Sin una palabra la negra salio de
la habitacion y regreso con una jofaina de agua tibia. Sabia lo que se
esperaba de ella y lavo el sexo de Maurice con la mejor voluntad aunque
para Blanche estaba claro que la faltaba practica.
Poco despues, mientras el carruaje
de Blanche llevaba a Maurice hacia el banco Tiara regresaba con agua limpia
para lavar el sexo de su ama pero esta lo rechazo, preferia un placer mas
completo proporcionado por la agil y complaciente lengua de la esclava.
Poco, muy poco la importaba a Blanche
el estado de limpieza de su sexo despues del encuentro amoroso con Maurice,
a ella lo unico que la importaba era sentir renacer el placer que hacia
unos minutos habia sentido. Ademas Tiara ya estaba acostumbrada a deslizar
su lengua por el sexo de su ama en cualquier circunstancia. Era normal
que le pidiera aquel servicio despues de retozar con Lamoro o al mismo
tiempo que lo hacia con el negro, aun incluso cuando estaba con la regla.
La higiene intima era algo que no preocupaba a Blanche cuando se trataba
de hacerse servir por los esclavos.
Ni siquiera se ocupaba de contener
cuantas ventosidades alcanzaban el ano en tales momentos.
Era frecuente que sus retozos con
los esclavos estuvieran salpicados de los sonoros y pestilentes gases que
se formaban en su intestino.
Recordaba que alguna vez habia sentido
verguenza de tales actos pero luego se dijo que era una tonteria recatarse
ante un animal y menos cuando ese mismo animal estaba obligado a sujetar
su orinal mientras defecaba y a transportarlo y limpiarlo despues.
No, todavia no habia llegado a defecar
directamente en su boca pero si a orinar de vez en cuando en ella. Claro
que tampoco excluia que esto pudiera ocurrir. Habia sentido verdadero morbo
al hacerlo en casa de Hanna.
Al dia siguiente el señor
Heimann llego acompañado de una cuadrilla de albañiles y
despues de enterarse de lo que queria Blanche dio las ordenes oportunas
para que comenzaran los trabajos de desescombro.
Blanche, que casi no habia reparado
en el el dia anterior se sintio impresionada por el conocimiento de su
oficio, su madurez y su buen hacer. Incluso la parecio que el precio que
el señor Heimann pedia no era excesivamente caro.
En ningun momento hablo con Blanche
de sus apuros economicos ni de las dificultades que tenia, hablaba y se
comportaba como si pensara que aquel iba a ser su negocio para toda la
vida.
En los dias sucesivos se termino
de desescombrar y empezaron los trabajos de reconstruccion de los almacenes
solo que dandoles un nuevo diseño, su interior debia estar dividido
en dos docenas de habitaciones y amplias salas comunes construidas con
el gran espacio sobrante.
El señor Heimann solia venir
a primera hora de la mañana acompañando a las cuadrillas
de albañiles y a sus peones negros. Aprovechaba este viaje para
traer consigo los materiales que se necesitarian durante el dia y por la
tarde regresaba para inspeccionar los trabajos y preparar los del dia siguiente.
Blanche estaba francamente impresionada
de ver la rapidez y la eficacia con que trabajaban cada uno de los componentes
de las cuadrillas fueran blancos o negros.
Era evidente que cada uno sabia
su sitio y su cometido.
Pocas cosas tenia que hacer Blanche
que no fuera ver como de las ruinas se iban alzando las estructuras que
contendrian una parte de su futuro negocio e inspeccionar la marcha de
la rehabilitacion de la casa que seguia un ritmo satisfactorio.
Por las noches solia reunir a los
negros y negras y bajo su atenta mirada les ordenaba entregarse al gratificante
juego amoroso.
Procuraba, eso si, que las parejas
no se hicieran estables y tan pronto como descubria negros trataban de
emparejarse los mandaba a formar parte de otras parejas formando trios
o grupos en los que sus componentes se comportaban de las formas mas variadas.
No era nada extraño ver un
dia parejas de machos o de hembras practicando entre si para al dia siguiente
hacerles formar parte de un grupo con negros totalmente distintos.
Blanche sintio cierto repelus el
primer dia que vio como un macho sodomizaba a otro pero se dijo que aquel
comportamiento podia ser tan fructifero como cualquier otro.
Habia oido hablar muchas veces de
homosexuales entre las mujeres de la taberna de Moises, alla en Natchez,
era una conversacion corriente, siempre se hablaba de ellos con desprecio
y agresividad pero ahora que disponia de negros comenzaba a verlo de un
modo distinto. Si un caballero deseaba divertirse con un negro por que
no se iba ella a aprovecharse de ello poniendo un negro a su disposicion.
