Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios y mostrar publicidad relacionada con sus preferencias.
Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies.
Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 7.620 Usuarios Conectados [ Contactos ] [ Comunidad de Cams ] [ Twitter TodoRelatos ]  1.453.745 Miembros | 19.443 Autores | 99.056 Relatos 
Fecha: 19-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Sometiendo a una adúltera

FOLLADORLECHERO
Accesos: 18.533
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 20 min. ]
 -   + 
Una fiel casada, esposa ejemplar hasta el momento de conocerme, irá sucumbiendo a mis deseos, como una reprimida puerca. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

No hay nada mejor que mirar la cara de una zorra adúltera, con ganas de ser tratada como una vil puta, follada por todos sus agujeros con dureza mientras en su mirada se puede contemplar el sentimiento de culpabilidad por hacer a su mierda de marido un cornudo, aunque la culpa no es de ellas, sino del media mierda de vosotros, incapaces de satisfacerlas, con una pilila ridícula, mientras creéis que el consuelo que os dan las marranas de vuestras mujeres es verídico, cuando es un falso consuelo, y ellas unas hipócritas que desean tener un verdadero rabo en su boca, rellenando cada recoveco de su garganta, de su coño y el culo, expuestas a su macho como verdadera guarras, a los pies de un verdadero follador que les amamante con su gran cipote.

 

Sometiendo a una lectora casada

 

Hola a todos. Vuestras mujeres, la de muchos de vosotros, están buscando a un macho que las dome, que les de rabo, y lo que tendría que avergonzaros es que tengan que ser atraídas por relatos como los míos, mientras vosotros os matáis a pajas en el baño por los “dolores de cabeza o el cansancio que alegan que tienen cada vez que os arrastráis para que os entreguen un poco de caridad, demostrando vuestra patética vida, la cual enmascaráis sonriendo cuando salís con ella a la calle, sintiéndoos unos mierdas frente a los verdaderos machos, esos que en una conversación captan toda la atención de vuestras mujeres, mientras a vosotros no os hace caso nadie, quedáis empequeñecidos, ridiculizados viendo como nadie os presta la más mínima atención, como la mirada de vuestras mujeres la dirigen hacia los ojos y la boca de ese macho, una mirada con las pupilas brillantes y dilatadas que os hace tener que quitar la vista y distraeros mirando el móvil disimulando tener un mensaje, puesto que se os trata como una auténtica mierda. Seguro que no es la primera vez que ese macho os ridiculiza ante vuestra mujer, mientras esta le ríe las gracias al macho, ese con la que ella fantasea que le empotrará en su casa o en la tuya, en tu cama, sobre tu almohada, incluso haciéndole mirar algún retrato del maricón cornudo, ese que no vale más que para pagar las facturas y para llevar el coche al taller y trabajar, mientras tu mujer habla por WhatsApp con su macho, ocultando las conversaciones, ocultando las fotos con las bragas bajadas y a cuatro patas sobre vuestra cama que le manda, como le ruega que le reviente a pollazos, o como queda en tu casa en un horario en el que “el maricón no está”, siendo obligada por su macho a llamarte “el cornudo”, para vergüenza tuya.

 

 

