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Fecha: 20-May-04 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mi Madre me Coje

ANGELA MAJANO
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Tiempo estimado de lectura: [ 7 min. ]
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Mi Madre y yo siempre nos habiamos gustado pero por fin lo hicimos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Madre e hija.

Hola, me llamo Ángela y tengo 21 años. Desde hace tiempo leo historias de incesto ya que esto me hace sentirme menos rara, ya que yo he vivido una muy especial y esto es algo que normalmente no se puede compartir con el resto de la gente. Nunca me había planteado contarla, pero viendo esta Web me ha parecido que podía contribuir a compartir mi experiencia con gente similar a mí.

Todo empezó hace algo más de 6 meses, cuando me quedaba muy poco para cumplir los 21 años. Debo decir que yo he sido siempre muy caliente y morbosa y me masturbo desde que tengo uso de razón. A la edad que da comienzo mi relato yo ya había follado, tanto con chicos como con chicas. Siempre he sido bisexual, aunque debo decir me atraen algo más las mujeres. Mi madre se había preocupado de decirme la verdad sobre le sexo y los cuidados que debía tener, por lo que yo iba bastante despreocupada por la vida.

En casa éramos mi madre y yo. Mi madre se había separado de mi padre hacía mucho, lo cual me parece normal, ya que era un borracho cabrón que la pegaba a menudo. La verdad es que después la vida le pagó a ese cerdo con la misma moneda, pero eso es otra historia.

Mi madre y yo éramos razonablemente felices y nos queríamos mucho. Nunca tuvimos mucho pudor y hablábamos sin tapujos. Yo sabía de sus líos e incluso alguna vez se traía algún hombre a casa. Amigos que yo conocía y que se quedaban a dormir. A mi no me importaba, al revés, quería que mi madre fuera feliz. Y lo conseguía, más o menos.

Un día, quince días más o menos después de mi operación de bubis, yo me estaba duchando. Mi madre entro en el cuarto de baño a peinarse, como hacía muchas veces. Mientras yo me duchaba, aprovechábamos para hablar de tonterías y yo para pedirle que me comprara alguna ropa, que me encantaba. La ducha tenía una mampara semitransparente y nos veíamos ambas con dificultad, pero yo si había notado que ella me miraba más de lo normal, algo que yo atribuí a su curiosidad de madre después de que me habia operado.

Acabé de ducharme y abrí la mampara. Empecé a secarme mientras seguíamos hablando y ella peinándose. Últimamente a mí me dolían un poco las tetas, así que se lo comenté.

- Mamá, no se lo que me pasa, pero desde hace un tiempo me duelen un poco las tetas – la comenté yo.

- Eso será que son enormes con esa operación que te hicistes, hija – me respondió.

- Si que me han crecido, ¿verdad?- y sonrio ,y ella se volvió a mirarme.

- Si, hija. La verdad es que te has puesto tremenda – me dijo mi madre.

- ¿Tremenda de que? – la dije yo sin entender.

- Tremenda de buena, hija – me contestó. Yo me hinché de orgullo y me gustó que mi madre me dijera eso.

- ¿Te gusto? – la pregunté yo bromeando.

- Hija, estás para mojar pan – me contestó ella medio en broma, medio en serio. Yo decidí seguir con aquello para ver hasta donde llegaba. Me picaba la curiosidad.

- ¿Te gustan las tías, mamá? – la pregunté directamente.- Hija, yo no hago ascos a nada en la cama – y se rió. Yo también. Y decidí ir más lejos.

- ¿Tú me follarías? – la pregunté directamente. Ella no se extrañó de mi lenguaje porque siempre habíamos hablado muy claramente. Se volvió y me miró a los ojos. En ese momento vi una mirada muy especial.

- Mi niña, si no fueras mi hija, tenlo por seguro – me soltó directamente.

- ¿Y que, que sea tu hija? ¿No te parece este cuerpo para comérselo? – dije yo haciendo el ganso mientras había soltado la toalla y totalmente desnuda me pasaba las manos por todo el cuerpo mientras me contoneaba.

- Calla, anda y estate quieta, a ver si vamos a acabar haciendo lo que no debemos…- y diciendo esto se fue.

En ese momento me di cuenta que mi madre hablaba en serio. Era verdad que le parecía apetecible y que me follaría si no fuera su hija. De pronto yo vi a mi madre con otros ojos y me di cuenta de lo buena que estaba. Con sus treinta y cinco años era una mujer espectacular. Una rubia de 1,75 con un culo y unas tetas de infarto. Yo había visto muchas veces en la calle a mujeres como ella y había pensado que estaría muy bien follármelas, pero nunca lo había pensado de mi madre. En ese momento me di cuenta de que a ella, a mi madre, también me apetecería follármela.

Con estos pensamientos llegue a su cuarto. Yo llevaba puesta una toalla minúscula que más que tapar podía provocar. Ella, estaba sentada en su cama poniéndose unas medias. A mi madre le gustaba llevar liguero y la había visto muchas veces, pero esta vez era distinta. La vista de sus piernas, las medias, el liguero y sus bragas me calentó de pronto. En ese momento lo decidí, deseaba follarme a mi madre y estaba segura de que no iba a encontrar demasiada resistencia.

Me puse enfrente de ella y me recosté sobre la pared. Traté de poner la postura más sexy que había visto en las películas, pasándome una mano por las piernas y otra por el pelo. Mirándola fijamente y con una sonrisa picarona, la dije:

- ¿Tienes prisa, mami?

Ella se me quedó mirando, como pensando un buen rato. Me miró de arriba a bajo comiéndome con los ojos.

- Pero, hija, ¿de verdad que tu te lo quieres montar con tu propia madre? – me preguntó incrédula.

