Y buena parte de la culpa la tiene
ese Trican, es buen macho, tan bueno que ella esta enamorada de él,
y le quiere para ella nada más.
- No sabrá Trican que Barza
es libre, verdad?.
- No, creo es de lo único
que he podido convencerla durante todo este tiempo. Que no se lo diga a
nadie.
- Escucha Derim, si algún
día llega a saberse que ella es libre me veré obligada a
echarla de la plantación. No podría soportar los reproches
del amo. Prefiero mil veces que se vaya, se la daría como fugitiva
pero te aseguró que no se la buscaría demasiado.
- Espero que no haga jamás
esa tontería.
- Bueno, dijo Blanche confortada
por la idea de que Barza sabría guardar su secreto, cómo
podemos resolver las necesidades de tu hija?.
- No hay nada que resolver ama.
Ella recibe unos dólares a la semana por su trabajo, que trabaje
más y seguro que usted no se negara a que la den comida en la casa.
Para Blanche esta era una solución ideal, una solución ideal
además tomada por la madre de la propia interesada pero se preguntaba,
por qué Derim, que había llegado incluso a inculparse de
un crimen que no había cometido por defender a su hija, se volvía
ahora contra ella no apoyando sus peticiones.
Evidentemente el puesto de Lama
era mucho más interesante y reconfortante que la vida que Derim
deseaba para su hija.
- Por que dices que ella debe dedicarse
a tener hijos?.
- Por que es la única misión
importante de una hembra.
- Pero tu no tuviste más
que a Barza, por que?.
- No ama, yo tuve nueve hijos, cinco
de ellos murieron y los otros tres fueron vendidos hace años.
Sin saberlo, Derim había
vuelto a poner el dedo en la llaga de Blanche. Parecía que todos,
tanto blancos como negros consideraban que la misión más
importante de una hembra o de una mujer, quizá la única,
era tener hijos, cuantos más mejor y ella al menos hasta ahora no
había conseguido quedarse preñada.
Tratando de disimular sus sentimientos
Blanche dijo.
Me gustaría que Barza se
dedicara con intensidad a preparar perfumes y a enseñar como hacerlo
a otra negra, crees que puede?.
Por unos momentos Derim se quedó
mirándola en silencio, luego dijo. - Claro que puede hacerlo, pero
lo haría yo mejor.
Blanche pudo comprobar, por el tono
de sus palabras, que Derim se sentía molesta al creer que su ama
deseaba apartarla de lo que ella sabía hacer mejor que nadie.
Para ti tengo una misión
más importante.
- Cual ama?.
- Quiero que te dediques sólo
a enseñarme a mi.
- Yo la enseño todo lo que
me permite el tiempo que usted quiere pasar conmigo.
- Ya lo sé, pero quiero que
me dediques cuanto tiempo sea posible y no para enseñarme a preparar
perfumes, de eso ya se un poco, ahora quiero que te dediques a enseñarme
a preparar medicinas y venenos.
Una sonrisa pícara deformó
el viejo rostro de la negra y dijo.
- Podemos empezar cuando usted quiera.
- Si, pero para eso debes ayudarme
a convencer a Barza, ella debe dedicarse a los perfumes, no quiero su fabricación
se suspenda.
- Déjelo en mis manos. Es
tozuda, muy tozuda, pero creo que podré convencerla.
Una vez llegado a un acuerdo con
Derim, Blanche no tenía mucho que hacer allí así que
se marchó para que la vieja rumiara como debía convencer
a su hija.
Dos días después una
parte de los cacharros usados por Derim fueron trasladados a la choza de
Barza.
Cuando Blanche volvió a hablar
con Derim ésta la confirmó que había sido capaz de
convencer a Barza para que aceptara la tarea, e incluso se atrevió
a sugerir a Blanche que una tal Nancary, fuera la elegida para que Barza
la enseñara.
- Por qué Nancary?.
- Nancary es más o menos
de la misma edad que Barza y ya desde que era niña demostró
tener interés en aprender lo que yo hacía, venía mucho
a nuestra choza y se pasaba horas y horas viéndome manejar las hierbas.
Yo diría que tenía
más interés que mi propia hija. A menudo me acompañaba
al campo y siempre me estaba preguntando algo que interesaba a su cabeza
infantil.
- Por qué no la enseñaste
también a ella.
