EN CASA
En casa andaba siempre desnuda, con un collar de cuero en el
cuello y una correa atada a ella. Debía abrir la puerta de esta guisa cuando
tocaban y sabíamos que era alguien conocido. Si no, abría mi esposo por aquello
de no armar escándalo en la vecindad, ya que procurábamos ser un matrimonio
normal para nuestros vecinos no allegados. Debía cocinar, fregar, limpiar, etc.,
desnuda como estaba.
Los sábados, invitábamos a varios amigos a comer,
regocijándose con la visión de mi cuerpo desnudo, mientras preparaba la comida y
deambulaba por la casa. Sólo llevaba encima unas ligas y medias negras
enfundadas en las piernas. Mi marido y sus amigos me observaban, comentando
entre ellos lo que podrían hacer luego conmigo. Cuando tenía que ir al
"escusado", siempre tenía compañía. Me pedían que me subiese encima de la taza
del water y acuclillándome, méase a la vista de todos ellos que comentaban tal
visión: "mira, vence a la derecha como nosotros." "Sepárate los labios Manuela,
para ver como sale el chorro" me pedía mi marido. Le obedecía y se acercaban lo
más cerca posible para ver mi agujerito despidiendo el chorro dorado. Me
recordaba mi niñez, cuando los niños de mi pandilla nos seguían a mis amigas y a
mí para acecharnos cuando, con las bragas bajadas, nos poníamos a mear en el
solar que había detrás de mi casa.
Tenía que servir la mesa y esperar a que terminasen de comer,
de pie, cerca de mi amor. Otras veces, me ordenaban que me subiese a una silla,
y vuelta de espalda a ellos, apoyarme en el espaldar, toda ofrecida, mientras
saboreaban los platos que les había preparado. A veces mojaban un trocito de pan
en mi chocho ofrecido y se lo comían con delectación. Otras, me tenía que
acariciar delante de todos ellos, mientras almorzaban.
Una vez acabado la comida y yo a mi vez almorzada, pasábamos
al salón, donde proyectaban películas pornográficas, unas veces mías, otras las
que traían consigo estos amigos. Eso les daba ideas para jugar conmigo.
Alguno que otro día, estábamos invitados a casa de uno de
ellos, divorciado, que tenía una casa enorme, con sala de billar incluida. Allí,
desnuda sobre una mesa de billar, en una de las esquinas, desconjuntada, jugaban
a acertar las bolas contra mi coño que yo mantenía abierto para facilitarles la
tarea:
" La seis roja en el coño de esa zorra"
"Te apuesto "tanto" decía uno de ellos, " a que no le acierta
en el mismo agujero."
"Vale! Aquí esta mi dinero."" A ver puta, ábrete bien el
coño, que quede a la vista tu asqueroso agujero de mierda."" Más, Más!"
" Mira que si fallo por no abrírtelo bien te voy a castigar."
" Roberto, ayuda a la zorra de tu mujer, coño!"
Allí acudía mi marido, solícito, a separarme bien los labios
del coño, situándose detrás de mí para no estorbar, y preguntando a sus
compañeros: ")Esta bien así, o los estiro un poco más?"
"Vale, le respondían, no los estire más porque si no
entorpece la jugada."
" Allá va!"
Y mandaban la bola de marfil hacía mí, dándome en todo el
agujero enrojecido por los golpes.
" Bien!, acerté"" Dame lo apostado".
Mientras, los demás miraban interesados, bebiendo cervezas, y
riendo las ocurrencias de los jugadores. Cuando fallaban, me echaban la culpa y
entonces me castigaban, haciéndome poner de cuatro patas en el suelo, me
introducían, eso sí, con mucho mimo, los tacos de billar en el culo y en el
coño, para darles suerte en la siguiente jugada según decían.
Si jugaban al ajedrez, los demás disfrutaban de mí,
follándome delante de los jugadores. Me daban sus pollas para que las chupases y
me tragase su esperma. Uno de ellos les decía a los demás: " Oigan ustedes,
chorréenla sus jugos en la boca y que se los traguen, a esa puta le gusta. )
Verdad Roberto que a la zorra de tu esposa le gusta los jugos varoniles?.
