- En primer lugar quería
que ingresara el pagaré en el banco y luego que pidiera médico,
al doctor Clake, que se pasara por aquí cuando pudiera.
- Te pasa algo?. Preguntó
Blanche alarmada ante la petición de Richard.
- No, no es para mi, es para ti.
- Para mi, por que?.
- Se aproxima el tiempo del nacimiento
del niño y es conveniente que el médico te vea.
- Eso es una tontería, me
encuentro perfectamente.
- Estupendo, pero es mejor que el
médico te vea.
- Perdone que intervenga sin haberme
consultado. Dijo Norman. Pero creo que su marido tiene razón, señora
Benson.
- Las negras paren todos los días
sin médico. Replicó Blanche.
- Esos animales son distintos a
nosotros. Dijo Richard, a pesar de eso, de vez en cuando muere alguna de
parto.
Blanche hubo de reconocer que Richard
tenía razón, en el tiempo que ella llevaba en la plantación
lo menos cuatro habían muerto en el momento de traer a sus mamones
al mundo o en complicaciones posteriores.
- Además es conveniente que
después que te haya atendido a ti atienda también al niño
después de nacido.
Esta última razón
término por convencer a Blanche que si bien, no creía necesario
que el médico la atendiera a ella, consideraba imprescindible que
atendiera a su hijo posteriormente.
Vencidas las últimas reticencias
de Blanche, Norman se atrevió a intervenir de nuevo.
- De todas maneras señor
Benson, se nota que hace ya muchos años que ustedes no llaman al
médico.
- Por qué?.
- El viejo doctor Clake hace dos
años que murió pero anteriormente ya hacia tres o cuatro
que no atendía a ningún enfermo. En su lugar actuaba el doctor
Pearson, él se quedó con la clientela cuando el viejo doctor
Clake murió.
- Yo no he llamado jamás
al médico, aclaró Richard. Bueno sí, aunque yo no
le llamé, si vino para mi cuando era niño, cuando lo del
accidente, entonces vino muchas veces, y cuando murió mi madre también
vino unas pocas. Que tal es el nuevo doctor?.
- Es joven, pero según dicen
es mucho mejor que el viejo, el viejo era bueno cuando no estaba borracho,
pero tenía el defecto de beber demasiado.
- Y el nuevo?.
- Ese no bebe, nadie recuerda jamás
haberle visto en la taberna.
Mientras los hombres hablaban Blanche
pensaba en lo mucho que había cambiado su vida en poco tiempo. Ella
que nunca visto a un médico, ella que cuando fingió encontrarse
enferma en la taberna de Moisés el único consuelo que pudo
obtener fue la visita a un curandero, se ocupaba ya del bienestar y la
salud de su hijo, aun no nacido.
Por fin quedó acordado que
Norman avisaría al doctor Pearson, después Norman volvió
a cargar la carreta y se perdió por el camino. El doctor Pearson
llegó dos días más tarde y con una autoridad y seriedad
que impresionó a Blanche la hizo un profundo y amplio reconocimiento
además de hacerla mil preguntas sobre sus dolencias habituales,
las enfermedades de su infancia y muchas otras preguntas que Blanche no
fue capaz de responder por desconocimiento.
De todas sus respuestas el doctor
Pearson tomaba buena nota en un papel que sacó de su cartera.
Algo que extrañó a
Blanche fue el notar que el reconocimiento del doctor Pearson la causó
un cierto pudor, una vergüenza de la que creía estar curada
por los largos años dedicada a la prostitución.
- Bueno, señora Benson al
parecer no hay ningún problema que deba preocuparle, es casi seguro
que su hijo nacerá bien y fuerte.
Tan solo tiene que preocuparse de
una cosa. Cuando sea posible, compre usted una pieza de tela grande, como
para poder sacar de ella cuatro o cinco sábanas, no use sábanas
viejas, siga mi consejo, y cuando se acerque el momento no dude en llamarme.
Pero como vivimos demasiado lejos
como para que yo llegue a tiempo, tenga preparadas las sábanas,
que antes habrá debido lavar en agua hirviendo y estos polvos, dijo
sacando un envoltorio de su cartera.
