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Fecha: 01-Feb-04 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Jugando con Mama

Luis Emilio
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Tiempo estimado de lectura: [ 19 min. ]
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"... En realidad era un pene bestial casi tipo caballo, decía el médico que él no sabía de la existencia de otra igual en el mundo. Mamá se sentía muy orgullosa de mi aparato ..." Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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JUGANDO CON MAMA

Esta es una historia verídica de una relación incestuosa con mi madre la cual llevé a extremos nunca antes realizados por mí con ella. Era un dulce forma de jugar en la cual ambos éramos cómplices por mutuo acuerdo.

Hola mi nombre es Álvaro y vivo en un bello país de Latinoamérica, la historia que les contaré es totalmente real de ahí que me vea obligado a cambiar los nombres reales por nombres ficticios para protegerme a mí y a mi madre.

Tengo 21 años, soy alto, blanco, muy desarrollado físicamente en todos los aspectos para mi edad. Mi pubertad fue un verdadero martirio dado que, no sé por qué condiciones del desarrollo, me dolió sobremanera por un período de 3 años el desarrollo de mi pene, el cual me molestaba todos los días sobre todo cuando tenía sueños húmedos. Mi aparato llegó a dejar de darme molestias a partir de los 17 años, pero para ese entonces ya me sentía muy mal dado que había crecido casi hasta llegar a alcanzar excitado la increíble longitud de casi 48 cms y un grosor bestial de casi 25 cms. Mamá me llevaba a tratamiento con el médico por ese "problema" y el doctor le dijo a mamá que ante eso no se podía hacer absolutamente nada más que no fuera esperar que dejara de crecer. A mí el solo hecho de tocármela me daba dolor, así que mi madre se desvivía poniéndome paños calientes y pomadas para que me relajara el pene.

Mi madre es viuda y tiene 34 años, rubia, alta de 1.78 m, grandes y voluminosos pechos, piel muy blanca y tersa, culo grande y turgente casi tan parado como el culo de una abeja, su cintura es pequeña, en fin toda ella es muy bien proporcionada. Mamá, por su formación moral, a partir de la muerte de mi padre nunca había tenido ningún otro hombre y al único que conoció fue a mi padre. Ella había sido criada a la forma antigua donde se respeta al 100% la fidelidad conyugal, de ahí que nunca hubiese tenido ningún otro hombre, ni se interesase en buscar otro marido. Ella decía sentirse bien estando así viviendo conmigo.

Durante los tratamientos para mi pene, yo observaba cómo mamá me lo tocaba con cierto temor y a la vez veía brillar en ella sus ojos de lujuria. Ya eran 4 años sin conocer lo que era una relación sexual y todo ese tiempo ya estaba causando mella en ella. Sus tratamientos siempre eran muy largos y ella era muy delicada y meticulosa efectuándome las curas. Llegó el momento a partir de los 21 años en que como por encanto mi miembro ya no me dolía. Ese día, de la felicidad de sentir que ya no me molestaba, llamé a mamá eufórico para que ella fuera la primera en darse cuenta. Ella me pidió que me desnudara para ver mi pene y saber si era cierto realmente que ya no me dolía. Le pedí que me la tocara bien de arriba abajo para confirmar que ya no sentía dolor alguno. Ella comenzó a tocarla con mucho cariño de arriba abajo y dado que yo no sentía molestia alguna aceleró el ritmo de caricias. Entonces lo que ocurrió fue que mi pene comenzó a crecer a ritmo acelerado, a alargarse y a engrosarse. Mi madre veía embobada cómo el aparato tomaba dimensiones colosales y crecía y crecía como si nunca fuera a dejar de crecer, yo la veía chuparse los labios del placer que sentía al entrar en contacto con mi verga rica y sabrosa.

