Por unos momentos Norman miró
azarado hacia Blanche.
- Si vaya y mire cuanto quiera,
yo tengo cosas que hacer, nos reuniremos más tarde.
Dijo Blanche sabiendo que el joven,
nunca se atrevería a palpar a los negros en su presencia e, inició
una discreta retirada que la condujo directamente hacia sus habitaciones,
desde donde no se perdería detalle de la actuación del joven
Norman.
Al parecer, Richard había
preferido no acompañar al joven pero Blanche estaba segura de que
al igual que ella, estaría observando todo desde la ventana del
piso bajo.
Norman empezó por dar unas
pocas vueltas alrededor de cada negro haciendo una primera observación
visual de la mercancía.
Blanche recordó como los
posibles compradoresm o simples curiosos, observaban a los negros en los
corrales y mercado de Natchez. Luego se agachó y tomando una piedra
la tiró a lo lejos.
-¡Tráela corriendo!.
Ordenó secamente a Runame.
El joven negro dudó un instante
y, luego partió raudo a cumplir la orden de aquel desconocido. Después
de correr unos pocos metros, se paró tratando de encontrar el objeto
que Norman había arrojado hasta que vio una piedra, que bien podía
ser la que había arrojado el blanco.
Con la agilidad de los pocos años
se agachó flexionando las piernas, cogió el objeto del suelo
y volvió a la carrera tal como le habían ordenado.
Blanche sabía que la piedra
no era la misma, ya que desde su observatorio, la había visto ir
mucho más lejos pero aquello, debió de carecer de importancia
ya que Norman se dio por satisfecho, en realidad lo que buscaba era ver
si las piernas del negro funcionaban de forma correcta y si no se cansaba
excesivamente.
Repitió la operación
con Quity, pero esta más reticente, apenas si hizo el menor esfuerzo
por correr, antes de traer a Norman una piedra cualquiera.
Insatisfecho, el joven la hizo repetir
la operación cuatro veces antes de quedar satisfecho de sus observaciones.
Después se encaró
con la negra y sin el menor titubeo deslizó de sus hombros el sayón
que la cubría. La negra quedó desnuda tratando de cubrir
con una mano su pubis y con la otra y el brazo sus pechos. Norman, de nuevo
dio dos vueltas alrededor de ella antes de retirar con suavidad, pero con
firmeza, la mano que protegía sus pechos, las dos manos de Norman
palparon los senos de la esclava buscando bultos ocultos entre las apretadas
y suaves carnes.
Luego dio la vuelta a la negra y
empujándola por el cuello la hizo inclinar el tronco hacia adelante.
Uno de los pies del joven se introdujo
entre los de la hembra indicándola que debía separar las
piernas.
Blanche desde su observatorio vio
como las manos de Norman separaban las nalgas de Quity, mientras con mirada
atenta intentaba descubrir cualquier defecto o enfermedad de la negra,
antes de que un dedo inquisidor, buscara afanoso abrirse paso en la zona
más atrayente e intima.
Debió realizar su objetivo
dado que permaneció un momento en aquella postura. Blanche excitada,
comprendió que aquel dedo palpaba el interior del sexo de la negra
buscando imperfecciones o enfermedades. Finalmente extrajo el dedo oliéndolo
reiteradamente a continuación. Era una forma de comprobar que la
hembra no padecía enfermedad contagiosa.
Blanche se sentía excitada
y lamentó no tener a mano al menos a Tiara para que la brindara
el pobre consuelo de su lengua.
Norman volvió a dar la cara
a Quity y la ordenó abrir la boca, con mirada escrutadora, el joven
buscó en su dentadura las negreces de las caries y, finalmente introdujo
en ella el mismo dedo que acababa de sacar del sexo para comprobar los
huecos de las piezas que pudieran faltarle.
Después se encaró
con Runame ordenándole bajarse los amplios calzones.
Después de una ojeada general
se situó detrás del negro ordenándole tomar la misma
postura inclinada que había ordenado a Quity.
Después de separarle las
nalgas y observarle unos instantes su mano tomó los genitales del
negro palpándolos detenidamente.
Más tarde reviso su boca
de la misma forma y dio por concluida la revisión de la mercancía.