A lo que contestaba mi marido: " Es cierto, a Manuela le
gusta todo lo que le echen. Mi mujer es muy obediente. Anda Manuela, repásale
bien la punta del capullo a ese hombre con tu lengua, que en su agujerito se ve
que le queda leche que no te has tragado. No desperdicie nada coño, a ver si te
esmera en el trabajo. Y gira tu culo hacia nosotros que te lo queremos ver.
Anda, ábrete de nalgas que te veamos bien ese agujero negro y peludo que tienes
para cagar. " "Venga, esas nalgas más separadas, al máximo, bien visible el ano
que te lo vamos a destrozar luego y queremos recordar como era antes".
Cuando llegaban al clímax, corrían hacia mi boca y me
introducían la punta del capullo para que su semen restellase en mi garganta,
teniendo que deglutirlo todo. A veces, si eran dos o más a ejacularme en la
boca, me atragantaba con sus jugos, riéndose los demás de la ocurrencia.
A veces se ponían a jugar con mi clítoris, exasperándome
hasta el punto del orgasmo, para luego parar de repente y gozar viéndome
revolcar y suplicar que continuasen. Al no poder finalizar por mi misma ya que
me ataban las manos a las espaldas, me frotaba contra los edredones de la cama,
contra las sábanas, contra cualquier cosa que pudiese servir a mis fines. Me
abría al máximo, me ponía de espaldas con el trasero en pompa para ver si se
decidían a terminar la faena con la visión de mi coño y culo ofrecidos. Al cabo
de un rato, me agarraban otra vez por las piernas y separándomelas volvían a
jugar conmigo. Yo enloquecía de placer, suplicaba, les prometía que les haría
gozar como nunca jamás si terminaban. Ellos reían y sin hacer caso de mis
súplicas volvían una y otra vez a reproducir el juego. Los labios de mi coño se
hinchaban hasta cotas inesperadas, las ninfas o labios menores parecían dos
trozos de bistec de hinchadas que se ponían, mi agujero destilaba ríos de jugos,
y mi clítoris se volvía dolorosamente sensible.
Entonces me penetraban a turnos, un par de embates por aquí,
ahora tú tres, el otro cuatro, hasta que se corrían dentro de mí. Una vez todos
ellos satisfechos, terminaban la faena con mi clítoris sensibilizado. Era de
verdadera locura.
Otro de sus juegos consistía en jugar a los dados. Como
comprenderéis, se trataba de un juego especial. Si el número era par, tocaba
penetrarme por el coño, si era impar le tocaba el turno a mi ojete. Hacían girar
el dado, y según el número que tocase, me penetraban el mismo número de hombres
y veces que los que habían salido en dado. Si salía por ejemplo el seis, seis
hombres me penetraban seis veces cada uno por el coño. Lo mismo ocurría con mi
ojete al salir los números impares. Este juego podía durar mucho tiempo al tener
aguante los concursantes, ya que el último que se corría era el ganador y yo el
premio. Tenía entonces que idear una fantasía erótica conmigo que yo debía
realizar. Unas veces debía simular que era una perra en celo. Me colocaban a
cuatro patas y me introducían un pequeño látigo por el culo para hacer de cola,
y de esta guisa debía frotarme contra los presentes, simulando estar en celo.
Debía hacer todo lo posible para excitar a alguien que, apiadándose de mí me
penetrase...
Una vez, Roberto y yo habíamos ido a visitar a un cliente del
taller que había cogido confianza con mi marido y que lo apreciaba, hasta tal
punto que le invito a visitarlo a su casa junto con su "esposa" según me contó
Roberto. Así, ese sábado por la tarde, nos dirigimos a casa de este señor. Nos
abrió la puerta muy deferente él, y una vez hecha las presentaciones nos
sentamos a tomar unas copas acompañadas de tentempiés. La charla resultó muy
amena, contándonos este hombre que su mujer se encontraba de viaje con los
niños, a casa de los padres de ella que residían en una provincia lejana. Por lo
visto, la madre a la que se sentía muy unida, estaba enferma y ese era el motivo
de dicho desplazamiento. Antonio, como se llamaba él, nos hizo sentir pronto en
confianza por lo que no tuve inconveniente en tutearlo cuando así me lo pidió.
Al cabo de un rato y después de varias copas, estaba ligeramente aturdida y
necesitaba aislarme para atender a una llamada de la naturaleza. Se lo dije, y
me señaló el cuarto de baño, al fondo de un pasillo, a la derecha. Mi marido y
él siguieron charlando amigablemente mientras me dirigía al aseo.
