VACACIONES TRANSVIESAS
A UN ADOLESCENTE SE LE DA LA OPORTUNIDAD PARA QUE AFLORE
LIBREMENTE SU INCLINACIÓN SEXUAL
Mi
nombre es Vanessa, soy una travesti de 28 años y he decidido contarles mi
historia para ver si ayuda a alguien que se pueda encontrar en una situación
parecida a la mía. por razones que se comprenderán me referiré a mi persona en
femenino.
Desde muy pequeñita me llamaban la atención los típicos juguetes de las niñas, y
prefería juntarme con ellas para jugar ya que las encontraba más delicadas, esto
por supuesto traía consigo las burlas de mis compañeros, pero poco caso hacía
de ellas.
Ya
más grandecita como mis padres trabajaban y yo quedaba sola en las tardes,
trajinaba la ropa de mi madre y me gustaba ponérmela. No había nada más
fascinante que sentir la suavidad de la ropa interior, aunque no fueran los
modelos y colores que llamaban tanto mi atención en los escaparates de las
tiendas de lencería. Sentir la suavidad de las medias era otra cosa que me
enloquecía, me las colocaba y me las acariciaba con las manos, luego me gustaba
caminar con ella y sentir su roce entre las piernas. Luego me masturbaba y
rápidamente guardaba las cosas tratando de dejarlas igual a como las
encontraba.
Ya
adolescente mis rasgos femeninos comenzaron a acentuarse más, muchas veces los
chicos mayores me hacán encerronas y me acariciaban de una manera que no podía
disgustarme, o hacían que les acariciara sus miembros. Uno de ellos, se llamaba
Jorge, chico muy guapo, de verdad me atraía, me llevó a un lugar muy escondido y
me dijo : -“Ya puta de mierda. ahora sabrás lo que es pegarse una buena mamada.
Hizo que me arrodillara, sacó su miembro que estaba durísimo, y tuve que
tragármelo entero. Al principio no podía soportar las arcadas, pero poquito a
poco fui dominando la técnica, al parecer era algo que llevaba en la sangre,
desapareció el asco y me afané en lo que me pedían. Estaba tan excitado que no
duró mucho. El semen inundó mi boca que casi me atraganto. Su sabor no se
parecía a nada que pudiera conocer, pero me gustó. Hacía picar un poco mi
paladar, pero su viscosidad y como se diluí y mezclaba con mi saliva era algo
digo de experimentar.
Un
año en las vacaciones de verano llegó una prima que vivía en el sur, tendría
unos 22 años, era muy hermosa, y vestía como una verdadera diosa. Yo tendría
unos 15 años, la observaba atentamente, cómo era en sus gestos, en su forma de
caminar, de vestir, para imitarla. Ella era mi modelo. Una tarde en que todos
habían salido aproveché para introducirme a su dormitorio y poder ver su ropa.
¡Era maravillosa! Su ropa interior era del mismo tipo con la cual yo siempre
soñaba tener algún día. Unas tangas divinas, pequeñitas por delante y sólo un
hilito por detrás. De diversos colores y formas, otras con vuelitos o muy
transparentes. Portaligas negros, medias preciosas. ¡Un verdadero tesoro! Escogí
una tanga negra muy coqueta de lycra. Me la puse. Me quedaba muy bien. Sentía
como se pegaba a mi piel, y su suavidad me enloquecía. Envidiaba la suerte de
las mujeres en usar esas ropas tan exquisitas. Luego cogí el portaligas, los
elásticos rozando mis piernas hacían volar mi imaginación, cogí un par de media
negras , ya no quería más. Me sentía toda una hembra. Estaba abstraída con mi
nueva ropa, tirada en la cama imaginando tantas cosas lindas que no me dí cuenta
cuando se abrió la puerta del dormitorio y aparece mi prima. –“¡Miren nada más
con lo que me encuentro por aquí! – me dijo. Yo no supe qué hacer. La miraba
asustada. –“Así que mi primito quiere ser niñita” – me dijo. – “Vamos, vamos no
te asustes. Tienes suerte que fuera yo quien te sorprendió”- Me dijo. Me abrazó
tiernamente para tranquilizarme. –“No te preocupes, yo te entiendo y esto
quedará entre nosotras”.
Al
oírla me calmé un poco, pero aún seguía sollozando y la vergüenza se reflejaba
en mi rostro. –“Mira” – me dijo – Para que veas que no te miento y comprendo lo
que sientes, te regalo esa ropa que tienes puesta.” - la tristeza de ese
momento fue opacada rápidamente por la alegría que me produjo con sus palabras.
La abracé y ella me besó tiernamente. –“No te preocupes mi pequeñita. Entiendo
muy bien lo que te pasa. Es algo que tendrás que llevar toda tu vida. Y, en
algún momento tendrás que tomar decisiones importantes , desde ya debes comenzar
a prepararte para ello. Cualquiera sea el camino que elijas será duro de
sobrellevar. Por eso debes mantenerte siempre fiel a lo que sientes. Guarda muy
bien esa ropa, que no te vaya a sorprender alguien que no piense como yo. Desde
ahora este será nuestro gran secreto y si hay algo, lo que sea, en que te pueda
ayudar, por favor házmelo saber. Estaré siempre dispuesta para ti.”
Esas
palabras me han dado mucha fuerza hasta el día de hoy, y como se verá más
adelante, fue de gran ayuda en mi vida. Me quité con mucho cuidado la ropa la
doble cuidadosamente, me vestí y me fui a mi cuarto para buscar un lugar donde
pudiera guardarla con seguridad que nadie podría encontrarla.
Maribel, mi prima, se portó como una reina, jamás dijo nada, y me siguió
tratando como si no hubiese pasado nada. Realmente había tenido suerte. Si mi
padre o mi madre me hubiesen sorprendido no sé qué habría pasado conmigo. Desde
ahora tendría que redoblar mis precauciones y no confiarme tanto. Recordaba el
tesoro que me había regalado Maribel: Una tanga de lycra negra, un portaligas y
un par de medias negras. Eso era como haberme sacado el premio mayor. ¡Ya no
tendría que hurgar en las ropas de mi madre!
En
las noches y, en la soledad de mi habitación, me ponía la ropa, y me daba
vueltas en la cama, pensando que estaba con el chico de colegio que me había
hecho mamársela. Algunas veces me iba a la escuela con mi tanga puesta y gozaba
con el cosquilleo provocado por el elástico metido entre mis glúteos. Eso me
andaba trayendo excitado todo el día y me costaba concentrarme en clases.
Al
año siguiente me llegó una invitación de Maribel para que pasara mis vacaciones
en su casa. Maribel era una mujer muy hermosa, pero jamás le conocí un novio o
algo que se le pareciera. No podía entender cómo teniendo su figura los hombres
no se fijaban en ella. Maribel habló telefónicamente con mis padres solicitando
el permiso. Ellos me preguntaron si yo quería ir. Les dije inmediatamente que
sí. Tenían en Maribel una confianza ciega, así que no hubo mayores problemas. El
corazón se me salía del pecho pensando en esos maravillosos dos meses que
pasaría con Maribel, separado de mis padres por más de 800 kilómetros, en una
ciudad donde nadie me conocía. Imaginaba, aunque no tenía la plena seguridad,
que con Maribel tendría cierta libertad para mis jueguitos, no por algo ella me
invitaba conociendo mi secreto.
El
día del viaje estaba muy excitada, me había costado gran trabajo colocar en la
valija “mi tesoro”, no podía perder la oportunidad de utilizarlo. El viaje en
bus era bastante largo, así que me acomodé haciendo volar mi imaginación” La
verdad es que no sé si yo era muy provocativa, al menos juraba que era discreta
o era del gusto de los hombres porque siempre había alguien que me miraba
fijamente, muchas veces haciéndome incomodar y otras, si era guapo y me gustaba,
sonrojar, sin saber qué hacer. Esas situaciones no me molestaban del todo, pero
jamás se concretó alguna en algo que pudiera ser digno de contar. No pasa más
allá de las miradas y de lo que una se pudiera imaginar.
Durante el viaje no fue la excepción, esta vez era el sobrecargo, que cada vez
que andaba por el pasillo no me apartaba la vista y me miraba fijamente. Era un
joven de unos 27 años, bastante guapo, no lo puedo negar, y se notaba que tenía
un físico muy bien cuidado. Unas espaldas musculosas acentuada por lo apretado
de la camisa. Era el encargado de atender a los pasajeros así que continuamente
pasaba por mi lado. Extremaba sus atenciones conmigo y buscaba cualquier
pretexto para hablarme. Yo me sentía muy halagada y con coqueteos muy
disimulados esperaba que se diera cuenta de lo que sentía. Ya con el hecho de
estar alejándome de mi familia me provocaba un sentimiento de libertad nunca
antes sentido. Se podía decir que me estaba desbocando.
Ya
avanzada la noche, el bus hizo una para de una hora para que los pasajeros que
lo desearan pudieran comer algo. Yo no tenía hambre y como estaba un poco fresco
tampoco quería bajar y decidí quedarme dentro del bus. Fui la única persona que
se quedó. Tenía los ojos cerrados imaginando lo que serían mis vacaciones
inolvidable cuando siento que me tocan en el hombro, era Iván, el sobrecargo.
–“¿No vas a bajar? – me dijo. Sobresaltada, le dije que no tenía deseo. El,
sonriente me dijo: -“Anda ven. Por lo menos un café para que se te pase el frío”
Me lo dijo con tanta ternura que no pude seguir negándome. Pasamos a una
cafetería, pidió dos cafés y dos emparedados que tuve que aceptar a
regañadientes. –“Si no comes te adelgazarás mucho y así estás bien” – Lo tomé
como una coquetería. Sólo sonreí. Aprovechamos el momento para conversar un poco
y conocernos. Tenía 27 años era soltero, había tenido que dejar sus estudios
universitarios por problemas económicos, por eso trabajaba en la línea de buses.
Pero esperaba en algún tiempo más poder retomar sus estudios.
Me
preguntó para dónde viajaba y resultó que el vivía en la misma ciudad donde
pasaría mis vacaciones. –“Tal vez podamos vernos” – me dijo. –“Podría ser” – le
contesté. Y a continuación, en una servilleta, me dio su número de teléfono.
–“Llámame si estás aburrido” – me dijo y a continuación agregó: -“Y si no lo
estás, también me llamas”. Nos reímos de buena gana. Una vez que terminamos,
canceló, me compró una revista de esas con la vidas de los artistas que me
gustan mucho. Miró la hora, quedaban 35 minutos aún para que partiera el bus.
–“¿Quieres ver algo que te gustará? – me dijo. Le contesté que sí. –« No queda
muy lejos me dijo pero apuremos » Fuimos rápidamente, llegamos a un edificio
viejo abandonado de unos 5 pisos. –“Ven entra. Debemos subir con cuidado.
LLegamos a la azotea y se podía ver toda la panorámica del pueblo cuyas luces se
mezclaban con la hermosa luna llena que brillaba. El silencio se podía oír. Era
una atmósfera casi mágica. Yo no andaba muy abrigada y estaba algo fresco.
Comencé a tiritar un poco. – “Parece que tienes frío” – me dijo. Yo cruzando mis
brazos le dije: -“Sí un poquito”. Inmediatamente se quitó la chaqueta , se ubicó
detrás de mí y la colocó entre mis hombros. Por una milésima de segundo su sexo
se rozó casi imperceptiblemente con mi cola. Fue como si un rayo hubiese caído
sobre mí. Me estremecí completa y no pasó inadvertido para Iván, quien me tomó
de los hombros me dio vuelta dejándome de frente a él. Su rostro era muy varonil
y tierno a la vez. Una barba que por lo avanzado del día ya le comenzaba a
aflorar. Unos labios gruesos y se notaban duros. Una dentadura perfecta. Yo me
sentía muy pequeñita a su lado. Siempre tomándome de los hombros me acercó un
poco más a él, inclinó su cabeza, acercó su boca a la mía y nuestros labios se
encontraron. Yo entreabrí los labios para dejar que me explorara con su lengua,
cosa que hizo casi de inmediato y me abandoné completamente, desprovista de toda
voluntad. Iván me apretaba contra su cuerpo fuertemente, casi no me dejaba
respirar, pero esa sensación de estar entre sus brazos, de sentirme protegida,
de ser hembra que tiene a su macho que la desea era algo insuperable.
