Advertencia previa: esto va de intercambio de parejas. Pero
me resulta muy difícil condensar una historia en cuatro hojas, porque me gusta
explicar cómo se inician las cosas, y por qué sucede lo que sucede, de modo que
me han salido nada más y nada menos que 10 capítulos. Puede que los aficionados
al género se impacienten un poquito. Paciencia, y seguid la serie, que no
quedaréis defraudados, palabra.
(En este capítulo ha colaborado mi amiga Any, autora también
de relatos eróticos, a quién agradezco desde aquí haberse prestado a este
incitante juego).
La versión de Alex:
Aunque salimos de casa poco después de las 8 am, eran más de
las nueve cuando por fin la lancha neumática de Toni y Asun se separó de la
orilla. Cabíamos con holgura los cuatro, además de una nevera portátil, una
bolsa impermeable que incluía pan recién hecho y la comida comprada la noche
anterior. Otro bolsón contenía dos grandes toallas, y estaba también la funda de
mis elementos de fotografía, donde a duras penas conseguimos introducir la
videocámara de Toni.
Cuando abandonamos la protección del espigón del muelle, la
proa de la zodiac comenzó a rebotar al tomar las crestas de las pequeñas olas.
Pero no era un movimiento demasiado pronunciado. Una vez que Toni movió la barra
para tomar un rumbo paralelo a la costa, solo quedó un leve movimiento de
vaivén, que aparentemente no incomodaba a ninguno de nosotros.
Era la primera vez en mi vida que navegaba en algo tan
pequeño, y la sensación era para mí increíble. La pequeña embarcación parecía
parada en un mar intensamente azul, a suficiente distancia de la costa como para
que no se distinguieran los detalles. Solo el petardeo del motor fuera borda, y
las pequeñas salpicaduras de espuma, indicaban que estábamos en movimiento.
Poco después de abandonar el puerto, cuando no hubo a nuestro
alrededor otras embarcaciones, todos nos descalzamos y prescindimos de
pantalones cortos y camisas. Esta vez, ninguna de las dos chicas se había
molestado en ponerse sujetador. Me detuve a admirar sin ningún reparo los
pequeños senos descarados color cacao de Asun, sus largas piernas, y la
minúscula braguita de su bañador. A su lado, en un sensual contraste, los pechos
llenos de Any, su piel que aún conservaba un leve tostado de las últimas
vacaciones, pero que parecía pálida al lado de la otra piel oscura, y sus
incitantes muslos, descuidadamente separados, ya que solo yo me encontraba ante
ellas. La voz risueña de Toni me sacó de la especie de trance en que me había
sumido la contemplación de los dos cuerpos femeninos:
- Vas a tener que llevar tú un rato el timón, Alex. Desde
aquí, sólo veo las espaldas de las chicas, y no vas a ser tú el único que se
recree la vista… No es justo.
Una desconocida Any se dio la vuelta en la madera en la que
estaba sentada, poniéndose de cara a Toni. Pero observé que sus muslos se
mantenían muy juntos.
- ¿Qué?. ¿Estás satisfecho? -preguntó al otro hombre-.
- ¡Vaya!, esto está mucho, pero que mucho mejor -respondió
este-.
Y me di cuenta de que sus ojos no se apartaban del cuerpo de
Any. Pero, curiosamente, no me sentí mal en absoluto.
La travesía duró alrededor de una hora. En un momento
determinado, Toni enfiló la proa hacia una mancha amarilla apenas distinguible
entre las rocas oscuras que jalonaban la costa. Al acercarnos, supe por qué era
inaccesible salvo por mar: parecía como si una inmensa cuchara hubiera rebanado
un pedazo de la roca, y la estrecha franja de arena estaba rodeada en tres lados
por una cortada de veinte o veinticinco metros de altura.
Toni y yo, con el agua a la cintura, arrastramos la lancha
hasta dejarla alejada unos metros del agua. Y luego pusimos en una franja de
sombra la nevera, clavamos la sombrilla y tendimos las toallas.