A la vez que crecía mi miembro, también crecía la respiración de mi madre, se volvía agitada. Seguía acariciándolo pero ya no como antes, ahora lo acariciaba con pasión. De un momento a otro se transformó en una mujer que deseaba tener mi pene en su vagina. Ya su mirada no era la mirada de una madre sino la mirada de una mujer en celo. Se olvidó de mi presencia y me acariciaba el gigantesco glande con pasión, le daba besos y besos, lo recorría admirándolo enloquecida. De pronto, paró de hacer lo que hacía, sacó de un cajón una cinta métrica y midió mi miembro, obteniendo como medidas 47,8 cms de largo y 24,5 cms de grosor y eso que todavía no estaba a mi máxima expresión. Mamá consideró que a tope llegaría a unos 49 cms de largo y unos 26 cms de diámetro. En realidad era un pene bestial casi tipo caballo, decía el médico que él no sabía de la existencia de otra igual en el mundo. Mamá se sentía muy orgullosa de mi aparato y se relamía la boca pensando en el momento en que dicho instrumento la rajara sin piedad alguna. Tanto había visto crecer ese aparato durante 3 años que lo anhelaba de mil maneras y como mi madre era medio sádica, lo deseaba destrozando su vagina y clavándose en el fondo de ella hasta hacerla saltar de placer y de dolor.

A partir de ese momento mamá deseaba estar siempre cerca de mi aparato y tocarlo para "cerciorarse", decía ella, de que no me doliera, de ahí que constantemente me lo tocaba y me semimasturbaba sin llegar nunca a hacer que me viniera. Hasta que una semana más tarde, en una de sus acostumbradas sesiones de tanteo para reconfirmar la desaparición de mi dolor, me empezó a masturbar muy feliz y contenta. Mi pene a duras penas cabía en su mano y comenzó a acariciarlo con las 2 manos. Subía y bajaba a ritmo de desesperación, yo empezaba a sentir cosquillas y calambres que me recorrían el cuerpo y me llegaban hasta la cabeza de mi pene y volvían a bajar. Veía a mi madre agachada con una bata transparente la cual, con el movimiento de la masturbación que me hacía, se abría y dejaba ver sus grandes pechos blancos con grandes pezones en forma de cachito de luna todos paraditos por la excitación que tenía. Al fondo de la bata pude divisar su rajita pelona abultada con grandes labios rosados. A los pocos minutos le avisé a mamá que ya me venía y la reacción de ella fue introducir mi glande en su boca, pero dado su enorme tamaño apenas pudo meter una parte. La explosión fue como destapar una manguera. Trató de tragar todo el semen que pudo, pero el río era tanto que le corría mi leche por su cara, pelo, tetas. Le manché toda su bata y al verla manchada se la quitó quedando desnuda.

Era tal el grado de fiebre de mi madre que tomó mi manó y me arrastró hacia su habitación. Me pedía a gritos que la hiciera suya, que le metiera el monstruo que tenía entre mis piernas en su vagina y que la despedazara porque ya no soportaba ni un segundo más de no tener picha cuando tenía una de verdad a su alcance. Ella se acostó y abrió las piernas al máximo para que la penetrara toda. Yo, ante la visión de su hermosa vagina pretendí hincarme y chupársela, pero ella no me lo permitió, me dijo que no perdiera tiempo, que me requería dentro suyo. Yo cogí mi gigantesco pene y apunté con cuidado a su vulva y le introduje de un solo golpe una parte de mi glande. Mi madre soltó un grito ensordecedor diciendo que la rajara toda. "Méééétela maricón", me pedía. Yo, emocionado por sus gritos, hice mi cadera hacia atrás y de un certero golpe le metí unos 15 cms dentro de su vulva. Nuevamente gritos desgarradores salieron de su boca. Yo me paré un poco dado que su túnel era tan estrecho para mi aparato que me estaba empezando a doler. Dejé que se acostumbrara a su grosor y longitud y luego de dos minutos la saqué hacia atrás. Esta vez, ya repuesto, cogí más impulso y la hundí otros 10 cms aproximadamente. Aún así, solo tenía dentro casi la mitad de mi instrumento.

