PALOMA MENSAJERA
Por: Horny
No recuerdo exactamente cuando comenzaron a aparecer bajo mi
puerta esas cartas escritas en papelitos de colores guardadas en sobres del
mismo color. Creo que fue pocas semanas después de mudarme al apartamento nuevo
y aunque al principio me sorprendió un poco el recibirlas después hasta las
añoraba.
Dichas cartas llegaban de manera aleatoria, sin importar el
día o la hora, el sobre sin firmar, las letras pulidas y redondeadas.
Generalmente las hallaba al regresar de la calle, prácticamente se me había
vuelto una costumbre mirar al piso apenas abría la puerta para ver si aquella
persona que firmaba simplemente con la letra "P" me había dejado una nueva
misiva.
Bogotá, 30 de noviembre de 2001
Hola, supongo que le sorprenderá enormemente encontrar esta
carta bajo su puerta pero le explicaré los motivos de la misma: Hace pocas
semanas, un domingo a eso de las 8:00 a.m. –lo recuerdo perfectamente porque ese
día tenía un compromiso importante a medio día– me encontraba en mi apartamento
haciendo un poco de aseo, vivo solo por cierto, el caso es que estaba cerca de
la ventana y la ví cuando llegaba con una amiga, ataviadas ambas con ropa
deportiva. Para que lo voy a negar, usted me gusto mucho desde ese mismo
instante. Qué me gusto? Es lógico, hubo atracción física de inmediato, es usted
una mujer muy bella, siempre me han atraído las mujeres de su tipo, pero de
usted me fascino su sonrisa, el brillo de sus ojos, su mirada pícara, sus
caderas que contonea al caminar, el color cremoso de su piel... A partir de ese
día me dediqué a observarla pues descubrí con emoción que no venía solo de
visita sino que ese día se mudaba muy cerca de mí. Hoy me animé a escribirle, se
que es algo loco, a lo mejor estúpido pero fue la única manera que se me ocurrió
para acercarme pues de tanto observarla la conozco un poco y se por ejemplo que
es casada, pero eso no me importa pues por ahora me conformo con mirarla, mas
adelante no se, que pase lo que el destino y usted quiera que pase…P.
Esa primera carta me dejó aterrada pues comprendí que, en el
momento en que menos pensara había alguien observándome quien sabe con que
intenciones, vigilando cada uno de mis movimientos. Durante un tiempo me volví
algo paranoica pero las cartas no dejaron de llegar.
Bogotá, 5 de diciembre de 2001
Hola, en días pasados la ví salir muy elegante, ataviada con
una falda negra corta y una blusa blanca transparente que le dejaba poco a la
imaginación. Casi me da un infarto al verla, tan hermosa estaba que se vio
reflejado en mi entrepierna y le confieso, me masturbé pensando en usted.
Perdóneme si le parezco atrevido, solo me considero una persona sincera.
Quisiera decirle como soy físicamente pero no lo haré por ahora pues temo ser
descubierto. Detrás de estas líneas no se encuentra ningún pervertido, solo
alguien terriblemente solo, con deseos y necesidades como cualquier otro, un
tanto huraño pero de alma sensible y aspiro a darme a conocer un poco por medio
de estas cartas que de algún modo nos unen… P.
Cada hombre que veía en el conjunto podía ser el famoso "P" e
instintivamente les miraba el bulto en el pantalón y me divertía tratando de
adivinar cual de ellos se emocionaba tanto al verme como para meneársela.
Bogotá, 8 de diciembre de 2001
Hola Marcela, hoy gracias a una feliz casualidad supe su
nombre y parezco un tonto escribiéndolo por todas partes. Cada día se algo mas
de usted y a medida que eso pase yo iré mostrándole un poco mi interior,
abriendo una ventana para que usted mire dentro de mí. Le cuento que soy
profesor, tengo casi cuarenta años, siempre he vivido solo pero de un tiempo
para acá eso me pesa más que nunca y aún estoy en la absurda búsqueda de la
mujer ideal por eso nunca me he casado (y por otras razones mas que es su debido
momento le comentaré). Gracias a usted compré hoy mis primeros binoculares… P.
Menuda suerte la mía ser la que encontrara siempre las cartas
y no mi marido, aunque pensándolo bien no era tan difícil pues el casi nunca
estaba en casa. Cada día me sentía mas identificada con "P" pues poco a poco
descubría las cosas que teníamos en común y mis temores con respecto a el se
iban desvaneciendo. Y sobre los binoculares… me imaginé que eran para espiarme
mejor.
