta que no le quitaba la mirada de esa parte
de su cuerpo y preguntó:
-¿Tengo unos hermosos pechos verdad? Sabes, me gusta que me
los mamen, que me llenen de saliva los pezones, como tú sabes hacerlo.
Mientras decía eso, había comenzado a pasar suavemente sus
dedos índices sobre sus oscuritos y carnosos pezones. Después apretó sus
caramelitos y comenzó a jalarlos, mientras cerraba lo ojos y gemía.
Yo comencé a sobarme el pito, sintiéndolo arder dentro de mi
pantalón y me acerqué a ella, dispuesto a lamerle esos ricos pezones, pero me
detuvo.
-Leí lo que escribiste acerca de mí. Leí cómo dices que me
cogerías por la pucha. El otro día que fui a tu casa a comer, tu madre me dejó
utilizar tu computadora, porque yo necesitaba revisar unos documentos antes de
ir al trabajo. Tu mamá escucho que me urgía hacerlo y me aseguró que no te
molestarías. El hecho es que dejaste abierto un texto en el que dices cuánto
deseas a tu "tía Laura" y también dices el modo en que me cogerías. No pude
evitarlo y copié ese texto en uno de mis discos.
-Salí de tu casa –continuó diciendo mi tía Laura- y al llegar
a mi oficina leí todo lo que habías escrito. No pude evitar calentarme mucho.
Cerré la puerta y me masturbé sentada frente a mi escritorio. Me metí dos dedos
en la pucha y me dí con tanta lujuria como jamás lo había hecho.
Yo seguía escuchando de pie frente a ella; me saqué la verga
del pantalón y veía esos dos ojos observarme con mucha lujuria. Otra vez intenté
acercarme , pero nuevamente me lo impidió con su mano. ¿Qué era lo que esperaba
ella, si los dos estábamos que nos chorreábamos?
Siguió hablando:
-Mira, me metí estos dos dedos. – Me mostró su mano y luego
de mojarse esos dedos con saliva, los metió bajo sus pantis y comenzó a
pasearlos sobre los labios de su concha.
-De esta manera me toqué en la oficina ¿te gusta? Huy, se
siente rico cómo los froto en mi pucha. Yo tenía toda la falda levantada y me
dedeaba así de rico en vez de trabajar ¿te excita ver cómo lo hago?
Yo quería tirarla en la cama y cogérmela con todas estas
ganas que me tenían a punto de derramarme sobre ella. Yo seguía ahí, mirando
cómo se masturbaba la madre de mi primo. Podía ver cómo hundía sus dedos en su
raja, mientras entrecerraba los ojos y gemía.
-Huy amor, desde que leí lo que escribiste acerca de ti y de
mí, me tienes hecha una puta. ¿te gusta?- me preguntó, mientras se habría de
piernas y yo podía ver sus bragas totalmente húmedas y además distinguí varios
hilitos que escurrían por sus muslos.
La muy puta de mi tía sabía perfectamente cómo hacer para
hincharme de deseo. Ahora llevaba a su boca esos dos dedos que hasta un instante
antes habían estado dentro de su pucha y los chupaba y los lamía mientras me
decía:
-¿Así imaginas que te mamo el pito mi amor? Huy es tan rico.
Dime hijo –decía con voz excitada- ¿Qué haces después que escribes todo eso?
-Me hago una paja riquísima, pensando que te cojo tía
–contesté.
-Enséñame cómo te haces la paja mi amor, quiero verte
haciéndolo y mientras te tocas, cuéntame qué es lo que te imaginas que tú y yo
hacemos.
Agarré el tronco de mi verga en mi mano derecha y comencé a
subir y a bajar lentamente, con toda suavidad, porque la humedad que tenía
debido a tanto deseo hacía que mi mano se deslizara fácilmente sobre mi palo.
Con la mano izquierda me tocaba los guevos y después me detenía en la punta de
mi verga, para pasearle la palma de mi mano y sentir todos esos espasmos que
presagian chorros de esperma. No quería correrme y continuaba masturbándome
mientras oía los comentarios de mi tía:
-Huy papacito, que rica verga y cómo te la aprietas mi amor.
Cuéntame de lo que escribiste… de lo que leí.
-Escribí que llegaba a tu casa y que no estaba mi primo. Tú
me decías que él no regresaría esa noche, pero que me quedara un rato porque me
invitabas a cenar. Yo, que siempre te he deseado como mujer, me alegraba de
saber que estaría a solas contigo. Comíamos y después bebíamos un poco y
mientras lo hacíamos, tú decías que me habías echado a perder el viernes al
pedirme que me quedara ahí contigo. Yo te decía que lo mejor que había podido
pasarme esa noche, era estar con una mujer tan hermosa como lo eres tú. -Hace
mucho que nadie me decía un piropo, gracias- me decías. Pues no entiendo que no
te lo hayan dicho tía, porque cualquiera se sentiría el más afortunado de tener
a una mujer como tú. -¿Tener en qué sentido?- preguntaste. Pues en todos los
sentidos de esa palabra, tener como amiga, como compañera…. Como mujer.