Desde la habitación, Blanche
le vio regresar a la casa y esperó un tiempo prudencial antes de
reunirse con ellos.
Unos golpes en la puerta la sobresaltaron
un poco, por que estaba pensando que, ella no podría reconocer nunca
a un macho como la había echo Norman.
- Qué quieres?.
- Dice el amo que si no está
ocupada que baje?.
- Dile que ahora mismo voy.
Poco después se reunía
con los dos hombres que en esos momentos hablaban ya del precio de los
negros.
- El señor Haley parece más
inclinado a comprar a Quity pero, no nos ponemos de acuerdo en el precio.
- Cuánto ofrece usted?, señor
Haley.
- Le estaba diciendo a su marido
que no creo que la hembra valga más de ciento cincuenta dólares
y, el insiste en que vale más de doscientos.
- Como es lógico estoy de
acuerdo con mi marido.
- Es posible que tengan ustedes
razón, la hembra es joven y sana, pero si les diera el precio que
me piden me quedaría sin un dólar. No sé cuanto tiempo
puedo tardar en venderla y, durante todo ese tiempo tendría que
dejar de comprarles a ustedes los huevos y faltaría a mis compromisos
con los clientes.
Blanche se quedó asombrada
por la sinceridad de las palabras del joven y, pensó que no era
bueno poner en peligro la palabra de Norman ante sus clientes. Si él
perdía ellos también perderían.
- Señor Haley. Reconoce usted
que la hembra vale los doscientos dólares que le pide mi marido?.
- Sí, es seguro que los vale.
- En ese caso no veo ningún
problema. Se la vendemos en doscientos pero no nos tiene que pagar más
que ciento cincuenta ahora, los otros cincuenta nos los dará cuando
haya vendido la negra.
Un mes le parece tiempo suficiente
para hacer la venta?.
- Si, supongo que un mes es tiempo
más que suficiente.
- En ese caso estamos de acuerdo
si es que mi marido no pone ningún inconveniente?.
Blanche sabía que Richard
estaba de acuerdo pero quería que fuera él quien dijera la
última palabra.
- Por mi no hay inconveniente, si
es que a Norman le parece bien?. Como toda respuesta el joven tendió
la mano hacia Richard y éste la estrechó fuertemente.
Tardaron poco en redactar el documento
de venta y cuando Richard dio por concluida la operación, Norman
pareció ligeramente desconcertado.
- Pasa algo?. Preguntó éste
al ver el desasosiego del joven.
- Sí pasa, supongo que debíamos
redactar el otro documento por que les quedo deudor de cincuenta dólares
a pagar en el plazo de un mes.
- Señor Haley, tanto mi esposa
como yo le consideramos un caballero, es usted muy joven, pero es ya un
auténtico caballero, por lo tanto no es necesario que firme nada.
Para nosotros es más que suficiente con su palabra.
- No se pueden imaginar lo agradecido
que les quedo, les aseguro que no se arrepentirán. Dijo Norman mientras
tomaba el sombrero para despedirse.
Blanche vio como la carreta de Norman
se alejaba hacia el camino con la hembra llorando tras ella mientras repetía
incansablemente.
- Mi hijo, ... mi hijo.
Esto recordó a Blanche que
debía ordenar a Lama, que una negra que estuviera criando en esos
momentos, se hiciera cargo del mamón de Quity.
Cuando la carreta se perdió
de vista, Blanche tuvo el convencimiento de que Norman, no caminaría
mucho rato sin apartarse del camino y retozar sobre la negra.
Era incluso posible que, como compensación
al mamón del que la había separado la hiciera otro para que
se consolara.
Ocho días más tarde
la deuda de Norman quedó saldada. Había vendido a Quity y
en el siguiente viaje les compró a Runame.
Esto no fue más que el comienzo
ya que Norman empezó a comprarles negros cada tres a cuatro viajes.
Los primeros en ser vendidos fueron
aquellos que no habían cumplido con su orden pero tras ellos fueron
varios más.
A finales del verano, cuando su
vientre estaba ya francamente abultado, Blanche por intermediación
de Norman se enteró de que en un pueblo llamado Santa Joana, había
una fabrica de envases de vidrio.
Era algo que la preocupaba desde
que había visto que sus perfumes tenían aceptación.
