Seguía dentro de mi caparazón. A pesar de
la situación general, en el estudio había algo de trabajo, mayormente para el
exterior y producto de dos contratos que firmó Alfredo con dos importantes
agentes. Se cobraba menos pero se cobraba.
En lo personal seguía con mis copias
especiales y esporádicamente me llamaban para documentar alguna operación.
Con Alfredo todo iba viento en popa.
Cuando no trabajabamos, cojiamos y cuando no cojiamos, trabajabamos.
El tuvo un afaire con una modelo, nada
importante, y yo recibí el llamado sorpresa de Tino que estaba de viaje en
Buenos Aires y me telefoneó. Rememoramos viejos tiempos, en todo sentido,
puteamos por haber sido tan boludos de festejar el triunfo de De la Rua, y nos
echamos unos lindos polvitos.
En el verano del 2001 nos fuimos de
vacaciones. Un primo de Alfredo, muy compinche cuando eran más jovenes y
solteros, nos invitó a pasar unos días en su casita de Mar del Sur, un balneario
recontra tranquilo.
Nuestra idea era pasar unos días con ellos
y luego seguir camino a Puerto Madryn.
Tuvimos mala suerte y llegamos con mal
tiempo. No paraba de llover.
En Mar del Sur con lluvia hay muy poco que
hacer. No hay centro comercial, no hay espectáculos y si se quiere tener algún
pasatiempo hay que ir a Miramar o a Mar del Plata, pero con ese tiempo era
imposible porque el camino que lleva a Miramar estaba intransitable.
Sólo quedaba tomar mate, jugar a las
cartas o a cualquier juego, dormir y cojer.
Eso haciamos Alfredo y yo y Horacio, el
primo, con su mujer.
Suerte que la casa estaba un poco alejada
de los vecinos sinó estos tendrían motivos de queja con nuestros gritos.
Era un concurso a ver quien jadeaba y
gritaba más cuando acababa.
Las paredes de nuestros cuartos, separados
por un tabique de ladrillo hueco, no alcanzaban a acallar los ruidos que ambas
parejas producíamos en nuestros encuentros íntimos.
Esto era motivo de jocosos comentarios
cuando nos encontrabamos para comer, tomar mate o jugar a las cartas.
–Suerte ¿no Chela? que reforzamos el
elástico de las camas –decía Horacio haciendo complice a su mujer.
Un día en la cocina, mientras preparabamos
el desayuno luego de una noche a pura garcha donde los gemidos de al lado
incentivaban nuestra recalentura, y supongo que viceversa, Chela me dijo:
–No se como estás en pie, con todo lo que
te dió anoche Alfie –con cierto tono morboso.
–Para eso dios me dió este físico, soy de
largo aliento –contesté con aire de superdotada.
–Perdonáme que te pregunte esto, pero ¿es
cierto lo que me dijo Horacio que Alfie la tiene larga y gruesa?
–¿Porque no le decís que te la muestre?
–le dije tratando de escandalizarla.
–Si le digo ¿a vos no te jodería? –me
contestó dejandomé fría. No sólo no se escandalizaba, sino que subía la apuesta.
–A mi no, en lo más mínimo, pero ¿a tu
marido? –dije pensando que ahora sí la apabullaba.
–No. Tampoco, al contrario, si
intercambiamos el estaría contentísimo porque está recaliente con vos.
–Lo charlo con Alfie –contesté apabullada
yo.
–Dale, tratá de convencerlo, porque vos
también me calentas mucho –dijo refregandomé las tetas en el brazo mientras me
miraba libidinosamente.
Cuando se lo comenté a Alfie no pareció
sorprendido.
–Hace tiempo que Chela me tiene ganas, no
se que carajo de historias le metió Horacio en la cabeza. Lo que no me
imaginaba, a pesar de la confianza que tengo él, es que fueran fiesteros. Nunca
me dijo nada.
–Quiere saber si la tenés larga y gruesa.
–¡Que loca! –se rió Alfie.
–¿Pero vos te la garcharías?
–Y, buena está, un polvo me echaría, si
vos me dejás, logicamente –me contestó con aire de santo varón.
–Pero eso implica que yo garche con
Horacio.
–¿Y a vos te molesta?
–Para nada, vos sabés que soy capaz de
hacer cualquier cosa para verte feliz –le dije con cara de mujer complaciente.
La verdad que la idea me interesaba para
romper un poco la monotonía porque parecía que el tiempo no estaba dispuesto a
cambiar y ya me había resignado a no tomar sol ni meterme en el mar.
Además tengo que reconocer que si bien no
me hacían temblar de pasión, tanto Horacio como Chela me producían cierta
curiosidad calenturienta.
Cuando se lo comenté a Chela mientras
preparabamos el almuerzo, se puso loca de contenta, más bien creo que de
calentura.
Durante el almuerzo hablamos con doble
sentido de lo que iba a suceder poco más tarde.
–Ojo Alfie, no te vayas a confundir, mirá
que no tengo vello en el culo – le decía Horacio.
