Advertencia previa: esto va de intercambio de parejas. Pero
me resulta muy difícil condensar una historia en cuatro hojas, porque me gusta
explicar cómo se inician las cosas, y por qué sucede lo que sucede, de modo que
me han salido nada más y nada menos que 10 capítulos. Puede que los aficionados
al género se impacienten un poquito. Paciencia, y seguid la serie, que no
quedaréis defraudados, palabra.
(En este capítulo ha colaborado mi amiga Any, autora también
de relatos eróticos, a quién agradezco desde aquí haberse prestado a este
incitante juego).
La versión de Alex:
Desperté a las 7:30 a.m., solo una hora más tarde de lo que
tengo por costumbre. Any seguía dormida. Estuve a punto de salir de la
habitación desnudo como me encontraba, pero me dio algo de reparo. Una cosa es
estar sin ropa en la playa, y otra muy diferente, hacerlo en la casa. Igual Toni
y Asun se molestaban por ello, aunque bien pensado, después de todo lo que había
ocurrido.... No obstante, me puse un pantalón corto.
Encontré a Asun en la cocina, y me alegré de mi decisión,
aunque vestida, vestida, lo que se dice vestida… Llevaba una camiseta de
tirantes muy amplia, y la abertura de las axilas dejaba ver completamente sus
pechos cuando estabas a su costado. Y por debajo, solo unas braguitas blancas.
Tenía el pelo húmedo, y olía a limpio, a recién duchada.
Sin ningún recato, puse una mano en su nuca, y la besé en los
labios.
- Mmmm. ¿Siempre saludas así por las mañanas?.
- Sólo si la chica lo merece. ¿Y Toni?.
- Dormido, me imagino que como Any. No hay nada para
desayunar -continuó- así que date una ducha rápida mientras me visto, y vamos al
pueblo entretanto se despiertan los lirones. Hay un termo en la cocina, para
traer el café preparado.
Quince minutos después, Asun aparcaba el todoterreno cerca de
una cafetería. Me salió abrazarla por la cintura mientras caminábamos, y la
chica se apretó contra mí sin decir nada.
Ella al parecer tenía la intención de llevarse el desayuno de
todos, pero a mí me apetecía más sentarnos un rato en una mesa y charlar. Y los
otros… ¡al demonio!. Si los teníamos esperando, ¡que se hubieran levantado
antes!.
- ¿Cómo te fue anoche con Toni?.
- No hacía más que preguntarme si tú y yo… ya sabes.
- ¿Le dijiste la verdad?.
- Le hice sufrir un poco, pero luego le confesé que solo
hicimos manitas, como ellos, incluso menos de lo que hicimos en la filmación.
- Mira Asun, lo que ha sucedido creo que nos ha sobrepasado
un poco a todos. A lo mejor teníamos que hablarlo los cuatro, no sé, porque la
verdad es que estuvimos todos en un tris de hacer algo…
- Creo que debemos hablar claro, Alex. Nos hemos puesto todos
en una situación en la que "eso" podía pasar, e imagino que todos también
estábamos dispuestos a ello, lo confesáramos o no. ¡Vamos!, no me irás a decir
que no lo habéis hablado, cuando os propusimos acompañarnos.
- No te voy a mentir. Pero teníamos algunas reservas. De
todos modos, siempre te queda la duda de si habíamos entendido correctamente
vuestras intenciones. Tienes razón. Creo que los cuatro hemos jugado con la idea
de hacer un intercambio. Nos queda aún una última barrera, y la cuestión es: ¿la
traspasaremos?.
Bebimos nuestros cafés en silencio, y salimos.
Media hora más tarde, estábamos de vuelta en la casa, y Toni
y Any seguían sin dar señales de vida. Dejé la bolsa sobre la mesa de la cocina,
y me dirigí al dormitorio que compartía con Any, con idea de despertarla.
Abrí la puerta, pero no pasé del umbral: Toni, tumbado entre
las piernas abiertas de Any, ambos completamente desnudos. Y él levantaba y
bajaba el trasero, mientras ella, con los ojos cerrados y el placer retratado en
el rostro, se mordía una mano para no gritar.
Me quedé parado contemplando la escena. Y de nuevo, como el
día anterior, sentí una confusa mezcla de emociones. No me embargaban
sentimientos de celos ni de ira. Había una leve punzada en el pecho, de algo que
no podía analizar, y… me estaba excitando. Asun se reunió conmigo, y abrió mucho
los ojos al contemplar la escena, pero también se quedó callada.
