Cuando tenía 17 años de edad, recién graduada del
Bachillerato, fui invitada por una amiga, Xiomara, a una fiesta, en una zona
rural llamada Tasajera, donde su familia, de clase media alta, tenía una Quinta,
con piscina y todo, así que la cuestión era quedarse todo el fin de semana y
regresar el lunes. Xiomara me garantizó que iban a ir nuestros excompañeros de
clases (de ella y míos, pues éramos de secciones y años diferentes, ya que ella
todavía estaba en cuarto año), era posible también que fuera algún profesor con
su esposa, pues dizque era como una "Fiesta de Graduación", sólo así me dejé
convencer, nunca he sido muy "fiestera", mas bien he sido timorata, sobre todo
con los muchachos, pese a que muchos se habían atrevido a decirme que tenía un
"cuerpito bello", de un metro con sesenta y cinco de estatura. Nunca llegué a
tener la soltura de Xiomara, sin duda una de las chamas más populares del liceo,
a pesar incluso que era menor que yo (16 años) y más pequeña (como un metro
sesenta). No obstante todavía quedaba el problema de hablar con mis padres, cosa
que me inquietaba, yo nunca había pasado un día fuera de casa sin ellos cerca,
siempre eran muy celosos de "su niña" y me cuidaban demasiado por ser la menor y
mas "agraciada" de sus tres hijas, quizá por éste cuidado tan excesivo
desarrollé un carácter tan introvertido y retraída hacia mí misma, ni siquiera
había tenido novios. Xiomi se mostró comprensiva y accedió a conversar con
ellos.
Cuando mi amiga habló con Papá y Mamá éstos quedaron
encantados. Xiomara era una joven que, a pesar de su tamaño y juventud,
derrochaba clase, educación y madurez. Vivía en Guaracarima, la mejor zona
residencial de la Ciudad y era hija de un conocido médico de la zona, lo cual
bastó para convencerlos. Pero por si fuera poco, le había dado la cola en su
carro el Profesor Armando, de Educación Física, quien le esperaba en la calle.
Así pues, la autorización estaba lista.
Salí de mi casa el sábado en la tarde, con un pequeño bolso,
rumbo a la casa de Xiomara, en Guaracarima. Al llegar me abre la puerta el
Vigilante, un señor mayor, calvo y con algunos dientes faltantes. Se escuchaba
adentro una música dance y gente riéndose. En seguida veo a mi amiga con
otra muchacha, rubia, mayor que nosotros (debía tener como 25 años) que no
conocía pero que era muy bella. Ambas estaban en hilo dental, Xiomi, a pesar de
su tamaño gozaba de un cuerpo muy armónico, le quedaba bien su traje de dos
piezas muy minúsculas. Diana – la catira – me invita una cerveza, la cual tomo
nerviosamente. "Ven, vamos, no hay tiempo que perder", me dice ésta muchacha que
no conozco, al tiempo que me jala por mis manos hacia adentro de la casa "¿y la
fiesta en Tasajera?" pregunto ingenuamente, Xiomara contesta: "La fiesta ya
empezó, es aquí".
Diana me lleva a la cocina y me pregunta: "¿Qué traes ahí?",
"Cosméticos, un traje de baño…", respondo, "perfecto, déjame ayudarte a
ponértelo", me desnuda ésta mujer y me coloca ella misma el bikini que traje, en
plena cocina, sirviéndome un "Cuantreau" con hielo que bebo a sorbos.
