Luego, dejándolos a un lado
informó a Blanche que ya estaba abierto el segundo pozo, del que
había manado el agua abundantemente cuando apenas si llevaban cinco
metros de profundidad, pero en el tercero habían llegado a los quince
sin que diera el menor rastro de agua, por lo que había dudado entre
seguir o taparlo, e intentarlo en otro sitio.
No obstante los trabajos no se habían
detenido a pesar del fracaso, y ya se había comenzado a abrir el
cuarto, del que apenas si se había excavado un metro.
Al parecer todo había ido
normalmente durante la ausencia de Blanche, con tan solo un único
incidente.
El reverendo Allen había
vuelto hacía una semana con intención de quedarse unos días,
pero Richard se lo había quitado de encima obsequiándole
con diez dólares para las obras de la iglesia.
Una vez llegados a casa, Richard
y Blanche se fueron directamente a sus habitaciones, e hicieron el amor
con mayor fuerza e intensidad de como lo hacían siempre.
La vida volvió a la normalidad
y Blanche comenzó de nuevo a supervisar las obras, formando dos
equipos de negros. Uno seguiría con la apertura del cuarto pozo,
mientras el otro profundizaría en el tercero, a pesar de que cada
vez el trabajo en él se hacia más penoso.
Fue necesario abrir hasta los veinte
metros para que comenzara a manar el agua que tanto habían ansiado,
pero dos metros más abajo el manantial se volvió tan abundante
como el de los otros tres pozos. La primera parte de la obra culminó
apenas sin incidentes, tan solo un negro se había perforado un pie
con una herramienta, y una negra cayó una noche en uno de los pozos.
Su cadáver fue descubierto a la mañana siguiente y, Blanche
se apresuró a dar la orden de que los pozos fueran rodeados de altas
estacas con cuerdas para evitar nuevos accidentes, hasta que fueran construidos
los brocales protectores. Brocales que debían esperar hasta que
fueran traídos de Bigstone los ladrillos necesarios para su construcción.
Richard hizo instalar un entoldado
junto al último y más lejano de los pozos ya que, a su alrededor
crecían grandes árboles que con su sombra le invitaban a
pasar junto a él largas horas, resoplando en la armónica
hasta que un día hizo un descubrimiento asombroso. El agua que manaba
de aquel pozo era mucho más fresca y fina que la del resto. Se lo
comunicó a Blanche y ésta pudo comprobar que, efectivamente
tenía razón, pero no sólo era el sabor mucho más
agradable, sino que una vez hechas las oportunas comprobaciones, vieron
que las comidas sabían mejor y se hacían antes. Además
aquel agua producía mucha más abundante espuma cada vez que
se la usaba para fregar o lavar. No tardaron en decidir que toda el agua
que se necesitara en la casa debía venir del nuevo pozo, abandonando
el viejo que durante generaciones la había surtido. Esto implicaba
dedicar dos hembras al acarreo del agua, pero ésto fue lo que menos
importó a los jóvenes, por fortuna las negras sobraban en
Viento del Norte.
Camana fue una las destinadas ya
que desde que Blanche la había sustituido por Tiara apenas si tenía
trabajo, Además a Blanche la molestaba encontrársela continuamente
por la casa con la fea cicatriz deformándola la cara.
Un mes después decidieron
que Blanche debía ir a Bigstone para traer los ladrillos necesarios
para la construcción de los brocales, e iniciar las canalizaciones
de lo que sería la futura red de irrigación del jardín.
Pero ésta vez Blanche no iría solamente con Tiara y los negros
necesarios para las carretas. Se llevaría también a Drum,
para
presentárselo a los tenderos
y a los almacenistas, para que le dieran el género que ella les
pidiera por escrito.
Después del largo viaje hecho
a Natchez el viaje a Bigstone la pareció muy corto pero falto de
aliciente. Allí se podía comprar cuanto podía necesitar
en materiales, herramientas y alimentos pero muy poco de lo que una mujer
elegante, como pretendía ser Blanche podía desear.
Volvió a pasar por la tienda
donde había comprado los vestidos y donde había vendido los
perfumes, pero no encontró nada que la gustara lo suficiente para
comprarlo. Tan sólo compró nuevas bragas, ya que los colores
de las de la tienda la gustaban más que las que las negras la hacían
en casa, y estaba un poco harta de verse siempre del mismo color.
