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Fecha: 20-Oct-03 « Anterior | Siguiente » en Confesiones

Viendo cómo me cogen

María
Accesos: 41.598
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Tiempo estimado de lectura: [ 8 min. ]
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Finalmente acepté hacer realidad los deseos de mi marido, comerme otra verga en su presencia. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Viendo cómo me cogen

Martín y yo, Mary, somos un matrimonio al que nos encanta fantasear cuando tenemos sexo; nuestra fantasía preferida fue siempre pensar que estábamos haciéndolo con otro hombre y a mi marido le encanta verme acabar y gozar.

A mí, siempre me excitó esta fantasía, pero cuando me decía si quería hacerla realidad, yo siempre contestaba que no sabía, que no quería, que no necesitaba a otro hombre; pero mi esposo siempre me insistía con que le encantaría verme con otro hombre, pero yo siempre le decía que no.

Sucedió que una noche me invitó a bailar y me llevó a uno de esos lugares de intercambio de parejas (yo me enteré de lo que era cuando estaba adentro). Él me dijo que no me obligaba a nada, que me amaba con todo su corazón y que me traía sólo para que viera como tanto me gusta… Había parejas que intercambiaban el baile entre ellas, se abrazaban y besaban y muchas se retiraban a un lugar apartado. Ante mi curiosidad, le pregunté qué adónde iban y me contestó que no sabía. Entonces nos levantamos y fuimos a ver. Había un montón de parejas cogiendo en una serie de camas, una al lado de la otra y yo me quedé fascinada mirando fijamente.

Comencé a excitarme, de una manera que jamás había sentido cuando veía películas pornográficas, ¡aquello sí que fue excitante! No es lo mismo una película que verlo en directo. Al pasar un rato, nos fuimos a casa y me cogí a mi marido como una tigresa insaciable. Lo volví loco y fantaseamos con que nosotros estábamos allí. Dos semanas después volvimos a ir, me insistió en realizar un trío, pero yo volvía a contestar lo mismo. Nos sentamos a una mesa y pedimos algo de tomar, mirábamos a las parejas bailar y ya me empezaba a calentar. Se nos acercó un hombre y preguntó si se podía sentar a charlar con nosotros, diciendo que se llamaba Miguel. Martín le dijo que sí, pero yo no estaba muy convencida ¡y encima se sentó a mi izquierda, justo a mi lado!...

Durante la charla, me comenzó a parecer simpático; además estaba musculoso. Era de tipo latino aunque de pelo rubio y contextura física fornida. Cuando en un momento se fue al sanitario, mi esposo se puso muy mimoso conmigo y me preguntó si Miguel me gustaba para fantasear con él; entre mimos y un poco de pena, le dije que me parecía guapo, que estaba atractivo y que me gustaría fantasear con él. Con cara de pillín, me preguntó si me gustaría que concretáramos nuestra fantasía.

¡Ay, no!... No empieces-, le dije.

Entonces me propuso que al menos dejara que me besara, unos mimos pondrían fuego a nuestro deseo.

No sé… -, le contesté.

Vamos, no sean malita… Sé que te gusta… Aunque sea un poquito, ¡dame algo de celos y déjame verte, aunque sea besando a otro!... –

No sé… Además, puede pensar mal de nosotros… -, contesté tratando de escabullirme de la situación y me quedé como atontada.

Nena, todos vienen aquí a coger, y él no pensara eso… Es cuestión de que te animes y verás-

Miguel volvió al rato del sanitario y se sentó otra vez a mi lado. Martín comenzó a meterme mano entre las piernas y le preguntaba a nuestro amigo si yo le gustaba y cosas así; en verdad, la situación me estaba poniendo a mil, pero yo tenía una vergüenza bárbara… La charla siguió subiendo de tono, hasta que mi marido le hizo un gesto a Miguel, que en su momento no logré ver. Miguel se me acercó y me dio un beso muy suave en la boca, que yo no esquivé, pues ¡me encantó! Comenzamos a besarnos en los labios y yo no me resistía; miraba a mi esposo de reojo y su calentura era tan evidente, que me convenció de seguir besando a nuestro invitado en forma liberal y lasciva, sin ataduras y con confianza.

