Llegamos al puerto poco después de que el sol se hubiera
ocultado, aunque todavía quedaba algo de luz.
Por acuerdo de los cuatro, no nos dirigimos a la casa, sino
que decidimos caminar por el paseo marítimo del pueblo cercano, haciendo tiempo
hasta la hora de la cena. En un momento determinado, pasamos a la playa,
absolutamente desierta a aquella hora. Nos descalzamos, y como el día de nuestra
llegada, caminamos por la franja de arena húmeda, dejando que las pequeñas olas,
apenas una leve ondulación del agua que moría en la orilla, nos acariciaran los
pies de tanto en tanto.
Parecía no haber cambiado nada. Las mismas conversaciones
sobre cualquier cosa, las mismas bromas de siempre. Ninguno de los cuatro hizo
ninguna nueva referencia a los hechos sucedidos aquel día, después de la
explicación que habíamos tenido durante el regreso.
Bueno, sí que había un cambio sutil, pero significativo:
durante la hora que duró el paseo, había veces en que no era Any la que caminaba
a mi lado, sino Asun, enlazada a mi cintura, mientras que Any hacía lo propio
con Toni.
Las luces del paseo habían quedado atrás, y nos rodeaba una
absoluta oscuridad. Any propuso volver, pero yo había tenido una idea:
- ¿Qué os parecería un baño nocturno?.
Asun tenía una objeción:
- Me apetece muchísimo, pero luego tendremos que andar con la
ropa húmeda…
- Eso tiene solución -repliqué-. Nos la quitamos, y ya está.
Any miró nerviosamente alrededor.
- ¿Y si alguien nos ve?.
Pero no había nadie cerca, ni que alcanzara a distinguir algo
en la oscuridad reinante. Asun ya se estaba quitando los pantalones cortos,
acción en la que Toni y yo la imitamos. Después de que los otros tres
estuviéramos ya desnudos, seis manos se aferraron al cuerpo de Any, que
protestaba divertida, quitándole la totalidad de la ropa (y metiéndole mano de
forma descarada al paso). Y finalmente, los cuatro nos introdujimos en el agua
tibia.
Además de la hasta hace poco desconocida sensación de bañarme
desnudo, el hecho de estarlo haciendo en un lugar público (por más que nadie
pudiera vernos) me producía una morbosa sensación, que me excitó inmediatamente.
Una melosa Any se me abrazó por detrás, y pegó una de sus mejillas a mi oído:
- ¿Me quieres?.
Me di la vuelta, y pegué mi cuerpo al suyo.
- Te quiero. Lo que ha sucedido hoy no tiene nada que ver
para que sigas siendo mi amor.
La besé apasionadamente. Ella pareció reparar entonces en mi
dureza, apretada contra su vientre, y la tomó en sus manos:
- ¡Fiuuuu!, Alex, ¡cómo estás!. Después del polvo que le has
echado a Asun imaginaba que tardarías más en reponerte…
Se quedó pensativa unos instantes. Luego preguntó, casi en un
susurro:
- Oye, Alex, ¿qué crees que pasará esta noche?.
Sinceramente, no tenía ni idea. Se lo dije. En ese momento,
un sonriente Toni se acercó por detrás de Any, y se pegó a su cuerpo desnudo.
Any dio un respingo al notarlo.
- No está bien que acapares a Any -exclamó risueño-.
Any me dirigió una profunda mirada, pero se dejó llevar por
el otro chico. Y un momento después, pude entrever como se besaban a unos metros
de mí con las bocas entreabiertas. Busqué con la vista a Asun. Estaba parada un
poco más allá, mirando en dirección a la negrura del mar. Me acerqué a ella por
detrás, y puse mis dos manos sobre su pubis. Ella volvió la cabeza a medias,
sonriente, y pasó los brazos a su espalda. Mi pene quedó rodeado por los dedos
de una de sus manos, mientras que la otra masajeaba suavemente mis testículos.
- ¿Tú crees que tendremos que empezar a ponernos celosos?
-preguntó con una media sonrisa-.
- No, al menos mientras tú y yo estemos haciendo lo mismo que
ellos.
Le mordí suavemente el cuello.
- Creo que deberíamos ir pensando en volver -susurré-.
