Demasiado tímida para oponerme (7)
Por Bajos Instintos 4
bajosinstintos4@hotmail.com
A media noche tuve que ir al baño, y para mi sorpresa allí
estaba Fanny, la hermana de mi marido, Armando, haciendo pis desnuda. Yo también
estaba desnuda, así que no encontré motivo de incomodidad en verla así. Ni en
que me viera, aunque el modo en que lo hizo mientras yo hacía pis, me pareció un
poco intenso.
Mientras se escuchaba el chorrito de mi descarga, sus ojos se
paseaban de mis tetones a mi vagina, viendo salir el pis. Me pregunté si ese no
sería el momento adecuado para plantearle mis dudas respecto de José, su novio,
contándole los intentos fallidos de propasarse conmigo, que no tuvieron éxito
sólo porque yo soy una esposa fiel. Y estaba por hacerlo cuando ella, metiendo
su mano bajo mi concha me dijo "¿me dejarías que sienta tu pis?" La pregunta
holgaba, ya que de hecho lo estaba haciendo. Claro que, para ello, había debido
inclinarse hasta que nuestros rostros casi se juntaron, y así, con su mano
debajo del chorro de mi pis, y sus ojos muy cerca de los míos, me dio una amplia
sonrisa, dejándome ver su lengua. "Espero que no te moleste..." dijo, acercando
su boca un poco más a la mía.
Podía sentir su aliento cálido y húmedo, que no me
desagradaba, pero la situación era tan insólita que no supe qué hacer. Entonces
ella estrechó la distancia entre nuestras bocas y comenzó a darme un beso de
lengua tan bueno como nunca hubiera esperado de la hermana de mi marido.
Mientras su mano mojada en mi pis se ocupó de mi vagina. La sorpresa fue tanta
que me dejé hacer. Sentí sus dedos hundiéndose en mi concha, mientras su pulgar
frotaba suavemente mi clítoris. Y el beso continuaba, quitándome el aliento por
lo sensual. Su otra mano se apoderó de mi tetón izquierdo, apretándomelo
deliciosamente. Se ve que Fanny sabía de esas cosas, pues su mano baja se movía
de tal manera en mi concha que pronto me tuvo acabando sobre sus dedos. Ella me
miró con una sonrisa irónica. "¡Hace mucho que tengo ganas de comerte esas
tetonas y ese hermoso culo...!" dijo como único comentario, mientras seguía
jugando con mi conchita.
Y volvió al beso, yo siempre sentada en el inodoro, bastante
anonadada por su dominio de la situación. Sentía su lengua caliente dentro de mi
boca, moviéndose como si estuviera cogiéndomela, y su mano torturándome el pezón
deleitosamente. Tan hábiles el beso y las caricias, especialmente las de su mano
inferior, que pronto me tuvo corriéndome nuevamente. "¡Sabía que eras frágil a
los toquetones!", me dijo mientras continuaba besándome apasionada y sabiamente.
"¡Ahora date vuelta, que te quiero comer el culo!" Y me volteó dejándome
arrodillada sobre la tapa del inodoro, con mi culo indecentemente expuesto en
pompa en todas sus redondeces. Hundió su nariz entre mis nalgas y separándolas
alcanzó hábilmente mi agujerito y comenzó a darle rápidas lamiditas que me
pusieron a cien. Con ambas manos aferraba toda la redondez de mi culo, y pronto
su boca la llenó de besos y lamidas, para luego volver a mi ojetito y comenzar a
cogerlo con su lengua. ¡Jamás hubiera imaginado que una lengua puede llegar tan
adentro de un culo!
Y ella la entraba y la sacaba y se la sentía bastante gruesa.
Así que pronto me tuvo en un gemido ininterrumpido. Pero se ve que ella quería
demorar un nuevo orgasmo mío, por lo que me sacó la lengua y su puso a darme
mordisquitos en toda la superficie del culo, poniéndome a mil. Y mi gemido
continuó agónicamente. Después cambió su lengua por uno de sus largos dedos y me
puso en pié con una pierna en alto para poder seguir cogiéndome el culo con su
dedo, y su boca se prendió a mis tetones, mordiendo y lamiendo mis pezones con
gula. Ahí mi cabeza cayó hacia atrás y me corrí inconteniblemente, sostenida por
ella.
Entonces me sentó sobre la tabla del inodoro y con cada una
de sus largas piernas a cada lado del mismo, me puso su concha en la boca.
"¡Ahora me toca a mí, nena!" y comenzó a frotarse el clítoris contra mi boca.
"¡Lameme, puta!" me ordenó con voz ruda, de modo que saqué la lengua y le di
gusto, al tiempo que también se lo chupaba entre mis labios. Lo debo haber hecho
muy bien, pues pronto, aferrándome la cabeza por la nuca me apretó la boca con
su concha y pude sentir su acabada pulsión a pulsión, estremecimiento a
estremecimiento. Lo que me dejó muy caliente, pero sin acabar.
"¡Sabía que ibas a serme fácil, cuando te agarrara!" me dijo,
sacándome su concha de la cara y mirándome desde arriba con una sonrisa de
superioridad.
Y luego de darme un conchazo más en la cara se fue a su
pieza, dejándome anonadada. Y bastante caliente, debo reconocerlo.