Es un desinfectante. Supongo, continúo,
que en una plantación con tantas hembras habrá alguna que
haga de partera. Bien, haga que ella la atienda y ayude, pero no permita
que la toque sin que antes se haya lavado las manos y los brazos con los
polvos, la misma precaución debe tomar con todos los trapos o el
agua que sea necesaria emplear. Si sigue mi consejo, casi seguro que cuando
yo llegue lo único que tendré que hacer será felicitarla
por el guapo mozo que haya usted traído al mundo.
Tanto Blanche como Richard se sintieron
reconfortados por las esperanzadas palabras de doctor Pearson. Pero Richard,
ya cuando se despedían le hizo una pregunta que seguramente debía
rondarle por la cabeza desde hacia mucho.
- Doctor Pearson, puede que el niño
nazca con alguna deformación?.
- Ha tenido usted algún antepasado
deforme, señor Benson?.
- No, hasta donde yo sé,
ni mis padres, ni mis abuelos tuvieron deformación alguna.
- Dígame señor Benson
lo suyo es de nacimiento?.
- No, lo mío fue de un maldito
accidente.
- Entonces señor Benson,
puede usted dormir tranquilo, las posibilidades de que su hijo nazca deforme
son prácticamente nulas pero, si por desgracia ocurriese, no tendría
nada que ver con usted. Richard respiró aliviado como si le acabaran
de quitar un gran peso de encima.
El doctor Pearson se marchó
dejándoles una gran tranquilidad y una buena dosis de optimismo.
Cuando Norman regresó para
recoger de nuevo la mercancía les confirmó que había
ingresado el pagaré en el banco y que en éste lo habían
dado por válido sin ningún problema.
Al parecer el señor Tarner,
el comprador de perfumes, era conocido en todos los bancos de los alredores.
Por su parte, los Benson, le informaron
de la estancia del doctor y de la buena impresión que les había
causado. Cuando Norman salió de Viento del Norte llevaba el encargo
de comprar quince metros de la más fina pieza tela para sábanas
que pudiera encontrar.
A la caída de la tarde de
ese mismo día un hombre ya mayor, vestido de negro, con lentes y
un alto sombrero hongo llegó hasta la plantación montado
en un brioso caballo.
- Conocen ustedes ésto?,
preguntó el recién llegado, a modo de presentación.
- Si, contestó Blanche al
reconocer uno de los frascos que Norman había vendido hacia unos
días al señor Tarner. Hay algún problema?
- Ninguno en absoluto, señora
mía. Es usted quien fabrica el perfume?. Preguntó el hombre.
- Si, se fabrica aquí. Por
que?.
- Verá señora, Soy
George Doyle. Digamos ... que un amigo del señor Tarner, un buen
amigo del señor Tarner y él me ha autorizado para mantener
con ustedes una charla que pudiera ser de lo más provechosa para
todos.
- Soy Richard Benson, y ella mi
mujer, Blanche Benson. Dijo Richard tendiéndole la mano.
- Señor, señora Benson,
Encantado de conocerles.
- Señor Doyle, por que no
desmonta y goza de nuestra hospitalidad. ofreció Blanche un tanto
preocupada ante lo inesperado de los acontecimientos.
- Se lo agradezco señora,
no sabe lo difícil que me ha sido dar con ustedes.
- Tanto interés tenía,
señor Doyle?.
Cuando hayan oído lo que
tengo que decirles ustedes mismos juzgaran si merece o no merece la pena.
Blanche se sentía más
y más intrigada pero el recién llegado no pareció
dispuesto a soltar prenda hasta que no estuvo instalado ante un plato de
suculenta comida.
- En primer lugar me gustaría
saber si el pagaré por mil setecientos dólares del señor
Tarner ha llegado a su poder?.
- Si, el señor Haley nos
lo entregó hace unos días.
- El señor Haley parece una
buena y competente persona.
- Trabajamos con él desde
hace meses y nunca ha surgido ninguna pega.
- Ese joven llegará muy lejos
si no se pierde por el camino. En todos sitios donde he preguntado por
él me han dado excelentes referencias, todos han alabado su seriedad
en cumplir sus compromisos.
- Bueno, señor Doyle por
que no nos dice ya lo que tenga que decirnos?. Intervino Richard tan intrigado
como Blanche.
- La juventud, la juventud, siempre
tan impetuosa, no saben dar tiempo al tiempo, ni dar su justo valor a las
cosas. Dijo Doyle mientras mojaba un trozo de pan en la salsa del asado.
Bueno, vamos allá.