Una
vez que terminamos de besarnos me miró fijamente a los ojos y me dijo: -“Sabía
que no podía equivocarme contigo” – Miró la hora, ya teníamos que regresar. Una
vez en el bus, y por el resto del vieja me trató como a una verdadera reina. No
hubo atención que no me hiciera. Ni qué decir que me sentía plenamente halagada.
Llegamos temprano en la madrugada como a eso de las 5 de la mañana. Iván se
preocupó de mi equipaje y me consiguió un taxi. Antes de despedirnos me pidió
que lo llamara y que si necesitaba cualquier cosa lo que fuera contara con él.
Despacito me dijo, - “Te despediría con un beso, pero no se vería muy bien.”
Cuídate mucho y no te olvides de llamarme.”
Al
llegar a la casa de Maribel, cancelé el taxi, y toqué el timbre. Era un barrio
residencial bastante agradable y al parecer muy tranquilo. Me daba algo de pena
despertar a Maribel tan temprano, pero, bueno no me quedaba más remedio. Al
momento salió Maribel todavía media dormida, y con una ropa de cama muy sensual,
de esas cosas casi transparente. Se podía ver claramente sus pechos con sus
pezones, y hasta su vello púbico podía verse claramente. –“¡Primitooooooooo! ¡No
te esperaba tan temprano!” Pasa, pasa, mi amor” – me dijo. Disculpa la facha y
que no haya ido a buscar, pero... ¿Te cuento? La noche estuvo un poco agitada” Y
se reía. Bueno yo también compartiré algunos secretitos contigo. – Y riéndose me
dio un beso en la frente.
Entramos, la casa tenía una ornamentación poco tradicional, pero hermosa, todo
era artesanal de carácter informal. El aroma a incienso inundaba la casa.
–“Mira, ven, este será tu cuarto. Lo ví y quedé deslumbrada. No era muy grande,
pero súper acogedor. Con colores cálidos muy radical un ventanal inmenso que
daba a un jardincito muy frondoso lo cual le daba un toque muy especial. Una
especie de cómoda con un espejo casi de cuerpo completo. Al medio tenía un
espacio con una banqueta, ideal para maquillarse. –“Puedes guardar tus cosas
ahí” – me dijo señalando la cómoda. De pronto oigo una voz de mujer:
-“Maribelllllllllllllll, ¿dónde estás, amor? La miré con perplejidad. pensaba
que estaba sola, y además la intimidad del trato... me guiñó un ojo y
contestó: “¡Ya voy mi bebita hermosa, no te desesperes que ya voy” – luego
dirigiéndose a mí dijo: -“ Es Vero, mi pareja” ¡Maribel era lesbiana! Eso
explicaba mis dudas con respecto a ella. Internamente me alegré, ahora estábamos
empatadas y seguramente esa situación me daría más libertad de la que ya
imaginaba. –“No te preocupes” – le dije. “Este será un secreto más entre
nosotras dos.” Me miró dulcemente y me dio un besito. –“¡Ven, quiero que
conozcas a Vero, estoy segura que serán buenas amigas” – Me gustó mucho que se
refiriera a mi en femenino. Cada momento que pasaba me convencía más que serían
unas vacaciones inolvidables.
Fuimos al dormitorio principal, era muy semejante al mío en su decoración pero
bastante más amplio , con un baño en suite y con algunas luces de color y
figuras de neón por la pared. Arriba el el cielo raso un enorme espejo que
cubría toda las cama, que era inmensa y tenía unas preciosas sábanas de seda
color negro. Todo esto daba una ambientación que podía fácilmente estimular
cualquier locura. En la cama tapada apenas un poco por las sábanas estaba Vero,
una rubia impresionante y por lo que podía observar muy joven. –“Verito, te
presento a mi prima” – dijo Maribel, y agregó: ya te había hablado de ella”. –
Vero se incorporó y dejó a la vista un par de tetas prodigiosas. –“Hola” me
dijo- “Bienvenida, cariño” Y mirando a Maribel le dijo: -“Ya pues, amorcito,
vente luego a la cama, que tengo frío” – Maribel me miró y me dijo: “Aprovecha
de acomodarte y más tarde conversamos de todo lo que tenemos planeado para que
tus vacaciones sean inolvidable”. – Me despedí de Vero con un movimiento de mano
y me dirigí al que sería mi cuarto. Mientras ordenaba mi ropa, no podía dejar de
pensar en Iván. Eso había sido muy hermoso. Me hice la promesa de llamarlo en
algún momento.
De
pronto sentía algunos grito y chillidos proveniente del cuarto de Maribel y
Vero. Se notaba que lo estaban pasando muy bien. Trata de imaginarlas y lo que
estarían haciendo. En cierta forma las envidiaba sanamente, ya que podían darse
el gusto de estar con quien quisiera y cómo quisieran. “Ojalá yo pueda hacer lo
mismo algún día” – pensaba.
Como
a eso de las 11 de la mañana salieron ambas del cuarto, cada una sólo llevaba
una tanga y en sus rostros todavía se reflejaba la lujuria y pasión que las
había poseído. Las tetas de Maribel eran generosas y turgentes. Las de Vero más
pequeñas, de forma cónica pero que venían muy bien con su cuerpo. Eran como el
negativo y positivo, la una rubia y la otra morena. juntas debían formar un
cuadro plástico de extremada belleza. Nos sentamos a la mesa, tomé una taza de
café con un par de tostadas con mermeladas. Vero sólo un yoghurt. Maribel la
recriminaba que estaba comiendo , muy poco. Vero le replicó que no quería
engordar porque si no Maribel la podía cambiar por otra más hermosa. Maribel le
dio un beso en los labios y le dijo: -“No te cambiaría ni por todo el oro del
mundo” Tiernamente Vero le dio una cucharada de yoghurt, que Maribel devoró. Lo
hacía todo de una manera tan natural y sencilla que no causaba el más mínimo
asombro verlas así. Además se notaba que se tenían un amor muy profundo. Eso era
lo valioso: que fuera recíproco.
Después del desayuno nos fuimos a la salita, me gustaba verlas así, desnudas en
toda su belleza, me preguntaba si yo alguna vez me podría ver como ellas. Vero
encendió un cigarrillo y se lo dio a Maribel, luego encendió uno para ella.
Maribel tomó la palabra y dijo: “Querida primita. Vero sabe perfectamente todo
acerca de ti. No te preocupes que es de confianza, las dos somos como una sola.”
- Yo escuchaba muy interesada, ya que, al parecer era la afectada en todo esto.
Maribel continuó “He pensado mucho en ti, desde que descubrí tu secreto y te
dije algunas cosas que creo recordarás”- asentí con la cabeza. – “Pues bien,
quedé muy preocupada por ti, ya que como sabes bien siempre he sentido un gran
afecto por ti. Cuando regresé le conté todo a Vero. Y es así como pensamos que
sería bueno que pasaras una temporada con nosotras en la cual no tengas ningún
tipo de represión con respecto a tus gustos. Es más a partir de ahora en esta
casa sólo habrá tres mujeres. Nadie mejor que nosotras para saber lo que se
sufre por el hecho de ser diferentes. Ambas, Vero y yo sufrimos lo nuestro
cuando éramos pequeñas, ahora ya tenemos una posición que nos permite hacer lo
que nos dé la gana y no dependemos de nadie. Es por eso que deseamos darte la
oportunidad de que definas tu orientación. Aquí desarrollarás tu lado femenino.
Al final de tus vacaciones podrás decidir por ti misma cuál es el camino a
seguir. Cualquier decisión que tomes contarás siempre con nuestro apoyo y
silencio. Pero para ello debes primero decirnos si estás de acuerdo en lo que te
estamos proponiendo.
Ambas quedaron esperando que dijera algo. Yo estaba atónita y confusa. Me
estaban dando por dos meses la oportunidad de mi vida. Pensé un poco y les dije:
“Queridas Maribel y Vero, de verdad agradezco la oportunidad que ustedes me
brindan. Es como si de pronto mis sueños se volvieran realidad. estar con
ustedes, más aun, ser una de ustedes será lo mejor que pueda pasar en mi vida.
Les doy las gracias una vez más y sí, por supuesto que acepto la oportunidad que
me brindan”
Nos
levantamos y entre las tres nos abrazamos fuertemente. Vero que era la más
alocada gritó levantando los brazos: “Todas para una...! y le contestamos “¡Una
para todas!. Y de esta manera se iniciaron oficialmente mis vacaciones. Me
rebautizaron como Vanessa. A eso obedece mi nombre actual.
Lo
primero será borrar todo vestigio de tu masculinidad, dijeron así que te
quitarás toda la ropa de hombre que llevas en este momento. Yo quedé un poco
atónita. –“Apúrate” – me dijo Vero. Entonces me quite absolutamente todo,
quedando desnuda en medio de la sala. Ambas me miraban con mucha atención.
Maribel le pregunta a Vero.- ¿Qué opinas, cielito? –“Mmmmm... a ver Vanesa,
date vuelta quiero ver tu cola”. Me dí vuelta.”Ya mi amor puedes sentarte” – me
dijo. Y contestando a Maribel dijo. “Tiene muchas posibilidades. Puedo
convertirla en toda una hembrita que dejará a los hombre tiritando” – dijo. Su
rostro tiene rasgos muy delicados, casi femeninos que con el maquillaje se los
puedo acentuar más. Su cuerpo no tiene vellos, eso lo favorece mucho. Está bien
en el peso, un abdomen firme, plano. Sus piernas si te fijas son muy delicadas y
torneadas, con un buen tratamiento le dejaremos la piel más suave que una mujer
y su trasero muy bien formado, será una delicia. El problema de las tetas lo
podemos solucionar con un relleno, después ella verá si se hace unos implantes,
pero para eso es demasiado pronto. –“Perfecto” – dijo Maribel. Entonces tú te
encargarás de la parte estética y yo de lo otro- dijo. –“Perdón... “ – dije
tímidamente –“¿Qué es lo otro? –Vero y Maribel se dieron una mirada de
complicidad. Después que Vero le diera una mirada de asentimiento Maribel dijo:
-“Bueno te explicaré todo de una vez para que no tengas dudas: Vero es una
experta en Estética y tiene el mejor salón de la ciudad, así que ella se
encargará de convertirte en una hermosa mujer. Yo me encargaré de la parte
económica, vale decir todo lo que se relacione con respecto a tu vestimenta. de
hache hoy en la tarde saldremos a comprarte algunas cositas.” Yo me sentía
totalmente abrumada, no podía ser verdad todo lo que me estaba pasando. mi
corazón saltaba de alegría.
Me
dijeron que fuera a tomar un baño de tina a la cual le echaron unas sales
especiales que me iban a suavizar la piel. vero me hizo una máscara en el rostro
para quitarme algunas manchas. ¡Ya me estaba sintiendo toda una mujer! Me
dijeron que me quedara en el baño relajándome y que vendrían por mí cuando fuera
el momento.
Así
me quedé como toda una reina. Mi primer día había sido insuperable. Ya no tenía
imaginación para pensar en el resto. Se vino a mi mente la imagen de Iván y ese
hermoso beso que nos habíamos dado. recordaba el calor de su cuerpo, la firmeza
de su pecho. ¿Y si lo llamara? El deseo de hacerlo se me iba intensificando.
Siempre he tenido buena memoria, así que lo recordaba, no había necesidad de ir
a buscar mi agenda. La tibieza del agua y el efecto de las sales, sentir la
máscara en mi rostro las luces multicolores que entraban por las ventanas que
eran unos vitrales, el olor del incienso me daban una voluptuosidad que me
transportaba, como si estuviera flotando entre las nubes. Tomé el teléfono que
estaba en una mesita al lado de la tina y marqué.