Bogotá, 11 de diciembre de 2001
Hola Marcela, ya se acerca la navidad y presiento que la
pasaré solo de nuevo. De un tiempo para acá me he vuelto sentimental y mas en
estas fechas que muchos pasan acompañados. A veces al llegar al apartamento he
imaginado que usted me abre la puerta y me recibe con un beso y un abrazo. He
imaginado que cenamos juntos a la luz de las velas y después en mi cama me
abrazo a una almohada imaginando que es su blanca piel la que acaricio. Aunque
no lo crea hemos dormido juntos muchas veces en mi imaginación donde hacemos el
amor con locura… P.
Me preguntaba como podía escribirme esto una persona con la
cual no había cruzado nunca una palabra… o si?...
Bogotá, 19 de diciembre de 2001
Hola Marcela, estoy particularmente contento hoy. En las
novenas de aguinaldos que se celebraron hoy con todos los vecinos no solo la ví
sino que estuvo a pocos metros de donde yo me encontraba. Pude escuchar su voz y
me sentí en el mismo cielo. Tuve ganas de tocarla, de acercarme a usted para
decirle quien soy aprovechando que estaba sola pero me contuve pues no podía
saber como reaccionaría. Soy un cobarde pero algo muy poderoso me detiene, mas
adelante entenderá porque… P.
Pasó la navidad, el año nuevo y hasta los reyes y las cartas
no dejaron de llegar, cada vez más intensas y aparentemente enamoradas. No las
anexo todas por cuestión de espacio, pero llegaban casi a diario.
Bogotá, 10 de enero de 2002
Hola Marcela, mi propósito para este nuevo año es presentarme
ante usted, decirle quien soy y que pase lo que tenga que pasar aunque le
confieso que la idea me aterra y me dolería mucho su rechazo. Comprendo que no
puedo pedirle nada, no esta usted en condiciones de hacerlo pero si al menos
pudiera tenerla un día con su noche para mí solamente me daría por bien servido…
P.
Bogotá, 22 de enero de 2002
Hola Marcela, te puedo tutear? Ayer en la noche te he visto
mientras te cambiabas, dejaste la cortina abierta y la luz de la lámpara
encendida y ese fue mi mejor regalo. Le daba gracias a Dios por estos
binoculares y por tu descuido. Al decirte esto me arriesgo a que no te descuides
nunca mas y por consiguiente a no volver a verte en ropa interior. Si, en ropa
interior porque por desgracia no pude ver mas allá. Quiero decirte que tu cuerpo
es hermoso, no he hecho otra cosa que pensar en el todo el día, lo he dibujado
con mi mente en cada rincón, he imaginado mis manos recorriéndolo… P.
Bogotá, 24 de enero de 2002
Hola Marcela, será mi imaginación o dejaste la cortina
abierta y la luz encendida a propósito anoche para que yo te viera de nuevo? Es
esto acaso una esperanza, una señal que quieres darme? Pretendes volverme loco?
En la soledad de mi cuarto me masturbo como loco mirándote, te veo en todas
partes y ahora me siento ilusionado gracias a tu actitud. Estaré en mi ventana
esta noche a las 9:00. Deja la luz encendida de nuevo… P.
No era una coincidencia. Había dejado la cortina abierta y la
lámpara encendida a propósito y las posibilidades se iban cerrando. Mi admirador
misterioso debía vivir en alguno de los edificios del frente sin lugar a dudas
pero aún era difícil descubrirlo. En todo caso comenzaba a excitarme el hecho de
sentirme observada y deseada de aquella forma. Esa noche a las 9:00 dejé de
nuevo la luz encendida.
Bogotá, 25 de enero de 2002
Hola Marcela, estoy al borde de un colapso. Anoche a las 9:00
encendiste la luz y eso me anima a dar un paso más. A estas alturas ya te habrás
dado cuenta que me gusta dar pero también recibir en la misma medida. Anoche
sentado desnudo en el alfeizar de mi ventana mirándote me sentí mas cerca de ti
que nunca. Esta nueva forma de comunicación contigo me llena de emoción. Gracias
por dejarme ver mucho mas que tu ropa interior. Al ver tus senos adornados por
esos hermosos pezones gorditos me imaginé saboreándolos. Estaban tan paraditos
por el frío que sentí morir y cuando te agachaste desee con todas mis fuerzas
meter mi cabeza entre tus nalgas y lamer tu concha, beber hasta la última gota
de néctar que imagino desperdiciado en tus noches de soledad. Mi deseo por ti va
en aumento día a día… P.