El señor Tarner me ha autorizado
a ofrecerles diez mil dólares por la patente de sus perfumes.
A Blanche casi la da un mareo al
oír semejante cifra, tenía conciencia de que lo que fabricaban
sus negras eran bueno, pero no tan bueno como para que alguien ofreciera
semejante cifra.
Sin embargo esta vez fue Richard
quien tuvo más reflejos para reaccionar.
- Le he oído bien, señor
Doyle, ha dicho usted por la patente?. Tanto Blanche como Doyle se quedaron
anonadados. Al joven no le había impresionado para nada la cifra,
él solo hacía referencia a la patente. Una palabra desconocida
para Blanche.
- Si, eso he dicho, señor
Benson.
- Puede ser más explícito,
señor Doyle, cuales serían las condiciones de esa patente.
- Pues muy sencillo. El señor
Tarner enviaría a esta casa una persona de su confianza, para que
ustedes le enseñaran la forma y los métodos que emplean para
la obtención del perfume, una vez que esa persona lo supiera ustedes
ya no volverían a fabricarlo.
A Blanche le pareció un trato
de lo más justo, era mucho el precio que el tal señor Tarner
estaba dispuesto a pagar, por lo tanto debía exigir algo a cambio.
Vio a Richard dudar un momento,
en realidad estaba haciendo un rápido cálculo mental.
- Eso que usted pide, señor
Doyle vale por lo menos cien mil dólares.
Blanche se asombró de cifra
que pedía su marido.
- En ese caso señor Benson
me temo que no vamos a poder llegar a un acuerdo. El señor Tarner
en previsión de que mi primera oferta fuera rechazada me había
autorizado a llegar a un máximo de veinticinco mil, pero como puede
ver queda demasiado lejos de su petición. Pero siempre hay otras
formas de entenderse, no les parece?.
El señor Tarner está
dispuesto a pagar veinte dólares por frasco, siempre que la cantidad
y calidad sea igual que la del perfume anterior en cuanto ustedes se comprometan
a venderle a él y solo a él toda la producción que
puedan hacer.
- Es una forma encubierta de comprar
la patente, no le parece?. Dijo Richard.
- Hombre, tienen ustedes la ventaja
de que si producen más ganan más y si producen menos ganan
menos.
- Señor Doyle me temo que
ha hecho usted un largo viaje en balde, las ofertas del señor Tarner
no nos interesan.
- No lo crea señor Benson,
yo muy pocas veces hago las cosas en balde, aunque solo sea el haber conocido
a una pareja tan maravillosa como ustedes, es ya una compensación.
Pero no desesperemos tan pronto,
todavía tengo otra oferta que hacerles. Que les parece si llegamos
al siguiente acuerdo?.
El señor Tarner se compromete
con ustedes a comprarles todo el perfume que puedan producir al mismo precio
que el anterior, pero con una condición, no habrá intermediarios,
él enviará cada cierto tiempo a una persona que se acreditará
ante ustedes con una carta firmada de su puño y letra, a la que
entregarán el perfume que tengan, esa misma persona les entregará
a cambio el pagaré correspondiente.
- Y nosotros quedamos libres para
vender nuestro producto a quien nos de la gana, no es eso?.
- Así es señor Benson,
pero dudo mucho que encuentren a alguien dispuesto a pagar por su producto
más que el señor Tarner. De todas maneras, yo en su lugar
estudiaría la primera oferta que les he hecho, si cambian de opinión
no tienen más que comunicárselo al señor Tarner.
- Ese ya me parece un acuerdo mucho
más razonable. dijo Richard Blanche no había despegado la
boca en todo el tiempo. No entendía bien por qué Richard
había rechazado la oferta de Doyle pero tenía que reconocer
que él todavía era mucho más rápido que ella
echando cuentas.
De todas maneras no era cuestión
de discutir con él delante de un extraño, ya tendrían
tiempo de hablarlo entre ellos.
- Bien señor y señora
Benson, dijo Doyle cuando hubo terminado de cenar, sintiéndolo mucho
he de dejarles, todavía tengo un largo camino por recorrer.
- De ninguna manera, señor
Doyle, ya casi la noche ha cerrado y no consentiremos que inicie el viaje
a estas horas.
- Señora Benson este viejo
cuerpo esta acostumbrado a pasar muchas noches al raso y no quisiera importunarles
más con mi presencia.
