No fui violada, fui seducida
Esto no es un relato para excitar al personal, es una
historia real que me sucedió a los trece años. Obviamente no recuerdo
exactamente las conversaciones que aquí se citan, pero recuerdo muchas de las
palabras y sucesos que cuento, a mi manera, lógicamente, cambiando fechas,
nombres y el parentesco que se cita, para no ser identificada; la edad del
personaje que se indica no es exactamente esa, pero se aproxima bastante y no
podía ser muy distinta, ya que una de las cosas mas llamativas de este relato es
precisamente, la edad del sujeto en cuestión.
En el mes de Diciembre de 1997 se presentó en nuestra casa un
tío de mi padre, de 62 años de edad, del que yo no había oido en mi vida, mi
madre sólo le había visto en dos bodas, y mi padre hacía mas de 8 años que no
sabía nada de él. Nos dijo que había venido a la capital desde el pueblo donde
residía, cuyo nombre poco importa, para arreglar unos papeles sobre herencias y
transmisiones de tierras, que necesitaba 18 días para ello y que si conocíamos
una pensión donde poder alojarse. Mis padres, muy samaritanos ellos, como la
habitación de mi hermano estaba vacía ya que estaba trabajando en Londres desde
hacía dos años, le ofrecieron alojamiento de inmediato. Se instaló pues en la
habitación de mi hermano, y a los pocos días era ya como el abuelo al que nunca
conocí. A pesar de su avanzada edad, todavía conservaba un poco del atractivo de
su juventud, era alborotador, muy dicharachero y sobretodo muy mal hablado. Su
frase favorita era: me duele la polla de tanto... y aquí poner cualquier verbo o
expresión ... andar, papeleo, burocracia, ... etc; luego se me quedaba mirando y
decía: ¡ Perdonarme coño, es que nunca me acuerdo que aquí hay una niña, aunque
ya no es tan niña; ya tiene edad para saber lo que es una polla, ¿no?!. Y se
reía a carcajada limpia y todos los demás le reíamos la gracia.
Pasaron los días y llego Nochevieja, y ante mi sorpresa,
después de la cena, mis padres le dijeron al abuelo: Tomás, que como tu ya no
tienes edad para salir de juerga, te dejamos cuidando de la niña, y nosotros nos
vamos a celebrar el año nuevo. - No os preocupéis, que como ya hemos cenado, la
niña se acuesta ahora mismo y yo no tardaré, en cuanto me fume un par de
cigarros me marcho a la piltra; así que largaros tranquilos, que aquí se queda
Tomás cuidando de la casa. Lo único que os pido es que acabéis la noche con un
buen polvo a mi salud coño, que aún sois jóvenes y tenéis que aprovechar... (y
aquí una larga carcajada.)
Unos minutos después le daba un beso a Tomás en la mejilla y
me acostaba. No sé el tiempo que estuve dormida, quizás una hora, cuando
desperté toda sudorosa porque sentí algo muy grande aplastado contra mí. Al
principio creí que era una pesadilla, pero una enorme mano sobando mis pechos me
despertó del todo.
Enseguida supe que Tomás, completamente desnudo, se había
acostado en mi cama y había pegado, casi aplastado, su cuerpo al mío. Pegué un
grito y quise saltar de la cama pero sus enormes brazos me tenían bien agarrada.
No seas tonta mi pequeña, si lo vamos a pasar muy bien tu
y yo...
