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Fecha: 21-Ene-04 « Anterior | Siguiente » en Otros Textos

Mi hermana Porno-amateur

MAyON
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El caracter de mi hermana, en este pais extraño para ella, casi la jode, si es que no se hubiera puesto ella a joder... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Hola a todos. Empezaré por presentarme. Me llamo Carmen G., tengo 30 años, argentina pero residente en España desde hace 7 años, felizmente casada con dos hijos, Carmencita que nació en España a los dos meses de llegar, y Luis Mario de 4 años. Trabajo como ayudante de cocina en un colegio de una localidad de unos 40.000 hab., de la provincia de Castellón, en el Levante Español. Somos una familia normal, modesta como la mayoria, pero felices y bien integrados. El sueldo de Luis, mi marido, junto al mio, nos permite pagar nuestra hipoteca, y tener la casa tan equipada como cualquier familia española, entre la que nos consideramos una más. Añoramos nuestro pais, Argentina, y a la familia que se quedó allí, pero pese a los duros comienzos en España, lo cierto es que este pais nos ha tratado mejor que el nuestro y del que tuvimos que salir para procurarnos un futuro mejor. También a los hijos que vinieran.

Por suerte, nos pudimos traer a mi hermana más pequeña, Gloria, en aquellos dias de la gran crisis del 2002, va ya para dos años. Era una chiquilla, aun lo es, pues cuenta con 23 años. Vino a nuestra casa, dispuesta a encontrar trabajo lo antes posible. Jamás pensamos que con la legislación de inmigración, pudiera resultar tan difícil. Hubiera tenido menos problemas si tuviera los papeles en regla, pero estos no podían tenerse, si no se acreditaba un trabajo. O sea, la pescadilla que se mordía la cola. Además, su formación académica era escasa. Los trabajos que encontraba eran precarios y mal pagados. Así, cuido niños de familias trabajadoras, pero demasiadas horas para tan poco dinero. Trabajó algunas noches de barman en un pub de copas, pero lo mismo, con el añadido de que volvía no antes de las 5 de la madrugada. Además, por su carácter frágil, y rebelde, y por el pesimismo y añoranza que estaba calando en ella, tanto Luis como yo, nos negamos a que siguiera trabajando en la noche.

Efectivamente, Gloria era una joven como todas, ni peor ni mejor, solo que bastante más guapa que la media. Por supuesto que necesitaba, un círculo de amistades de chicos y chicas de su edad en el que se integrara. Un ambiente cálido, que la ayudara a crecer. Una referencia aceptable para ella, que le hiciera tomar el acertado camino en su vida. Pero pasaban los meses y que tenía? Soledad sin amistades, frustración por no encontrar un trabajo digno, mucha añoranza de Argentina y de lo que dejó allí, y, como consecuencia, una rebeldía y un mal humor que iba en aumento. Llegó a tener discusiones cada vez más agrias, con mi marido y conmigo, porque no aceptaba la disciplina de casa, despreciaba los consejos que le dabamos, no consentía en sacrificarse por su bien, y por último hacía bien poco por regular su situación legal, por adaptarse. En definitiva, le daba igual.

La última de estas discusiones fue por el motivo de no admitir en casa a un amigo suyo que vino también de Argentina. El chico, más o menos de su edad, con nula formación igualmente, venía a la aventura, a ver que encontraba, imagino que tan desesperado como vinimos nosotros en su día. Solo que Gloria no me comentó nada, hasta que se presentó una noche con su maleta en la puerta de casa. Esa noche, la pasó con nosotros, pero no quisimos que fueran muchas más. Por mi familia, mi casa no había de ser el centro de recepción de anónimos argentinos. Además, pasaban los dias y el chico estaba tan perdido como el primero. Sintiéndolo mucho hubo de abandonar la casa, y Gloria, al no entenderlo... también. Aún así, le afirmamos que siempre podría contar con nosotros, que nos hiciera saber donde estaría. Que éramos lo único que teníamos. Que no perdiera el contacto. Yo la quería muchísimo, pero la despedida fue dramática. Sobra decir lo angustiados y tristes que estabamos mi familia y yo, hasta que Gloria, 2 semanas después nos llamó.