Bien, como decía, yo soy Luís, y tengo 30 años, y lo que os voy a contar es un encuentro con una fiel lectora que contactó conmigo. Era uno de esos días en los que ando inmerso en mis cosas, sentado frente al ordenador con 5 o 6 programas abiertos, más concretamente estaba retocando el relato “Empachando de leche a mi madre 4”,un relato que rescaté de mi antiguo blog, el cual cerré, y a su vez rematando relatos nuevos que tengo casi acabados, su que cuando estoy a minutos de publicarlos siempre veo cosas que retocar, cosas que mejorar, y entre unas cosas y otras me retraso varios días en las publicaciones… en fin, muchos saben de que hablo. Era un día lluvioso, podía oír la lluvia impactar contra los cristales de la ventana, el viento mecía los árboles con violencia, siendo audible desde mi habitación sentado en mi escritorio, no era un día para salir de paseo, el tiempo estaba a bajo cero y el frío se me estaba metiendo en los huesos, no sentía los dedos al escribir en el teclado, por lo que intentaba desentumecerlos con mi aliento, no consiguiendo apenas nada. Finalmente, ya con los ojos agotados y con un cierto escozor, decido hacer una pausa, por lo que aprovecho para levantarme a activar la calefacción y poder liberarme al fin de este dichoso frío. Para espabilarme, me dirijo a la cocina a hacerme un café, cargadito, si hay algo que me gusta, es escribir junto a mi taza de café caliente y humeante. Cojo la taza ya llena de café y me dirijo de nuevo a mi lugar de trabajo, no sin antes detenerme ante la ventana a contemplar la lluvia, me tranquiliza, me relaja, no todo es sexo en mi cabeza tan solo por escribir relatos, en ella tengo mil y una cosa, pero es algo que me gusta hacer, expresar mis experiencias y fantasías, compartirlas con gente afín a mis gustos. Después de estar mirando durante unos minutos por la ventana, disfrutando de la taza caliente entre mis manos, observo que unos ancianos cruzan la calle cargados con más bolsas de la compra de las que pueden llevar, sin duda están hechos de otra pasta, la gente mayor de hoy en día se extinguirá con nuestra generación. En fin, salgo de mis pensamientos al oír a un coche tocar la bocina en la calle, miro hacia el reloj colgado en la pared, son las 21:00, por lo que me dirijo de nuevo al ordenador, me acomodo en el asiento oyendo el característico crujir del tapizado de piel al acomodarme, doy un sorbo de café, me gusta disfrutar del aroma, olerlo, degustarlo, para a continuación situar las yemas de mis dedos sobre el teclado lentamente y comenzar a teclear de nuevo. Hay muchas ideas que plasmar, muchas fantasías que contar y muchas experiencias que compartir, por lo que intento ir por partes. Pincho sobre mi correo, acabo de recibir unos 15 correos nuevos, son lectores que escriben, 3 de ellos los marco como Spam, la mitad los leo y contesto en el momento, el resto lo haré más tarde. Entre los relatos que contesto, está el de una chica que llama mi atención.

“—Hola FOOLADORLECHERO, mi nombre es Sara, y soy una fiel lectora desde que publicaste tu primer relato, desde entonces no veo el momento de que subas uno nuevo, aunque si bien es cierto, te perdí la pista durante algún tiempo en que desapareciste. Solo quería que supieras que fantaseo constantemente con un macho de esos que describes en tus relatos, que me doman y tratan como a una perra, me veo totalmente reflejada en tus relatos, mi vida es rutinaria y aburrida, mi matrimonio es monótono y gracias a tus relatos tengo los momentos de evasión de todo ello, me cierro en el baño y me masturbo con el móvil en las manos mientras leo tus relatos. Estoy casada desde hace 13 años, paso mucho tiempo en casa, mi marido trabaja todo el día y, aunque bien es cierto que me paso el día pensando en sexo, en ser follada en mi cama de matrimonio, mientras mi marido duerme o mientras él no está, no tengo ganas de mantener relaciones con él, solo pienso en miembros grandes, y cuando veo el físico de mi marido y su pequeño miembro arrugado de unos 14 o15 centímetros…se me cae el alma a los pies… Bueno, siento haberte molestado, solo decirte que me haría ilusión me contestaras. Un saludo y no dejes de escribir por favor. Sara”

Este fue el primer email que recibí de Sara y, aunque recibo muchos parecidos, contesté como hago con la gran mayoría de lectores. Los leo todos, siempre, sean constructivos o destructivos, aunque de estos últimos hay muy pocos, y los voy contestando poco a poco, agradeciendo primeramente el leer mis relatos y comentarlos, para luego invitarle a sugerir ideas etc…

“—Hola Sara, me alegra que te gusten mis relatos, y me alaga que fantasees con ellos y te sirvan de inspiración o para evadirte de tu monotonía. Agradezco enormemente tu atención y dedicación para leerme. Un abrazo, Sara”

Tras contestar a este último relato, dejo mis cosas, bebo otro sorbo de café y me adentro el la web de “Todorelatos”, ya que tengo relatos pendientes por leer de mi amigo y autor LordTyrannus, del cual tenía pendiente por leer sus obras “Dulces caricias I y II”, los cuales leo con atención, paladeando con detenimiento cada párrafo de la narración. Una vez acabado se leer, decido abandonar por unas horas el ordenador y, justo cuando me levanto, otro correo me llega a mi bandeja de entrada. Observo que esta chica, Sara, me ha escrito de nuevo.

