Advertencia previa: esto va de intercambio de parejas. Pero
me resulta muy difícil condensar una historia en cuatro hojas, porque me gusta
explicar cómo se inician las cosas, y por qué sucede lo que sucede, de modo que
me han salido nada más y nada menos que 10 capítulos. Puede que los aficionados
al género se impacienten un poquito al principio. Paciencia, y seguid la serie,
que no quedaréis defraudados, palabra.
El lunes en la tarde estaba solo en casa, porque Any tenía
hora en la peluquería. Sonó el teléfono:
- ¡Hola, Alex!. Soy Asun.
- ¡Hola, cielo!. Ya te había conocido la voz.
- Verás, el jueves es festivo, y Toni y yo habíamos pensado
hacer unas minivacaciones en el pueblo de Almería donde estuvimos este verano. Y
se nos ha ocurrido que, si Any y tú podéis tomaros el viernes libre, a lo mejor
os apetecía acompañarnos.
Recordé fugazmente el vídeo de Toni y Asun en la playa
desierta, el cuerpo desnudo de la chica tendida sobre la toalla. Y me excité
inmediatamente. Asun debió recordarlo, porque su voz sonó un poco avergonzada.
- Bueno, no quiero que penséis… después de lo del otro día.
Sí que habíamos hecho intención de volver a la playa… Pero, si venís vosotros…
Pues, que no…
No sabía qué decir para no sonrojarla más. Mejor, dejarlo
como estaba.
- Mira, supongo que no habrá ningún problema, y a mí me
apetece mucho. Luego lo hablaremos Any y yo, pero… Se me ocurre que nuestra
presencia puede cohibiros.
- Tampoco nos vamos a morir por no quitarnos los bañadores,
por una vez. Y acompañados por vosotros, seguro que lo pasaremos mejor.
- Bueno, pues ¿cómo es el plan?.
- Toni ha hablado esta mañana con el hombre que nos alquiló
la casa. La tiene libre, y nos la deja todo el fin de semana. Estaremos cómodos,
porque tiene dos dormitorios, y podemos hacer excursiones, y bueno… seguro que
os apetece también estar en una playa sin gente, aunque no…
Se interrumpió, y continuó con otro tema.
- Hemos pensado que nosotros tenemos que llevar el remolque
con la zodiac, y como además nuestra casa está muy cerca de la salida de la
autopista, pues podéis dejar vuestro coche en el garaje de casa, y nos vamos los
cuatro en nuestro todoterreno. Eso sí. Tendríais que estar muy temprano, porque
son muchos kilómetros, y así podríamos aprovechar algo del primer día. ¿Qué te
parece?.
- Encantado. Ya te he dicho que no creo que Any tenga
problemas, porque la deben días libres, y yo no tengo más que decir en el
despacho que se apañen sin mí el viernes.
- ¿El jueves a las 6, entonces?.
- De acuerdo.
- Bueno, Alex, hasta el jueves a las 6. No te digo que seáis
puntuales, porque ya sé que sois como un reloj.
- Hasta el jueves, preciosa.
Any se mostró encantada con la idea, a pesar de que le conté
a mi modo la conversación con Asun:
- ¿De veras has aceptado que nos desnudemos con ellos en esa
playa?.
La miré con seriedad fingida:
- Hay más. Asun me dijo que si a ti no te importa dormir con
Toni, pues que ella y yo compartiremos el otro dormitorio.
Any me miró con una sonrisa forzada:
- ¡Estás de broma!.
- Te aseguro que no. Verás, a mí me apetece mucho acostarme
con Asun, e imagino que tú no le harás ascos a echar un polvo con Toni, que está
muy bien.
- ¿De veras no te importaría que follara con Toni?.
Yo seguía la broma, muy serio.
- Ya te he dicho que no. ¡Fíjate!. Hasta me encantaría veros
a los dos, mientras se la meto a Asun. Pero ahora, tenemos que entrenar…
- ¿Cómo entrenar?.
- Sí, boba, para que después ya no te haga sensación. A ver,
cierra los ojos.
Any me obedeció, sin saber qué pensar.
- Bueno, pues ahora, imagina que este es el dedo de Toni.
Mi mano se deslizó bajo la falda, y mi dedo índice resiguió
una de sus ingles. Luego me ensalivé el dedo y lo introduje por debajo de la
braguita, y recorrí de arriba abajo la rajita de Any, que se estaba excitando a
ojos vistas.
- Toni quiere quitarte ahora las braguitas…
Any se dejó hacer. Levanté la falda, dejando al descubierto
su sexo, y separé ligeramente sus piernas.
- Toni está contemplando ahora tu coñito. ¿Qué sientes?.
Las piernas de Any se juntaron en un acto reflejo. Luego
sonrió, y las abrió, mostrándome de nuevo su vulva, ahora ligeramente húmeda, y
no sólo por mi saliva.
