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Fecha: 26-Oct-03 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

No me violó, me sedujo

sonia
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Tiempo estimado de lectura: [ 15 min. ]
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Un familiar, un hombre mayor de 60 años me sedujo y me hizo la mujer mas feliz del mundo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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No fui violada, fui seducida

Esto no es un relato para excitar al personal, es una historia real que me sucedió a los trece años. Obviamente no recuerdo exactamente las conversaciones que aquí se citan, pero recuerdo muchas de las palabras y sucesos que cuento, a mi manera, lógicamente, cambiando fechas, nombres y el parentesco que se cita, para no ser identificada; la edad del personaje que se indica no es exactamente esa, pero se aproxima bastante y no podía ser muy distinta, ya que una de las cosas mas llamativas de este relato es precisamente, la edad del sujeto en cuestión.

En el mes de Diciembre de 1997 se presentó en nuestra casa un tío de mi padre, de 62 años de edad, del que yo no había oido en mi vida, mi madre sólo le había visto en dos bodas, y mi padre hacía mas de 8 años que no sabía nada de él. Nos dijo que había venido a la capital desde el pueblo donde residía, cuyo nombre poco importa, para arreglar unos papeles sobre herencias y transmisiones de tierras, que necesitaba 18 días para ello y que si conocíamos una pensión donde poder alojarse. Mis padres, muy samaritanos ellos, como la habitación de mi hermano estaba vacía ya que estaba trabajando en Londres desde hacía dos años, le ofrecieron alojamiento de inmediato. Se instaló pues en la habitación de mi hermano, y a los pocos días era ya como el abuelo al que nunca conocí. A pesar de su avanzada edad, todavía conservaba un poco del atractivo de su juventud, era alborotador, muy dicharachero y sobretodo muy mal hablado. Su frase favorita era: me duele la polla de tanto... y aquí poner cualquier verbo o expresión ... andar, papeleo, burocracia, ... etc; luego se me quedaba mirando y decía: ¡ Perdonarme coño, es que nunca me acuerdo que aquí hay una niña, aunque ya no es tan niña; ya tiene edad para saber lo que es una polla, ¿no?!. Y se reía a carcajada limpia y todos los demás le reíamos la gracia.

Pasaron los días y llego Nochevieja, y ante mi sorpresa, después de la cena, mis padres le dijeron al abuelo: Tomás, que como tu ya no tienes edad para salir de juerga, te dejamos cuidando de la niña, y nosotros nos vamos a celebrar el año nuevo. - No os preocupéis, que como ya hemos cenado, la niña se acuesta ahora mismo y yo no tardaré, en cuanto me fume un par de cigarros me marcho a la piltra; así que largaros tranquilos, que aquí se queda Tomás cuidando de la casa. Lo único que os pido es que acabéis la noche con un buen polvo a mi salud coño, que aún sois jóvenes y tenéis que aprovechar... (y aquí una larga carcajada.)

Unos minutos después le daba un beso a Tomás en la mejilla y me acostaba. No sé el tiempo que estuve dormida, quizás una hora, cuando desperté toda sudorosa porque sentí algo muy grande aplastado contra mí. Al principio creí que era una pesadilla, pero una enorme mano sobando mis pechos me despertó del todo.

 

 

Enseguida supe que Tomás, completamente desnudo, se había acostado en mi cama y había pegado, casi aplastado, su cuerpo al mío. Pegué un grito y quise saltar de la cama pero sus enormes brazos me tenían bien agarrada.

No seas tonta mi pequeña, si lo vamos a pasar muy bien tu y yo...