“—Siempre he fantaseado en hacer cornudo a mi marido con un macho de los que describes en tus relatos, y quería saber si tienes pensado hacer algún relato sobre esta temática, me ponen muy cerda. Un beso. Sara”

Nuevamente le contesté, esta vez con más curiosidad, me la ponen dura este tipos de casadas tan zorras, que no dudan en decirte sus fantasías y deseos más profundos, confesar su perversión libremente, demostrando lo que ellas desean, que veas que son una cerdas.

“—Pues en principio no Sara, pero visto lo interesada que estás, me estás motivando a planteármelo, un relato basado en una marrana adúltera como tú estaría muy bien, puede que lo haga a corto plazo…Descríbete ¿Cómo eres? “

Me quedé mirando el correo que había redactado con detenimiento durante un segundos antes de enviarlo, mientras agarraba mi taza de café y daba otro pequeño sorbo. Finalmente dejé la taza sobre el posa vasos y pulsé la tecla de enviar. Me quedé mirando con la vista fija en un diseño de página Web, ideal para diseñar mi próxima página. No pasó más de un minuto, cuando recibí otro nuevo correo de Sara.

“—Hola de nuevo, y muchas gracias por contestar, me he venido al baño corriendo a contestarte, me siento como una niña haciendo algo malo jejeje. Verás, soy morena, de piel pálida y peso 53 kilos, mido 1.64, ojos marrones. Me excita saber que estoy haciendo esto mientras mi marido está en el salón, jejeje, aunque sé que no estoy haciendo nada malo, pero me excita”

Esto ya empieza a despertar mi curiosidad, comienzo a meterme en mi papel, a sacar el dominador que llevo dentro, aunque no hace falta mucho para ello.

“—¿Eres madre, Sara? “

“—No, no tenemos hijos”

“—¿Lees solamente relatos o también ves porno?

“—Porno veo poco, leo más relatos… “

“—¿Hace mucho que eres asidua a esta práctica?

“—Pues desde hace aproximadamente 1 año, la primera vez que me metí en TR, acababas de publicar el relato titulado “Mi madre, de fiel esposa a vulgar golfa”, y desde entonces me quedé enganchada a este tipo de práctica, nunca pensé que mi imaginación daría para tanto… jejeje”

“—Entonces, por lo que veo, te van el tema de ser dominada ¿No?

“—La verdad es que sí, fantaseo con el ser dominada por un macho de verdad, sin que le importe el que esté casada, que no dude en hacérmelo en mi propia casa… Uuuufffff, solo de pensarlo… “

“—¿Te gusta que te traten como a una cerda, como a una vulgar puta?” —Dije pasando de 0 a 100.

“—Uuuuuuuufffffffff, sí, me pone mucho, me mojo solo de pensarlo”

“—¿Que te pone mucho el qué?”

“—Que me traten así, como tú dices, ya estoy mojada solo de pensarlo. Voy a tener que ir para hacer la cena, luego hablamos”

“—¡Luego hablamos no, te quedas en el baño hasta que yo termine de hablar contigo, y contéstame, zorra, quiero que me digas con claridad como te gusta que te traten, sin pelos en la lengua, habla como lo hacen las puercas como tú”

“—Es que mi marido tiene que cenar porque mañana trabaja muy temprano y está esperando en el salón, pero reconozco que esto me está poniendo a mil, y me gusta que me traten como tú has dicho, como una vulgar puta y como una zorra, que me traten mal y me insulten”

“—No me creo todavía que seas quien dices ser ¿Porqué tendría que creer todo lo que me dices si te acabo de conocer?”

“—¿Y como quieres que te pruebe que es verdad? ¿Porqué te iba a mentir?”