Estaba junto a su amigo residiendo en una localidad turística de Tarragona, a unos 120 km al norte de casa. Llamaba porque al fin, tras pasar dias de auténtica necesidad, habían encontrado trabajo ambos en un hotel. Él, como camarero del restaurante, ella como camarera del servicio de habitaciones. Tuvieron suerte de que ese hotel, contara con ellos para preparar la temporada turística. Era marzo del 2003. Poco después, su amigo fue despedido por motivos que desconozco. Y ella abandonó el hotel también. Luego él encontró trabajo como peón de una obra, y ella de nuevo como camarera de un hostal. Alquilaron un estudio para vivir y nos invitaron a visitarlos. Fuimos enseguida. Sin embargo, no volvimos con una buena impresión. Mi hermana estaba muy desmejorada y anímicamente bastante mal. Se quejaba de todo y de sus bajos ingresos. Su amigo, de carácter huraño, se mostró muy descortés con nosotros. No le caíamos bien, y él a nosotros tampoco. Bebía demasiado, ella menos, pero igual bebía bastante y no creímos casi desde el primer momento que pudiera hacer feliz a Gloria. Ni siquiera que le conviniera estar junto a él. Eran pareja, pero sabíamos que no se amaban. Le pedí que volviera con nosotros, pero ella declinó diciendo que teníamos una vida, mientras que ella tenía la suya. Tenía 22 años pero parecía de más de 30. Verla así me dolió más que cualquier cosa en mucho tiempo.

Nada podíamos hacer excepto, prometerles que dedicaríamos todo nuestro tiempo en buscarles un trabajo digno en nuestro pueblo, y ofrecer a mi hermana mi casa de nuevo. Allá por agosto, nos pusimos en contacto con ella para decirle que habíamos hablado con el dueño de una finca agrícola, de cerca del pueblo, y que estaba de acuerdo en que viviendo allí, fueran los encargados de trabajarla y cuidarla. Ambos. El sueldo era modesto pero suficiente, y estarían juntos. Declinaron, aduciendo a que ya les iban las cosas mejor. Me sorprendí pero me alegré mucho. La tranquilidad volvió de nuevo a mi vida. Máxime cuando 3 meses después, viajaron para vernos y pasar un domingo juntos. Llegaron en su coche, un utilitario de segunda mano pero en buen estado y trajeron un par de regalos para los niños. Dijeron que aunque seguían viviendo en aquel pequeño estudio, habían conocido a un empresario rico, para el que trabajaban ocasionalmente. No dijeron más. Sea como fuere, me alegré enormemente.

Ya dije que Luis y yo, nos llevábamos muy bien. Habíamos pasado por mucho, habíamos trabajado mucho, pero todos los obstáculos los habíamos superado con amor. Nuestra vida sexual, era bastante activa y muy satisfactoria. Éramos jóvenes, calientes, disfrutábamos del sexo y para nosotros era una parte muy importante de nuestras vidas. No es que nos estimularamos solamente así, pero cuando los niños se acostaban, sobretodo en fines de semana, era frecuente que viendo películas porno de los canales de tv locales, aprovecharamos la excitación para comenzar largas y fogosas sesiones de sexo. Sí, nos gustaba el porno. En cuestiones sexuales teníamos muy pocos tabús y sí muchas ganas de disfrutar lo más posible. Notar como crece la excitación mientras ves a esos magníficos actores y actrices (son buenos en tanto y en cuanto transmiten tanto a las cámaras, haciendo tantas locuras...), en plena actuación, es de una voluptuosidad deliciosa. Ojalá no me tilden depravada, amigas lectoras, si les digo que visionábamos una media de una película por semana. Semanas en que veíamos dos, por la que no veíamos ninguna. Sigo opinando que me considero normal. Solo cuando queríamos ver alguna película de un tema especifico, Luis traía una de un sex-shop muy bueno que había en Castellón, por donde pasaba casi a diario, por razón de su trabajo como conductor de una furgoneta de reparto de una empresa de loza local.

Teníamos nuestras preferencias, pero en general, admitíamos todo: fetichismo, sumisión, orgías, lésbico, zoofilia.... Últimamente habíamos visto alguna película de porno casero, que según me comentaba Luis, pululaban cada vez más en los video-clubs. Reconozco que me encantaban, pues muchos de esos actores tenian un aspecto parecido al nuestro y eran hispanos, españoles o americanos. No se doblaban las películas, pues hablaban el castellano que todo el mundo entiende. Eso ya, es un gran punto.