Me excitaba sobremanera esta nueva faceta de "P", me gustaba
su romanticismo, sus detalles pero también su deseo hacia mí. Hacía tiempo no me
sentía de esa manera.
Bogotá, 26 de enero de 2002
Podrías estar pendiente del altavoz hoy a las 2:00 p.m.?...
P.
Ese día a las 2:00 p.m., colocaron una canción por el
altavoz. La canción era "Mujer contra mujer de Mecano". Me dirigí a la
administración pues la melodía no podía venir de otro sitio que no fuera ese.
Para cuando llegué la canción había terminado y en la administración nadie me
abrió la puerta, solo había un letrero que decía "horario de atención de 8:00
a.m. a 1:30 p.m.". De todos modos no entendí el mensaje de la canción aunque un
presentimiento comenzaba a nacer dentro de mí.
Bogotá, 26 de enero de 2002
Hola Marcela, te gustó la canción que te dediqué esta tarde?
Te ví salir hacia la administración e incluso nos cruzamos en el camino pues yo
salía de allí. No me miraste pues ibas muy concentrada y decidida a encontrarme.
El perfume que usas es delicioso, pero el olor natural de tu piel debe ser aún
más excitante… P.
Cada día estaba mas intrigada. Si hay algo que me excite
aparte del peligro son los misterios, como una atracción morbosa hacia lo
desconocido y este personaje sabía como mantener mi interés. Me moría de ganas
por conocerlo, por ponerle un rostro al cuerpo que había imaginado ya tantas
veces. Sin darme cuenta comenzaba a desearlo sin importar como fuera.
Bogotá, 27 de enero de 2002
Hola Marcela, te cuento algo mas de mí, trabajo con niños
algunos fines de semana en una escuela de deportes. Entre semana enseño en un
colegio durante el día. Parte de la tarde y noche me dedico a escribir y a
pintar. Me gusta pintar retratos y desnudos, especialmente con carboncillo. Te
tengo una sorpresa, espérala mañana… P.
La sorpresa fue dejada en la portería. Era un sobre de unos
0.50 x 0.70 cm., que solo decía Marcela y el número del apartamento. Traté de
indagar con el portero quién lo había dejado pero me dijo que cuando había
llegado en la mañana lo había encontrado que a lo mejor uno de sus compañeros de
la noche sabía algo.
Abrí el paquete y encontré un dibujo de una mujer idéntica a
mi, tumbada estilo la maja desnuda. Me ruboricé al ver el parecido de aquel
dibujo con mi propio cuerpo y en la cara había plasmado ese algo que le da vida
a un rostro pintado; era mi rostro y ese gesto típico mío de media sonrisa.
Guardé el dibujo en un lugar especial junto con las cartas, las flores secas y
los papelitos de dulces que a veces llegaban en el mismo sobre.
Durante varios días no me escribió y lo extrañé mucho… Se
había convertido en una especie de amante secreto, en un fantasma que imaginaba
entrando a mi cuarto en las noches para tomar mi cuerpo para poseerlo por
completo.
Bogotá, 6 de febrero de 2002
Hola Marcela, me ausenté de la ciudad unos días y solo hasta
hoy puedo escribirte. Espero te haya gustado el dibujo que te envié en días
pasados, tengo muchos mas en mis cajones en todas las posiciones imaginables.
Conozco cada uno de tus gestos, se cuando estas triste o contenta con solo
mirarte y de algo estoy seguro, no eres feliz y estas muy sola al igual que yo…
P.
Bogotá, 10 de febrero de 2002
Hola Marcela, me muero de ganas de sentirte cerca de mí. Te
propongo algo… ve al almacén que queda cerca de los edificios, a las 5:00 p.m.,
en la sección ferretería. Te prometo que solo te miraré de lejos… P.
A las 5:00 p.m., estaba en la ferretería mirando con actitud
interesada los flexómetros, puntillas y demás. Una dependiente me ofreció su
ayuda pero yo me negué amablemente y me dediqué a dar vueltas por allí una media
hora. Después me fui un poco decepcionada pues tenía ganas de conocerlo ya.