Evidentemente no se les podía sacar su justo precio si no tenían
un envase adecuado. No se podía llevar el perfume en una garrafa
y esperar que lo pagaran bien.
Recordaba haberlo comentado una
vez con Norman, pero nunca creyó que el joven lo tuviera en cuenta
y menos que se preocupara de ello.
Al regresar del siguiente viaje
Norman regresó trayendo cinco modelos de frasco distinto, para que
Blanche pudiera elegir él, o los que le parecieran más interesantes.
Con profunda emoción eligió
dos modelos, cierto que se sentía emocionada, pero no fue consciente
en aquellos momentos que con la elección, estaba plantando la semilla
de lo que en el futuro sería una próspera empresa de perfumes.
Eran unos frascos chiquitos pero
de delicadas formas muy a tono con lo que iban a contener.
Unos días más tarde,
Norman entregaba a Blanche cincuenta de cada uno de los frascos elegidos,
al tiempo que la rogaba que le autorizara para encargarse de su distribución.
Al parecer el joven tenía ya una ligera idea de a quien dirigirse
en un pueblo mucho más grande que Bigstone llamado Refrey.
El trasvase del perfume a los frascos
le llevó varios días. Era una tarea pesada y delicada dado
que el minúsculo orificio del frasco dificultaba enormemente la
operación.
Nancary hubo de fabricar un minúsculo
embudo, que facilitara la tarea pero aun así, resultó lenta
y tediosa, como contrapartida, Blanche vio que en los frascos cabía
mucha menos cantidad de perfume que en los utilizados anteriormente, lo
que era una forma de aumentar la producción.
Un día el joven y diligente
Norman partió con su tesoro hacia Refrey. Blanche le vio partir
ilusionada pero inquieta. Era la primera vez que le entregaba una mercancía
sin que el joven le hubiera pagado por adelantado, e incluso sin haber
fijado un precio último de venta.
Blanche le había dicho que
no vendiera ningún frasco por debajo de los cinco dólares,
ya que estimaba que la cantidad de perfume era aproximadamente la mitad
de los anteriores pero, no podía saber cual era el precio que el
joven lograría obtener en Refrey.
Cada día al levantarse, Blanche
esperaba con ansiedad recibir noticias de Norman, pero pasaron los días
sin que el joven diera señales de vida.
Pasados ocho días Blanche
no sabía que pensar. Tan pronto se preocupaba de lo que pudiera
haberle pasado al joven, como se preguntaba si habría hecho bien
en confiarle tanta mercancía sin exigirle un pagaré a cambio.
Finalmente Norman apareció
al décimo día, su rostro parecía radiante, y todo
su ser rebosaba alegría.
- Lo conseguí señora
Benson. Dijo a modo de saludo.
- Que ha conseguido Norman?.
- Contactar con el señor
Tarner
- El señor Tarner?.
- Recuerda que quería contactar
con alguien en Refrey pero que no sabía su nombre?.
- Si, lo recuerdo.
- Me ha costado varios días
de espera pero al final conseguí entrevistarme con él.
- Y?...
- El señor Tarner se dedica
al negocio de perfumes, abastece de ellos a medio país y es un auténtico
experto en el negocio.
La emoción y la intriga de
Blanche iba subiendo a medida que Norman hablaba.
- Bien Norman, por que no resume,
me tiene en ascuas. - Todo a su tiempo, todo a su tiempo señora
Benson. Contestó Norman dispuesto a disfrutar de la intriga que
notaba que estaba creando en Blanche.
- Como le decía, me costó
varios días contactar con él. Es un hombre muy ocupado o
muy escurridizo. Pero yo no tenía prisa y sabía que tenía
un buen producto entre las manos.
Por fin consintió en recibirme.
Yo había dejado en la posada los frascos y conmigo tan solo llevaba
media docena.
El señor Tarner es un hombre
de mediana edad pero muy grueso. Su rostro, tan gordo como el resto del
cuerpo le da aspecto de simpático bonachón pero cuando habla
las cosas cambian.
Nada más penetrar en su despacho
me echó una furibunda mirada, seguro que creyó que con una
persona tan joven como yo no merecía la pena perder el tiempo. Por
fortuna yo estaba seguro de la mercancía y eso me ayudó a
no ponerme nervioso.