Soy presentada a varios amigos de Diana y Xiomara que estaban
por toda la casa, que no era tan grande después de todo, entre tragos de
cerveza, whisky, frangélico y otros cócteles que me iban sirviendo, me doy
cuenta que sólo éramos tres mujeres en la casa y como 15 hombres, por cierto
bastante mayores (con edades entre 25 y 35 años), ninguno parecía liceísta y a
ninguno conocía, todos tenían diferencias físicas entre sí. Mientras las
muchachas bailan – cada una con dos hombres a la vez – a la orilla de la piscina
yo converso con un tipo muy chévere, alto y atlético, sudoroso por el sol del
patio, en la barra de licores, desde allí veo como Diana y Xiomara son
manoseadas por sus cuatro acompañantes al son de la música, mientras mi
compañero empieza a rozar sus piernas velludas contra las mías y comienza a
acariciarme el cabello. Todas éstas cosas empezaron a transmitirme una sensación
nueva, excitante. Sabía, dentro de mi cerebro embobado por la bebida que algo
andaba mal, que no era correcto nada de lo que estaba pasando, pero estaba
realmente excitada. Noté como mis senos se endurecían y ya estaba mojándome
entre mis piernas, por fin no conseguí resistir las ya osadas caricias que Luis
– mi compañero – me daba por todo mi cuerpo, completamente caliente, mientras
Diana y Xiomara ya estaban siendo cabalgadas al estilo perro cerca de la piscina
por dos tipos, mientras otros, desnudos y con la verga parada, miraban y
esperaban su turno. Luis me lleva cargada, como una niña, hasta el sofá de la
sala, donde había otro señor sentado, y me quita el traje de baño, quedando
completamente desnuda. Estaba temblando de emoción y del miedo, pensé que mi
corazón se iba a salir de mi pecho, entonces Luis, que estaba chupando uno de
mis senos me dijo: "Tranquila Tibisay, Xiomi me comentó, voy a ser muy
cuidadoso", acto seguido comenzó a mordisquear mis pezones, a lamerme los senos
con su lengua de gato y deliciosamente descendió y abriéndome las piernas
comenzó a masajear con sus dedos mi Clítoris y mis labios vaginales, mientras
hacia eso, el otro señor, un hombre calvo y algo gordo, tomaba con rudeza mis
tetas, apretándolas; Aquella combinación me puso a mil por hora, por primera vez
en mi vida estaba gozando de verdad, sintiendo mi cuerpo arder con las
indescriptibles sensaciones de un Orgasmo. "¡Espera Luis, Todavía no!", llegó a
decir Xiomara, trayendo algo en las manos, se lo puso a Luis en su pene;
"¡prepárate Tibi, lo que viene es sabrosísimo!", le escuché decir a Xiomara,
desnuda y sudada, mientras Luis poco a poco introdujo su miembro lubricado en mi
vagina, al sentirme rasgada solté un gemido de dolor y placer y los que estaban
allí comenzaron a aplaudir y a celebrar, viendo algunas gotas de sangre que
salpicaban el sofá, entre mis piernas y el pene de Luis. Mas sin pedir cuartel
gritaba: "¡Cógeme, cógeme duro, coño!", "¡Dame duro por la cuca!",
contorsionándome con vigor y pidiendo mas.
Todavía sin llegar al clímax, Luis me lo saca y yo, casi
desmayada, me dejo voltear sobre el sofá, con las rodillas en el suelo; Un
desgraciado se monta en el sofá y apoya su rodilla en mi espalda para que no me
levante, enseguida mi desflorador intenta una penetración anal, entonces después
que lo sentí entrar a la mitad me penetró rápidamente, bombeando con fuerza,
esta vez el grito fue mayor, sentía muchas manos tocándome, una dándome en el
clítoris, pero no sabia quien era, puedo escuchar un extraño diálogo entre Diana
y un hombre: "La Iodarmina está trabajando bien, ¿Cuánto le metiste?" – "una
pastilla, ojalá y aguante la puta ésta", contesta Diana, tenía los ojos cerrados
concentrándome en todas esas sensaciones, que ya no me importaba nada; "¡Es mi
turno!", oigo decir a alguien desde atrás y Luis se retira, mientras un negro
bien alto toma su lugar, con su tremenda verga me coge por la cuca, mientras
Luis se tira a Xiomara en el piso, ésta vez sí descubrí lo que era el Orgasmo,
mi columna se arqueó tanto que creí que me iba a partir en dos, en seguida me
desmayé.