La tomé del brazo, cerré la puerta sin hacer ruido, y en
silencio nos dirigimos a la cocina, nos servimos otro café, y después nos
sentamos en el porche, en dos sillas.
La versión de Any:
Toda la noche no deje de pensar, en lo que Alex y Asun
habrían hecho en la playa, y solo contemplaba a Alex dormir tranquilo, desnudo
sobre la cama; solo había una cosa que quería hacer en ese momento, y era
hacerle el amor a Alex, pero algo me lo impedía, no se si era el hecho de que la
imagen de él y Asun no salía de mi cabeza. Me gustaba ver a Alex dormir y más si
se encontraba desnudo, así pasaron varias horas hasta que sin darme cuenta me
quede dormida, contemplando el cuerpo de Alex.
Por la mañana mi sueño era tan profundo que no me di cuenta,
cuando Alex se levanto de la cama, hasta que una caricia y un profundo beso me
despertó, mi sorpresa fue, cuando me di cuenta de quien se trataba, para
entonces, mi cuerpo ya se había entregado a las caricias, y sin saber que hacer,
ni que decir; solo me deje llevar y disfrutar el momento.
Dormía desnuda sobre la cama, sin sabanas que pudieran
cubrirme, de lado y en posición fetal. Abrió la puerta con cuidado, me miro
desnuda, no sé que pensó en ese momento pero me gustaría saberlo; se acerco
cuidadosamente, se sentó sobre la cama, acaricio mis caderas y beso mi cuello;
yo aún semi dormida y sin abrir los ojos me volteé, acaricio mi vientre y me
beso en la boca, en ese momento pensé que era Alex quien me estaba despertando;
seguí correspondiendo al beso, sin saber de quien se trataba sin embargo, ese
beso era diferente, no era como los que Alex acostumbraba a darme, lo sentí
sobre mi y de inmediato me penetró, dejó de besarme, y comenzó a tocar mis senos
y a besármelos fue cuando abrí los ojos, y ¡oh!. Era Toni. No hice nada para
quitármelo de encima, y deje que siguiera. Toni movía de una forma sus caderas
que hacia que su pene entrara de un jalón, pensé que Alex se encontraría en
casa, y yo estaba apunto de gritar de tanto placer, así que mordí mi mano para
evitar salir cualquier grito. Toni siguió moviéndose y yo lo seguía, moviendo
también mis caderas hasta que ambos llegamos al climax. Toni me miro y me beso.
Tenia ganas de poseerte, dijo Toni, sonrió y salio del cuarto desnudo, lo seguí
y me di cuenta que Asun y Alex estaban en casa. Me pregunto si se dieron cuenta
de lo que Toni y yo hicimos…
De nuevo Alex:
- Bueno. Y ahora, ¿qué? -pregunté, más a mí mismo que a
Asun-.
- Pues ahora, ¿qué quieres que te diga?. Que imagino que
pienso más o menos lo mismo que tú, lo digo porque no has organizado un
escándalo, ni has sentido ansias homicidas, ni nada de eso. Sólo dime una cosa:
¿sigues enamorado de Any?. Quiero decir, ¿crees que esto afectará de alguna
forma a vuestra relación?.
Lo pensé unos instantes. No, no tenía la sensación desoladora
que habría sentido ante una infidelidad. Y sí, seguía queriendo a Any. Y no,
supongo que después de este fin de semana, seguiríamos igual que antes. Sobre
todo, porque Asun y yo, en algún momento cercano, terminaríamos haciendo el
amor. Se lo dije.
- ¿Sabes qué me apetece? -preguntó Asun-.
No tuvo ocasión de decirlo. En ese momento Toni,
completamente desnudo, apareció en la puerta que daba al porche. Su cara era el
vivo reflejo de la turbación.
- Pero… cuando me levanté os habíais ido. Y no os "hemos"
oído llegar.
Una tranquila y sonriente Asun se dirigió a su marido:
- ¿Es que no me vas a dar un beso de buenos días?.
Toni le echó una mirada extraña, pero no dijo nada, y se
acercó a besarla en los labios. Y en ese momento Any, "vestida" del mismo modo
que Toni (o sea en pelotas) hizo su aparición en la misma puerta.
- Oye, Toni…. -empezó a decir, pero se detuvo con los ojos
muy abiertos, y el rostro como una amapola.
Yo decidí imitar a Asun:
- ¡Buenos días, cariño!. Veo que has superado rápidamente tus
remilgos iniciales, y ya no te molesta mostrarte completamente desnuda.
Me acerqué a ella, la besé, y luego palmeé su trasero:
- Venga, tenéis café caliente y croissants recién hechos en
la cocina. Desayunad y arreglaos rápido, que tenemos que aprovechar el día.
