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 TODORELATOS.COM Fecha: 12 de Octubre, 2008.
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Chantaje

Daryus
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Angela permanecía absorta en la lectura de los apuntes y libros de texto, su concentración solo se veía rota de vez en cuando por miradas furtivas hacia el cuerpo de esa mujer que tanto le imponía. Gertrudis reinaba tras su gafas de concha en el silencio del papel y el olor de la piel... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

CHANTAJE

Angela permanecía absorta en la lectura de los apuntes y libros de texto, su concentración solo se veía rota de vez en cuando por miradas furtivas hacia el cuerpo de esa mujer que tanto le imponía. Gertrudis reinaba tras su gafas de concha en el silencio del papel y el olor de la piel. Miraba de soslayo como las yemas de sus dedos acariciaba los lomos de los libros, como en un ritual. Cada día cuando se acercaba la hora de cerrar, su rostro cambiaba, se veía alterado. Angela tardó tiempo en comprobar a que se debía esas muestras de placer, de dolor, de admiración que el rostro de la mujer expresaba.

A veces pensaba que desde su más tierna infancia ya tenía una imagen de mujer madura, los zapatos de tacón, las medias con costura, la falda de tubo, las blusas y ese peinado, siempre con moño que tanto le excitaba. Se la imaginaba así desde el principio de los tiempos, creciendo con su ropa al mismo tiempo. Durante muchas horas de escrutar gestos y movimientos, había conseguido ubicar en el espacio los libros acariciados y en su mente los pensamientos vistos.

Había descubierto El Ama de Annick Foucoult con un gesto de satisfacción, La Venus de las pieles de Massoch con desdén, Historia de O de Regine con admiración y otros tantos títulos esparcidos por el corredor sin ningún otro orden que el que Gertrudis había querido imponer, y todos ellos correspondidos con su gesto mas o menos voluptuoso. En ese punto Angela se había dado cuenta que la bibliotecaria no era tan mojigata como los demás creían, que tenia una sexualidad, muy afín a la suya, y la mantenía a escondidas.

Empezó a elucubrar y a idear un plan que le permitiese acercarse sin encontrarse con una defensa férrea y un no rotundo. Se sabía tenaz y cabezota , pero esa no era la táctica a desarrollar con alguien que probablemente le aventajaba en experiencia y astucia. Unos minutos antes del cierre Gerturdis se levanto como cada día fue hasta la máquina del café y sacó uno con leche, lo dejó en la mesa de estudio alargada cerca de su oficina y comenzó a despachar con una sonrisa irónica a todos los estudiantes. Ese era el momento de actuar pensó Angela, y con ese pensamiento se levantó y se marchó no sin antes robar la última mirada de ese cuerpo prieto. Siempre permanecía unas horas mas después del cierre.

Angela pensaba en que haría. Penso en el tomo de sade, de piel nervuda en su canto, no demasiado ancho, lo imaginaba correr entre los muslos de la mujer mientras recitaba pasajes, pensaba en movimientos rápidos forzando un orgasmo deseado. Y su pensamiento se iba a su abuela, y ella lo redirigia al lomo del libro, como el nervio saltaba en su clítoris abultado provocándole un escalofrío y continuaba al siguiente nervio, arriba y abajo una y otra vez.

Y otra vez a su abuela, recordó las pastillas que le daban y el efecto rápido que le sumía en un profundo sueño durante unas horas. Partiría la mitad, la haría polvo y la pondría con cuidado en el café, ya pensaría como quedarse los minutos necesarios hasta que el brebaje hiciese su efecto.

Angela se levantó temprano ese viernes, fue metiendo con cuidado sus cosas en la mochila. Un consolador muy real con forma de pene, una mordaza, un antifaz, unas pinzas de ropa, la fusta, la polaroid para recordar esos momentos. Machacó la pastilla y el polvo lo guardó con cuidado en un papel doblado. Notaba un cosquilleo en el estómago, y un estado de excitación no experimentado hasta ahora, también pensaba en el miedo de que alguien descubriese sus cosas en la facultad. Según se acercaba la hora los nervios crecían, Gertrudis acometía sus rituales ajena al plan tramado contra ella. Angela esparció los apuntes por la mesa a sabiendas que seria la ultima en ser despachada.

Cada segundo era importante, debía sincronizar los movimientos, era fin de semana y la gente prefería irse a su casa, así que no había muchos estudiantes que pudiesen ver sus manejos. Se levantó hacia la mesa del café, junto a él había un panfleto escrito con impresora grapado en la esquina izquierda y abierto por la mitad más o menos. Pensaba en el lomo de Boudelaire, aun quedaba tiempo, cogió el escrito y comenzó a leer.