Su pene, completamente erecto, lo restregaba entre mis muslos, mientras me susurraba al oido un montón de porquerías: Tienes unas tetas preciosas, y seguro que tu chochito es una maravilla... Oh que culito más delicioso... ¿ no notas mi polla entre los mofletes de tu culito?... Yo estaba muy quieta, petrificada de puro terror y apenas respiraba. El miedo me tenía paralizada, a lo mejor se contenta sólo con tocarme, ( pensaba yo). Pero estaba totalmente equivocada. Se enfadó mucho porque aunque no oponía resistencia, tampoco colaboraba como él esperaba, así que encendió la luz, se puso a horcajadas encima de mi vientre y mostrándome orgulloso su endurecida verga, me dijo:

Mira niña, cuando llegué a esta casa y te vi por primera vez, me excité; cuando por las noches me dabas un beso en las mejillas, con tus tetas apuntándome la barbilla, se me ponía tan dura que tenía que hacerme un par de pajas para poder conciliar el sueño. Desde entonces no he hecho otra cosa que pensar en qué hacer para estar a solas contigo. Hasta que se me ocurrió lo de la fiesta de fin de año de tus padres. ¿Sabes quién les ha regalado las entradas y quien les ha pagado la cena y el champán?, el menda; ¿quién ha sudado tinta hasta convencerles de que se tenían que divertir?, el menda; ¿ y sabes porqué me he tomado tantas molestias?; porque quería follarte, y te pongas como te pongas, te follaré, aunque tenga que hacerlo a la fuerza. Así que mira bien esta polla, porque durante las próximas horas va a ser tu juguete preferido; lo vas a tocar, acariciar, besar, lamer, chupar, lo vas ha tener metido en tu chochito un par de veces al menos y también, mal que te pese, va a ser por un rato el intruso que se va instalar, sin duda con mucho gusto, dentro de tu precioso culito.

Y mientras soltaba toda esa perorata, fue despojándome del pijama, sujetador y bragas, dejándome completamente desnuda. Me dio un empujón tumbándome de espaldas en la cama y abriéndome al máximo las piernas hizo algo que yo ni me esperaba: metió su cabeza entre mis ingles y comenzó a lamerme el sexo. Yo seguía inmovilizada por el terror hasta que de repente sentí como un relámpago atravesar mi espina dorsal al mismo tiempo que sentía un placer tan inmenso, que tuve que morderme la muñeca con fuerza para no emitir un gemido de satisfacción. Sentí como mi vagina se llenaba de jugos que él devoraba con voracidad, sentí cómo el botoncito que yo sabía que existía, pero que jamás había salido de su escondite, saltar como un resorte fuera del capuchón mas erguido y enhiesto que un poste; muy lejos de aquel lugar, mis pezones se erizaron como púas y mis pechos aumentaron de volumen.

 

Cuando noté la punta de su lengua en mi clítoris, me desmayé; no es una metáfora, no, me desmayé de placer en todo el sentido de la palabra. Solo estuve inconsciente un segundo o dos, pero me sentía relajada, sin tensión, muy alegre y satisfecha por lo que me estaba pasando y esta vez no quise reprimir mi deseo de gritar y grité, gemí, me retorcí, tuve otro orgasmo y otro y otro, no sé, quizás era el mismo orgasmo que iba y venía cada segundo y todo esto transcurrió nada menos que durante 22 minutos. Cuando levantó la cabeza sonriendo por su éxito, me encontré muy, muy cansada pero al mismo tiempo muy feliz.

El se dio cuenta y me dejó descansar dándome pequeños besos en la boca, casi rozando mis labios y acariciando suavemente mis pezones. Poco a poco sus besos se fueron alargando y enseguida sentí su lengua lamiendo la mía y eso me excitó de nuevo. Poco tiempo después cogió una de mis manos y la llevó a su miembro viril que seguia tan erecto como la última vez que lo había visto. Me fue indicando al oido cómo debía mover mi mano, y así estuvimos unos minutos hasta que me dijo, con una dulzura de la que jamás le hubiera yo imaginado: Basta por ahora cariño, no quiero correrme aún. Ahora lo que más deseo es poseerte, asi que respira hondo y preparate para dejar de ser virgen. Todo esto sin dejar de acariciar mi excitada rajita que de nuevo estaba lubricada al máximo. Se montó encima de mí, y suavemente apoyó la punta de su enrojecido glande en la entrada de mi vagina. Lo mantuvo allí unos segundos y de repente apretó con todas sus fuerzas. El grito de dolor salió de lo más profundo de mi alma. Algo se había desgarrado en mi interior. Tomás se detuvo y dándome tiernos besos me susurró: Ya está hecho cariño, lo peor ya ha pasado, ahora preparate a gozar. Voy a follarte como nunca he follado a ninguna otra. Y empezó a bombear, metiendo y sacando su cipote, primero despacio y poco a poco aumentando el ritmo. Me pareció un milagro que el dolor hubiera desaparecido tan de repente y fuera sustituido por un placer indescriptible, como nunca antes lo había sentido. Esto era mucho más delicioso que cuando me masturbaba. Era un experto amante, sabía cuándo detenerse y cuando acelerar el ritmo; sabia como retrasar su goce a costa de que yo gozara. De nuevo un orgasmo, y otro, y otro...

