RECORDANDO A MELISSA
Un hermoso jovencito que tiene la suerte de conocer
a quien le ayudará a cumplir sus sueños de ser toda una damita
Lo que les voy a contar es un hecho total y absolutamente
cierto. Me sucedió hace algunos años, aproximadamente quince. Ahora tengo 45.
Siempre fui amigo del buen pasar, de la juerga y de ir a putas. No me gustaban
las relaciones formales ya que siempre huí de los compromisos. Prefiero mil
veces las relaciones del momento, que no van más allá de una noche.
Acostumbraba ir los viernes y sábados a una discoteca. Era la
oportunidad para encontrar mujeres fáciles y hermosas. Estaba sentado en el bar,
la música a todo volumen, los focos y luces girando a más no poder. Ya le había
echado el ojo a una morena con una tetas impresionantes y que me coqueteaba
jugando con el sorbete de su trago. Más allá una platinada que me miraba con una
cara de caliente sin ningún disimulo su mini mostraba más de lo conveniente y
haciéndose la descuidada, sabía que la observaba, abría y cerraba las piernas
provocativamente.
En realidad me encontraba indeciso, ambas tenía sus cosas a
favor y otras en contra. Me encontraba en pleno proceso de evaluación cuando
fijo la vista en un joven sentado en la mesa. era muy delicado de facciones y se
podía decir que era muy bello, con una apariencia un tanto andrógina. Nuestras
miradas se entrecruzaron por un momento y hasta el día de hoy no me explico lo
sucedido pero fue como si una conexión misteriosa nos uniera. Me hice el
desentendido pero me sentía extrañamente observado. De manera disimulada lo
miraba y al parecer no me quitaba la vista de encima.
Pensé por un momento que a lo mejor lo conocía, pero por más
memoria que hacía no podía recordar. Tal vez el hijo de algún amigo, aunque era
algo difícil. La situación ya comenzaba a intranquilizarme. Por más que trataba
la vista se me iba hacia él. Tenía un algo que me atraía. Lo quedé mirando
fíjamente, él hizo lo mismo, en ningún momento bajó la vista y parecía como
querer decirme algo con los ojos.
A todo esto me olvidé de la morena y la platinada, cuando me
acordé ya habían desaparecido quizá qué rato, y les estarían dando firme. pero
no lo sentí para nada. ese muchachito me tenía intrigado. No pude soportar más y
mirándolo tomo mi vaso y lo alzo. él me sonríe y hace lo mismo. El hielo se
había roto. Me levanté y me acerqué a su mesa. Le pregunté si estaba aburrido o
lo habían dejado plantado. me dijo que no. Sólo que sentía como estar perdiendo
el tiempo porque no encontraba alguna persona que según sus parámetros le
pudiera ser interesante. Le convidé una cerveza, se llamaba Sebastián y tenía 19
años. Estudiante en la Universidad. Sus padres vivían en provincia, así que se
encontraba solo aquí en la Capital.
Conversamos de todo un poco hasta que le dije que me tenía
que ir. Me respondió que haría lo mismo. Le pregunté por dónde vivía y como me
quedaba por el camino me ofrecí a llevarlo, cosa que aceptó de inmediato.
Durante el camino estuvo mucho más locuaz y alegre, realmente
era muy agradable y simpático. Su rostro era muy hermoso y femenino y esa
belleza se exaltaba con los reflejos de las luces de los otros autos y los
neones de las tiendas. C como me resultaba una compañía agradable lo invité a
tomar unos tragos a mi departamento y ya que teníamos los mismos gustos
musicales para que conociera mi colección de blues que tenía en CD. Aceptó
gustoso.
Dejamos el carro en el estacionamiento, tomamos el ascensor y
entramos. Le agradó mucho la ambientación del departamento. Me dijo que
reflejaba totalmente mi personalidad, de un hombre de buen gusto. Este jovencito
me gustaba más a cada momento. Su caminar era muy delicado, más que caminar
parecía deslizarse, sus gestos y movimientos muy sutiles. Me llamaba la atención
por su facilidad de palabra, que era muy culto no se podía negar. Llevaba un
corte de pelo un tanto extraño que hacía notar más su ambigüedad. En todo caso
no me llamaba la atención porque los jóvenes de hoy día se visten de cualquier
manera y se arreglan de las maneras más extrañas posible.