–No te preocupes que se diferenciar la
carne de chancho. Además teniendo dos yeguas como pensás que me puedo montar a
un burro.
La verdad que fué muy divertido y
terminamos todos super calentitos.
Cuando finalizamos de almorzar Chela me
dijo:
–Vení vamos a mi cuarto a preparar todo.
El cuarto de ellos tenía una cama de dos
plazas y una chiquita que usaban cuando iba mucha gente.
Cuando llegamos al cuarto ya estaba todo
preparado. Luz suave, musica pegajosa que empezó a sonar cuando Chela prendió el
radiograbador.
–Ya está todo listo, ¿que falta? –le dije
–Faltamos nosotras.
La idea de Chela es que esperaramos a los
chicos desnudas y torteando. Me gustó porque sabía que Alfie tenía ganas de
verme con otra mujer.
Nos desnudamos y empezamos a besarnos y a
toquetearnos.
Cuando la cosa tomó cierto calor llamamos
a los chicos que vinieron volando.
Nosotras estabamos en la camita
entretenidas chupandonós las conchas en un tradicional 69. La verdad que Chela
la mamaba bien y además tenía una cachuca gustosa, prolijamente peladita y con
unos labios chiquitos, fáciles de separar con la lengua para llegar al clítoris.
Seguimos entretenidas mientras los chicos
se desnudaban.
Cuando Chela vió la pija dura de Alfie,
tragó saliva, junto con todos los jugos mios que me había sacado con su mamada.
Parecía una posesa con los ojos queriendo
salirse de las orbitas.
Cuando vi la de Horacio la comprendí,
tenía una pija normal, quizás 15 cm, no más. A mi me venía bien porque podía
cumplir mi fantasía de “garganta profunda”, cosa imposible de conseguir con la
poronga de Alfie.
Enseguida hice realidad mi fantasía
metiendomé toda la verga de Horacio en la boca hasta que sentí que la cabeza
chocaba en mi garganta produciendomé una pequeña arcada.
Mientras tanto Chela trataba de darse maña
para mamar la poronga de Alfie, tremendamente parada por el espectáculo que
dimos nosotras mamandonós.
Por lo que pude ver antes de dedicarme de
llenó a lo mío, había logrado tragarse buena parte de la pija a riesgo de
lastimarse las comisuras, pero bien dice el refrán, sarna con gusto, no pica.
Yo traté de sacarle el jugo a la pija de
Horacio, pero era tremendamente resistente. Con esa resistencia compensaba el
tamaño.
Cuando se la deje bien dura con la mamada
y luego de acabar yo mediante la labor de sus dedos en mi concha, fue a ensartar
a Chela que seguía entusiasta chupandoselá a Alfie. Horacio la acomodó y se la
enterró de un golpe hasta los huevos.
Alfie me llamó para que, de rodillas, me
pusiera sobre su cabeza y así poderme chupar la concha.
La verdad que estuvo bueno porque mientras
Alfie me la mamaba yo podía ver como Chela se retorcía de placer mientras se la
chupaba a Alfie y Horacio se la clavaba con intensidad.
Luego Chela, que era la que tomaba las
iniciativas, se lo montó a Alfie y quedando frente a mí me empezó a chupar las
tetas y a besarme.
Yo sentí que Horació se hacía lugar atrás
mio para intentar culearme. Saqué un poco el culo para afuera, dejando a Alfie
con la lengua enfocada en el clítoris, sin poder lamerme la raya, y así Horacio
me la pudo meter. No tuvo problema porque mi ojete, acostumbrado a comerse la de
Alfie, recibió la de él con gran facilidad.
Chela quiso sentir a los dos hombres
dentro suyo y entonces Horacio partió raudo a satisfacer a su mujercita,
culeandoselá mientras Alfie le gastaba la concha.
Generosa, luego de acabar como una
condenada, quiso ver como me daban los dos a mí.
Me acomodé sobre Horacio, tragandomé su
poronga con mi concha y reservando el ojete, tremendamente deseoso de algo
gordo, para Alfie.
Lo genial de la fiesta fue cuando Chela
quiso que Alfie se la culeara. Hizo verdaderos esfuerzos y finalmente lo
consiguió.
La pija de Alfie bombeaba su ojete, pero
era tal la presión que su aro ejercía en la poronga de Alfie que no pudo retener
más la eyaculación y se lo llenó de leche con una de esas acabadas que merecen
figurar en el libro Guinness.
Desesperado de calentura al ver a su mujer
gozando como loca, Horacio me metió la pija en la boca y enseguida me la llenó
con su acabada no tan larga pero si de leche espesa.
El clima de cogedero acompañó al clima
lluvioso por dos días. Al cabo de mucha lluvia y muchos polvos, paró y
aprovechamos para seguir viaje, realmente un poco cansados de tanta garchar.
Tanto es así que hasta Madryn no hicimos
ninguna parada técnica… para cojer, sólo para comer y cargar nafta.