Recuerdo varias de ellas, pero tengo especial recuerdo de dos. La primera que ví, una pareja de edad madura, que obedecía y hacian todo lo que les decía el regidor. La película trataba de captar como se hacía un film porno-amateur, en la que los protagonistas no solo eran los actores en sí, sino también el personal técnico. El regidor, empezó suave, pero viendo como se comportaba la pareja, fue exigiendo cada vez más cosas. Ver como las intentaba hacer la pareja, y como disfrutaban con algunas de ellas, era de lo más excitante. La otra que me excita cada vez que la recuerdo, fue la que mostraba la grabación de una fiesta liberal en un gran chalet, de cualquiera sabe donde. Que orgia! Que pasión por el sexo de esas mujeres! Nada que envidiar a las mejores actrices porno, excepto por sus cuerpos no tan de gimnasio.

Cerca del fin de año del 2003, un viernes de hace apenas un mes, Luis trajo una de estas películas amateur. Recuerdo que se llamaba "Desenfreno a bordo". Estaba grabada en verano, y comenzaba mostrando un lujoso yate, recibiendo invitados que iban subiendo por la pasarela hacia su interior. Un total de unas 10 personas entre tripulación y invitados, se pusieron rumbo a alta mar. Sobre todos, al que mas se veía era al capitán del barco que hablaba con todos, que ofrecía copas a todos y todas. Un señor con notable acento extranjero, con barba canosa y con pancita de una edad entre 55 y los 60 años. Se me heló la sangre cuando me pareció distinguir al amigo de mi hermana, que hacía el papel de mozo de navegación. Un rato más, y llego el turno de enfocar a mi hermana, tomando el sol sentada en cubierta, con las piernas colgando fuera del yate. Vestía un bikini rosa y pareo. El capitán se acercó a ella y le ofreció champagne, como a los anteriores. Hablaron simpáticamente sobre la nacionalidad de ella, su edad, si tenía novio, si le gustaba navegar, etc., todo, a modo de presentación. Para despedirse, el fulano le toco los hombros y el cabello y se dieron un beso. Luis me ofreció quitar la película y le dije que sí. Esa noche no tuvimos sexo, pese a que Luis lo intentó. No tenía la mente en ello. Dormí bastante poco, la verdad.

Los sábados era el día de limpieza doméstica. Prefería que Luis ayudara quitandome de en medio a los niños, mientras yo intentaba terminar lo antes posible. Ese día se fueron a ver los Belenes, muy bonitos por cierto que se hacen aquí, como en otras partes de España. No sé muy bien como me encontraba, pero... estando sola, decidí ver hasta donde pudiera la película de marras. Empecé por donde se había quedado la noche anterior. De esta forma el capitán presentó a todos a bordo. Junto a él, un joven al timón, el amigo de mi hermana como mozo, y otro hombre más de edad, visiblemente amigo del capitán pero más joven como de unos cuarenta y tantos. Además de 6 mujeres: dos maduras de cuarenta y tantos y cuatro jóvenes. Una de ellas, también extranjera, rubia y alta, debía ser modelo o prostituta por su buen cuerpo, mi hermana la segunda más bonita tras de esta y la más morena del grupo, y las otras dos, típicas españolas de entre 30 y 35 años.

El capitán junto a las presentaciones daba pie a juegos al que las chicas se prestaban de buena gana. Así una se bajo el sujetador mostrando su seno mientras sacaba la lengua. La rubia se pasó el dedo sobre su bikini, por su raja, rozando visiblemente el clítoris. Y su amigo, el maduro, se afanaba en mostrar como jugaba con dos chicas dándoles golpecitos en las nalgas o mordiendo sus pezones, sobre el bikini, logrando que estos se contrayeran. La cámara iba pasando de uno a otro integrante y ésta, se fue a grabar la primera escena fuerte: una madura se arrodilla junto al joven timonel, le frota su verga poniéndosela dura al ratito, entonces le baja un poco el bañador.... y tras menearla un poquito se la mama mientras éste sigue pilotando el yate. Saber que quien grababa era una chica (salian por camara sus rodillas), y la felación perfecta me excitó. La mujer saca de su boca, el pene erectisimo del joven y sonrie a la camara. Entonces la camara se eleva y se asoma desde el puente, hacia cubierta. Se centra en el amigo de mi hermana que es ahora quien lleva copas sin parar al resto. Entrega una copa a la rubia, que sigue estando como ausente, otra a la otra chica madura que está... ya desnuda, tumbada a todo lo largo de cubierta, con las piernas abiertas y masturbándose. La cámara fija su objetivo en su sexo. Con dos dedos de una mano estira hacia arriba su depilado sexo, dejando bien visible su clítoris, que circulea suavemente con un dedo de la otra mano. El argentinito aguanta su copa hasta que la chica la coja. Al fin la mujer le hace caso y la toma con una mano, mientras con la otra, le echa mano al paquete del chico. El amigo de Gloria, se arrodilla y deja hacer a la mujer. Empieza a sobarle sus pequeños pechos y esta se lleva su pene, a medio camino para su erección completa a su boca. Entre tanto llega el capitan, solicita la atención de todos hacia lo que estaba haciendo la pareja, y empieza a acariciar a la mujer... La cámara enfoca de la felación a los tocamientos que el capitán hace en el sexo hambriento de la cuarentona. Le mete dos dedos, mientras mueve el pulgar en su clítoris, con bastante experiencia, hay que decir.

