Este acogió la noticia con
una gran alegría, sabía que su heredero estaba en camino
y se sintió más útil que nunca. Desde ese momento
se dedicó a mimar a Blanche con todas sus fuerzas recordándola
continuamente que no debía hacer el menor esfuerzo que pudiera poner
en peligro su estado.
Llegó incluso a sugerir que
Manua, el carpintero, diseñara para ella una silla parecida a la
que él usaba para que no tuviera que hacer siquiera el esfuerzo
de desplazarse. Por fin la sensatez de Blanche se impuso y el proyecto
fue olvidado.
Era cierto que Blanche hacía
pocos esfuerzos habitualmente pero tomó la precaución de
suprimir los pocos que hacía.
El único esfuerzo que no
consintió en suprimir, al menos en principio, fue el hacer el amor
con Richard. En el fondo sentía como si su apetito sexual hubiera
aumentado desde que se quedó embarazada.
Mientras su gestación avanzaba,
las primeras plantas del jardín fueron plantadas y los cercados
de los corrales instalados en la lejana colina.
Blanche y Richard no tardaron en
darse cuenta que plantar el jardín había de llevarles varios
años. El verano llegó antes de que el trabajo de poner plantas,
hubiera llegado ni mucho menos a la mitad de lo que querían, además
muchas de ellas, se secaron en los primeros días siendo necesario
sustituirlas por otras nuevas.
Durante horas, los negros se afanaban
en sacar agua de los pozos volcando los pesados cubos en arquetas, desde
donde partían las conducciones de regadío. Pero el sistema
reveló rápidamente sus defectos. Proyectado por ellos mismos
y, siendo totalmente inexpertos vieron como el agua se salía de
las canalizaciones, encharcando grandes zonas del jardín y dejando
sin agua otras en la que era necesaria.
Sobre la marcha, Blanche ordenaba
hacer las modificaciones que creía necesarias para que el agua corriera
apropiadamente pero, se dio cuenta que el asunto no iba a resultar tan
fácil, cuando una parte de las acequias se reparaba, éstas
se desbordaba por otra zona trasladando el problema al nuevo lugar.
Fue necesario el trabajo de muchos
días para que el sistema de irrigación comenzara a funcionar
debidamente y, cuando por fin Blanche vio como el agua se repartía
apropiadamente, hubo de reconocer que no había un metro de la primitiva
conducción que no hubiera sido necesario retocar.
Cuando la tarea finalizó
Blanche se sintió orgullosa, en poco tiempo se había convertido
en una experta en conducciones hidráulicas. Más fácil
fue la construcción de los cercados, ya que los negros con más
experiencia, no tardaron en darle la consistencia necesaria.
Finalmente Blanche ordenó
construir varias jaulas y cuando todo estuvo dispuesto pidió a Richard
la larga lista donde estaban reflejados todos y cada uno de los negros
de la plantación.
Minuciosamente hizo una copia de
todos los mayores de diez años y sin más dilación
entregó la lista a Drum, ordenándole que tomara una gallina
y una coneja de cada uno de los integrantes de la lista, y un gallo y un
conejo sólo de aquellos a los que había marcado con una cruz.
Drum dio varias vueltas al papel
antes de contestar.
- Ama, no sé leer.
Sin poderlo evitar Blanche soltó
una carcajada pensando en lo fácil que era que un plan elaborado
hasta el más mínimo detalle se viniera a bajo por algo tan
insignificante.
Consciente de que tendría
que ser ella o Richard quien se encargara de hacerlo se puso manos a la
obra y desde primera hora de la mañana siguiente comenzó
a llamar a los negros de la lista.
La noticia de que el ama exigía
a cada negro o negra de los que llamaba una gallina y un conejo no tardó
en extenderse por la plantación. La mayoría de los negros,
pero sobre todo las negras acudieron a su llamada con las manos vacías,
pretextando que ellos no tenían animales para poder entregarlos.
Blanche fingiendo una calma que
no sentía se limitaba a anotar junto al nombre un punto que indicaba
que el interesado no había cumplido con su orden.
Por el contrario, cuando alguien
cumplía lo tachaba de la lista. El resultado de aquel día
de recolección fue decepcionarte, al caer la tarde tan solo unos
cuarenta animales se movían agitados entre las dos jaulas cuando
Blanche había previsto unos cuatrocientos.