Ella, enloquecida, gritaba y se revolcaba. Cruzó sus piernas sobre mi cintura y ella misma hacía movimientos coitales hundiéndose cada vez más y más mi aparato, hasta que ya no pude entrar dado que topé con una especie de pared. Pero yo en mi euforia y viendo la gran cantidad de pene aún afuera, saqué unos 10 cms y retomé impulso, pero lo hice con furia y solo sentí que mi pene pasaba por un túnel superestrecho e ingresaba en otra cavidad. Mi madre lloró, grito y bufó que la había partido en dos y que estaba en lo más intimo de su ser, se retorcía como una serpiente y lloraba a lágrima viva, pero no dejaba de decirme que le metiera más verga. Me decía "hijueputa pingudo" y pedía que la partiera toda, que ella era mía y que la matara. Yo viendo el daño que le causaba cesé mis acometidas y esperé que ella se rehiciera. Cuando ya la vi más tranquila le pregunté si estaba bien y entre jadeos me dijo que sí, que siguiera sin miedo pero que no metiera más porque la sentía ya en su estómago. Yo me sentí frustrado dado que en mi lujuria yo deseaba meterle mi miembro en su totalidad y sacárselo por la boca lo cual era y es imposible y eso que solo tenía metidos unos 37 cms aproximadamente y aún me sobraba una buen pedazo que esperaba ansioso entrar, pero que por ahora no podría ser.

Empecé a moverme a un ritmo moderado en el mete y saca pero siempre metiendo a profundidad. Mi miembro es tan grueso que yo veía cómo sus labios vaginales se abrían ante el intruso y cómo mi miembro se enterraba en sus profundidades. Cogí un lápiz de labios de mamá y me marcaba hasta dónde entraba en su vagina. Jugaba pretendiendo meter más y más. Cuando lograba meter un centímetro más los gritos de mamá eran ensordecedores y decía que no más, que la sacara. Entretanto, mamá orgasmaba una y otra vez, sus piernas ya no la sostenían, tenía que sostenerla con mi mano. De repente, veo que los ojos de mamá se entornan y se ponen blancos, echa su cabeza hacia atrás y luego la deja caer de lado. Solo oí un resoplido y cayó inconsciente.

Sus piernas se aflojaron y yo sin poder regarme aún sentía algo caliente que abrazaba mi pene y salía a presión y me mojaba mi estómago. Eran sus jugos y sus orines ya que perdió el dominio de los músculos que manejan la vejiga. Me estuve quieto e intranquilo, dándole palmadas a mamá en su cara hasta que volvió en sí. Tenía una cara de felicidad increíble y me pidió que siguiéramos para hacer que yo me viniera en su raja. Esta vez hice las cosas más pausadamente, pero lo hacía en salidas largas y en entradas profundas hasta que sentí que nuevamente mamá se desmayaba y yo me venía también a torrentes. Fue tal el placer, que ambos nos desmayamos y yo me oriné dentro de mi madre y ella también, pues debido al placer perdió nuevamente el control de sus esfínteres y se orino de nuevo empapándome todo.

Al rato, al recobrar la conciencia ambos, mi pene seguía metido en su vagina y totalmente endurecido. Era tal la dureza que mi madre me dijo que la sacara ya que nunca la había sentido así de dura y deseaba medirla para saber cuánto podría darle su bebé de picha. Ella midió 50 cms, uno más de lo que había especulado y un diámetro de 27 cms. Era una verdadera picha de caballo, ni comparada a la de un relato de acá de un tipo que la tenía de 35 cms. Esa picha era para principiantes, la mía es una picha de libro Guiness. Mamá quedó enloquecida, la besaba y la rebesaba y me decía que yo era suyo y de nadie más, que nunca me compartiría con nadie. Me hizo jurarle que yo sería su amante por siempre y que solo con su consentimiento ella me traería a alguna amiga para hacerle el amor, pero yo le pedí que ella sería solamente mía y de nadie más y que no toleraría jamás compartirla con ningún hombre, que si lo hacía tuviera por seguro que si la veía con otro mataba a su amante y le haría daño a ella. Mi madre comprendió que no era una broma sino que hablaba en serio y juró que eso nunca se daría.