Yo calculo que estuve en el paraíso unos quince minutos, (que ahora sé que es una barbaridad de tiempo), después sacó su pene diciendo: No nos podemos arriesgar a que te quedes embarazada. Y se corrió en mi vientre, en mis tetas, en mi cara. Ya sé que es difícil de creer en un hombre de su edad, pero soltó tres largas ráfagas de semen y multitud de gotas de ese elixir maravilloso. Fue una corrida que para sí la quisieran muchos jóvenes de los que ahora me galantean, presumiendo de su virilidad. Este vejestorio si que era un hombre, un auténtico hombre, de una potencia sexual portentosa, como más adelante os contaré; un verdadero macho que sabe cómo satisfacer a una hembra.

 

 

Ambos necesitábamos un descanso y nos quedamos uno muy pegadito al otro, asimilando el maravilloso polvo. Yo no apartaba mis manos de su ahora fláccido pene, me encantaba tenerlo entre mis manos, no sé, me parecía un iman del cual no podía resistirme. Mientras tanto el buscaba con su lengua la mía y sus manos jugueteaban con mis pezones. Ante mi sorpresa, no habían pasado ni tres minutos, cuando su gusanito, casi de repente, se convirtió en una estaca poderosa, que se erguía majestuosa verticalmente, apuntando al techo. Me pareció la cosa más hermosa y excitante que había visto en mi vida. Me puse a jugar con su verga ante la sonriente complacencia de su dueño. No estaba circuncidado y eso me encantaba porque me gustaba bajar poco a poco su prepucio para ver asomar su maravilloso glande; bajaba el prepucio todo lo que podía hasta hacerle daño, porque lo que más me excitaba era ver como su glande se hinchaba cada vez más; cómo pasaba del rosa al rojo vivo y de ahí al violáceo. Después volvía el prepucio a su posición original y vuelta a empezar; apretando poco a poco y con fuerza hasta que un pequeño grito de Tomás me avisaba que le estaba haciendo daño. En una de esas manipulaciones, aparecieron unas gotitas transparentes asomando justo en su pequeña abertura. No lo dudé ni un instante, pasé la lengua por allí y me dispuse a saborearlo y ante mi sorpresa comprobé que no tenia sabor alguno, o al menos eso me pareció. Pero ese gesto fue suficiente para que Tomás me susurrará al oido: Vamos pequeña, chupame la polla, hazme el mejor servicio que una mujer puede hacer a un hombre.

La verdad es que lo estaba deseando y le pedí que me guiara ya que yo era una total inexperta, aunque muy voluntariosa. Me dijo que volviera a dejar al descubierto el glande y empezara a lamérselo con la punta de la lengua, sin prisas, acariciando con mi lengua cada milimetro de esa adorable cabecita. Seguí todas sus indicaciones al pie de la letra, lamí su tallo, su base, sus peludas pelotas, y vuelta a empezar con el glande. Me metí su pene en la boca, al principio sólo hasta la mitad ya que su punta rozaba mi campanilla y me producia arcadas, pero a base de paciencia y gracias a sus consejos, llegó un momento en el que inexplicablemente me encontré con toda su polla íntegramente alojada en mi garganta y milagrosamente sin sentir ni una sola arcada. Una vez que hube aprendido eso, todo lo demás fue coser y cantar. Lamida de glande, bajar poco a poco la lengua por toda su longitud, engullir un escroto, luego el otro, subir poco a poco la lengua por el tallo hasta llegar a su glande, introducción de su polla poco a poco en la garganta hasta no dejar ni un solo milimetro fuera, dejarla allí dentro un par de segundos para que se empapara toda ella de mi saliva, sacarla poco a poco y vuelta a empezar... ¿Te importa que me corra en tu boca?, me pregunto.