Su pene, completamente erecto, lo restregaba entre mis
muslos, mientras me susurraba al oido un montón de porquerías: Tienes unas tetas
preciosas, y seguro que tu chochito es una maravilla... Oh que culito más
delicioso... ¿ no notas mi polla entre los mofletes de tu culito?... Yo estaba
muy quieta, petrificada de puro terror y apenas respiraba. El miedo me tenía
paralizada, a lo mejor se contenta sólo con tocarme, ( pensaba yo). Pero estaba
totalmente equivocada. Se enfadó mucho porque aunque no oponía resistencia,
tampoco colaboraba como él esperaba, así que encendió la luz, se puso a
horcajadas encima de mi vientre y mostrándome orgulloso su endurecida verga, me
dijo:
Mira niña, cuando llegué a esta casa y te vi por primera
vez, me excité; cuando por las noches me dabas un beso en las mejillas, con
tus tetas apuntándome la barbilla, se me ponía tan dura que tenía que
hacerme un par de pajas para poder conciliar el sueño. Desde entonces no he
hecho otra cosa que pensar en qué hacer para estar a solas contigo. Hasta
que se me ocurrió lo de la fiesta de fin de año de tus padres. ¿Sabes quién
les ha regalado las entradas y quien les ha pagado la cena y el champán?, el
menda; ¿quién ha sudado tinta hasta convencerles de que se tenían que
divertir?, el menda; ¿ y sabes porqué me he tomado tantas molestias?; porque
quería follarte, y te pongas como te pongas, te follaré, aunque tenga que
hacerlo a la fuerza. Así que mira bien esta polla, porque durante las
próximas horas va a ser tu juguete preferido; lo vas a tocar, acariciar,
besar, lamer, chupar, lo vas ha tener metido en tu chochito un par de veces
al menos y también, mal que te pese, va a ser por un rato el intruso que se
va instalar, sin duda con mucho gusto, dentro de tu precioso culito.
Y mientras soltaba toda esa perorata, fue despojándome del
pijama, sujetador y bragas, dejándome completamente desnuda. Me dio un empujón
tumbándome de espaldas en la cama y abriéndome al máximo las piernas hizo algo
que yo ni me esperaba: metió su cabeza entre mis ingles y comenzó a lamerme el
sexo. Yo seguía inmovilizada por el terror hasta que de repente sentí como un
relámpago atravesar mi espina dorsal al mismo tiempo que sentía un placer tan
inmenso, que tuve que morderme la muñeca con fuerza para no emitir un gemido
de satisfacción. Sentí como mi vagina se llenaba de jugos que él devoraba con
voracidad, sentí cómo el botoncito que yo sabía que existía, pero que jamás
había salido de su escondite, saltar como un resorte fuera del capuchón mas
erguido y enhiesto que un poste; muy lejos de aquel lugar, mis pezones se
erizaron como púas y mis pechos aumentaron de volumen.
Cuando noté la punta de su lengua en mi clítoris, me
desmayé; no es una metáfora, no, me desmayé de placer en todo el sentido de la
palabra. Solo estuve inconsciente un segundo o dos, pero me sentía relajada,
sin tensión, muy alegre y satisfecha por lo que me estaba pasando y esta vez
no quise reprimir mi deseo de gritar y grité, gemí, me retorcí, tuve otro
orgasmo y otro y otro, no sé, quizás era el mismo orgasmo que iba y venía cada
segundo y todo esto transcurrió nada menos que durante 22 minutos. Cuando
levantó la cabeza sonriendo por su éxito, me encontré muy, muy cansada pero al
mismo tiempo muy feliz.
El se dio cuenta y me dejó descansar dándome pequeños besos
en la boca, casi rozando mis labios y acariciando suavemente mis pezones. Poco
a poco sus besos se fueron alargando y enseguida sentí su lengua lamiendo la
mía y eso me excitó de nuevo. Poco tiempo después cogió una de mis manos y la
llevó a su miembro viril que seguia tan erecto como la última vez que lo había
visto. Me fue indicando al oido cómo debía mover mi mano, y así estuvimos unos
minutos hasta que me dijo, con una dulzura de la que jamás le hubiera yo
imaginado: Basta por ahora cariño, no quiero correrme aún. Ahora lo que más
deseo es poseerte, asi que respira hondo y preparate para dejar de ser virgen.
Todo esto sin dejar de acariciar mi excitada rajita que de nuevo estaba
lubricada al máximo. Se montó encima de mí, y suavemente apoyó la punta de su
enrojecido glande en la entrada de mi vagina. Lo mantuvo allí unos segundos y
de repente apretó con todas sus fuerzas. El grito de dolor salió de lo más
profundo de mi alma. Algo se había desgarrado en mi interior. Tomás se detuvo
y dándome tiernos besos me susurró: Ya está hecho cariño, lo peor ya ha
pasado, ahora preparate a gozar. Voy a follarte como nunca he follado a
ninguna otra. Y empezó a bombear, metiendo y sacando su cipote, primero
despacio y poco a poco aumentando el ritmo. Me pareció un milagro que el dolor
hubiera desaparecido tan de repente y fuera sustituido por un placer
indescriptible, como nunca antes lo había sentido. Esto era mucho más
delicioso que cuando me masturbaba. Era un experto amante, sabía cuándo
detenerse y cuando acelerar el ritmo; sabia como retrasar su goce a costa de
que yo gozara. De nuevo un orgasmo, y otro, y otro...