Bogotá, 11 de febrero de 2002
Hola Marcela, a que no adivinas quien fue la dependiente que
te atendió ayer en la ferretería? Si, era yo, una amiga me prestó uno de sus
uniformes y me atreví a acercarme a ti. Es la ocasión en la cual hemos estado
mas cerca, lástima que no te hayas dejado atender por esta falsa dependiente, me
hubiera gustado estar un rato mas a tu lado… Ese es mi gran secreto, no soy "el"
sino "ella", te asusta un poco la idea de que una mujer esté enamorada de ti? O
quizás te excita?. Lo pensé mucho antes de decidirme a confesarte la verdad,
pero ya no puedo mas, que pase lo que tenga que pasar... P.
Traté de recordar como era y lo logré pero no en detalle.
Medía aproximadamente 1,65, blanca, rellenita, de cabello rubio a la altura del
hombro, pero su rostro no lo recordaba muy bien, creo que si la viera de nuevo
no la reconocería. De todos modos quedé algo impresionada al saber la verdad
porque durante todo ese tiempo estuve casi segura que era un hombre y no una
mujer quien me escribía salvo por la extraña dedicatoria de la canción. En todo
caso la idea me excitaba, en alguno de mis relatos mencioné que alguna vez hacía
muchos años había tenido una relación esporádica pero intensa con una mujer. A
raíz de eso había querido repetir la experiencia y esta podía ser la oportunidad
aunque involucrarme afectivamente con una vecina podía llegar a ser
contraproducente.
Bogotá, 14 de febrero de 2002
Hola Marcela, no se que opines de lo que voy a proponerte
pero siento que no puedo esperar un día mas. No quiero comprometerte ni mucho
menos meterte en problemas pero quisiera que nos conociéramos hoy en persona. Si
puedes y quieres ve hoy a la cafetería del almacén, a las 6:00 p.m. Por cierto,
mi nombre es Paloma.
Bogotá, 15 de febrero de 2002
Hola Marcela, ayer fue uno de los mejores días de mi vida. A
las 6:00 p.m. en punto estabas sentada en el café esperándome. Noté tu ansiedad
y nerviosismo y no te hice esperar. Me acerqué a ti nerviosa también y me senté
a tu lado sin decirte nada en un principio. Fue una charla amena y concisa. Al
terminar nuestro café vinimos a mi apartamento, al fin sabes donde y como vivo.
Mi fantasía se materializó sentada en mi sofá preferido. Lo demás ya lo sabes…
Paloma.
Me senté en el sofá y ella se sentó a mi lado. El deseo
flotaba en el aire en medio de las dos. Nadie me esperaba en la casa y teníamos
mucho rato para estar las dos solas. No sentía que estaba con una desconocida,
al contrario, por medio de sus cartas y detalles la había conocido lo suficiente
como para estar con ella sin temor como si fuera una vieja amiga.
Sin saber porque, como si una fuerza poderosa me lo ordenara
me desnudé por completo y ella comenzó a pintarme como si fuera parte de un plan
del destino. Comprendí entonces lo que debió sentir la personaje principal de
Titanic al ser observada centímetro a centímetro, al ser el objeto de un deseo
tan grande y protagonista de la fantasía de aquella mujer que me miraba de tanto
en tanto para volver a su dibujo. Sus ojos no querían separarse de mi cuerpo y
sus manos temblaban un poco pero el resultado fue impresionante, pues logró
plasmar en el papel no solo una imagen sino el deseo y la pasión que ahora ella
sabía que yo sentía también. Me comentó mirando por la ventana que mi esposo
había llegado así que preferí vestirme e irme para evitar problemas.
Pasaron varios días en los cuales no hablamos pues entré en
una especie de shock, no sabía si entregarme a lo que comenzaba a sentir por
Paloma o dejarlo todo y seguir con mi "vida". Ella al parecer comprendió esta
situación porque no volvió a escribirme, fue paciente y espero a que yo
resolviera mis conflictos internos.
Bogotá, 9 de marzo de 2002
Hola Marcela, anoche a las 11:00 p.m. llamaron a mi puerta y
eras tu, ataviada tan solo con un abrigo y bajo el, tan solo tu piel desnuda. Lo
de anoche fue el mejor regalo que me has podido dar… Paloma.