...........-Venga, daremos una vuelta, estoy enganchando una calesa.

Había dos chicas con una larga melena negra, recogida en forma de cola de caballo, les estaba colocando un corsé de cuero negro que hacía resaltar sus nalgas, dejaba sus pechos al aire , les obligaba a mantener los brazos pegados al cuerpo y las manos a la altura de los hombros mirando al frente. En las piernas llevaban unas botas hasta la mitad de los muslos. La vara del enganche pasaba entre las dos y terminaba en forma de T . Del corsé de cada una salían unas correas que sujetaban dicha vara e impedían que esta cayera al suelo, las manos eran las obligadas a empujar.

-Bonitas yeguas.

-Le gustan? Son de un jeque Arabe enamorado de los caballos, esta semana acaban su adiestramiento. Suba, que empezamos la visita. La vista era espectacular , la coleta les caía a la espalda su grupa blanca resaltaba entre el negro de sus atuendos, el trote rítmico es lo que más me llamó la atención, no andaban ni corrían, trotaban. Al tensarse sus musculos por el esfuerzo se veían unas finas líneas moradas en la piel de sus nalgas.

-Antes eran mas complicados los adiestramientos. Los esclavos venían a la fuerza. Había que romper su voluntad, lo conseguíamos a base de dolor en todas sus vertientes, humillación, hambre y esfuerzo. Se les hacía trabajar hasta el agotamiento. Llegaban a un punto crítico donde se les volvía a recuperar mimándolos, pero sin dejar los castigos.

En ese punto se entregaban a lo que el destino les deparara. Ahora no, la mayoría son voluntarios, saben lo que buscan y aquí se lo damos. Soy yo el que con todo mi poder me considero esclavo de ellos.

Su expresión casi melancólica denotaba tristeza. Pasamos por un cubil donde una chica de las de ayer le estaban afeitando el pelo de la cabeza.

-Y esa? - pregunté interesado ...........

La lectura comenzaba a excitarla dejando de lado su que hacer, estaría ya por Anna Rice, aun me queda tiempo, echó los polvos y continuo su lectura.

............. - Esa la compro un calvo, y como no tiene pelo quiere que todos sus sirvientes estén despojado de cualquier rastro de vello en todo su cuerpo. Por eso viene aquí, es muy difícil encontrar fuera un servicio que se adapte a sus caprichos.

-Todos, sus sirvientes los tiene pelados.

-Si todos , hombres y mujeres. Es una exigencia para los que trabajan para él. Una vez estuve en su casa, todas las sirvientas tanto en la zona pública como en la restringida van así, hasta que se acostumbran es muy humillante y más las que tienen una preciosa cabellera como esta.

-Curioso

En otro cubil atados a un potro boca abajo había dos hombres con algo entre las nalgas.

-El encargo para esos dos es abrirles el ano, para que pueda disfrutar de ellos su Amo. Primero los desvirga y después nos los manda para que les dejemos las medidas adecuadas, que se puedan penetrar con suavidad pero sintiendo la opresión. Se les mantiene en esa postura seis horas al día y cada tres días se aumenta el grosor del dildo.

En el siguiente estaba la asiática, la que a mi me habían regalado.

-Sohhhhhhhhh. Vamos, baje, me han dicho que esta joya es suya.

-Si me la regalaron ayer.

-Que suerte ojalá pudiera tener yo una asiática. No son muy frecuentes por aquí. Pese a su reducido tamaño son inagotables. Esta es japonesa, tiene 28 años, habla cuatro idiomas entre ellos el castellano y tiene dos carreras terminadas. Tenía un buen puesto de trabajo en una importante empresa de informática. Ha dejado todo por servir a un Amo con mano dura que quiera hacerla suya.

En un rincón completamente desnuda tirada en un camastro estaba mi joyita, atada a su collar por una cadena. Al vernos llegar se puso en pie...........

Angela oía los tacones que se acercaban al borde del pasillo, soltó los papeles y corrió a su mesa, Gertrudis llegó, tomó el café le dio vueltas y se dispuso a beberlo, cuando llegaba a su boca se detuvo fijando la vista en los desordenados papeles, creyó recordar que los había dejado meticulosamente dispuestos, sus pómulos adquirieron un tono rojizo, miró por encima de las gafas y no vio nada extraño, solo el amplio vestido desaliñado de la rubia de la última mesa recogiendo sus apuntes, que a su vez vigilaba sus movimientos.