El
teléfono llamó dos o tres veces hasta que la voz de una mujer, de edad, por el
timbre, me contestó. Le pregunté si podía hablar con Iván. Cuando me preguntó de
parte de quién el inconsciente me traicionó, sin pensarlo contesté: -“De una
amiga” – después me dí cuenta del error, pero bueno ahora no me quedaba salida.
Podría haber cortado, pero deseaba escucharlo. Además para él yo no era ningún
secreto. Al poco rato siento su voz. –“¿Aló? – “¡Hola!” le contesté. –“Cómo
estás” –“¿Con quién hablo? –dijo . –“¿Ya me olvidaste? –de a poco iba recobrando
mi aplomo, y comencé a jugar un jueguito seductor. –“De verdad dime quién eres.
No te puedo recordar” - “Así son los hombres. Todos iguales. Sólo quieren una
cosa de nosotras y después a la basura... –“En serio , dame una pista” - “Mi
nombre es Vanessa” – le dije - ¿Vanessa? no recuerdo conocer a nadie con ese
nombre. ¿Estás segura que quieres hablar conmigo? –“Bueno, te daré una pista. No
recuerdas un apasionado beso a la luz de la luna, en tu último viaje? -
“NOOOOOOOOOO” – respondió sorprendido - “es que me habías dado otro nombre. En
todo caso este me gusta muchísimo más. –“Gracias “le dije. “Te llamaba porque
quería agradecerte por todas tus atenciones durante el viaje” –“Lo hice con
mucho placer. No hay nada mejor que atender bien y como se merece a una linda
damita” Parecía que deseaba ponerme a mil. Cada cosa que me decía subía mi
temperatura. –“¿Te puedo decir algo? – me preguntó. –“Por supuesto”, le
contesté. –“Besas como toda una diosa” –“Bueno” – contesté – “Tú no te quedas
atrás”. Así estuvimos conversando como 20 minutos. Quería que nos juntáramos. Le
dije que bueno pero que yo me comunicaría con él para estar segura de cuándo
podría ser.
Como
a la hora de mi conversación llegó Maribel. –“¿Cómo estás, Vanessa? – Totalmente
relajada le dije. Le conté de mi aventurita con Iban. erámos dos mujeres
contándonos nuestros secretos amorosos. –“Entonces” – me dijo- arregla una cita
con él pero en unos tres días más. Te aseguro que se llevará la sorpresa de su
vida y caerá redondito a tus pies” – “Me gustará ver eso” le dije.
Maribel me pidió que saliera de la tina, me pasó una toalla, me sequé y me quedé
envuelta con ella. Al ratito llegó Vero, me quitó la máscara me aplicó una serie
de cremas y comenzó a depilarme y a delinearme las cejas. –“Te desconocerás de
lo hermosa que quedarás” - me dijo. Después siguió aplicándome cremas por todo
el cuerpo. Los brazos, muslos, piernas, espalda, glúteos. En fin toda entera.
Luego llamó a Maribel y le preguntó cómo me veía. Ella se llevó las manos al
rostro en señal de sorpresa y exclamó: -“¡Está quedando preciosa! – Yo no podía
decir nada al respecto porque no me dejaban ver en el espejo. Se dieron un
besito en los labios Y Vero le dijo: -“Ahora es tu turno, Amor”. – “OK” –
respondió mi prima.
Me
dijo que lo que venía ahora era igual de importante, la ropa. –“Ponte esto” me
dijo pasándome una tanga negra muy pequeña. En la parte de atrás era sólo
elásticos. –“Es preciosa dije” – me la puse, acomodé mi miembro de manera que no
se notara. Vero, feliz como niña pequeña dijo: “Está quedando más hermosa que
nosotras” – reímos las tres de buena gana. Luego me pasó un sostenedor que
obviamente hacía juego con la tanga, me ayudó a abrocharlo por detrás y
acomodamos los breteles. No eran unos sostenedores cualquiera. Traían
incorporados un relleno muy suave, imitando las mamas. “Sí “ – dijo Vero. – “Le
quedan bien, y son del tamaño justo”. “Sigue con esto dijo Maribel y me pasó un
peto blanco elasticado, sólo con tirantes en la parte de arriba y que dejaban mi
vientre al descubierto. El relleno no se notaba para nada. Parecían naturales.
Luego me pasó una mini de jeans muy cortita y ajustada. –“Vaya, esto se pone muy
interesante mi amor” – dijo mi prima. “Tienes una cola preciosa”. pata terminar
una tenis muy coquetas color rosa. –“Te cedo el turno de nuevo” . dijo Maribel a
Vero. Se hicieron uan reverencia y Vero dijo: -“Como guste mi amor”. Me sentaron
nuevamente y comenzó a maquillar mi rostro. Maribel le decía que no exagerara
demasiado, que no me hiciera ver muy adulta. Recuerda que es apenas una
adolescente. Vero le dijo que no se preocupara. Que una cosa era el maquillaje
de día y otro el de noche. Cuando terminó, dijo –“¡Listo!- “Cierra los ojos” y
de la mano me llevaron frente a un espejo. Los abrí y no podía creerlo. No me
habría reconocido ni mi propia madre. Era una verdadera quinceañera. Esa ñiña
del espejo no podía ser yo, pero era yo. Mis piernas se veían hermosas con la
mini y los tenis. No pude evitar que unas lágrimas de emoción se deslizaran por
mis ojos. Nadie podría haber dicho que no era mujer.
Bueno Cariño, ahora nos iremos a comer algo al centro y luego a comprarte
algunas cositas me dijo Maribel. -¿Saldré a la calle? – pregunté sorprendida.
–“Sí mi amor” – será la primera salida de Vanessa. He pensado mucho en cómo
describir ese momento de salir a la calle. Pero siento que no tengo las palabras
suficientes. Es imposible poder describir la plenitud, el sentirse relizado.
Sentir la libertad al caminar, el suave roce de mi ropa interior, la brisa que
me acariciaba por debajo de la falda. Ibamos por la calle y en una esquina había
un grupo de muchachos, disimuladamente podía ver cómo me comían con los ojos. En
sus rostros se podía adivinar el deseo y las cosas que se imaginaban poder
hacerme. No sólo los jóvenes me miraban, hombre adultos también y de todos los
tipos. Algunos iban con su esposa pero igual daban la vuelta para ver mejor mis
piernas y mi cola.
Entramos a un restaurant, almorazamos. El mozo no podía quitar la vista de mis
piernas, y yo así como sin darme cuenta, mostraba un poquito más. Ese pobre
hombre estaba loco. Estaba descubriendo que Vanessa rapidamente se convertiría
en una verdadera zorra.
Salimos y nos dirigimos a una tienda de lencería, no entraré en detalles pero
salí cargada de cosas ropa interior , vestidos, zapatos, hasta el día de hoy no
sé que hice para merecer tanto. Una vez que llagamos a la casa, totalemente
rendidas, nos quitamos los zapatos y nos sentamos cuán largas éramos. “Mi
querida Vanessa”- dijo Maribel, ya estás lista para tus vacaciones. Puedes
entretenerte guardando tu ropa. Desde ahora en adelante todo lo que suceda será
de tu responsabilidad. Cuando necesites algún consejo o ayuda sabes que pouedes
contar con nosotras. Puedes salir, llegar o no llegar, sólo te pido que en el
último caso tengas siempre la gentileza de avisarnos. puedes hacer tus porpios
amigos y si se hace necesario puedes hacer pasar a un muchachito a tu
dormitorio siempre que sea de confianza tuya. Toma siempre las precauciones
necesarias. En lo demás debes dejarte guiar por tus instintos. Considérate como
en tu propia casa. No esperes que te estemos ofreciendo las cosas. Si tienes
hambre o sed ya sabes perfectamente donde está cada cosa” – Luego dirigiéndose a
Verónica le dice: -“Mi amor, estoy rendida. Creo que necesito mi masaje especia”
– “Vamos mi amor” contestó. Al poco rato ya se sentían los efectos del masaje
especial, taducidos en chillidos y quejidos de todo tipo.
Era
apenas las 9 de la noche. No quería irme a la cama. Deseaba algo más, un poco de
glamour. Tomé el teléfono y llamé a Iván . Conversamos un poco y le dijo que le
gustaría verme. Le dije que bueno. Le dí la dirección, no vivía muy lejos, así
que en media hora pasaría por mí. Me acerqué a la puerta de Maribel, había
silencio, por lo tanto ya debía haber terminado el masaje especial. Llamé, me
dijeron que pasara. Estaban ambas algo sofocadas, rojas, sobre la cama abrazadas
dándose besito. La escena era hermosa ver sus cuerpos bien formados . –“Quería
avisarles que saldré un rato” – le dije – “Tengo una cita con Iván. Pasará por
mí un rato más”. Se separaron y al unisóno me aplaudiero. Al Hacerlo pude
verlas mejor. La choca de Vero era preciosa, pequeña y con el vello rasurado en
forma de corazón. La de Maribel no se quedaba atrás, pero su choca estaba más
natural, con los vellos bien frondosos, pero que no le venía mal para nada.
Me
desearon que me fuera bien y fuera cuidadosa. Me despedí y les cerré la puerta.
Momentos después llegó Iván. Abrí la puerta. Su mirada fue de asombro. Sin poder
disimular me miró de arriba a abajo. Tartamudeó un poco y dijo: -¡Perdón!
¿Estará Vanessa? – Me salió la mujer perfida que tenpia dentro de mí y le dije:
-¿Vanessa? ¿Está seguro? Aquí jamás ha vivido alguna Vanessa. Seguramente le
tomaron el pelo señor.” –“No, no lo creo, pero seguramente ha habido alguna
equivocación. Disculpe señorita”. Entonces al ver su cara de perplejidad me
compadecí y le dije: -“Iván, ¿es que no me conoces? – Volvió a mirarme incrédulo
–“¿Vanessa? -“¡Presente! le dije y me colgué de su cuello. Me tomó dulcemente
de la cintura y me dijo: -“Estás preciosa, Vanessa. De verdad no te reconocí”.
–“Me muero por besar esa boquita”- me dijo. –“Entonces no pierdas tiempo” – le
dije.
Salimos tomados de la mano. Me sentía bien con Iván. Sabía que nada malo me
podía pasar con él. Me sentía protegida. Me dijo que no podía llevarme a ninguna
parte porque apenas andaba con el dinerom para su movilización. Le dije que no
se procupara, que me bastaba estar con él. Me llevó a un parque muy bonito, y
nos quedamos en la parte más oscura, arrimados bajo un arbol. Allí comenzamos a
besarnos como desesperados. Iván parecía un verdaero pulpo y podía sentir la
dureza de su sexo. Sus manos me recorrían entera. Yo estaba sofocada.,
descontrolada total, el deseo me tenía sin voluntad. Sabía que a esta altura no
me iba a bastar unos cuantos besos y caricias. Entonces dentro de nuestra
calentura le dije a Iván: “Necesito que me hagas tuya, mi amor, o si no creo me
volveré loca” –“Es lo que más deseo mi amor” – contestó, pero no tengo donde
llevarte”- Le dije que no se preocupara, que pdíamos ir a mi casa. que no había
ningún problema. Era tanto su deseo que no hizo ninguna pregunta. Creo que si lo
hubiese llevado al infierno me habría seguido gustoso. No había nada como ser
una hembra y tener caliente a l macho. Llegamos a la casa. Saqué la llave,
Maribel me había dado una copia, y entramos directamenta a mi habitación. Dejé
las luces en un nivel muy bajo, en que casi nos veíamos solo las siluetas de
nuestros cuerpos.
Iván
me quitó el peto y los sujetadores. Comenzó a devorarme el cuello. Su lengua
jugaba conmi oreja. El placer me consumía. era tan hermoso sentirse mujer.