Se extasió con los CD, cada vez que encontraba uno que le
agradaba lanzaba unos verdaderos chillidos, que me hacían sonreír. Le prometí
para un futuro no muy lejano hacerle algunas copias, lo cual le agradó mucho. Le
serví un trago y comenzamos a ver unos videos con recitales. No nos dimos ni
cuenta y ya nos habíamos cogido una buena borrachera. Yo no estaba en
condiciones de manejar y tampoco podía permitir que Sebastián se fuera a esa
hora así que se quedaría a pasar la noche.
Me pidió permiso para darse un baño, le enseñé donde quedaba
y salí. Como a los 10 minutos salió todo húmedo envuelto en una toalla. Parecía
una adolescente, su piel era morena y ni un vello se asomaba en su cuerpo. Tenía
unas piernas y unos muslos que cualquier mujer se los hubiera envidiado. esa
visión me inquietó un poco, no sabía si estaba molesto o no por la situación. Su
cuerpo era frágil y delicado a su lado yo parecía un gorila o un troglodita.
Le dije que yo también me daría un baño, la verdad es que con
el trago y el calor que hacía ,e estaba haciendo bastante falta. El agua me
refrescó, mientras me enjabonaba no podía dejar de pensar en la imagen de
Sebastián con su cuerpo húmedo envuelto en la toalla. Ya estaba terminando
cuando me di cuenta que no tenía toalla a mano, ya que Sebastián se la había
llevado. Salí mojado chorreando el agua por mi cuerpo y por entre los vellos,
debo decir que soy muy velludo. Sebastián estaba acurrucado tapado con la toalla
tiritando de frío. Al verme se sorprendió, pero no pude evitar su mirada
examinadora que se detuvo algún tiempo en cierta parte de mi cuerpo. Me preguntó
por qué salía así. Le dije que sencillamente porque él se había llevado la
toalla. Me pidió disculpas, inconscientemente se puso de pie se la quitó para
pasármela, sin darse cuenta de si procedía o no hacer algo así. Al quitársela me
percaté que también estaba desnudo, su cuerpo moreno era muy bien proporcionado
y su miembro era, diría yo, bastante pequeño en comparación al mío. Le recibí la
toalla y le dije que me parecía que tenía frío. Me dijo que sí, que un poco, ya
que se había bañado con agua fría. No sé lo que me pasó en ese momento, hasta el
día de hoy no me lo explico. Sólo le dije que eso lo podíamos solucionar, acto
seguido tomé la toalla por los dos extremos y de un solo movimiento la pasé por
detrás de Sebastián y lo atraje hacia mí. Era bastante pequeño, me llegaba hasta
poco más arriba del hombro. El contacto con su piel y su cercanía me produjo una
erección súbita que no la tenía ni siquiera pensada, todo fue tan rápido e
irracional.
Sebastián no hizo ni dijo nada, tiritaba más que nunca y ya
no era por el frío. Me miró al rostro elevando su cabecita todavía con los
cabellos húmedos, mi sexo potente rozaba su vientre suave. Sólo me miraba, sus
ojos brillaban, pero no hacía nada más. Yo en ese momento pensaba en qué maldita
hora hice lo que hice y qué se suponía que debía seguir haciendo. Mi sexo
reclamaba lo suyo. Era insoportable. Solté la toalla y abracé a Sebastián que
casi no se veía cobijado por mi cuerpo. Sentí que el, tímidamente se acurrucaba
a mi lado como buscando calor y protección. Lo miré y mi boca se acercó a la
suya dándonos un beso extremadamente intenso. Sebastián con los ojos cerrados me
ofrecía su boca y dejaba que mi lengua recorriera completamente su boca.
Me miro y me dijo que estaba muy mojado, se agachó, recogió
la toalla y comenzó a secarme siendo muy minucioso. Lo hacía con la delicadeza
de una mujer y se notaba que le gustaba mucho el hacerlo. Una vez que terminó
sin decirle nada lo tomé de la mano y lo llevé al dormitorio. Lo tendí boca
abajo y comencé a recorrerlo entero con mi boca, Sebastián con los ojos cerrado
sólo suspiraba y lanzaba unos quejidos de placer como una verdadera hembra.