- ¡Eres un estúpido!. Por un momento, sentí de verdad que
estaba enseñando a Toni el…
- Esto es un entrenamiento, ya te lo he dicho, y tendrás que
abrirte de piernas ante Toni. Así que más vale que te vayas acostumbrando…
Any abrió los ojos, y me dirigió una mirada especulativa. No
sabía qué pensar. Se puso en pié:
- Quiero desnudarme para ti, Toni.
En dos movimientos, la falda quedó libre, y cayó al suelo.
Any quedó desnuda de cintura hacia abajo. Luego, se desabrochó la camisa, y se
tendió de nuevo sobre el sofá. No llevaba sujetador, de modo que la totalidad de
su cuerpo era ahora visible. Me quité rápidamente la ropa, y me arrodillé entre
sus piernas.
- Tienes que hacer un esfuerzo ahora, e imaginar que la
lengua que te está acariciando es la de Toni.
La lengua de "Toni" lamió muy despacio de arriba abajo el
interior de sus vulva, deteniéndose cada vez que llegaba a la parte superior, en
los pliegues que protegían su clítoris. Después, la boca de "Toni" mordisqueó de
forma indolora sus labios mayores. Cada mordisco era acompañado por una
elevación de la pelvis de Any, que apretaba su sexo contra mi boca.
Pasé una mano bajo sus nalgas, elevándola lo suficiente como
para que ahora su sexo quedara al alcance de mi pene. Ayudándome con una mano,
acaricié largamente con el glande inflamado su rosado interior, completamente
húmedo.
Luego, dediqué mi pene a penetrar su entrada apenas dos
centímetros, moviéndolo circularmente en la misma entrada. El extremo brillaba
con la lubricación, y resbalaba suavemente cada vez que, abandonando las ligeras
penetraciones, volvía a seguir el camino entre sus abultados labios,
deteniéndose unos instantes para acariciar la pequeña dureza escondida entre los
pliegues inflamados que la protegían.
En una de las ocasiones en que mi falo exploraba la entrada
de su cuevita, ya ligeramente dilatada, una contracción de Any lo introdujo casi
hasta la mitad. Tomándola por las caderas, la atraje contra mi cuerpo, hasta que
la penetración fue completa.
Any se apoyó con los codos, haciendo bajar y subir sus nalgas
sobre mis muslos, mientras se amasaba los pechos, que mis manos no podían
atender.
Mi eyaculación se produjo enseguida. Oleadas de placer
irradiaron desde el pene a mi vientre, una y otra vez, hasta derramarme
completamente en su interior. Any no había tenido aún su orgasmo, aunque
seguramente estaba ya próximo. Con los ojos cerrados, y la cabeza echada hacia
atrás, gemía en tono cada vez más alto. Continué atrayéndola contra mi cuerpo,
para luego hacerla descender ligeramente, y luego tirar de nuevo de sus caderas,
hasta que por fin, sus gemidos se convirtieron en un grito entrecortado.
Se quedó muy quieta durante unos segundos. Luego abrió los
ojos y me sonrió.
Estábamos abrazados en nuestra cama, minutos más tarde.
Dormir desnudos se había convertido en una costumbre en los últimos tiempos, y
me encantaba acariciar sus pezones, y sentir como crecían poco a poco entre mis
dedos. De cuando en cuando nuestras bocas abiertas se encontraban, y su lengua
exploraba el interior de la mía.
En un momento dado, percibí que su mente estaba en otro
sitio, y sus ojos me miraban sin verme. Se incorporó sobre un codo, con sus ojos
clavados en los míos:
- Oye Alex, en serio: ¿es cierto que Asun y tú habéis quedado
de acuerdo en que… ya sabes… dormir ella contigo y yo con Toni?.
Me eché a reir.
- ¿No te lo habrás creído?.
- Al principio, no, pero… ¡lo decías tan serio!.
- No, mi amor, ¡serás boba!.
Any me acarició los labios con la yema de uno de sus dedos.
- Pero, es que no sé si habrás caído en las implicaciones.
Mira, vamos a ir con ellos a la playa en la estaban haciendo el amor, en el
vídeo aquel…
Lo pensé unos instantes. Al menos, había que aceptar que, si
fuéramos nosotros los que aparecíamos en el vídeo, nos habría dado mucho reparo
volver a ella acompañados de una pareja que lo había visto…. No sabía qué
pensar.
- Alex, cariño… ¿Se espera que nosotros también nos
desnudemos?. La idea me da muchísima vergüenza.
Le conté la conversación con Asun, esta vez sin adornos, tal
y cómo había transcurrido.
- Ya ves, no tienes que desnudarte si no quieres.
Hicimos el pequeño equipaje el mismo miércoles en la tarde,
para poder levantarnos un poco más tarde al día siguiente. Después de dudar si
llevar la videocámara, decidí que no, porque de seguro Toni y Asun no
prescindirían de la suya. Pero comprobé la bolsa de la cámara digital, y tomé
unas baterías de repuesto.