Sacudió la cabeza como quitándose un peso de encima y bebió la totalidad del líquido. Se dirigió hacia ella para despacharla, ya los demás se habían ido. Angela rezaba para que le diese tiempo, ya no quedaría mucho para hacer efecto, aunque ahora dudaba si había sido buena idea, ella era mucho mas joven que su abuela, y si no era suficiente dosis? las dudas comenzaban. El repiqueteo de los tacones

sonaban en su cabeza. Oyó el clikear de las llaves caer sobre la mesa. Fue levantando despacio la cabeza acariciando con su mirada el cuerpo erguido. Podía oler la excitación del coño sobre la falda, tenia a dos palmos las voluminosas tetas, tiraban de ella, subió la mirada hasta la cara, nunca la había tenido tan cerca, era hermosa en las distancias cortas desprovista de ese disfraz de altivez.

Quiso ver una sonrisa dulcificada, la suya? las pastillas? Se apresuró a ponerse a su lado y cogerla cuando empezaba a caer, la dejo sentada en un silla y corrió a cerrar la puerta. Las próximas dos horas sería suya. La zarandeó cerciorándose que estaba profundamente dormida, con más miedo que precaución agarró las tetas, las acarició sobre la tela, el tacto era preciso como si no llevase sujetador este descubrimiento la excitó, notaba su entrepierna mojarse. Soltó los botones de la blusa apareció la carne blanca y el pezón muy oscuro,

un corse balconet se encargaba de mantenerlas firmes. Comenzó a hacer las fotos primero las tetas, las tetas con el consolador en medio, los pezones solos, los pezones con pinzas, le puso la mordaza, le hizo la correspondiente foto, también el antifaz, así no se notaba que los ojos estaban cerrados, remangó la falda y vio el final de las medias con liguero, también hizo fotos, penso en el coño seguramente desprovisto de bragas, era bastante más calentorra de lo que había creído. Poniendo los brazos hacia atrás y la cabeza ladeada hizo fotos del conjunto.

En sus planes no había contado con el peso, a duras penas la subió a la mesa y la dejó tendida. Recogió la falda en la cintura y en efecto iba sin bragas, paso el dedo por el ensortijado pelo, jugueteaba extasiada, no se podía creer lo que estaba haciendo, la tenía para ella sola, hundió la cabeza y comenzó a lamer, con suavidad.

El coño correspondía regalándole con jugos, subió hasta los pezones supcionandolos primeros mordisqueándolos después, se pusieron erectos saludando la caricia. Hizo fotos de cuerpo entero, quitó la mordaza por precaución, por si podía provocar asfixia, y jugó con el consolador en su coño mientras lamía de nuevo el de ella. Después de correrse saco el consolador lo lamió hasta dejarlo limpio y comenzó a metérselo a Gertrudis iba haciendo fotos en todo el progreso. Miró el reloj

el tiempo había pasado casi sin darse cuenta, le dio la vuelta para ver las nalgas enmarcadas por las tiras del liguero. Fotografío las nalgas, con el consolador asomando entre los muslos, con la fusta sobre ellas. Se atrevió con un fustazo, noto un leve respingo en la mujer pero nada mas. Fotografío la marca dejada, intento introducir un dedo en el ano, eso la excitaba sobremanera, pero el tiempo se acababa. Sacó el consolador lamió los jugos de Gertrudis. Se puso a horcajadas sobre las nalgas introdujo el consolador en su coño y se folló a si misma sobre ese templo del placer. Se dio prisa en recomponer las ropas de la mujer lo mejor que pudo, la bajó y la sentó sobre la silla.

Guardó todo en la mochila, y fue a por un vaso de agua. Intento despertarla, sacudidas, bofetadas. Por fin lo consiguió, intentó como pudo urdir una explicación, le dijo que se había mareado, una situación creíble. Le dijo que la había asustado mucho y se había quedado esperando su reacción. Vio el escote desabrochado, se le había olvidado. Masculló algo de que lo hizo para que respirase mejor, lo había leído en algún sitio. La sorprendió mirando un pezón que asomaba, las dos se sonrojaron. Gertrudis cogió la mano de la chica para llevarla a su escote.