- Más vale que te extiendas protector solar por los pechos,
Any, o te quemarás -advirtió Asun, que ya estaba haciendo lo propio-. Durante
unos instantes, las dos chicas masajearon sus propios pechos con las manos
embadurnadas de crema, en un espectáculo de lo más incitante. Me puse en pie y
me dirigí a la orilla, de espaldas a los demás, para ocultar el bulto que había
crecido en la entrepierna de mi slip. Un momento después, se unió a mí Toni. No
quise mirar descaradamente, pero de reojo me pareció ver que a él le habían
llevado hasta allí los mismos motivos.
Nos mantuvimos en silencio, mirando al mar intensamente azul,
cada uno de nosotros concentrado en nuestros pensamientos, y dando un trago de
vez en cuando a las latas de cerveza que habíamos abierto unos momentos antes. A
nuestra espalda, oíamos apagadas las voces de las dos chicas, pero no podíamos
entender lo que decían. Poco a poco, mi erección fue disminuyendo.
Entonces, sentimos a nuestra espalda la voz alegre de Asun:
- ¿Qué hacéis aún vestidos?. Las chicas ya nos hemos
desnudado…
Nos volvimos, ambos con la misma cara de asombro. Sobre la
toalla, una Any con la cara arrebolada, completamente desnuda, pero ocultando su
sexo entre sus muslos muy juntos, nos miraba avergonzada. A su lado, Asun
mostraba su cuerpo escultural con la tranquilidad que le daba la costumbre de
hacer nudismo, aunque ella también había adoptado una postura que hurtaba su
entrepierna a nuestras miradas.
Nos quedamos paralizados. Finalmente, ambos nos quitamos los
bañadores de cara a las chicas. Y nosotros no teníamos ningún medio de ocultar
nuestros penes prácticamente horizontales. Nos dirigimos a las toallas, y nos
sentamos a un lado.
- ¿Y cómo has convencido a Any de que se desnude? -preguntó
Toni-.
- A mí no me mires, que yo no la he obligado, -respondió
Asun-. Yo solo le he dicho que echaba de menos el andar sin ropa, y Asun se ha
quitado las braguitas.
- Me estás avergonzando más de lo que ya estoy -intervino
Any-. Pero tiene razón. Llevaba dudando desde que nos quedamos en bañador, en la
lancha, y al final he pensado que, bueno, que no hay nadie más, y me apetecía
probar la sensación de estar desnuda al aire libre. Pero si me miráis, me
arrepiento y me visto.
- ¡Bah!, no seas boba -reprochó Asun-. Ya verás como dentro
de un rato se te pasa el sofoco, y entonces no te importará que esos dos te
miren.
- Pero, ¿os habéis dado cuenta de cómo vais? -continuó con
cara risueña, mirando fijamente las dos erecciones-. Es un escándalo. Anda.
Vamos todos a bañarnos, a ver si el agua fría os baja la temperatura.
Durante un rato, todos jugamos como críos en el mar,
salpicándonos y disfrutando de la temperatura del agua, cálida para las fechas
en las que nos encontrábamos. Yo fui el primero en salir, y secarme someramente.
Había tenido una idea.
Cuando salieron del agua los otros tres, no tuve por menos
que admirar de nuevo los dos preciosos cuerpos femeninos que se mostraban en su
inocente desnudez. Any fue la primera en advertir que yo tenía la cámara
fotográfica en la mano.
- ¿No pensarás fotografiarme desnuda? -chilló-.
- Mujer, debían ser Toni y Asun los que no quisieran. Total,
sabes que las imágenes van directas de la cámara al pc, y nadie más las ve. Por
cierto, que no os he preguntado: ¿os importa a vosotros?.
- No, -respondió Toni-. Pero tendrás que hacernos unas copias
en CD.
Y para demostrar que no le importaba, se puso entre las dos
chicas, pasando una mano en torno a la cintura de cada una de ellas. Asun posó
con absoluta tranquilidad, pero Any no quitaba una mano de su pubis. Finalmente
Toni, con cara juguetona, le cogió la muñeca y le sujetó el brazo detrás,
mientras yo tomaba la foto.