A partir de ahora somos amantes en todo el sentido de la palabra, yo juego con mamá de meterle toda mi picha por su vagina. He logrado introducirle 40 cms, le ha dolido que es un gusto pero ella es medio masoquista y lo acepta. Ahora estamos viendo de qué manera su culo se adapta a mi aparato para ver si logro meterlo todo, por ahora su ano está siendo tratado con pepinos largos y gruesos para irla abriendo. Aunque mi aparato es más largo y grueso que los pepinos, me entretengo metiéndoselos y viéndola gritar. Como soy medio sádico me encanta sacar los pepinos con sus heces y metérselos en la boca para que ella se coma su propia mierda. Estuvimos de acuerdo en jugar casi sin reglas de ninguna especie. Ella me adora, me idolatra y por mi pene está dispuesta a lo que sea que yo desee. Mi pene la tiene enloquecida, cada mañana se me pega como un vampiro a beber su lechita directo de mi pene, se trae la taza del café y en vez de ponerle leche corriente usa mi leche y se toma su cafecito enloquecida de placer de saber que la lechita de su bebe le está llegando a su estómago.

Por ahora nuestro sexo es solamente oral y vaginal, la etapa anal está en proceso, dado que vivimos en un edificio de apartamentos y mamá es muy ruidosa en sus expresiones sexuales decidimos alquilar una casa en el campo retirada de toda comunicación donde ella pueda desahogar sin miedo su lujuria y gritar lo que se le antoje. La situación se había puesto tan tensa que mis vecinos nos miraban como si fuéramos delincuentes. Eso nos impulsó a irnos al campo o bien comprar la casa en la campiña.

Nuestras relaciones sexuales llegan a extremos increíbles. Lo hacemos por lo menos unas 7 veces al día. Ahora, en nuestra casa de campo siempre andamos desnudos y yo, apenas la topo, la alzo y le meto mi miembro entre sus piernas. Es tan grande que aún así sale un pedazo más allá de donde terminan sus hermosas nalgas y ella echa la mano para atrás de sus nalgas y me acaricia el glande con dos dedos y lo estira y lo pellizca. Eso me llena de pasión e inmediatamente la tiro al suelo, le abro las piernas a lo salvaje y la hundo sin misericordia. Ella ya se ha acostumbrado a este jueguito y ya no le molesta tanto como al principio que se la hunda a lo salvaje. Siempre que hago eso siento que mi picha se me parte en dos. Un día, en unos de estos jueguitos cogí demasiadas ganas y la clavé con tal violencia que inmediatamente se desmayó y comencé a ver salir sangre por su vagina. Eso me asustó tremendamente. Ella, al recobrarse, sintió caliente en su vagina y me pidió que la sacará. Luego de un ratito dejó de manar sangre y me dijo que fue que había logrado entrar en su útero profundamente y que sintió como si mi pinga de burro le saliera por la garganta.

Luego me pidió que siguiéramos el juego. La volví a clavar con pasión solo que esta vez de manera más comedida, pero no por eso dejando de meterle sus buenos 35 a 40 cms en su deliciosa y calientita raja. Ella lloraba, gritaba, chillaba de placer, el solo hecho de tenérsela metida era suficiente para que se regara una y otra vez, pues tenía la capacidad de ser multiorgásmica. Mientras ella se regaba una y otra vez decidí tocar su culo y meterle varios dedos para ver si ya estaba lista para rajarle el culo de una vez por todas y para sorpresa mía su culo me acepto cuatro dedos sin problemas, producto de la excitación que tenía. Sin sacársela de su vagina la puse a cuatro patas y seguía metiéndole los dedos en su culo. Era tal su placer que casi ni cuenta se daba de mis dedos en su culo. Le puse mi mano en sus nalgas y presioné sobre ella para que pusiera su pecho más contra la cama y levantara más su culo. Una vez que lo logré, la saqué de un solo golpe, me semiparé en la cama y se la metí de un solo sopetón en su culo. Ella bramó como loca, gritaba que se la sacara cuando le metí de sopetón la mitad de mi pene.

El grosor de mi pene la mataba, me quedé quieto un ratito mientras su culo aceptaba mi pene y cuando dejó de llorar empecé a meterla más con fuerza. Sentí que llegó a un tope al haber metido alrededor de 35 cms de mi picha en su culo. E ella blasfemaba que yo era un hijueputa maldito, que le estaba partiendo el culo, que la iba a dejar cagando directo y que nunca más volvería a padecer de estreñimiento, en fin, una serie de estupideces que decía producto del dolor y del placer. No le hice caso para nada y comencé a bombearla como si fuera un endemoniado, eso sí, con cuidado de no despedazarle del todo su lindo culo. Al rato de estar así, ella orgasmó de nuevo, decía que era inconcebible pero que sentía un orgasmo en el culo, que le reventara más el culo, pero yo sabía que si lo hacía terminaría en el hospital.