Después comencé a pasarle mi miembro por la espalda y a
colocarlo entre sus glúteos moviéndose rítmicamente para sentirlo mejor. Nada
decía, pero demostraba que el placer y el deseo lo consumía. Lo di vuelta y lo
empujé suavemente para que se extasiara con mi pija. Le gustaba acariciar mis
vellos, se ponía loquito sintiendo las cosquillas que le provocaba por todo su
cuerpo. Cuando llegó a mi sexo no pudo evitar un chillido que era una mezcla de
gusto y de temor. Me dijo que era más grande que lo que había visto al salir del
baño y lo acariciaba golosamente con sus manos. Con la punta de la lengua
recorría mi glande y se bebía las gotas de lubricante. Después le pasaba la
lengua como si estuviera tomando un helado recorriendo todo su tronco. Era un
muchachito feliz con un juguete nuevo.
Le encantaba hundir su rostro en mi vello pubiano que era
bastante frondoso y refregaba su carita con gusto mientras que con su mano
sostenía fuertemente su juguete como para evitar que alguien se lo pudiera
quitar. Después que se cansó de jugar, no les diré el placer que me estaba
causando. Si alguien me hubiera contado algo así jamás lo hubiera creído, en
todo caso este jovencito hermoso me parecía muy recomendable para tener mi
primera experiencia homosexual. Además ya estaba en un punto que ninguna
objeción ético-moral , filosófica o religiosa me iba a detener. El deseo casi
animal era el que mandaba en esta situación.
Sebastián tomó mi miembro y se lo llevó a la boca, tuvo que
hacer un esfuerzo grande y ni aún así, a pesar de su empeño, pudo metérselo todo
a la boca. Pero hacía bien su trabajo. El roce de sus labios ayudado por su
lengua estaban causando estragos en mí que luchaba por atrasar lo más que se
pudiera aquel momento, ya que el muchachito era una maravilla mamando, muchísimo
mejor que cualquier mujer. Pero todo tiene su final, en un momento ya no me
importó nada y sentí que el chorro de semen salía con una fuerza inusitada,
Justo en un momento que estaba fuera de la boca de Sebastián, así que el chorro
le dio en pleno rostro. Quedó inundado, le corría por los pómulos y de limpiaba
la cara con las manos y estas con la lengua.
Lo atraje hacia mí y le dije lo bien que me había hecho
pasar, lo abracé por detrás y nos quedamos dormidos. No sé cuánto rato habrá
pasado pero ya la claridad del día comenzaba a filtrarse por entre las cortinas.
Aún adormilado pude percatarme que Sebastián estaba recostado de lado junto a mí
y miraba arrobado mi cuerpo desnudo, acariciando tiernamente mi pecho y dándole
besitos. Lo miré y sonreí. Con mi mano acaricié su rostro y le pregunté cómo
había dormido. Me dijo que como un niño pequeño. Sin decir nada más, apoyó su
cabeza sobre mi pecho , extendiendo un brazo sobre el mismo. "Me siento tan bien
así" – me dijo. No le contesté nada. Me limité a acariciarle el cabello con mi
mano. Era Domingo, así que no había apuro, además yo vivo de rentas muy
cómodamente así que en realidad jamás tengo apuro. Mientras estábamos arrobados
sintiendo el roce de nuestras pieles pensaba en todo lo sucedido. Nunca había
pasado por mi. mente tener una relación de este tipo. No soy un tipo que se
asusta con cualquier cosa, me considero de mente bastante abierta, sólo que esto
jamás había formado parte de mis planes y casi sin darme cuenta ya estaba metido
en medio del torbellino. Peor aún, la situación me atraía. Este jovencito, con
su ternura estaba logrando algo en mí y no estaba seguro de si era correcto
involucrarme más, ya que de hacerlo así tenía el presentimiento que sería algo
muy profundo. No quería tampoco que Sebastián sufriera por mi culpa.
