Mi jefe no me quería mucho. Y para "castigarme" me manda de
comisión al interior del país, a trabajar a provincia, y elegía fechas
incómodas, como ser fin de año (lógicamente que no llegaba a la crueldad de
mandarme fuera los días de las fiestas, pero sí antes, durante y después de las
fechas claves), también me mandaba entre semana a provincia cuando mi equipo de
fútbol jugaba en nuestra ciudad, para que no pudiera ir al estadio a ver el
partido.
Mi jefe, además, era medio nazi, o nazi del todo, un ser con
sus ideas bastante revueltas, no hacía nada para ser querido y a mi tampoco me
importaba mucho.
Entró a trabajar una chica de religión judía en nuestra
empresa, algo gordita de piernas, con panza chata, algo de tetas y una cara
preciosa. Nariz pequeña, boca grande con labios gruesos, ojos marrones, pelo
negro, nada del otro mundo, pero su conjunto era muy atractivo, y como era muy
lista a la hora de vestirse, elegía grandes faldas para disimular la anchura de
sus piernas, que como tenía panza chata, quedaba muy bien.
Yo era jefe de grupo, y me asignaron a Natalia para que la
capacitara, ante ello, mi jefe me "advirtió" que Natalia era de origen judío, a
lo que yo respondí que eso no tiene mayor relevancia, dado que nuestro cometido
era el trabajo y que la administración y auditoría no estaban reñidos con la
religión, pero él insistió en que los judíos piensan diferente, tema que yo
aborté de cuajo, dado que en definitiva no tiene nada de malo ni de bueno ni
tampoco especial ser judío o de cualquier otra religión a la hora del trabajo, y
mi jefe se quedó con su anti-semitismo en la boca, soprendido por mi cortón a su
monólogo.
Nos tocó supervisar una unidad de la empresa en la ciudad de
Buenos Aires, donde Natalia comenzaba a demostrar todas sus cualidades
personales: simpática, sensual, seductora, amigable, y también sus cualidades
profesionales: hábil, rápida de mente, medio vaga a la hora del trabajo, ella
actuaba como si le sobrara paño para realizar las tareas.
Me costó un poco ubicarla en el sistema de trabajo, llegamos
a discutir un poco, pero nada importante, con hechos y no con palabras le
demostré el camino que debería recorrer si seguía asignada a mi grupo de
trabajo.
Terminamos nuestra labor en Buenos Aires, y mi jefe nos
asignó una unidad en el interior: en la ciudad de Balcarce. Y solos. Era la
primera ocasión en que se enviaba al interior del país a una pareja de hombre y
mujer a trabajar. Antes había sucedido que se enviaban, pero eran cuatro
personas, dos de sexo femenino y dos de sexo masculino, o una mujer y dos
hombres, pero nunca un hombre y una mujer, y nosotros fuimos los elegidos.
Yo seguía siendo el jefe de Natalia, claro está, y la cité en
el aeroparque Jorge Newbery de la ciudad de Buenos Aires, donde tomaríamos el
avión que nos depositaría en Mar del Plata, y de ahí un remise que nos llevaría
a Balcarce, donde llevaríamos a cabo nuestro trabajo.
Llegamos a Mar del Plata en horas de la noche de un domingo
de mediados del año 1989, historia que llevo guardada por más de 14 años, pero
que recuerdo con precisión de cámara filmadora, hasta los diálogos grabados en
mi memoria.
ïbamos en el remise, ambos sentados en el asiento de atrás,
ella a la izquierda y yo a la derecha, la luz de la luna iluminaba la ruta y
nuestro diálogo, teniendo al chofer como testigo, no tenía ningún límite dentro
de lo sensual.
Ella me preguntaba siempre que podía si yo tenía novia, y yo
siempre le decía que sí, que se llamaba María, y me pedía que le describiera a
mi novia, y yo con algunas evasivas la describía, ella sospechaba que mi novia
trabajaba con nosotros, y nada como la intuición femenina: estaba en lo cierto,
no se llamaba así, tenía otro nombre, pero yo inventé que se llamaba María para
poder ponerle un nombre, y negaba que fuera compañera de trabajo porque no
queríamos tener problemas con nuestra relación en el ámbito laboral.
Pero ella sospechaba e insistía, a lo que yo negaba con
vehemencia y aflojó en su perseverancia, y seguimos hablando, y a la descripción
que me pedía que yo hiciera, inmediatamente la comparaba con ella:
- Ella es rubia, y vos sos de pelo negro, ella tiene ojos
verdes, vos marrones.