Al día siguiente volvió
a llamar a una parte de los que no habían cumplido la orden y sin
más les dio un plazo de diez días para que cumplieran la
orden, bajo pena de quedar señalados en la lista para ser vendidos
en el próximo viaje del verano.
Los negros se marcharon pensativos
y la noticia debió extenderse como la pólvora, alguien recordó
como había tratado a Janoe y a Bare recién llegada a la plantación
y, como había tratado a los pocos negros que habían dado
problemas más tarde.
El resultado fue fulminante, En
los dos días siguientes las jaulas se llenaron a rebosar varias
veces y hubo que hacer viajes a los corrales para vaciarlas antes de volverlas
a llenar.
Al final del tercer día Blanche
contabilizó los animales llevándose una gran sorpresa, según
la cuenta de los animales llevados a los corrales le salían más
de los que los negros debían haber entregado. De pronto a las tres
familias a las que Blanche había ordenado hacerse cargo de los corrales
no les faltó trabajo y un primer problema empezó a plantearse.
Que hacer con los productos que cada día producían las gallinas?.
En otra situación Blanche
no hubiera dudado. Hubiera subido a la carreta y se hubiera encargado de
buscar algún comerciante en Bigstone, que diera salida a los productos,
pero estando embarazada la medida era totalmente desaconsejable.
En pocos días la cantidad
de huevos almacenados comenzó a ser un problema a pesar de que Blanche
los regalaba, en parte, a las hembras de la casa que a su juicio lo merecían.
Como coincidiendo con la creación
del problema llegó la solución de la forma más inesperada.
Un día llegó un joven
con una pequeña carreta tirada por una mula. No eran muchas la visitas
que los Benson recibían, tan sólo el reverendo venía
a visitarles esporádicamente y, la presencia de un extraño
no dejó de ser una noticia.
- Desearía entrevistarme
con el señor Benson, dijo el recién llegado, apenas los negros
se hubieron hecho cargo de la carreta con la mula.
- El señor Benson es mi marido.
Contestó Blanche atraída por la cálida voz del joven
y su espigada figura.
- Encantado, señora Benson,
soy Norman Haley, vivo habitualmente en Bigstone, desearía hablar
con el señor Benson de negocios.
Blanche miró admirada al
joven, que no debía pasar de los diecisiete años, por la
decisión y franqueza que ponía en sus palabras.
- Señor Haley, no sé
si el señor Benson podrá recibirle en estos momentos pero
espere, voy a avisarle. Dijo introduciéndole en el recibidor de
la casa.
- Señora Benson, su marido
no me conoce, dígale que vengo de parte del reverendo Allen.
La mención del reverendo
no agradó mucho Blanche, casi hubiera preferido que el joven fuera
un desconocido que pasara por el camino, pero tampoco era tan grave como
para dejar de oír lo que pudiera haberle llevado hasta Viento del
Norte.
Blanche fue a avisar a Richard sorprendiéndolo
con la noticia. Dejaron transcurrir un rato e hicieron que una negra fuera
a avisar al joven de que sería recibido en unos momentos.
Mientras, Blanche hizo disponer
la mesa con un suculento desayuno. Estaba convencida que los negocios se
tratan mejor con el estómago lleno.
Cuando hicieron pasar al joven este
pareció un poco asombrado por el lujo de la casa de los Benson.
Blanche ordenó a la negra
que les atendía que dispusiera un servicio de desayuno para el recién
llegado.
El joven Haley no hacia más
que mirar a su alrededor, temeroso de no hacer buen papel en la lujosa
mesa, pero de vez en cuando su mirada se posaba furtiva sobre Blanche y
sobre Richard como no entendiendo que aquellas dos personas pudieran estar
casadas.
Después de las presentaciones
se produjo un tenso silencio que sólo Blanche se atrevió
a romper.
- Querido, dijo dirigiéndose
a Richard, el señor Haley al parecer quiere hablarte de negocios.
Entonces Richard, nervioso al saber
que su invalidez estaba siendo juzgada por el joven dijo.
- Bien señor Haley que es
lo que le ha hecho encaminar sus pasos hasta Viento del Norte?.
- Verá señor Benson,
he sabido por el reverendo Allen que han montado o estaban a punto de montar
una granja?.
- Es cierto, la granja ya ésta
montada y ha empezado a funcionar pero, si es de ella de lo que quiere
hablar, será mejor que lo haga con mi mujer, la idea es suya y es
ella la que se encarga de su administración. Contestó Richard
dando el protagonismo a Blanche.
