Todo empezó como un juego. Quizás una apuesta estúpida.
Aunque supongo que realmente fue un juego del destino que quiso ponernos a cada
uno en nuestro sitio. Por motivos que ahora no vienen al caso, tenía que
castigarla. De paso, sabría si realmente, estaba presta y dispuesta para ser la
que tantas veces decía que podía llegar a ser. Una sumisa no debe, no puede,
molestar al amo…
A veces leíamos relatos. Ella se ponía cachonda. Luego
follábamos. Muchas veces imaginamos ser los actores de los relatos y los
escenificábamos. El sexo que habitualmente practicábamos era bueno. Muy bueno.
Nunca antes había contado nada de ella. Pero al marcharse y
dejarme sólo, me dio pie; un castigo añadido. Se de gente que lee estos relatos.
Se de gente a la que gustaría conocer la identidad de mi sumisa. Eso lo haré
después. Indicaré mi e-mail y contestaré gustoso.
"…dúchate, limpia tu coño de puta. Quiero que estés limpia.
Nada de hacerte pajas con el agua caliente (le encanta). Deja la puerta abierta
para que pueda comprobar que me haces caso. Me la imaginaba en la ducha,
lavándose a conciencia su coño. Sabía que pasaría sus dedos para darse gusto.
También sabía que si le pillaba le daría un escarmiento adicional…"
Decidí entrar tres veces. La primera me la encontré de
espaldas al espejo del baño, con la mampara abierta de par en par. Veía su
magnífico culo respigón, con el agua resbalándole. No dije nada. Dos minutos
después la encontré enjabonándose el coño, mirándose al espejo. Te pillé.
Guarra, cerda de mierda, te dije que no te masturbaras. No mi amo. Solo lo
limpiaba para ti. No me lo creo zorra. Tendrás castigo adicional. Empecé a
pajearla ahí mismo muy fuerte. Cuando estaba a punto de correrse, saqué mis
dedos. La dejé desconcertada. Le amenacé, como vea que te corras, te pongo de
rodillas y te meo de arriba abajo.
La última vez que entré su cara demostraba pasión. Había sido
mala. No me había hecho caso y lo había pagado. Tenía esa mirada, mitad de casi
me corro y mitad de rencor por no haberle dejado terminar.
Sécate. Píntate los labios de forma sensual. No lo hagas para
ti. Debes hacerlo para mí. Te estoy mirando desde la puerta, pero no puedes
devolverme la mirada. Ni siquiera en el espejo. Luego ponte este sujetador de
encaje y las medias con liguero. Sin bragas.
Le esperé en el comedor. Venía preciosa y su olor era más que
sugerente. Pero no podía decirlo. Siéntate y abre bien tus piernas. Quiero
comprobar si has lavado bien el coño de puta que tienes. Ábrete el coño de par
en par para que entre mi lengua. Se cogió los labios con cada una de las manos y
me enseñó todo su esplendor. Me arrodillé para tenerlo cerca y comencé a olerlo.
Pasaba mi nariz de abajo arriba sin llegar a rozarlo. Perfecto. Muy limpio. De
nuevo esa cara, pidiendo a gritos, no me dejes así.
Ponte de pie y baila para mí. Mastúrbate. Por delante y por
detrás. Le acerqué un aceite lubricante para que le fuese más fácil, meter sus
deditos por el culo. Parecía que le hubiera hecho durante toda su vida. Sus
movimientos eran sugerentes. Ahí estaba a mi entera disposición, haciendo todo
lo que yo le pedía. Sigue metiéndote los dedos que luego los meteré yo. Quiero
que tu coño y tu culo estén mojadísimos. Se me estaba poniendo la polla a mil.
Sacaba la lengua desafiante, como entregando toda su boca. Quería comerme esa
fresa, pero me contuve.
Ponte en el sofá a cuatro patas, que quiero comprobar lo
mojada que estás. Le metí la polla desde atrás. Sin piedad. Sólo le di cuatro
empujones. Fuertes, Muy fuertes. Tanto que mi capullo, rozaba su útero. La tenía
totalmente ensartada. La saqué antes de correrme y de nuevo vi su cara de porqué
no me dejas terminar.
Has vuelto a ser mala. Te dije que no me miraras. Eché un
chorro adicional de aceite en su culo y le metí dos dedos de golpe, en su
agujerito, mientras le daba cachetadas. Gritaba como se la estuvieran matando.