Quería quedarme un rato a solas con Asun, para hacerle una
proposición. La chica sacudió la cabeza en una negación avergonzada. Luego, me
miró con los ojos brillantes:
- ¿Tú crees que será una buena idea?.
- No sé como se lo tomarán. La cuestión es si te apetece, y
si vas a atreverte a hacerlo.
- Creo que es lo menos… Y, ¡al demonio!, lo haría sólo por
ver la cara de los dos -concluyó-.
En esta ocasión, eran más de las 11 a.m. cuando al fin nos
encontramos rodeados de agua en la pequeña lancha. Antes de salir, y durante el
camino, notamos sobre nosotros las miradas especulativas de Any y Toni. No
estaban seguros de que nosotros supiéramos… y claramente la duda les tenía en
vilo. Any me había preguntado "si hacía mucho que habíamos vuelto cuando nos
encontraron" y yo me había limitado a decir que "no, no hacía mucho". Las
miradas se hicieron más insistentes cuando Asun ocupó el asiento trasero del
auto junto a mí, aunque nos habíamos comportado con absoluta naturalidad, riendo
y bromeando como de ordinario.
Miré a mi alrededor: no se veía una sola embarcación a la
vista. Me desnudé completamente, guardando ropa y calzado en una bolsa, mientras
las chicas me miraban boquiabiertas:
- ¿Y si alguien te ve? -preguntó Any-.
- "Nos" ve -rectifiqué-. Porque vosotras vais a estar en
pelotas en cinco segundos.
Llevé rápidamente mi mano al pantalón corto de Any,
desabrochándole el botón. Cuando intentaba descorrer la cremallera, ella intentó
hurtarse, con lo que la lancha se ladeó peligrosamente.
- ¿Os podéis estar quietos? -preguntó Toni-. Vamos a terminar
volcando…
- ¿Ves?. Tienes que estarte quietecita, porque si no, vamos a
acabar todos en el agua.
Ya no intentó resistirse. Pantalón y braguita, al mismo
tiempo, terminaron en sus tobillos. Luego le quité la camiseta.
- Yo no voy a impedírtelo… -insinuó una risueña Asun,
adelantando los pechos en mi dirección.
Segundos más tarde, los cuatro estábamos de nuevo desnudos en
la lancha.
- ¿Crees que podrás tomar unas fotos sin soltar el timón?
-pregunté a Toni.
- Bueno, lo intentaré con una sola mano…
Hay una foto en la que estoy sentado entre las dos chicas.
Ambas, debido a la postura, muestran a la cámara sus sexos entre las piernas
entreabiertas. Yo tengo un brazo pasado sobre un hombro de cada una de ellas, y
mis dos manos descansan descaradamente sobre un pecho femenino. Las restantes,
son tomas individuales, o de dos en dos. Y en todas ellas, aparezco con el pene
en erección. Como el del fotógrafo, mientras se las apañaba para manejar la
cámara con la derecha, pero sin soltar la barra del timón con la izquierda.
Después de comer, Toni sacó una baraja de una bolsa, y
estuvimos jugando a cartas unos minutos. Yo continuaba excitado, pensando en lo
que Asun y yo habíamos planeado a continuación. En un momento dado, fingí un
bostezo exagerado:
- Estoy muerto de sueño, y creo que voy a hacer una siesta,
si no os importa.
Me levanté, y le pedí a Any que se sentara con Toni, en la
otra toalla. Ella me miró extrañada, pero se sentó junto a los otros dos.
Entonces tomé de una mano a Asun, y tiré de ella para ponerla en pie:
- ¿Me acompañas?. Tú también tienes cara de sueño…
Asun dirigió una mirada un poco asustada a Toni, pero me
acompañó hasta una franja de sombra, unos veinte metros más allá de la
sombrilla, bajo la que seguían sentados Toni y Any, mirándonos como embobados.
Me tendí, e invité a Asun a hacer lo propio. Además de la
toalla, había tomado otra cosa: un frasco de crema para después del sol. La
chica me miró, un poco indecisa:
- ¿Tú crees que debemos…?.
No respondí. Me embadurné las dos manos de crema, y comencé a
extendérsela por los hombros y los brazos. Luego me dediqué a sus costados, y
por fin mis manos se detuvieron en sus pechos, masajeándolos durante mucho
tiempo.
- No mires hacia ellos -pedí.
Ahora fueron sus caderas y su vientre las que recibieron el
suave masaje de mis manos. Asun tenía las piernas extendidas, muy juntas, pero
se las separé con suavidad, dedicándome a sus muslos y llegando hasta sus
ingles, entre las que resaltaba el "chocolatito con fresa" de su vulva.