Yo calculo que estuve en el paraíso unos quince minutos,
(que ahora sé que es una barbaridad de tiempo), después sacó su pene diciendo:
No nos podemos arriesgar a que te quedes embarazada. Y se corrió en mi
vientre, en mis tetas, en mi cara. Ya sé que es difícil de creer en un hombre
de su edad, pero soltó tres largas ráfagas de semen y multitud de gotas de ese
elixir maravilloso. Fue una corrida que para sí la quisieran muchos jóvenes de
los que ahora me galantean, presumiendo de su virilidad. Este vejestorio si
que era un hombre, un auténtico hombre, de una potencia sexual portentosa,
como más adelante os contaré; un verdadero macho que sabe cómo satisfacer a
una hembra.
Ambos necesitábamos un descanso y nos quedamos uno muy
pegadito al otro, asimilando el maravilloso polvo. Yo no apartaba mis manos de
su ahora fláccido pene, me encantaba tenerlo entre mis manos, no sé, me
parecía un iman del cual no podía resistirme. Mientras tanto el buscaba con su
lengua la mía y sus manos jugueteaban con mis pezones. Ante mi sorpresa, no
habían pasado ni tres minutos, cuando su gusanito, casi de repente, se
convirtió en una estaca poderosa, que se erguía majestuosa verticalmente,
apuntando al techo. Me pareció la cosa más hermosa y excitante que había visto
en mi vida. Me puse a jugar con su verga ante la sonriente complacencia de su
dueño. No estaba circuncidado y eso me encantaba porque me gustaba bajar poco
a poco su prepucio para ver asomar su maravilloso glande; bajaba el prepucio
todo lo que podía hasta hacerle daño, porque lo que más me excitaba era ver
como su glande se hinchaba cada vez más; cómo pasaba del rosa al rojo vivo y
de ahí al violáceo. Después volvía el prepucio a su posición original y vuelta
a empezar; apretando poco a poco y con fuerza hasta que un pequeño grito de
Tomás me avisaba que le estaba haciendo daño. En una de esas manipulaciones,
aparecieron unas gotitas transparentes asomando justo en su pequeña abertura.
No lo dudé ni un instante, pasé la lengua por allí y me dispuse a saborearlo y
ante mi sorpresa comprobé que no tenia sabor alguno, o al menos eso me
pareció. Pero ese gesto fue suficiente para que Tomás me susurrará al oido:
Vamos pequeña, chupame la polla, hazme el mejor servicio que una mujer puede
hacer a un hombre.
La verdad es que lo estaba deseando y le pedí que me guiara
ya que yo era una total inexperta, aunque muy voluntariosa. Me dijo que
volviera a dejar al descubierto el glande y empezara a lamérselo con la punta
de la lengua, sin prisas, acariciando con mi lengua cada milimetro de esa
adorable cabecita. Seguí todas sus indicaciones al pie de la letra, lamí su
tallo, su base, sus peludas pelotas, y vuelta a empezar con el glande. Me metí
su pene en la boca, al principio sólo hasta la mitad ya que su punta rozaba mi
campanilla y me producia arcadas, pero a base de paciencia y gracias a sus
consejos, llegó un momento en el que inexplicablemente me encontré con toda su
polla íntegramente alojada en mi garganta y milagrosamente sin sentir ni una
sola arcada. Una vez que hube aprendido eso, todo lo demás fue coser y cantar.
Lamida de glande, bajar poco a poco la lengua por toda su longitud, engullir
un escroto, luego el otro, subir poco a poco la lengua por el tallo hasta
llegar a su glande, introducción de su polla poco a poco en la garganta hasta
no dejar ni un solo milimetro fuera, dejarla allí dentro un par de segundos
para que se empapara toda ella de mi saliva, sacarla poco a poco y vuelta a
empezar... ¿Te importa que me corra en tu boca?, me pregunto.