Tomé imágenes de Toni y Asun muy juntos cara a cara. Any
sentada en la arena con las piernas recogidas a un lado del cuerpo y los muslos
muy apretados. Asun en cuclillas, pero vuelta ligeramente de costado al
objetivo. Los tres tumbados en las toallas, desde el lado izquierdo. Y por fin,
Toni abrazado a la cintura de Asun, frente a él, y Any agachada con la espalda
apoyada en las piernas de la otra mujer. Me reí interiormente. Ya veríamos qué
decía mi chica cuando le mostrara la imagen: su sexo era perfectamente visible
entre los muslos entreabiertos.
Luego Toni se empeñó en hacer de fotógrafo. Hay una foto en
la que yo estoy agachado con una de las chicas de pié a cada lado, y mi pene
semierecto perfectamente distinguible, abrazado a los muslos de las dos. Otra,
muestra a Any delante de mí, que estoy muy pegado a ella, con un brazo en torno
a su cintura, y el otro justo bajo sus pechos. Any y yo sentados en una toalla,
con los muslos de ella pasados sobre los míos.
Luego hubimos de posar los dos chicos, uno al lado del otro
"para que podamos comparar, según dijo Asun". La comparación es favorable a mí,
porque Asun tomó la foto en cuclillas, y al hacerlo, no quedó ninguna parte de
su sexo oculta a mi mirada.
Tomé de nuevo la cámara. Any y Asun de frente al objetivo,
con un brazo de cada una en torno a la otra cintura. Y Toni había puesto en
funcionamiento la videocámara, y filmaba toda la escena.
Para después de comer, hasta la recatada Any no se cuidaba ya
en absoluto de mostrar el sexo. Asun había dejado de cuidar sus posturas
muchísimo antes, y las dos ofrecían sobre las toallas una imagen de lo más
excitante, con las dos vulvas casi completamente a la vista. Y, después de todo,
no era tan cierto aquello de que "nadie se fija en nadie" que nos había dicho
Toni refiriéndose a las playas nudistas: él tenía casi de continuo la mirada
entre las piernas de Any, del mismo modo que yo no me perdía ninguna oportunidad
de contemplar la vulva depilada de Asun. Pero no éramos nosotros solos. Las
chicas tampoco intentaban disimular sus miradas a nuestros penes, en estado de
semierección casi de continuo.
Finalmente, recogimos todo. Asun se tumbó en una toalla de
costado. Toni estaba revolviendo en el cofre que había al fondo de la zodiac,
Any sentada en el borde del mar con las piernas bañadas de vez en cuando por las
perezosas olas. Y yo sentado en otra toalla, cruzado de piernas.
- ¿A alguien le apetece pescar? -gritó Toni desde la zodiac-.
Había atornillado las diferentes partes de una caña. Buscó
con la vista, y luego tomó un trozo de carne sobrante, de la bolsa donde estaban
los restos de comida. Yo no entendía mucho de pesca, pero me pregunté si la
carne sería un buen cebo.
- A mí no, -respondió Asun con los ojos cerrados-.
Any se levantó.
- Yo no lo he hecho nunca, y me apetece. ¿Vienes tú, Alex?.
Me daba un poco de reparo dejar allí sola a Asun.
- No, id vosotros. Yo dormiré también la siesta un rato.
- ¡A ver que hacéis mientras estáis solos! -nos reconvino
Toni en tono humorístico-.
- ¡Y tú no te pases con mi chica! -respondí, en el mismo tono
de broma-.
La lancha se fue despegando de la orilla. En el banco más
cercano al motor, Any sentada de cara a Toni, con las rodillas a la altura de la
barbilla y los muslos descuidadamente separados, charlaba animadamente. Y la
idea de los dos solos en la lancha, completamente desnudos, y de la vulva de Any
expuesta a las miradas de él, me produjo únicamente una sensación de excitación.
Asun se estiró como una gata sobre la toalla. Luego golpeó
con la mano junto a ella.
- ¡Ven, anda!, túmbate a mi lado. No creí que fueras tan
tímido.
- Mujer, estoy violento. Es una situación desacostumbrada
para mí, estar contigo a solas, los dos completamente desnudos.
- No te voy a comer… Además, no hacemos nada malo,
simplemente charlamos.
Me miró fijamente:
- ¿Qué diferencia hay con estar vestidos?.
La había. Y mi pene daba fe de ello. Asun se incorporó.