Al final no era del todo cierto que nuestras ropas pudieran
quedar secas por el hecho de bañarnos desnudos, y durante la cena todos lucíamos
manchas de humedad, que se fueron evaporando poco a poco debido a la alta
temperatura ambiente, insólita a mediados de septiembre.
Finalmente, eran bastante más de las 11 p.m. cuando
emprendimos el regreso. Any y yo nos acomodamos esta vez en la parte trasera del
auto de Toni. Cuando abandonamos las luces del pueblo, la oscuridad dentro del
auto y en el exterior era prácticamente completa. Y ello me dio una idea de lo
más morboso. Puse un dedo sobre los labios de Any, en una muda petición de
silencio. Luego, dirigí mis dos manos hacia la cinturilla de su pantalón, y lo
desabroché. A duras penas pude introducir una mano por debajo de la braguita de
su biquini, tentando la suavidad del inicio de su vello púbico. Pero en aquella
postura era muy difícil llegar más allá. De modo que tironeé de la cintura del
pantalón, intentando quitárselo. Ella hizo ademán de impedírmelo, pero luego se
encogió de hombros, y se incorporó ligeramente en el asiento. Y ella misma fue
la que terminó de quitarse pantalón y braguitas, subiendo después los talones al
asiento, muy abierta de piernas, para facilitar lo que vendría después.
Y lo que vino después es que estuve recorriendo arriba y
abajo su sexo con una de mis manos. Cuando al rato uno de mis dedos se introdujo
en su vagina, no pudo reprimir un pequeño gemido.
- ¡Eh!, los de atrás -gritó irónicamente Asun-. ¡A ver que
estáis haciendo!.
Asomó el rostro entre los reposacabezas, e imagino que la
leve claridad del tablero fue suficiente para distinguirnos.
- ¡Toni! -chilló-. Esos dos se están metiendo mano ahí
detrás.
- Qué, ¿tienes envidia? -preguntó el aludido-.
Y pude distinguir su mano derecha dirigirse al cuerpo de
Asun. Pero no pudo mantenerla mucho tiempo ahí, porque los bruscos movimientos
del auto que acababa de abandonar la parte asfaltada, requirieron del concurso
de ambas sobre el volante.
Olvidado de que estábamos acompañados, obligué suavemente a
Any a adoptar otra postura: con la espalda apoyada en la carrocería, atravesada
en el asiento, su sexo quedó ahora en una mejor posición para recibir las
caricias de mi lengua.
Las succiones de mi boca en la vulva de Any eran
perfectamente audibles en el reducido interior del vehículo, así como los
ligeros gemidos que ella no podía contener, por más que sus rápidas miradas a la
parte delantera me indicaban que estaba algo violenta. Pero a pesar de ello, se
había subido la camiseta hasta el cuello, y sus manos pellizcaban sus pezones
inflamados.
Y finalmente, sus gemidos no fueron ya ahogados, sino que se
entregó a un orgasmo que le hacía contraer espasmódicamente la pelvis, al ritmo
de las pasadas de mi lengua sobre su sexo. Y entonces sentimos los irónicos
aplausos de Asun en la parte delantera:
- Me dan ganas de pasarme yo también atrás, a ver si ha
quedado algo para mí…
Unos segundos después, Toni detuvo el 4x4 frente a la casa.
No sé si sería porque Any aún seguía en las nubes por efecto del placer que
acababa de experimentar, o quizá por el hecho de que su proceso de desinhibición
había llegado más lejos de lo que yo suponía, pero el hecho fue que pasó ante
los faros aún encendidos con un pecho fuera de la camiseta, y desnuda de cintura
abajo, lo que provocó un admirativo silbido de Toni.
Mientras mi amigo y yo descargábamos el maletero, las dos
chicas se dirigieron al baño. Momentos después, Toni y yo escuchamos sus risas,
superpuestas al sonido del agua de la ducha. Y yo estaba completamente excitado,
no solo por la escena del coche, que me había puesto "a mil", sino porque me
estaba imaginando los dos cuerpos femeninos desnudos bajo los finos chorros de
agua.
Minutos después, ambas regresaron al salón "ataviadas" de la
misma forma: sólo una toalla a modo de turbante en la cabeza, y nada más.
- ¡Venga!, ahora os toca a los chicos -invitó alegremente
Asun-.