 

Asentí con la cabeza, ya que no podia hablar y por nada del mundo me hubiera sacado su miembro de donde lo tenía. Sentí cómo sus venas se hinchaban cada vez más, su pulso se aceleró de repente a una velocidad endiablada y sus cojones ardian en mis manos, era evidente que se avecinaba la corrida. Y sucedió; potentísimos chorros de leche tibia inundaron toda mi garganta. No te lo tragues aún, me dijo, aguántalo un poco en tu boca, y quiero que lo paladees como si fuera leche condensada, eso nos gusta mucho a los hombres y nos da mucho morbo. Luego me dices qué te parecen su olor y su sabor; se de algunas mujeres que les encanta el sabor del semen, espero que tu seas una de ellas. Y así lo hice. Al principio el olor me pareció nauseabundo, pero de inmediato cambié de opinión, no era asqueroso era pura y simplemente olor a macho y creo que ese olor tiene un gran poder afrodisiaco en las mujeres; al menos, a mí me pone mas cachonda que la música de los caballitos de feria. En cuanto al sabor, en aquél momento no sabía cómo explicarlo. No era dulce, ni salado. No era agrio ni ácido; era – y aún me lo parece- una mezcla de todo eso. No quería decepcionarle, así que no había descifrado aún su sabor, pero le dije que me gustaba, que teniamos que repetirlo, que quería probarlo otra vez. No te apures, -me contestó-, te garantizo que no será la última felación que me hagas aunque no creo que puedas superarla; ha sido la mamada mas maravillosa de toda mi vida y te garantizo que esta polla mía ha sido saboreada por más bocas femeninas que pelos tienes en tu precioso coño.

Su miembro estaba encogido de nuevo e intente volver al mismo juego de destapar y esconder el glande, pero me dijo que ibamos a hacer algo mejor: un sesenta y nueve. Por supuesto que yo sabía lo que era aquello y aunque nunca lo había hecho, me situé encima de él, de tal manera que el felpudo de mi coño quedo a escasos centímetros de su boca, mientras la mía se tragaba el flaccido pene. Apenas pude entretenerme en la tarea de lamerle su miembro ya que su lengua estaba haciendo maravillas por toda mi zona genital y el exceso de placer que sentía no me dejaba concentrarme en mi trabajo. Lo único que pude conseguir es que su verga volviera a recuperar su colosal dureza, pero no le pude llevar al éxtasis como deseaba, porque mis orgasmos se sucedian uno tras otro. Apenas me hube recuperado cuando le vi levantarse y buscar algo en los bolsillos de su pijama que estaba tirado en el suelo a unos metros de la cama. Me enseñó un pequeño sobre; -La seguridad ante todo mi niña, me dijo, voy a enseñarte cómo tienes que poner un condón. Se tumbó boca arriba con su colosal cipote, más duro que el pedernal, y fue indicándome la forma en que debía ponerse el preservativo para evitar que se moviera o rompiese. Una vez colocado de forma adecuada el condón, me dijo que me pusiera a cuatro patas que ibamos a follar al estilo perro, que era la manera que a él más le gustaba y que seguramente tambien me gustaría a mi.

 

