Debut con mi jefe
Capítulo III
Los días transcurrieron con este pensamiento, pensé, pensé,
pensé y pensé. Por momentos estaba decidido a hacerlo, pero por momentos me daba
pánico, y me parecía que era una locura. Estaba mas convencido de no hacerlo que
de hacerlo, pero cuando recordaba que no me iba a dar otra oportunidad, temía
arrepentirme. Y luego de eso no tendría chances.
La decisión final fue rechazar la propuesta, siendo consiente
que podría llegar a arrepentirme.
A la mañana del Viernes me desperté sin dudas sobre lo que
iba a hacer, no aceptar. Llegue a la empresa, y cuando entro al área en la que
trabajo, la secretaria me dice:
Te espera Fernando en su oficina.
No me daba pausa. Igualmente hice un poco de tiempo, me serví
un café y fui a su oficina. Me senté en uno de sus amplios sillones y lo miré a
los ojos. Estaba tranquilo. Le pediría disculpas por el mal entendido y luego
todo como si nada.
Y, Claudio, que decidiste?, me dijo yendo directo al
grano, tal cual su estilo.
Señor, le pido disculpas por el mal entendido, soy el
único culpable del episodio, me comporte de manera extraña en el club de
fútbol, y lo hice confundir con esta actitud. Le pido nuevamente disculpas,
pero debo rechazar su propuesta. Dije con tono firme, en voz alta, me
sorprendió a mi mismo la resolución con la que hablé.
El asintió, me pidió disculpas también por el mal momento, se
levantó de su sillón, pensé que iba despedirme de su despacho. Fue hacia un
armario, tipo caja fuerte y mientras buscaba algo, me dijo:
Me han dicho que estas por comprar un auto.
Me sorprendió el comentario, pero pensé que quería romper el
hielo cambiando de tema. En eso saca un sobre de papel madera del armario, y se
vuelve a sentar.
Si, bah en realidad es una pretensión un poco elevada, ya
que el auto que quiero cuesta $15.000 y solo cuento con $5.000.
El auto que te gusta es nuevo?, me contestó.
Jajajaja, noooo, disculpeme, pero uno nuevo vale $30.000,
yo gano $500.
Tomá este sobre, es para vos, me dijo dándome el sobre.
Lo abrí. Eran 4 fajos de billetes, rápidamente me di cuenta
que eran $40.000. Una cifra impensada para mi.
Comprate un auto nuevo.
Pe.. pero señor, esto es mucho, dije de inmediato.
No para mi, Claudio, te espero en la cochera a las 18.00,
en punto.
Ah, entiendo, señor. Hice una pausa.
Los dos permanecimos en silencio un largo rato, nos mirábamos
a los ojos. Un calor tremendo recorrió mi cuerpo y llego a mi cara que se puso
roja. No había mas nada para decir.
Se levantó para despedirme.
A las 18.00, Claudio, trata de ser puntual, dijo con tono
resuelto.
Me molestó su seguridad de que estaría a las 18.00 en la
cochera.
Antes de cerrar la puerta, le pregunté:
No tiene miedo que me quede con este sobre?
No, contestó a secas.
Seguí trabajando, la realidad era muy fuerte, me sentía
humillado, como una prostituta, me dejaría partir el culo, por una suma de
dinero. Importante por cierto, me sentía con poder también. Un hombre estaba
dispuesto a pagar semejante suma a cambio de mi virginidad.
Capítulo IV
Llegue a la cochera 7 minutos antes de lo convenido, me apoyé
sobre el auto para esperarlo. El llegó a las 18.00 en punto. Le gustó que lo
estuviera esperando, pero no dijo nada.
Subimos al auto, y salimos para su departamento. Nadie emitió
ningún tipo de sonido. Yo estaba nervioso, asustado, el corazón me latía a mil.
Pero no podía hacer nada, era tarde. Como un jugador de ajedrez Fernando movió
las piezas con precisión. Me dominó por completo. Jugó conmigo desde el
principio sabiendo cual sería mi próximo paso. Me rendí ante el. El me dominaba,
y en pocos minutos me sometería a sus deseos. Me llevaría al punto mas bajo, me
vejaría, sería un objeto a su merced.
Llegamos al departamento más rápido de lo que hubiese
deseado. Subimos al ascensor. Todo el trayecto en silencio. Entramos al
departamento, era un lugar preparado para el placer. Espejos, decoración,
alfombras mullidas, una cama enorme. Este era el lugar donde satisfacer sus
caprichos. El estaba acostumbrado a esto.
Sin decir nada comenzó a sacarse la ropa, me miró de una
forma en la que entendí que debía hacer lo mismo. Quedamos ambos desnudos por
completo. Su pene amenazante apuntaba a mi. Era exageradamente grande, había
olvidado en estos días el tamaño. Se sentó sobre la cama, y me indicó que me
arrodillara en el suelo. Estaba claro que es lo que debía hacer. Sin preámbulos
tomé su verga con la mano y me lo metí en la boca. La tuve que abrir bien
grande. Y comencé a chuparlo, como algunas mujeres me lo habían hecho a mi.
Lanzó un suspiro. Eso me indicó que estaba haciendo las cosas bien. Seguí
chupando, y chupando y chupando. El estaba en las nubes. Gemía, gozaba,
respiraba fuerte. Me sentí poderoso manejando su placer.
Luego de un momento, me aparta la cabeza y me indica que suba
a la cama. Me pone boca abajo, me hace abrir las piernas y comienza a chuparme
el culo. Me metía la lengua bien adentro. Que rico estaba. Me gustaba mucho eso.
