El éxito con respecto a mis presentaciones eran cada vez más
concurridas. Las propuestas llegaban a montones, pero Diana no quería soltarme,
cada vez el deseo se fue tornando en un amor posesivo. Poco a poco sus celos
iban aflorando. Sí al principio le excitaba como mi publico se excitaba con mis
movimientos, la mirada, la libertad de mi cuerpo era algo que no podía soportar,
en ese momento mostraba que la sumisión que acostumbraba era tan solo un juego,
un papel. Pues en realidad era un demonio que se ocultaba detrás de delicadas
formas.
Mi autismo, debido al trauma que significo perder a toda mi
familia de un momento a otro, iba desvaneciéndose, al menos ese trauma iba
tomando nuevas formas. La danza, como ya antes dije, hizo que dominara mi cuerpo
para la seducción.
A pesar de que solo necesitaba verle la mirada a alguien para
saber como dejarlos a mis pies con mis movimientos, solo me deje tocar por Diana
y sus hijas. Como ven a pesar de mis formas femeninas, jamás deje tocarme por un
hombre, aunque me excitaba más llevarlos un máximo clímax.
Diana muy difícilmente me dejaba salir, cosa que siempre
encontraba la forma de escapar. Me gustaba vestirme siempre sexy, y salir a una
discoteca de ambiente, donde pueda mostrar toda mi masculina feminidad. Me
gustaba ir con una faldita mini con aspecto mojado muy apretado que resaltaba mi
delicioso trasero, un body transparente que translucían mis implantados pero
deliciosos pechos, medias de seda que me llegan a las rodillas, un maquillaje
escandaloso que me hacia ver toda una perra. Entraba en la disco, me pepeaba, y
sin ver a nadie desplegaba toda mi sensualidad, escuchando atentamente la
aceleración de la respiración quien se hipnotizaba con mis movimientos, siempre
sin dejar que nadie me toque, como había dicho, solo dejaba que lo hiciese mi
nueva familia, hasta que sucedió algo que quizá estaba esperando.
Era inevitable de convertirme en el centro de atracción donde
vaya, esa era la única razón por la que salía, eso me excitaba. Solo que a veces
llevaba la excitación hasta el límite de aquellos que tenían un efecto catártico
al verme bailar.
Una de esas noches, saliendo de la disco, sentí como me tapo
la boca una gran y callosa mano con u pañuelo con olor extraño, formol, mientras
mis ojos se serraban, sentía que otro me tomaba de las piernas y los dos me
introdujeron en una furgoneta. Pero atrás de esa gran mano, en mis labios se
ocultaban una gran sonrisa. Cuando desperté estaba amarrado en la alfombra de
una sala, que dicho sea de paso carecía de decoración. Mientras desperté
comenzaron los insultos - perra te vamos a dar hoy duro, ya varias noches estas
que nos calientas y nada, ahora te toca tu castigo ramera asquerosa, crees que
porque tienes ese cuerpo vas a hacer lo que quieras, vas a saber ahora quien son
los amos-. No escuchaba esas palabras con miedo, mas bien mi rostro inexpresivo
ocultaba una estridente carcajada.
Los mire a cada uno a los ojos sin pronunciar palabra, eran
dos gorilas que fijo tenían más de tres años en un gimnasio. Inmediatamente se
abalanzaron sobre mí, me pusieron en cuatro patas, para esto estaba desnuda, uno
se puso atrás y luego de ponerme vaselina en mi recto me perforo si compasión,
el otro tomándome de los cabellos, me obligó ( al menos eso quería que creyera),
a que abriera que creyera y comenzó a follarme por la boca. Comencé a mover mis
caderas y hacerle al otro una mamada espectacular. Os ojos de los supuestos
violadores estaban fuera de sus orbitas, no podían parar, tenían que seguir,
poco a poco estaban en mi poder, mis movimientos, impedían que sus penes se
pusieran flácidas, nos quedamos horas, cambiando de pociones cada 20 minutos,
quedaron exhaustos, luego de eyacular como mulas, bañándome mi cuerpo des semen,
se quedaron dormidos, justo como los quería
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