Esa noche estaba sola mirando a su ventana desde la mía. La
luz estaba apagada pero sabía que estaba ahí, así que me quité la ropa y me puse
un abrigo remedando lo que he visto en mas de una película. Me dirigí a su
puerta y timbré. Ella me abrió de inmediato como si me esperara y entré sin
demora aunque por la hora era difícil que algún vecino me viera. Me acerqué a
ella de inmediato, ya estaba cansada de cartitas y dibujos, era hora de la
acción.
Tomé con una de mis manos su cara y la besé largamente. Fue
un buen beso, lento, tierno y extremadamente dulce. Su boca pequeña jugueteaba
con la mía sin prisa y su lengua buscaba mi lengua para entrelazarse en una
danza sin final.
Comenzamos a desvestirnos mutuamente, aunque el trabajo de
Paloma fue mas fácil porque yo solo llevaba encima mi abrigo. Sin embargo me lo
quitó tan lentamente que casi me pongo a gritar. Ella estaba ataviada con una
pijama de una sola pieza la cual ayudé a sacar por la cabeza.
Detallé su cuerpo, el cual no estaba nada mal, pechos algo
caídos los cuales me parecen muy bellos también, adornados por pezones enormes
que invitaban a pegarse para mamar y mamar eternamente, cintura estrecha y
amplias caderas. Su trasero era suave al tacto y redondito; lo apreté con mis
manos suavemente por encima de la ropa interior.
Continuamos allí de pié besándonos un rato mas, yo desnuda y
ella aún con bragas. Acaricié su conchita por encima de las bragas ya húmedas,
pasando mi dedo índice a lo largo de toda la rajita, ida y venida varias veces y
de su boca salió incontrolable un pequeño gemido. Ella hizo lo propio bajando su
mano hasta mi chochito y frotándome un poco con sus dedos fríos, empapándose en
mis fluidos que ya comenzaban a aparecer.
Me llevó entonces a su cuarto para estar mas tranquilas
tomadas de la mano como si existiera el riesgo de perdernos, mas mis intenciones
eran pasar toda la noche a su lado y despertar en sus brazos.
Nos acostamos frente a frente y en su mirada pude leer la
adoración que sentía por mí. Comenzó a acariciar mi cabello y mi cara con una
mano mientras la otra acariciaba mi cuello e iba bajando por mis hombros y
brazos para de allí pasar a mis pechos que ya estaban preparados para recibir
sus caricias. Hábilmente, empleando ahora ambas manos, comenzó a acariciar mi
pecho, muy suavemente como no lo había hecho nunca ningún hombre.
Sus caricias trajeron a mi memoria las ocasiones en que
jugaba con mi mejor amiga a los 12 años, con la diferencia que ahora estaba en
brazos de una completa experta en la materia y no estaba jugando.
Me susurró al oído que me estuviera quieta mientras tanto,
que ella me enseñaría como amar a una mujer –al menos como ella sabía hacerlo-
pues estaba segura que era mi primera vez con una. Así que cerré los ojos y me
dejé hacer.
Tomó mis brazos y los elevó por encima de mi cabeza y comenzó
un pequeño juego en el cual alternaba caricias en zonas comúnmente erógenas con
otras mas descuidadas por algunas personas pero que consentidas de la manera
adecuada podían llegar a ser el detonador de una nueva forma de placer. Así fue
como en un momento sentía sus labios gruesos en mis pezones y un minuto después
se perdía en una de mis axilas como punto de partida para deslizar su lengua por
mi costado haciéndome sentir unas cosquillitas deliciosas.
Con los ojos cerrados no podía saber donde sería su próxima
caricia y eso me emocionaba mas pues cada una de ellas era mas deliciosa y
anhelada que la inmediatamente anterior.
Bajó por mis caderas aspirando el olor de mi piel, posando
sus labios suavemente y deteniéndose de tanto en tanto para acariciar con uno de
sus dedos los cálidos alrededores de mi concha. Cada vez que se acercaba un poco
a mi clítoris deseaba que sus dedos se posaran allí de inmediato y gemía
abriendo un poco mas mis piernas. Ella terminó de separarlas con suavidad
besando el interior de mis muslos. Colocó sus manos bajo mis nalgas para con
esto tenerme a su merced y comenzar a lamer mi concha.