En varias ocasiones estuvo tentada
de ordenar a Tiara que participara en los juegos, no con machos evidentemente,
porque no queria tener que prescindir de sus servicios cuando se quedara
preñada y sabia que no soportaria su presencia con la barriga hinchada,
pero si con hembras, solo se detuvo al pensar en el asco que sentiria cuando
la lengua de Tiara tocara su sexo despues de haber lamido el de una negra.
De todas maneras Blanche necesitaba
que una negra experta tanto en machos como en hembras la hiciera compañia
de vez en cuando y decidio elegir una de las mas jovenes.
Era una negrita preciosa de color
claro de la que se celo rapidamente Tiara.
La primera noche que Blanche llevo
a la habitacion a Drilabe, Tiara la miro de arriba abajo e hizo un gesto
de disgusto que hizo gracia a Blanche.
Era curioso ver como Tiara se comportaba
como si realmente tuviera sentimientos humanos y su ama la hubiera engañado
con otra negra.
Incluso parecia tener un cierto
sentido de exclusividad en cuanto al servicio de Blanche.
Solo se sentia satisfecha cuando
Blanche regañaba a Drilabe por alguna causa o cuando la encargaba
los trabajos mas desagradables.
Pero cuando ocurria al reves parecia
que Tiara se iba a morir de un momento a otro. Sin duda se sentia disminuida,
celosa y mortificada por la presencia de Drilabe.
Blanche no tardo en descubrir las
risitas ahogadas de una cuando regañaba a la otra y viceversa.
Era curioso que Tiara no sintiera
celos de Lamoro pero si de Drilabe.
Ver las reacciones de las dos esclavas
era un motivo de entretenimiento y de diversion para Blanche, que segun
su humor daba sus preferencias a una o a otra.
Por supuesto que la atencion corporal
que deseaba estaba reservada para Tiara, Drilabe debia seguir practicando
en las orgias nocturnas y Blanche sentia cierto asco hacia ella.
Tiara captaba este sentimiento de
Blanche y se sentia poderosa y segura frente a su rival.
Jack vigilaba continuamente los
trabajos, nunca cambiaba o modificaba las ordenes de Drum poro su sola
presencia y la de los perros hacia acelerar el ritmo a los negros y negras.
Blanche no habia vuelto a ver a
la negra que le regalo pero sabia que de vez en cuando se llevaba cualquier
esclava a su habitacion y se divertia con ella.
Ciertamente no abusaba de su situacion
y la reintegraba al trabajo tan pronto como habia terminado con ella.
Blanche sentia verdaderos deseos
de que aquel fenomeno que tanto habia alarmado a los vecinos de Nueva Orleans
se repitiera, estaba segura que haberlo controlado pero queria demostrarselo
a si misma antes de dar el siguiente paso en la aventura. Pero ahora que
lo deseaba, el fenomeno parecia retrasarse voluntariamente.
Casi diariamente bajaba al agujero
de la cueva tratando de adivinar mentalmente cual seria el nivel del agua.
No queria que el fenomeno ocurriera y pudiera pasarsele desapercibido.
Con frecuencia bajaba con Jack y
este no dejaba de sorprenderse cada vez que Blanche acertaba el nivel que
debia tener el agua.
Jack la miraba como si viera en
ella una adivina, una gran maga capaz de acertar fenomenos impredecibles.
Al parecer Jack no habia descubierto el ciclo diario, con pequeñas
diferencias de hora, que el agua realizaba en el interior de la enorme
caverna.
Un dia Blanche estaba a punto de
empezar a comer cuando se presento Hanna sin previo aviso.
- Dichoso los ojos que te ven. Dijo
Blanche en tono de bienvenida.
- Tengo mucha prisa. Contesto Hanna
en tono seco.
- Tan importante es para que no
lo hayas podido dejar para otro momento
- Para mi si.
- Tu diras entonces?
- No creo que sea necesario aclararte
para que vengo. Lo puedes imaginar tu misma, dijo poniendo un fajo de billetes
ante sus ojos.
- Pues tendras que esperar. Me disponia
a comer, asi que o comes conmigo o vuelves mas tarde. Es posible que despues
de comer tenga ganas de acostarme contigo.
- Yo lo necesito ahora.
- Pues yo lo que necesito es comer.
- Lo puedes hacer mas tarde.
- Claro que puedo, pero no quiero.
Por unos instantes vio dudar a Hanna,
la vio indecisa entre marchar o quedarse pero Blanche sabia que de una
forma o de otra Hanna no tardaria en regresar a su casa.
Blanche sabia que Hanna se portaba
asi porque queria dejar a salvo su orgullo intentando humillarla, pero
estaba muy lejos el tiempo en que podia haberlo hecho.
- Que te propones conmigo? Pregunto
Hanna
- Que te propones tu?