Así que seguí bombeándola casi una hora ya que yo soportaba largos períodos de tiempo sin regarme, producto de las medicinas de mi tratamiento. Ella se desmayó en tres ocasiones y me pedía que la sacara, pero yo estaba enloquecido y trataba de meterla más ya sin acordarme de no hacerle daño. Al sentir que ya me venía, le cogía los hombros y los usaba como plataforma para impulsarme más dentro de ella. Eso fue demasiado, pegó un grito endemoniado y se salió de mi pene gritando y sangrando por el culo. Yo, enloquecido, no le di importancia, la puse a cuatro patas de nuevo y viendo el gran hueco en su culo le metí mi mano hasta más allá de la muñeca. Ella lloraba de gusto y de dolor. Luego ya no pude más y me vine en su boca y en su culo. De su ano salían a raudales fluidos, sangre y mierda. Embarré mi mano y se la metí a ella en su boca para que chupara de aquel elixir. Ella no pudo más y cayó rendida con su cara llena de fluidos (semen, mierda, etc) y se durmió.

Al despertarse le dolía todo el cuerpo y su cara olía a mierda y semen, así que nos fuimos a bañar. Luego de un buen baño con agua tibia nos recuperamos un poco y aún en esa condición ella me pedía que le diera mi leche en su boca, estaba nuevamente con fiebre sexual, mi madre era peor que ninfomaníaca. Como pudo se metió una parte de mi pene en su boca y lo mamaba como loca. Yo veía su boca toda distendida y pensaba que no debía de ser muy agradable sentir la boca tan estirada como ella la tenía, pero en su fiebre por obtener mi leche eso no le importaba. Mamó y mamó como desperada por espacio de más de 30 minutos para que lograra yo darle mi leche. Cuando se la di, le tiré un chorro de leche gigantesco por su boca, su cara, sus pechos y ella bebía y bebía como loca. Quería que la volviera a rajar su vagina, pero cuando intenté metérsela estaba tan resentida que tuvo que llegar a la conclusión de que no era posible y que debía descansar. Nos fuimos a bañar de nuevo, cenamos y nos acostamos abrazados como dos amantes apasionados.

Al día siguiente fuimos al pueblo cercano por alimentos y a conseguir una muchacha que se encargara de cocinar y de las labores del hogar. Tras mucho consultar decidimos hablar con una joven que nos recomendaron llamada Julieta la cual tenía 16 años y vivía a 1 Km. de donde nosotros vivíamos. La visitamos y mamá le ofreció pagar un buen salario. Ella (Julieta) es rubia, de 1.63 aproximadamente, pechos medianos muy turgentes, cintura pequeñita tipo avispa, culo paradito y piernas torneadas. La chica es totalmente blanca, parece la leche. Estuvo de acuerdo con mamá en que a partir del día siguiente comenzaría con sus labores.

Ese día, al regreso a mi casa, le dije a mamá que necesitaba comprar pantalones más holgados dado que mi bulto se marcaba notoriamente ante cualquier paso que diera y eso me tenía sumamente incómodo, aunque yo guardaba mi verga entre una cinta de tenis de las que se ponen en la cabeza, me la ponía en la pierna en el muslo y ahí la guardaba como si fuera una cartuchera de un revólver. Mamá me dijo que sí, pero dado que en el pueblo no había ningún tipo de pantalón como yo lo quería me los pagó a hacer a mi gusto.

Mamá ya estaba casi recuperada de su rajita y yo la veía ansiosa. Cuando le preguntaba que cómo seguía su raja me decía que mañana estaría ya a punto para mis nuevos embates y que su culo ya estaba repuesto y listo para la guerra, pero quería que le diera verga a ambos huecos mañana y no hoy. Para la noche quería lechita pero yo le dije que mejor la guardaba para la guerra de mañana. En la noche le di la gran sorpresa de meterle una mamada salvaje a su raja y a su culo, sacándole leche de donde no tenía. Ella me lloraba que se la metiera y la rajara toda, pero me logré sostener para el otro día.