Cállate que seguro que te está gustando. Lo estás disfrutando pedazo de zorra.
Sí, sí cariño, sigue que me tiene loca. Mal. Muy mal. Tú no puedes demostrar
gusto. El gusto es solo para el amo. Castigada.
Le di un plátano y le ordené que se tumbara en el sofá,
mientras la observaba a escasos centímetros sentado sobre la mesa de centro. Ya
sabes lo que tienes que hacer. Me brindó un espectáculo. Empezó a chupar el
plátano como si de la polla más hermosa se tratara. Pasó la punta por sus tetas,
su vientre, su pelvis. Se lo fue introduciendo hasta que cerró sus piernas,
dejándolo dentro. Su cara suplicaba correrse. No. Las putas no se corren sin el
permiso del amo. Le chupé los pechos hasta llegar a su cuello. No se movía.
Seguro que tenía miedo de correrse. De que se le escapara un suspiro. Pero yo
tenía que castigarla, por lo que empecé a pellizcar sus pezones hasta sacar un
gritito de placer.
No mi amo no me castigues. Ha sido un grito de dolor, no de
placer. El dolor no está hecho para ti. Saqué el plátano de su coño totalmente
chorreando. Ponte a cuatro patas, como perra que eres. Nuevamente llené su culo
de aceite lubricante y le di un vibrador enorme, que también había lubricado.
Empieza. Se metió sólo la punta del vibrador, por lo que le empuje la mano hacia
su culo. Le estaba encantando. Ahora para. Vas a tener dos a la vez. Dejé el
vibrador en su culo y le metí la polla en su encharcado coño. Al hacerlo notaba
el roce de la polla de plástico, dentro su cuerpo. Ella también lo notaba.
Estuvimos durante cinco minutos, cambiando las pollas de sitio, en su culo, en
su coño, en su culo, en su coño, en su culo. Cada vez que cambiaba las pollas de
agujero veía en su cara que se correría enseguida, por lo pasados unos minutos,
saqué ambos aparatos a la vez.
Bueno de momento lo estás haciendo bien. Has conseguido no
correrte. Pero el juego de ahora es al revés. Tienes quince minutos de reloj,
para correrte cuatro veces. Solo utilizaras, tus dedos, los míos y/o las pollas
adicionales de hoy (plátano y vibrador). Como no seas capaz, te impondré el
castigo más grande.
La primera corrida fue rapidísima. Sólo bastó tocarse el
clítoris. Su respiración subió. ¿Y ahora?, le pregunté. Déjame por favor, ha
sido intensísimo. Te quedan doce minutos. Me miró con muy mala leche. Cogió el
vibrador, sabiendo que sería incapaz de lograrlo y empezó a golpearse el coño
como una auténtica posesa. Se retorcía en el sofá, se estaba pegando unos golpes
que me dejaban alucinado. Ahh. Increíble, quedaban nueve minutos.
Puede que lo lograra. Se levantó a mear. Volvió deprisa.
Quería superar la prueba. Su coño estaba totalmente abierto. Se echó medio bote
de aceite y cogió mi mano. Le metí dos dedos. Cerró los ojos. Empecé a pajearla
despacio. Quería que perdiera. Se dio cuenta. Sacó mis dedos y me agarró de la
muñeca, empujando contra su entrada. Dios estaba pegándose golpes con mi puño.
Abrí la mano en forma de cuenco y uno a uno se fue metiendo mis dedos en su coño
hasta llegar hasta los nudillos. Se metió los cinco.
Solo faltaban tres minutos. Se sentó encima mia. De espaldas,
cogió mi polla con sus bonitos dedos y se la enchufó en el culo. Botó unas
cuarentas veces. Sus manos estaban en sus tetas, coño, boca. Se corrió al mismo
tiempo que yo. La muy cabrona había sido capaz de hacerlo. Cuatro orgasmos en
menos de un cuarto de hora…
Perdí. Fue capaz de hacerlo. Mierda de apuesta. Ahora no la
tengo. No pagué mi parte de la apuesta. Ella quería ser meada por tres tíos, no
era preciso que fueran conocidos, y yo tenía que verlo. No lo aguanté. Se fue.
Me dejo sólo. Con mi duda, ¿más puta que sumisa?