- Verá, ni yo ni mi hija
tuvimos nunca buena fama entre los negros. Saben que tenemos poder de hacer
el bien y el mal y la única forma que tienen de defenderse contra
el mal es alejarse de nosotras, así que los padres de Nancary la
prohibieron venir a mi choza. La niña insistió hasta que
su madre la dio una paliza tan grande que casi la mata.
- Nunca has usado tus conocimientos
para sanar?.
- Si, muchas veces, son muchos los
negros y negras que han recurrido a mi para que les curara, pero lo han
hecho en secreto y cuando ya no les quedaba más remedio. Algunos
de ellos viven todavía gracias a mis remedios, otros murieron a
pesar de ellos.
- Has matado a muchos.
- Si, también a muchos.
- Y lo dices tan tranquila?.
Por unos momentos Derim pareció
sorprendida por las palabras de Blanche, parecía como si se sintiera
ofendida por su cortedad de miras.
Luego hizo un gesto como disculpándola
y dijo.
- Se me olvidaba que usted debe
tener poco más de veinte años y que a esa edad, por muy inteligente
que se sea hay ciertas cosas que necesitan explicación.
- Explícate. Dijo Blanche
molesta también por las últimas palabras de Derim.
- A visto usted morir a mucha gente?.
A vivido con ellos sus últimos tiempos antes de morir?. A vivido
sus últimas horas?.
- No, no mucha.
- Y negros. A visto morir a muchos
negros?.
- Si, a unos cuantos.
- Cuántos de ellos cree usted
que hubieran preferido una muerte rápida y sin dolor a morir en
la forma en que lo hicieron?.
- La mayoría, contestó
pensando un momento en la larga y terrorífica agonía que
había tenido Bare cuando ella llegó a la plantación
y en otros casos de negros a los que sus amos habían sometido a
terribles torturas antes de que murieran.
- La muerte, por desgracia, no suele
ser ni rápida ni placentera para nadie, ni blancos ni negros se
libran del dolor, del sufrimiento o del miedo, por eso, muchas veces durante
mi vida he tenido que administrar pócimas que o bien matan directamente,
o acortan la vida a cambio de disminuir el dolor.
- Confías en esas pócimas
para ti misma si fuera necesario.
- Claro. - Quieres decir que si
algún día fuera necesario pedirías que te las administraran
a ti misma?.
- No, preferiría administrármelas
yo.
- Por qué?.
- Por que es difícil obligar
a otro, y más cuando ese otro te quiere, a matarte.
- Pero puede llegar un momento en
el que no puedas valerte por ti misma o no tengas fuerzas para preparar
la pócima deseada.
- O que no tenga la lucidez necesaria
como para saber como actuar. Remachó Derim.
- Eso.
- En ese caso espero que alguien
se apiade de esta pobre vieja.
- Luego, al igual que los demás,
tienes miedo a la muerte.
- Si, contestó Derim, con
una leve sonrisa deformándola el rostro.
- Luego me mentiste, negra.
- Cuándo?.
- Cuando me dijiste que ni tu ni
tu hija teníais miedo al dolor o la muerte.
- Si, la mentí, pero la ocasión
merecía la pena, verdad?. Contestó acentuando la sonrisa
y haciendo una mueca de complicidad. Blanche se quedó profundamente
intrigada y decepcionada a la vez preguntándose cuando había
mentido la negra. Si cuándo aseguró no tener miedo a la muerte
o ahora.
- Jugaste fuerte negra.
- Jugué muy fuerte ama, pero
la vida de mi hija estaba amenazada y ... yo creo que mereció la
pena.
- Yo creo que también. Término
diciendo Blanche con una sonrisa que diluyó la tensión acumulada.
- Ve a buscar a Nancary, quiero
conocerla.
No tardó mucho Derim en encontrar
a Nancary y llevarla a la presencia de su ama.
Era una joven espigada de una mirada
vivaz que parecía querer escrutar cuanto la rodeaba a la primera
ojeada. A pesar de su aspecto tímido, era la primera vez que entraba
en la casa y se veía en presencia de su ama, Blanche se dio cuenta
que la muchacha debía tener su genio y una despierta inteligencia
que bien usada podía serla de gran utilidad.
- Me han informado de que cuando
eras pequeña tenías interés en aprender las artes
de Derim. Es cierto?.
- Si, ama.