Al día siguiente muy temprano, mi madre deseaba guerra como desesperada cuando vio que amanecí con mi pene parado como un poste. Ya me disponía a complacerla cuando sonó el timbre de la puerta, se nos había olvidado que era Julieta que venía a trabajar. A duras penas me puse una bata y fui a abrirle. Mi erección era de tal magnitud que aún con la bata que me quedaba grande se veía como una tienda de circo con su mástil principal. Al abrir la puerta saludé a Julieta y le dije que entrara. Al dejarle sitio para pasar hice un movimiento brusco y mi bata se abrió saliendo mi poste entero. Ella cuando la vio tragó saliva y se quedó petrificada viendo aquella enormidad. Yo rápidamente me tapé de nuevo y la hice entrar a la casa. Llamé a mamá diciéndole que Julieta había llegado. Mamá bajó con una bata transparente la cual dejaba ver claramente que estaba desnuda debajo de la bata, llevó a Julieta a la cocina y le explicó sus labores y le dijo que empezara con nuestros desayunos. Julieta no me quitaba ojo de mi entrepierna y mamá se dio cuenta de hacia donde dirigía sus miradas. Luego de eso nos fuimos a bañar mamá y yo con agua fría para bajar nuestros ardores. Con la presencia de Julieta las cosas por lo menos durante su tiempo de trabajo cambiarían, ya que no nos sería posible tener relaciones mamá y yo, más dado lo escandalosa que era mamá.

Mi madre me dijo que no le gustaba cómo me miraba Julieta, que eso la ponía celosa y molesta y que si seguía mirándome de esa forma la botaría. Eso me asustó, dado que yo ya me había propuesto como meta rajar toda a Julieta, así que a la primera oportunidad que tuve de estar solo con Julieta le puse en conocimiento de lo que mamá decía y acordamos que ella tratara de no mirar tanto hacia mi picha. Me dijo que le encantó el poste que tengo y que deseaba que la rajara aunque ella era virgen. Le dije que a la primera oportunidad que tuviéramos cumpliría con sus deseos con muchísimo gusto.

Los días fueron pasando y mamá y yo solo por las noches podíamos tener sexo. Mamá que es muy fija en sus ideas decidió que Julieta ya no le caía bien y que se vengaría de ella dado que notó que a mí la chica me atraía mucho. En sus celos mi madre planeó una venganza tipo sadismo. No sé cómo hizo para conseguir una silla de ginecólogo y la mandó modificar según sus especificaciones. De todo esto me di cuenta el día que ella llevó a cabo su venganza con Julieta.

Mamá extrañamente fue acercándose más y más a Julieta, simulando ser amiga suya y averiguando todo lo que podía sobre nosotros (en realidad no existía nada). Compraba revistas de sexo y de masoquismo y se las daba a Julieta para que las leyera a escondidas o que las llevara a su casa y las leyera, poco a poco fue haciendo en la chica que esta se interesara por el masoquismo y por el sexo un poco bestial. Las dos eran solo confidencias y risas todo el tiempo y a cada rato me volvían a ver mi entrepierna y se pasaban sus lenguas por sus labios relamiéndoselos como si chuparan mi verga.

En la noche mientras hacíamos el amor, mamá me dijo que no quería cansarse mucho dado que para mañana en la mañana me tenía una grata sorpresa. Yo le dije si era con Julieta, ella se molestó y no me habló más el resto de la noche.