Unos segundos después ya tenia su polla taladrándome el chocho a una velocidad endiablada, su polla parecía haber crecido unos centímetros más porque yo la sentía mucho mas dentro de mi que la primera vez. Es una postura que a las mujeres nos tiene que gustar a la fuerza: el pene entra más profundamente en la vagina, las manos del hombre pueden acariciarte tanto el clítoris como el culo y por último sentir cómo los testículos del macho golpean en cada arremetida el botoncito del placer, es una sensación tan extraña y a la vez tan exquisita que te derrites como la mantequilla en el fogón. Al menos es lo que me pasa a mí cada vez que me follan de esa forma. De nuevo demostré ser una mujer de orgasmo fácil, mis fluidos empapaban por completo la polla de mi amante que no dejaba de penetrarme con furia. Tenía una potencia extraordinaria, nunca jamás he conocido a nadie como él. Se podia tirar de quince a veinte minutos seguidos follándote sin parar y sin llegar a correrse. Estoy segura que el numero de hombres en el mundo que pueden controlar su corrida como lo hacía él, pueden contarse perfectamente con los dedos de las dos manos y seguramente me sobran dedos. Cuando estuvo seguro de que yo ya había gozado lo suficiente, entonces y solo entonces, sacó su pene de mi chumino, se quitó el condón, me pidio que me diera la vuelta y abriera la boca y soltó toda su descarga seminal, que era mucha, en el interior de mi garganta para según él, gustara de la mejor bebida que una mujer puede llevarse a la boca. Esta vez si que procuré que no se me escapara ni una de sus gotas. La leche que se escurría tanto por mi cara, mis labios y mis tetas, la recogía con los dedos y me los chupaba como si fuera exquisita miel. Y esta vez si, y no miento, esta vez si que me gustó el sabor de su semen. Nos quedamos tumbados el uno junto al otro saboreando el gusto de este fenomenal polvo; miré el reloj de la mesilla de noche, eran casi las tres de la mañana. Cerré un momento los ojos y sin poder evitarlo me quedé dormida.

Una lengua exquisita lamiendo mi ano, me despertó. Miré el reloj, las seis de la mañana; había dormido tres horas que me habian venido de perlas. La lengua de Tomas se paseaba entre mi ano y el espacio que hay entre éste y la vagina. ¡ Hola buenos dias preciosa, ¿dormiste bien ?. Si gracias, pero por favor no pares, sigue con lo que estabas, era delcioso. Bueno, no debes tener prisa cariño, tendrás mucho de eso de aquí en adelante, estamos llegando al momento cumbre preciosa; no podemos terminar la noche sin que tu hermoso culito pruebe mi polla. Prometeme que tendrás mucho cuidado y no me harás daño. Hasta hace una hora no podía garantizártelo, pero ahora si que puedo. ¿Y eso?. Cuando te dormiste yo tambien lo intenté pero estoy tan excitado que no puedo conciliar el sueño.

 

 

Me levanté y he rebuscado en toda la casa hasta que por fin lo he encontrado. ¿El qué?. Esto: una tarrina de vaselina. Por lo visto a tu madre le encanta que la den por el culo, porque en un cajón de su mesilla debajo de un montón de bragas de seda, hay seis o mas cajitas como ésta y una de ellas está casi vacia y ha sido utilizada muy recientemente. Asi que me he apropiado de una que no creo que la echen en falta y la vamos a gastar enterita. Ahora sí, ahora voy a seguir con lo que estaba porque tengo que prepararte muy bien para la enculada. Date la vuelta cariño y abre bien tus mofletes que voy la lamerte bien el culito. Era simplemente deliciosa la sensación de esa húmeda y viscosa lengua en mi ano y sus aledaños.

-¿Estás lo suficiente cachonda como para que lo intentemos ya?

Estoy deseando que me la metas hasta el fondo, -le conteste..

Pero cuando volví la cabeza me arrepentí. De repente le vi la polla en toda su extensión mientras se aplicaba una buena cantidad de vaselina, y sobretodo tomé conciencia de su grosor, algo de lo que hasta entonces no había reparado; era demasiado gruesa como para poder entrar por tan pequeño agujero y sentí un miedo pavoroso. Pero dada mi contundente respuesta, ya no podia echarme atrás. Me limité a suplicarle:

Por favor, ten mucho cuidado, no me hagas demasiado daño, ¿vale?.

Y mientras me aplicaba una cantidad considerable de vaselina en el ojete me respondió:

Te he cogido demasiado cariño como para querer hacerte daño. Lo haremos muy despacito y si no puedes soportar el dolor, me lo dices y lo dejamos. Aunque sinceramente creo que te dolera un poco al principio, pero después gritarás de placer; confía en mí, sé lo que digo.