- Seguí, contame mas.
- Son de alturas similares, aunque ella tiene piernas más
delgadas, y las dos son de vientre plano. (en realidad mi novia de aquella época
se rompía de lo buena que estaba, y ese comentario lo obvié con Natalia, para
evitar celos)
- Y que te gusta de ella? me preguntó....
- Mejor te digo que me gusta tu pelo negro, largo y
abundante, que me gustan tus ojos y tu mirada, y me gusta tu boca......
A lo que no contestó nada, se quedó muda, luego me confesaría
que ese comentario la había perturbado mucho, y yo le confesaría que lo había
hecho con toda la intención de perturbarla.
Finalmente llegamos a Balcarce, al hotel donde teníamos las
reservas para alojarnos por medio de la empresa, y tras una cena frugal sin
importancia nos fuimos a dormir, cada cual en su cuarto.
Yo tenía novia y no me gustaba nada la infidelidad. Pero me
gustaba mucho el juego de seducción, el cachondeo, los jueguitos, y lo hacía con
mucho gusto, pero no quería concretar nada. Fiel e histérico, o infiel, no sabía
que papel tomar.
Mientras tanto, esa mañana de lunes fuimos a la empresa,
comenzamos nuestras labores, tanto de rutina como de capacitación, y a la hora
de salida nos dirigimos al hotel, nos citamos para ir a cenar en un par de
horas, suficientes para bañarnos, descansar y vestirnos.
A la hora señalada nos encontramos en el lobby, y no sé
porque nos citábamos en el lobby si nuestras habitaciones estaban contiguas, una
al lado de la otra en el tercer piso del hotel.
Nos vimos y enfilamos para el mejor restaurante de la zona,
un rico restaurante especializado en comida italiana, muy fino lugar, con las
mesas cubiertas de manteles blancos y largos, mozos muy elegantemente vestidos,
paredes impecablemente blancas, cubiertas delicadamente por muy finos cuadros.
Ordenamos nuestros platillos y una buena botella de vino
tinto, y mientras charlábamos se iba consumiendo la botella, y nuestro tema
preferido, otra vez, era el sexo, y Natalia charlaba animosamente, tan animada
con vino o sin él, como cuando charlábamos en el taxi o en otros momentos
laborales en los que no bebíamos.
El tema se iba calentando, y ella sin hacer ruido alguno, se
descalzó y estiró su pierna con su pie desnudo hasta tocarme los huevos por
debajo de la mesa, situación que me sorprendió muy gratamente, y la muy cabrona
lo hizo justo cuando estaba el mozo sirviéndonos más vino, quería ver mi
reacción a su fino toque con la presencia de un tercero, y no hice más que
sonreir pícaramente en respuesta a su impulso.
Que linda mujer, y mi mente se esforzaba en ser fiel a mi
novia, podría seguir así mucho tiempo más? Yo le había dicho que quería serle
fiel a mi novia, y ella decía que me respetaba esa intención, pero no lo hacía
ni en palabras, porque me hablaba de sexo y me vinculaba a sus fantasías
momentáneas y con los hechos me calentaba más que con sus palabras.
Seguía tocándome la pija y los huevos con su pie y el vino
que bebíamos ya salía de la segunda botella, y así, sin parar de calentarme
hasta pagar la cuenta e irnos.
Al llegar al hotel, yo pretendí defenderme de sus ataques
sexuales, mi discusión mental acerca de la fidelidad era muy ardua, y no podía
saldarla, no definía si la mandaba a dormir sola o le hacía caso a todas sus
intenciones, parecía yo una mujer y ella el hombre, si es que cabe el juego de
palabras.
No soy nada machista, al contrario, tampoco soy feminista,
pero en la "sociedad" se supone que el hombre toma la iniciativa, aunque siempre
la mujer es la que dispone.....y en este caso, la mujer tomaba la iniciativa y
proponía, y yo tenía que decidir, je.
Me fui a los jueguitos electrónicos que tenía el hotel en una
sala destinada a ese efecto, y ella me siguió, y mientras yo jugaba a quién sabe
que juego, ella me cachondeaba.....todavía ni siquiera mis labios habían topado
con los suyos, carnosos y amplios, con mucha cabida, excitantes........
Me tocaba el cuello, me besaba la oreja, bajaba sus besos
hacia el cuello, y yo me retorcía de placer, y el jueguito no era más que una
excusa para dirigir la mirada a otro lado, para no verla a ella, pero no podía
más!