Asentí con la cabeza, ya que no podia hablar y por nada del
mundo me hubiera sacado su miembro de donde lo tenía. Sentí cómo sus venas se
hinchaban cada vez más, su pulso se aceleró de repente a una velocidad
endiablada y sus cojones ardian en mis manos, era evidente que se avecinaba la
corrida. Y sucedió; potentísimos chorros de leche tibia inundaron toda mi
garganta. No te lo tragues aún, me dijo, aguántalo un poco en tu boca, y
quiero que lo paladees como si fuera leche condensada, eso nos gusta mucho a
los hombres y nos da mucho morbo. Luego me dices qué te parecen su olor y su
sabor; se de algunas mujeres que les encanta el sabor del semen, espero que tu
seas una de ellas. Y así lo hice. Al principio el olor me pareció nauseabundo,
pero de inmediato cambié de opinión, no era asqueroso era pura y simplemente
olor a macho y creo que ese olor tiene un gran poder afrodisiaco en las
mujeres; al menos, a mí me pone mas cachonda que la música de los caballitos
de feria. En cuanto al sabor, en aquél momento no sabía cómo explicarlo. No
era dulce, ni salado. No era agrio ni ácido; era – y aún me lo parece- una
mezcla de todo eso. No quería decepcionarle, así que no había descifrado aún
su sabor, pero le dije que me gustaba, que teniamos que repetirlo, que quería
probarlo otra vez. No te apures, -me contestó-, te garantizo que no será la
última felación que me hagas aunque no creo que puedas superarla; ha sido la
mamada mas maravillosa de toda mi vida y te garantizo que esta polla mía ha
sido saboreada por más bocas femeninas que pelos tienes en tu precioso coño.
Su miembro estaba encogido de nuevo e intente volver al
mismo juego de destapar y esconder el glande, pero me dijo que ibamos a hacer
algo mejor: un sesenta y nueve. Por supuesto que yo sabía lo que era aquello y
aunque nunca lo había hecho, me situé encima de él, de tal manera que el
felpudo de mi coño quedo a escasos centímetros de su boca, mientras la mía se
tragaba el flaccido pene. Apenas pude entretenerme en la tarea de lamerle su
miembro ya que su lengua estaba haciendo maravillas por toda mi zona genital y
el exceso de placer que sentía no me dejaba concentrarme en mi trabajo. Lo
único que pude conseguir es que su verga volviera a recuperar su colosal
dureza, pero no le pude llevar al éxtasis como deseaba, porque mis orgasmos se
sucedian uno tras otro. Apenas me hube recuperado cuando le vi levantarse y
buscar algo en los bolsillos de su pijama que estaba tirado en el suelo a unos
metros de la cama. Me enseñó un pequeño sobre; -La seguridad ante todo mi
niña, me dijo, voy a enseñarte cómo tienes que poner un condón. Se tumbó boca
arriba con su colosal cipote, más duro que el pedernal, y fue indicándome la
forma en que debía ponerse el preservativo para evitar que se moviera o
rompiese. Una vez colocado de forma adecuada el condón, me dijo que me pusiera
a cuatro patas que ibamos a follar al estilo perro, que era la manera que a él
más le gustaba y que seguramente tambien me gustaría a mi.
Unos segundos después ya tenia su polla taladrándome el
chocho a una velocidad endiablada, su polla parecía haber crecido unos
centímetros más porque yo la sentía mucho mas dentro de mi que la primera vez.