- ¿Has visto cómo tienes los hombros?. Deja que te ponga un
poco de crema…
Gateó hasta la bolsa, sin recatarse en mostrarme su pequeño
ano y su vulva desde atrás. No lo había creído posible, pero mi pene creció aún
más.
Se sentó detrás de mí, con las piernas abiertas, y los muslos
en contacto con mis nalgas. Sus manos acariciaron mis hombros y mi espalda, en
movimientos circulares. Yo estaba enormemente excitado. Por una parte, deseaba
que el contacto de sus dedos en mi piel continuara por mucho tiempo. Pero estaba
empezando a temer no poder controlarme.
De repente, noté sus pechos apretados contra mi espalda,
mientras sus manos se deslizaban ahora por mis pectorales, llegando hasta el
inicio de mi vientre, pero sin pasar de ahí.
Tras unos instantes, me dio un cachete en un muslo.
- Tiéndete boca abajo. Hay otra parte de tu cuerpo muy roja,
porque nunca ha conocido el sol.
(¿No iría a…?).
Me empujó ligeramente, y noté sus manos en mis caderas,
deslizándose por ellas como una leve caricia, y luego en las nalgas. Y mi
excitación subió varios grados. Cesó el roce.
- Ya.
Se sentó a uno de mis costados, mirando hacia el mar. A una
distancia de unos doscientos metros de la orilla, se distinguía la popa de la
lancha, y una mancha borrosa de color claro, que supuse los cuerpos de Toni y
Any.
Asun tomó unos prismáticos de la bolsa. Miró unos instantes
en dirección a la distante embarcación. Silbó bajito, y luego me los entregó.
Cuando conseguí al fin enfocar las lentes, pude ver la imagen
de Any, sentada a horcajadas en una de las tablas que hacían de asiento. Toni
estaba detrás de ella, completamente arrimado a su cuerpo, con las manos pasadas
por debajo de sus axilas, y los antebrazos en contacto con sus pechos; parecía
enseñarle cómo manejar la caña, pero al paso le estaba metiendo mano, discreta
pero decididamente. Imaginé su pene alojado entre las nalgas de Any, pero ello
no me produjo la sensación de celos que habría imaginado si me lo hubieran
preguntado en frío.
Le pasé los binoculares de nuevo a Asun. La chica estuvo
mirando unos minutos, y luego volvió a silbar…
- ¿Quieres que te lo retransmita?. Toni tendrá que comprar
una caña de pescar nueva, porque no la veo. Está pescando otra cosa para la que
no se precisa caña.
- ¿Qué dices?.
- Tiene las manos sobre los pechos de Any, y los está dando
un buen masaje.
- Estás de broma…
- Toma, mira tú mismo.
Cuando conseguí localizar de nuevo la embarcación, Any tenía
la cabeza echada hacia atrás, y las manos de Toni acariciaban sus pechos. El
parecía estar mordiéndole el cuello. Faltaba el sonido, pero imaginé los
suspiros excitados de Any. Una mano de él se deslizó sobre uno de los muslos
femeninos, y desapareció entre las piernas. Dejé los prismáticos sobre la
toalla. Asun, incorporada sobre un codo, me miraba fijamente:
- ¿Qué sientes?. De verdad, Alex.
Lo pensé unos instantes. De nuevo, me sorprendí a mí mismo
reconociendo en mi interior que no sentía celos ante la escena que acababa de
presenciar. Sólo…
- ¿Quieres que te diga la verdad?. Siento un terrible deseo
de ti.
Mis manos tomaron los pechos de Asun, temiéndome un rechazo
que no se produjo. Acaricié lentamente su vientre, hasta el mismo borde de su
abertura.
- ¿Lo haces por despecho? -preguntó-.
- Lo hago, porque estoy deseando estrecharte en mis brazos y
hacerte el amor. Pero, tú no me has dicho cuales son tus sentimientos…
Ella expresó en alta voz lo que yo solo había pensado, sin
exteriorizarlo:
- ¿Sabes?. Si alguna vez hubiera llegado a imaginarme a Toni
haciendo el amor con otra mujer, habría sentido unos celos insoportables. Pero
ahora, con toda sinceridad, lo he visto con mis propios ojos, y solo estoy muy
excitada. Y yo también quiero tenerte en mis brazos.