-" Eres muy guapo" – me dijo. –"Gracias, le respondí"- "Tú no
te quedas atrás le dije, además muy tierno" –Sonrió. Me preguntó si podía volver
a usar el baño para asearse y marcharse. Te puedo prestar el baño, le dije, pero
no sé si habrás visto alguna mala cara, no entiendo por qué tienes que irte. Hoy
es Domingo podemos pasarlo juntos. Esa respuesta me salió sin pensar. Me
acercaba cada vez más al fuego que me iba a quemar y sabiéndolo no hacía nada
por evitarlo.
Sus ojos se iluminaron y me dijo –"¿Estás hablando en serio?
– "No acostumbro a bromear con estas cosas, Sebastián. Si te lo digo es porque
realmente quiero que te quedes." Nos miramos, nuestras bocas se buscaron por sí
solas y estuvieron unidas por largo rato.
Bueno le dije, creo que nos merecemos un buen desayuno. Me
dijo que le parecía bien, porque ya estaba sintiendo hambre. Bueno le dije, nos
daremos un buen desayuno pero antes un baño. Me pregunto quién iría primero, le
dije que nadie, iríamos los dos juntos. "Tenemos que economizar", dije
bromeando. Se levantó me extendió la mano y nos fuimos a la ducha. El agua salía
tibia, tomé el jabón y comencé a pasarlo por el cuerpo de Sebastián. Su piel era
muy suave y bien cuidada. Salvo por algunos detalles podía decirse que era una
jovencita adolescente. Después hizo lo mismo conmigo, con un cuidado realmente
digno de elogio. De más está decir que mi sexo ya estaba erecto pidiendo la
ración del día. A pesar de eso impedí que Sebastián hiciera algo al respecto.
–"Más tarde" – le dije. Tenemos todo el tiempo que queramos. Salimos, nos
secamos mutuamente y luego nos fuimos a la cocina, siempre desnudos, no había
necesidad de vestirnos si la ropa no iba a durar mucho puesta. Eso lo sabíamos
sin tener necesidad de decirnos nada. Preparamos unos huevo con tocino y
abundante café. Teníamos tanta hambre que casi no conversamos. Al terminar
encendimos unos cigarros y nos fuimos al living. Me recosté sobre el sofá y le
dije a Sebastián que viniera a mi lado. Se recostó sobre mi pecho abandonándose
como toda una hembrita. El momento no podía ser más sensual, tal vez sería el
sabor de lo prohibido, pero esto me iba gustando cada vez más.
Le pedí que me contara de su vida, mientras lo acariciaba y
recorría con mis manos la suavidad de su espalda. Me contó de su familia, que no
sabía nada acerca de sus inclinaciones sexuales, pero que desde muy pequeño
había sentido atracción por su mismo sexo, que era algo que por más que luchara
contra ello le resultaba imposible. Por ese motivo había decidido estudiar lejos
del hogar para poder estar tranquilo. Sus padres, de clase media, le enviaban
una mensualidad que apenas le alcanzaba, y arrendaba una pequeña pieza por los
suburbios. Estudiaba Construcción Civil en el primer semestre, pero era una
profesión que cada día le gustaba menos. Su vida amoroso, me dijo no era muy
prolífica ya que no encontraba lo que realmente buscaba, además que se reprimía
mucho para no ponerse en evidencia. Sólo había tenido algunos encuentros
casuales y furtivos, pero nada serio. Esa noche había ido a la discoteca ya que
tenía un poco más de dinero. Y que conmigo le había sucedido algo extraño que le
impedía dejar de mirarme. Que se había sentido atraído por mí desde el primer
momento. Después le conté lo que había sucedido conmigo. Me escuchaba feliz por
lo que le decía.
Las caricias comenzaron a intensificarse, ya no quedaba
centímetro de Sebastián que no hubiese besado y el por su parte podía decir lo
mismo. Era una pasión que no entendíamos pero que nos quemaba, nos subyugaba y
no podíamos salir de ella. estábamos entrampados. Sebastián estaba loco de
pasión, como si el dique se hubiese roto de pronto y salía el agua con toda su
fuerza. Me besaba frenéticamente y tomaba mi sexo para devorárselo. Me
incorporé, fui al baño para buscar una crema, al volver lo llevé al dormitorio,
lo puse en cuatro patas. –"Ahora será mi nenita" – le dije. Hice que su cabeza
quedara apoyada en la cama y los brazos hacia atrás. Comencé a encremar su
culito virgen. Sebastián tiritaba de ansiedad. Seguramente imaginaba cómo iba a
poder meterse ese monstruo en su colita tan delicada. Con los dedos comencé a
dilatar su esfínter. Sebastián se arqueaba de placer y gemía débilmente. Cuando
estimé que estaba listo, acerqué la cabeza de mi miembro y la centré en medio de
su esfínter. Sebastián se tensó. Sería muy difícil y doloroso este trámite,
pensé. Le hablaba suavemente, haciéndole saber que no lo iba a lastimar. Que
confiara en mí. Que ese era el precio por desear ser una mujercita. Que lo
trataría con ternura. Que al proncipio le iba a doler un poquito, pero sería
compensado por el placer que sentiría después.