Al poco rato le pregunta mi marido si querría ver algo
divertido, a lo que le contestó el amigo que sí. Se levantó y le pidió al amigo
que lo guiase hacia el aseo donde me encontraba yo. Así lo hizo este, extrañado
de tal petición. Cuando mi esposo encaró con la puerta, la abrió y girándola, la
empujo contra la pared. Yo, mientras tanto, estaba sentada en la taza del water,
con las bragas en el suelo, y descansando de la larga meada que acababa de
tener. No me había dado tan siquiera tiempo en secarme. Roberto me hizo seña de
levantarme las faldas y de separar las piernas. Me deshice de las bragas que me
estorbaban para ello y le obedecí. El amigo no creía sus ojos, mientras Roberto
le preguntaba si le gustaba "el coño depilado de Mónica". Este asintió con la
cabeza, totalmente anonadado para poder articular palabra alguna. Roberto me
ordeno que me levantase, y dándome la vuelta mantuviese las faldas en la
cintura. Quedé con el culo ofrecido ante ellos, y empujándome hacia adelante, mi
marido me separó las nalgas, pidiendo al amigo que se acercase para ver mejor mi
ano ofrecido. Éste salió de su letargo y acercándose me paso la mano por la raja
del culo, parándose en el ojete donde se entretuvo en introducirme varios dedos.
Roberto mientras tanto me desembarazaba de la blusa, desabrochándome a
continuación la falda que dejó caer al suelo. Le preguntó al amigo si no le
apetecía mejor seguir en una de las habitaciones. Éste no se hizo de rogar, y
agarrándome por un brazo, me liberó de la falda en el suelo, así como del
sostén. Me condujo, mejor dicho, les precedí, consiente de sus miradas pegadas
en mi hermoso culo, fruto quizás de su próxima apetencia, dirigiéndome hacia una
habitación que me había previamente señalado el amigo.
Una vez allí, el hombre se abalanzó sobre mis pechos y se
puso a mamarlos como un desesperado. Interrumpió por un instante sus acciones y
le dijo a mi marido que encima del armario había una cámara de video por si
querría grabar la aventura, pero que procurase de que su cara no apareciese por
lo de su esposa. Mi marido se precipito en coger la cámara y se puso a grabar
como un loco. Se acerco a mis hermosos pechos y grabo la boca del amigo pegada a
ellos, Luego éste último se entretuvo en estirarme los pezones con sus labios,
no perdiendo detalles el cameraman. A continuación se desnudo y situándome
encima de la cama, me separó las piernas, alzándolas sobre sus hombros, me
penetró de un golpe. Empezó el mete y saca, con mi marido revoloteando a su
alrededor, grabando la penetración en sus máximos detalles. Antonio me daba su
lengua penetrando en mi boca en un beso de los llamado de "tornillo". Luego me
dio la vuelta y me unto el ano con vaselina, introduciéndome a continuación su
cipote por la puerta trasera. El zoom de la cámara de Roberto no se perdió la
dilatación de mi esfínter y su consiguiente penetración. Mi follador empezo a
darme unos embates bestiales y a gemir. Empecé a mi vez a jadear del gusto que
me daba.
Mi marido filmaba entretanto mis tetas pendientes y
bamboleándose al ritmo de las embestidas del conocido. El hombre advirtió a
Roberto que se iba a correr y éste enfocó la cámara a su polla. La sacó cuando
le vino el primer chorro, cayéndome éste sobre las nalgas, para acto seguido
introducírmelo de nuevo y terminar de eyacularme en el interior del culo.
Mi marido me pidió que le limpiase con la boca el pene, lo
que, al poco rato de chuparla, puso de nuevo en orden de batalla a la
protagonista de la fiesta. Empezó de nuevo la follada por mí coño, pero esta vez
más detenidamente. Cuando fue a ayacular, repitió la misma acción que la vez
anterior, y sacándola emitió el primer chorro sobre mi barriga para acto seguido
seguir regándome las entrañas. Volví a mamarsela pero sin resultado esta vez.