- En ese caso señora, permita
que la exponga lo que pienso al respecto.
Supongo que ya tienen resuelto el
como vender los productos de la granja, quizá mi pretensión
sea inútil, pero si puedo colaborar con ustedes de alguna forma,
me gustaría que supieran que me encuentro a su disposición.
- La colaboración de cualquier
persona bienintencionada siempre será bien recibida por nosotros,
señor Haley, pero me gustaría que concretara usted más
cual podía ser esa colaboración. Dijo Blanche.
- Había pensado, en sugerirles
que me vendieran parte de la producción de la granja, yo a mi vez
me encargaría de venderla por los pueblos.
- No hay ningún inconveniente
en ello siempre que nos pongamos de acuerdo en el precio.
Antes incluso de terminar el desayuno
habían de llegado a un acuerdo por el cual, el joven Haley, debía
cargar su carreta al día siguiente con los huevos almacenados en
la casa.
Una vez concluido el acuerdo, Norman
sacó una bolsa que entregó a Blanche. Eran cincuenta dólares
que el joven dejaba como depósito por la mercancía que se
proponía cargar.
El resto del día Richard
y Norman lo pasaron entre ir y venir a los corrales. Blanche se quedó
en casa, no quería arriesgarse a irse tan lejos en su estado.
Hacia ya tiempo que había
comenzado a sentir los movimientos de su hijo en el vientre y, era consciente
de que su figura comenzaba a deformarse por la hinchazón de la tripa.
Richard y Norman parecieron congeniar
desde el primer momento y Blanche les vio varias veces durante el día
en animada charla. Al llegar la noche decidieron que el joven se quedara
a dormir en la casa y Blanche tuvo buen cuidado de que Lama dispusiera
una hembra para que le acompañara durante la noche.
Era ésta una norma en las
plantaciones donde abundaban las negras y Blanche no deseaba faltar a la
hospitalidad.
No deseaba ver a Norman violando
a una negra por los caminos como había visto al reverendo y a sus
amigos.
Cuando al día siguiente se
levantaron, el joven Norman hacía ya tiempo que había cargado
su carreta y había iniciado el camino. Cuatro días más
tarde Lama informó que el joven había regresado al amanecer,
había vuelto a cargar la carreta y después de dejar la bolsa
con el importe de la mercancía a Drum había vuelto a desaparecer.
Las periódicas idas y venidas del señor Haley, se repitieron
durante más de un mes antes de que volvieran a verle. Siempre lo
hacía al amanecer, cuando Blanche se levantaba recibía la
noticia de su llegada y posterior marcha. Richard confirmaba poco más
tarde que el dinero dejado correspondía exactamente con la cantidad
de mercancía cargada. Tanto Richard como Blanche se sentían
contentos con la eficacia y seriedad de Norman, al que auguraban un magnífico
porvenir de seguir por aquel camino.
Un día Lama la avisó
de que el señor Haley deseaba verles cuando fuera posible.
No le hicieron esperar más.
Lama fue enviada para que le pasara una vez el desayuno estuviera servido.
Sentados a la mesa esperaron a que
Norman dijera lo que tenía que decir.
- Verá señor Benson,
si usted no tiene inconveniente me gustaría ampliar nuestro trato
a otros animales. Dijo con la franqueza que le caracterizaba. Recorriendo
esos caminos uno se entera de cosas y creo que podría ser provechoso
para los dos, si usted me vendiera de vez en cuando algún negro
que le pudiera sobrar.
Blanche abrió los ojos de
sorpresa y entusiasmo, parecía como si aquel joven fuera a ser la
solución a muchos de sus problemas. Aquel año habían
decidido no realizar el viaje a Natchez para la venta de negros, ya que
dado su embarazo, cada vez más avanzado lo hacía totalmente
desaconsejable.
- Señor Haley, dijo Richard,
siempre estoy dispuesto a un buen negocio y negros es algo que nos sobra.
- En ese caso señor muéstreme
aquellos que estén en venta y pongámonos de acuerdo en el
precio.
- El caso es que ... me pilla usted
tan de improviso que en estos momentos no se a cual decirle.
- Yo si, intervino Blanche. Tiara,
baja la carpeta de papeles que hay en mi despacho.
La diligente esclava se apresuró
a cumplir la orden y momentos después entregaba a su dueña
un voluminoso legajo de papeles.