Con mis palabras se relajó un poco. Comencé a presionar, en
realidad estábamos tratando de desafiar todas las leyes de la física. Algo tan
grande y grueso no era como para entrar en un orificio tan pequeño y delicado
como ese. Me apliqué nuevamente y comencé a presionar no había caso, Sebastián
gritaba como un marrano a punto de ser faenado. Que lo dejara, que le dolía
mucho. Sus ojos brillaban por las lágrimas y su frente perlada por el sudor. Me
pedía a gritos que por favor no prosiguiera, que el culo se le estaba
desgarrando. Yo no le hacía caso. Seguía con mucho cuidado, pero ya veía que
debía proceder de otra manera. Era mejor hacerlo sufrir de una sola vez, que
estar torturándolo de a poco. Sebastián abrazaba la almohada, y gemía, diciendo
que él me amaba tanto, por qué yo lo hacía sufrir así. Y pataleaba y pegaba a la
cama con los brazos. Estaba desenfrenándose demasiado, debía proceder con
rapidez. Sin decirle nada, le di un feroz envión, con toda el alma, y la cabeza
se introdujo en su totalidad. El alarido del pobre Sebastián no se hizo esperar.
Su cara se transfiguró por el dolor. Me dedicó toda la sarta de insultos que
podía conocer. Comencé a calmarlo, le dije que no cabía otra posibilidad. Que ya
estaba adentro y que ahora podía comenzar a sentirse como lo que había deseado
tantas veces: sentirse toda una mujercita. Que para eso debía ser penetrado,
sentir el miembro dentro de él. Que debía estar orgulloso y que sería algo
inolvidable. Que ahora me quedaría tranquilo esperando que se le calme el dolor,
y de a poco se iría transformando en placer.
Logré tranquilizarlo, pero seguía sollozando. Decía que
estaba sufriendo mucho. Que le dolía una enormidad. Yo quieto con mi glande
dentro de él, mientras le acariciaba las nalgas para calmarlo. Así pasamos un
buen rato, cuando Sebastián comenzó a mover su cola de a poquito. –"Ya mi amor",
puedes seguir, quiero sentirte entero dentro de mí. Me hizo sentir mucha
ternura, y suavemente comencé a penetrarlo hasta que ya no cabía más. Comencé a
bombearlo en forma lenta y a medida que Sebastián me exigía más iba apurando el
ritmo y la fuerza. Hasta que llego el momento y me derramé en su interior,
Sebastián que se masturbaba mientras, acabó al mismo tiempo que yo. Salí de su
esfínter y el semen sobrante comenzó a salir por su orificio, era una vista
hermosa contemplas su ano chorreando mi semen entremezclado con manchas de
sangre. Sebastián había sido finalmente desflorado. Su culo ya no era virgen y
había experimentado la sensación de ser una hembra de verdad.
Sebastián se tumbó sobre la cama exhausto. Me coloqué a su
lado. Le pregunté cómo estaba. –"Feliz" – me dijo, "por dos cosas: una porque me
convertiste en mujer y la segunda porque fue contigo. No podía haber sido
alguien mejor." - Le besé tiernamente en los labios y me incorporé, fui al baño
tomé una caja con servilletas de papel y una crema. Limpié el ano de Sebastián,
quité todo el semen y la sangre y lo unté con la crema para que se refrescara.
–"Eres un hombre maravilloso"- me dijo y sonriendo agregó: -" Cada vez que me
siente, me acordaré de ti".
