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Fecha: 16-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Tapando los ojos a mi mujer 3

Jorge
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El inicio de mi pequeña depravación Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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A la mañana siguiente algo había cambiado. Al principio pensé que estaba resacosa, pero con el paso de las horas todo se volvía más oscuro para mí. No me hablaba, ni si quiera me miraba a la cara. Suponía que si estaba borracha accedería, cómo así hizo, pero nunca llegue a pensar en las consecuencias. La mañana pasó sin pena ni gloria. No me atrevía a hablarla, si ella no lo había hecho era mejor darla su espacio.

El resto del día no fue mucho mejor. ¡Menudo sábado! Allí estaba yo en el sofá viendo la televisión por entretenerme, mientras mi mujer se entretenía haciendo una tarta. No cantaba mientras cocinaba como solía hacer. Hacía mucho calor y tampoco me apetecía ir a dar una vuelta para darla espacio.

Las interminables horas pasaron y llegó la noche. Se fue a la cama sin decir nada. Me quedé pensando mirando al vacío. ¿Tan mal había hecho?, definitivamente no, ella disfrutó. Mi mente daba vueltas, no sabía qué hacer. De tanto pensar me quedé dormido en el sofá.

Una noche en el sofá te deja destrozado físicamente. Aunque mi mujer bajó como si el día de ayer no hubiera pasado. Me dio los buenos días y me apremió a que me arreglase para ir a desayunar. Fuimos al Vips de Plaza Norte 2 y desayunamos a lo grande. No hablamos nada del tema y creí que era mejor así.

El resto del día fue normal. Fuimos a la piscina. Aproveché para jugar un Mus con los vecinos mientras ella tomaba el sol y tornaba su piel morena poco a poco. Nos dimos varios baños para sofocar el calor. Él día fue muy tranquilo.

Pero la noche llegó. Yo pensaba que todo sería normal pero que equivocado estaba. Se metió en la cama, me dio la espalda y se durmió con un ‘buenas noches’. Tal vez era demasiado pronto y lo deje pasar.

Al día siguiente era ya lunes, un calor infernal debido a la ola de calor. Yo estaba enfrente de mi ordenador trabajando, cuando recibo un video por ‘Whatsapp’ de mi mujer. Estaba ella en una de sus horas libre del colegio en lo que parecía que era la sala de profesores. La cámara la enfocaba a su cara que sonreía, no decía nada. Luego giro el móvil y ahí estaba el chico que saludo a la cámara. Mi mujer le paso el móvil y le dijo que lo grabase entero.

Mi mujer se arrodilló, le bajó la bragueta al hijo de la directora, sacó su miembro ya duro y se lo metió en la boca. Puso las manos en el culo del chico y forzaba el vaivén de la cadera en su boca. Mi mujer miraba fijamente a la cámara. Después de un rato, se sentó en la mesa subiéndose la falda y abriéndose de piernas. El chico enfocó el coño de mi mujer y con la mano que quedaba libre apuntó con su polla hacia la entrada y fue empujando poco a poco hasta que desapareció entera.

Mi mujer gemía bajo, supongo que para que no les oyeran, mientras animaba al chico a que la embistiera más fuerte. El chico obedeció sin rechistar y aumentó el ritmo de sus embestidas. La sacó, mi mujer se dio la vuelta poniéndose de espadas a él y comenzaron de nuevo el mete saca. No se cómo lo hizo pero puso el móvil debajo de sus piernas y se grabó la acción de manera perfecta. Mi mujer se masturbaba el clítoris mientras la polla entraba y salía a gran velocidad.

Se escuchó un gemido largo, aunque silencioso en señal del orgasmo de mi mujer, el chico sacó su polla y dio sendos azotes a las nalgas de mi esposa. Mi mujer se dio la vuelta se puso de nuevo de rodillas y empezó a pajear al chico, mirando al móvil mientras repetía una y otra vez que se corriese en su boca. El chico no tardo mucho y sendos chorros acabaron en la boca de mi mujer que no dudo en tragárselos. Cogió el móvil sonriente y paró la grabación.

Me quité los cascos y miré a mí alrededor, nadie se había percatado. Estaba confuso por lo que acababa de ver, pero sobre todo estaba excitado. Mi mujer se había acostado con el chico y yo la tenía más dura que nunca. ¿Qué me estaba pasando? No lo sabía. ¿Es normal sentir eso? Era un mar de dudas y me sentía mal por mí mismo. Cualquier persona entraría en cólera por lo que acababa de ver yo, pero en mi caso estaba excitado.

Mi jornada laboral se me hizo larguísima, el tiempo pasó lentamente y el trabajo no dejaba de llegar a espuertas. Salí en dirección al bar, me pedí una cerveza y seguí dándole vueltas. Decidí que si a mí me excitaba eso y mi mujer libremente disfrutaba también, no podía ser malo. Llegué a casa y al llegar no estaba mi mujer. La iba a llamar pero prefería hacerlo en persona así que me puse a recoger la casa, hacer la cama, la cena…

Las horas pasaban y mi mujer no aparecía, había puesto la mesa para cenar, y cómo se estaba quedando fría, decidí comerme mi parte. Cuándo estaba terminando el postre, mi mujer entró por la puerta. Me saludó como si nada y se dirigió al baño. Le pedí al menos una explicación de porqué llegaba tan tarde, ¡Que menos! Me dijo que por ahí y se metió en la ducha.

Recogí mi parte de la mesa dejando la suya por si quería cenar y me fui humillado a la cama. La cabeza me volvió a dar vueltas. Mi mujer entro y se metió en la cama y se puso en posición de dormir. Me incorporé y le dije si al menos no íbamos a hablarlo. Ella me preguntó que quería saber, me echó en cara lo sucedido el viernes y la presión constante hacia ella, que si no sabía que pasaba. ¡Claro que sabía lo que pasaba! La interrumpí bruscamente, la pedí los detalles.

Empezó a describirme las cosas que había hecho con el chico enumerándolas furiosa para hacerme daño, pero a mí sólo me la ponía más y más dura. Inconscientemente me lleve la mano a mi verga y empecé un leve pajeo. Ella se dio cuenta y me preguntó si le gustaba lo que había pasado. Le dije toda la verdad, que estaba muy confundido esta mañana pero que nunca me había excitado tanto.

Me agarró con su mano mi verga y empezó a pajearme mientras me contaba lo mucho que había disfrutado mientras el chico se la follaba, que había sido muy cuidadoso con su culo, que le encantaba sentirle dentro de ella. Mi respiración era rápida y mis piernas empezaron a temblar. Me miro a los ojos, y finalizó con una frase mágica para mí, “pero lo mejor es lo bien que sabe su semen”. Se agachó se metió mi pene en su boca y me corrí como nunca antes lo había hecho.

Se levantó cogió la venda que inicio el juego y la tiró a la papelera. Por lo visto a ella no le importaba ver y sabía que yo tampoco la iba a necesitar.


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© Jorge

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