Empecé a tocarla, y comencé por su espalda, bajé hasta el
límite con sus nalgas y subí, rodeé su cintura, subí por el pecho, pasé por
entre medio de sus tetas, llegué a su cuello, y todo eso con una sola mano y
mirando la pantalla del juego, hasta que dejé el control del juego y pasé a
descontrolarme, y tomé su cara entre mis manos y la besé, tierna y
calientemente, y ella respondió: "ya cruzamos la barrera que no querías", y le
dije "obvio que sí", y ahora?
Ahora la seguimos, subimos a los cuartos y nos metimos en el
de ella, y me dijo: "preparado para serle infiel a tu novia?", jamás hubiera
dicho eso!!!!!! Me bloqueó, pero bueno, ya estábamos metidos en el baile y había
que bailar, a lo que le respondí: "me chupás la pija?"
Animadamente me respondió, "Claro que sí, además no puedo
hacer otra cosa porque estoy indispuesta", y yo pensé "que suerte", jejeje, no
cogeré, seguiré siendo fiel!!!!!
Y pasé a desabrocharme el cinturón y a bajarme los pantalones
hasta las rodillas, y me acosté en la cama, boca arriba, con los pies tocando el
suelo, y ella se arrodilló entre mis piernas y se lanzó decididamente a mi
verga, que estaba dura y caliente por tanto juego previo.
Raudamente se la metió en la boca, de un tirón enterita, y
luego pasó a comer suavemente la cabeza, a pajearla con su mano derecha, a
acariciarme los huevos con la izquierda, y a lamerla, se metía el tronco en la
boca y luego la recorría de arriba hacia abajo, lentamente, y se la volvía a
comer.
Yo gozaba como un rey, tumbado, y con los ojos bien abiertos,
mirándola trabajar, yo era su jefe y ella la empleada que me asignaron para
capacitar y creo que lo estaba haciendo muy bien.........la
recomendaría.......je
Seguía ella mamando, y ya habíamos hablado acerca de que se
tragaba toda la leche, ella me había dicho que sabía que eso era lo que tal vez
más nos gusta a los hombres, y yo esperaba que cumpliera, no quería ni pensar en
que no se tragara la leche, estaba esperando ese momento, pero a la vez no
quería eyacular aún, quería gozar más de su deliciosa chupada.
Le ponía toda la pasión, la comía y me miraba a los ojos, y
yo le correspondía la mirada lasciva y furiosamente caliente. Natalia me estaba
dando una chupada de pija digna de rey...........ella era toda una cortesana y
me hacía sentir el mejor.
Hasta que llegó el momento, de tanto chupar y pajearme, le
llené la boca de tibia leche, espesa y abundante, y ella seguía mamando,
exprimiendo toda mi verga, para tomarse toda la leche, y al cabo de varios y
largos segundos, tal vez más de un minuto, terminó de salir leche de mi verga, y
ella siguió mamando, y yo tiritaba del placer, me revolcaba y hacía el espamento
jamás hecho, y ella me dijo: "parece que no sólo las mujeres somos espamentosas
en el orgasmo, y las caras que ponés, son terribles, te chuparé la pija muchas
veces sólo para ver tu cara, es divina, hacés cada gesto, decís cada cosa, que
me prende a tope".
Y luego de eso, me fui a dormir a mi cuarto, no sea cosa que
la mucama del hotel pasara el reporte de que los porteños habían dormido juntos,
y de ahí se pasara el chisme a la unidad de Balcarce, y de ahí a la Gerencia de
Personal y tomaran actitudes contra nosotros, o prefirieran repetir el acto, je.
Seguimos cogiendo toda la semana, me la mamó varias veces, se
la metí, cogimos, le metí los dedos, nos besamos, hasta que al final en el viaje
de regreso no conseguimos remise y regresamos en autobús al aeropuerto, una hora
y media de camino, en el que aprovechamos a hacernos cositas, pero esa vez le
tocó a ella: le hice tremenda paja, le metí un par de dedos y la pajeé hasta que
tuvo un orgasmo delicioso.
Luego de eso, fuimos muy amigos en el trabajo, ya no volvimos
a coger ni a nada, la promesa de ella de mamármela muchas veces había
prescripto, y quedó en el gran recuerdo que guardo en mi memoria, mismo que me
hizo explotar en varias pajas en su honor.
Salud Natalia
Hasta siempre
Historia Real 100 %