Reposamos un poco y después me dijo que tenía que irse. Ya
que el lunes debía estar temprano en la Universidad. Le ofrecí ir a dejarlo, me
respondió que bueno, así que una vez que estuvimos listos partimos. El pobre no
sabía cómo acomodarse en el auto por lo adolorido que había quedado, pero
trataba de disimular lo mejor posible. Vivía bastante alejado de la ciudad, era
un barrio bastante modesto. Al llegar, antes de bajar quise ofrecerle algo de
dinero. Se disgustó enormemente. Que no lo ofendiera. Nada de lo que habíamos
hecho era por dinero, sino porque lo sentía así. Me arrepentí de haber sido tan
desubicado, le pedí disculpas y quedamos de vernos el próximo sábado en mi
departamento. Nos despedimos de beso y me fui.
La semana pasó rápidamente, especialmente porque tuve que
salir fuera de la ciudad para solucionar un problema con unas propiedades. Pero
el recuerdo de Sebastián no se alejaba de mi mente. El viernes por la tarde me
llamó para preguntarme si podía venir el sábado. Le dije que sí, y ojalá fuera
lo más temprano posible así podíamos pasar el fin de semana juntos. Me dijo que
bueno. El sábado llegó poco antes del mediodía. Se veía radiante de felicidad.
nos saludamos de beso y comenzamos a planificar el tiempo que estaríamos juntos.
Era delicioso tenerlo sentado en mis rodillas, jugando y dándonos besos como una
pareja normal.
Antes que la calentura comenzara a hacer presa de nosotros
mandando al diablo nuestros planes, nos fuimos a almorzar a un pueblito cercano
a la ciudad. Luego nos fuimos al cine y de ahí a un pub a tomar unos tragos.
Llegamos de madrugada al departamento y dimos rienda suelta a nuestros
instintos. En una de nuestras conversaciones supe que estaba de cumpleaños en
dos semanas más. Tomé buena nota de ello para tenerle alguna sorpresita. El
domingo decidimos quedarnos en casa, arrendamos unos videos porno, pedimos pizza
y desnudo en la cama comimos y vimos las películas copiando algunas parte de
ellas. Ya entrada la noche lo fui a dejar a su casa. Por arreglos había unos
desvíos y debí tomar una ruta distinta, sin darme cuenta pasamos por un sector
donde abundan las travestis, estaba plagado de ellas, haciéndonos señas para que
nos detuviéramos. Algunas se veían preciosas, mucho más hermosas que cualquier
mujer. Sebastián no pudo evitar un comentario: -"No imaginas cuánto las
envidio". Ellas se han atrevido a lo que quizá no podré hacer jamás. No le
contesté nada, pero una idea comenzó a rondarme por la cabeza...
La semana siguiente fue basta parecida a la anterior. La
diferencia estaba en que nuestro nivel de intimidad era cada vez mayor. Me contó
que tenía algunos problemas en el lugar donde vivía y que muchas veces la bulla
le impedía estudiar. Le dije que podía venir a mi casa cuando lo deseara. Me
dijo que no deseaba molestarme y que me lo contaba no para eso, sino porque no
tenía a otra persona a la cual contarle sus cosas. Le repliqué que no fuera
tonto, si no podía al menos hacer eso por él, nuestra relación no tenía ningún
sentido. Eso lo convenció y aceptó. Era tanta mi confianza en él que inclusive
le entregué una copia de las llaves para que llegara cuando quisiera. Se
abalanzó a mi cuello dándome de besos.
En la semana habrá ido una dos veces, era muy respetuoso y
cuidadoso, eso me gustaba mucho de Sebastián, jamás transgredió los límites
normales de la confianza. Ya tenía pensada cuál sería la sorpresa que le tenía a
Sebastián. Le daría muerte pata hacerlo nacer de nuevo. El jueves le pedí que me
tenía que dar el sábado y el domingo ya que se avecinaba esa fecha tan especial.
Me dijo que no habría problemas. Incluso se vendría el viernes por la noche. Eso
me dejaba muy poco tiempo, tendría que actuar con rapidez.