Mientras descansábamos, mi marido seguía filmándome desnuda
sobre la cama, las piernas separadas a su petición para grabarme el coño
enrojecido y pegajoso. A Antonio se le ocurrió una idea y levantándose de la
cama, me asió de las manos llevándome en volanda a la puerta de la calle. Me
sacó al pasillo y le tocó a la puerta del vecino. Cuando éste abrió y me vio
desnuda, ofrecida en la puerta, casi se desmaya del susto. Después de explicarle
que era un regalo, el vecino me cogió de los brazos y me empujó al interior de
su vivienda. Mientras, su amigo explicaba a Roberto que el vecino con quien
mantenía una buena amistad, se había separado recientemente de su esposa y hacía
tres meses que se hallaba sumido en una depresión. De esta manera le ayudaba a
"descargar la escopeta" y a recuperar el optimismo. A Roberto le pareció bien
ayudar "al pobre vecino" y siguió filmando. El protagonista me condujo a su
habitación, y colocándome a cuatro "patas", me penetró sin más prolegómenos.
Antonio se dirigió a la mesita de noche y cogiendo el
teléfono que allí se encontraba, efectuó una llamada mientras no perdía detalles
de lo que me pasaba. Mi marido se desplazaba de mis tetas pendientes y
bamboleándose al ritmo del mete y saca a la que estaba sometida, a la
retaguardia para filmar mi culo en todo su esplendor así como mi coño atravesado
por el espléndido ariete que me daba gusto.
Antonio comentaba a su interlocutor: "ya vera, es joven y
preciosa, un bombón de mujer, y de su cuerpo no te digo nada. Podrás hacer con
ella lo que te plazca, y encima su marido te grabará para tu deleite. Llama a la
"pandilla" y tráetelos, que hay para todos. Tiene un culo prieto y su ojete es
un tesoro en bruto. Su canal es estrecho y calentito Y de su coño sólo te digo
que lo tiene gordo y apetecible, totalmente depilado para que se lo veamos bien,
con unos labios que parecen dos trozos de carne y un diminuto clítoris". "HA!,
dice su marido que traigan vaselina en cantidad para darle por el culo, que a
ella le encanta que se la metan por ahí."
Cuando el amigo terminó su faena por mi ojete ultrajado, y
mientras salía semen hacia mi vulva, me precipité al baño porque me entro ganas
de dar de cuerpo con tanto trajín. Una vez en el lavabo, y mientras permanecía
sentada en la taza del water, me salieron ventosidades de todo el aire que
habían bombeado en mis entrañas, siendo saludadas por las risotadas de los que
se hallaban en la habitación contigua. Cuando salí del baño, ya calmada y
compuesta, aseada y preparada para lo que me echaran, sonó el timbre de la
puerta y me pidieron que fuera a abrir como estaba, o sea desnuda totalmente.
Abrí la puerta y me encontré con siete tíos más a los que se les salían los ojos
de las orbitas. Les precedí mientras se entretuvieron en agararme los mofletes
del culo y separármelos. Así llegamos a la habitación, grabándome mi marido con
el zoom de la cámara.
Mientras mi mujer se echaba sobre la cama, la cámara me
retransmitía las caras de los recién incorporados a la fiesta. Éstos, se iban
desnudando sin perder de vista a Manuela, quien con las piernas semi abiertas
esperaba los acontecimientos. El primero que se desvistió se tumbó entre las
piernas que ella abrió ya del todo y separándoles los labios comentó: "Antonio
tenía razón, es un coño precioso, mirenlo todo rojo a nuestra disposición. A ver
el clítoris. Que pequeño es en comparación con nuestros capullos, y el agujerito
de la "pis es diminuto". "Por contra, que agujerazo el del "chocho", miren como
me caben casi todos los dedos."
Los demás, impacientes se sumaron a la contemplación dándole
la vuelta a mi mujer para contemplarle su hermoso trasero. Le separaron las
nalgas, recreándose en el ano enrojecido y peludo que le esperaba. Manuela alzó
el culo para ofrecérselo mejor a su visión, así como su coño pelado. Se colocó a
cuatro patas mientras que con una mano se frotaba los pechos, enardeciendo con
esto a sus admiradores que ya sin aguante se colocaron en orden de batalla.
Mientras que uno de ellos se colaba debajo de mi mujer, otro situaba su polla al
alcance del ano de Manuela y acto seguido se la enchufo. Los demás se situaron
unos a la cabeza dándole sus pollas para que se las chupara y los demás
alrededor de sus tetas que exprimían mientras mi mujer era follada. La doble
penetración a la que era sometida Manuela hacía que ésta gimiera de gusto,
grabando la cámara todos los acontecimientos.