Es una postura que a las mujeres nos tiene que gustar a la fuerza: el pene
entra más profundamente en la vagina, las manos del hombre pueden acariciarte
tanto el clítoris como el culo y por último sentir cómo los testículos del
macho golpean en cada arremetida el botoncito del placer, es una sensación tan
extraña y a la vez tan exquisita que te derrites como la mantequilla en el
fogón. Al menos es lo que me pasa a mí cada vez que me follan de esa forma. De
nuevo demostré ser una mujer de orgasmo fácil, mis fluidos empapaban por
completo la polla de mi amante que no dejaba de penetrarme con furia. Tenía
una potencia extraordinaria, nunca jamás he conocido a nadie como él. Se podia
tirar de quince a veinte minutos seguidos follándote sin parar y sin llegar a
correrse. Estoy segura que el numero de hombres en el mundo que pueden
controlar su corrida como lo hacía él, pueden contarse perfectamente con los
dedos de las dos manos y seguramente me sobran dedos. Cuando estuvo seguro de
que yo ya había gozado lo suficiente, entonces y solo entonces, sacó su pene
de mi chumino, se quitó el condón, me pidio que me diera la vuelta y abriera
la boca y soltó toda su descarga seminal, que era mucha, en el interior de mi
garganta para según él, gustara de la mejor bebida que una mujer puede
llevarse a la boca. Esta vez si que procuré que no se me escapara ni una de
sus gotas. La leche que se escurría tanto por mi cara, mis labios y mis tetas,
la recogía con los dedos y me los chupaba como si fuera exquisita miel. Y esta
vez si, y no miento, esta vez si que me gustó el sabor de su semen. Nos
quedamos tumbados el uno junto al otro saboreando el gusto de este fenomenal
polvo; miré el reloj de la mesilla de noche, eran casi las tres de la mañana.
Cerré un momento los ojos y sin poder evitarlo me quedé dormida.
Una lengua exquisita lamiendo mi ano, me despertó. Miré el
reloj, las seis de la mañana; había dormido tres horas que me habian venido de
perlas. La lengua de Tomas se paseaba entre mi ano y el espacio que hay entre
éste y la vagina. ¡ Hola buenos dias preciosa, ¿dormiste bien ?. Si gracias,
pero por favor no pares, sigue con lo que estabas, era delcioso. Bueno, no
debes tener prisa cariño, tendrás mucho de eso de aquí en adelante, estamos
llegando al momento cumbre preciosa; no podemos terminar la noche sin que tu
hermoso culito pruebe mi polla. Prometeme que tendrás mucho cuidado y no me
harás daño. Hasta hace una hora no podía garantizártelo, pero ahora si que
puedo. ¿Y eso?. Cuando te dormiste yo tambien lo intenté pero estoy tan
excitado que no puedo conciliar el sueño.
Me levanté y he rebuscado en toda la casa hasta que por fin
lo he encontrado. ¿El qué?. Esto: una tarrina de vaselina. Por lo visto a tu
madre le encanta que la den por el culo, porque en un cajón de su mesilla
debajo de un montón de bragas de seda, hay seis o mas cajitas como ésta y una
de ellas está casi vacia y ha sido utilizada muy recientemente. Asi que me he
apropiado de una que no creo que la echen en falta y la vamos a gastar
enterita. Ahora sí, ahora voy a seguir con lo que estaba porque tengo que
prepararte muy bien para la enculada. Date la vuelta cariño y abre bien tus
mofletes que voy la lamerte bien el culito. Era simplemente deliciosa la
sensación de esa húmeda y viscosa lengua en mi ano y sus aledaños.
-¿Estás lo suficiente cachonda como para que lo intentemos
ya?
Estoy deseando que me la metas hasta el fondo, -le
conteste..
Pero cuando volví la cabeza me arrepentí. De repente le vi
la polla en toda su extensión mientras se aplicaba una buena cantidad de
vaselina, y sobretodo tomé conciencia de su grosor, algo de lo que hasta
entonces no había reparado; era demasiado gruesa como para poder entrar por
tan pequeño agujero y sentí un miedo pavoroso. Pero dada mi contundente
respuesta, ya no podia echarme atrás. Me limité a suplicarle:
Por favor, ten mucho cuidado, no me hagas demasiado daño,
¿vale?.
Y mientras me aplicaba una cantidad considerable de
vaselina en el ojete me respondió:
Te he cogido demasiado cariño como para querer hacerte
daño. Lo haremos muy despacito y si no puedes soportar el dolor, me lo dices
y lo dejamos. Aunque sinceramente creo que te dolera un poco al principio,
pero después gritarás de placer; confía en mí, sé lo que digo.