Al día siguiente me fui de compras, entré a una tienda de
lencería y compré varias cosas. Una batita negra corta que se ataba con tirantes
y un calzoncito minúsculo . Muchas tangas de diferentes colores y modelos,
portaligas y medias negras. Dos vestido minis elasticados, zapatos que hicieran
juego, jeans elásticos, y todas esas cosas que las mujeres usan para calentar a
los hombres. Todo envuelto en papel de regalo. El cumpleaños era el sábado así
que estábamos bien. Además tenía otras sorpresas para mi querido Sebastián.
Llegó el viernes y Sebastián apareció como a eso de las 10 de
la noche. Se notaba de muy buen semblante. La verdad que mi casa ya era como la
suya, sabía perfectamente donde estaba todo y que tenía plena libertad para
hacer lo que quisiera. Hasta ese grado llegaba mi confianza con él. Nos
saludamos preparó café y nos sentamos en la sala. Me pidió un cigarrillo,
fumamos ambos. Entonces comencé a decirle: "Sebastián, en estas semanas, desde
que nos hemos conocido, nuestra relación se ha ido haciendo más profunda. La
verdad es que no puedo terminar de comprender lo que me ha sucedido contigo. Has
llenado mis días de una manera increíble y diría que inclusive me has
rejuvenecido. No sé si lo que siento por ti es amor, si no lo es debe ser algo
muy cercano. El afecto que siento por ti es inmenso y sólo deseo que te sientas
bien y feliz. Es por ello, que hoy día, espero no equivocarme, será el inicio de
lo que me gustaría fuera tu nueva vida. Sebastián me miraba con cara de asombro.
Quiero que vayas al dormitorio. Todo lo que veas allí es tuyo. No pude esperar
hasta mañana. Sebastián se levanto, abrió la puerta del dormitorio y lanzó un
chillido de sorpresa y alegría. Lo dejé que tomara su tiempo, sin duda que había
dado en el clavo. Al cabo de un rato entro al dormitorio, Sebastián estaba
tendido en medio de la cama rodeado de toda la lencería y abrazaba un vestido
contra su pecho. "Parece que te gustaron los regalos" – le dije. "Preciosos mi
amor, preciosos. Es difícil no amar a un hombre como tú". Y me abrazó dándome un
beso.
Ahora viene la parte más importante de todo esto, le dije.
Mañana es tu cumpleaños, por tanto quiero que Sebastián se muera. Me miró
intrigado. ¿Cómo es eso? – Me dijo. Lo que oíste. Quiero ayudarte a que aflores
la mujer que hay en ti, y asumas verdaderamente tu verdadero rol. Me miró
confuso, la verdad me dije, siempre ansié algo así, pero ahora que me ofreces
esa posibilidad me dejas atónito, no sé qué decir. Y guardó silencio, pensando
intensamente. Sebastián , le dije tienes que decidirte, si lo deseas realmente
tengo los medios y recursos necesarios para ayudarte. Es más, mañana vendrá una
maquilladora para que te enseñe algunas cosas, y te deje como debe ser para tu
primera salida real como mujer. Si no puedes contestar ahora no te preocupes.
Decídete después de tu experiencia de mañana. ¿Te parece? Además si aceptas
quiero que salgas de ese lugar donde vives y te vengas conmigo. Aquí nada te
faltará. –"Pero.. si yo te acepto eso ¿qué pasará con la Universidad?" –
preguntó. – Bueno, le dije ese es problema tuyo como lo solucionas, o si quieres
te retiras y yo te pago los estudios que desees realizar. Me has dicho antes que
no te gusta lo que estás estudiando, a lo mejor podría ser algo más acorde a tu
nueva condición. Además si aceptas, quiero que tu nombre sea Melissa.
–"¿Melissa? " – "Me gusta ese nombre" – dijo.
Pasada la emoción del momento, nos fuimos a la cama, hicimos
el amor y abrazados dormimos como dos niños.
El sábado nos levantamos tarde, la maquilladora llegó como a
eso de las 7 de la tarde. Sebastián estaba muy nervioso. La señora no se inmutó
por lo que se le pedía, además ya habíamos fijado los honorarios y sabía muy
bien lo que yo deseaba: que convirtiera a Sebastián en una verdadera mujer. Se
ubicaron en el dormitorio, sacó todos sus útiles necesarios. Yo me fui al
dormitorio a ver TV, a la sala para dejarla trabajar tranquila.