Yo también gemí, me estaba aflojando, era un placer nuevo, diferente. Luego se
detuvo, abrió la mesita de luz, sacó un pote de crema lubricante. El momento tan
temido, había llegado. Cumpliría con este sacrificio al que el destino me había
enfrentado. Mi cuerpo y mi alma estaban entregados a los caprichos de este macho
que iba a poseerme.
Comenzó a lubricarme, a dilatarme. Primero por la superficie
del agujero, luego metió un dedo, luego dos, mas tarde tres. Sabía hacer el
trabajo, cuantas veces lo habrá hecho, con cuantos habrá experimentado, esto que
para mi era tan especial, lo sería para el?, o acaso era solo rutina?.
Luego de un rato, me sentí dilatado, estaba caliente también,
quería salir corriendo de ese departamento, pero también quería saber como
seguía. Me hizo abrir mas las piernas, me colocó un almohadón debajo del vientre
y se recostó encima mío. Su cuerpo era pesado, me aplastaba contra la cama, me
quitaba el aire, me exitaba tambien. Tener ese ejemplar, ese cuerpo encima mío,
dominándome, pero también gobernado por mi, por el deseo que yo le despertaba.
Me susurró al oído desde atrás.
- Estas listo?
- Dale, le contesté.
En ese momento pensé que era la primera vez que lo tuteaba,
que tontería pensar eso en este momento.
Apoyó la punta de su verga en mi culo, se quedó quieto por un
momento, mis esfínteres comenzaron a abrirse, la poronga comenzó a deslizarse.
Me habría mis músculos, me dolía mientras se deslizaba, dolía bastante, era muy
grande y muy gruesa. Se deslizó por completo de una vez, pero lentamente. Llegó
hasta el final. Lo sentí en mis entrañas. Dolía, dolía mucho. Lancé un grito
ahogado de dolor. El se detuvo, estaba dentro de mi pero sin moverse.
Te duele, me dijo
Si, me duele mucho, alcancé a suspirar.
Te lo saco?, preguntó.
Estuve unos segundos sin contestar, que sentido tenía. El no
iba a desistir, me penetraría con su gran nabo otra vez, y yo no quería pasar
nuevamente por la penetración.
No, le conteste, dejala. Quedate así un poco.
El se quedó inmóvil por un momento. El dolor iba pasando, no
era tan punzante como al principio, me estaba acostumbrando a ello. Pensé que ya
estaba para más. Lo animé a seguir.
Dale, Fernando, cogeme, dale, cogeme.
Ya no te duele, me preguntó.
Si, me duele, pero me gusta, cogeme, damelo, damelo.
Esto lo animó, con ritmo lento, comenzó a taladrarme mi
agujero hasta hacer segundos virgen. Siguió y siguió empujando, y gemía y
respiraba con un ritmo cada vez mas agitado.
Dolía cada vez menos y me gustaba cada vez mas.
Dale Fernando, cogeme, cogeme que me gusta, dame tu
vergota, partime en dos el culo.
Si, putito, si que te voy a coger, sos un putito que se
deja coger por plata, bien que se te habrió el culito cuando viste los
billetes.
No me gustó este comentario, pero me dio un morbo que me puso
a mil. Y me animé a seguir su juego.
Si, me gusta que me cojas por dinero, si queres cojerme
ponete con la plata, paga si queres un putito virgen.
Mis palabras lo pusieron como loco, comenzó a darme duro, a
cogerme con mas fuerza. Me gustaba esto, es como que el control estaba cambiando
de manos, ahora lo tenía yo, lo estaba volviendo loco de deseo.
Me seguía taladrando con su enorme tranca, y me daba y me
daba y me daba y yo lo animaba y el me decía cosas al oído. La calentura iba en
aumento hasta que me dice:
Me vengo Claudio, me vengo, ya no aguanto
Esas palabras me calentaron mucho, dale papi, dame tu
lechita, llename el culito de tu lechita, dale papi, cogeme, cogeme fuerte
que yo me vengo tambien, dame tu pija dura, damela.
Siiiiiiiii, siiiiiiiii, siiiiiiiiii,
Ohhhhhhh, ohhhhhhh, ohhhhhhhh
Ayyyyyy, ayyyyyyyyyyy, ayyyyyyyy
Ahhhhh, ahhhhhhhhh, ahhhhhh
Ambos gritabamos al unísono, estábamos en éxtasis total. No
existía en el mundo nada mas que nuestro placer. La copula, la lujuria, el
placer, todo en este dúo de hombres uno jóven, el otro maduro, uno corpulento el
otro pequeño. Uno poseyendo al otro, gobernándolo, sometiéndolo, el otro
entregado, rendido, humillado, vejado, pero también dominándolo, dominando a la
fiera, quien con su carne jóven y fresca es presa del descontrol de su verdugo
que lo lleva al sacrificio para satisfacer sus caprichos.
Fue una experiencia inolvidable, ambos gozamos como locos,
fue mas que sexo, fue una lucha de poderes. Fueron dos hombres llevados al
estado mas primitivo del deseo que utilizaron sus armas, el dinero, el glamour,
el poder, la experiencia, la fuerza física, el lujo por un lado y por el otro la
inocencia, la seducción, la belleza, la debilidad, por el otro.
La relación con Fernando duró unos 6 o 7 meses, lo hacíamos 2
o 3 veces por semana. Yo le puse fin a la relación. Comencé a tener éxito con
las mujeres, me fui de la empresa, monte mi propio negocio. Esa fue la única
relación que tuve con un hombre. Nunca mas lo hice hasta ahora que tengo 27
años.
Ah, me olvidaba de comentarles.
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