Comencé a desabotonar su camisa, una vez que hube terminado la tomé con mis
manos por los dos lados y la deslicé lentamente por sus hombros. Su pecho era
magnífico, musculoso, varonil con una ligera linea de vellos por el medio. Apoyé
mi rostro en su pecho, quería sentirlo de mil formas posibles. No me cansaba de
acariciarlo con mis manos. De pronto Ivan me coge por la cintura y casi en vilo
me levanta y coloca sobre la cana. Su cabeza quedaba a la altura de mi cintura.
Aflojó mi falda y me la quitó, dejándome sólo con la tanga. Con us manos comenzó
a acariciar mir piernas dede abajo hasta arriba, deteniéndose en mi cola. La
acariciaba, la apretaba fuertemente hasta casi dejar sus dedos marcados.. Luego
me pidió que me recostara. Así lo hice. mientrs tanto el se quitaba el jeans, se
enredó un poco producto de la ansiedad y el intenso deseo. Quedó sólo en slips,
que eran muy sensuales. Muy breves y con sólo unos elásticos a los lados, que
hacían resaltar más su masculinidad. El bulto se veía apetecible. Se tendió
sobre mí y fue maravilloso sentir su peso, estar debajo del hombre que una
desea. La dureza de mi sexo la pude sentir sobre el mío, me impresionó y ya lo
quería sentir de la forma que fuese. Ivan cubría todo mi cuerpo, era una minucia
a su lado y esa diferencia me excitaba más. Con su boca iba besándome en forma
metódica todo mi cuerpo, después me hizo dar vuelta y comenzó con mis espalda.
Casi no podía articular palabras alguna, era todo quejidos y chillidos de
placer. ¡Y pensar que era apenas mi primer día! Ivan seguía descendiendo, al
llegar a mi cola , hizo a un lado la tanga y comenzó a devorar mi ano con su
lengua. No pude evitar el alarido de placer. esto era demasiado. Ya dudaba que
pudiera salir con vida después de gozar tanto. De pronto siento algo duro entre
mis nalgas, era su miembro que a lo largo estaba entre mis dos glúteos. Cerré
mis ojos tratando por el roce de imaginar su tamaño. Se sentía grande y potente.
ritmicamente comencé a mover mi cola para estimularlo. Iván estaba ebrio de
placer y se quedaba quieto mientras yo le prodigaba mis encantos.
Me
susurró al oído que deseaba penetrarme. “Dame tu culito, mi amor. Quiero
sentirte” No le respondí nada. Pero deseaba hacerlo sufrir, quería que me
deseara hasta que le doliera. Que se arrastrara por mí. Dejarlo baboso a más no
poder. Deseba sentir su miembro dentro de mí, pero me estaba dando cuenta que
iba a ser una hembra muy especial. Que era para ser amada más que para amar.
Quien me quisiera gozar, primero tendría que ganárselo, y eso solamente lo
decidiría yo. Nadie más.
No
contesté nada a su requerimiento. Me di vuelta lo abracé y le dí un beso.
Deseaba compenetrarme de su aliento, beber de su saliva y sentir la suavidad de
su lengua. Minuciosamnete mi lengua recorrió primero sus labios, luego la
introduje dentro de su boca la hice llegar hasta casi el findo de su garganta,
me sentía toda una canibal, me lo hubiese comido entera. No imaginé nunca que en
una situación así pudiese volverme tan puta. ¡Peor aún! Ya que una puta lo hace
por necesidad, yo lo hacía por gusto, por vicio, por calentura. Iván comenzó a
darse cuenta que estaba perdiendo la iniativa, y era yo quien comenzaba a dar
las directrices, pero no dijo nada, ya lo tenía en mis manos y podría hacer lo
que me viniera en gana. ¿Qué tenía pensado? Hacerle cosas que jamás le hubieran
hecho, llevarlo al borde del placer para bajarlo repentinamente, tenerlo toda la
noche gimiendo e implorando por alcanzar el orgasmo. Quería que después de estar
conmigo no pudiera satisfacerlo nadie más.
Tome
su exo con una mano, estaba que reventaba el maldito, durísimo y su tamaño muy
apreciable. Su forma me encantaba. Era recto, con un glande bien proporcionado,
rojo grana, brillante, reluciente, pidiendo a gritos su ración. Lo tomé por la
mitad de su tronco y pausadamente lo apretaba. Cuando presentía que se quería
venir lo dejaba y después vuelta a seguir. Ivan estaba loco, me pedía que por
favor lo dejara venirse. Yo nada le decía y seguía en lo mío. Después bajé hasta
su sexo y comencé a acariciar su glande con mi lengua. Su sabor me alucinaba, me
encanta hasta el día de hoy ese olor tan característico que tiene el sexo del
hombre. A ratos variaba y recorría su tronco con mi lengua como si estuviera
con un helado. A veces le salían unas gotas de lubricante que aprovechaba para
beberlas con fruición. Mientras mi lengua recorría su miembro mis manos
acariciaban sus bolas , y aprovechaba para acercar mis dedos, de manera muy
sutil, a su esfínter. Quería ir probándo sus reacciones. En una de esas rocé
suavemente su esfinter y la respuesta fue positiva. Dios un respingo y se
acomodó invitándome, sin decir nada, que siguiera por esa dirección. Obviamente
no lo hice. Ya tenía otro medio para seguirlo doblegando. Mi satisfacción era
inmensa, tener un macho a mi merced. Se me hacía difícil creer que alguna mujer
lo hubiese tenido así, como Vanessa, la puta, lo tenía.
Me
incorporé por un momento, me arregle la tanga, que Iván me la había dejado
corrida, y de mi mesa de luz saqué una crema. Vokví a la cama, me arrodillé al
lado de Iván quien estaba boca arriba. Me miraba ansioso, seguramente pensaba
que el momento de la penetración había llegado, pero no podía estar más
equivocado. En la palma de una mano coloqué abundante crema que la desparramé
convenientemente., y comencé de esa manera a masajear su sexo que se delizaba
suavemente dentro de mi mano apretada. Iván gemía tratando de alcanzar el
orgasmo imposible. Cuando lo veía próximo apretaba fuertemente su miembro para
evitarlo. -¡Maraca culeada! – me gritaba enojado. “¿Quieres volverme loco?” – Yo
sonreía de mi maldad. Mientras más me insultaba, mayor era mi placer. Eso de
tener las riendas entre las manos de verdad era fabuloso.
Después me tendí sobre su cuerpo de tal manera que coincidieran nuestros sexos,
y apoyando mis manos sobre la cama comenzaba a frotarme. Su miembro sólo podía
sentir la suavidad de mi tanga que estaba quedando toda manchada con la crema y
su lubricante, sin hablar del mío, ya que mi miembro estaba lubricado hasta más
no poder. Mientras hacía todo esto pasaba mi lengua por su cuello lo cual lo
enloquecía más. “Acaso no querías estar con una puta?” – le decía al oído. “Pues
aquí tienes. Es Melissa”- le decía al oído. Deseaba estimularlos de varías
maneras a la ves. Por el tacto, por el oído. Quería que estallara de placer,
pero cuando yo quisiera.
Me
tomó del trasero y me lo acariciaba, le faltaban manos para hacerlo, sus dedos
buscaban mi agujerito pero yo me las arreglaba para evitarlo. “¡Puta, putísima!
– me decía. “Mira cómo me tienes! Yo como sorda seguía en mi faena. –“Quítame la
tanga” le ordené. Tomó uno de los elásticos y de un solo tirón me la quitó. Mi
miembro al verse en libertad saltó como un resorte y eso me dio otra idea.
Comencé a que nuestros miembros se rozaran suavemente. Y lo hice acabar de esa
manera. No diré la cantidad de semen que Iván liberó. Me disgustó no haberlo
tenido en la boca. Hubiera sido divino. Iván sólo dio un suspiro y finalmente
pudo relajarse. No como él quería, pero había tenido su orgasmo que fue
bastante intenso. Podía considerarse con suerte, Vanessa había sido generosa.
Mu
recosté, Iván me abrazó pos detrás. Miré la hora. eran las 4 de la madrugada.
Cerré los ojos y nos quedamos profundamente dormidos. Cuando desperté ya la
mañana estaba algo avanzada. Sentía las manos de Iván por mi cuerpo. Pensé que
debía estar horrible desúé de todo el ajetreo de la noche anterior.
Le dí un beso.
Le
pregunté cómo lo había pasado. Me dijo que fue una noche inolvidable. Jamás
había sentido tanto placer con alguien. Me preguntaba dónde había aprendido
tantas cosas, que ni él se hubiera imaginado. Yo sonreía y le acariciaba el
rostro. Me levante, me quité el maquillaje y me puse una bata de seda cortita.
Le enseñé donde estaba el baño para que se aseara un poco. Asi lo hizo. Le
pregunté si tenía hambre, me dijo que un poco. Lo tomé de una mano y lo conduje
a la cocina. El protestaba porque sólo estaba en slips. Le dije que no se
procupara, que podía estar en confianza.
De
Maribel y Vero no había noticia alguna. Seguramente que habían tenido una sesión
de miedo. Debían estar agotadas. Preparé café, hice unas tostadas. Cuando pasaba
cerca de Iván este aprovechaba para manosearme el trasero. Yo me hacía la
enojada, pero me encantaba que lo hiciera. La sensación de estar atendiendo al
hombre era muy placentero. Me imaginaba casada con él. La vida sería muy
parecida a lo que estábamos haciendo. Me encendía mirarlo así semidesnudo
sentado a la mesa. Sus piernas bien formadas, musculosas. Sus bíceps se notaban
en cada movimiento que hacía. Y con esos slips estaba de miedo, tapando apenas
su generoso bulto. Me estremecía verlo así.
No
nos dimos ni cuenta y aparece Vero, todas despeinada con claros síntomas de una
noche de miedo. Estaba completamente desnuda. Nos vio y ni se inmutó. Sólo dijo:
“Vaya, parece que tu cita terminó muy bien, picaroncita” Y luego mirando a Iván,
le dijo: “Hola mucho gusto soy Vero” Y se acercó para darle un beso en la
mejilla” Iván estaba atónito, no sabía para dónde mirar de puros nervios. Al
saludarla se puso de pie, dejando entrever su bulto. Vero sonriendo dijo:
“Mmmmmm, te felicito, Vanessa, tienes muy buen gusto” Iván no pudo evitar
ponerse rojo. “Estoy tan cansada” – decía Vero. Maribel estuvo imparable anoche.
No sé de dónde sacaba tantas fuerzas. Espero que los hayamos molestado con
nuestra bulla” –“No te preocupes, Vero” – le dije. Nosotros teníamos nuestro
propio show aparte. ¿Verdad, Cielo? – Iván sonrió nerviosamente para balbucear:
-“ Ssi... sssiii, claro!. Le ofrecí un café a Vero, quien aceptó
inmediatamente. La escena era coma para una película, dos hembras trasnochadas
una totalmente desnuda, la otra (yo) travesti sólo tapada con una batita y un
macho en slips minúsculos. Pero todo era tan natural. Conversábamos como si nada
y nos conociéramos de toda la vida. Vero comenzó a conversar con Ivan a
prguntarle algunos aspectos de su vida. Hicieron muy buenas migas. Ya no sabía
si ponerme celosa o no. Al rato, Vero comenzó a llamar a Maribel para que
conociera a Iván. “Maribellllllllllllllll, amor, ven un poquito” – le decía.
Como ella no aparecía, fue a buscarla al dormitorio.
Maribel apareció practicamente durmiendo, Vero la traía de la mano. “Mira Cielo,
la conquista de Vanessa”- Ella abrió los ojos, estaba totalmente desnuda al
igual que Vero. Yo creo que Iván no entendía en el tipo de casa que había caído.
“Hola” le dijo Maribel. “Encantada. Yo soy Maribel” – “Mucho gusto” – dijo Iván
poniéndose de pie. Su slip se había corrido un poco dejando ver parte de su
vello pubiano. Maribel lo miró de arriba abajo y riendo dijo: “Más parece que el
gusto ha sido de Vanessa” y todos estallamos en una carcajada al unísono.
