Era mi última noche de aquellas vacaciones. Había pasado 15
días en un bonito y animadísimo lugar del norte de España, y me encontraba
pensativo, haciendo una valoración mental de lo vivido : había visitado muchos
pueblos y lugares preciosos, lo había pasado genial con mi grupo de amig@s del
lugar y había conocido a mucha gente que me trató estupendamente, habíamos
disfrutado todas esas noches en las fiestas del pueblo, toda la marcha posible,
bailoteo, copas, ambientazo, apenas dormíamos y pasabamos el día de excursiones
y la noche de juerga, había comprado muchas cosas, la convivencia había sido
estupenda. . . . en fin, una maravilla de vacaciones y estaba triste porque se
acababan.
Y tras todo ese conjunto de buenos momentos pensé que sólo
había faltado una cosa: un ligue. No ensombrecía ni lo más mínimo mi estancia
allí, pero claro, a elegir hubiera sido la guinda, y eso que estando cada noche
en el ambiente y con tantas mujeres por todos lados hubiera podido pasar algo
agradable, pero no se había dado aunque ya digo que ni lo eché de menos, solo en
ese momemto.
Así pues esa última noche por supuesto íbamos a salir y
darnos la última juerga del verano, lo cual me animó. Tras cenar tod@s en casa
de mi amiga Patri y jugar un rato a uno de esos juegos para beber salimos (como
cada noche) ya "contentos" y nos dirigimos a las zonas de garitos. Nos
encontramos con toda la gente y nos metimos en el ambiente. He de reseñar(porque
es la clave de este relato) que la noche anterior uno de mis amigos y yo
habíamos entablado conversación con dos chicas hermanas en un pub, cosas banales
sobre musica o "tienes un cigarro" y eso, y lo típico "mañana salis?", "si
claro,por estos garitos", "pues ya nos veremos por ahí", "vale venga hasta
luego" y poco más. A mí me gustó especialmente una de ellas, que se llamaba
Paloma, era rubia, bajita pero un cañón de cuerpo,vestía con un estilo
insinuante y con clase. Tras comentarlo con mi colega nos olvidamos de ello.
Pues bien, en el segundo garito donde entramos aquella última
noche nos encontramos con ambas, lo cual me alegró. Paloma estaba exuberante, un
top verde ajustadísimo hacía intuir sus firmes y grandes pechos, un pantalón
negro de raso ceñido y unas botas de de tacón alto completaban su espectacular
indumentaria. Estaba impresionante. La saludé con dos sonoros besos y empezamos
a charlar. Mi amigo hacía lo propio con su hermana, de la que no recuerdo el
nombre, no se parecía mucho a Paloma, llamaba la atención su cabello rojo pero
poco más. A mí me interesaba mucho Paloma, y sabiendo que era mi última noche
empecé a fantasear. . .
Tras un rato de agradable charla mi peña comentó de movernos
a otro sitio, y yo invité a Paloma a que se vineran con nosotr@s
"Me iría contigo pero no puedo. Somos de otro pueblo y
estamos este fin de semana en casa de una amiga así que dependemos de ella y no
se quiere mover mucho, es una pena" dijo
No quería parecer un plasta y no insistí, lo entendí y le
dije que a ver si luego nos veíamos por ahí.
"Seguro que nos vemos, no te pierdas" me dijo con una
deliciosa sonrisa. Me encantaba, porque intuí que le quería dar emoción a la
noche, tal como me gusta a mí.
Así que nos fuimos y yo ya estaba emocionado, parecía que iba
a completar mis vacaciones y con un bombón además!! Pasamos la noche por todos
lados, bebiendo, bailando, yo de vez en cuando buscaba a Paloma con la esperanza
de encontrarla pero de momento nada. Llegaron la 6 de la mañana y no la había
visto así que comencé a perder la esperanza, me daba rabia. Salimos del ultimo
pub y ya de camino por la calle vemos un grupito de chicas que venían: eran
Paloma, su hermana y dos chicas más. Una sonrisa se dibujó en mi cara y el
estómago me dio una punzada. Nos paramos con ellas y nos dijeron que iban al
garito del que acabábamos de irnos, el cual estaba cerrado así que las invitamos
a venirse con nosotros. Aceptaron y nos metimos en un bar, era casi de día.
Tras pedir unas cervezas ví a Paloma con mala cara, me acequé
a ella y comenzamos a hablar. Le pregunté que si le pasaba algo malo.
"Estoy harta de esta tía (su amiga). Como estamos en su casa
tenemos que hacere todo lo que ella diga y esta noche me quería mover más y ella
ahí apalancada. " dijo enfadada.
"Pero tía vale que dependais un poco de ella para iros a
casa, pero tu muevete a tu aire, que ya eres mayorcita(tenía 25, como yo
entonces) para que esa cría te diga donde tienes que ir. Quedais en un sitio a
una hora y ya está, esto es pequeño para que no os encontreis" respondí para
animarla.
"Ya, eso pienso yo pero con esta no hay manera, antes cuando
me quise ir contigo me echó se molestó conmigo. Yo creo que le has gustado y le
dio envidia" dijo riendo
"Pues creeme que en tal caso lo tendría muy claro, no tiene
ninguna posibilidad conmigo. . . y más estando tú aquí" dije mirándola a la boca
fijamente. Tenía una cara preciosa, una boca carnosa y pequeñita, muy sensual,
me estaba poniendo malo de mirarla y traté de incitarla un poco.
"Me he dado cuenta de que no tiene nada que hacer contigo, y
me alegro créeme" dijo seductoramente "pero lo malo es que luego en casa me
montará el numerito"
"Te lo dije antes, pasa de ella y haz lo que creas
conveniente" dije acercandome un poco más a su bello rostro.
No hizo falta decir más, simultaneamente empezamos a besarnos
con ansia, abriendo mucho la boca, comiendonos los labios y acariciando nuestras
lenguas apasionadamente. Estaba claro que lo queriamos desde que empezó la noche
y aquello era el desahogo final. Si dejar de besarnos nos apoyamos en la puerta
del baño del bar, y Paloma la abrió empujandome adentro con ella. En la
oscuridad del lavabo seguimos comiendonos la boca salvajemente, Paloma me metía
la lengua muy dentro, yo se la saboreaba con ansia, nuestras manos viajaban
arroba y abajo sobre nuestro cuerpos. Levantó mi camiseta y bajó su cara hasta
mi vientre, empezó a lamerlo suavemente y bajando por mi ombligo hasta justo el
borde de mi pantalón. Mientras me daba esas calientes caricias yo me apoyé en la
pared a mi espalda y gemía suavemente, me estaba poniendo muy caliente y ella
estaba excitadísima dándome largas lamidas en el vientre y alrededores.
De repente unos fuertes golpes en la puerta nos hicieron
volver a la realidad: estabamos ocupando un baño publico, alguien habria avisado
al camarero y venian a echarnos. Colocandonos la ropa salimos muy cortados,
nadie nos regañó,volvimos a la barra pero aquello no podía quedar así.
Continuará...