- Por favor Norman me tiene usted
en ascuas.
- Tenga un poco de paciencia.
- Que desea joven?. Término
por preguntarme.
- Quería que le echara usted
una ojeada a ésto. Dije mostrándole uno de los frascos.
Con cierta desgana el señor
Tarner tomó el frasco quedando sorprendido por las agradable forma
del envase, pero el muy zorro no se dejó impresionar por él.
Con una lentitud y parsimonia impresionante
procedió a destapar el frasco, primero lo olió acercándoselo
a la nariz y haciendo círculos ante ella con el frasco, cerró
los ojos y repitió la operación dos veces. Cuando me miró
noté sorpresa en su mirada.
Volvió a repetir la operación
antes de echarse unas gotas en el dorso de la mano, volvió a repetir
la operación y me preguntó a boca jarro.
- Cuánto pide usted por este
frasco de perfume?.
- Señor Tarner, no soy muy
entendido en perfumes, preferiría que fuera usted quien juzgando
su calidad diera un precio que le pareciera razonable.
- Señor? ...
- Haley, Norman Haley.
- Señor Haley, me temo que
a pesar de lo que me dice, usted sabe distinguir perfectamente entre un
auténtico perfume y una simple agua de colonia. Y sabe que lo que
contiene este frasco es de auténtica calidad. Trataría de
engañarle si no se lo dijera así, ójala llegaran a
mis manos muchos perfumes como éste. No obstante yo no puedo darle
por el mucho más allá de quince dólares.
El debió notar mi sorpresa
por que esbozó una sonrisa.
- Había pensado obtener por
cada uno de ellos no menos de veinte, mentí tratando de forzar la
situación.
- Tiene usted más?. Señor
Haley
- Sí. alrededor de cien.
- Esta vez fue él el sorprendido.
- Lo fabrica usted?.
- No, pero conozco a quien lo fabrica.
- Ya, en ese caso podría
llegar a darle diecisiete dólares por frasco, suponiendo que todos
sean de la misma calidad y cantidad.
- Me parece un precio correcto.
Dije estrechándole la mano para cerrar el trato.
- Vaya usted a por el resto y yo
iré extendiendo mientras un pagaré por valor de mil setecientos
dólares. Al tiempo que decía las últimas palabras
Norman sacó del bolsillo un trozo de papel donde Blanche, temblorosa
por la emoción, pudo leer a duras penas la cifra indicada por Norman.
Loca de alegría Blanche corrió
a comunicarle a Richard la noticia y éste se contagió de
la euforia de su mujer.
- Habrá que pensar en el
señor Haley, dijo Richard una vez pasados los primeros momentos
de euforia.
- Naturalmente. contestó
Blanche.
No tardaron en reunirse con Norman
que parecía disfrutar con la alegría que había deparado
a sus patrones.
- Norman, es de suponer que usted
habrá pensado en descontar una comisión justa.
- Sí, claro, yo había
pensado en ganar un dólar por frasco, si a ustedes les parece bien.
Rápidamente las miradas de
Blanche y Richard se cruzaron, Blanche le enseñó dos dedos
y Richard asintió con la cabeza.
- Bien Norman, puesto que el precio
obtenido es muy superior al que en un principio habíamos pensado,
mi marido y yo, de común acuerdo desearíamos incrementar
su comisión hasta un total de dos dólares por frasco. Le
parece razonable.
- Me parece que es un placer hacer
negocios con ustedes. No me engañó el reverendo cuando me
dijo que eran ustedes personas serias y dignas de confianza.
Blanche se sintió halagada,
no podía imaginarse que el reverendo Allen tuviera tan buena opinión
de ellos.
- El reverendo Allen es una buena
persona. Contestó Blanche sabiendo que Norman no tardaría
en llevarle el cumplido.
Norman, intervino Richard, va a
pasar por Bigstone pronto?.
- Si, seguramente pasaré
por allí mañana, tengo unos encargos que hacer y no quiero
demorarlos más.
- Me podría hacer dos favores?.
- Naturalmente señor Benson.
Continuará...
Datos del autor/a:
Nombre: Adela.
E-mail: aadelaa@yahoo.com
Fuente: Historia originalmente publicada
en la lista de correo "morbo".
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