Presentía que por fin sentiría su lengua en mi cueva y le
pedí que se detuviera, quería que ambas disfrutáramos así que le propuse que
para aprender mejor lo que deseaba enseñarme debería practicar con su propia
concha, haciéndole a ella cada una de las cosas que ella me hiciera a mí. Le
pareció una excelente idea y se ubicó encima para hacer el 69.
Ante mis ojos apareció su coño perfectamente afeitado,
completamente distinto al mío el cual llevo al natural. Los labios de su coño
eran gorditos, estaban abiertos y húmedos como invitándome a besarlos pero
esperé a que ella iniciara sus riquísimas lecciones y así corresponder a sus
caricias un segundo después que me las prodigara.
Estábamos demasiado excitadas como para seguir andando por
las ramas así que ella se dirigió directamente al punto, moviendo su lengua a
velocidades insospechadas haciendo que mi cueva vibrara de placer. Me tenía
fuertemente agarrada por las caderas mientras con su lengua completamente
hundida en mi sexo me hacía casi alcanzar la gloria. Yo correspondía lametón con
lametón y beso con beso como mejor podía improvisando a veces para sorprenderla.
Su clítoris estaba enorme, palpitaba en mi boca, lo tomé
entre mis labios llenándolo de saliva, sin dejar de acariciarlo con mi lengua
mientras su orgasmo duró, largo y pleno. Cuando yo me corrí cerré los ojos de
nuevo pegando su coño a mi boca de nuevo y agradeciéndole con decenas de besos.
Nos acostamos frente a frente de nuevo aún calientes, ya
estando encarriladas no queríamos detenernos así que nos besamos de nuevo en la
boca compartiendo nuestros respectivos fluidos. Las caricias se fueron
acelerando a medida que la pasión se incrementaba y se desviaron a todo nuestro
cuerpo, incluso nuestros pies se acariciaban mutuamente.
Introdujo su rodilla entre mis piernas frotando mi sexo con
ella y resbalando luego toda su pierna una y otra vez mientras halaba mis
pezones con firmeza entre dos de sus dedos.
Se ubicó entonces de tal manera que nuestros sexos quedaron
frente a frente y comenzamos a frotarnos con frenesí, jadeando y suspirando,
haciendo estremecer la cama y la habitación entera.
Un nuevo orgasmo nos dejó vencidas y muy juntas de nuevo
entre las sábanas, acariciándonos el pelo y besándonos dulcemente en los labios
y en los párpados.
Era muy tarde y nos quedamos dormidas. El nuevo día nos
sorprendió desnudas y estrechamente abrazadas.
Paloma amaneció cachondísima y se le ocurrió comenzar el día
penetrándome. Sacó un panty pene de un cajón, de esos que alguna vez había visto
en un sex shop y se lo puso. Se veía graciosa con ese aditamento, pero el probar
algo diferente me emocionó. Abrí coquetamente mis piernas invitándola a
introducir el falo en mi cuevita. Comenzó a juguetear en la entrada con la verga
de goma, rozando mis labios y clítoris. La tomé entre mis manos, se sentía fría
al tacto y la punta ya estaba lubricada con mis jugos. Bajo la verga quedaba
justo el espacio para acariciar la también húmeda concha de Paloma así ambas
disfrutábamos de nuestras mutuas caricias.
Me metió el pene lentamente y al principio lo sentí algo
ajeno, sensación que desapareció prontamente gracias a las hábiles
manipulaciones de Paloma, que se movía encima mío como todo un hombre a la vez
que acariciaba mi clítoris.
La tomé de las nalgas pasando mis dedos por las correas del
artefacto. Luego mis dedos juguetearon con el orificio de su ano mientras
disfrutaba de lo lindo con sus embestidas casi profesionales. Mojé un dedo con
saliva para volver a su culito e introducirlo allí, cosa que a Paloma le encantó
haciendo que acelerara sus movimientos.
Estuve con ella toda la mañana probando diferentes posiciones
y juguetitos. Perdí la cuenta de todos los orgasmos que logró arrancarme.
Nuestra relación no terminó allí, apenas comenzaba y sus
clases de anatomía femenina apenas iban en el primer capítulo. Mi palomita
mensajera continuó dejando cartas bajo mi puerta y dibujando mi cuerpo con la
diferencia que ahora tenía siempre a la modelo que después de cada trazo le
enviaba un beso desde el sofá.