- Te gustaría aprenderlas
ahora?.
Blanche no hizo la pregunta para
saber si la negra daba su conformidad al nuevo destino en que deseaba emplearla,
pero estaba convencida de que si contaba con su asentimiento su aprendizaje
sería más rápido y su trabajo más productivo.
Por unos instantes la negra levantó
la vista, como sorprendida de la pregunta que se la hacía.
- Si ama, me gustaría, contestó
con entusiasmo.
- Desde mañana irás
a vivir a la choza de Barza, ella te enseñará cuanto debas
saber y la ayudarás en todo lo que sea necesario.
De esta forma tan simple decidió
quien había de ser la heredera real de los conocimientos de Derim.
Barza sólo sería un instrumento temporal para que no decreciera
el ritmo de producción durante el tiempo que pensaba robarle a Derim.
A partir de ese día Blanche
permitió que Barza y Nancary recibieran la comida que se les daba
a las demás negras de la casa.
Mientras los trabajos del jardín
continuaban a buen ritmo y, Richard se encargaba de supervisarlos haciendo
sonar insistentemente su armónica, Blanche dedicó todo cuanto
tiempo quiso a aprender de la vieja Derim sus más complejos y oscuros
secretos. Durante muchas semanas salían temprano al campo para recoger
las hierbas y el resto del día lo pasaban macerándolas, hirviéndolas,
filtrándolas, exprimiéndolas para finalmente obtener unas
gotas de un licor que tenían que destruir ya que no podían
experimentar sin levantar sospechas.
Las relaciones entre Richard y ella
eran alegres y fructíferas, pocas veces estaban en desacuerdo pero
cuando lo estaban Richard terminaba por ceder, implícitamente reconocía
la supremacía intelectual de Blanche y además le estaba profundamente
agradecido por los largos meses de felicidad que ella había sabido
proporcionarle.
Aunque hacía tiempo que habían
dejado de dar clase por que Blanche había aprendido ya cuanto Richard
podía enseñarle. Blanche dedicaba todos los días un
rato a escribir en su libreta de notas, cuanto Derim la había enseñado
el día anterior. Era una forma de agilizar y mantener el nivel alcanzado,
además de fijar conocimientos que algún día podían
serla de utilidad.
De vez en cuando se ocupaba de recordar
a Richard que debían salir al campo a practicar con los revólveres.
Cuando llegó el invierno
la infraestructura del jardín estaba prácticamente acabada
y tan sólo había que esperar a la primavera para comenzar
a plantar.
Drum había hecho frecuentes
viajes durante el verano y el otoño a Bigstone, para abastecer de
los materiales necesarios para la construcción de las acequias de
regadío y, en uno de ellos Blanche había ido con él
para llevar a la tienda de ropas la nueva remesa de perfumes que había
prometido, así como para comprar un rifle que según ella
faltaba para dar más seguridad a la casa.
Durante el largo invierno la vieja
Derim comenzó a sugerir a Blanche, cada vez con más frecuencia,
que fuera ella misma la que comenzara a hacer los preparados. En ocasiones
Blanche sorprendía a la vieja mirándola como ensimismada
antes de dar su aprobación a alguna manipulación de las que
Blanche estaba haciendo.
Blanche se sentía cada vez
más segura, al principio había tenido que soportar las frecuentes
rectificaciones de Derim, pero ahora se sentía cada vez satisfecha
de los avances realizados.
Pero el principal tesoro que recibió
de Derim durante aquellos meses no fue, a pesar de ser mucho, el largo
aprendizaje de como escoger y manipular las plantas, sino el cómo
dosificar y utilizar las pócimas preparadas para obtener los resultados
apetecidos. Blanche estaba privada de la experimentación que le
hubiera dado las pautas de como utilizar aquellos brebajes, así
que anotaba cuidadosamente cada uno de los comentarios que Derim hacía
sobre los efectos y la forma de comportarse de cada uno de ellos.
Finalmente Blanche llegó
a descubrir que Derim no había mentido aquel día ya lejano,
cuando con mirada desafiante la había dicho que si ella o su hija
querían no saldría viva de aquella habitación. Un
día, al entrar Blanche en el cuartucho de Derim descubrió
una jaula con dos asquerosas y repugnantes ratas de las que recorrían
a cientos el basurero y también las chozas de los esclavos. Nada
más verlas a Blanche se le erizo el vello, tal era el asco y el
miedo que la infundían aquellos animales.