Blanche se sorprendió al
comprobar como se había ido acostumbrando a usarlas. Recordaba que
al principio la habían parecido molestas e incómodas pero
ahora cuando se encontraba molesta era cuando no las llevaba. Además
la resultaba altamente erótico cuando se las quitaba delante de
Richard y, más cuando era él mismo el que se las quitaba
antes de hacer el amor.
Pero sobretodo eran una señal
más de distinción, ninguna negra, ni ninguna mujer de clase
baja se hubiera atrevido a usar semejantes prendas.
La vendedora la preguntó
si había traído más perfumes para vender quedándose
un tanto decepcionada ante la respuesta negativa de Blanche, la mujer esperaba
que la trajera una nueva remesa.
Al parecer la había vendido
muy bien pero no en Bigstone, sino a una amiga suya que tenía una
tienda en Nueva Orleáns.
Blanche se despidió de ella
halagada de saber que su producto se vendía tan bien, prometiéndola
una remesa para la próxima vez que viniera al pueblo.
En la fábrica de ladrillos
pudo ver las largas hileras de negros trasportando en capachos que llevaban
sobre sus hombros, la tierra que otros batían con los pies hundidos
en el barro hasta las rodillas.
Vio como el barro era volcado en
moldes y después puesto al sol, donde comenzaba el proceso de secado,
antes de ser sometidos a la acción del fuego en el horno.
Vio las inmensas naves donde se
alineaban los ladrillos ya dispuestos para la venta y como las carretas
eran cargadas por los negros.
Regresó a Viento del Norte
sin ningún incidente y, una vez construido el primer brocal comprobaron
que apenas si habían tenido suficientes ladrillos para él.
Esto implicaba que sólo para
los brocales necesitaran hacer tres viajes más, viajes a los que
ya no iría Blanche, si no Drum como encargado de las compras.
Las relaciones entre Richard y Blanche
habían entrado en un periodo de normalidad, sin grandes altibajos,
en el que ambos jóvenes podían expresarse libremente su cariño
unidos por un proyecto común en lo inmediato, hacer el jardín,
y un proyecto a más largo plazo, tener hijos que un día heredaran
cuanto ellos tenían y pudieran tener en el futuro.
Blanche fue introduciendo ligeras
variantes en su comportamiento sexual, y la primera de ellas fue permitir
que Tiara estuviera presente en los momentos en que hacían el amor
sin importarla lo más mínimo lo que ésta pudiera pensar
o sentir.
Desde su boda Blanche la había
hecho dormir en la puerta de la habitación, esto permitía
el llamarla cuando era necesaria, pero no dejaba de ser incómodo.
Con esta modificación fue
más fácil ordenar a la esclava que les lavara los sexos una
vez habían acabado el acto amoroso.
Al principio Richard opuso ciertas
reticencias a tal práctica a la que no estaba acostumbrado. Pensaba
que eso de lavarse el sexo lo debían hacer sólo las negras
antes de ser montadas, para no molestar con el fuerte olor a sus amos,
pero no tardó en acostumbrarse siendo el mismo quien pedía
a Tiara las abluciones una vez concluido el placentero trabajo.
Por otro lado Blanche, aprovechando
una de sus reglas, comenzó a lamer y chupar el sexo de Richard hasta
obtener la jugosa recompensa de su semen en la boca, antes de tragárselo
como si de un delicioso manjar se tratara.
Esto se convirtió pronto
en una costumbre, y cada vez que llegaban las reglas, Blanche sustituía
el sexo por la boca por que la gustaba y, para evitar que Richard se sintiera
defraudado, durante esos días en que ni a él ni a ella les
apetecían mantener relaciones normales.
No tardó Richard en darse
cuenta que si bien él, de una forma o de otra era satisfecho por
su mujer, ella, en esos días no obtenía la más mínima
satisfacción, un día sugirió a Blanche que Tiara podía
lamerla para proporcionarla el placer que debía echar en falta.
Fingiendo cierta reticencia Blanche
se dejó hacer obteniendo el placer que tanto ansiaba.
De esta forma la esclava comenzó
a participar en sus juegos eróticos, y lentamente se fueron ampliando
sus funciones. Tanto Richard como Blanche comenzaron a usarla según
su capricho, El joven la llamaba con frecuencia antes de hacer el amor
con Blanche, se hacia lamer y chupar el sexo y los testículos, de
forma que cuando Blanche se situaba sobre él gozaba de una magnífica
erección.
Blanche por su parte se hacía
lamer igualmente, de forma que cuando se situaba sobre Richard, su sexo
estaba jugoso y suave, aumentando enormemente el placer que éste
la proporcionaba con sus profundas y fuertes penetraciones.