“—Porque en internet solamente existen las medias verdades y las mentiras, mándame una prueba”

“—No entiendo, perdóname ¿Que prueba quieres que te mande? ¿Cómo lo hago?”

“—Dame tu móvil, chateamos por WhatsApp y si quiero te llamo y veo quien eres realmente, a no ser que intentes mentirme”

“—Pero…es que, no sé, pero no me llames, por favor, sin llamadas, solo chatear, te voy a dar el número de mi segundo móvil de tarjeta, aunque siempre lo tengo apagado, pero te lo doy y lo enciendo, tardo 2 minutos. El número es el *********”

Una vez me dio el móvil lo agregué a mis contactos de WhatsApp y rápidamente me salió la foto de ella, efectivamente, una chica de unos 38 o algo menos, morena, blanca de piel y muy guapa, aun así tenía mis dudas de si se estaría haciendo pasar por una chica uno de los muchos trolls de internet. Esperé a escribirle, no lo haría hasta ver como reaccionaba al haberme dado su móvil y no contestarle, ya que, si de verdad era ella se mosquearía al ver que no le llamaba. A los 30 minutos nada más, recibo un nuevo email.

“—Estoy con el teléfono encendido ¿Porqué no me llamas? ¿Pasa algo?”

Cambié mi tarjeta a mi móvil de contrato y puse una de prepago de esas que te mandan las compañías cuando compras un nuevo terminal, con 10€ de saldo, más que nada para que si esto salía mal siempre podía quitar la tarjeta y darla de baja. Estuve un rato en como hacerlo, si escribirle o directamente llamarla. Finalmente me decidí por mandarle un mensaje.

—¿Qué estás haciendo?

—Estoy en la cocina, con la cena ¿Porqué has tardado tanto en mandarme un SMS?

—¿Estabas impaciente, zorra?

—Un poco preocupada después de dar mi número de móvil, pensé que todo era una broma de mal gusto.

—Yo también creo que esto puede ser una broma de mal gusto.

—¿Porqué?

—Mándame un selfie, con los pechos fuera.

—Es que ahora estoy haciendo la cena, cuando termine ¿Vale?

—Llama al cornudo, que continúe él con la cena, tú eres mi puta y él un maricón ¿No es eso lo que te gusta?

—Uuuuffff que calentón, sí, pero una cosa es la fantasía y otra la realidad…

—¿Le has comido el rabo a alguien alguna vez, a parte del cornudo?

—A un novio que tuve antes de conocerlo a él.

—¿Tenía el rabo grande?

—Como el de mi marido más o menos, pero nada como lo que describes en tus relatos, esos solo los he visto en las películas porno.

—¿Te has comido alguna corrida, marrana?

—No, eso no, me da asco que mi marido lo haga en mi boca, tampoco a mi anterior novio.

—Pero como una perra que eres ¿Te encantaría que te metiera el rabo hasta la garganta y me corriera en ella hasta que te saliese por la nariz, verdad?

—Uuufff, solo de pensarlo me pongo mala, sí, me encantaría…pero con mi marido es diferente… no quiero decir que tenga sexo con él por cumplir… pero no me pone tanto…

—¿Y te han follado el culo alguna vez?

—Mi anterior novio sí, dos o tres veces, pero mi marido no, no le he dejado nunca, no me pone que lo haga…su actitud, su personalidad no me excita para eso…

—Es un puto maricón, a este lo vas a tener de florero, para trabajar y dormir.

—jejejeje, mira que eres…

—¿Y te gustaría que te metieran un buen rabo por el culo mientras te lo calientan con la mano abierta, que te lo dejen bien rojo, que te dome un macho de verdad, en vez de un puto maricón, mamona?

—Joder si me gustaría… mojo las bragas solo de pensarlo. Últimamente solo pienso en cosas así, por eso me siento identificada con tus relatos, describen todo lo que siento y deseo que me hagan, como me gustaría que me tratasen así…

—¿Estás mojada, zorra?

—Sí, y nerviosa y preocupada… estoy muy confundida…

—No tienes que estar confundida ¡Sácate los pechos de puerca y manda un Selfie a tu macho, ahora!