Me encaminé como pude al dormitorio y allí estaba Armando,
boca arriba, desnudo. No podía desaprovechar la ocasión, y montándolo en un
sesenta y nueve, le mamé la pija y le refregué mi concha en la cara hasta
correrme. Cuando le saltó la leche, me la tragué toda. Y cuando lo desmonté se
había despertado completamente, con cara de no entender muy bien lo que había
pasado. "Hasta mañana, mi amor" le dije y me tendí a su lado, quedando enseguida
completamente dormida.
Cuando me desperté, Armando seguí tendido en la cama panza
arriba, de modo que comencé a jugar con su nabo, mientras reflexionaba sobre lo
ocurrido con su hermana la noche anterior. Evidentemente Fanny era bisexual y no
creo que se escandalizara mucho si le contaba los intentos de su novio para
abusar de mí. Entretanto el nabo de mi esposo se había parado completamente, de
modo que mientras continuaba con la reflexión, mi mano lo iba pajeando, chop
chop, arriba y abajo.
Por otra parte era claro que lo ocurrido entre Fanny y yo, no
podía ser considerado una infidelidad de mi parte, ya que: a) yo había sido
tomada por sorpresa, b) Fanny era una mujer y una no puede ser infiel con otra
mujer, sino tan sólo muy fraternal y c) Fanny era casi una hermana postiza, así
que podemos hablar de afecto filial, pero nunca de infidelidad. Chop chop chop
chop. Así que me podía quedar tranquila, mi fidelidad estaba a salvo. Chop chop
chop chop chop chop, y debo de haber insistido mucho con los movimientos de paja
al nabo de mi amado Armando, porque inesperadamente comenzaron a saltarle los
chorros de su glande hinchado y descubierto.
Eso me inspiró un gran sentimiento de ternura y amor, sentir
como mi marido respondía a mis tocamientos aún dormido. Y tanta ternura sentí
que comencé a besarle y chuparle el pito hasta parárselo nuevamente. Y entonces
recomencé suavemente con los chop chop.
Esto hubiera quedado como una sencilla y romántica escena
marital si no hubiera advertido que desde la puerta nos estaba mirando José,
masajeando su enorme pija, totalmente enhiesta, con su mano derecha. Yo me quedé
fascinada, viendo como se acercaba. Había captado que mi esposo estaba en el
séptimo sueño, mientras yo me aprovechaba de él haciéndole el chop chop, y se me
acercó sin temor a despertarlo. Sin decir palabra me puso el culo en pompa,
apuntando para el lado de afuera de la cama, y comenzó a darme pinceladas con su
gran poronga, como para sensibilizarlo ¡Y vaya si le estaba dando resultado!
¡Pero lo único que yo podía hacer era continuar con el chop chop a mi esposo, ya
que si armaba un escándalo Armando se despertaría y el escándalo sería peor!
Chop chop chop...
Y sentí la gran cabezota de José tanteando la puerta de mi
ojete. Chop chop chop chop... Y tomando un poco de lubricación de los jugos de
mi concha volvió a mi ojete y me enterró casi toda la cabeza y a partir de allí
comenzó un suave mete y saca que iba abriendo mi orto con la inexorabilidad de
lo que tenía que sería.
Chop chop chop chop chop... Y pronto me lo tuvo completamente
enterrado y sus vaivenes eran más amplios y profundos. Yo comencé a gemir y
jadear por la vergüenza que me provocaba la situación, y le apretaba el pene a
mi esposo con angustia, chop chop chop chop chop chop... y la poronga a José con
una respuesta espontánea de mi orto ante su visitante. Con sus manos aferrando
mis caderas José manejaba los movimientos de mi culo a su antojo. Y yo me fui
poniendo loca y a cada chop chop mis manos apretaban el nabo de mi marido como
si lo estuvieran ordeñando. Chop chop chop chop chop chop chop chop... Y las
embestidas de José fueron alcanzando su máximo, con su nabo entrando y saliendo
por completo en cada una, hasta que lo sentí enterrándose a fondo y comenzando a
pulsar chorros de leche en mi más prohibida intimidad. Y ahí aferré el nabo de
Armando con tanta intensidad que volvieron a saltarle los chorritos de leche por
el aire. Ahí fue cuando me corrí irremisiblemente, con la gran tranca en el culo
y la pequeña tranca en la mano.
Sin sacármela todavía, José me habló al oído: "Quedate
tranquila que todo el tiempo le has estado siendo fiel a tu marido. ¿No lo
estabas acaso pajeando? ¿Y podías haber hecho otra cosa que dejarte culear por
mí?..." Y recién entonces me la sacó, dejando un gran vacío dentro mío. Pero
¡tenía razón! ¡Yo no tenía culpa alguna de lo ocurrido, ni tampoco había querido
provocarlo! ¡Y todo mi amor y fidelidad habían sido para mi esposo, cuyo vencido
nabito yacía entre mis manos!
Y me acurruqué a su lado pensando de que curiosos modos una
mujer virtuosa honra la fidelidad a su hombre amado.
Ese día todos seguimos durmiendo hasta pasado el mediodía, y
no fuimos a la playa. Pena, porque un masaje con el vecino de la carpa de al
lado mientras me ponía la crema protectora, me habría venido muy bien.
Espero tus respetuosos comentarios, es tanta la admiración
que expresan mis lectores que me hacen sentir agradecida y en el buen camino.
Pero eso sí: recuerda mi condición de mujer fiel y no me pidas citas ni fotos
desnuda. Aunque si tu quieres enviarme las tuyas, no veo como podría
impedírtelo. Ya sabes, mi dirección es
bajosinstintos4@hotmail.com