Resumen de lo publicado: Oscar hizo
la mili en Canarias, y su novia Eva es iniciada en el sexo lésbico
y en grupo a instancias suyas, pero ignorando que él ha tenido mucho
que ver en ello. A la vuelta, ella pasa de él, y éste se
enrolla con su hermana. Ahora ambas están en la misma rueda del
deseo (y si quieres más, lee las 7 partes anteriores). ***** Encontré
a Sara diferente, una víctima propiciatoria para el disfrute de
todos nosotros. No sé cómo ni cuando, pero se había
depilado el sexo, y ahora su cintura parecía aún mucho más
estilizada. Su cabeza reposaba cómodamente en un cojín, pero
estaba estirada, y era incapaz de ver la agitación que había
entre sus abiertas piernas.
Una de las mujeres le abrió
los labios, de manera que su clítoris afloró, cosa que le
permitió a la encargada de hacerla gozar usar una de sus largas
uñas, en rascar suavemente su botoncito. Lo hacía con parsimonia,
sin prisas, sabiendo que logrará el objetivo. Todos mirábamos,
pero además, ninguno tenía las manos libres. Hugo se puso
cerca de la cabeza de Sara, y le acercó su mástil a la boca.
No hicieron falta palabras, ella lo engulló como si hiciera días
que no comía.
Eva, tenía uno de los tipos
detrás, con la verga cogida entre sus muslos, y torturada en sus
pezones por unas manos ciertamente nada hábiles, puesto que tenía
rictus de dolor. Una mirada más atenta me hizo cambiar de opinión:
deliberadamente le hacía daño, pero no parecía excesivo,
puesto que ella se estaba masajeando el clítoris.
El tercer hombre, empezó
a hacer algo similar con los pezones de Sara, cuya vulva ya brillaba por
sus jugos. Y sólo cuando se le escapó un quejido agudo porque
le habían pellizcado demasiado fuerte el pezón izquierdo,
la mujer se amorró a su chocho.
La mujer que quedaba libre me cogió
la mano, y la acercó a su coño. Estaba encharcado. Como por
resorte, mi verga la saludó, y nos hicimos un 69, en el que ella
se lo tragaba todo, mientras yo le sorbía el clítoris, y
sumergía tres dedos en su culo, que ya había sido visitado
anteriormente, a tenor de la facilidad con que entraron.
La corrida de Sara me sacó
de la concentración con que degustaba el salado agujero de María.
Había restos de esperma en su boca, y Hugo ya se había apartado,
y el otro hombre ocupaba su lugar.
Vi a Eva un poco alejada, estirada
sobre un sofá mientras aquel tipo la bombeaba salvajemente, mientras
usaba sus pechos como asideros para no caerse. Cruzamos miradas de deseo.
En aquel momento, deseaba ser yo quien la poseyera, quien hundiera mi polla
en su gruta hasta que la punta chocara con su útero. Justo entonces,
María decidió que ya estaba bien de usar su boca, y se empaló
con mi verga, de espaldas a mí, para ver cómo usaban a Sara.
Se movía de delante hacia atrás, con lo que su culo quedaba
desprotegido. Esta vez fueron cuatro los dedos que se sumergieron en su
puerta trasera. Ya estaba lanzada, se movía con desespero, y cedió
un orgasmo antes de izarla, y clavársela en su culo de golpe.
Y así se movía ella,
cuando vi que Hugo apartaba suavemente a Olga del coño de Sara,
y procedió a verter sobre la ansiosa vagina un chorro de aceite
de oliva. Y luego repitió la misma operación con su mano,
una mano gruesa, de dedos largos. Sara, permanecía ajena a ello,
tragándose la corrida del segundo tipo. A una señal, Olga
se subió a la camilla, y se sentó sobre la cara de Sara.
Como un perrito goloso, empezó a sorber los jugos que aquella mujer
le ofrecía; pero el objetivo era inmovilizarla. Todos dejamos de
hacerlo para centrarnos en ver cómo la mano de Hugo desaparecía
entera en el coño de Sara, quien intentaba zafarse de la presión
y el dolor. Gritaba, suplicaba, pero Hugo fue inflexible, y sólo
dejó de empujar cuando sólo era visible el reloj de pulsera
que llevaba.
Entonces empezó a abrir y
cerrar la mano. Lo notamos por las convulsiones del vientre de Sara. Su
hermana se había acercado a su cabeza, y le susurraba cosas al oído
y le acariciaba el cabello. Sólo acerté a escuchar: "
cuando te hayas corrido, lame su coño, lámelo sin parar"
. En breves instantes, lo hizo, entre lágrimas en los ojos.
Su coño se había adaptado
a colosal intruso, que ahora entraba y salía con un ruido sonoro,
como de chapoteo, y nos invitó a todos a hacer lo mismo. Yo fui
el penúltimo, y puedo jurar que fue una sensación increíble,
notar sus rugosidades internas apretar mi puño. Cerré la
mano y empujé mucho, eso le gustó, aunque ya se quejaba del
dolor que sentía en la entrada.
La guinda la puso Eva, quien no
sólo desfondó definitivamente la abierta vulva, sino que
además le puso su otra mano en el pequeño culito. Cuando
acabó todo, la desataron, y le ofrecieron, si quería marcharse.
Sin embargo, declinó la oferta, aunque dijo que por hoy sólo
usaría la boca y las tetas, ya que el resto lo tenía muy
dolorido. No obstante, durante la noche se dejó lamer sus dos agujeros.
Yo pude disponer del cuerpo de Eva, pero en mi cabeza estaba el de Sara.
Lo notó, y cuando se corría, se apretó a mí,
y me dijo que le encantaba ver que su hermana era ya importante para mí.
La orgía acabó bastante tarde, pero quedé con Sara
para hablar. Necesitaba aclarar conceptos con ella. Ya sentía que
formaba parte de mi vida, y que ya ocupaba en mi corazón una porción
mucho más grande que Eva. No era sólo el sexo, eso lo sabía
de los días anteriores, pero ahora sabía que con ella, nada
sería aburrido.
Al día siguiente, al recoger
a Sara, estaba radiante, nada que se pareciera a lo de anoche. Acordamos
que seguiríamos yendo a las reuniones de la casa, y que podríamos
intentar salir juntos. De ello hace ya cinco años. Hugo se casó
con Eva, pero eso era un puro formalismo. Lo cierto es que básicamente,
los cuatro follamos casi siempre juntos, con algunos amigos a veces.
Fin.
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