Tardé en recibir contestación, pero no quise presionar demasiado, confieso que todavía pensaba que todo podía ser una broma, incluso llegué a pensar que no mandaría nada, pues tampoco la conocía de nada, ella había acudido a mí y se había puesto en contacto conmigo voluntariamente, por lo que lo más que podía pasar era que apagase el teléfono y desapareciese por verse sobrepasada por la situación. A los 3 minutos pensé que ya no lo haría, que la farsa se había descubierto y que ya no se conectaría. No aparecía ni siquiera en línea, aunque mi mensaje estaba leído. De pronto, un nuevo mensaje sonó. Al abrirlo había una foto, toqué sobre ella para iniciar la descarga y… en ella se veía una chica rubia, media melena, muy atractiva, unos pechos ni grandes ni pequeños, una talla 90 o 95, de piel blanca y los pechos por fuera de la blusa. Llevaba unos pendientes de aro, y sonreía frente a la cámara tímidamente. Esta vez sería yo el que tardaría en contestar, todavía pensaba que podría haber descargado la imagen de cualquier página y no ser ella, aunque algo me decía que no, la imagen parecía muy casera, y estaba hecha en la cocina, una cocina normal y corriente, viéndose al fondo una pequeña mesa de madera y dos sillas. Pasaron dos minutos y recibí un mensaje.

—¿Ya la has visto? —Me preguntaba y, aunque le aparecía como que yo estaba en línea, no le contesté, aunque miraba su foto con detalle.

—¿No te ha gustado? —Me volvió a preguntar.

Seguí sin contestar, quería hacerle ver que yo marcaba los tiempos, que yo dominaba la situación, en el caso de que todo esto fuese algo real y no una broma, claro, aunque puestos a suponer, en el caso de que todo fuese verdad, ella estaría más preocupada que yo, puesto que acababa de enviar una foto suya a un completo desconocido, aunque visto desde su punto de vista, puede que para ella no lo fuese tanto si seguía mis relatos de hace tanto tiempo, pues aunque yo no la conociese, ella habría creado una especie de vínculo conmigo, un vínculo con el que a mí me costaba empatizar, puesto que la gente que te sigue por tu trayectoria no la conoces, pero ellos sí creen conocerte a ti, creándose un vínculo de unión que solo ellos saben cuan estrecho es.

Por fin me decidí a contestar.

—¿Llevas falda o pantalón? —Le pregunté sin contestar a su anterior pregunta.

—Llevo pantalón, unas mallas grises y una blusa blanca.

—Bájate las mallas e inclínate hacia adelante con las piernas juntas, quiero ver el culo de perra que tienes, y métete las bragas por el culo, estíralas bien para arriba, que se te queden como un tanga y empina el culo bien, guarra, mándamela.

—Me pone a mil como me tratas… pero… ¿Ahora? —Me preguntó con un lenguaje nada guarro, puesto que eso de “me pone a mil” no es muy sexual…

—Sí, ahora.

—¿Te importa si lo hago en unos minutos en el baño? Tengo que terminar con la cena, de verdad, es que se me quema y… mi marido puede entrar y pillarme de esa guisa… no quiero tener problemas.

—Pues mejor, que se queme y que el cornudo maricón se la coma quemada, por pichacorta, y deja de pensar en el impotente.

—¿Cómo se llama el mierda de tu marido?

—El “cornudo” se llama Iván —Me contestó, asumiendo ya su papel por sí misma.

—Bien, haz lo que te he mandado.

Por un momento volvieron a detenerse durante unos minutos los SMS, con esta nueva foto vería si realmente era ella o no, ya que las indicaciones que le había dado debían realizarse en la misma cocina y en una posición muy concreta. A los dos minutos sonó un SMS. Era una imagen, por lo que repetí la misma acción que en la anterior y pulsé sobre ella para descargarla. La imagen era ella misma, miraba hacia la cámara con la cara girada, el cuerpo inclinado hacia adelante tal y como le había indicado, tenía las piernas juntas, unas mallas grises ceñidas, las había bajado hasta las rodillas, dejando su culo al descubierto, un culo completamente blanco, un blanco integral, unas nalgas carnosas y ejercitadas, claramente se cuidaba, no era un ama de casa convencional, le gustaba cuidarse sin duda, con unas bragas rosas que había introducido por el culo, mientras con la mano izquierda se las sostenía tensándolas tirando hacia arriba, tal y como le había dicho, la mano derecha la tenía apoyada en su rodilla para mantener su tronco flexionado. La imagen era tremendamente excitante para ser improvisada, sin duda no había engaño, era ella.