Mientras nos besábamos, mi marido me daba besitos en la mejilla derecha y seguía metiendo mano, hasta que sentí la mano de Miguel en mi teta… La situación iba tornándose morbosa al mil por mil. Después, salimos a bailar los tres, pero sin tocarnos, sólo me acariciaron la espalda. Me excitaba mucho la situación de estar besándome con otro hombre al lado de mi marido, me estaba mojando toda.

Martín propuso que nos fuéramos a otro lado, nos subimos al auto y el muy degenerado (menos mal), nos llevó a un hotel de paso, donde después de pedir algo de tomar al servicio de habitaciones y charlar fumando un cigarrillo, para ir tomando mayor confianza, me desabroché el cinturón y me acerqué a nuestro invitado, quien me empezó a quitarme los tirantes del body. Cuando me los había bajado por debajo de los pechos, dejándome las tetas al aire, me empezó a besar y yo empecé a desabrocharle la camisa y los pantalones y a quitárselos, mientras miraba a Martín con esa mirada que tanto lo excita. Mi marido me quitó la falda, las medias y la pantaleta, y cuando estuve desnuda, me volví hacia Martín y le desabroché la camisa, mientras Miguel me besaba por la espalda y me acariciaba los pechos y las nalgas.

Mimosa, le pregunté a mi marido si le gustaba y me contestó que estaba excitadísimo, que me deseaba más que nunca. Cuando le desabroché la camisa y los pantalones, me volví hacía Miguel y lo terminé de desnudar. Me asaltó la curiosidad al ver su falo, que era un poco más grande que el de mi esposo; se la agarré con la mano y lo besé en la boca. Miguel y yo nos tumbamos en la cama, empezando a acariciarnos y besarnos, mientras mi marido se terminaba de desnudar y se incorporaba a la cama. Entonces les dije que se sentaran en el borde de la misma, yo me bajé, me arrodillé en el medio de los dos y comencé a mamarle la verga a mi marido, mientras con otra mano, acariciaba la de Miguel. Luego pasé a chupársela a Miguel, mientras miraba a Martín "de esa forma que tanto le gusta".

Primero le pasaba la punta de la lengua por el glande, lo recorría y le daba besos y humedecía con la lengua. Veía a mi esposo, que ya para ese entonces estaba como descontrolado por la excitación, mientras iba subiendo por el tronco de Miguel y comencé a chuparle la cabezota, metiéndome la verga hasta el fondo de mi boca. Así intercambiaba con uno y otro, un ratito cada uno, hasta que mi marido me agarró y me dijo:

¡Ven acá, puta, y dame un beso con esa boca mamadora con sabor a verga de otro macho!... -, nos dimos un beso enorme, húmedo y profundo y yo le refregué la lengua hasta la garganta.

Me recostó dulcemente en la cama y mis dos hombres se pusieron uno de cada lado, los dos me acariciaron, me besaron, me chuparon la vagina, las tetas, los pezones, la boca, el cuello… En un determinado momento en que Miguel me chupaba la pucha, yo le mamaba la verga a mi marido, y tuve un orgasmo intenso y duradero, que prácticamente creí que me había meado. Martín me abrazó fuerte y me dijo que me veía muy guapa y que me quería con todo su corazón. Me relajé mientras me besaba y me preguntó si me gustaría que Miguel me la metiera, le contesté:

¿A ti te gustaría que me la metiera?... -, y me respondió que sí.

Entonces le dijo a Miguel que me penetrara, que me metiera esa vergota; al mismo tiempo me dedique a mamársela otra vez a mi esposo. Cuando Miguel comenzó a cogerme, yo continué chupándosela a Martín, ¡el placer que sentí es indescriptible!... Nuestro invitado me comenzó a coger cada vez más rápido y tuve otro orgasmo. Luego cambiamos de posición, ahora Martín me la metía y yo se la mamaba a Miguel, mirando de reojo a mi marido, que estaba como enloquecido. Así exploté más fuerte que antes y Martín se controló para no hacerlo todavía. Luego, cambiamos otra vez. Me puse como perrita y Miguel me la empezó a clavar desde atrás, mientras mi esposo me mamaba los pechos y me acariciaba el clítoris. Loca de excitación le dije a mi marido:

¡Mira cómo me coge, papito, ¿te gusta?!... ¡Pero mira como me la encaja toda!... –

Me vine dos veces más, mientras gritaba como loca.