- Le aseguro que no será
ninguna molestia, en Viento del Norte siempre tenemos dispuesta una habitación
para aquellas personas que como usted deseen pasar aquí la noche.
En realidad Blanche no quería
dejar escapar a aquel hombre sin haber tenido la oportunidad de hablar
con Richard para saber las razones de su negativa.
- Echa cuentas Blanche. dijo Richard
tan pronto como se hubieron quedado solos, cuánto tardan las negras
en preparar cien frascos?.
- Unos dos meses y si trabaja Derim
en ello es posible que menos.
Eso nos da unos seiscientos frascos
al año o lo que es lo mismo unos diez mil doscientos dólares
al año, En tan solo dos o tres años habríamos empezado
a perder dinero. Menudo pájaro está hecho el señor
Tarner al ofrecernos diez mil por la patente.
Blanche se quedó asombrada
al comprobar que Richard tenía razón. - Además, por
qué crees que tiene tanto interés en comprarnos toda la producción?.
- No sé.
- Yo sí, no quiere que nadie
más conozca su secreto para evitar que alguien pueda ofrecernos
más.
- Estás seguro que es por
eso Richard?. preguntó Blanche pensando que a pesar de las evidentes
razones de Richard era una pena desperdiciar tanto dinero.
- No, Blanche, no te dejes deslumbrar
por ese dinero, él sabe muy bien lo que hace.
Quizá esta última
razón fue la que convenció a Blanche que Richard tenía
razón. Por qué iba el señor Tarner a ofrecerles tanto
dinero si no era porque pensaba que él podía sacar mucho
más?.
Cuando por fin el señor Doyle
dejó Viento del Norte tan solo habían llegado a un acuerdo.
Todo seguiría igual pero sería suprimido Norman como intermediario,
y que aproximadamente cada dos meses, llegaría a la plantación
la persona enviada por el señor Tarner para recoger la mercancía.
Esto planteó un problema,
en el que básicamente estaban de acuerdo pero que tendrían
que planteárselo al joven Norman.
Fue unos días después,
cuando Norman regresó trayendo la pieza de tela que le habían
encargado, cuando le contaron con pelos y señales la llegada y la
entrevista con el señor Doyle.
Al principio tanto Norman como los
Benson se sintieron confundidos por un detalle que el viejo Doyle no había
aclarado. Cómo había llegado a dar con Viento del Norte?.
Por fin, cuando Richard describió
a Norman el aspecto del hombre la cosa quedó suficientemente clara
al menos en parte.
En el viaje anterior le había
seguido, a prudente distancia un personaje que debía ser el mismo
que el que Richard describía.
De todas maneras Norman pareció
aceptar, con resignación, el quedarse fuera y no participar en la
parte de ganancia que le brindaba el transporte del perfume.
Tuvieron que aclararle que aunque
no participara en el transporte él no perdería la comisión.
Los Benson le seguirían entregando sus dos dólares de comisión
por frasco.
Norman al oír estas palabras
no atinaba a salir de su sorpresa.
- Cómo?. Dijo. No me irán
a decir que me van a pagar por no hacer nada?.
- Por no hacer nada, no. Por haber
conseguido para el perfume un precio que nos permite ser generosos. No
sería justo que sólo nosotros fuéramos los beneficiados
después de ser tu quien ha hecho el trabajo de ponernos en contacto
con el señor Tarner. Dijo Blanche.
Después de estos acontecimientos
Blanche destinó a Derim a sus antiguas tareas tomando la dirección
de Barza y de Nancary con lo que la producción de perfumes recibió
una ayuda inestimable.
Blanche por su parte se encontraba
ya demasiado molesta, preocupada e ilusionada por la inminente llegada
de su hijo al mundo.
Tan pronto como pudo entró
en contacto con Zitane, una de las varias parteras que atendían
a las negras en sus alumbramientos.
Zitane era una hembra de mediana
edad que tenía fama de ser eficiente y limpia.
Blanche la dio instrucciones de
como tenía que preparar las telas y como tenía que actuar
llegado el momento.
Continuará...
Datos del autor/a:
Nombre: Adela.
E-mail: aadelaa@yahoo.com
Fuente: Historia originalmente publicada
en la lista de correo "morbo".
Relato protegido e inscrito en el
registro de propiedad intelectual.