Mi rabo automáticamente se puso duro, mis 22 centímetros de puro músculo, adornado de un racimo de gruesas venas, pedía penetrar ese culo, reventar ese coño a pollazo limpio, poner a esa golfa infiel a cuatro patas y montarla como a una perra, sin compasión, sin respeto, sin moralidad de ningún tipo. Volví a esperar, no contestaría hasta pasados 20 minutos, quería degustar esta placentera situación, que se rebanase los sesos pensando en cuando iba a hacerlo, que lo desease, que tuviera dependencia, ya que se le veía claramente necesitada de tener un escape a tanta monotonía, necesidad de ser tratada por una vez en la vida como deseaba, como una vulgar marrana, algo que nadie había sido capaz de hacer ni ella de pedirlo, un buen rabo de los que se les hace la boca agua y el culo gaseosa solo de pensar en barras de carne grandes, gordas e imponentes.

—LECHERO ¿No te ha gustado? —Dijo al fin rompiendo su silencio.

—Esto es solo el principio, golfa. Cuando estés acostada junto al cornudo mándame un SMS, seguiremos.

—¿Cuándo esté acostada? No entiendo, perdóname…

—No tienes nada que entender, solamente avísame cuando estés en la cama con el cornudo ¡Ah! Y otra cosa, a partir de ahora llamarás a tu marido por el apodo de “maricón” o “cornudo”.

—Bueno, vale, nunca he hecho esto, te confieso que esta situación hace que me moje toda, de acuerdo, te avisaré cuando esté acostada junto al “maricón”.

—Bien.

—Lechero, no te he preguntado tu nombre ¿Cómo quieres que te llame?

–Luís.

—Vale, encantada, Luís.

—Yo a ti te llamaré, perra, golfa, marrana, puta, zorra, puerca, cerda, mamona o como me plazca ¿Está claro, perra?

—Sí, está clarísimo, me gusta mucho como me llamas.

—Pues lo dicho, golfa, cuando estés junto al maricón me avisas.

—Vale, estoy deseando que nos acostemos, intentaré que se acueste pronto.

Ya no contesté a este último mensaje. Me acomodé en el sillón, agarré mi móvil, desabotoné mi pantalón y saqué mi gran rabo y mis gordos huevos fuera del pantalón, mientras recostado, eché un gran chorro de saliva en el capullo, el cual dejé que chorreara a lo largo del tronco, hasta llegar a mis cojones, y mientras contemplaba una vez más las fotos de la marrana adúltera comenzar a ordeñar lentamente mi cipote, deslizando mi mano desde el capullo, lentamente, hasta la base del rabo, paladeando el placer de imaginar la follada que seguro daría a la desesperada casada, necesitada de un cipote que le rellenase todos los agujeros, un verdadero macho que la tratase como a una cerda en su propia casa, a oídos de todos los vecinos, que la oyesen gemir como una perra, berrear como una golfa mientras su marido está trabajando. Mis ojos estaban totalmente centrados en la foto en la que me mostraba sus blancas nalgas, su culo empinado y esas morbosas bragas metidas por la profunda raja del culo, incrementaba la paja, mi mano apretaba más el tronco del cipote e incorporándome propinaba otro grueso salivazo a la barra de carne, el cual repartía a lo largo del miembro, brillante y lubricado, sintiendo mis cojones subir y bajar al compás de la soberana paja, sabiendo que pronto tendría a la infiel puta postrada ante mi rabo, ordeñándome con la boca, mientras le caliento las nalgas a mano abierta, podía oír hasta el sonido de mi mano al estrellarse contra ellas, a cuatro patas, sin dignidad, humillada y humillando al cornudo que tenía por marido, incapaz de satisfacer a su hembra, una hembra que tenía que buscar fuera el cipote que no le podían dar en su propia casa, se tenía que buscar a quien le abriera de par en par el ojete mientras ella se abría las nalgas con sus propias manos para dar vía libre a un rabo sodomizador, una preciosa mujer, de apariencia pija, ama de casa pero pija, cuidada físicamente, seguramente con amistades de alto estatus, pero viciosa, insatisfecha, frustrada, fantaseando día y noche, frotando el coño contra las paredes, paseándose a cuatro patas con las bragas bajadas y la cara pegada al colchón en la soledad de su casa, corriéndose como una perra. Solo de pensarlo puedo notar el torrente se semen subir por el tronco del rabo, no pienso detener la salida del semen, no me importa dejarlo todo embadurnado, estoy a punto, abro más mis piernas, echo mi cabeza hacia atrás tensando mi cuello, puedo imaginar a la zorra comiéndome el rabo, con él encajado en su garganta, con mi mano presionando su cabeza sin compasión, tapando su nariz, ahí, postrada a cuatro patas en su salón, conmigo sentado en el sillón favorito de su marido, lanzándole nalgadas, una, otra, tenso sus bragas tirando hacia arriba dejándolas al descubierto. Mi mano sujeta firmemente el tronco, justo por debajo del capullo y aprieto con fuerza, tenso mi mandíbula…