Yo ya me estaba poniendo a tope, más al descubrir como era el sexo del argentinito, que estaba segura, mi hermana disfrutaba en privado. El chico no muy alto, tenia un cuerpo atlético, delgado, y su pene no tan grande como el del timonel, pero sí respetable, era muy bonito. Moreno. Proporcionado. Con un glande violáceo... delicioso. Llega el amigo maduro del capitán, y le acaricia las nalgas al chico, mientras pellizca un pezón de la mujer. Se toca él su minúsculo pene y casi empujando al argentino, se coloca sobre la cara de la mujer para introducírselo en su boca. El argentino sale de escena, desnudo y erecto. A la vez, el capitan se dirige al puente para hacer detener al barco, ordenando que todos bajen a cubierta. Supuse que la fiesta grande, iba a empezar...

Hasta ahora mi hermana no había salido apenas, y yo ya tenía gana de verla en acción. Diría que era por la curiosidad de ver que hacía (de hecho es lo que me había motivado a poner la cinta), pero dada mi excitación, sabía que la curiosidad era ... morbosa. Se reunieron todos a cubierta y se desnudaron completamente los que no lo estaban ya. Inventaron un juego. Todos formados mirando hacia babor, de pie, abiertas las piernas, menos el que sujetaba la camara (el timonel). El primero de la fila se situaba detrás del siguiente y llevaba su mano al sexo de este o esta (sin distinción de sexos) desde atrás hacia adelante, mientras el camara, grababa por delante del afortunado pasivo, ya su expresión al recibir la caricia, ya las maniobras de la mano en su sexo. Empezó el capitán sobre una de las treintañeras, con el sexo afeitado y un piercing en su clítoris. Los dedos recorrian su vulva de atrás adelante. Se introducían en su vagina, o tiraban del arito del piercing, mientras la chica sonreía o ponía cara de gusto. La siguiente era... mi hermana.

Su piel preciosa morena, resaltaba con el blanco de las manos del capitán, que movia de parecida forma a la vez anterior, bajo su sexo. Éste no estaba depilado pero tenia su escaso bello azabache muy recortado y lindo. Su clítoris recibía los roces de los dedos, mientras ella se agachaba para recibir mejor el masaje. Efectivamente, el cámara al enfocar su rostro, ésta se veía muy concentrada en disfrutar la manipulación de coño que estaba recibiendo, y movía su cuerpo para sentirla mejor, mientras no dejaba de acariciarse a sí misma sus perfectos y elevados senos. Mi sentimiento era contradictorio pero... la escena era terriblemente excitante. Mi dulce hermanita de 23 recién cumplidos, con su cuerpo delgadito de adolescente, bien marcada de curvas en pecho, caderas y trasero, teniendo la serenidad y las ganas de disfrutar la excursión naval, a tope. Uffff. El capitán continuó con todos, llegándole el turno al final al mozo argentino, que recibió sus caricias en pene y testículos, en un estado de media-erección.

Acabada la ronda del capitán le tocó a la del piercing. Y la primera en recibirla: mi hermana. Con ella Gloria estuvo menos receptiva, a pesar de que la chica hizo un gran trabajo. Le abrió el sexo con una mano, mientras con la otra le froto el clítoris lateralmente a un ritmo vertiginoso. El clítoris de mi hermana, bien visible por su buen tamaño, enrojeció de excitación y tal vez de la fricción. Cuando llego al argentinito, le masturbo un poco, logrando su completa erección, y acabó su ronda. Le tocaba el turno a mi hermana.