Momentos después Blanche
examinaba la larga lista que había servido para la recolección
de animales.
Rápidamente sus ojos descubrieron
los tres negros que habían dejado de cumplir la orden.
- Prefiere usted, señor Haley,
un macho o una hembra?.
- No sé señora Benson,
si es posible muéstreme los dos.
Blanche meditó un momento
y ordenó a Tiara.
- Trae a Quity y a Runame, no les
digas nada, sólo que vengan inmediatamente.
Tiara partió a cumplir su
encargo y Blanche se percató, que la negra que les servía
durante el desayuno, recogía precipitadamente parte de los cubiertos
con intención de llévarlos a la cocina.
- Tu. Dijo Blanche dirigiéndose
a la negra, deja eso y ponte en aquel rincón mirando a la pared.
Es para que no les avise de que
van a ser vendidos. Dijo al ver la cara de incomprensión de Richard.
Si la hubiera dejado ir a la cocina hubiera encargado a cualquier negra
que fuera a darles el aviso.
Ambos hombres sonrieron ante la
sagacidad de Blanche.
- Cómo le van las cosas señor
Haley. Preguntó Richard.
- No van mal, es monótono
recorrer solo esos caminos pero al llegar a los pueblos la cosa cambia,
se convierte uno en la atracción del día, conoce gente y
hace amigos que le informan a uno de cosas interesantes.
Hace ya algún tiempo conocí
a un hombre que me encargó que llevara de un pueblo a otro a una
negra, bueno aquello más que una negra parecían tres, era
tan gorda y con unas patas tan gordas y tan deformes que no era capaz de
dar un paso, a lo sumo y con esfuerzo era capaz de mantenerse sentada.
No se imaginan ustedes lo difícil
que fue hacerla subir a la carreta.
La aventura, contada en tono jovial
hizo sonreír a los Benson.
Yo, en aquellos momentos llevaba
la carreta cargada de huevos y al principio pasé un miedo atroz,
pensando en cada bache del camino que la negra pudiera caerse encima de
los huevos arruinándome la mercancía. Así que tuve
que atarla para evitarlo.
Durante el viaje me preguntaba quién
podía haber comprado semejante monstruo y para qué?
Al llegar a mi destino me esperaba
un joven, más o menos de mi edad que me explicó el asunto.
La negra era un auténtico
fenómeno, había parido ya tres veces trayendo al mundo siete
mamones que se criaban perfectamente.
- Siete mamones !. Dios Santo !.
Se asombró Blanche.
- Si señora, siete, dos en
cada uno de los dos primeros partos y tres en el tercero. El joven pensaba
que de seguir así nadie podría predecir cuantos negros podría
parir cuando fuera por la décima preñez.
Tanto Richard como Blanche corearon
con sus risas la divertida historia de Norman. Incluso en el vientre de
Blanche se produjeron una serie de movimientos que parecía querer
indicar que su hijo se unía a la diversión de los padres.
A través de la ventana vieron
como Tiara regresaba acompañada por Quity y por Runame, ambos mostraban
una expresión de temor y abatimiento, temiendo ser castigados por
no haber cumplido la orden de su ama o por cualquier otra cosa.
La joven e inteligente esclava los
hizo esperar fuera de la casa, justo enfrente de la ventana para que pudieran
ser observados desde dentro.
A Blanche no la pasó desapercibido
que los ojos de Norman estaban mucho más pendientes de Quity que
de Runame.
- Son muy jóvenes!. Dijo
Norman.
- Lo son, Quity, la hembra tendrá
unos quince y Runame unos diecisiete, pero Quity es una hembra cabal que
ya nos ha dado un mamón. Dijo Blanche, entrando ya abiertamente
en el juego que consideraba que una hembra no lo era hasta que hubiera
demostrado que era capa de quedarse preñada.
- Hace mucho?.
- No, hace tan solo unos meses.
Los negros conscientes de que les
estaban observando desde la casa permanecían al fuerte sol con la
cabeza baja y en una correcta compostura.
- Desea verlos más de cerca?
invitó Richard, sabiendo que nadie conpraría un negro sin
antes haber palpado y examinado la mercancía.
Continuará...
Datos del autor/a:
Nombre: Adela.
E-mail: aadelaa@yahoo.com
Fuente: Historia originalmente publicada
en la lista de correo "morbo".
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