- ¿Y tú con tu propia hija? – la devolví la pregunta.

- Anda, no hagas más el tonto….- me dijo con la "boca chica".

- Pues a mi me encantaría follar contigo…. – la solté sin pensarlo dos veces. Ella levantó otra vez la vista y, ahora, si en su mirada empezaba a asomar la lujuria.

- Hija, para, que estás consiguiendo ponerme caliente….- me dijo como pidiendo clemencia. Yo "ataqué" directamente, me fui hasta ella y me senté "a caballo" sobre sus piernas y de frente a ella.

- Mamá, quiero que me folles. Quiero que me enseñes a follar como estoy segura de que sabes hacerlo. Quiero ser tu putita….- el lenguaje debió hacer su efecto, porque después de unos segundos me dijo:

- Ven aquí, zorrita – me abrazó y me empezó a dar un beso de "tornillo". Para mi fue como una explosión dentro de mi. De golpe me vino un calentón tremendo. Mientras nos besábamos apasionadamente me quitó la toalla y yo empecé a quitarle la ropa.

- ¡Pero que buena estás, hija mía! – me dijo mirando mi cuerpo desnudo. Ella acabó de desnudarse.

- Déjame verte bien, mamá. Ella se quedó totalmente desnuda y se separó un poco para que yo la viera bien. Tenía unas tetas increíbles y el coño depilado por completo, lo que me llamó la atención. Con mis cuatro pelos, tenía yo más que ella. Yo me relamí ostentosamente.

- Joder, mamá, estás buenísima – la dije.

- ¿De verdad, hija? – me pregunto agradecida.

- Y tanto – dije yo – Me parece que no me voy a cansar de comerme esas tetas y ese chocho.

- Me encanta que seas tan putita y que me hables así, hija.

- Quiero ser tu putita y que hagas conmigo lo que quieras, mamá.

- Si supieras la de veces que me he hecho pajas pensando en esto, hija – me dijo. Yo me sentí superhalagada.

- ¿Y por que no me has follado antes? – la pregunté.

- Me daba miedo, hija.

- Basta de charlas – dije yo empujándola hacia atrás – déjame comerme este chochazo que tienes, mami.

- No vayas tan deprisa, hija. Ven, anda, túmbate a mi lado que voy a chupar esas deliciosas tetitas de mi nena.

Nos tumbamos en su cama y empezó a chuparme las tetas. Yo mientras también le sobaba las suya, pero estaba deseando probar su coño. Empecé a tocárselo y lo encontré empapado.

- ¿Estás cachonda, eh, mami? – la dije yo, socarrona.

- Es que me pones a mil, hija – me dijo soltando mi pezón derecho de su boca,

- Vamos a hacer un 69, mamá.

- Venga, hija, a ver si sabes comértelo.

Yo tenía ya experiencia con algunas amigas, así que no dudé. Nada más poner mi lengua en su clítoris, mi madre dio un grito.

- Ayyyyyyyyyyyyyy, hijaaaaaaaaaaaaa, que gustazo…………….si, que sabes, jodía……….

Nos hicimos una mamada mutua de muerte. Nos corrimos como dos perras en celo y finalmente nos quedamos tumbadas besándonos saboreando el sabor de ambos coños.

- Hija, ¿Dónde has aprendido a hacerlo?.......menudo orgasmo….casi me muero…..

- Y tu, mamá. Casi me rompes el coño de gusto.

- Como me gusta que me hables así, hija, me calientas muchísimo.

- Mamá, quiero que estés siempre muy caliente para mí. Vamos a estar siempre desnudas y dispuestas a follar, ¿vale? Vamos a reventarnos los chochos de gusto, ¿vale?

- Si hija, si – se reía – mira que eres calentorra.

- No lo sabes tu bien. No sabes lo puta que es tu hija – la dije.

- Eso esta bien…pero no vayas a decirle nada a nadie, ¿eh? – me dijo asustada.

- ¿Te crees que soy tonta o que? – y me levanté para ir al cuarto de baño.

- ¿A dónde vas? – me preguntó mi madre.

- A mear – la dije.

- Espera…- me dijo.

- Es que me meo – dije yo.

- Vale, pues mea – me dijo mirándome fijamente. Yo me quedé unos segundos sin reaccionar, pero enseguida entendí que mi madre quería que meara allí mismo. Yo no la había hecho nunca, pero lo había visto muchas veces en revistas y videos que mi madre tenía en casa. Aquello me calentó otra vez sobremanera.

- ¿Quieres que te mee? – la pregunté directamente.

- Si, quiero probar tu meada – me dijo con la voz quebrada por la lujuria.

- Vale, pero voy a mojar toda la cama.

- No importa, luego la cambio – me dijo y me hizo un gesto para que lo hiciera.

- Voy, mamá. Mira que eres guarra – la dije yo

- No sabes cuanto, hija – me dijo.

Yo me puse de rodillas en la cama, sobre su cara. Me costó un poco al principio, pero al rato solté un chorro que fue a parar directamente a su cara. Ella buscó con su boca mi meada y se la tragó enterita. Después empezó a lamerme el coño para no dejar ni una gota, lo que hizo que me corriera otra vez.

Aquel día empezó una relación en mi vida que no ha terminado. Yo sigo viendo a mi madre todo lo que puedo y nuestros encuentros son más fogosos que antes si cabe. No tenemos límites en el sexo. Hemos hecho todas las guarradas imaginables, hemos hecho trío con putas y hemos disfrutado como locas. Yo pienso que el dia que este embarazada de una niña. Pienso en lo maravilloso que sería un trío, abuela, madre e hija. Ya veremos…


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© ANGELA MAJANO

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