La primera, la rubia alta extranjera. Tenía un sexo rosado, con un minúsculo triangulito de pelo castaño claro en su pubis. Los labios muy sobresalientes, se movían acompasando los movimientos de la mano de mi hermana. La rubia miraba hacia detrás sacándole la lengua a mi hermana en gesto lujurioso, mientras que se asía también de sus pechos pequeños y lindos. Mi hermana le metió dos dedos por su vagina y los movio fuerte hacia arriba. Pasado medio minuto cambió de compañera. Yo ya estaba masturbándome y a punto de estallar, cuando en camara apareció una madura acariciada por mi hermana. Si mi hermana se movió al recibir sus caricias... ésta parecia que estaba a punto de su orgasmo. Movía su pelvis convulsivamente, y elló invitó a mi hermana a esmerarse. Le metió hasta cuatro dedos que empujaba hacia arriba, moviendo su mano mientras la puta madura gritaba de placer. Me corriiiiií sin remedio, viendo como la mano de mi hermana desaparecía en aquella hambrienta vagina, y pensando en lo bien que hacia mi hermanita su tarea. Mi clítoris no aguntó mas las caricias de mis dedos, muy mojados por mis fluidos. Cerré las piernas con mi mano dentro, para prolongar el éxtasis. No obstante la película no podía dejar de mirarse. Era buenísima.

Quizás sea excesivo, que la cuente entera, así que me limitaré a contar las dos escenas donde me corrí las siguientes dos veces. Una donde la rubia, agarrada por muchos de la embarcación, satisfacía a todos los hombres del barco. Al delgado y alto timonel, rubito, bajo ella mientras se la follaba por el culo. Al argentinito, sobre ella, moviéndose y penetrándola sin piedad por su coño. Mientras chupaba alternativamente, y a veces a la vez, las dos vergas de los amigos, el capitan y el maduro. Estallé esa vez en otro largo orgasmo, que no ahogó mis gritos. Estaba ya entregada al placer, con unas ganas locas de hacerme pedazos, de seguir consumiendo película. Me corrí por última vez, cuando el argentinito, después de una penetración anal a mi hermana que a cuatro patas, le comía el coño a la chica del piercing, saco su verga y se corrió sobre su ano, yendo a lamer su leche, una madurita y el maduro tanto del ano de ella como del pene de él. Ver el lechón en un ano dilatado, en medio de un culo precioso y familiar, mientras una pareja lo retiraba con su boca, fue espectacular.

Terminé de ver la película, pero reconozco que no estaba ni viendo, ni pensando en ella. Solo era consciente de que mi vulva palpitaba de un placer triplemente obtenido y de gran intensidad. Terminó la cinta y la guardé donde estaba. Mi marido llego con los niños un rato después, ajeno a lo que había hecho. Estuve como ida todo el día, y solo pensaba en que llegara la noche, para ver si se daba la oportunidad de verla de nuevo. Había decidido compartirla con mi marido si él lo quería. No hablamos de eso, hasta que estuvimos solos esa noche. La peli porno de la tv local estaba empezando, y lógicamente yo me había encargado de tener sintonizado ese canal. No sabía como sacar el tema, hasta que mi marido al ver las primeras escenas de tv, se acordaría y me dijo:

-"Acuerdate de que me lleve la película el lunes para el trabajo, para devolverla."

-"Sí cielo, pero.... la devolveremos sin verla?", pregunté con malicia....

-"A mi me gustaría –respondió con tranquilidad-, pero... entiendo que no quieras..." Tenía un marido adorable, que me ponía mucho másssss.

-" Anda, vamos a ponerla. Al fin y al cabo, la habran visto miles. Ella ha decidido esa vida, y no me parece que no tengamos el derecho de verla."

La vimos casi sin hablar, y sin jugar. Mi marido, no sé si por respeto o qué, no intentó mostrar la excitación que tenía. Que yo sabía que era mucha. Solo me miró unas cuantas veces con gestos exclamativos. Verdaderamente era muy fuerte la película. Al término, volvimos a guardar la cinta, y fuimos al dormitorio. El pene de mi marido estaba enorme, y no se le bajó, ya tumbados en la cama. Me acerqué a él, se lo agarré y le pregunté:

-"No has comentado nada. ¿Qué te ha parecido?"