Angela evalúo la situación, a punto estaba de dejarse hacer. Rápidamente penso que todos los planes se irían abajo si accedía en ese momento. Rehusó sin mucho convencimiento dejando una puerta abierta por si acaso. En ese momento pensaba en el chantaje de las imágenes, pero primero tenia que verlas, no sabía si habían salido bien o no. Mañana era sábado y la biblioteca se abría hasta las dos. Salió excusándose de que era tarde, la mujer asintió con tristeza.

En su casa, en la seguridad de su dormitorio, completamente desnuda, con su collar de perra y con las pinzas que antes Gertrudis había llevado, en sus pezones, visionó las imágenes. Se ordenaba no masturbarse, aguantar, sabía que era débil y necesitaba de mano dura para no hacerlo, lo intentaba. Rápidamente sus manos se perdían en su entrepierna. No aguantó más, se hincó de bruces presionando sus tetas pinzadas contra el suelo causándose un daño atroz. Queriendo castigarse así por portarse mal, por ser una niña mala, metió el consolador en su culo sin miramientos, el dolor erizaba su piel, las lágrimas estaban a punto de brotar, aguantó hasta quedar satisfecha.

Cuando se tranquilizó, escaneó las imágenes, seleccionó las que creyó mas representativas y las imprimió, guardando ella las originales. No había pensado como actuar, pero seguro que se le ocurriría alguna manera.

En la mañana busco entre sus ropas escondidas en su armario de las vistas de su madre, lo que considero en cierta manera morboso, unos zapatos de tacón, medias con blonda y banda de silicona, una falda de piel negra y una blusa blanca, meditó entre si coger o no la ropa interior negra, en última instancia la cogió. Guardó todo con cuidado en su mochila.

Entró al cuarto de baño, depiló su coño, le escocía un poquito, aguantó el quemazón del after shave y se maquilló lo justo, se vio realmente preciosa reflejada en el espejo de cuerpo entero que tantas veces había visto maltratar su delicado cuerpo y perforar sus agujeros. Se vistió como de

costumbre, desayunó y dejó caer a su madre que tal vez se quedaría a estudiar en casa de una amiga y seguramente dormiría con ella. Salió sonriente camino a la biblioteca, en el baño de un centro comercial se cambió de ropa, optó por no ponerse la ropa interior y de esta guisa se presentó frente a Gertrudis. Esta le recibió con un guiño y un besito en la distancia. Se sintió incómoda, comenzó a pensar que tal vez no se había dormido del todo el día anterior y se había dejado hacer. Tal vez era la cazadora cazada.

Aunque también podía ser que el cambio de vestuario no había pasado desapercibido. La joven se fijó en la blusa de la otra, los pezones parecían marcarse más de lo normal, la sorprendió girándose y frotándoselos con las manos, pensó en la picazón que le dejaron las pinzas, sonrío. No había nadie y no tenía que estudiar así que se dedicó a vigilar los movimientos y a urdir su plan. El tiempo pasaba y no se le

ocurría nada. Vio como leía el panfleto de ayer y como sus gestos de la cara hablaban por si mismos, creyó ver perderse su mano bajo la mesa de su escritorio. Empezó a revivir la tarde de ayer y se calentó en exceso tanto como para atreverse a descubrir su juego y no dejar pasar más el tiempo.

Se presentó en el despacho sin ser esperada, en efecto la falda estaba subida y su mano perdida en su interior. Lo peor que podía ocurrir era una sesión de humillación, así con esa confianza mostró las copias de las fotos. El gesto de Gerturdis no se altero, así que no fue un sueño le dijo, fue real. Una risa sarcástica se le escapó. Su gesto se tornó duro, el que le gustaba a Angela. Que quieres dinero? le dijo, le salió un no balbuceante. Entonces? cerró los ojos y suspiró.

Ya entiendo. Todo el coraje que había acumulado se desvaneció ante esas miradas. Le ordenó levantarse la falda, los brazos los tenia atenazados, el miedo? la excitación? Lo hizo. Vaya una putilla calentorra, oyó decir cuando vio el sexo depilado. Mereces un castigo verdad? una pregunta que no esperaba respuesta. La autoridad ya se había hecho patente, espero que no tengas planes para esta noche, porque el castigo que te mereces será largo. Vio brillar los ojos de la mujer. Arrodíllate en aquella esquina y espera ahí hasta que nos vayamos a casa. Señaló un lugar no visible desde fuera del despacho. Y en silencio no quiero escuchar ni tu respiración. Piensa en tu condición y en el castigo que te espera.