Entonces, mientras yo decía eso, sin darte tiempo de nada, llevé mi mano a una
de tus tetas, sin importarme lo que pudiera pasar y tu respuesta fue un besó en
la boca, que nos llevó a tocarnos con mucho deseo. Yo apretaba tus tetas bajo tu
camisón de dormir y tú me tenías tomada la verga mientras mordíamos nuestras
bocas.
Yo te quitaba el camisón y me desnudaba. Te sentaba en el
sofá y te habría de piernas, para comenzar a pasear mi lengua por tus muslos,
recogiendo todos esos jugos que comenzaban a escurrir desde tu pepa.
-Hay mi amor, dime más.- Decía mi tía, mientras yo me hacía
la paja y ella volvía a penetrarse con sus dedos. Yo seguí contándole:
Entonces te ponía en cuatro y comenzaba a lamerte el culo muy
despacio, llenándotelo todo con mi saliva, mientras mi dedo se incrustaba en tu
pepa y tú gemías como una puta, mientras me pedías que te montara desde atrás
para reventarte la pucha. Yo acercaba mi verga muy dura a tu pucha y así,
mientras estabas en cuatro, te golpeteaba con la punta de mi palo los labios de
tu concha, sin todavía meterlo y lo paseaba por ese coñito rico e hinchadito que
tienes para, de repente, dejártelo ir hasta el fondo de tu coño. Montado sobre
la hermana de mi padre, cogiéndomela. Reventándote la pepa y cacheteándote las
nalgas mientras te penetraba con mucha violencia. Mi verga dentro de la mamá de
mi primo. Mi verga en ese coño que tantas ganas tengo de probar, de oler. Mi
verga consumando en tu coño un incesto rico.
Después de oír eso que yo había escrito, ahora sí, mi tía me
jaló hacia ella y como una golosa metió mi pito en su boca. Huy, yo escuchaba
sus gemidos y sentía la tibieza de su saliva y la suavidad de sus labios en mi
verga.
-Huy tía, eres una perra. Ah, me vas a volver loco. Así tía
Laura, clávate toda mi verga.
Me aferré a su cabello y sentía también en mis manos su
movimiento: por fin estaba sucediendo algo que tanto había deseado. Volteaba
hacia abajo, para comprobar que esa boca que me hacía una mamada tremenda, era
la de mi tía.
-Eres un putona tía… me gusta cómo te tragas la verga.
Escuchaba esos sonidos de su saliva en mi verga, de su boca;
imprimía velocidad y después se detenía, para pasarme la orilla de su lengua
sobre la cabeza de mi palo. Era una puta golosa comiendo verga.
-Ufff, tía, vas a hacer que te chorree.
Oír eso la puso a mil y entonces dejó ir con mucha velocidad
su boca sobre mi verga y yo sentía de cuando en cuando cómo chocaba la punta de
mi palo contra su garganta. Chupó todo lo que quiso y entonces recibió su
premio. Mi leche espesa y caliente brotó llenándole toda la boca. Los primeros
chorros quedaron en su lengua y después todavía le salpique la cara y las tetas.
Tuve un orgasmo tremendo, pero mi palo seguía hinchado. La excitación no cesaba.
Mi tía siguió lamiéndome la punta de la verga y me dijo, mientras se ponía en
cuatro frente a mí:
-Mira amor, esta es la pucha que querías. Dame verga mi
cielo. Haz que me corra como en mi oficina. Reviéntale el coño a tu tía la
putita.
Me puse detrás de ella y le abrí el coño con mis dedos, ella
tomo mi verga y la dirigió a su pepa. Fue un empujón fuerte. Estaba entrando en
la mamá de mi primo. Su coño estaba comiéndose mi palo. Mis guevos se
estrellaban en sus nalgas mientras yo le hundía mi estaca hasta el fondo,
rozando las paredes de su panocha. Cada vez eran más las ganas de corrernos:
-Así papacito, huy, qué rico me estás cogiendo.
Escuchaba sus gemidos y sus gritos, y me la imaginaba,
tocándose la panocha en su oficina. Ella, dama distinguida, babeando su silla
frente a su escritorio por querer coger con su sobrino.
Entonces le di con toda mis fuerzas y nos corrimos casi al
mismo tiempo. Todos sus jugos bañaron mi verga y yo descargué mi leche en su
pepa. Me corrí en mi tía y ella dejo salir todo su chorro, todo su deseo.
Quedamos exhaustos y nos acostamos en su cama. Seguimos
besándonos y yo seguí manoseándola. Por fin me había tirado a la mujer de mis
sueños; finalmente me había cogido a la caliente hermana de mi padre.