Los dos nos miramos confundidos. Ya sé que no deja de ser un
convencionalismo, pero se ve normal que dos mujeres vayan juntas al baño,
mientras que el mismo hecho protagonizado por dos hombres es simplemente
inaudito.
- Te cedo el turno, Toni -balbuceé-. Ya me ducharé yo
después.
No fue mala elección, no. Porque en los escasos minutos que
estuvo ausente, tuve ante mis ojos el espectáculo de la desnudez de las dos
chicas, que cuchicheaban aparentemente olvidadas de mi presencia. Y Toni debería
estar arrepentido de su decisión, porque no tardó ni cinco minutos en volver.
Tampoco se había vestido, y su pene apuntaba hacia adelante, completamente
horizontal.
Asun se levantó del sofá que ocupaba, y vino directa hacia
mí.
- Aquí hay uno al que parece que le da vergüenza desnudarse
-dijo, sonriendo con malicia-. ¡Y yo que creía que era Any la única pudorosa!.
Me tomó de una mano, obligándome a ponerme en pie. Luego se
arrodilló ante mí, y con dedos rápidos desabrochó mis pantalones, que fueron a
parar a mis tobillos. El bañador siguió en segundos el mismo camino. Luego se
incorporó y se abrazó a mí, so pretexto de agarrar el polo que vestía por la
parte trasera, pegándome los pechos al paso. ¿Qué otra cosa podía hacer?. La
sujeté fuertemente por las nalgas, y me comí sus labios llenos, ante la mirada
medio divertida medio excitada de su marido y mi compañera.
Me dí la que probablemente ha sido hasta ahora la ducha más
rápida de mi vida. Apenas enjabonarme para quitarme la sal y los restos de
arena, un aclarado, y ¡fuera!, que estaba deseando unirme a los otros. Pero
mientras lo hacía, no dejaba de pensar en la pregunta de Any, que yo no había
sabido responder: "¿Qué sucedería esta noche?". O mejor aún, ¿quién dormiría con
quién?.
Cuando volví al salón, me quedé en la misma puerta,
asombrado. Los otros tres habían aprovechado bien el tiempo en mi ausencia: Any
tenía los ojos cerrados y estaba abrazada a Toni, que lamía sus labios e
introducía de cuando en cuando la lengua en su boca. Una mano de Toni masajeaba
el sexo de Any, que tenía las piernas entreabiertas, absolutamente entregada a
sus caricias. Y Asun, sentada al otro lado de Toni, tenía en la boca el pene
erecto de su marido.
Fue esta, quizá por ser la menos entretenida, la primera en
advertir mi presencia. Me sonrió, y se levantó del asiento, viniendo hacia mí:
- ¡Menos mal!, creí que no volverías nunca.
Me guiño un ojo:
- La cosa estaba francamente desequilibrada, dos mujeres para
un solo hombre. Y además mi marido no me hace ni caso, que prefiere la novedad.
Agarró desvergonzadamente mi erección con ambas manos. Luego
me miró con zalamería:
- ¿Tú tampoco vas a darme una satisfacción?.
Miré hacia los otros dos. Any había advertido mi presencia, y
me miraba con los ojos muy abiertos, algo ruborizada. Pero no hacía
aparentemente ningún esfuerzo por deshacerse del abrazo. Y sus muslos seguían
separados, facilitando la tarea de Toni, que ahora había introducido un dedo en
su vagina, y lo movía lentamente adelante y atrás.
Me encogí de hombros. Y decidí que la pregunta de Any acababa
de tener respuesta. De modo que apreté el menudo cuerpo color cacao contra el
mío, y lamí su cuello. Las manos de Asun habían empezado a subir y bajar sobre
el tronco de mi verga. Luego buscó mi boca con la suya, y me besó
apasionadamente. Y me olvidé de todo lo que no fueran los duros pechitos
aplastados contra el mío, la sensación de sus pezones erectos cuya rígida
rugosidad notaba perfectamente sobre mi piel, el vientre de seda que presionaba
mi glande, los preciosos muslos en contacto con los míos, la suavidad de sus
nalgas entre mis dedos, y el sabor de su saliva en el interior de mi boca.