Pero se abstuvo de hacer comentarios
ya que sabía que Derim no era partidaria de hacer experimentación
con animales, por lo tanto si estaban allí era por alguna razón
muy especial.
Efectivamente la negra estaba dando
los últimos toques a unas bolas de polvo blanco ligeramente inferiores
al tamaño de las que usan los niños para jugar a las canicas.
Una vez terminadas las manipulaciones
Derim puso las dos bolas en la palma de la mano y pidió a Blanche
que cogiera una y se la tomara. Blanche hubo de hacer un acto de fe, sabía
muy bien que en aquella bola podía ir una muerte espantosa, pero
al ver la tranquilidad de Derim, y sobre todo el saber que la negra no
debía tener nada contra ella, la animó a tomarla sin demasiada
preocupación.
Por otro lado sabía que,
si la negra hubiera querido, hacía tiempo que hubiera podido matarla
sin tener que contar con su participación. Al principio no sintió
nada pero transcurridos unos minutos comenzó a sentir que se mareaba.
Miró hacia Derim y notó que a ella debía de pasarla
lo mismo ya que su mirada no era tan fija como siempre. - No se pierda
nada de lo que va a pasar. Dijo la esclava tomando de encima de la mesa
lo que parecía una simple piedra de color oscuro.
- Mire, mire a las ratas.
Blanche fijó su vista en
los animales que en la jaula daban muestras de vitalidad y desconfianza
moviéndose incansablemente tratando de encontrar la forma de salir
de su encierro.
La mano de Derim introdujo la piedra
en un recipiente que había encima de la mesa. En unos instantes
un intenso burbujeo se produjo al entrar en contacto la piedra con el líquido
del recipiente mientras las ratas caían fulminadas patas arriba.
Derim mantuvo un instante más la piedra en contacto con el líquido
y después lo sacó.
De pronto vio a Derim ponerse tensa
mirando hacia la cortina que cerraba el acceso al cuartucho, los pasos
de un negrito, seguramente de pocos años corrían hacia ella
como si tuviera intención de entrar.
Derim completamente concentrada
en aquella cortina movió negativamente la cabeza, como si quisiera
comunicar al inoportuno visitante que no debía entrar.
Como recibiendo el mensaje, los
precipitados pasos se cortaron en seco durante unos instantes, antes de
que comenzaran a alejarse tan precipitadamente como se habían acercado.
Todavía el mareo duró
unos minutos más, pero no era un mareo desagradable como aquellos
otros que Blanche había sentido en algunas ocasiones durante su
vida. Era un mareo en el que el cuerpo parecía haber perdido peso
y que flotaba libremente en el aire.
Cuando miraba a Derim la veía
plácidamente sentada con una expresión de felicidad y relajación
que la infundía tranquilidad. Lentamente su cuerpo fue ganando de
nuevo peso hasta darse cuenta que al igual que Derim ella también
estaba sentada en uno de los míseros taburetes que había
en el cuartucho y no tardó en sentirse con fuerzas suficientes como
para ponerse en pie.
Derim se la adelantó y vino
a darla la mano para ayudarla a levantarse.
- Que a pasado, Derim?.
- Nada, ya ha desaparecido el espíritu.
- Qué espíritu?.
- El espíritu de la muerte.
- Ha estado aquí?
- No lo ha visto?.
- No.
- No ha visto morir a las ratas?.
- Si.
- Eso a ocurrido por que yo he liberado
el espíritu de la muerte.
- Está en la piedra?.
- No lo sé. No sé
si en la piedra o en el líquido, pero cuando se juntan, el espíritu
se libera y mata a todo lo que toca a menos que se esté convenientemente
protegido.
- La bola.
- La bola es el protector.
- Que hubiera pasado si el negrito
hubiera entrado?.
- Hubiera muerto al igual que las
ratas.
Blanche no salía de su asombro,
la parecía mentira haber estado tan cerca de la muerte y no haber
notado más que un ligero mareo mientras a su alrededor moría
cuanto había tenido vida. Un escalofrío recorrio su cuerpo.
Continurá...
Datos del autor/a:
Nombre: Adela.
E-mail: aadelaa@yahoo.com
Fuente: Historia originalmente publicada
en la lista de correo "morbo".
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