Para Blanche este método,
fue una auténtica revelación ya que a pesar de que habitualmente,
cuando Richard llegaba al orgasmo y se sentía regada con sus cálidos
y cremosos líquidos, se desencadenaba en su cuerpo el proceso de
su propio orgasmo, había ocasiones en que ésto no ocurría,
sintiéndose insatisfecha y decepcionada. En las ocasiones en que
ésto ocurría, no tenía más que llamar a Tiara
entre sus muslos y hacerse lamer por ella hasta que el placer estallaba
dejándola exhausta y satisfecha.
Si Tiara se sentía bien o
mal con las tareas que la encomendaban nadie lo sabía. Desde luego
ni Richard, ni mucho menos Blanche, se ocuparon de preguntárselo.
Ella no era más que un objeto cálido y agradable puesto por
el buen Dios en sus vidas, que tenía como única misión,
darles placer y realizar las tareas que quisieran encomendarla.
La vida continuaba en Viento del
Norte. Los trabajos de allanar los terrenos donde se iba a plantar el jardín
exigieron que muchos esclavos participaran en los trabajos creando ciertas
dificultades, ya que estaban acostumbrados a vagar alegremente durante
todo el día. Pero Blanche supo solventar rápidamente el problema
dando autorización a Drum para que usara la fusta o el látigo
generosamente y sólo la molestara cuando las cosas fueran a mayores.
Este a su vez, pidió permiso
a Blanche para nombrar varios encargados para que vigilaran y controlaran
el desarrollo de las obras con poder de castigar las faltas leves que cometieran
los negros bajo sus ordenes.
Una vez establecida la jerarquía
y pasados los días necesarios para que la nueva situación
fuera asimilada las cosas comenzaron a rodar perfectamente y Blanche no
tuvo que intervenir más que en contadas ocasiones, eso sí,
cuando lo hizo, su rotundidad fue tal que tras unos pocos ejemplos, todos
prefirieron solventar los problemas sin necesidad de recurrir a ella.
Por contra, estableció un
sistema de premios consistente en que cuando uno de los grupos de trabajo
destacaba de los demás les daba un día libre.
Esto creó rápidamente
la competencia entre los grupos, competencia de la que los blancos eran
los únicos beneficiarios.
Lo que al principio parecía
una solución magnífica reveló pronto sus inconvenientes,
si bien era cierto que la competencia y la rivalidad nacía entre
los distintos grupos, dentro de cada grupo nacía una solidaridad
que a la larga podría resultar peligrosa.
Fue entonces cuando Blanche amplió
los derechos de los más trabajadores, no solo tendrían el
día libre sino que además durante ese día podrían
escoger una hembra con la que divertirse.
Esto modificó pronto el comportamiento
de los negros ya que algunos elegían las hembras de los otros dejando
nacer las rencillas y el odio entre ellos, imposibilitándoles para
llegar a acuerdos que no fueran los impuestos por la fuerza del látigo.
Era cierto que esto redundaba en
un menor rendimiento en el trabajo pero a Blanche no la importaba lo más
mínimo que el ritmo fuera más lento. Tenía todo el
tiempo del mundo para realizar sus deseos.
Blanche repartía su tiempo
entre vigilar los trabajos, y colaborar con Derim, aprendiendo de ella
infinidad de detalles que lentamente la permitirían ir tomando confianza
en el manejo de hierbas e instrumentos que usaba la negra para obtener
los perfumes.
Un día Blanche tomó
la firme decisión de dedicar mucho más tiempo a aprender
de la vieja negra la fabricación de venenos. Era una faceta que
echaba en falta. En realidad había aprendido mucho de perfumes pero
no de la otra vertiente de los conocimientos de Derim.
Había estado meditando en
como hacerlo sin que la producción de perfumes se sintiera afectada
por el tiempo que debería dedicar a la nueva actividad, sin encontrar
una solución satisfactoria hasta que Barza, la hija de Derim, pidió
un día hablar con su antigua ama.
La vida de Barza era solitaria,
y casi no hablaba con nadie más que con su madre y con Trican, su
macho. Parecía que todo su tiempo lo dedicaba al cuidado de su hija
Root y, ayudaba poco a Derim en la fabricación de perfumes hasta
el punto de que Blanche, a base de no verla, se había olvidado de
ella.
Blanche sintió una gran alegría
cuando se enteró de que Barza quería hablarla, sin duda la
negra tenía algo que pedirla y, esa podía ser la ocasión
para obtener de ella lo que Blanche necesitaba.