Así
conversando tonteras y riéndono terminamos el desayuno juntos. Iván me dijo que
tenía que retirarse. Se lo manifesté a las chiquillas. No querían que se fuera,
que cómo no se iba a quedar a almorzar. Si era temprano. Iván dijo que el único
impedimento que tenía era el de no querer ser inoportuno. Que a lo mejor
teníamos algo que hacer. “¡Esas son puras tonteras!2 – dijo Vero. “Si tuviéramos
que hacer algo no te estaríamos pidiendo que te quedes” – Iván agradeció la
invitación y manifestó que se quedaba con agrado. Que éramos todas muy
simpáticas.
“Pues bien” dijo Maribel. - Miró su reloj. – “Son las once de la mañana de un
hermoso día domingo. Mañana es feriado y no tenemos ningún apuro. Así que la
orden del día es pasarlo lo mejor posible. ¿Alguien en desacuerdo? – dijo
mirándonos fijamente y apuntándonos con el dedo. No riramos los tres y al mismo
tiempo dijimos: “¡Nadie mi Capitán!” – “Me alegro” – dijo, entonces como estamos
todos trasnochados por la intensa jornada de anoche, la primera orden es ¡Todos
al jacuzzi! Esa orden me tomó de sorpresa. Ignoraba que tuvieran un jacuzzi.
Seguimos a Maribel y una parte del patio esta techada para protegerlo de las
miradas indiscretas, y sobre una base de cemento muy bien revestida con una
cerámica preciosa, de forma redonda de madera había un jacuzzi que fácilmente
podía dar cabida a unas ocho personas cómodamente sentadas. Del agua salía un
ligero vaporcito que evidenciaba que estaba temperado.
Vero
y Maribel que estaban desnudas se introdujeron inmediatamente. Yo estaba sólo
con mi batitta, Iván con sus slips. Estaba azoraso, no sabía muy bien como
proceder. Vero y Maribel se reían. “No pensarán meterse con ropa” decían. “Vamos
Vanessa, así como debes haber hecho anoche, quítale el slip a tu hombre!” No me
hice de rogar dos veces, me acerqué a Iván tomé los elásticos del slips y de un
solo tirón se los quité. Apareció soberbio su miembro imponente. No era para
menos. Un macho joven, teniendo frente a su vista dos magníficas hembras
desnudas, que muy lesbianas serían, pero de esas cosas el muñequito no entiende.
Y además también estaba yo completando el escenario frente a sus ojitos.
“¡Vanessa, parece que te sacaste el premio mayor!” –dijo Vero - ¡Wauuuuuuuuuu! –
chillö – Maribel. ¡Acuérdate que soy tu prima y compartimos todo! –
“¡Cuidadito, cuidadito!” le dijo, Vero, “Acuérdate que no estás solita” - y se
dieron un tierno besito en los labios. –“¡Ya pues Iván! ¡Qué esperas! – le dijo,
Vero. “Quítale la bata a tu noviecita”. – Iván se acercó a mí. Me tomó de los
hombros me dio un apasionado beso y luego, delicadamente hizo que mi bata se
deslizara suavemente por los hombros dejándome totalmente desnuda. - ¡Esos son
hombres! – decía Maribel. Iván me dio la mano y me ayudó a entrar al jacuzzi. El
agua estaba realmente exquisita. Estábamos todos relajados. ¡Esa era una vida de
verdad” Libre de preocupaciones y de qué dirán. No hacíamos daño a nadie y
éramos veraderamente felices.
“Iván, como tú eres el macho de la casa, tendrás que preparar los tragos” – Dijo
Vero. Le indicó dónde estaba todo y al pobre Iván no le quedó más que obedecer.
Quedamos las tres un rato solas en el jacuzzi. Estaban enfermas de curiosidad
por lo que había hecho con iván en la noche. Cuando el salió del jacuzzi ambas
lo miraron en todo su esplendor. Y hacían comentarios de lo buena que estaba su
cola y su miembro.
“¿Te
dolió mucho Vane? – me preguntó Vero. “Mira que su miembro es de proporciones” –
No me podía creer que aún no me hubiese penetrado. Yo le expliqué con lujo de
detalles todo lo sucedido y quería que me deseara más de lo que podía en este
momento. Me felicitaron y me dijeron que tenía una vocación innata de hembra que
sabe cómo tener a los hombres.
Al
rato llegó Iván con una bandeja con los tragos pedidos. Nosotras aplaudíamos a
Iván y bromeábamos con el soporte que tenía para sostener la bandeja en clara
alusión a su miembro erecto que quedaba debajo de la bandeja. Iván ya se había
acostumbrado así que sólo reía y celebraba las bromas de que era objeto.
Cada
uno sacó su trago. Vero estaba al lado de Maribel y yo acurrucada bajo un brazo
de Iván. A veces a la disimulada colocaba mi mano en el agua y como
distraidamente pasaba a rozar su sexo, que respondía de inmediato. Maribel y
Vero jugueteaban entre ellas tirándose agua. Después de un rato, Vero se colocó
de espaldas frenta a Maribel, quien la abrazó tiernamente, y de a poco sus
manos se delizaron a sus tetas, jugando con sus pezones, mientras Vero se
abandonaba dulcemente. Esa escena provocó aún mas la excitación de Iván, quien
me tomo y me dejó al igual que Vero, mientras jugaba con mis cabellos húmedos y
me daba besos por detrás del cuello. Pero a diferencia de estas dos gatas en
celo había una diferencia, rozando mi cola se encontraba el miembro enhiesto de
Iván. El contacto de mi cola con su miembro se volvía doblemente voluptuoso con
la tibieza del agua. Y para mantenerlo en su dureza movía mis cola sutilmente a
fin de mantener su interés.
Casi
sin darnos cuenta nos habíamos callado. Nadie conversaba y cada cual, con su
pareja, estaba embriagado de sensualidad, deseando dar rienda suelta a sus
impulsos. Vero fue la primera, quie se dio vuelta quedando frente a frente con
Maribel, mirándola fijamente a los ojos, y quitándole el cabello que le tapaba
un poco los ojos le dijo: “Te amo, Maribel”. – Las pupilas de Maribel se
dilataron, exteriorizando todo el volcán de pasión que albergaba e n su pecho y
le contestó: “Yo también te amo, mi Verito” sus bocas se juntaron en un hermoso
beso. Parecía que deseaban devorarse mutuamente. Maribel tomó a Vero fuertemente
de cada nalga y la atrajo contra sí, cosa que sus sexos fueran uno solo.
Mi
corazó latía a toda velocidad. También me dí vuelta de cara a Iván, rodee su
cuello con mis manos y busqué ansiosa su boca. El entreabrió sus labios dando
paso a mi lengua. Me tomó con mucha firmeza, se dio vuelta dejándome apoyada
contra la pared del Jacuzzi, extendí mis brazos para apoyarme mejor en el borde,
y aprovechando la falta de gravedad en el agua, me tomó de las piernas y el de
pie, las apoyó sobre sus hombros. Se acercó a mi sexo que estaba durísimo, no
era tan magnífico como el de Iván, pero que tampoco estaba del todo mal. Se
acercó y comenzó a darme una mamada. Me tomó de sorpresa. No esperaba algó así.
esta vez el primer golpe lo había dado Iván. No pude resistirme, ya me había
hecho su presa y sólo quedaba abandonarme a sus caprichos.
Por
el otro lado, Maribel y Vero, estaban haciendo de las suyas. Vero apoyada en la
pared del jacussi como estaba yo, pero con las piernas abiertas, mientras
Maribel estimulaba su clítoris con el dedo. Vero no chillaba, bufaba como una
vedadera perra en celo. Sus tetas subía y bajaban a causa de la respiración
entrecortada. De pronto se tensaba, cerraba los ojos, arqueba el cuerpo y dejaba
de respirar, tratando de llegar a ese momento culminante en que el cielo y la
tierra se hacen uno solo. En el cual todo se funde en un estallido de placer.
Mientras Iván me mamaba, me arrancaba gritos de placer, sentí que una de sus
manos se delizaba por mis nalgas. El propósito era evidente, quería penetrarme
con los dedos. Separé las piernas lo más que pude para facilitarle la tarea. Su
dedo rozó mi esfínter, y comenzó a presionar hasta que pudo introducirse, por lo
menos la mitas, la sensación de ser penetrada y mamada era insuperable. Iván se
tragaba mi iembro entero, masajeba mi culo y con la otra mano libre acariciaba
mis bolas, era por tanto una lluvia de estímulos que me atacaban por todos
lados. Agregado a esto los chillidos de Maribel y Verónica. Yo aguantaba al
máximo aquel momento, ya que deseaba que nunca terminase. De pronto el aullido
de Vero desgarró el aire. La saliva en forma de espuma le salía por la boca. Tan
intenso era el orgasmo que estaba teniendo. Maribel presurosa se acercó a su
boca y con la lengua comenzó a beber la saliva que chorreba por la boca de Vero.
Ese
espectáculo que se me asemejaba como magnífico, hizo que me distrajera un poco.
Vero estaba en otro mundo, su pecho todavía se veía agitado. Pude apreciar
incrédula, que aún le duraba el orgasmo. Parecía que sollozaba, peo era la
intensidad del placer la que lo tenía así. No podía hablar. Mientras tanto
Maribel le acariciaba el cabello y le hablaba al oído. Lentamente, Vero fue
recobrando la respiración y miraba arrobada a Maribel. “Estuviste increíble, mi
amor” le dijo. “Casi me matas. No sé cómo te las arreglas para hacerme sentir
cada vez más”. Maribel sonreía y la miraba tiernamente. “Debe ser porque eres mi
nena hermosa” – le dijo. Una vez que estaba totalmente repuesta, Vero salió del
jacuzzi no sin antes decirle a Maribel: -“Ahora es tu turno, mi vida”.
Cuando volvió traía amarrado a la cintura una especie de arnés, negro y justo
delante de su chocha un inmenso miembro, muy bien hecho que por lo menos medía
unos 25 centímetros de largo por unos 7 u 8 de grueso. Estaba muy bien
proporcionado imitando las venas a la perfección. El miembro de cualquier negro
superdotado. –“¿Ves mi amor? le dijo Vero. “Traje a Kunta Kinti” – dijo
sonriéndose. –“Tu preferido” Maribel, al verla se le encendieron los ojos.
–“Ay, Verito, te viniste con todo, mi amor. ¿Querrás enloquecerme? vero le
respondió: “Claro que quiero volverte loca, pero de placer y amor” – Se
introdujo al jacuzzi se acercó a Maribel, la hizo darse vuelta , haciéndola
apoyarse en el borde del jacuzzi cosa que le diera la cola. Le separó las
piernas hasta que no diera más. Y comenzó a taladrarla con el miembro
gigantesco. “¡AAAAAAYYYYY...! – gritó Maribel. ¡Duele mucho, Mami, duele mucho!
-¡Callate, putita! ¡No te hagas la virgen delante de nuestras visitas” – le
decía Vero. “Ya has perdido la cuenta de las veces que te has comido este
pedazo”. Maribel de verdad sufría y y volvía a decir: -“¡Despaciooooooooooo!
¡Dañas mi zorrita! ¡UUUUYYYYYY! ¡Cómo duele, como duele...! En eso, Vero hace
un violento movimiento de caderas y se lo entierra hasta el fondo.
¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! – aullaba Maribel. “Es demasiado grande. Te digo que es
demasiado grande”. – “Cállate puta, si ya lo tienes todo adentro. ¡Siente y
goza!
Con
todo ese escándalo, Iván estaba a más no poder. Redobló sus esfuerzos con mi
miembro, y me metió el dedo hasta donde no pudo más. Eso. más el show de mi
prima hizo que no pudiera contenerme. Mi mente se convirtió en un estallido de
luces y me vine de una manera estrepitoso. El grito que salió de mi garganta
deben haberlo oído por lo menos a unas tres cuadras. Mientras Maribel casi
gritando avivaba a Vero: ¡Asï, así, así me gusta! ¡Más rápido, más rápido! .