Recorrí después sus pantorrillas, y me puse a su espalda, que
recibió la caricia de la crema refrescante. Luego se tendió boca abajo, para
permitirme alcanzar sus nalgas y la parte posterior de sus piernas. Le tendí el
frasco:
- Ahora te toca a ti.
Tumbado boca abajo, dirigí una rápida mirada a los otros dos.
Estaban sentados en la toalla, muy quietos, sin quitar los ojos ni un momento de
nosotros. Asun estuvo frotando mi espalda con las manos untadas de crema durante
unos segundos. De allí pasó a los muslos, pero tras unos momentos de duda en los
que no sentí la caricia de sus dedos en mi piel, noté sus manos amasando mis
nalgas. Me tendí ahora boca arriba.
Asun se dedicó a mis hombros, a mi pecho, y luego se detuvo.
- Oye, levanta "eso", para que pueda ponerte crema en el
vientre.
("Eso" era mi pene completamente erecto, apoyado en el lugar
en el que Asun no se atrevía a poner las manos).
- ¿Por qué no lo levantas tú misma? -la reté-.
Asun dirigió una huidiza mirada hacia el lugar donde estaban
nuestros espectadores. Aún dudó unos segundos, pero luego tomó decidida mi
miembro, y lo mantuvo en alto, mientras su mano descendía más debajo de mi
ombligo, llegando hasta las ingles. Luego los dedos de una sola mano se posaron
en mis muslos. La otra mano seguía alrededor de mi pene, y no lo soltó en ningún
momento.
Ahora sí miré decididamente. Toni tenía el rostro
inescrutable, y Any miraba en nuestra dirección con los ojos muy abiertos.
(Pues aún no lo has visto todo -pensé-. Salvo que Asun se
arrepienta…).
La chica tuvo que retirar un momento su mano para cerrar el
envase. Pero luego volvió a ponerla decididamente sobre mi verga, y la mantuvo
allí después de haberse tendido junto a mí de costado. Y ella ahora también miró
francamente hacia los otros. Acercó la boca a mi oído y susurró:
- Oye, Alex… ¿tú crees que ellos?… quiero decir que si no…
Pero no se decidió a terminar la frase. A mí en aquel momento
me importaba ya un bledo todo. Mis manos estaban acariciando los pechitos de
Asun, en cuyo centro resaltaban sus oscuros pezones muy abultados. Y las dos
miradas fijas sobre nosotros eran un acicate más, algo que estaba incrementando
mi excitación, en lugar de cohibirme.
Mi boca tomó el relevo de mis dedos. Sentí la delicada y
firme rugosidad en la punta de mi lengua, que lamió los botoncitos que
resaltaban sobre sus aréolas. Poco a poco, el cuerpo de Asun fue perdiendo su
rigidez, y su mano comenzó a subir y bajar lentamente por el tronco de mi verga.
Nos besamos con las bocas entreabiertas, jugando con nuestras
lenguas unos instantes. Entonces me incorporé, y me arrodillé entre sus muslos.
Me dediqué a trazar un camino de besos y pequeñas lamidas por su vientre, y mi
boca se posó sobre su pubis. Me miró por un instante, con ojos asustados, y
luego volvió los ojos en dirección a su marido. Seguí lamiendo muy despacio la
unión de sus muslos apretados, introduciendo la lengua entre ellos. Asun tenía
los ojos cerrados, y la punta de su lengua asomaba entre los labios.
Poco a poco, sus muslos se fueron separando, y mi boca pudo
alcanzar su coñito depilado. Estuve depositando pequeños besos en él durante
mucho tiempo. Asun gemía ahora muy suavemente y, como yo, parecía haberse
olvidado de nuestros espectadores. Cuando mi lengua se introdujo entre sus
labios mayores, se estremeció violentamente. Pero separó las piernas al máximo,
permitiéndome el acceso sin límites a su intimidad.
Cada uno de los recorridos de mi lengua por el interior de
sus pliegues, era ahora acompañado de un largo gemido de la chica, que elevaba
cada vez la pelvis. Sus manos estrujaban sus propios pechos cada vez más rápido.
En una de las ocasiones en las que atrapé entre mis labios el vértice superior
de su sexo, se dobló sobre sí misma, abrazándose a mi cabeza, y prorrumpió en
una serie de gemidos que eran más bien gritos entrecortados, que seguían el
ritmo de los espasmos que la recorrían, de un orgasmo que duró muchos segundos.