Me puse en posición, elevando el pompis todo cuanto pude y
enterré la cabeza bajo la almohada, al mismo tiempo que mordía una toalla que
Tomás me había facilitado. Sentí la cabeza de su verga en la entrada del
orificio. Me agarró fuertemente con las manos en las caderas y comenzó a
empujar. Sentí dolor y mordí con fuerza la toalla, no quería quejarme tan
pronto. La cabeza ya estaba dentro y el dolor era casi insoportable, se me
escapo un pequeño quejido y Tomás paró el empuje. Esperó a que mi culo se
acostumbrara al trozo de carne que le estaba perforando. Y comenzó de nuevo la
embestida, muy despacio, milimetro a milimetro y ante mi sorpresa el dolor fue
amainando. De repente sentí sus cojones pegados a mi chocho al mismo tiempo
que le oí decir: Ya está. Toda su estaca estaba enterrada en el interior del
estrecho conducto. La dejó allí dentro durante unos segundos y comenzo a
retirarlo y a media que su polla retrocedía, el placer iba increscendo. Sacó
todo su miembro a excepción de la cabeza y volvió a meterlo esta vez sin
tantos miramientos. Aumentó el ritmo de su bombeo y el placer me hizo olvidar
de inmediato el dolor del inicio.
El bufaba en cada arremetida y yo jadeaba, gemía, gritaba y
hasta lloraba, pero no de dolor, sino de placer. No sé que clase de
terminaciones nerviosas hay en el interior de mi ano, pero el roce de esa
maroma de carne caliente me volvía loca. No me reprimí en absoluto. Grité a
pleno pulmón: ¡¡ Siiiiiiiiiiii, siiiiiiii, Dios, sigue follandome el culo, me
gusta, Ohhhhhhh, Ohhhhhh, sigue, sigue, parteme el culo en dos que me encanta,
Dioooooooos.....!!. Mientras Tomás no dejaba de repetir: ¡¡¡ Joder que culito,
qué maravilla de culo, como aprisiona mi polla, cariño, vida mía, cómo me
gustas, me derritooooo!!. Eran tal altos nuestros gritos, gemidos y jadeos que
debían de oirse a varios kilómetros de distancia. Y si en las anteriores
jodiendas Tomás había aguantado durante veinte minutos antes de correrse, en
esta ocasión no habían transcurrido ni siquiera cinco minutos, cuando gritó
con todas sus fuerzas: ¡¡ No puedo aguantar más, me corroooooooo ¡!. Y se
corrió. Era la primera vez que lo hacía en el interior de mi cuerpo y la
sensación que tuve no la olvidaré jamás en la vida. Su semen salía a
borbotones y a gran velocidad produciéndome el mayor orgasmo de la noche. Me
duró exactamente minuto y medio. Justo el tiempo que tardo su verga en
desinflarse escapándose del apasionado abrazo que le ofrecían mis esfínteres.
El esperma caia en forma de regueros desde mi culo, regándome el chumino y los
muslos. Aunque no es facil de creer, debido a la edad del contrincante, esta
última batalla fue regada con la mayor y más abundante corrida de la noche.
Nos quedamos jadeando uno encima del otro, recuperando poco a poco el ritmo
normal de la respiración.
Una hora después me estaba sodomizando de nuevo y no sentí
ni pizca de dolor, ni siquiera al principio, Fue todo un continuo placer.
Media hora después, su rabo estaba duro de nuevo y de nuevo me lleno el culo
de su tibia leche. Parece increíble pero es tan cierto como que existen el día
y la noche. A las nueve de la mañana Tomás se fue a dormir a su cama y yo me
quedé dormida en la mía. Gracias a Dios, mis padres llegaron a las diez, se
acostaron y cuando se levantaron a eso de las seis de la tarde, nosotros hacía
media hora que nos habiamos vestido y arreglado. Mis Padres jamás se enteraron
de lo que ocurrió aquella noche. Nunca llegaron a enterarse que su niña de
trece años había sido desvirgada por todos sus agujeros por un hombre de
sesenta y dos años. Un hombre que la había hecho mujer y le había llenado de
felicidad.
Y para terminar dejarme que os de un consejo a todas las
mujeres que os negais a ser sodomizadas: no hay nada más placentero en este
mundo que una buena polla corriéndose en tu culito. El dolor es mínimo
comparado con el inmenso placer que se recibe. Sólo hay que saber hacer y
derrochar mucho cariño y mucha vaselina.
Podeis pasarme vuestros comentarios a la siguiente
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