Gruñía, emitía ruios salvajes como si fuera una mujer de las cavernas. Vero,
como una loca bombeaba sin piedad a Maribel. Lo saba y metía con una rapidez
difícil de creer, a veces cambiaba sus movimientos por otros circulares. Era de
ver y creer como semejante miembro entraba y salía por un orificio tan pequeño.
Iván
miraba deleitado. Entonces le pedí que se sentara en el borde del jacuzzi. Y le
separé las piernas. Con la altura su sexo me queda perfecto a la altura de la
boca y además podía ver perfectamente el espectáculo que brindaban Maribel y
Vero. Comencé a succionar el meimbro de Ivan que estaba hace rato listo para
cualquier cosa. El me tomaba firmemente de los cabellos y me imponía el ritmo
guiándome con sus manos a la vez que no perdía detalles de lo que sucedía frente
suyo. Maribel continuaba a los gritos. Las venas del cuello parecían a punto de
reventar. El sudor perlaba su frente. –“Me voyyyyyyyyyyyyyyyyyy, me
voyyyyyyyyyyyyy” , gritaba ya casi sin voz. Exhaló un profundo suspiro y quedó
como muerta. Parecía que ni siquiera respiraba. Vero se salió de ella y la
abrazaba tiernamente. Maribel lloraba como una niña, pero sus lágrimas no eran
de pena ni sufrimiento, sino de plenitud, del placer tan intenso que su amante
le había provocado. Con todo este espectáculo, Iván no me alcanzó a durar más de
cinco minutos y se vino en mi boca dejándola repleta de su semen, que como
imaginarán, saboree con mucha fruición. Desde el moemnto en que nos habia
atacado la calentura, hasta este momento de calma había transcurrido, sin
percatarnos casi tre horas. Ya era las dos y algo de la tarde.
Nos
quedamos agotados en el agua y nos mirábamos sin decir nada. Terminamos nuestros
tragos. Vero, como siempre, fue la que rompió el silencio. “Por lo menos a mí
una sesión de buen sexo me despierta el apetito, ya debe ser más de las dos de
la tarde” Tácitamente estuvimos todos de acuerdo. Salimos del jacuzzi, nos
secamos un poco, y sin que nadie dijera algo al respecto, nos quedamos desnudos.
Ese sería mi primer almuerzo nudista.
En
el refrigerador habían dos pollos asados, papitas fritas y vino. Más que
suficiente. Iván trozó el pollo, yo preparé la mesa, Vero colocó el pollo en el
microondas y Maribel se encargó de la música. Comimos con verdadero apetito. Lo
lindo de todo esto era que nada nos asustaba, todo, insisto, salía de manera muy
natura. Creo que el paraíso debía ser algo muy parecido a lo que estaba
viviendo. Iván le dijo a Maribel que hacían una pareja muy hermosa con Vero.
Levaban una relación de casi tres años, y se querían y deseaban más que el
primer día. Así seguimos conversando sobre nuestras cosas íntimas y lo difícil
que era en esta sociedad hipócrita ser distintos a los demás.
Iván
estuvo divino, cuando les dijo a Maribel y Vero: “Yo sólo tengo palabras de
agradecimientos para ustedes. Las comprendo plenamente y a pesar que todos aquí
tenemos diversas orientaciones sexuales hemos sido capaces de compartir juntos,
sin tapujos y de una forma tan normal, como realmente debiera ser siempre. Me he
sentido grato con ustedes. Jamás había tenido una experiencia de este tipo. Doy
gracias al cielo que haya sido con ustedes, por las facilidades que han dadp
para manifestar nuestro amor con Vanessa, por todo lo que han hecho por ella y
por supuesto por mí. Quiero que sepan que en mi persona tendrán siempre a un
amigo fiel y honesto”
De
más está decir que sacó aplausos. Vero, la infaltable dijo: “Parece que estamos
bebiendo mucho. Si seguimos así terminaremos llorando. Ahora que todos saciaron
su hambre vamos a una función de cine especial. ¿Estás de acuerdo, mi amor? le
dijo a Maribel. – “Por supuesto Cariño le contestó”
Ahí
me percaté de la otra sorpresa que no me imaginaba. En el patio había una
pequeña puertecita que no sabía para dónde iba. Vero la abrió, daba a un
subterráneo. Bajamos y la escala terminaba en una gtan habitación con uan
especie de cama con forma rara, repleta de cojines de dicersos tamaños y
colores. La luz era indirecta y se podía graduar su intensidad y los colores de
la misma, además. cómo me daría cuenta después, la intensidad y el color
cambiaba de acuerdo a la música o lo que se pudiera estar viendo en el televisor
gigante que estaba al extremo de la habitación. En las paredes habían muchos
cuadros eróticos, escenas de lesbianismo, sexo heterosexual, gays y
transexuales. Se podía decir que cada variedad del sexo tenía su pintura y,
precisamente esa era la finalidad, según me dijo Maribel, después.
Vamos a comenzar por ésta, dijo Vero, sacado de un cajoncito un DVD. –“Cómo se
llama?- le dije. “Las manifestaciones del amor” – me dijo sonriendo. Lo colocó,
y el espectáculo comenzó. El sonido era fabuloso, tenía parlantes ocultos por
varias partes lo que le daba un efecto envolvedor, sin hablar del efecto de las
luces. Nos recostamos los cuatro cuan largos éramos. Primero estaba yo, luego
venía Vero, Iván y Maribel. La televisión era digital, una imagen muy real y la
pantalla inmensa. Mostraba una escena bien complicada, había un ´poco de todo.
Los sonidos y quejidos eran como para resucitar a un muerto. Estábamos en
silencio. Nadie decía nada. Al poco rato siento que Vero me roza la pierna. No
le dí mucha importancia, pensé que era algo casual. Volvió a suceder de nuevo.
esta vez me inquietó. pero me hice la tonta. Mi miembro ya estaba comenzando a
responder, más que por el estímulo por lo que comenzó a pasar por mi cabecita.
Yo estaba recostada dándole la espalda a Vero. De pronto siento que me da un
beso en mi hombro. ¡Ya no quedaban dudas! La insinuación era más que directa. Me
dí vuelta y al hacerlo vi que mientras veía la película, Maribel manoseaba el
miembro de Iván quien estaba muy tranquilo dejándose querer.Como no soy muy
tonta comprendí que esta jornada era así. que al fianl terminaríamos todos con
todos, lo cual no me disgustó en absoluto. Vero me atraía bastante y un
encuentro con ella debería ser delicioso. Pero a quien más deseos tenía era a
Maribel, mi primita. Deseaba sentir el sabor de su conchita peluda, y si me la
conseguía después que Ivan depositara su semen en ella más exquisito sería.
Me
acomodé para quedar de frente a Vero. Le dije que al parecer no le gustaba mucho
la película. Me guiño el ojo y me dijo: “¿Para qué ver una película si podemos
hacerla nosotras?” Estiró la mano y comenzó a jugar con mi miembro. Con el solo
contacto se puso durísimo. –“¿Has estado alguna vez con una hembra? – me
preguntó Le dije que no. –“¿Y no te gustaría estar con una? – “Si eres tú, me
encantaría” – respondí. A paritr de ese momento las palabras estaban de más. Ya
más que decir había que hacer. Y a eso me dispuse.
Observé un momento a Iván y Maribel. Estaban dándose un beso que no podía ser
más apasionado. –Espero que no te propases con mi primita”- le dije sonriendo.
Maribel se aparto de la boca de Iván y me dijo: “Trata con cariño a Vero”. Y
nos reímos de buena gana. Ninguno de los cuatro prestaba atención a la película,
el asunto interesante estaba en la platea y no en la pantalla. “Tienes un
miembro muy rico” me dijo Vero. –“¿Lo sabías? – “Hasta ahora no” – le contesté,
pero si la opinión viene de ti no me queda más que darte crédito. –“¿Sabes? – me
dijo. “Ardo en deseo que me penetres. Pero que lo hagas suvecito, muy lentamente
para yo poder ir sintiendo como entras en mí” Con Maribel lo hacemos muy rico,
pero me falta sentir como corre por mi interior una buena dosis de semen. Eso me
deja a mil”. “Vero” – le dije. “Has sido tan amable conmigo que jamás podría
negarte nada. Aparte que penetrarte será un verdadero placer” Vero se acomodó
sobre unps cojines que le quedaron bajo la cintura a fin de elevar un poco más
su dulce conejito. “Quiero que me lo hagas colocando mis piernas sobre tus
hombros” – me dijo. –“Así la penetración es mucho más profunda”. –“Como desees
amor le dije”. Tomé el miembro con mi mano y lo comencé a acercar a su chocha
que ya se veía muy húmeda.
Entre tanto Maribel comenzaba a sentir las delicias de Iván. –“¿Sabes que desde
que te ví en la cocina y vi tu bulto te he deseado, Iván?” Envidié en secreto a
Vanessa por la suerte que tenía. Eso no quiere decir que no ame a Vero, ella es
estupenda, pero de pronto también me gusta de poder gozar de un buen miembro
como el tuyo. – “Descuida, Maribel” – le dijo. Haré todo lo posible por hacerte
feliz, como realmente mereces. Acto seguido, colocó unos cojines debajo de
ella, hasta dejarle la chocha muy elevada. Luego le pidió que subiera las
pierna y se las sujetara con las manos, separándolas lo más que pudiera. Meribel
en esa pose se veía divina. La hembra ofrciendo su sexo al macho, totalmente
abierta para recibirlo. Y ese matorral de vellos que cubría su pubis le daba una
belleza y encanto muy especial.
Una
vez que Maribel estuvo como deseaba Iván, éste se acercó, tomó su miembro más
omenos por la mitad, lo acercó a la rajita de mi prima y con su glande comenzó a
estimular su clítoris. Maribel puso cara de asombre, no esperaba algo tan
sensual omo eso. Seguramente que pensaba que Ivan como todo buen hombre la iba a
poseer salvajemente sin preocuparse de ella, y se encontraba con algo totalmente
distinto. Obviamente que así era mucho mejor, la estaba preparando de maravilla.
Bastaba verle su rostro. Hacía gestos de placer que desfiguraban totalmente su
rostro. Respiraba entre dientes, haciendo un sonido extraño y gutural.
Mientras sucedía todo esto, yo terminaba de acomodar en mis hombros las piernas
de vero. Su chochita casi lampiña se ofrecía abierta y generosa ante mí. Ella
esperaba anhelante acoger mi pene dentro de ella. Sus líquidos se deslizaban
lentamente por entre sus labios. ¡Así de caliente estaba! Bueno en realidad no
era la única. Yo creo que nos habíamos juntado cuatro viciosos del sexo. Desde
la noche anterior que estábamos dándole sin parar. –“Ya, Verito”, - le dije.
–“Cierra tus ojos y siente como te voy a penetrar, como me deslizo dentro de tu
hermosa rajita”. –“¡Ssssiiii! ¡Hazlo por favor, hazlo ya! ¡No sabes cuánto lo
necesito Vanessa! – me decía con su voz entrecortada.
Acerqué mi pija, la cabeza rozó sus labios y ella se sobresaltó. Mi glande se
abrío paso entre sus labios,muy lentamente, para que fuera sintiendo milímetro a
milímetro . Su orificio obedecía a mis requerimientos hasta que mi glande
desapareció en su conejita. Seguí avanzando muy lentamente y le pedía a Vero que
me fuera diciendo lo que sentía: -¡Mmmmm, siento un gustito rico! Como si
tuviera electricidad en mi chocha. Siiiii, la cabecita ya entró. Siento como mis
músculos ceden ante el paso de tu miembro y su suave roce entre mis paredes
mientras avanza. ¡Vanessaaaaaaaaaaa! Me tienes loca. AYYYYYYYY, no sé si pueda
soportar todo esto. Siogue. sigue mi amor, así muy despacito. Mmmmmmmm. Lo
siento muy grande, me llenas completa, parece que fuera a llegar hasta mi boca.