No la permití descansar. Cuando su cuerpo quedó de nuevo
tumbado, intentando recuperar el aliento, me senté sobre mis talones y pasé las
manos bajo sus nalgas, elevándolas y tirando de ellas, hasta que su culito quedó
descansando en mis rodillas, y mi pene apoyado en su abertura. Ayudándome con
una mano, introduje levemente el glande en la misma entrada de su vagina. Mi
intención era demorarme acariciando su puerta del placer hasta que mi urgencia
me obligara a penetrarla, pero no hubo ocasión: apoyada sobre los codos y las
plantas de los pies, empujó fuertemente con las caderas, introduciéndose la
práctica totalidad de mi falo ella misma.
Suspirando entrecortadamente, inició un movimiento de sube y
baja de su trasero, que conseguía extraer casi del todo mi pene de su interior,
para luego en la subida hacer que quedara enterrado de nuevo en su conducto. No
aguanté ni quince segundos: me corrí casi de inmediato, sintiendo que mi semen
era disparado en sus entrañas al mismo ritmo de sus movimientos. Y cada una de
mis contracciones iba acompañada de un placer muy intenso, que hizo brotar del
fondo de mi garganta un gemido ronco que me sorprendió a mí mismo.
Asun continuó con sus movimientos unos segundos más, y luego
cesaron las elevaciones de sus nalgas. Sosteniéndose a pulso con un brazo,
incorporó el tronco, y me tendió la otra mano. Yo creí entender sus intenciones,
y tiré de su mano extendida. Sus pechos se pegaron a mis pectorales, se abrazó a
mi espalda, y reinició el enloquecedor movimiento de su pelvis, con su peso
sustentado ahora en su mayor parte sobre mis muslos.
Sus movimientos cambiaron. Ahora se mantenía unos instantes
en el punto de máxima penetración, y en esos momentos de sus labios brotaba un
gemido profundo, que cesaba cuando relajaba ligeramente sus caderas, para
recomenzar en la siguiente elevación.
Se quedó muy quieta, con su rostro pegado al mío. Unos
instantes después, acalambrado por la postura, fui inclinándome poco a poco
hacia delante. Ella apoyó una mano en la toalla, y finalmente quedé tendido
sobre Asun, con mi pene aún introducido dentro de ella. Unos pocos empujones de
mis caderas, y de nuevo se reiniciaron sus estremecimientos, en un orgasmo que
era prácticamente continuación del anterior. Sus gemidos eran ahora como quejas,
pero no de dolor, sino de un intenso placer. Tras varios segundos, finalmente
sentí que su cuerpo se desmadejaba bajo el mío, y el soplo de su ruidosa
respiración en mis labios, que fueron al encuentro de los suyos.
Creo que fue una de esas ocasiones en las que parece
producirse una transmisión de pensamiento: los dos volvimos la cabeza al mismo
tiempo, hacia el lugar donde habíamos dejado a nuestras respectivas parejas.
Toni estaba tumbado boca arriba. Any, tendida sobre él, de rodillas, deslizaba
adelante y atrás sus nalgas plenas. Y entonces tuve conciencia de los chillidos
de ella y de los roncos gemidos de él.
Algo después, Asun susurró a mi oído:
- ¿Me acompañas al mar?. Es que es el único aseo que hay por
los alrededores…
Al pasar junto al lugar donde Toni y Any yacían como muertos,
aún abrazados, nos fue dado contemplar la porción final de su verga; el resto
desaparecía en la vagina de Any. Ninguno de los dos pareció reaccionar ante
nuestra presencia.
Durante el viaje de vuelta, que esta vez hicimos en bañador,
llegó el momento de hablar francamente entre los cuatro. Las conclusiones, que
lo sucedido sólo cabía tomarlo como una prolongación de la amistad y la
confianza que siempre había reinado entre nosotros. Que no iba a cambiar por eso
la relación entre los cuatro, ni comprometía en nada la vida ni los sentimientos
de cada una de las dos parejas. Y que, lejos de considerarlo como un hecho
aislado e irrepetible, todos estábamos dispuestos a disfrutar en lo sucesivo de
lo que se nos mostraba como una oportunidad de ampliar los horizontes de
nuestras relaciones sexuales.
A.V. Octubre de 2003.
¿Te ha gustado?. ¿Qué opinas sobre el intercambio de
parejas?. ¿Lo has practicado alguna vez?. ¿Y sobre el sexo en grupo?. ¿Fantaseas
sobre ello, sola/o o con tu pareja?. Nos gustaría recibir vuestros comentarios
al respecto. ¡Ah!, y no dejes de leer la continuación.
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