A la mañana siguiente mamá me hizo ir al sótano con ella, al encender la luz, cual fue mi sorpresa al ver aquella silla ahí y un gran colchón redondo desplegado en el suelo, además de un mueble con grandes consoladores y con frascos con aceite, vaselina, etc. Le pregunté cuál era el objetivo de aquello y me dijo que pronto lo sabría, en eso oímos la puerta principal de la casa ya que mamá le había dado llaves de la casa a Julieta para que no tuviéramos todas las mañanas que levantarnos a abrirle. Mamá fue y la hizo pasar al sótano. Allí ella se quedó asustada al ver aquello, desconocía la existencia de dicho sótano. La verdad, yo sí lo conocía pero nunca iba ahí. Mamá le ofreció un trago a Julieta que en realidad era un potente afrodisíaco, ella también tomó una buena cantidad más de lo normal ya que quería estar al máximo para lo que pretendía. A mí me dio un vaso grande y lo tomamos. Mamá se sirvió una dosis casi cuádruple. Eso me estaba poniendo nervioso. Ella obligó a Julieta a repetir la dosis dos veces más y a los treinta minutos aquello era una hoguera completa, mamá saltaba desnuda por el sótano y perseguía a Julieta y le arrancaba la ropa brutalmente, la jalaba del pelo y la tiraba al suelo y trataba de violarla y Julieta actuaba igual. Yo contemplaba enloquecido aquella escena.

Pero luego me di cuenta de que mamá no había tomado tanto del afrodisíaco sino que en realidad estaba actuando. Cogió a Julieta, la sentó en la silla del ginecólogo, la acostó y le amarró las piernas y los brazos. Le hizo abrir sus lindas piernas al máximo, luego cogió mi picha y la mamó como loca y me dijo que rajara a Julieta. Yo le obedecía pero no quería maltratar a la chica porque ella me gustaba demasiado, quería hacérselo suavemente. Mamá, al ver mis intenciones, me siguió la corriente y me ayudó a poner mi pene a la entrada a la rajita de Julieta la cual ya estaba lubricada al máximo por el afrodisíaco. Yo puse mi glande y empecé a empujar suavemente. Mamá excitaba a Julieta diciéndole al oído que me pidiera a mí que la rajara de una vez en dos, pero como yo entraba muy muy pausadamente, mamá se molestó y se puso a mi espalda y cuando yo sacaba la punta de mi pene ella con sus dos manos me empujó violentamente las nalgas contra la rajita de Julieta. Mi pene entró como un tren en un túnel. Ella dio un grito horrible cuando le entraron más de 20 cms de una sola vez, yo sentía que mi pene se me despedazaba dado que ella era muy estrecha. Mamá, como enloquecida, trataba de empujarme más dentro de Julieta pero yo me sostenía, no quería despedazarla pues en el fondo yo amaba a Julieta.

Mamá quería vengarse de Julieta porque sabía que nos amábamos en secreto y yo estaba infringiendo el pacto inicial de mamá y mío de ser fieles ambos. Desgraciadamente el efecto del afrodisíaco se hizo sentir en mí poco a poco y comencé a hundirle mi pene con más ganas en un terrible mete y saca. Julieta lloraba de dolor y placer. A ratos me decía que se la sacara y a ratos que la partiera en dos. Yo siendo empujado por mamá empecé a meter más mi pene y pronto sentí que estaba en el útero de Julieta. Ella lloraba como loca que no la partiera y que me amaba, que yo era de ella. Eso puso a mamá peor y me empujo mis nalgas con alevosía y furia, quería que se la enterrara toda y la despedazara. Como pude, logré entorpecer los impulsos de mamá y me viene profundamente dentro de Julieta, mi madre al ver que me había venido cogió a Julieta la quitó de la silla y me dijo que le diera a Julieta por el culo, que se lo abriera así como estaba, pero sin lubricarla antes y con mi enorme pene era de fijo mandarla al hospital.

Entonces mamá, enloquecida, cogió aceite y vaselina y se los echó en su culo. Le metía los dedos pero con cólera y le abría a la fuerza su culo rico. Yo al ver cómo actuaba mamá me enloquecí y deseaba que mamá quitara sus dedos para rajarle a Julieta su culo. Le quité a mamá su mano ya que duraba demasiado y apunté con mi poste hacia el lindo culo. Cogiéndome la verga con una mano le metí de un solo golpe unos 15 cms, ella gritó como poseída por el demonio y se quiso desmayar. Le di tiempo a que su culo se acostumbrara a aquel tren que entraba en su anito precioso, despedazándola toda por dentro. Cuando vi que se había calmado seguí taladrando pero poco a poco, luego empecé un tremendo mete y saca de su culo y ella chillaba como loca y mamá me empujaba de nuevo para que la rompiera. Del culo de Julieta salían hilitos de sangre y en cada entrada a su culo salía aire y ella se echaba sus buenos pedos. Mamá se enardeció con aquella escena e hizo algo que yo nunca había visto: se guindó enloquecida del clítoris de Julieta y la obligó a que la mamara a ella. Era una escena increíble, nunca creí que mamá se fuera a comportar así.