-"No sabría que decirte, es un sentimiento extraño..."

-"Pero, te ha gustado, no?" Casi más afirmando, teniendo entre mis manos su dura... respuesta.

-"Sí mucho. Tu hermana ha estado fantástica. Me pregunto cuantas películas habrá rodado."

Hablando y pensando en ello, me subía la excitación. La mano que tenia bien cogido el pene de mi marido, la bajaba con fuerza, hacia sus testículos, poniendo muy tirante la piel de él. Él, no se quejaba. Sabía que su excitación, le impedía sentir dolor. Cuanto más prudente se mostraba Luis, al hablar de mi hermana, más me excitaba. Le comía su miembro mientras pensaba en la peli, frotaba mi sexo contra el de él, mientras le hablaba. Jugué esa noche a ponerlo nervioso con mis preguntas, y a mantenernos calientes todo lo que pudiera. Le preguntaba cosas como: "¿Qué es lo que más te ha gustado de la película?, ó, "¿tenemos mi hermana y yo el sexo igual?", ó, "¿te gustaría follarte a una joven tan bonita y turgente como mi hermana?", "¿y a mi hermana, te gustaría?", "¿te gustaría ver más películas de la puta de mi hermanaaaa?". Ufff, preguntando mientras me rozaba con su verga erecta a la vez que él asía mis nalgas abriendomelas al máximo, o mientras me sobaba el clítoris que lo tenía enorme y amoratado de placer, o mientras me hacía una comida de coño perfecta, estuve a punto de correrme muchas veces. Luis, no terminó de perder la vergüenza al hablar de algo a lo que se le había perdido yo, aunque estaba muy caliente. Sí, eramos muy lascivos y a mi eso, me encantaba. Al final no pude aguantar más, y me senté sobre su verga erigida para el placer de cabalgar, y tuve un orgasmo explosivo, que hizo que mis lagrimas brotaran de gusto.

El domingo noche, volvimos a ver la película, más tranquilos. Es como si estuviéramos deseosos de recordar cada detalle, cada escena, cada gesto lúbrico. Esa noche, mi marido, al fin comprendió, que ya no me importaba que él comentara las delicias físicas o interpretativas de mi hermana. Alabó su silueta, con una cintura muy marcada, y unas caderas generosas y redondeadas. Su torso sin un gramo de grasa y sus senos firmísimos, como globos puntiagudos rematados por un pezón delicioso. Su cara, sin grasa, de pómulos marcados y ojos grandes, de orejas pequeñas y labios carnosos, adornada con surcos causados por la necesidad o el sufrimiento, tal vez, pero que en conjunto le conferían un aspecto atractivo, interesante. Ella y yo nos pareciamos como hermanas, pero evidentemente, a mi edad, con mi vida ordenada y los partos de mis hijos, no tenía su físico. Aún así, no sentí celos de que mi marido la alabara. Era como estar satisfecha de que siguiera admirándose por alguien que era casi yo. Como contenta de que si alguien fuera para él, más bonita que yo (y evidentemente podían ser muchas mujeres), objeto de deseos ocultos, esa mujer fuera de mi propia sangre. Incline mi cuerpo hacia su cintura, le aparté el pijama y deje libre su miembro erecto. Lo miré durante unos segundos, y agradecí al destino que esa hermosura fuera mía. Me lo metí en la boca, y con pausado deleite, no pare de lamer y succionar, hasta que eyaculó en mi boca. Me lo tragué mientras nos sonreíamos. Al poco acabó la película, y le pedí que intentara comprarle al dueño del videoclub, la cinta o una copia de ella. La idea de tener la película todo el tiempo, le encantó a Luis.

Desde la última visita de Gloria y su amigo argentino, yo ya podía localizarla a su teléfono celular. Los invitamos para Nochebuena, y fue una buena velada. Luis y yo, pudimos ver como parecían llevarse mejor, y lo que económicamente parecían haber mejorado. Ya no los hemos vuelto a ver más, excepto por video. Cerca del fín de año, Luis consiguió de ellos otra película, que también terminó comprando. Ya hablaré de ella en una próxima oportunidad, así como de algunas locuras que mi marido y yo hemos ido ideando, si es que llegamos a llevarlas a cabo.

A todos Feliz Año 2004.


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