Nos tendimos cara a cara, estrechamente abrazados. Mi boca
encontró la suya entreabierta, y probé el sabor de su lengua en la mía. Una mano
de Asun pasó entre nuestros cuerpos, y acarició suavemente mi pene.
Y entonces, el motor fuera borda se puso en marcha.
Asun me miró con los ojos muy abiertos.
- No han tenido tiempo de…
- ¿Y si te digo que lamento que vuelvan, a pesar de todo?.
- Espera, tengo una idea. No te separes de mí, hagámonos los
dormidos, y que imaginen lo que quieran.
Unos minutos más tarde, Any y Toni, parados junto a las
toallas, miraban nuestros dos cuerpos desnudos, abrazados en nuestro sueño
fingido. Asun seguía aferrando mi pene, y yo tenía una mano en su vulva, entre
los muslos apretados de la chica.
La versión de Any:
Siempre me había llamado la atención pescar, y recordaba la
ocasión en que mi padre me llevo a pescar, pero de eso hace mucho tiempo, era
una niña en aquel entonces. Así que no lo pensé ni dos veces cuando Toni
pregunto si quería ir a pescar.
Me puse nerviosa al escuchar a Alex decir que no quería
acompañarnos, y el cuerpo desnudo de Toni me ponía mas nerviosa aún, no podía
evitar ver su pene pero trataba que no se dieran cuenta de mi nerviosismo, así
que actúe como si nada pasara.
Nos subimos a la lancha, y al sentarme no cuide mi posición,
los nervios me provocan no pensar, al poco rato yo actuaba con naturalidad, pero
el cuerpo desnudo de Toni me provocaba pensamientos perturbadores y el hecho de
saber que Alex se encontraba a solas con Asun me provocaba cierta malicia por
saber lo que hacia Alex.
Toni pregunto que si sabia pescar a lo que conteste que no, -
Quieres que te enseñe?, dijo él. – Claro respondi.
- Ven acércate dijo:
Se coloco detrás de mi y me enseño la forma de tomar entre
mis manos la caña de pescar, sentí el cuerpo de Toni rozar mi espalda y se
acercaba cada vez más hasta que sentí su pene erecto en mi espalda que me
provoco un escalofrío y en ese momento Alex desapareció de mi cabeza. Toni
coloco sus manos bajo mis axilas para facilitar los movimientos de la caña de
pescar, pero al hacer esto sus manos rozaron mis senos que me hizo suspirar,
Toni acerco su cabeza a mi cuello hablándome al oído para darme indicaciones que
seguía cuidadosamente, al estar en esa posición, parecía que nuestros cuerpo se
empezaban a salir de control y el pene que rozaba mi espalada lo sentía mas duro
aún, tanto que me dieron ganas de voltearme y mirarlo, en ese momento fue cuando
Toni me dijo al oído que lo ponía nervioso y comencé a reír, lo que trajo
consigo una serie de bromas.
- ¿Qué crees que estén haciendo Alex y Asun?, preguntó.
- No lo sé, pero no estoy pensando en eso, contesté.
- ¿Y en que piensas Any?.
- Si te digo me voy a sonrojar y no voy a poder mirarte
a los ojos.
La risa se propagó, lo que causo un movimiento brusco en la
lancha, que me hizo perder la caña de pescar, Toni al querer sostenerme me tomo
de la cintura y una de sus mano tocó uno de mis senos, nos quedamos quietos sin
decir nada por el hecho, la cabeza de Toni en mi cuello, entonces Toni susurro
algo a mi oído, me encanta tu aroma y tu piel, su otra mano subió hasta tocar mi
otro seno y así sus manos comenzaron a masajear mis senos, y yo solo mordía los
labios tratando de evitar salir algún suspiro pero era inútil tal situación, una
de sus manos bajó lentamente por mi abdomen y mi vientre hasta tocar mi vulva.
- Toni tenemos que parar, dije.
- Está bien, creo que es hora de regresar.
Y así volvimos con Alex y Asun, que se encontraban dormidos,
muy juntos, esa imagen provocó algo extraño en mi, Toni y yo nos miramos y
reímos, pero ninguno de los dos dijo nada.
A.V. y Any. Octubre de 2003.
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