Cuando recobré el sentido ya caía la tarde y estaba desnuda
sobre una cama de playa a la orilla de la piscina. Veía a la catira Diana
cabalgando sobre un macho mientras le mamaba la paloma a dos mas que estaban de
pié, en la otra cama que estaba al lado de la mía. A Xiomara se la estaba
cogiendo un tipo pegándola a la pared, mientras varios hombres conversaban como
si nada, por aquí y por allá.
"¡Se levantó la niña, a tirársela!", oí decir a un tipo desde
la casa, vinieron corriendo como seis hacia mí, en seguida vino uno que sin
mediar palabra me tumbó boca arriba y me lo enterró hasta el fondo, mientras los
otros chupaban mis tetas, me manoseaban o se masturbaban cerca de mí; El que me
estaba cogiendo acabó rápidamente, nuevamente comenzaba a disfrutar de los
placeres de aquella "fiesta", me puse en cuatro patas y vino otro a bombearme la
raja que ya estaba perfectamente lubricada, dos me tomaron las manos y las
pusieron en sus miembros para que los masturbara, estaba nuevamente embotada en
todo aquello y así en cuatro como estaba se me para otro sujeto con su verga
hermosa y altiva, como de 25 centímetros y bien gruesa, de lo concentraba que
estaba no le vi la cara, pero me imaginé que quería que se la chupara, Xiomara
vino en mi ayuda y me dijo: "espera Tibi, es así ", y comenzó a darle una
soberana mamada a la verga, enseguida imité a mi maestra y pude desempeñarme
bien, tragándome aquella paloma tanto como podía. El que estaba atrás me acabó
afuera y enseguida tomó su turno otro macho; Oí decir al tipo que estaba frente
a mí: "¡eso putica, mámame el Güevo, trágatelo todo, oh!", era el Profesor
Armando, de Educación Física, a quien no había visto antes, un cuarentón no muy
atractivo, pero sí muy bien dotado.
"¡No se la están cogiendo bien, mírenme a mí!", dijo Diana
que estaba al lado, efectivamente, la estaban atacando por dos frentes a la vez;
Un macho toma la iniciativa y me levanta en vilo mientras el Profesor se acomoda
en la tumbona bajo mi cuerpo, Xiomara le sostiene le miembro hacia arriba,
mientras que el hombre que me sostiene en el aire por los muslos, con las
piernas bien abiertas me va bajando y quedo ensartada en aquel tolete de carne
que se pierde en mi gruta empapada, luego viene otro muchacho, de dotación mas
modesta y comienza a taladrarme por el culo: Así que soy penetrada, chupada,
lamida y se incorpora un tercero, el calvo gordo del sofá, para mamársela.
Todavía Xiomara, viéndome tan ocupada con tres hombres, me pregunta: "¿Qué te
parece Tibisay? , ¿Cómo la estás pasando? ¿verdad que es la fiesta mas rica que
has tenido? ¡Te gusta tirar, piazo e´ puta!, ¡cójansela bien! ¡Déle duro
Profe!".
El Ëxtasis fue mayor. Una oleada de calor invade mi cuerpo y
caí convulsa sobre los machos después que acabaron. No sé cuantas veces me
cogieron aquellos hombres desconocidos, pero recuerdo que llegó a haber un
momento en que me dolía todo y estaba rebosante de semen por todo mi cuerpo, por
dentro y por fuera.
Ya era de noche, no sé que hora, cuando Diana gritaba: "¡Epa
quien falta, quien falta, quiero tirar!", hacia un rato que, ebria de sexo y
licor, estaba yo un poco retirada del grupo sentada en la grama del jardín.