Al fondo de la habitación distinguí la salida de Any, tomada
de la mano de Toni. Yo conduje a Asun hacia uno de los sofás, y me senté,
conduciéndola para que se sentara en mis muslos, muy abierta de piernas. Mi mano
encontró sus pliegues completamente mojados, y acaricié suavemente el pequeño
botoncito de la cúspide de su sexo, provocando pequeñas contorsiones de sus
caderas. La vulva estaba entreabierta por la postura, y su vagina acogió dos de
mis dedos, que resbalaron en su interior sin resistencia alguna, debido a su
extrema lubricación.
Las manos de ella continuaban sobre mi erección, alternando
con suaves masajes en mis testículos de cuando en cuando. Y su boca seguía sobre
la mía, pero ahora había urgencia en sus besos, que eran casi como mordiscos de
sus gruesos y sensuales labios.
Segundos después se estremecía con un intenso orgasmo, y noté
perfectamente su humedad en mis muslos. Y su boca no abandonó ni por un momento
la mía, dejándome en los labios el soplo de su alborotada respiración, ni sus
manos dejaron de apretar mi verga, aunque ahora estaban inmóviles.
Poco después abrió los ojos, y me sonrió dulcemente:
- ¡Caramba, que ya lo estaba necesitando!.
Me mordió ligeramente el lóbulo de una oreja:
- ¿Sabes?, es una tontería, pero casi he sentido celos de Any
cuando estabais "liados" en el coche. Me ha excitado muchísimo, y me habría
encantado cambiarme con ella.
(Pues aún quedaba noche por delante -pensé-. Y estaba
dispuesto a hacerle olvidar los celos con un tratamiento similar).
En ese momento fuimos conscientes de los chillidos
descontrolados de Any, incluso a través de la puerta que se suponía cerrada.
- ¿Siempre es así de ruidosa? -preguntó bajito Asun-.
No respondí. Me levanté del sofá, y tiré de su mano,
conduciéndola al dormitorio.
(¿A cual de ellos? -dudé-).
Pero, efectivamente, la puerta de la habitación que habían
compartido Asun y Toni estaba cerrada, por lo que no hubo indecisión. Aunque…
- ¿Sabes?. Me habría gustado hacerte el amor a la vista de
los otros, como esta tarde -le dije al oído-.
- Mmmmm -ronroneó-. Al principio estaba muy avergonzada, pero
me excitó tremendamente que me follaras delante de ellos.
Asun se tumbó boca arriba en la cama, y me tendió los brazos,
invitadora. Me arrodillé con una pierna a cada lado de sus caderas, y me abracé
fuertemente a ella, reiniciando nuestra sesión de ardientes besos. Pero le había
hecho una promesa…
Me incorporé, y me coloqué entre sus muslos. Su vulva
relucía, todavía húmeda después de su orgasmo de unos momentos antes. Separé los
labios mayores con la palma de las dos manos, y me dediqué a admirar su sexo.
Sus labios menores sobresalían ligeramente hinchados, y eran de un color
ligeramente oscuro, cercano al de sus aréolas, en contraste con el rosado
intenso de su interior. Chocolatito y fresa -recordé-. El clítoris era
perfectamente visible, como una pequeña perlita entre los pliegues de la parte
superior. Y debajo, la abertura de su vagina ligeramente dilatada por mis dedos
unos minutos antes. Me incliné, soplando ligeramente el anillo de carne que daba
paso a su interior, lo que provocó un pequeño estremecimiento de su pelvis.
Y luego puse decididamente mi boca sobre su clítoris,
abriendo y cerrando mis labios sobre él, y lo contorneé con la punta de la
lengua, arrancando los primeros suspiros de Asun. Me dediqué a pasar arriba y
abajo la lengua por la ardiente hendidura, llena aún del flujo de su placer
anterior. Y luego se la introduje ligeramente, como un pequeño pene que exploró
la suavidad del inicio de su conducto del amor.
Su voz sonó entrecortada, pero en tono bajo:
- Alex, me está viniendo de nuevo…
Abandoné por un instante mis caricias, y la miré al rostro,
que estaba ligeramente contraído. Sus labios se fruncían un momento para luego
abrirse de nuevo, y tenía los ojos cerrados. Me incliné un momento a su oído:
- Me encantaría que no te contuvieras, como hace unos
instantes. Quisiera escuchar el sonido de tu placer.