–Mientras decía todo esto giraba la cabeza de lado a lado, se tomaba los
cabellos, a ratos jugaba con sus tetas. estaba fuera de sí. Yo debía ser my
disciplinado para no perder también el control o si no lo echaría todo a perder.
Maribel no estaba mucho mejor. Iván seguía aplicado en su tarea. La chocha de
maribel estaba llena de una especie de jaboncillo espumoso producto de sus jugos
mezclados con el lubricante de Iván. ¡Habría dado cualquier cosa por pasar mi
lenguita por allí! Estábamos todos afanadosen nuestros quehacer y un grito
salvaje desgarra el aire: “¡ME CORROOOOOOOOOOOOOOOOO! “ ¡DIOS MÍO NO DOY
MÁSSSSSSS!” – Un suspiro que se asemejaba al último estertor de un agonizante.
Las babas le saltaban de la boca, los ojos desorbitados como a punto de salir.
Era Maribel, tirándose de los cabellos, el cuerpo tenso como cuerda de violín.
Justo en ese preciso momento, Iván entiera su mandoble en la chocha de mi prima,
de una sola vez, sin piedad alguna. Ese fue el colmo. Si recién había tenido su
orgasmo no sé qué fue lo que le dio en ese momento. Su rostro no podía estar más
desfigurado, casi morado. De su boca, mezclado con su baba, pequeños hilillos de
sangre donde se había mordido los labios. Iván evidenciaba en su rostro que
también se estaba yendo dentro de Maribel. Su rostro traspirado dejaba ver lo
intenso del momento. Hasta que finalmente cayó sobre Maribel y ambos quedaron
como muertos respirando apenas.
Por
lo menos ya llevábamos mas de media hora y recién había llegado mi pene a la
mitad dentro de Vero. Ni siquiera se había percatado del escándalo por parte de
Iván Y Maribel. Vero retozaba como gatita regalona. Yo cerraba los ojos para
sentir mejor mi avance e imaginaba su interior y mi miembro abriéndose paso
dentro de ella. Su tiebieza húmeda acariciaba mi pene, lo rodeaba por completo
no dejando ni el más pequeño espacio sin rozar. –“Vanessa, estás muy rica” – me
decía. “Mmmmmm, sigue así, muy suavecito, sigue así mi amor. Dame tu pija
enterita, la quiero hasta las bolas.” Se quedaba muy quietecita mientras la
penetraba. Hasta que finalmente llegué al fondo. –“Ya mi amor” – le dije –
“Ahora la tienes enterita dentro tuyo” –suspirando me decía: “Así mi amor,
dejala quietecita para sentirla” Pero yo le hacía trampa. No me movía, pero
tensaba mís músculos para que el pene se contrajera dentro de ella. Cuando se
dio cuenta ya era tarde. eso le producía un placer casi insoportable. También
sentí como su chocha se contraía presionando mi pene entero. Lo maravilloso era
que no os movíamos, sólo nos estimulábamos mutuamente con las contracciones.
Estábamos quietos sintiendonos el uno al otro, el placer que lógrabamos era más
mental que físico. Así estuvimos por lo menos unos cuarenta minutos, ya que
queriamos alcanzar el orgasmo de esta manera. Era bastante difícil, muchas veces
cuando ya estábamos por lograrlo, la más mínima distracción hacía comenzar todo
de nuevo.
Vero
comenzó a apretar los dientes, cerraba los ojos para concentrarse más, su
respiración estaba entrecortada, el aire que salía por su nariz, casi se
convertía en un resoplido. El momento se vino acercando de a poco, sentía como
una ansiedad centrada en mi miembro, lo atravesaba como una corriente eléctrica.
Vero, por su parte le sucedía algo similar, más que respirar hipaba, y se notaba
que la intensidad de su placer iba en aumento. Su chocha, no sé cómo lo hacía
tenía contracciones cada vez más fuertes, fue entonces cuando le dije. “Siente
mi amor como mi semen te inunda la choca preciosa, como mojo tus entrañas.
Siente su calor, y como te recorre toda por dentro.” En ese instante, Vero deja
de respirar, su rostro tenso, los músculos de su abdomen estaban convulsionados,
y comenzó a sentir un orgasmo que la tuvo fuera de este mundo por lo menos unos
dos minutos.
Iván
Y Maribel ya estaban relajados y abrazados miraban el video. Yo acariciaba el
cabello y rsotro de Vero, que aún no volvía en sí del todo. Cuando ya pudo
articular alguna palabra, me dijo: “Estuviste increíble, Vanessa. Jamás hubiese
pensado que se podía gozar tan intensamente. Maribel me dijo: “Vanessa, te
felicito. Tu novio realmente es estupendo, así que sin que se enoje Vero, me lo
tendrás que prestar de vez en cuando” – me dijo sonriendo. Vero, siguiendo la
broma le contestó: -“No hay problemas, siempre y cuando tu primita esté conmigo,
mira que me ha regalado un orgasmo de miedo”. Juntos reímos de buena gana.
Mis
vacaciones habían comenzado muy bien. Imaginaba que iban a ser buenas, pero
jamás tanto. Con una buena dosis de sexo y del bueno. Una vez que terminó el
video, nos quedamos conversando un rato. La tarde había pasado muy rápidamente.
Comimos algo frugal y luego Maribel dijo. –“Bueno niños, por lo que a mí
respecta, ya es hora de irme a la camita, ustedes quedan el libertad de acción,
me nos una personita que se vendrá conmigo” Y sin decir más me tomó de la mano y
me llevó a su dormitorio. Vero sonreía, lo que me hizo pensar que ya se habían
puesto de acuerdo. En relidad era la única combinación que nos estaba faltando.
Me alegré mucho, porque la verdad, deseaba bastante probar a mi primita.
Nos
metimos a la cama inmediatamente, en todo el día no nos habíamos vestido,
además que, dadas las circunstancias no era necesario, ya que las urgencias se
sucedían unas tras otras muy rápidamente. “Vanessa”, me dijo, “me has tenido
caliente desde esa vez que te vi con mi ropa puesta. Me he masturbado cientos de
veces pensando que estoy contigo. Ni siquiera Vero con toda su calentura ha
logrado quitarte de mi mente. Decidí estar al final del día contigo, para que
estemos tranquilas y podamos disponer de todo el tiempo que queramos. Para que
podamos dar rienda suelta a nuestra fantasía sin tabúes de ninguna especie” La
miré y sólo atiné a darle un beso en sus maravilloso labios. “Esperáme un poco”
me dijo, -“iré a lavarme” –La tomé del brazo y le contesté: “Por ningún motivo
primita. Qiero tenerte así, oliendo a todo el sexo que hemos tenido hoy.
Seguramente en tu chocha algo del semen de mi Iván debe quedar y lo quiero para
mí directamente. Y sí yo también te deseo primita y espero que este encuentro
que tendremos sea inolvidable. No pretendo interponerme entre Vero y tú, sólo
quiero que me dejen entrar a vuestro círculo y poder llevarnos tan bien como lo
estamos haciendo hasta ahora. –“Mi amor,” – dijo –“Ya eres parte de nosotras.
Espera un poco que ya vuelvo”.
Cuando volvió traía puesto un vibrado parecido al de la mañana, pero era
considerablemente más pequeño. –“Te presento a Boby”- dijo. “Es el hermano
menorde Kunta Kinty” Respirá aliviado. De sólo recordar el otro juguetito me
empezaba a doler el culo. Pero con este, podía ser tolerado bastante bien. No
necesitaba ser adivina para saber cuáles eran las intenciones de Maribel, y a
dónde iría a parar “Boby”. Mi agujerito se estremeció de placer por lo que le
esperaba.
-“Ponte en cuatro patas , mi amor” . me dijo. Lo hice sobre la cama, por tanto
quedaba al nivel de Boby. “Anda” me decía, mámalo enterio, como si fuera el
miembro de Iván. Imágínatelo, putita. Te guista ¿verdad? Mmmmmmmm, así, así,
enterito, haste el fondo de esa gargantita exquisita que tienes. Usa la
lenguita, amor. ¡Lo chupas muy rico, a mi chocha también le están dando ganas !
-“Bueno, nos hemos quedado solitos”- le dijo Vero a Iván. –“Así parece” – le
contestó. Vero se levantó se dirigió al equipo de música, y escogió un CD, con
música muy suave y sensual. Comenzó a bailar frente a Yván, quien estaba
sentado. Los movimientos de Vero eran extraordinarios. Se llevaba las manos a
sus cabellos de una manera sugerente, mientras sus caderas se movían
rítmicamente. Separaba las piernas, ofreciendo a Iván una panorámica de su
chocha en toda su grandeza, agachándose lentamente como inroduciéndose un falo
imaginario, y los gestos de su cara acorde a lo que hacía. El espectáculo que
ofrecía Vero, no podía pasar inadvertido y algunas consecuencias tenía que
producir. Su miembro ya se había puesto rígido. Se echó un poco hacia atrás para
mayor comodidad, y comenzó a acariciar su miembro mientras miraba a Vero.
Una
vez que Maribel estimó que ya había mamado mucho a Boby, buscó una cremita y me
colocó una porción en la palma de la mano. –“Unta bien a Boby” – dijo. Me
apliqué a mi tarea con mucho cuidado, ya que sería el primer afectado. Después
Maribel se echó una porción en sus de dedos y me pidió que me diera vuelta.
“Veamos ese culito” –me dijo. Me dí vuelta, separé bien las piernas para que
pudiera ver bien. –“Aún está pequeñito” – dijo. “Se ve que está con poco uso”.
“Una verdadera delicia, veremos su sabor”. Se acercó a mi agujerito y comenzó a
penetrarme con su lengua. Primero era la puntita que jugaba bordeando mi amor y
luego la ubicaba en su centro. Me producía un cosquilleo exquisito. Después me
la introducía lo más que podía. Mis aullidos de placer no se dejaron esperar.
-“Ahora mi amor te la voy a meter enterita” – “Siiiiii, por favor “ Mi culito
quiere que lo llenen. Acercó a Boby a mi rajita, y sin que me diera cuenta, me
la mandó a guardar sin decir agua va. El dolor que sentí fue horrible pero que
al poco rato se fue volviendo placentero. Maribel tenía muy buen ritmo y
cambiaba de movimientos que era una maravilla. Hubiera deseado que en vez de
Boby hubiese sido el miembro de mi Iván, pero bueno, ya vendría el momento.
Vero
se dio media vuelta, dándole la espalda a Iván. Movía su culo como una diosa, se
inclinaba rozando casi el trasero en su cara, quien seguía sobándose el miembro.
Cogió una silla, se sentó frente a Ivan y comenzó a masturbarse. Separó las
piernas lo más que pudo, y luego con un dedo se estimulaba el clitoris,
observando el enhiesto pene de Iván. Pero Iván no se iba a conformar con una
simple paja. Se levantó, tomó de una mano a Vero la llevó a la pared, hizo que
se afirmara con las manos en ella. Le separó las piernas y por detrás casi la
traspasa. Vero se sintió en la gloria. Hacía bastante que deseaba probar ese
miembro. Ahora lo tenía adentro haciendo de las suyas. Un miembro grande, joven,
robusto, durísimo, que le revolvía las entrañas y la hacía sentirse más hembra
que nunca. Ella no se quedaba quieta a los embates de Iván y movía sus caderas .
“Así mi macho, así” ¡Hazme pedazos la chocha mi Cielo! Ayyyyyyy, no soporto.
Qué rico lo tienes Iván. MMMMMMMM. Damelo todito, toditooooo. Cada embate que
daba Iván, revolvía por entero a Vero, sus tetas se movían violentamente, tanto
que Vero debió sujetarlas con uma mano mientres que con la otra seguía
apoyándose en la pared. Una vez que Vero logró su orgasmo, Iván se retiró de
ella, y aprovechando la lubricación le comenzó a dar por el culo. Vero chillaba
de dolor, y mientras más chillaba más duro le daba. Ella nada decía lo dejaba
hacer. En una Ivan retira casi entero su miembro de la rajita de Vero, y luego
con todas sus fuerzas de que era capaz lo entierra de un solo golpe. Vero dio
un grito y se notó que había alcanzado otro orgasmo. Iván se notaba que estaba
también llenando el orificio de Vero.