Luego de tanto bombeo logré meterle unos 30 cms a Julieta y cuando ya no daba más me vine en un larguísimo orgasmo y llenaba y llenaba el culo de Julietita de leche y más leche. Ella mientras tanto lloraba al sentirse atacada por dos lados. Mamá apenas vio que saqué mi poste totalmente erguido del culo se tiró como loca a mamármela y al ver el semejante ojete que tenía ahora el culo de Julieta la maldita trató de meterle su mano en el culo. Julieta chirriaba que eso no, pero mamá empujó con fuerza y metió su mano en su ano y comenzó a darle vueltas adentro y a meter y sacar su mano. La mano le salía llena de semen y de mierda y luego cogió a Julieta y la hizo chupar de su mano. Era un escena dantesca e increíble y Julieta como en un sueño todavía le obedecía a mamá. Me dio tanta cólera por el sadismo de mamá que le paré el culo y sin contemplaciones de un solo estacazo le clavé más de media verga. Lo que oímos fue un grito que retumbó por toda la casa. Yo no le hacía caso y la cogía de los hombros y me impulsaba cada vez más adentro de ella, vengándome de lo que ella le había provocado a Julieta.

Mi furia era tal que llegué a tenerle casi 45 cms dentro de su culo, la bombeaba como si deseara matarla en ese instante. Ella gritaba y se quería desmayar. Me vine a chorros dentro de ella, pero de mi cólera se la saqué, la alcé, la puse en la silla del ginecólogo y la até a ella. La silla había sido modificada quitándole un pedazo al final de la silla de forma tal que el culo de la paciente quedaba salido de la silla. Cogí mi verga así llena de semen y de mierda del culo de mamá y sin limpiarla ni nada (ni siquiera pensaba en la posibilidad de una infección vaginal posterior) la clavé con saña. De primera entrada le metí unos 30 cms, llegué hasta su útero. Ella jadeaba y gritaba que la partiera, que yo era un desgraciado maldito que no valía nada. Eso me ponía peor de bravo y de caliente y me agarraba de la silla e impulsaba mi miembro hacia delante hundiéndolo todavía más. Ella gritaba como endemoniada que la rajara, que yo era un hijueputa mal agradecido de mierda. Del colerón le logré empujar toda mi verga hasta sentir mis huevos chocando con su vulva. Ella estaba desfallecida del dolor y del placer, y cuando se recuperó me decía que no la sacara, que si la sacaba mejor me fuera de la casa y no volviera nunca, tal era la fiebre que tenía. Julieta al ver aquella escena se subió sobre la cara de mi madre y le puso el gran huecote que aún tenía su culo y por el cual chorreaban semen y mierda en la boca de mamá, y esta sorbía como desesperada de aquel elixir.

Al ver esta escena empecé a bombear como desesperado e hice que mamá tuviera una serie completa de orgasmos por casi 20 minutos seguidos ya que yo no paraba de bombear. Ella se desmayó y sus esfínteres se aflojaron y se orinó y se cagó, era demasiado para ella. Luego de eso caímos rendidos. Más tarde, mamá me pidió perdón a mí y a Julieta por sus celos y ahora acepta que yo tenga relaciones con Julieta. Eso sí, con la salvedad de que tenemos que ser los tres siempre juntos o sólo mamá y yo.

Ahora vivo feliz y contento, luego les contaré de cómo en el pueblo por un error de Julieta al pasarse de copas le contó a unas amigas sobre mis dotes masculinas y se corrió la voz por el pueblo y de repente comencé a tener admiradoras a montones. Mamá esta considerando el mudarnos a otro sitio donde solo seamos nuevamente ella y yo.

Pero eso será otra historia.


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© Luis Emilio

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