Pero no se apresuró a conceder
la entrevista, quería que si la negra tenía algo que pedirla
se sintiera ansiosa y dispuesta a dar algo a cambio. Dejó pasar
los días y una semana después la hizo llamar cuando Barza
menos lo esperaba.
Barza llegó rápidamente
y se situó ante su antigua ama con la mirada baja y con gesto compungido.
- Te pasa algo Barza?. Preguntó
en tono afable, como preocupada por la actitud de la negra.
- No señora, nada especial,
tan sólo que mi hija Root está creciendo, ya no se conforma
con la leche que yo le puedo dar, necesitaría comenzar a darla otra
clase de comida.
- Claro, eso que dices es lo más
lógico, pero no veo que puedo hacer yo en ello?. Dijo intuyendo
perfectamente a donde quería ir la negra y, dándose cuenta
que ésta al tratarla no la había dado el título de
ama.
- Sería fácil para
usted ordenar que nos dieran a mi y a mi hija comida en la casa, como a
las demás negras que trabajan en ella.
- Claro que podría hacerlo
pero esto implicaría que tendrías que trabajar en ella como
cualquier otra negra, y permitir que yo, el amo, Lama o Drum te diéramos
órdenes.
Por el gesto que hizo Barza comprendió
que la idea no la satisfacía lo más mínimo. Si su
madre había conseguido para ella y para su hija la libertad, no
era para permitir que unos esclavos la dieran órdenes.
- Pero señorita, yo soy libre.
Dijo Barza como única excusa.
- Yo también lo soy y he
pasado buena parte de mi vida recibiendo órdenes de otras personas.
- Pero no de esclavos.
- En eso tienes razón. Quieres
decir que estarías dispuesta a trabajar para mi si fuera yo quien
te diera las órdenes?.
- Claro señorita.
- Pero no se me ocurre en que te
puedo emplear?. Dijo tentando a Barza para saber en lo que ella había
pensado.
- Lama sólo recibe órdenes
de usted.
- Una especie de furor frío
recorrió a Blanche. No pretendería aquella negra sustituir
a Lama.
- Estoy contenta con Lama, sabe
llevar muy bien la casa.
Barza guardó silencio y Blanche
la estudió divertida durante unos minutos, nunca se hubiera imaginado
que las pretensiones de aquella negra pudieran ser tan altas.
Déjame que lo piense. estoy
segura de que podré encontrar una solución. Dijo Blanche
dando por terminada la conversación.
Barza se retiró confusa,
seguramente se preguntaría en aquellos momentos si habría
hecho bien en acudir a su antigua ama.
Acto seguido Blanche se fue a ver
a Derim. - Acabo de hablar con Barza y me ha dicho que desea sustituir
a Lama.
Derim se volvió confusa hacia
Blanche al oír sus palabras.
Guardó silencio unos momentos
antes de decir.
- Discúlpela ama. Yo he parido
a esa muchacha y debo reconocer que tiene ciertas habilidades, pero la
inteligencia no es algo que la sobre.
- Sabías algo del asunto?.
- Sí, no exactamente eso,
pero sabía que quería algo, me ha repetido muchas veces que
quería hablar con usted. Yo he tratado de disuadirla pero al final
ha sido inútil. Se cree que ella es capaz de hacer cualquier cosa
que hagan los demás, eso es malo por que indica que no se conoce
todavía.
- Pero ella tiene necesidades, y
su hija también. contesto fingiendo ser sensible a esas necesidades.
- Pájaros en la cabeza, es
lo que tiene, ama. Que yo sepa ningún negro dejó de tener
necesidades nunca y la mayoría, a esas necesidades tuvieron que
juntarle las dificultades de ser esclavos, casi todos sobrevivieron, y
los que murieron es que fueron tan tontos como para no saber adaptarse.
Ella tiene una hija, pero tiene una choza y que yo sepa nadie se hubiera
metido con ella si se hubiera contentado con cultivar un trozo de tierra
y criar unos animales. Pero no, ella quiere volar más alto y, no
se da cuenta de que volando alto, es fácil estrellarse contra el
suelo. Ella lo único que tiene que hacer es tener hijos, cuantos
más mejor.
Continuará...
Datos del autor/a:
Nombre: Adela.
E-mail: aadelaa@yahoo.com
Fuente: Historia originalmente publicada
en la lista de correo "morbo".
Relato protegido e inscrito en el
registro de propiedad intelectual.