- Yo nada.
- Yo tampoco.
- Tratas asi a todos tus clientes?
- No, solo a los que han rechazado
mi amistad.
Vio como Hanna parecia que iba a
hablar pero finalmente decidio quedarse callada.
Blanche aprovecho la duda de Hanna
para ordenar que fuera servida la mesa para dos personas.
- No Blanche, yo ya he comido. Dijo
Hanna cambiando de tono.
- No importa, podemos hacernos compañia
y charlar mientras como.
Momentos despues las dos mujeres
sentadas a la mesa eran atendidas por los esclavos. Blanche no olvido poner
a disposicion de Hanna un esclavo para que lamiera su calzado. Sabia que
eso la agradaba y no la costaba ningun trabajo complacerla. Al fin y al
cabo los esclavos debian acostumbrarse a las excentricidades de los amigos
y clientes de su ama.
Mientras charlaban, Tiara servia
la comida sin quitar ojo discretamente a Hanna. Blanche sabia que Tiara
la odiaba pero se abstenia logicamente de mostrar el menor rechazo.
Suponia que no tardaria en tener
que servirla intimamente y cualquier manifestacion de sus sentimientos
podia ser contraproducente.
Hanna, por el contrario ignoraba
a Tiara, seguramente ni siquiera la recordaba pero aunque lo hubiera hecho
para ella no era mas que una negra.
- Que tal tus negros?. Pregunto
Blanche.
- Cuales?
- Aquellos que ibas a marcar con
un hierro al rojo?
- A si, lo hice aquel mismo dia.
Lo hubieras pasado bien si te hubieras venido conmigo.
- Por que?
- Recuerdas que sali de aqui un
poco enfadada ?.
- No, no lo recuerdo, para mi que
habias salido contenta.
- Si, pero cuando me marchaba dijiste
algo que me molesto.
Blanche hizo una pausa como si tratara
de recordar cuales habian sido sus ultimas palabras, y dijo. - No me acuerdo?
- Dijiste que te ibas a limpiar
el culo con mi dinero.
Blanche estallo en carcajadas.
- Eso dije?
- Eso dijiste y me sento muy mal.
No lo habras hecho?.
- Que cosas se le pueden ocurrir
a una cuando tiene ganas de molestar. Pero cuenta, que hiciste con los
negros.
- Nada importante. Bueno despues
de verles correr como demonios y de marcarlos escogi uno para mi. Tenia
ganas de probar una nueva silla que han diseñado para mi, es una
silla de montar que se sujeta a la espalda del negro con fuertes correas,
esto permite sentarse muy comoda en sus espaldas, de la silla cuelgan estribos
para poner los pies, realmente es una silla fantastica. Tienes que verla.
Permite estar horas y horas sentada
sin la menor fatiga asi que con el pretexto de probarla y con lo enfadada
que estaba creo que me excedi un poco haciendole correr y fustigandole
continuamente hasta que al final casi lo reviento.
Blanche esbozo una sonrisa al acabar
la historia y dijo.
- Seria una pena que lo hubieras
matado por tan poca cosa.
- No lo creas, he matado a muchos
negros por menos.
Blanche penso que efectivamente
Hanna decia la verdad. Ella lo habia visto con sus propios ojos en otros
tiempos.
- Que tal fue tu entrevista con
Arthur ?.
- Bien, muy bien, mucho mejor de
lo que esperaba.
- Ves, ya te lo habia dicho, el
sheriff es un hombre muy comprensivo.
- Conoci tambien a su mujer.
- A Margaret?
- Si a Margaret, me ha parecido
una mujer muy interesante.
- Puede que lo sea pero no hay que
olvidar su pasado.
Blanche sintio que de nuevo la ira
renacia en ella. Parecia como si Hanna se empeñara en que fueran
enemigas.
- Yo soy ahora como ella fue, dijo
conteniendo la ira.
- Pero tu no aspiras a ser una de
las damas mas importantes de la ciudad.
Blanche no se pudo contener mas
y dijo en tono desairado.
- Se puede saber a que has venido
a mi casa?
Hanna palidecio unos instantes y
despues dijo.
- Perdoname, no ha sido mi intencion
ofenderte.
- Pues lo disimulas muy bien. Dijo
Blanche aceptando las disculpas de Hanna, estaba convencida de que no habia
querido ofenderla, solo la inconsciencia natural la hacia comportarse de
esa manera.
- Perdoname Blanche, no queria molestarte,
he sido educada a sentir desprecio hacia las putas y no puedo evitarlo.
Continuara...
Datos del autor/a:
Nombre: Adela.
E-mail: aadelaa@yahoo.com
Fuente: Historia originalmente publicada
en la lista de correo "morbo".
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registro de propiedad intelectual.