—¡¡¡Dioooooooooosssssssss!!! ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!!!

Un torrente de semen comienza a salir disparado hacia arriba, otros chorros más le acompañan, el semen chorrea de forma abundante por mi rabo, sirve de lubricante mientras fricciono mi rabo, el semen se desliza por el tronco hasta llegar hasta mis cojones, el sillón en el que estoy sentado se ha encharcado de leche y el suelo lo he dejado completamente empapado, gruesos y largos chorros han caído sobre el piso pareciendo tener una capa de barniz. Finalmente suelto mi rabo y dejo caer los brazos hacia los lados, extasiado, ha sido un orgasmo potente, necesito recuperarme, mi rabo está empapado al igual que mis pantalones y mis cojones, pero no me importa, la situación lo merecía. Lo dejo todo tal y como está, ya lo limpiaré, por lo que me doy una ducha tranquilamente, sin prisas.

Comencé a pensar en que iba a proponerle… quedar, que me dijese de donde es, intentar que nos viésemos, a ver que pasaba, parecía bastante entregada, aunque no sé si hasta ese punto, ya que la mayoría prefiere mantenerse en el anonimato, evitar todo lo posible dañar sus relaciones, pero a su vez viéndose abocadas a saciar sus instintos sexuales inconfesables y más primarios. No era la primera puerca que me follaba en su casa mientras el marido trabajaba, y espero que esta no fuera menos… ya veríamos.

Pasé el resto del tiempo revisando material desechado de varios relatos, para desechar lo que no podía ser utilizado y lo que sí rescataría para aprovecharlo en próximos relatos, estaba de nuevo con la cabeza inmersa en mis labores, en uno de mis hobbys, mientras echaba un vistazo al blog de mi buena amiga y autora maravillosa Natjaz, donde estuve leyendo comentarios de otros muy buenos amigos autores intercambiando impresiones y opiniones.

Mi móvil recibió un mensaje… era Sara.

—Luis, el corundo está dormido y estoy en la cama —Decía el SMS.

Mientras leía el mensaje, me acomodé en el respaldo de mi silla con el móvil en las manos y sonreí ligeramente, pensado en mi siguiente movimiento.

—Bien, puerca, ahora mismo lo que vas a hacer es…

Continuará…


Comunidad de Autores y Lectores de TodoRelatos
Chatea online con webcams!

comunidad.todorelatos.com

© FOLLADORLECHERO

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (3)
\"Ver  Perfil y más Relatos de FOLLADORLECHERO
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.
LWNET 1999-2017 | TodoRelatos.com v3.80
Info Legal / Privacidad / Cookies · Ayuda · Stats · Enlaces · Contacto · Webmasters (Sponsors Favoritos)