Me puse a ver una película, me quedé dormido un rato. Como a
eso de las 9 salió la señora sonriente, al ver mi cara de expectación sonrió y
me dijo: "Ya va a salir. Esta terminando de vestirse". Le agradecí, extendí el
cheque por sus honorarios y se marchó. De Sebastián no se oía absolutamente
nada. Me acerqué a la puerta y le dije –"¡Sebastián! – una voz me dijo: "No
está. Soy Melissa". Esa respuesta me sacudió por entero. Me pidió que apagara la
luz. No se podía ver absolutamente nada. Cuando lo hice me senté mirando hacia
la puerta del dormitorio. Sólo se podía distinguir sombras. Sentí que la puerta
se abría. –"¿Estás listo? – Me dijo. –Asentí. Prendió la luz y no podía creer lo
que veía. Una mujer hermosísima esta frente a mí. El maquillaje resaltaba
primorosamente la belleza de su frágil rostro. Sus labios perfectamente
delineados invitaban a ser besados. Se había puesto el vestido elasticado que
resaltaba muy bien la forma de su cuerpo. Abrió los brazos y se dio media
vuelta. La forma de su cola era divina y apenas se distinguían los elásticos de
su tanga.
"Melissa" – le dije – "Estás preciosa ». –"Gracias me dijo.
Gracias porque sin ti esto no seria posible. Estoy dichosa. Y partió a mirarse
en el espejo una vez más. "Vanidosa como todas las mujeres" – le dije. "Me da
pena tocarte. No quiero estropear tanta belleza". Melissa sonreía, mostrándome
la blancura de sus dientes. Bueno mi amor, ahora que estás lista tenemos que
salir a cenar y después a bailar. Tenemos un cumpleaños y un nacimiento que
celebrar. Me arregle rápidamente, la tomé de la mano y nos fuimos al restaurante
más elegante que había. Quería que ella sintiera todo el galanteo que le agrada
tanto a las mujeres. Abrirle la puerta del auto. Acomodarle la silla. En fin
toda esa serie de detallitos en que las mujeres se fijan tanto. Sus piernas
estaban maravillosas. Era una chica que no pasaría inadvertida en la calle.
Una vez que cenamos, nos fuimos a una discoteca. Bailamos
casi sin parar. Era otra persona. Realmente se la veía feliz. En los lentos
bailábamos muy apretados y su cuerpo se pegaba a mí como si fuéramos uno solo.
Sus ojos brillaban de felicidad y agradecimiento. No puedo negar que eso me
hacía inmensamente feliz a mí. Había ayudado a sacar la mujer que tenía
escondida.
Ya cansados nos fuimos a la casa. Al llegar, destapé una
botella de champagne y bebimos a su salud. Puse mi mano al bolsillo, saqué un
pequeño cofrecito, era un anillo de compromiso, me arrodille a su lado y le
dije: "Melissa. Quiero que seas mi mujer" Esa última sorpresa si que no se la
esperaba. Se emocionó. Sus ojos se pusieron muy brillantes y me respondió: -"Hoy
me has hecho sentir la mujer más hermosa y querida del mundo. Antes sólo podía
imaginarlo, pero tú te has encargado de hacer mis sueños realidad. Además has
sido el primer hombre de mi vida. Nada me importa ya. Sólo deseo estar a tu lado
y hacerte feliz. Sí mi amor. Acepto ser tu mujer." Y se colocó el anillo en el
dedo.
Desde ese instante Melissa no salió más de la casa. Fue la
dueña de casa. Eso sí la hice estudiar en el mejor instituto de belleza y
después de dos años se graduó con honores. Le instalé un Centro de Belleza que
es suyo, ya me devolvió el dinero con lo que ha ganado. Así lo quiso ella. Y le
va en la vida muy bien. Por esas causas del destino nos separamos pero de buenas
maneras. Y de pronto nos llamamos o nos juntamos para conversar o ir a cenar.
Con los años se ha puesto una mujer mucho más hermosa e interesante. Tiene su
pareja estable y al parecer es muy feliz. Yo me siento afortunado de haberme
cruzado en su vida y haberle ayudado a ser lo que ahora es. esta es mi historia
que desde hace mucho quería compartir con ustedes.