Tomé ahora con dos dedos su clítoris, desplazando hacia atrás
los pliegues que lo ocultaban en parte. Y lamí golosamente la dureza que había
entre ellos. La pelvis de Asun comenzó a contraerse espasmódicamente. Sus
gemidos comenzaron a ser audibles entre sus labios entreabiertos. Y finalmente,
dio rienda suelta al placer de un nuevo orgasmo:
- ¡¡¡Aleeeex!!!. ¡¡¡Ayyy!!!, ¡¡¡Yaaaaaaa !!!. ¡¡Por favor,
sigue, sigue, sigue!!!. Mmmmmm. ¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhh!!!.
Su cuerpo temblaba como una hoja entre mis manos, y sentí en
mi boca las contracciones de su clímax. Luego se relajó, respirando
ruidosamente:
- ¡Qué vergüenza, Alex!. Se me ha debido oír en varios
kilómetros a la redonda…
- ¿A que te sientes mejor, después de desahogarte?.
Me miró profundamente.
- Creo que nunca más volveré a contenerme. Es una tontería,
pero he sentido un placer mucho más intenso gritando sin control.
Hizo un mohín:
- ¡Pobrecito!. Yo pensando solamente en mi goce, y me he
olvidado de ti. ¡Tienes que estar a punto de reventar!.
(Y lo estaba. La tensión en mis testículos era casi dolorosa,
después de la escenita con Any, y lo que le había seguido. Llevaba más de una
hora en una erección casi continua).
Asun pasó las dos manos en torno a mi cabeza, atrayéndome
hacia su pecho. Pasé los brazos en torno a su espalda, para aliviar el peso
sobre su cuerpo, y me tendí entre sus piernas. Comenzó a enredarme el pelo entre
los dedos.
- ¿Crees que podrías conseguir acabar al mismo tiempo que
yo?. Me encantaría.
Reí por lo bajo:
- Tal y como me encuentro ahora mismo, creo que si te
penetrara eyacularía incluso antes de terminar de introducirte mi pene.
- Mmmmm, pues descansa un poco, cielo.
- Mira, -continuó con voz melosa-, tengo dos pezoncitos que
se mueren por sentir tus labios…
De modo que tuve que dedicarme a mordisquear sus pezoncitos,
que sobresalían de sus oscuras aréolas completamente erectos, lo que arrancó
ligeros suspiros satisfechos de Asun. Unos momentos después, me obligó a alzar
la cabeza, con las manos en mis mejillas. Me besó en los labios, y luego retiró
las manos, para introducirlas entre nuestros dos cuerpos, lo que facilité
alzando ligeramente las nalgas. Aferró mi pene, y lo condujo hasta introducirlo
unos centímetros en su interior. Una contracción de mis caderas consiguió que se
alojara profundamente dentro de ella. Sentí, tal y como le había dicho, que
estaba a un paso de eyacular, por lo que me quedé quieto, volviendo a succionar
sus duros pechos, alternando con pequeñas lamidas en sus pezones.
Segundos después, fue Asun la que inició una contracción
rítmica de sus caderas, que hacían que mi verga se retirara ligeramente, para
después entrar de nuevo hasta el final. Sentí que me venía, y me abracé aún más
estrechamente a su cuerpo.
- Si sigues moviéndote así, no voy a durar ni un suspiro
-susurré en su oído-.
Me mordió ligeramente la mejilla.
- Espera, vamos a cambiar de postura.
Me empujó ligeramente, hasta liberar una de sus piernas, y
luego se incorporó, pero solo para arrodillarse en la cama, mostrándome sus
redondas y firmes nalgas. Y al paso, la oscura rugosidad de su ano, sobre la
abertura de su vulva totalmente expuesta entre sus muslos ligeramente separados.
De nuevo mi boca encontró el sabor salobre de su flujo.
Mientras lamía su interior, tuve una idea repentina. A Any no le gustaba, pero
quizá… Introduje el dedo índice en su vagina, empapándolo de su abundante
lubricación. Y luego lo posé tentativamente sobre su apretado ano. Un ligero
gemido me indicó que había acertado, por lo que acaricié circularmente el
pequeño anillo oscuro, lo que provocó ligeras contracciones de su pelvis.