El piso estaba decorado al estilo ingles, sobrecargado. Gertrudis se quitó la ropa delante de Angela mientras esta permanecía de pie en el salón. Cayó la falda al suelo dejando ver la carne blanca sobre las medias, se quitó la blusa y aparecieron los pezones todavía doloridos por la falta de costumbre y el coño ensalzado por las tiras del liguero.

Se puso encima un bata de gasa y se sentó en un sillón orejero. Contempló a la chica largo rato provocándole nerviosismo, vio endurecerse los pezones sobre la camisa. Se levantó a por un vaso de agua fría, mojó la tela de la camisa, las tetas se transparentaron al instante, volvió a su sillón y le ordenó levantar la falda. El coñito limpio brillo, le hizo separar las piernas. Comenzó a hacer

fotografías. Le ordenó masturbarse, primero con su mano, después le tendió un consolador mayor que el que ella tenía. Comenzó a meterlo mientras seguía fotografiándola. Te parece bien que haga fotos? te gusta? hablaba sin esperar ser respondida. Demasiado tenía Angela intentando conservar esos primeros momentos.

Cuando creyó que estaba a punto de correrse le ordenó parar. Le mandó desnudarse, le gustaba ese cuerpo joven, se preguntaba por que lo escondía tras esos vestidos horribles. Con un gesto le hizo arrodillarse, e hizo que le quitara los zapatos, masajeara los pies y los lamiera sobre las medias.

Tras una ligera comida por parte de Gertrudis y de restos arrodillada por parte de Angela comenzó la tarde. Pasaron a la habitación mantenía la misma decoración pesada, la cama tenía dosel. Abrió las dos puertas de un armario, perfectamente alineadas tenia un sin fin de varas de abedul y fustas. De su moño quito dos horquillas, este se deshizo quedando en una coleta trenzada que le llegaba casi hasta el culo, se quito la bata y tenso las cuerdas del corse, su cintura se estrecho y su busto aumento.

Miraba las horquillas, tiró de los pezones de Angela dejando una en cada uno, la presión era grande parecía partirlos por la mitad. Cogió unas muñequeras con cadenas las pasó sobre el dosel, ajustó las muñecas y la chica se vio de puntillas, casi suspendidas. Probó una vara en el aire, el silbido era amenazador, cambió por otra con el silbido mas ronco, esa pareció gustarle mas. Comenzó una tanda suave desde los muslos hacia los riñones intensificándose en las nalgas. La repitió mas fuerte. Giró a la chica y comenzó una serie en la parte delantera de mitad de los muslos

hasta el bajo vientre. Prosiguió dos series cortas en los pechos, hasta que las horquillas saltaron. Cambio de vara, una más fina de silbido penetrante, los golpes dolían antes de llegar. Los lloros y súplicas no detuvieron la voluntad firme de la mujer.

Cuando lo creyó conveniente se detuvo, se tumbó en la cama y comenzó a masturbarse frente a Angela, se corrió y quedó dormida frente a la incomoda posición de la joven. Al despertar la desató, los músculos entumecidos le impedían mantenerse en pie, le ayudó a tumbarse en la cama, la dejó frente a sus piernas que separó obligándole a limpiar los jugos resecos que había dejado con anterioridad. Buscó dos consoladores eléctricos uno de ellos con apéndice para el clítoris, los introdujo en los agujeros correspondientes sin miramientos, buscó un arnés para impedir que las pollas artificiales saliesen y los dejó conectados. Así ordeñaré todos tus jugos, le dijo, la ató de forma que no pudiese cambiar de postura y salió.

Los recuerdos, la situación y los dos dildos hicieron que Angela se corriese sin parar, 6, 8, 10 veces, ya había perdido la cuenta, también la sensibilidad y lo que empezó siendo placentero ahora le causaba dolor, y la excitación volvía a hacer que se corriese y así sin parar. Cuando volvió Gertrudis encendió la luz, se veían claramente las finas líneas azules que cruzaban el cuerpo de la joven. la desató, quitó los consoladores. Se había soltado el pelo que le caía sobre los hombros, ahora se veía preciosa y dulcificada. Masajeo el cuerpo devolviéndole la circulación de la sangre.

Le entregó un vestido de sirvienta y las dos salieron al salón. Le obligó a permanecer de pie a su lado, le hizo hacer la cena y servirla. A realizar con su lengua los trabajos que el cuerpo maduro exigía. En la noche puso un collar en su cuello cerrado con un candado y atado por una cadena a la pata de la cama, la dejó dormir a sus pies.

Fue su primera experiencia real con la D/S y tras esa llegaron más.

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