Cuando Maribel me culió hasta que no quiso más, me sacó a Boby, se quitó el
arnés. Me pidió que me acostara, trepó sobre mí y comenzó a darme una mamada de
antología. No hubo parte de mis bolas que no recorriera su lengua, sus labios
presionaban brevemente el tronco de mi miembro se lo tragaba entero y su lengua
se enredaba en mi tallo. Mis espasmo comenzaron a hacerse más seguidos hasta
que acabé en la boca de Vero, quien muy contenta saboreaba mi semen caliente.
Luego tome unos cojines y los puse debajo de mi nuca a fin de dejarla más alta.
Le pedí a Maribel que se colocara a horcajadas sobre mi rostro a fin de comerle
la chochita . Se ubícó encima y comence a soborearla. El saber que no se la
había bañado durante toda esta jornada sexual me excitaba bastante. Estaba muy
húmeda y efectivamente quedaba todavía algunos vestigios de Ivá. Ella movía su
chochita sobre mi rostro, y yo con mi lengua le daba duro a su clítoris,
Mientras con mis manos acariciaba sus glúteos. Ya casi al borde del paroxismo,
Maribel intensificó sus movimientos, señal que estaba faltando poco para el
momento culminante. “¡Cómemeeeeeeeeeeeeeeeeee! ¡Devórameeeeeeeeeeeeeee! gritaba
como loca. Mi cara estaba completamente mojada con los líquidos de Maribel, y
cuando se vino pude beberlos a voluntad. ¡Al fin se había cumplido mi deseo de
comerle la chochita!
Al
día siguiente nos despertamos tarde y grande fue mi sorpresa de ver también en
la cama a Vero. Le pregunté por Iván y me dijo que había tenido que irse
temprano pues debía trabajar, como le tocaba viaje lo llamara el jueves. Bueno
había quedado viuda por algunos días. Seguramente no me faltaría qué hacer.
Estábamos pasadas a sexo, si alguien hubiese visto nuestras caras no habría
tenido la más mínima duda de lo que habíamos estado haciendo. Como buenas
compañeras nos fuimos a la ducha las tres juntas, y nos enjabonamos unas con
otra, aprovechando de acariciarnos un poco. Después fui a mi dormitorio para
vestirme, escogí una calzoncito blanco, pequeño, con vuelitos y encajes, muy
coqueto. Una mini tubo gris, y un top del mismo color. Un par de sandalias y me
dirigí a la cocina para desayunar con las chiquillas.
-“Vane” – me dijo Vero, tenemos un problema, estamos muertas de hambre y no nos
queda ni un mendrugo de pan. ¡Mira cómo estamos! ¡En pelotas! ¿Podrías ir tú? Ya
te pusiste mononita” –La idea de salir así a pleno día me asustó un poco, Había
salido con Iván pero ya estaba oscureciendo. Aún así sentí que a mi sexo no le
disgustaba, por la dureza casi inmediata que sentí. Les dije que no había
problemas, que yo iría. Acto seguido salí a la calle. No se veía mucha gente. Y
la que pasaba no me miraba mucho, eso era buena señal, que realmente me veía
como mujercita. Un señor adulto pasó por mi lado, me miraba disimuladamente las
piernas. Yo, a propósito me contoneaba más, especialmente moviendo mi colita.
Llegué al almacén. El dueño tendría aproximadamente unos cincuenta años, su
cabello ya estaba comenzando a ponerse cano al igual que su bigote. Al verme
entrar, casi se le salen los ojos. Me miró de arriba abajo. Desnudándome con la
mirada. ¡Esas eran las cosas que yo apreciaba de ser mujer!. Me preguntó que
deseaba, hice mi pedido, y en forma desenfadada comencé a curiosear un poco, me
agaché provocativamente mostrándole un poco mi cola, así como si no me hubiera
dado cuenta. El pobre almacenero estaba al borde de un infarto. Me preguntó si
era nueva en el vecindario. Le dije que sí. –“Bueno señorita, mi nombre es
Carlos. Cualquier cosita que se le ofrezca estoy para ayudarle” – coquetamente
le dije . –“Muchas gracias Carlitos” y me fui contoneándome como un pavo real.
Me gustaba comportarme como una puta, ya me había dado cuenta que siendo así,
una posee un extraño poder sobre los hombres.
Al
regresar había en una esquina un grupo de muchachones, eran cinco, que
conversaban y reían entre ellos. Ocupaban toda la calle. Podría haber cruzado
para evitar problemas, pero se daba el caso que no quería evitarlos. ¡Todo lo
contrario! Muy ufana me decidí a pasar por entre medio de ellos. Uno me salió
cerrándome el paso. Un joven rubio que era para dejar titritona. Unos ojos
preciosos, un físico primoroso. –“¿Tan solita por aquí? – me dijo. Yo muy seria
nada le decía. –“Mmm,, además orgullosa la zorra” – me dijo. Se hizo a un lado
y al pasar estiró la mano con fuerza agarrando mi cola. No hice caso, y seguí
como si nada pasara.
Al
llegar a la casa les conté mis pequeñas aventuras y me celebraban muertas de la
risa. –“Vaya con mi primita. Toda una putita hecha y derecha” me dijo Maribel.
Después conversamos o más dicho comentamos todo lo sucedido en el fin de
semana. Ambas habían quedado encantadas con Iván. Lo encontraban muy distinto a
los hombres que conocían. Además muy guapo y tierno con un miembro de miedo. Yo
estaba encantada que las cosas hubiesen sucedido así. –“No tengo ningún problema
en que usen a mi Iván” – le dije – “pero no olviden que es mío”. Y reímos
juntas.
A
continuación me dijeron que durante la semana muy poco nos veríamos ya que
tenían que trabajar. Ellas Tenían un local en el cual les iba muy bien, y les
permitía ser independientes y darse todos los lujos de los cuales gozaban. Pero
que el fin de semana me preparara y no hiciera muchos compromisos. Me dijeron
que quedaba en mi casa y que por supuesto yo gozaba de su más plena confianza.
Habrá pasado una hora, y se marcharon. Iban bellísimas.Ya no les quedaba rastro
del relajo de fin de semana.
Allí
estaba sola en la casa. Decidí salir. Me dirigí al centro. Para ello tomaría el
metro. Todavía estaba en hora pico. Pagué mi boleto, bajé al andén y esperé.
Cuando llegó el metro los vagones estaban atestados. No cabía ni un alfiler.
Como pude me subí. En su mayoría eran hombres. Casi no tenía donde apoyarme,
aunque no era necesario con todo lo apretujado que íbamos. Partió el tren. Todos
iban circunspectos y en silencio, pero de pronto siento una mano que muy
suavemente se posa en mi trasero, acariciándolo. No podía ver quién era el
atrevido, pero lo hacía con tanta delicadeza que me quedé quietecita. La mano
misteriosa siguí explorándome, comenzó a subir de a poco mi falda y la introdujo
por debajo de ella. Con sus dedos recorría los elásticos de mi tanga. Tomó el
tirante y comenzó a correrlo, llevando sus dedos a mi agujerito. Me costaba
disimular el gusto que eso me producía. Al llegar a la estación hubo un recambio
de pasajeros, la mano desapareció. No pude saber quién fue el atrevido.
Disimuladamente me arreglé la tanga que me la había dejado por cualquier parte.
El metro partió camino a la próxima estación. Había quedado un poco más
desocupado así que seguramente ya no se produciría el mismo problema por el cual
había pasado. No pensaba lo equivocada que estaba. de pronto con el vaivén del
vagón siento que alguien roza mi cola. Seguí imperturbable, pero era evidente
que se aprovechaba de la situación. La dureza del miembro que me rozaba comenzó
a ser más evidente. Cómo no soy nada de rogada, yo también comencé a
aprovecharme de la situación y presionaba unpoco más de lo conveniente para que
el tipo se diera cuenta que su juego me gustaba.
Aún
no se daba el momento para que pudiera verlo. Pero si tenía que juzgar por el
tremendo pedazo que se estaba frotando con mis cachetitos sería un macho para
caer rendida a sus pies. El tipo redobló sus esfuerzos y el roce ya no tenía
nada de disimulado. En una de esas bajé mi mano y la hice para atrás. ¡Casi me
muero! No sabía si era un miembro o la trompa de un elefante por su tamaño que
podía adivinar sólo con el tacto. La siguiente estación era en la que me debía
bajar, pero ante el temor de perderlo, me quedé allí. Seguimos con ese jueguito
casi hasta llegar al fin del recorrido del metro. No tenía idea de por dónde
andaba, pero ya me encontraba por las afueras de la ciudad. Comenzó a darme un
poco de susto y me bajé. En el andén una voz me dice: -“¿Para dónde vas
preciosa? Me doy vuelta y era un hombre joven, a pesar que la barba lo hacía
ver mayor. Llevaba vestimentas muy inusuales, lleno de collares y algunos
tatuajes en los brazos. Dicho de otra manera era un hippie, de esos pocos que
van quedando aún. A pesar de su apariencia externa, era guapísimo, su cabello
llegaba hasta los hombros. Sus pantalones eran de esas telas que se arrugan
completamente. Por esa razón su sexo era tan evidente. Quizás debajo del
pantalón lo llevaba nada más. –“Estoy desorientada. Parece que me perdí” – le
dije. –“Entonces es una suerte que yo te haya encontrado” – me respondió. – “Te
invito a tomar un café” – me dijo. Acepté. Me llevó a un local pequeño, casi un
tugurio, su aseo dejaba bastante que desear. En una mesa había tres hombrones
de aspecto desaseado que me miraban de arriba abajo. Sus pretensiones eran
fáciles de adivinar. Pidió el café al mismo tiempo que me decía: -“¿Y qué hace
una hermosa princesita como tú por estos lugares? No sabía qué responderle. No
podía decirle que por caliente, por seguir con su juego. Y ya estaba comenzando
a asustarme. –“No soy de aquí” – le dije. Iba para el centro de la ciudad, pero
me desorienté”. –“Uyyyyyyy” estás muy lejos de dónde ibas. Pero no te preocupes,
yo te acompañaré. Estos son lugares muy peligrosos, especialmente para una
damita como tú, y con esa ropa... –“Agradezco tu gentileza” – le respondí.
Una
vez que terminamos el café, salimos. Antes de llevarte de vuelta, aprovecha de
conocer un poco me dijo. No creo que vuelvas nuevamente por aquí. La verdad que
no me quedaban muchas opciones y disimulando mi disgusto acepté. El sector era
bastante humilde y la gente se nota que era de condiciones precarias. Creo que
sola no hubiese durado mucho por allí. Pero me subyugaba el sentirme protegida
por Roberto, ese era el nombre que tenía mi nuevo amigo. Recorrimos una especie
de mercado, bastante maloliente, por cierto, y luego llegamos a una especie de
parque, con algunos escaños en bastante mal estado. Nos sentamos un rato.
Roberto sacó de su mochila una especie de petaca, un papel y colocó algo
adentro, lo ensalivó, enrrolló y encendió. Obviamente era marihuana. Nunca la
había probado. Le dio una aspirada profunda y contuvo el humo en sus pulmones
para después exhalarlo largamente. Me miró, sonrió y me lo ofreció. –“Prueba” –
me dijo. –“Te gustará”. Lo tomé y aspiré. Su sabor me resultó agradable, y así
lo compartimos hasta lo último. Hasta ese momento no sentía nada especial. Era
como un cigarrillo con un aroma distinto.
Una
vez que lo terminamos, Roberto me pasó su brazo por el hombro. Su brazo era
fuerte y velludo, con un tatuaje con un dragón echando humo y fuego por sus
fauces. Sus manos eran muy fuerte y viriles. Se notaban acostumbradas a todo
tipo de trabajo. Miré las mías, tan suaves, tan cuidadas, tan femeninas. El
c