Volví a posar mi lengua en su vulva, lamiéndola de arriba
abajo. Un segundo, o un minuto después, no sé, Asun estaba balanceando las
caderas adelante y atrás, y se quejaba con gemidos que no eran de dolor, sino de
placer. Y yo sentí que no podía resistir la tensión ni un instante más. La
empujé ligeramente, llevándola a su anterior posición tumbada boca arriba, y me
arrodillé entre sus piernas. Levanté ligeramente su culito, y ella ayudó
abrazándome con sus piernas alrededor de mis caderas, quedando literalmente
colgada de mí, con solo su espalda apoyada en la cama. Una contracción, no sé si
suya o mía, enterró mi pene profundamente en su vagina, hasta que mis testículos
quedaron en contacto con su cuerpo. Any gemía acompasadamente, aferrada a mí con
piernas y brazos. Sentí llegar imparable mi eyaculación:
- Asun, cariño, no puedo evitarlo, yo…
- ¡¡Aleeeeex!!. ¡¡Sigue, por favor, me estoy corriendo!!.
¡¡¡Síiiiii!!!, ¡¡ahhhh, ahhhh, ahhhhhh!!. ¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhh!!!.
Sus gritos me pusieron más allá de toda posibilidad de
control, y no intenté contenerme más. Sentí las intensas contracciones de mi
pene, que proyectaban mi semen en el interior de la cálida funda de carne que lo
abrazaba.
Asun jadeaba después de un orgasmo que aparentemente fue más
intenso que el anterior. Estaba esperando que se desmadejara sobre la cama, pero
ante mi sorpresa, de repente comenzó a oscilar fuertemente las caderas, y se
corrió de nuevo, en otro orgasmo que prácticamente era continuación del que
había sentido unos segundos antes. Solo después de que cesaran sus
contracciones, descruzó las piernas que apresaban mis caderas, y se tendió
absolutamente relajada, intentando controlar sus intensos jadeos.
La besé ligeramente en la comisura de los labios:
- ¡Vaya!, parece que lo has pasado bien…
Me guiñó un ojo, mientras se desperezaba sensualmente debajo
de mí.
- Tengo una amiga que es un poco burra. Dice que no hay nada
como cambiar de semental para aumentar las ganas de follar. No lo había
experimentado hasta hoy, pero tiene toda la razón…
(Bueno, aquello era aplicable a los dos sexos. Llevaba ya dos
polvos aquel día, y aún no se había apagado del todo mi deseo. No de inmediato,
que mi pene estaba poniéndose fláccido a marchas forzadas, pero quizá, después
de un rato de descanso…).
Me tendí de costado, para liberar a la chica de mi peso. Ella
se pegó a mi cuerpo aún más, si eso era posible:
- ¿Sabes?. Aún tengo más ganas…
- Yo estaba pensando exactamente lo mismo.
Una de sus manos jugueteó un momento con mi pene.
- Pues creo que tendremos que esperar aún un poco…
Se incorporó sobre un codo.
- Oye, ¿cómo sabías que me vuelve loca…?. ¿O es que a Any
también le gusta?.
Yo no sabía a qué se refería.
- Bueno, es que cuando empezaste a acariciar mi… ya sabes, la
puertecita de atrás, pensé que o bien Any tiene mi misma afición, o quizá que
Toni y tú os habíais asesorado mutuamente.
Me eché a reir.
- No, cariño, fue como una inspiración momentánea, pero ahora
que lo sé…
Me mordió juguetonamente la barbilla.
- Te diré que haremos: primero, una sesión de besitos. Luego,
podrías dedicarte otra vez a mis pezoncitos, mientras vuelves con tu dedito a
tocar… ya sabes qué, y no me importaría que esta vez entrara, sólo un poquito.
Si para entonces tu "soldadito" no está en posición de firmes, te ayudaré con un
trabajito con la boca, que por cierto, aún no he tenido ocasión de hacerte, y me
apetece un montón. Y después, me la metes de nuevo bien, bien dentro. Me encanta
sentirme llena…
Pero no hubo caso. En un descanso de la "sesión de besitos",
oí su respiración acompasada. ¡Se había quedado dormida!.
A.V. Octubre de 2003.
¿Te ha gustado?. ¿Qué opinas sobre el intercambio de
parejas?. ¿Lo has practicado alguna vez?. ¿Y sobre el sexo en grupo?. ¿Fantaseas
sobre ello, sola/o o con tu pareja?. Me gustaría recibir vuestros comentarios al
respecto. ¡Ah!, y no dejes de leer la continuación.
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