Me puse en posición, elevando el pompis todo cuanto pude y enterré la cabeza bajo la almohada, al mismo tiempo que mordía una toalla que Tomás me había facilitado. Sentí la cabeza de su verga en la entrada del orificio. Me agarró fuertemente con las manos en las caderas y comenzó a empujar. Sentí dolor y mordí con fuerza la toalla, no quería quejarme tan pronto. La cabeza ya estaba dentro y el dolor era casi insoportable, se me escapo un pequeño quejido y Tomás paró el empuje. Esperó a que mi culo se acostumbrara al trozo de carne que le estaba perforando. Y comenzó de nuevo la embestida, muy despacio, milimetro a milimetro y ante mi sorpresa el dolor fue amainando. De repente sentí sus cojones pegados a mi chocho al mismo tiempo que le oí decir: Ya está. Toda su estaca estaba enterrada en el interior del estrecho conducto. La dejó allí dentro durante unos segundos y comenzo a retirarlo y a media que su polla retrocedía, el placer iba increscendo. Sacó todo su miembro a excepción de la cabeza y volvió a meterlo esta vez sin tantos miramientos. Aumentó el ritmo de su bombeo y el placer me hizo olvidar de inmediato el dolor del inicio.

 

 

El bufaba en cada arremetida y yo jadeaba, gemía, gritaba y hasta lloraba, pero no de dolor, sino de placer. No sé que clase de terminaciones nerviosas hay en el interior de mi ano, pero el roce de esa maroma de carne caliente me volvía loca. No me reprimí en absoluto. Grité a pleno pulmón: ¡¡ Siiiiiiiiiiii, siiiiiiii, Dios, sigue follandome el culo, me gusta, Ohhhhhhh, Ohhhhhh, sigue, sigue, parteme el culo en dos que me encanta, Dioooooooos.....!!. Mientras Tomás no dejaba de repetir: ¡¡¡ Joder que culito, qué maravilla de culo, como aprisiona mi polla, cariño, vida mía, cómo me gustas, me derritooooo!!. Eran tal altos nuestros gritos, gemidos y jadeos que debían de oirse a varios kilómetros de distancia. Y si en las anteriores jodiendas Tomás había aguantado durante veinte minutos antes de correrse, en esta ocasión no habían transcurrido ni siquiera cinco minutos, cuando gritó con todas sus fuerzas: ¡¡ No puedo aguantar más, me corroooooooo ¡!. Y se corrió. Era la primera vez que lo hacía en el interior de mi cuerpo y la sensación que tuve no la olvidaré jamás en la vida. Su semen salía a borbotones y a gran velocidad produciéndome el mayor orgasmo de la noche. Me duró exactamente minuto y medio. Justo el tiempo que tardo su verga en desinflarse escapándose del apasionado abrazo que le ofrecían mis esfínteres. El esperma caia en forma de regueros desde mi culo, regándome el chumino y los muslos. Aunque no es facil de creer, debido a la edad del contrincante, esta última batalla fue regada con la mayor y más abundante corrida de la noche. Nos quedamos jadeando uno encima del otro, recuperando poco a poco el ritmo normal de la respiración.

Una hora después me estaba sodomizando de nuevo y no sentí ni pizca de dolor, ni siquiera al principio, Fue todo un continuo placer. Media hora después, su rabo estaba duro de nuevo y de nuevo me lleno el culo de su tibia leche. Parece increíble pero es tan cierto como que existen el día y la noche. A las nueve de la mañana Tomás se fue a dormir a su cama y yo me quedé dormida en la mía. Gracias a Dios, mis padres llegaron a las diez, se acostaron y cuando se levantaron a eso de las seis de la tarde, nosotros hacía media hora que nos habiamos vestido y arreglado. Mis Padres jamás se enteraron de lo que ocurrió aquella noche. Nunca llegaron a enterarse que su niña de trece años había sido desvirgada por todos sus agujeros por un hombre de sesenta y dos años. Un hombre que la había hecho mujer y le había llenado de felicidad.

Y para terminar dejarme que os de un consejo a todas las mujeres que os negais a ser sodomizadas: no hay nada más placentero en este mundo que una buena polla corriéndose en tu culito. El dolor es mínimo comparado con el inmenso placer que se recibe. Sólo hay que saber hacer y derrochar mucho cariño y mucha vaselina.

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