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Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad
Fecha: 27-Oct-03 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Yo en la cama de mi hermanita

Anónimo
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Tiempo estimado de lectura: [ 4 min. ]
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Yo 13 y mi hermana 16, pasamos la noche besando nuestros cuerpos... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Verán, esto es real, no inventado..

Yo tenía unos 13 años. Mi corpulencia era de algo mayor. Mi hermana tenía 16 y era algo más menudita, de hermosa cara y dulce expresión, casi de más niña. Su cuerpo estaba muy bien proporcionado, sus pechos eran más bien pequeños...

Una noche, dormíamos en la misma habitación, ya que en aquella época, por los años 70, nuestra casa no era muy grande y éramos más hermanos. Pues bien, esa noche a la que me refiero, cuando todos dormían, cada uno en su cama, yo me desperté al notar algo que me acariciaba, tengo el sueño muy ligero. Miré y era mi hermana, tenía su hermosa casa a pocos centímetros de la mía.

Me dijo muy suave que viniera con ella. Me levanté, llevando sólo los calzoncillos puestos, y medio dormido y la seguí en la oscuridad, ella llevaba una bata de dormir y nada más, En la oscuridad había una suave luz que me dejó ver su transparencia. Estábamos solos en la habitación, pero nuestras camas estaban algo separadas. Se tumbó en su cama y me dijo que me metiera con ella, yo medio dormido le hice caso.

Echó por encima el cobertor para taparnos y sin decir nada empezó a tocarme el cuerpo con sus frías manos. Yo le dije que tenía frías las manos, que me dejara. Se rió suavemente y frotó las manos en la sábana un poco y volvió a tocarme el torso de nuevo. Yo desperté de mi somnolencia y reaccioné... Mi hermana me estaba metiendo mano! No lo había esperado nunca, sólo durante los juegos normales, pero esto era algo más serio. Su boca húmeda y suave acompañó a sus manos y empezó a besarme el torso, mis pechos y vientre. Le pregunté qué estaba haciendo, y ella levantó su cara, me miró con cierta picardía y me besó los labios y cuello. Estaba muy segura de lo que hacía. Yo más bien algo perdido, no sabía nada de sexo.

Con sus manos me quitó mis calzoncillos con tranquilidad, los apartó a un lado y me estuvo tocando con sus manos mi polla y mis huevos con cierta curiosidad, se frotó conmigo unas cuantas veces, y la noté muy excitada, yo empecé en ese instante a saber lo que se siente durante una relación entre dos. Era mi primera experiencia. Creo que también lo era para ella. Después de frotarse con mi cuerpo para notar mi calor y rozarse sus pechos, sus hermosos pechos con el mío, bajó su cabeza y empezó a besar mi arrugada pollita, me masajeaba los testículos a la vez que metía en su boca una y otra vez mi órgano sexual, notaba su boca caliente y un placer desconocido para mí hasta ese momento. Por supuesto era una experiencia muy agradable a la vez que novedosa. Ella seguía chupándome con cada vez más ganas mi polla. El tamaño de ésta ya estaba muy grande y dura... Notaba un calor inmenso en mi órgano y en todo el cuerpo. Creo que el cielo debe ser algo parecido. Tumbado en una confortable cama y una adolescente caliente chupándome la polla con muchas ganas debajo de la colcha.

De golpe se paró y jadeando con cara de placer me dijo al oído que hiciera lo mismo con ella. Su cuerpo estaba temblando y muy caliente. Mi inexperiencia fue superada por mi gran imaginación. Enseguida supe lo que tenía que hacer. Mis manos fueron directas a sus pechos, duros y con los pezones todavía más duros. Me los metí en la boca y los chupé uno detrás del otro con mucha fruición, mi lengua repasó cada milímetro de sus pequeños senos y sus pezones moraditos. Mis manos los acariciaba con dulzura. Sus gemidos eran cada vez más profundos. Miré su carita y tenía los ojos cerrados y su boca abierta de placer. Bajé mi boca y recorrí su vientre con mi lengua hasta llegar a su entrepierna. Tuve que escurrirme más abajo de la cama, mis manos sujetaron sus caderas y mi boca besó sus muslos tersos y duros. Mi boca se adentró en su entrepierna, tuve que separar sus muslos porque parecía como que no quería... Seguramente era su primera vez que dejaba su conejito a merced de alguien, de su hermano querido..

Mis labios besaron su bajo vientre por encima de sus vellos, pocos, y enseguida noté sus labios vaginales con mi lengua. Los besé y con mis dedos los abrí para dejar a merced de mi lengua su cuevecita. Noté sabor salado, pero no desagradable. Besé y mordisqueé repetidamente su chochito mientras ella me sujetaba mi cabeza apretada contra su bajo vientre, estremeciéndose de gusto a cada lenguetazo. La verdad es que la cama se movía con cada estremecimiento suyo. Juntó sus muslos cogiéndome la cabeza entre ellos, sentí su calor y aún estuve un rato más dándole lametones a su conejito.

Sus movimientos eran más suaves, creo que llegó al orgasmo en una de esas sacudidas, corriéndose mientras le besaba su entrepierna. Me incorporé a la parte alta de la cama besando en su camino su cuerpo hasta sus pechos, me encantaba su contacto suave. Ella me besó en la boca y volvió rápido a coger con su mano mi polla, que estaba pequeña de nuevo. Su boca caliente la hizo grande y me hizo sentir el mismo placer de antes. Pero ella sabía algo que yo desconocía.

Siguió lamiendo la punta de mi polla y masajeándola sin parar. El placer que yo sentía era inmenso, desconocido, gustoso, placentero... Sin darme cuenta, pero sintiendo un escalofrío, un chorro de esperma salió disparado hacia su cara... ella siguió masajeándome la polla hasta que ya no salió nada.

¡Era mi primer orgasmo! Nunca antes me había pajeado ni sabía hacerlo. Ella sí lo sabía. Se sonrió y me abrazó muy fuerte, sintiendo su cuerpo caliente sobre el mío. Me preguntó si me había gustado... No pude hablar, mi timidez y circunstancia me dejó sin habla. Después de un rato de abrazados, me abrió la colcha para que me fuera a mi cama. Nunca más hemos hablado de esto. Lo que ocurrió aquel día no volvió a ocurrir nunca más. Me hubiera gustado, la verdad. Ni dijimos nada el uno al otro. Pero no me arrepiento de haberlo hecho. Fue algo que ocurrió sin malicia alguna, ni violencia, ni nada traumático. Fue un acto hermoso que nos dio la vida.



© Anónimo

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