Llegamos al pueblo pasadas las 2 pm. Habíamos hecho poco
antes una parada rápida, para comer unos bocadillos, y luego Toni hubo de
detenerse para recoger las llaves de la casa y pagar. Cada uno puso la mitad, y
luego decidimos hacer un fondo para los gastos de aquellos días, que Asun se
encargaría de guardar.
Comprobé que, además de por el remolque, el todoterreno era
obligado para llegar hasta la casa. Un camino de tierra apisonada, que se
desviaba de una carretera secundaria a las afueras del pueblo, llevaba hasta
ella. En ocasiones, el camino quedaba borrado en un pedregal, para continuar más
adelante. Pero el sitio, tal y como habían anunciado, era espectacular.
La casa estaba situada en una ladera, por lo que la parte
trasera quedaba en un plano más alto. En ella, un amplio porche se abría a una
extensión inmensa de terreno, tapizada con escasos matorrales, al fondo de la
cual se adivinaba el mar. No había ninguna otra construcción en todo lo que
abarcaba la vista, ni se veía persona alguna por los alrededores.
Tenía dos dormitorios, uno más grande con una cama de
matrimonio, y otro con dos camas gemelas, separadas por una mesilla. Una pequeña
cocina, un aseo sin bañera pero con una cabina de ducha, y un salón con una
cristalera que se abría al porche. Eso era todo, pero no hacía falta nada más.
Decidí que era un lugar ideal para las próximas vacaciones, suponiendo que Toni
y Asun estuvieran dispuestos a compartirlas con nosotros.
Una moneda al aire decidió que la otra pareja utilizaría el
dormitorio grande, mientras que nosotros tendríamos que conformarnos con dormir
separados.
Decidimos aprovechar el resto de la tarde en conocer la playa
cercana al pueblo, porque para cuando terminamos de colocar nuestro escaso
equipaje en los armarios, eran más de las 4 pm.
Nada más llegar a la playa, que no estaba demasiado
concurrida, Asun decidió prescindir del sujetador de su biquini, con absoluta
naturalidad. Any se lo pensó, pero finalmente no la imitó. Nos fuimos a pasear
por el borde de la arena, con las perezosas olas mojándonos de vez en cuando los
pies descalzos. Como a medio paseo, y aprovechando un momento en que Toni y Asun
caminaban delante de nosotros, una Any algo ruborizada liberó sus hermosos
pechos de la opresión de la parte superior de su bañador.
Un momento después, la otra pareja se volvió. La cara de Any
se puso como la grana, pero apretó los labios y permitió que la mirada de Toni
recorriera sus senos.
- ¡Vaya!, parece que finalmente te has decidido a imitarme
-exclamó risueña Asun-. Yo me he acostumbrado a no ir oprimida, y siempre que el
lugar lo permite, prescindo del sujetador. Y además, ¿qué razón hay para que los
hombres puedan llevar el torso desnudo y nosotras no?.
(Había dos "razones", pero no dije nada). Verdaderamente, era
más cuestión de costumbre que otra cosa. Y además, no eran las únicas. Por el
camino, aquí y allá, habíamos podido ver a varias mujeres tomando el sol con los
pechos desnudos.
Poco después, Any se había acostumbrado, y se comportaba con
la misma naturalidad de siempre.
Sólo volvieron a ponerse la parte de arriba, ya de noche
cerrada, para una cena rápida en la terraza de un restaurante, en la misma calle
que bordeaba la playa, dónde nos prepararon también recipientes con comida que
pudiera consumirse sin calentar.
La idea era salir temprano al día siguiente, por lo que nos
fuimos a acostar en cuanto llegamos. Un rato después, en el absoluto silencio de
aquella casa aislada, oímos los gemidos casi inaudibles de Asun.
Any y yo aún estábamos despiertos. Aquella noche ninguno de
nosotros había hecho intención de hacer el amor, precisamente un poco "cortados"
por la cercana presencia de los otros en la habitación contigua. La idea de Asun
y Toni disfrutando del sexo a pocos metros de nosotros, me provocó una inmediata
calentura. Encendí la luz. En la otra cama, el cuerpo desnudo de Any, vuelto
hacia mí. Y su mirada, con clara expresión de deseo, clavada en mi pene, que se
endurecía por momentos.
- ¡Me importa un pepino que nos oigan o no! -susurré-.
Me tendí de frente a Any, en su cama, y lamí uno de sus
pechos, mientras mi mano se introducía entre sus muslos. Any se abrazó
estrechamente a mí, y buscó mi boca con la suya entreabierta.
A.V. Octubre de 2003.
¿Te ha gustado?. ¿Qué opinas sobre el intercambio de
parejas?. ¿Lo has practicado alguna vez?. ¿Y sobre el sexo en grupo?. ¿Fantaseas
sobre ello, solo/a o con tu pareja?. Me gustaría recibir vuestros comentarios al
respecto. ¡Ah!, y no dejes de leer la continuación.
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