¡Métanme esas vergotas, y déjenme bien cogida, por favor!... ¡Ay papitos, llenen mi cuevita de leche!... –

Miguel acabó derramando toda su leche dentro de mi vagina; y Martín como desesperado, me dio vuelta y comenzó a mamarme la concha llena de leche (mientras, Miguel se fue a lavar y volvió al rato). Estando acostada y con mi marido lamiéndome la cuca, yo comencé a mamarle la verga a Miguel. Martín me montó y me dijo que se sentía riquísimo cogerme con la pucha llena de leche de otro hombre. Yo me sentía volar con dos hombres a mi servicio, me sentía toda una putona con poder y un placer que parecía volar por las nubes.

Mientras mi esposo me bombeaba, yo seguía mamándole la reata a Miguel, y cuando mi marido se vino dentro de mi papaya, yo me vine de una forma tan fuerte como nunca lo había hecho antes. Nos recostamos y estuvimos otro rato besándonos, acariciándonos, relajándonos. Al cabo de un tiempo, Martín y yo fuimos juntos al baño, nos besamos y acariciamos llenos de felicidad. Me preguntó si quería volver a coger con nuestro amigo y con cara de pillina, le dije que sí. Me dijo que también quería verme gozar, pero con dos condiciones: la primera, que antes se la mamara a Miguel y le diera otro beso con sabor a verga (¡eso lo excita muchísimo!); y la segunda, que yo le dijera que quería que me la metiera otra vez.

Volvimos a la cama, me recosté al lado de Miguel y comencé a mamarle esa terrible ñonga que tanto me hizo gozar, mientras veía a mi marido de la forma que tanto le gusta, que hasta casi tengo otro orgasmo por la situación, pero me lo guardé para más adelante. Agarré a mi marido y nos besamos en la boca con frenesí, pero muy dulcemente. Le dije a Miguel que me la metiera, que quería que me cogiera otra vez y me la metió con las piernas levantadas, mientras yo me masturbaba acariciando el clítoris.

Le decía que a mi marido le gustaba ver cómo me cogían y me masturbaba, le pedí a Martín que me acariciara el clítoris y me chupara las tetas, mientras Miguel me tenía con los ojos en blanco de la tremenda vergueada que me daba. Al hacerlo, le preguntaba a mi esposo si le gustaba ver cómo me cogía otro macho, contestando que le encantaba, que se sentía feliz, que le daba un placer enorme ver como me penetraba otro y todavía mejor, como me lo cogería yo a él. Entonces acosté a Miguel y me le monté encima, agarré su macana y me la metí de un solo empujón toda adentro.

¡Mira papito!-, le decía a Martín, -¡date cuenta lo puta que soy!... -, mientras me cogía a nuestro invitado, y sin dejar de verlo con esa cara de putona desenfrenada que pongo cuando tengo la verga clavada hasta el fondo o cuando me están cañoneando de lo lindo y que lo vuelve tan loco; me puso la verga en la boca y el placer fue indescriptible…

Al llegar a casa, Martín y yo nos acostamos y fumando un cigarrillo, comentamos todo lo que sentimos. Dije cosas que jamás había imaginado decir, hasta le dije que me gustaría volver a repetir la experiencia, no una sino varias veces, pero que también me encantaría verlo a él con otra chica. Hablando nos calentamos tanto, que lo hicimos toda la noche, quedando dormidos hasta la madrugada desnudos y abrazados.

Desde aquella experiencia, estamos más unidos que antes y nuestras relaciones han crecido en intensidad. Recordamos aquella noche con Miguel y fantaseamos con lo que posiblemente vendrá más adelante.

Mary

margra50@hotmail.com


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© María

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