"Tibisay, aquí te traigo un regalito", dice Xiomara, " para
que no nos eche paja con mi papá éste señor te vá a echar otro polvito ok?", se
refería al Vigilante, lo traía desnudo desde la puerta. Ciertamente era un
hombre como de unos 50 años, con uñas feísimas, calvo, apenas con algunos pelos,
y casi sin dientes, ya tenía la paloma parada y de tamaño bastante decente,
aunque algo torcida, no respondí nada, como hipnotizada, comienzo a mamarle el
Güevo a aquel viejo mal oliente, como era median pude metérmela golosamente
hasta el fondo de mi garganta, mientras mi público me animaba: "¡Eso bichita,
mámalo rico!¡Golosa, dale, dale!".
Mientras se la chupaba al viejo me doy duro por la cuchara,
metiéndome dos dedos en mi raja encharcada, hasta que no aguanté mas y casi con
inocencia infantil recuerdo que le dije al tipo: "Señor Vigilante, cójame", en
seguida caigo en la grama y el viejo me penetra con fuerza follándome con ritmo;
Mientras soy perforada salvajemente por un hombre con edad para ser mi padre o
mi abuelo los gritos de nuestro público me enardecen aún mas: "¡Eso viejo,
cójete a la niña! ¿te gusta esa cuquita de carajita?, ¡dañe duro, viejito! ¡Anda
perra, sácale la leche al vigilante!".
Otro Orgasmo, un minuto después mi anciano amante se corre en
mi vagina con espasmos tan fuertes que pensé que le iba a dar un infarto, Me
desmonta y todos le felicitan con palmadas en la espalda. Se acerca otro sujeto
quien se queja: "Bueno, ahora voy yo, pero yo no voy a batir chicha", toma una
manguera que estaba en el jardín y abriendo el grifo me la mete en mi
excesivamente violada concha, para lavarla de las múltiples descargas de leche
humana que rebosaban desde adentro, acto seguido, sin mucho preámbulo procede a
violarme una vez mas, pero ya yo estaba muy agotada para hacer algo, me llena mi
vagina otra vez y se retira, quedando yo en la grama, tendida como un trapo
viejo, todavía turbada por el clímax sexual.
Era Domingo en la mañana cuando me despierto, hecha un asco.
Me pongo un mono de ejercicio y una franela que consigo tiradas por ahí y
trastabillando por la sala, entre tipos durmiendo en la alfombra y los muebles,
salgo de la casa, no sin antes ver a mi penúltimo amante, el viejo vigilante,
durmiendo la borrachera cerca de la garita de la puerta.
Llegué a casa físicamente adolorida y turbada por todo
aquello que había vivido el día anterior, al punto que pensé que nada había
pasado, ¡pero sí pasó! , ¡Que manera de convertirme en mujer! , los primeros
días fueron de sensaciones y pensamientos confusos, y con mucho miedo por un
posible embarazo –tuve un retraso- pero afortunadamente nada ocurrió.
Ya han pasado cuatro años de aquello, Actualmente tengo
veintiún años y estudio en un Instituto pedagógico. Xiomara quiso seguir su
amistad, pero a partir de aquella experiencia comencé a distanciarme de ella,
nunca volví a ninguna de sus "fiestas" y después ella se fue a estudiar a
Caracas. No le guardo rencor a mi viciosa amiga, ya me habían advertido que ella
era muy caliente y ociosa, con el pasar del tiempo recuerdo aquella experiencia
y me doy cuenta que gracias a ella pude percatarme de la existencia de placeres
indescriptibles y de mi gran capacidad de disfrutarlas. Todavía sigo siendo la
"niña" de la casa, sin novio, retraída y todavía con mi "cuerpito bello", jamás
he vuelto a tener sexo con nadie desde aquella vez.
No he visto mas al Profesor Armando, sé que sigue dando
clases en el mismo liceo, me imagino que de vez en cuando disfrutará de "carne
fresca" como lo hizo aquel día. Tampoco vi más al Vigilante. Escribiendo esto,
los recuerdo a ambos, y a todos los demás, como me poseyeron, la forma como me
desfondaron y dilataron, rebosando todo mi cuerpo de aquella savia tibia y
espesa, me acuerdo de todo eso…¡y se me acelera el corazón!